Capítulo 16
—Kagome…
Kagome escuchó a Kikyo tocar la puerta, pero no hizo el menor esfuerzo por levantarse y abrirla.
—Kagome – insistió ella al ver que no tenía respuesta
—Vete Kikyo. Déjame sola
—Pero Kagome – protestó ella
—Dije que me dejes sola!
Su amiga ya no hizo ningún intento así que dejó de insistir, tal vez mañana estaría mejor para hablar, ahora lo que necesitaba era estar sola.
Cuando Kagome ya no la escuchó, se dejó llevar una vez más por el sentimiento y las lágrimas salieron una tras de tras de la otra. Se pregunta ¿En dónde había quedado ese espíritu vengativo que la impulsaba a seguir adelante? ¿Dónde quedaba el sabor frio de su venganza? Al parecer, su esposo derrumbó toda esa barrera que ella misma construyó y que los cimientos se caían en pedazos aplastándola a ella, todo por un solo beso.
Fue una tonta al permitir que la besara, que esos labios tiernos y sensuales rozaran los suyos fue lo más peligroso que hizo, si hubiera hecho caso a su instinto en este momento no estaría deseándolo como lo deseaba.
Pero no quería estar en esa habitación llorando por un hombre que no la amaba y que nunca llegaría amarla, él no merecía una sola de sus lágrimas.
Así que se limpió las lágrimas, tomó una gabardina negra y después se cubrió la cabeza con la capucha, salió de la habitación, bajó las escaleras con mucho cuidado, sabía que Kikyo y Kagura estaban en la sala ya que las escuchaba reírse de alguna cosa, fue directo hacia la cocina y salió por la puerta donde había entrado la noche en que Safira había aparecido.
Camino por las calles y en cuanto había sentido el aire fresco de la noche, sus sentidos se despertaron, su mente se aclaraba cada vez más, caminaba sin rumbo fijo pero se topó con él.
—¿Qué hace a esta hora, caminando sola? – preguntó él
Ella no respondió y solo agachó la cabeza.
Pero Sesshomaru había visto en sus ojos tristeza y no pudo evitar preguntar a que se debía.
—¿Por qué está así?— preguntó él
El impulso fue más rápido que la razón, corrió hacia él y lo abrazó, algo en su interior le decía que si lo abrazaba sería correspondida.
Al principio Sesshomaru permaneció con los brazos inmóviles, sin hacer ni comprender nada, pero, le dio ternura que terminó por rodearla con sus brazos fuertes y largos.
—Tranquila – dijo con suavidad – Llore todo lo que desee
Kagome apoyó su frente contra el pecho de Sesshomaru y sus lágrimas comenzaron a brotar una vez más.
Sesshomaru acariciaba la espalda de la joven como para tranquilizarla, esa ternura que sentía era inexplicable, era la primera que abrazaba a una mujer, después de ella.
Cuando los sollozos de Kagome desparecieron, Sesshomaru la apartó un poco de él, tomó su mandíbula y alzó su cabeza para que las miradas se encontraran.
—¿Mejor? – preguntó él
—No – ella negó – Todo está mal
Las lágrimas amenazaban con salir una vez más, Sesshomaru miraba a su alrededor para que nadie estuviera viéndolos, así que le propuso irse a un lugar más tranquilo, Kagome no lo pensó dos veces y se dejó guiar por él.
Había pensado en una modesta taberna, pero no era lugar correcto para una dama, así que hizo lo que nunca en su vida había hecho, llevar a una mujer a su casa.
Kagome tomó asiento en un pequeño sofá y como si estuviera en su propia casa se quitó la peluca rojiza que aun llevaba puesta, delante de Sesshomaru.
—Lo siento – se disculpó – Pero ya no la soportaba
Sesshomaru fue testigo de cómo esa melena color azabache caía en cascada y se acomodaba en los hombros de su dueña, era el cabello más brillante, hermoso, pero sobre todo era idéntico al de ella.
De hecho Lady Kagome Taisho, era idéntica a ella.
—No… no se preocupe – dijo un poco nervioso – Comprendo cómo debe sentirse siendo algo que no es. Imagino que esta así por algo que hizo su esposo.
Kagome suspiró, miró hacia el techo y después a su vestido.
—Antes de cumplir la edad adecuada para ser presentada en sociedad, tenía muchos sueños, uno de ellos era conocer y enamorarme de alguien a simple vista, que mi padre me diera la oportunidad de elegir a mi futuro marido – miró a Sesshomaru — ¿Sabe que recibí a cambio?
Sesshomaru esperó y negó con la cabeza.
—Una bofetada, mi padre decía que el amor era para los tontos, que solo hacia sufrir y que en estos tiempos duraba un matrimonio por conveniencia que uno por amor
No sabía porque le estaba contando todo esto, tan solo se habían visto en un par de veces y no era correcto que estuviera hablando de su vida privada y sobre todo, estar a solas en la casa de un desconocido, pero él le hacía sentir que podía confiar en él.
—Y su matrimonio fue por conveniencia – repuso Sesshomaru
—Quisiera que así lo hubiera sido – admitió ella – Pero no, mi matrimonio solo fue para salvar una reputación y un honor. No sé porque le cuento todo esto, usted y yo somos extraños
Sesshomaru esbozó una sonrisa – Las mejores amistades surgen de los extraños. ¿Cómo fue que terminó casada con él?
Kagome volvió a suspirar al escuchar esa pregunta, no quería recordar el motivo por el cual terminó casada con un infeliz, si tan solo se hubiera impuesto a su padre y decirle que no iría a ese parido de Polo, no estaría casada con él.
Inuyasha seguía culpándola de su desgracia, de haberlo llevado al altar, él tenía el peor concepto de ella, que había estado espiándolo mientras hacía dios quien sabe qué cosa con su amante y después el destino daba un giro inesperado de las cosas y terminaba casado con él.
¿No sabía distinguir, entre una mujer experta y una que no lo era? ¿Acaso su padre no pudo distinguir la confusión en sus ojos? Al parecer no, pues se había dejado llevar más por las palabras de una desconocida a la de su propia hija.
—Un día, una condesa, organizó un partido de Polo – hizo una mueca – Lo que más odio, quise imponerme ante mi padre y negarme a ir, pero él dijo que iban a ir caballeros con títulos, así que me llevó a la fuerza.
Sesshomaru la escuchaba con atención, cada palabra que ella decía lo registraba en su mente.
—Hubo un momento en que perdí de vista a mis padres y por casualidad di con Inuyasha Taisho, el lord inalcanzable, pero no fue un encuentro poco casual, ya que lo vi vistiéndose, en ese momento la condesa Mason, nos vio y pensó mal. Así que Inuyasha decidió casarse conmigo solo para salvar mi reputación y su honor.
Sesshomaru se mantuvo callado durante todo el relato, había algo raro en esta historia, si él hubiera sido el libertino, no se hubiera casado, sino que trataría por todos los medios de convencer a los testigos de que no había pasado nada entre ellos dos, que ella era inocente y no echarle todo el peso sobre sus hombros.
—¿En qué piensa, milord?
—Bueno, con todo respeto. Su esposo es un idiota – dijo con sinceridad – Si hubiera sido él habría convencido a su padre de que nada pasó entre nosotros, no buscaría la solución más fácil. El matrimonio, piense por un momento ¿Por qué se casó con usted?
Kagome se encogió de hombros – Porque ambos no teníamos alternativa
—Por supuesto que las había. Su padre se la hubiera llevado lejos de Londres por mientras que pasaba todo eso, pero veo que él aprovechó el problema, se hizo el ofendido por lo que su hija tuvo que pasar
—¿Me quiere decir que mi propio padre fue el responsable?
—No— él negó – Solo es un comentario
—Sea como sea. Terminé casada con un libertino
Ambos permanecieron en silencio, Kagome se preguntaba si él había sufrido por amor alguna vez, ya que sus ojos aun expresaban esa tristeza.
—Ha hemos hablado de mi – dijo ella – ¿Qué hay de usted? ¿Es casado, se ha enamorado?
Sesshomaru al escuchar esa pregunta se recargó en el respaldo de su asiento, no le gustaba que le recordaran que alguna vez estuvo enamorado, porque la primera vez que lo hizo fue la última para él, había entregado el corazón y simplemente nunca lo regresaron.
—No es tema – respondió frio – No hablaré de mi
—¿Pero yo sí puedo hablar de mí y usted no? – Kagome arqueó una ceja – Sea lo que sea, lo está consumiendo por dentro, en sus ojos se refleja una profunda tristeza. ¿Quién fue la mujer que le hizo daño?
Él agachó la cabeza y cerró los ojos dejándose llevar por los latidos de su corazón y los recuerdos de aquella dama.
—Su nombre era Rin
Kagome parpadeó un poco, nunca imaginó que él pudiera decirle el nombre de aquella mujer que le había hecho daño, no quiso interrumpirlo por temor de que él se echara para atrás y dejara de contarle su historia.
Era la primera vez que pronunciaba su nombre delante de alguien, aun ni con Jaken podía decirlo, ya que ella para él estaba muerta.
—Era una hermosa mujer en todos los sentidos. La conocí hace más de diez años, ella aún era muy joven y se trabajaba en un teatro, decía que su sueño era llegar a ser algún día una cantante de ópera. ¿Hubo intimidad, se pregonara? Si – asintió – La hubo, día y noche, incluso permanecimos un día completo en una habitación. Jamás le dije "te amo", puesto que pensaba que con mis atenciones ella estaría más que satisfecha. Pero una noche, discutimos, ella quería decirme algo, yo no la dejé y seguimos discutiendo, me fui enfadado, que no recuerdo el motivo por el cual discutíamos. Al día siguiente, fui a verla, pero no la encontré, ella se había marchado con un grupo de actores, dejándome solo una carta.
Sesshomaru recordaba las últimas líneas de esa maldita carta.
—"Lo nuestro fue un error, un error que ambos buscamos, nunca te amé, no significaste nada para mí, no quiero que me vuelvas a buscar en toda tu vida…por favor, olvídame…"— hizo una pausa y esbozó una sonrisa – Y lo hice – mintió – Sinceramente el que ella hubiera desparecido de mi vida fue lo mejor que me ha pasado
Sin saber porque, se le había hecho un nudo en la garganta, claro que le dolía, ella lo había dejado y por consiguiente eso era traición.
—Pero de algo si estoy seguro, nunca olvidaré su traición – concluyó él
Kagome negó con la cabeza.
—Disculpe, pero eso no es traición— comentó ella – Tal vez quería decirle algo importante y usted jamás se lo permitió
Sesshomaru se encogió de hombros – Quizás. Seguramente quiera decirme que se iría con alguien más y al ver que yo no le permití hablar, decidió que lo mejor era huir
Ella suspiró, todos los hombres hacían las cosas más complicadas.
—Pero en algo estoy seguro — comentó Sesshomaru – El amor es para los débiles. Su padre tenía razón
—Y yo acabo de comprobar algo– ella se levantó del sofá, se cubrió con la capucha de su gabardina y tomó la peluca – Los hombres hacen más complicado el tema de amor, no son capaces de admitir lo que sienten ante una mujer, si tan solo no se hubiera quedado callado y le hubiese dicho por lo menos un "Te amo", tal vez en estos momentos ella estaría a su lado – avanzó hacía la salida de la sala de estar, giró sobre sus talones y lo miró por última vez – Buenas noches, señor Gray
Sesshomaru se quedó ahí en la sala, pensativo y analizando las palabras que ella le había dicho, ¿Y si era verdad de que Rin quería decirle algo? ¿Quizás un te amo? Por más que le diera vueltas al asunto, siempre terminaba en donde mismo, en que ella lo había traicionado, sólo si alguna vez se encontraran algún día, le formularía todas las preguntas que había en su mente.
Kagome entró por la puerta de la cocina, y aun se podían escuchar las risas de Kikyo y Kagura, decidió no interrumpirlas y subir a su habitación. Cuando entró en ella, comenzó a desvestirse, la conversación que había tenido con Sesshomaru Gray, le había subido el ánimo, pero aun no podía creer que esa mujer lo hubiera traicionado, tal vez había tenido algún motivo muy fuerte para dejarlo.
Pero en fin, mañana iba ser un día nuevo, seguramente Inuyasha la invitaría alguna parte, duarte el trayecto a la casa de Kagura, él la había invitado a la ópera, se decía que había una excelente puesta en escena, que había sido un éxito en Francia y que ahora estaba de gira en Londres, así que tendría que buscar lo que se pondría la siguiente vez que lo viera.
Kikyo y Kagura se encontraban jugando cartas, Kagura veía con el cejó fruncido a su prima.
Tanto ella como Kagura no habían querido ir a buscar a Kagome para preguntarle cómo había sido su primera cita con Inuyasha, pues la joven había llegado alterada, tal vez en estos momentos estuviera dormida así que mañana se lo preguntarían.
—Eres una tramposa, Kikyo – se quejó ella
—No te quejes – ella le guiñó un ojo – Tú me enseñaste todos los trucos
—Sí, pero no es para que los uses conmigo
Ambas miraron sus cartas, pensando el próximo movimiento que utilizarían, cuando un mozo las interrumpió.
—Señora, la buscan
Kagura arqueó una ceja, era extraño, a esta hora de la noche no esperaba a nadie, mucho menos a su amante.
—Dile que regrese mañana – dijo, mirando de nuevo sus cartas – Que no estoy para nadie
Pero antes de que el mozo se retirara en busca de la visita, alguien se había asomado en la entrada de la sala de estar.
—¿Ni siquiera para tu hermana?
Kagura giró la cabeza y al verla, esbozó una sonrisa, se levantó de su asintió y corrió hacia ella, la abrazó, la miró y la volvió abrazar.
—No puedo creerlo, eres tú, después de diez años
