Capítulo 19
Inuyasha permaneció sentado mucho tiempo, asimilando lo que le había confesado su esposa, en su interior crecía un sentimiento que jamás en su vida había experimentado, el de la culpa. Si, se sentía totalmente culpable por el solo hecho de haberla dejado sola durante todo ese tiempo, no podía imaginar cómo se sintió ella en esos momentos tan difíciles, mientras ella perdía a su hijo, él se revolcaba con cuanta mujer se le cruzaba o se la había pasado con su ex amante Ayame.
Pero su sentimiento de odio no lo dejaba ver más allá de la realidad, estaba completamente cegado, culpándola de lo que había pasado años atrás en los que por un error o capricho del destino ambos terminaron casados.
¿Qué habría pasado si en lugar de él otro se hubiese casado con ella?
El imaginarse a otro besando esos labios, tocar ese cuerpo que había madurado en tan solo siete años….negó con la cabeza, no, simplemente no podía imaginarlo, ella era de él y solamente de él.
Alzó la cabeza y se encontró con su mirada, esos ojos chocolate que lo miraban intensamente.
Después de varios minutos, alzó la cabeza y se encontró con sus ojos chocolates, lo miraba fijamente.
Ella, estaba ahí, de pie y con los brazos cruzados, mirándolo fijamente.
— ¿Por qué…—hizo una pausa — ¿Por qué nunca me lo dijiste?
Kagome se encogió de hombros, se sentía culpable de haberle metido, pero ya no podía dar marcha atrás, le había dicho una mentira y tenía que sostenerla.
—Inuyasha, tú me odiabas en ese tiempo, me culpabas de haberte "llevado" al altar – explicó – No me sorprende que me odies todavía – comentó — ¿Qué esperabas? ¿Qué te mandara un mensaje diciéndote que estaba embarazada y que lo había perdido?
—Si— asintió
Inuyasha se levantó del sofá y acercarse a ella tan rápido, que cuando Kagome parpadeó ya lo tenía en frente de ella.
—¡¿Para qué?! – Preguntó ella — ¿Para reprocharme que era una irresponsable que llevó a la muerte a su propio hijo? ¿Para eso querías que te lo dijera? ¿Para qué me siguieras culpando de todo? – sus lágrimas no se hicieron esperar y comenzaron a brotar
A Inuyasha le rompió el corazón verla así, él pensaba que ella le había arruinado la vida, pero jamás se detuvo pensar en ella, en lo que pensaba, cuáles eran sus sueños.
La tomó entre sus brazos y la abrazó, al principio Kagome se puso rígida, pero se dejó llevar.
—Además, estabas más interesado en regresar a Londres – dijo ella entre susurros – Y así poder reanudar tu romance con esa mujer
Él tomó su mandíbula solo para levantar su rostro, sacó un pañuelo de su pantalón y enjuagó cada una de sus lágrimas.
—No te odio – dijo él – Es solo que nuestro matrimonio se dio de una manera inesperada y en cuanto a ella – esbozó una media sonrisa al recordar como su esposa y Ayame se habían enfrentado – Se acabó – explicó sin dejar de verla a los ojos – Pero también debiste haberme dicho lo de nuestro hijo, así no hubieras estado sola
Kagome negó con la cabeza y se apartó de él.
—No dejes que la culpa y el remordimiento te dominen
—No es nada de lo que tú dices
Él intentó acercarse de nuevo, pero Kagome retrocedió unos pasos más, no quería estar de nuevo entre sus brazos porque tenía miedo de poder caer en su red de seducción, pero se veía tan sincero que incluso llegó a desear que todo lo que decía era verdad.
—No te acerques más –ordenó ella
—¿Por qué? – él esbozó una media sonrisa sin dejar de hacerlo
—Por favor…
Pero él simplemente no hizo caso y siguió acercándose a ella hasta acorralarla entre la pared y su cuerpo, se sentía tan indefensa, tan vulnerable ante él.
Inuyasha la miraba de arriba hacia abajo, sus pechos se movían tan rápido, al compás de su respiración sobresaliendo un poco de su camisón.
—Vete… – fue más una súplica que una orden
—¿Por qué? ¿Te pongo nerviosa? – preguntó, recorriendo con un dedo la clavícula de su esposa
—No, es solo que….
No pudo decir más, por esos labios sensuales que se apoderaban de los suyos, se olvidó de todo, de quien era, de cuál era su misión, del odio que él sentía hacia ella. Pasó sus brazos alrededor de su cuello y para atraerlo más hacia ella. Él tampoco se quedó atrás, ya que sus manos expertas capturaron su cintura y la atrajo hacia sí.
Inuyasha apartó sus labios y comenzó a dibujar una línea imaginaria por la línea de su cuello, con una mano deslizó una manga del camisón hacia abajo desnudando a la mitad un hombro y ahí depositó un beso.
Sus respiraciones eran agitadas.
Pero en ese momento, Kagome volvió a la realidad, lo empujó, se acomodó el camisón.
Inuyasha se le quedó viendo confundido.
—¿Qué pasó?
Kagome negó con la cabeza, era una estúpida, se había dejado llevar una vez más por él, por su voz, por su aliento, por esos besos apasionados que robaban el aliento.
Frunció el cejo y le dio una bofetada con toda su fuerza.
—Vete y no vuelvas – dijo mientras iba hacia la puerta y la abría
—No me iré sin ti – él negó con la cabeza y se cruzó de brazos
—Inuyasha, te exijo que te vayas en este momento – sus ojos brillaban de coraje – O de lo contrario gritare y alguien vendrá y te sacara de aquí – amenazó
—Hazlo – la retó – Y tú te vienes conmigo
—Yo no iré a ningún lado contigo
—Eres mi esposa
—Ahora te acuerdas que tienes una esposa – dijo sarcásticamente
Inuyasha se llevó una mano a la cabeza, por eso siempre había evitado el matrimonio, por las peleas maritales, en un momento todo era felicidad y pasión pero en un abrir y cerrar de ojos era como si estuviera en el infierno.
Ambos habían tenido mucho esa noche, así que lo mejor era marcharse, al día siguiente continuarían con su discusión.
—Muy bien – asintió – Me iré solo porque tú me lo pides – dijo avanzando hacia ella – Pero recuerda que aun "Safira" me debe toda una semana
Ella negó, no soportaba estar una semana entera a su lado.
—Eso se acabó, nuestra semana termina aquí.
—Ah no cariño – él negó esbozando una sonrisa – Haré que la cumplas y al finalizar la semana, le dirás a Marshall que no podrás continuar su semana con él, ya que me elegiste a mi
—No haré eso – ella negó
—Si lo harás – dijo él – Porque no voy a permitir que ese infeliz te ponga una mano encima
—Hablas como si estuvieras celoso
—No estoy….lo que quiero decir es que no voy a permitir que me engañes con él – se aceró un más a ella – Y sobre todo, averiguaré que te traes entre manos y quien fue el de la idea
—Buena suerte en eso
—Aun no me conoces cariño – le guiño un ojo – Puedo llegar a ser muy persuasivo – le dio un beso en la mejilla – Buenas noches señorita Safira, espero que este lista mañana temprano, ya que estaremos todo un día fuera
—Ya te dije que…
—Me debes una semana – hizo una reverencia y salió de la habitación.
Pero cuando bajaba las escaleras vio una luz en la sala de estar y en ella provenían risas de dos mujeres y un hombre, frunció el cejo, tal vez si se quedaba a espiar un rato podía escuchar algo relacionado a su esposa y los motivos que la llevaron a disfrazarse de cortesana y lord al mismo tiempo.
—Mi hermana fue un éxito – dijo Kagura – Nunca la había visto actuar
—Si – asintió Kikyo – Pero no vi a Kagome ¿Tú si Koga?
—No – respondió el ojiazul – Creo que el lord Inalcanzable se la llevó a un lugar más íntimo – comentó en tono de burla— si supiera que es su propia esposa quien lo seduce
Inuyasha apretó los nudillos de sus manos, algo tenía que ver él en todo esto, pero lo que escuchó a continuación lo dejó atónito.
—No tenemos tiempo – comentó Koga – Kagome debe reunir pruebas que culpen a Naraku
Kikyo colocó su mano en el hombro de Koga y lo miró.
—Estoy segura que las conseguirá cuanto antes
No quiso seguir escuchando más y salió por donde había entrado tan solo hace unas horas. ¿Pruebas que involucren a Naraku? ¿Qué tipo de pruebas se referían? No tenía muchas respuestas, de hecho ninguna, pero conocía muy bien a la persona que iba a responder cada una de sus dudas, mañana por la mañana visitaría a Koga para hablar personalmente del tema.
Hace mucho tiempo que no veía a ese hombre, nunca le había agradado, incluso en la fiesta de su compromiso había quedado claro que entre amos no podía existir amistad alguna.
Inuyasha subió al carruaje y le ordenó al cochero que se pusiera en marcha, mientras iba en camino a casa estaba planeando lo que haría al día siguiente, primero visitaría a Koga Wolf para pedirle, no más bien, exigirle una explicación, en segundo lugar iría por su esposa para pasar todo un día completo con ella, si el destino la estaba poniendo de vuelta en su camino era por algo y aprovecharía cada momento con ella.
Mientras tanto, en un club de apuestas…
—Señor – un hombre se acercó a él y le susurró al oído – Ya tenemos el paquete
El hombre dio una calada a su puro y exhaló el humo, esbozó una sonrisa y asintió.
—Bien, solo encárguense de que no le falte nada – dijo en voz baja para que nadie lo escuchara – Debemos cuidar bien a nuestra invitada antes de devolverla a su familia
El otro hombre que le había dado la información asintió y se marchó del lugar.
Una vez estando solo, volvió a sonreír.
—Una joya más a mi colección
A la mañana siguiente Sesshomaru había ido a visitar a Kagome, esa noche se había sentido un completo idiota por haberla dejado a merced de Inuyasha solo por ir detrás de Rin y pedirle una explicación de su abandono.
Aunque no debía de estar ahí, aún tenía muchas dudas en la cabeza, la conversación con ella, el niño que le llamaba mamá, esos grandes detalles no dejaban de retumbar en su cabeza, gracias a ello no había podido dormir en toda la noche.
—Miren quien está aquí – dijo la voz de Kagome – Nada más ni nada menos que mí según él "protector"
—No es para que sea sarcástica señora
—Gracias a usted mi esposo me descubrió
—¿La descubrió? – preguntó sorprendido
—Si – asintió ella – Aunque sospecho que ya lo había hecho. Después de todo, Inuyasha no es un estúpido – Kagome lo miró a los ojos, se veía diferente, preocupado — ¿Qué le pasó anoche? Lo veo diferente
—Nada – él negó – Nada que pueda hacer usted
Kagome no supo que decir, su "protector" tenía una mirada perdida, la tristeza en sus ojos se reflejaba aún más.
Inuyasha estaba muy temprano ahí, esperando a Koga en el despacho, al principio el mayordomo se había mostrado reticente en mandar la solicitud de visita a ese viejo amigo, pero después de una larga insistencia logró convencerlo.
Escuchó la puerta abrirse tras sus espaldas y supo que era él, pues en un parpadear de ojos, Koga ya había tomado asiento en la silla que estaba en frente de él.
—Cuando me anunciaron tu vista no pude creerlo – comentó en forma de burla
Inuyasha esbozó una media sonrisa – Nunca se olvidan los viejos amigos, y más si son los de mi esposa
—¿A qué has venido, Inuyasha? – preguntó Koga, muy serio
—Sabes – Inuyasha sacó un puro, pero antes de encenderlo miró a Koga — ¿Te molesta?
—No – él negó, dándole un cenicero – Adelante
—Bueno, en realidad he venido por una sencilla razón – comentó
—Si es para preguntarme por Kagome, te diré que soy el menos indicado. No la he visto desde que te la llevaste a Hampshire
—¿Seguro? – Inuyasha arqueó una ceja y vio a Koga mover la cabeza de un lado a otro — ¿Por qué será que no te creo?
—Inuyasha, ya te dije que…
—¿Qué hace mi esposa disfrazada de cortesana y lord a la vez? – Interrumpió y Koga se quedó mudo – Ella no me quiere explicar nada, pero estoy seguro de que tú lo harás.
—Yo…no…no sé de qué hablas
El ojidorado golpeó la mesa, dejó el puro en el cenicero y se puso de pie.
—Exijo saber la verdad
Koga suspiró resignado, aun no podía creer que Inuyasha Taisho se hubiera dado cuenta del engaño de Kagome de una manera rápida, pensaba que iba a tardar mucho tiempo en darse cuenta.
—Está bien – él asintió – Te lo diré, pero antes de decírtelo, debes prometer que no interferirás en nada
—¿Por qué me preguntas eso?
—Solo promételo
Inuyasha asintió, tomó asiento y aguardó a que Koga comenzara con su relato.
Lo vio tomar aire y después comenzar con su relato, Inuyasha no podía creer todo lo que su esposa se había sometido solo para lograr convertirse en un caballero y una cortesana al mismo tipo, todo para seguirle los pies al líder de una banda que se dicaba a asaltar caminos.
Inuyasha se levantó de su lugar interrumpiendo el relato de Koga, se acercó a él y lo alzó por el cuello.
—¿Tienes idea del peligro en que la has puesto? – preguntó furioso
—Lo sé pero…
—Pero nada – negó y gritó más furioso – Al menos estaba más segura en Hampshire
—Si – asintió Koga, empujándolo – Pero seguiría igual. Sola, abandonada y sin ninguna compañía
—¿Quién es líder al que debe seguir?
Hasta ese momento Koga había omitido el nombre del líder de esa banda.
—Es confidencial
—No me vengas con eso ¿Dime quien es ese infeliz al que debe seguir? ¿Lo conozco?
Y Koga asintió.
—¿Quién es? ¡Responde!
—¿En serio no te has dado cuenta? – Koga esbozó una media sonrisa – Piensa por un momento, ponte a pensar quien es esa persona. Está muy cerca de ti, lo vez casi a diario y se podría decir que es tu rival con Safira
No, no podía ser la persona que se estaba imaginando.
—¿Naraku?
—Así es Inuyasha – Koga asintió de nuevo – Creemos que es el líder, Kagome aceptó pasarse por caballero y cortesana a la vez solo para estar cerca de él. Claro, que cuando la viste como Safira las cosas tuvieron que cambiar
—Si algo le pasa, te juro que tú serás el culpable
Dicho esto, salió del despacho y de la casa de Koga, y se puso en marcha para ir a buscar a su esposa, pero cuando estuvo a punto de llamar, la puerta se abrió y salió un hombre de cabello plateado y ojos dorados, a un lado de él estaba Kagome, disfrazada de Safira.
Ambos hombres se vieron, sus miradas dorados chocaron entre ellas lanzando chispas de fuego.
Kagome se mordió el labio inferior, al ver a su esposo arquear una ceja al hombre que estaba con ella.
