Capítulo 18
En cuanto se habían ido al intermedio, Sesshomaru no dudó en ir a buscarla, para fortuna no había pasado nada entre Kagome e Inuyasha así que no iba ausentarse un par de minutos no representaría ningún problema.
Caminó por los pasillos de tras del escenario, pasaban a su lado bailarines, algunos semidesnudos, otros ensayando una coreografía, pero siempre estaban sonrientes.
Hasta que un hombre se interpuso entre su camino.
—Disculpe Monsieur – dijo un hombre con tono francés — ¿Le puedo ayudar en algo?
Sesshomaru lo miró de arriba hacia abajo, era chaparro y gordo con un largo y delgado bigote.
—Quiero ver a Lady Brightman – respondió en tono frio
—Me temo que la señorita Brightman está muy ocupada – comentó aquel hombre – Si le importa, puede regresar más tarde
Sesshomaru esbozó una sonrisa y negó con la cabeza.
—Creo que no entendió caballero – Sesshomaru lo miró con ojos desafiantes, dispuesto a buscarla por su propio pie – Dije "Quiero ver" no "¿Pudo ver?"
—Oh…oui – asintió el hombre, entendiendo las palabras de aquel joven – Pero le repito, está ocupada y no puede recibir a nadie, además la función comenzará en cinco minutos, es mejor que regrese a su asiento
—Cinco minutos son perfectos – dijo sarcástico – Uno para buscarla, otro para encontrarla y tres para hablar con ella
—Escuche…
—Con permiso
Sesshomaru inclinó la cabeza y fue en busca de Rin, dejando a sus espaldas aquel hombre tan desagradable, pero no fue así ya que comenzó a seguirlo, abría cada puerta de un camerino, en unos había mujeres, en oros hombres pero en ninguno estaba ella, así como abría la puerta así la cerraba.
Su única esperanza era el último camerino, llegó hasta la puerta, tomó la manilla de la puerta y la giró suavemente, pero cuando estuvo a punto de abrir la puerta por completo, aquel hombre se interpuso en su camino.
—Monsieur ya le dije que ella…
— ¿Qué pasa, Andrew?
Sesshomaru cerró los ojos al escucharla, era ella sin duda, aunque su voz se había suavizado un poco más.
—Nadie Mi Lady – respondió el hombre
— ¿Entonces por qué tanto escándalo? – preguntó ella
—Son los bailarines – fue lo único que respondió, al momento que cerraba la puerta y se interponía en medio para que aquel hombre no entrara
— ¿No me lo va hacer fácil, verdad? – preguntó Sesshomaru arqueando una ceja
Y en lugar de tener una respuesta, el hombre negó con la cabeza y se cruzó de brazos.
Sesshomaru asintió, apretó sus puños y golpeó al hombre en la comisura de sus labios, acto seguido lo quitó de su camino y entró al camerino. En cuanto la joven escuchó el impacto de la puerta contra la pared se puso de pie y giró sobre sus talones.
Su respiración se aceleró y de pronto comenzó a sentir su garganta seca, ahí estaba, el hombre que había dejado hace mucho tiempo sin una explicación más que una simple carta que no decía nada.
Sabía que estaba furioso, pues lo conocía a la perfección, sus ojos dorados siempre tenían un destello en color rojo.
—Sess…Sesshomaru
Fue lo único que pudo decir, ¿Qué esperaba? Preguntarle ¿Cómo estás? O "¡Que sorpresa verte! después de diez años, en lo que te dejé sin una explicación, pero aquí estas, me da gusto verte", No, ella negó en su interior, eso sería lo más estúpido que pudiera decir en un momento como este, en el que después de diez años se veían por primera vez.
—Señorita Rin yo le dije que…
El tal Andrew entró al camerino con una mano tocándose el labio.
—Gracias Andrew – ella asintió – Puedes irte. Estaré bien
Antes de que Andrew se fuera, le lanzó una mirada de advertencia a Sesshomaru, pero el ojidorado no se quedó atrás y le dejó claro que si lo buscaba lo encontraba y solo con una simple mirada.
Cuando estuvieron solos, él no dejaba de contemplarla, su melena estaba más larga, mas sedosa y ondulada, su cuerpo más esbelto y ese rostro que alguna vez amó seguía siendo el mismo.
— ¿Quieres tomar asiento? – preguntó ella educadamente
Sesshomaru negó y se quedó en el mismo lugar.
— ¿Puedo ofrecerte algo de beber? – volvió a preguntar
Y él volvió a negar.
Rin se llevó una mano al pelo, el silencio era algo que siempre la amataba y más si uno de los dos se quedaba callado sin decir nada, y Sesshomaru bien que lo sabía pues la estaba castigando de esa manera.
—Te vez diferente – comentó ella, intentando hacerle hablar
—Y tú sigues igual
Respondió de una manera indiferente y fría que la hizo estremecer. Ella no respondió al comentario y Sesshomaru prosiguió.
—Sigues siendo la misma pequeña arpía de siempre
Rin alzó la cabeza y lo miró – Si has venido a insultarme, es mejor que te vayas
Sesshomaru miró hacia ambos lados del camerino y se encontró con un pequeño y modesto sofá.
— ¿Por qué? – Él se cruzó de brazos – Después de todo es lo que te mereces
—Tú no sabes nada – ella negó
—Y créeme que ni me interesaría saberlo – respondió tajante – Veo que has conseguido lo que siempre deseabas…— hizo una pausa y añadió — ¿Con cuántos tuviste que acostarte para conseguirlo? ¿Ese tal Andrew es tu pobre victima?
—Suficiente – ella avanzó hacia la puerta y la abrió – Vete y no regreses
—Oh no – Sesshomaru negó con la cabeza, se levantó del sofá y llegó hasta ella donde cerró la puerta — ¿Por qué? – preguntó tomándola de la muñeca
—Sesshomaru… me lastimas – gimió de dolor
—Eso no es nada a comparación de lo que tú me hiciste – respondió — ¿Por qué? ¿Por qué me dejaste si bien sabias lo que sentía por ti?
Rin logró zafarse de su amarre y se llevó su muñeca a su mano.
—Tú no sabes nada – ella negó con la cabeza
—Claro que si – Sesshomaru asintió – Sé que eres una zorra, una mujerzuela que se acuesta con cualquier hombre que se le ponga en frente para conseguir lo que quiere. Los hipnotizas con tu belleza, nos enamoras y luego nos dejas como algo usado
Rin iba a darle una bofetada a Sesshomaru cuando se abrió la puerta y entró un niño de casi diez años.
—Mami, estuviste genial
Ella se vio obligada a esbozar una sonrisa y abrazó a su pequeño.
—Sabes que solo canto para ti – dijo acariciando la cabecita de su pequeño
El niño giró sobre sus talones y se encontró con la mirada de Sesshomaru.
— ¿Quién es usted?
Sesshomaru estaba sin palabras, ese niño le recordaba mucho a él, cabello castaño, igual a del su madre y ojos dorados…como los de… no, esto no era cierto, cualquier pensamiento que se estuviera generando en su cabeza lo desechó, probablemente era el hijo de otro hombre que ella conoció durante su viaje.
—Sesshomaru Gray – él extendió la mano hacia el pequeño
—Mucho gusto – el pequeño niño estrechó su mano con la de él – Yo soy Shippo
—Amor, porque no vas con Andrew, para que te muestre desde el telón el teatro
—No –el pequeño negó con la cabeza – Mejor voy a ver a Kohaku, se está preparando para el segundo tiempo
Y el pequeño se despidió de Sesshomaru y salió del camerino, dejando solo a los adultos para que retomaran su discusión.
—Me imagino que ese niño es tu hijo – dijo secamente – Y de tu amante
—Vete – dijo ella, abriendo la puerta
—No – él negó
—Si no te vas grito –lo amenazó
—Hazlo – y él la retó
—Señor, váyase o llamo a alguien para que lo eche – su voz fue más fuerte para que la escucharan
Los bailarines que estaban ahí dejaron de ensayar al ver a su protagonista estelar discutir con aquel hombre, entonces Andrew se acercó y tomó del brazo a Sesshomaru.
—Señor…
Sesshomaru se soltó y miró a Rin.
—Esta conversación aún no termina – prometió y salió del camerino
Rin cerró la puerta y comenzó a llorar amargamente, no le daría el gusto de verla en ese estado, además, el segundo tiempo iba comenzar y ella aún no estaba lista, su maquillaje se había recorrido un poco, lo que consiguió arreglar a la perfección.
Por culpa de su deseo de verla había descuidado a Kagome, regresó lo más rápido al palco donde se encontraba, pero antes de entrar, vio salir del otro palco donde estaba Kagome e Inuyasha, a una mujer de ojos verdes y pelo rojizo.
Esperó a que ella se fuera para entrar al palco y descubrió que estaba completamente solo.
¿Había pasado algo?
No se quedó ahí a esperar, así que se fue y salió del teatro en busca de Kagome.
Kagome se recargó en el asiento del carruaje, le había pedido al cochero que la llevara a la casa de Kagura, sabía que sería el primer lugar donde él la iba a buscar, pero confiaba en sus amigas que le dirían que no estaba en casa.
¿Cómo se había dado cuenta de que era ella? Si muy apenas la conocía, solo había una marca de nacimiento y francamente dudaba que la primera noche que pasaron juntos hubiera puesto toda la atención en su cuerpo.
El carruaje se detuvo y ella bajó de un salto, le pagó al cochero y éste se fue.
Kagome entró corriendo a la casa y cerró la puerta detrás de sus espaldas, Kikyo y Kagura no estaban en casa, ya que ambas fueron por su propia cuenta a la ver la ópera, subió las escaleras hasta llegar a su habitación.
Se quitó el abrigo y lo dejó sobre algo que no alcanzaba a ver bien, comenzó a quitarse el vestido y ponerse el camisón, estaba completamente cansada como para pensar en lo que pasaría mañana, tal vez él vendría a buscarla a pedirle una explicación y ella se la daría, pero no ahora.
Inuyasha había parado su carruaje a cinco metros de donde ella estaba, la había visto bajar del carruaje y después entrar a la casa de esas cortesanas. ¿Qué demonios hacia su esposa, disfrazada de cortesana y peor aún, vivir en esa casa? Si se enteraran que su esposa era una cortesana, sus reputaciones estarían más que afectadas.
Pero no se iba a quedar toda la noche esperando a que su esposa se le ocurriera salir, no, él iría hasta ella. Así que trepó la barda de esa casa y saltó hacia el jardín, buscó una manera de entrar al interior y descubrió que había una puerta en la cocina, tal vez estuviera cerrada, tal vez no y cuál fue su suerte.
¡Estaba abierta!
La abrió lentamente y entró por la cocina, salió y de ahí y el pasillo lo condujo a un pequeño despacho, después a las escaleras que conducían a las habitaciones, no lo dudó y subió los peldaños uno por uno, a paso lento para no hacer ruido y no despertar a quien pudiera estar en casa.
Una vez estando en el segundo piso, se llevó una mano a la cabeza, ya que había un pasillo y en él se encontraban siete puertas, tres y tres de ambos lados y una en frente.
No tuvo que abrirlas todas, ya que el aroma del perfume de su esposa lo guiaba hacia ella, su puerta era la del fondo, la que estaba justamente en frente de él. Esbozó una media sonrisa y comenzó a caminar, igual, a paso lento, tomó la manilla y abrió lentamente la puerta.
La habitación estaba en penumbras, pero podía sentirla a ella, entró y cerró con llave la puerta tras sus espaldas, avanzó lentamente y se detuvo ante el tocador, solo para ver la peluca rubia de Derek Claymore, él esbozó otra media sonrisa y negó con la cabeza.
Desvió su mirada hacia la cama y se encontró con un pequeño bulto que se movía de un lado a otro, avanzó hacia ella, subió un escalón y a pocos centímetros ahí estaba ella, durmiendo plácidamente, aunque se movía de un lado a otro, de pronto en un movimiento su rostro quedó frente al suyo y él se maravilló al ver su belleza reflejada bajo los rayos de la luna.
Tomó asiento en la cama mirando su cuerpo, ella había cambiado mucho, su cuerpo ya no era el de una niña, si no el de toda una mujer, sus caderas eran más anchas, sus senos más grandes y redondos, su cabello seguía siendo el mismo, largo y sedoso.
No pudo resistir el deseo de acariciarlo, pero fue su peor error, ya que ella pareció sentirlo y abrió los ojos.
—Inuyasha – dijo ella, incorporándose en la cama — ¿Cómo entraste? – preguntó, tapando su cuerpo con las sabanas
Inuyasha esbozó una media sonrisa y negó con la cabeza.
— ¿Se te olvida que soy el libertino más escurridizo de todo Londres?
—Si – ella asintió – Lo sabía. ¿Qué haces aquí?
—Bueno – él roló los ojos – Un par de cosas me traen hasta aquí. La primera de ellas es ¿Qué hace mi esposa disfrazada de cortesana y Lord al mismo tiempo? Y la segunda ¿Quién demonios es el responsable?
Ella se levantó de la cama y se puso su bata, dejando a Inuyasha sentado en la cama, Kagome giró sobre sus talones, había llegado el momento de hacerle frente a su esposo.
—No puedo decírtelo – ella negó con la cabeza
— ¿Por qué?
Inuyasha dio un golpe en la cama y se levantó solo para acercarse a Kagome, pero ella simplemente se echó hacía atrás.
—Es un secreto Inuyasha
— ¿No será que te disfrazaste para vengarte de mí?
—Ah no – ella negó con la cabeza – No todo gira alrededor tuyo
Él se acercó más y cuando Kagome quiso echarse una vez más hacia atrás, él ya la había atrapado entre sus brazos y la apretaba contra su cuerpo.
— ¡Suéltame! – dijo ella, golpeándole el pecho
—No – él negó – Hasta que me digas que significa todo este juego
—No es ningún juego – respondió ella
—Para mí sí, no te das cuenta que si todo Londres se entera que la esposa del Lord Inalcanzable es cortesana ¿Nuestras reputaciones se verían arruinadas?
Ese "es" le dolió hasta el alma, era como si la estuviera tachando de algo que no era.
—Por eso no te preocupes – Kagome esbozó una media sonrisa – No dejaré que nadie se entere y tú con más razón no lo divulgaras
— ¡Claro que no! – Respondió – Porque esta será la última vez que lo harás.
Kagome no podía permitir eso, aun le quedaba mucho que investigar y encontrar pruebas contra Naraku.
—Lamento no poder acceder a tu petición – comentó ella
—Kagome ¿No me escuchaste? Se terminó este juego, recoge tus cosas que hoy mismo te llevo a Hampshire – la soltó para que ella hiciera lo que le había ordenado
Pero Kagome se quedó ahí, mirándolo fijamente, años atrás le haría caso, cuando era una estúpida e inocente mujer, ahora no, todo era diferente.
—Ya te dije que no – ella negó – Y me rehusó a irme a Hampshire contigo – se cruzó de brazos y tomó asiento en la cama
Inuyasha se llevó las manos al cabello, enfadado, frustrado, esa mujer era más desesperante que cualquier otra.
—Te di una orden – gritó
—No me grites – ella se levantó y avanzó hacia él, seductoramente – No me voy a regresar contigo cariño – dijo ella tocando el abrigo de su esposo – Y seguiré con lo que estoy haciendo – abrochó un botón de este – Y si piensas desenmascárame delante de todo Londres solo piensa en esto – desabrochó otro botón – Todo el mundo pensará en una cosa "En que la esposa del Lord Inalcanzable se hizo cortesana, solo porque su esposo no pudo complacerla en su primera noche de bodas" – giró sobre sus talones y dejó a su esposo con un profundo dolor en la entrepierna
— ¿Me estas chantajeando?
—Oh – Kagome hizo un puchero – Piensa lo que quieras
—Has cambiado – comentó él
—La gente cambia Inuyasha – respondió Kagome – Y más si está sola durante siete años
Inuyasha cerró los ojos al recordar la manera en la que la había dejado, lo admitía, eso no fue lo más caballeroso que hizo en toda su vida.
—Tú bien sabes que nuestro matrimonio…
—Si lo sé – ella asintió – Que nuestro matrimonio fue solo para salvar tu honor y mi reputación
Y de pronto, vino a él la pregunta que siempre se hacía en su mente.
¿Había quedado embarazada?
—La noche de nuestra luna de miel – preguntó nervioso — ¿Quedaste embarazada?
Kagome iba a contestarle que no, pero disidió pegarle en lo más bajo, quería hacerle sentir que era un miserable, quería que se le remordiera la conciencia por haberla abandonado durante mucho tiempo.
—Si – mintió
A Inuyasha se le iluminó el rostro al escuchar esa respuesta…
— ¿Cómo es?
—No te hagas ilusiones Inuyasha – dijo ella – Porque lo perdí dos semanas después que lo supe
Inuyasha se dejó caer a un sofá, Kagome se mordió el labio inferior, nunca lo había visto tan mal, podía ver como sufría en su interior, se sentía culpable de verlo de esa manera, a pesar de todo el daño que se merecía no era justo jugar con eso.
"Si, que sufra" dijo una voz interior
"Dile que no lo estabas, que es mentira" otra voz en su interior intercedió por él.
Pero esa era una pequeña parte de su venganza.
El plato y los cubiertos ya estaban puestos.
Solo faltaba el platillo frío.
