Capítulo 17

Las tres se encontraban sentadas escuchando los relatos de Rin, de cómo le había ido en los últimos diez años. Tanto Kagura como Kikyo desconocían el pasado de Rin y de su relación amorosa.

—Espero verlas mañana al estreno de la obra – dijo Rin – No pueden faltar

—Por supuesto – asintió Kagura – Ahí estaremos

Inuyasha estaba en su despacho, aun no podía asimilar lo que había descubierto, su esposa disfrazada de una seductora cortesana, a lo cual por ironías del destino trataba de conquistar para convertirla en su amante.

¿Pero qué la había orillado a usar un disfraz? ¿Quería vengarse de él?

Ella tenía muchos motivos para vengarse de él, el principal de ellos era que la dejó abandonada para seguir con su depravada vida, pero al haberse dado cuenta que Safira era Kagome no pudo evitar contener una risa, vaya que si había cambiado, recordaba que la última vez que se vieron ella era apenas una niña, pero ahora, se había convertido en toda una mujer, su cuerpo tomó forma, sus senos se desarrollaron y si deseaba a Safira, ahora la deseaba mucho más al saber que era su esposa.

Ella tenía muchas cosas que explicarle, una de ellas era la duda que siempre había tenido ¿Había quedado embarazada en su primera y última noche de bodas?

Si era así, estaba en todo su derecho el no comunicárselo, ya que ciertamente no sabría cómo iba a reaccionar, un hijo era siempre bienvenido, pero cuando era engendrado sin amor, era más distinto.

Solo había un pequeño inconveniente, ella desconocía que él sabía la verdad, así que tendría que pensar en una forma para desenmascararla como cortesana y después como ese Derek Claymore.

Esbozó una media sonrisa al recordar sus palabras como ese conde cuando le dijo que su esposa tal vez se había conseguido un amante, pero a la vez se sintió desgraciado, ya que estuvo a punto de "golpearlo" o retarlo a duelo solo por el comentario.

Pero no solo él estaba detrás de "Safira" sino que también lo estaba Naraku, tenía que desenmascárala antes de que terminara la semana o si no tendría que soportar como ese hombre se le acercaba.

Y decidió que la forma para hacerlo, era la ida a la ópera, ahí la seduciría, la haría desearlo y cuando ella no pudiera más, terminaría por aceptar que era su esposa y no una cortesana como se lo había hecho creer.

Después de que ella se hubiera ido, Sesshomaru salió a caminar por las calles, nunca en su vida había confesado asuntos privados a una persona que conocía poco, pero esa mujer, esa bella mujer inspiraba confianza y ternura.

Cuando la tuvo entre sus brazos fue como si ella hubiera regresado a su vida, era como si los huecos de su corazón comenzaban a llenarse y no quiso soltarla jamás.

Pero era prohibida, estaba casada con un completo animal que no se daba cuenta de la mujer que tenía a su lado, si él estuviera en su lugar, sería el hombre más feliz por el solo hecho de saber que ella era su esposa.

Lo cierto era que Lady Kagome Taisho era una mujer que no se encontraba fácilmente, sus ojos chocolate expresaban más que mil cosas, se podía ver en ellos lealtad y amor por las personas queridas.

Pasó por un teatro sin prestar atención, hasta que miró en un cartel el nombre de la actriz principal.

"Rin Brightman presenta Le Fantôme de l'Opéra / El Fantasma de la Opera, mañana gran estreno"

Esbozó una sonrisa irónica, así que ella estaba de regreso y sobre todo, había cumplido su sueño de ser una cantante de ópera. Había escuchado alguna vez que era una excelente obra y que la cantante era hermosa, pero que solo se presentaba en Francia.

Tenía muchas preguntas que hacerle, pero no quería verla, ya que si lo hacía no sabría cómo iba a reaccionar.

¿La estrangularía?

¿La besaría?

¿Le diría cuanto la amó?

No, negó con la cabeza, aun y en contra de desearla, no podía dejarse caer de rodillas ante una mujer que solo lo había abandonado, una vez entregó su corazón, ahora que sus heridas iban sanando poco a poco, no le daría las armas necesarias a esa pequeña arpía para que hiciera de él lo mismo que tiempo atrás.

Pero sabía que solo asistiría por dos razones, una por Kagome, ya que había escuchado que él la llevaría a la ópera y dos, solo para ver el sueño cumplido de Rin, tenía curiosidad de verla en el escenario.

Sabía de sobra que ella cantaba como los mismos Ángeles, ya que en innumerables veces ella le había dado espectáculos privados, tal vez eso fue lo que le hizo enamorarse de ella, su voz.

Suspiró y siguió su camino, tantos recuerdos solo lo hacían sentir débil y él no lo era.

A día siguiente, para esa noche, Kagome se inclinó por un vestido en color azul marino, era su color favorito y tanto Kagura como Kikyo le habían dicho que ese color le favorecía más que el rojo.

Caminaba de un lado a otro en espera de Inuyasha, no sabía porque estaba nerviosa, algo le decía que después de esta noche nada sería igual, estaba a punto de arrepentirse e irse a su habitación y que le dijeran a Inuyasha que la disculparan, pero que no estaba dispuesta, pero había sido demasiado tarde, ya que alguien llamó a la puerta y segundos después entraba un mozo indicando su llegada.

Él apareció justo de tras de ese mozo y a Kagome se le paró el corazón, lucía demasiado atractivo con ese esmoquin en traje negro, su cabello color negro y esos ojos dorados que le ponían los nervios de punta.

Que dios la libreara de estar un día más con él, ese hombre tenía más poder seductor que el que ella utilizaba.

—Safira – él le hizo una reverencia, tomó su mano y la besó – Igual de hermosa como siempre, no me cansaré de repetírtelo

—Inuyasha

— ¿Nos vamos?

Él le ofreció su brazo, Kagome lo miró pensativa.

"No vayas con él esta noche"

Le decía su voz interior, pero bajo una peluca no había nada que temer, él jamás se daría cuenta quien era en realidad Safira, así que estaba protegida.

Ella asintió, tomó su gabardina y cuando iba a ponérsela, Inuyasha la interrumpió.

—Deja hacerlo yo

Él tomó la gabardina y colocándola sobre sus hombros, se puso a un lado de la joven y le volvió a ofrecer su brazo.

En el trayecto Kagome no pudo dejar de sentirse nerviosa, Inuyasha no dejaba de mirarla en todo momento, tenía el ligero pensamiento de que él sabía algo, pero esto no podía ser, no había manera de que él supiera que ella en realidad no era Safira, aunque estaba su lunar en forma de corazón, pero era imposible que Inuyasha supiera de su existencia, ya que solo habían estado una noche y era poco probable que él lo hubiese visto.

— ¿En qué piensas, Safira? – preguntó de lo más natural, aunque ganas no le faltaban de desenmascararla ahí adentro del carruaje

Kagome se vio forzada a sonreír seductoramente.

—Simplemente pensaba en lo que pasará después de la ópera – respondió, dejando a la imaginación su comentario

Inuyasha esbozó una sonrisa.

—Es justo lo mismo que yo pensaba

De pronto lo vio abandonar su asiento y sentarse a un lado de ella, él pasó un brazo alrededor de sus hombros y comenzó a acariciarle con un dedo la curva de su cuello.

—Podemos hacer lo que deseemos – dijo susurrándole al oído – Toda una noche para nosotros dos

Kagome cerró los ojos, no quería dejarse llevar por esa voz tentadora, esas manos cálidas que rosaban su piel y que se convertían en un tormento para ella, ahora sabía bien porque las mujer caían en sus redes, él era un peligro para cualquier dama que se cruzaba por el camino del Lord Inalcanzable.

Se vio obligada a apartarle la mano de su garganta y le ofreció su mejor sonrisa.

—No tan rápido milord – dijo ella – Si no quiere que le reste puntos

— ¿En serio? – preguntó divertido – Según yo, creo que llevo 20 puntos ganados

—No estés convencido – ella guiñó un ojo – Llevas treinta puntos en contra

— ¿Por qué tan pocos? – hizo una divertida expresión, mientras se burlaba de sus puntos

—Diez por besarme, diez por tocarme y otros diez por desabrocharme el vestido

Inuyasha la miró serio y se aceró un poco más a ella.

— ¿Entonces cómo voy a conquistarte, si no me dejas tocarte? – preguntó, seduciéndola con sus palabras

—Hay mil maneras de conquistar a una mujer – respondió Kagome – Sólo es cuestión de saber cuál es la indicada

—Yo solo conozco una – dijo

— ¿Cuál? – preguntó ella nerviosa

—Esta

Y sin previo aviso él la había besado de una forma apasionada, que le robaba su aliento mientras se apoderaba de sus sentidos, él había deslizado una mano hasta la nunca de la joven y la atrajo hacia él.

Kagome se dejó llevar una vez más por esos labios que se movían al ritmo de los suyos, ella también pasó sus manos alrededor de su cuello y el besó se intensifico más, la mano libre de Inuyasha comenzó a acariciarle las curvas de sus caderas, deseando algo más que un simple beso.

Ella tuvo que separarse de él, si seguía así, era probable que pasaría algo más.

Inuyasha apoyó su cabeza en su frente.

—Otros diez puntos menos, milord

Él soltó una risa, ya que eso era lo menos que le importaba, lo único que deseaba era seguirla besando, decirle que sabía todo y después, hacerle el amor a su propia esposa como lo había deseado desde hace tiempo.

—Si me vas a restar puntos por eso… — dijo esbozando una sonrisa –…entonces réstame todos los que quieras, porque no me cansaré de hacerlo

Cuando estuvo a punto de besarla, el carruaje se detuvo y Kagome suspiro de alivio al escuchar al cochero que habían llegado.

Inuyasha se vio obligado a esbozar una media sonrisa, quería permanecer a su lado un poco más.

—Esto no termia aquí – advirtió bajando del carruaje y después la ayudó a ella a bajar.

Miraba a toda la alta sociedad desfilar por las escaleras de mármol, ahí se encontraba la duquesa Mason con su esposo, esa mujer que había sido la causante de que se casara con Inuyasha. Todo el mundo la miraba con desprecio, ahora ella sentía el desprecio que sentían sus amigas Kikyo y Kagura cuando frecuentaban un lugar lujoso.

Las damas la miraban de arriba hacia abajo, como si fuera un bicho al que debían aplastar, un bicho que no pertenecía a ese mundo.

Inuyasha pareció sentir la tensión de Kagome, pues la tomó del brazo y le susurró al odio.

—Déjalos que digan lo que quieran – comentó él – No saben quién eres en realidad

Kagome parpadeó un poco, incapaz de pasar desapercibido el comentario de su esposo, ¿Qué habría querido decir con eso de "no saben quién eres en realidad"?

— ¿Qué quisiste decir con eso? – preguntó curiosa, esperando una respuesta

Inuyasha se encogió de hombros – Qué eres una gran mujer, por eso yo mismo casi no frecuento bailes, porque todos comienzan a juzgarte y más por mi reputación

—Ah... – fue lo único que pudo responder y se alegró de que no hubiera sido otra respuesta

Subieron las escaleras del teatro y llegaron a la recepción, Inuyasha le entregó tanto el abrigo de Kagome como el suyo a un mozo y después subieron otro tramo más de escaleras donde los condujo al palco privado del Lord Inalcanzable.

Aun la función no comenzaba, y las luces estaban encendidas, Kagome miraba desde el palco a toda la aristocracia londinense saludándose, como si no se vieran en años, sentía algunas miradas a su alrededor y siguió el consejo de su esposo, ignorarlos.

Alguien dio la primera llamada y algunas luces del teatro se apagaron, Inuyasha aprovecho para decirle a la joven que lo esperara ya que iría por algo de beber.

En ese momento alguien le llamó desde el otro lado del palco y reconoció la voz de Sesshomaru, pero el joven le dijo que no hiciera ningún movimiento ya que se podrían en evidencia.

— ¿Qué hace aquí? – preguntó ella en un susurro para que nadie más los escuchara

— ¿Se le olvida que la estoy protegiendo? – respondió

—No me siento protegida – respondió ella – ¿Por qué no lo vi el día que tuve mi primera cita con él?

Sesshomaru suspiró, es verdad, no había podido ir porque un asunto familiar se le había presentado.

—Por motivos personales – comentó él – Solo quiero que sepa que si algo pasa, estaré aquí del otro lado

—Gracias – dijo ella

—Usted siempre tiene la costumbre de decirme gracias, cada vez que nos vemos termina agradeciéndome

Kagome esbozó una sonrisa, era verdad, en sus encuentros siempre terminaba por darle las gracias.

Pero antes de que pudiera decir algo, volvieron a dar la segunda la llamada y otras luces se apagaban, en ese momento Inuyasha entró al palco y tomó asiento a lado de Kagome.

—He pedido Champan – comentó él — ¿No le molesta?

—No – ella negó – Es perfecto

Y varios segundos después se dio la tercera llamada y las luces del teatro se apagaron completamente.

El escenario se ilumino por una luz blanca y la figura de una mujer apareció, ella llevaba un vestido blanco, su cabello castaño estaba atado por algunas horquillas y adornado con flores blancas.

Sesshomaru al verla su corazón latió con fuerza, era ella interpretando una hermosa canción. Cerró los ojos y se dejó llevar por su melodiosa voz, nunca la había olvidado, ella había hecho su sueño realidad, y ahora se presentaba ante toda una sociedad londinense con esa voz privilegiada.

Después de unos minutos de interpretación el musical término, Sesshomaru quería levantarse y aplaudirle pero sabía que no era el momento. Cambiaron de escenario y ahora estaba Rin, interpretando a Christine Daaé, en lo que era un escenario.

El siguiente musical ahora estaba ella y el fantasma de la ópera, que se acercaba cada vez más a ella con forme avanzaba la canción, ninguno de los dos había perdido nota.

Mientras tanto Kagome miraba con emoción es espectáculo, aunque debía confesar que se sentía como el fantasma, oculta bajo un disfraz y engañando a Inuyasha.

Cuando se fueron a un intermedio, las luces del teatro se encendieron y alguien llamó a la puerta del palco donde estaba Inuyasha y Kagome.

Él fue abrirla y se llevó una sorpresa al ver a Ayame.

Kagome al escuchar ese nombre se puso de pie, giró sobre sus talones y se encontró con la mirada de la mujer que había sido la causante de todas sus desdichas.

—Ayame ¿Qué haces aquí? – preguntó nervioso

Ella no esperó a que Inuyasha la dejara pasar, puesto que entró sin invitación y al ver a la mujer que estaba mirándola fijamente arqueó una ceja.

—La pregunta es ¿Qué haces tú con esa?

Inuyasha tuvo que recorrer las cortinas del palco para que nadie presenciara lo que en ese momento estaba ocurriendo o estaba por ocurrir.

—Disculpe, pero "esa" tiene su nombre – dijo Kagome

Ayame esbozó una sonrisa – No veo otra forma de llamarte, aunque si lo prefieres te puedo llamar puta

Kagome apretó los nudillos de sus manos, esa mujer le estaba colmando la paciencia, de hecho jamás la había tolerado.

—Cortesana – corrigió ella

—Es lo mismo – repuso Ayame – Sales con un hombre casado y eso te convierte en su puta

Kagome se acercó a ella y ambas quedaron frente a frente.

—En ese caso usted también lo es, ya que ha salido con el mismo hombre – dijo ella – La diferencia entre una puta y una cortesana, es que usted es la puta y yo la cortesana

— No me llames así – y le soltó una bofetada en la mejilla.

—Y usted no me vuelva a tocar – Kagome le respondió de la misma manera.

—Señoras, tranquilas.

Inuyasha intentó meterse pero Ayame lo empujó contra los respaldos de los asientos y cayó de espaldas.

—A mí nadie me llama puta.

Tomó a Kagome de los cabellos y comenzó a zarandearla, pero la otra joven tampoco se quedó atrás, aunque Ayame estaba en desventaja, ya que ella no usaba peluca y Kagome no podía sentir nada, solo tenía miedo de que se le cayera, o agarraba de los cabellos a esa mujer o evitaba que se llevara su peluca.

Inuyasha se levantó sacudiendo su cabeza de un lado a otro y presenciar ese encuentro entre dos mujeres.

Cuando Kagome trató de reaccionar ya era tarde, Ayame le había arrancado la peluca liberando su verdadero cabello, ella se llevó las manos a la cara y permaneció agachada, ocultando su rostro bajo su cabello.

Buscó como pudo la puerta y salió corriendo del palco.

—Si tanto deseabas a una pelirroja natural hubieras seguido conmigo – dijo haciendo girar la peluca de Kagome entre sus manos

Inuyasha se la arrebató y salió en busca de su esposa, sin querer, había surgido la forma de desenmascárala.

Kagome corrió lo más que pudo, sin mirar atrás por temor de ver a Inuyasha, llegó como pudo a la recepción y pidió su abrigo, pero el mozo se le quedó mirando sin reconocerla.

—Soy la acompañante de Inuyasha Taisho – dijo ella – Deme mi abrigo

El hombre asintió y de inmediato le entregó a Kagome su abrigo, a lo que la joven se acomodó la capucha y salió del teatro en busca de un carruaje de alquiler, cuando logró detener a uno escuchó la voz de su esposo.

—Kagome, espera…

Pero ella no lo hizo y simplemente subió al carruaje y le pidió al cochero que arrancara y ella después le daba la dirección, sabía que algo le decía que no fuera esa noche, había sido descubierta de una manera tan absurda, se dejó llevar por la irá que sentía hacia esa mujer y gracias a eso se había logrado poner en evidencia.

¿Dónde se había metido Sesshomaru? Él le había prometido que iba a estar ahí por si algo pasara, y simplemente jamás llegó.

¿Qué iba ser ahora?

Ahora que él sabía quién era realmente.