Capítulo 22

Aquel hombre observó como la dama salía de la salita privada y por consiguiente del club, debía estar desesperada por deshacerse de aquella dama que le estaba –según ella— robando lo que era suyo.

Conocía a esa dama, pero lo que desconocía era la forma en que ella se había enterado de que él era y le pedía el favor de que se deshiciera de una mujer que no conocía, una mujer que le estaba quitando al conde Inuyasha Taisho, el famoso Lord Inalcanzable, sin duda ella no quería aceptar que esa relación había terminado.

—Menomaru.

Escuchó que lo llamaban, giró la cabeza y se encontró con Naraku.

—Naraku– inclinó la cabeza en forma de saludo – No esperaba verte temprano por aquí – comentó él.

—¿Acaso se te olvida que soy el dueño? – Preguntó él – Pero, pasemos a mi oficina. Quiero hablar de algo serio contigo.

Menomaru tenía la misma altura que Naraku, sus ojos eran color verde miel y su cabello negro, se conocían desde hace tiempo, él se encargaba de administrar el club y todas las propiedades de su amigo.

—Y de que se trata – comentó, tomando asiento en una silla de cuero negro.

—Cómo explicártelo – Naraku también tomó asiento – He notado que en los últimos meses las ganancias han disminuido – explicó él — ¿Hay algo que deba saber al respecto? – lo miró, arqueando una ceja.

—Naraku…— hizo una pausa – Ha habido gastos, además, tus clientes son personas morosas que no han pagado sus deudas.

—Ya veo – él asintió, pero sin creer ni una sola palabra de su amigo – Escúchame bien, tú y yo nos conocemos desde hace mucho tiempo, si me entero que me estas estafando, no sabes de lo que soy capaz.

—Me ofendes, nunca te haría eso, eres mi mejor amigo.

—Y me gustaría conservar nuestra amistad – tomó un abrecartas – Porque aun siendo mi mejor amigo, no soportaría una traición de tu parte – y lo dobló a la mitad, como si con esto fuera a quedar claro lo que le pasaría si lo traicionaban, se inclinó un poco y lo miró profundamente a los ojos – Y ya sabes que le pasa a los traidores ¿Quedó claro?

Menomaru esbozó una sonrisa.

—Más que claro, Naraku.

Sesshomaru negó con la cabeza y se echó a reír, si, seguramente ella se había acostado con otro después o antes que él y ahora quería que llevara esa carga. Pero se recuperó y tomó esa misma compostura que siempre lo caracterizaba, frio y arrogante.

—¿Esperas a que crea tu mentira? – Preguntó, con una pizca de amargura – Porque no mejor me dices que ese hijo es de otro, y que te fuiste porque resultaste embarazada y tenías miedo de que te amatara por tu traición.

—Sesshomaru… – Rin estaba sorprendida, sabía que él podía llegar a ser frio, pero no de esa manera

—No te creo Rin – dijo simplemente, encogiéndose de hombros – Es más, ¿Has notado el parecido que tenemos el Lord Inalcanzable y yo? – Preguntó y Rin negó con la cabeza – Bueno, el niño pudría ser de él, ya que tiene sus ojos

Rin respiró profundamente y terminó por abofetearlo.

—¿Cómo puedes decir eso? – Dijo ofendida — ¿Me crees capaz de acostarme con otro, cuando tú y yo teníamos algo?

—Te creo de eso y más – respondió, tocándose la mejilla donde ella había acertado — Eres solo una arpía

—En primer lugar, no soy arpía y en segundo lugar, jamás tuve nada que ver con ese hombre porque nunca llegué a conocerlo.

—Oh pero estoy seguro que hubieras deseado conocerlo – se acercó a ella lentamente, mirándola con esos ojos dorados llenos de furia y pasión a la vez – Lo hubieras seducido como lo hiciste conmigo – la tomó fuertemente de la cintura y la atrajo hacia sí – Tenerlo en tu cama y pasar horas con él.

Rin forcejeó con él, ese hombre le estaba haciendo daño.

—Suéltame.

—Lo preferirías a él en lugar de un pobre diablo. Un pobre diablo que te amaba.

Ella levantó la mirada para hacerle frente.

—Yo jamás….

Pero no pudo terminar su frase, pues Sesshomaru la besó. Beso que no significaba nada para él, pero para ella, era volver a renacer todo lo que en el pasado había sentido. El beso había sido inesperado, era una combinación entre amor, deseo y desprecio. Si, desprecio, pues comenzaba a tornarse agresivo al grado de lastimarla y más cuando él mordió su labio inferior.

Rin logró apartarse de él, se llevó una mano a su labio inferior ya que estaba sangrando. Y volvió a abofetearlo.

—¡Eres un maldito!

—Y tú una mujerzuela que seduce con esa mirada tierna de ángel.

Ella alzó una vez la mano para darle otra cachetada, pero la detuvo en el aire y la bajó, no tenía caso seguir discutiendo, era absurdo si quería hacer entrar en razón a un hombre, pero lo comprendía, diez años sin saber que pasó de ella, una huida inesperada solo dejando una carta diciendo que nunca lo amó, eran razones fuertes para odiarla, y eso lo entendía. Pero lo que nunca iba a entender y aceptar, era el hecho de que él hubiera sacado a conclusión que el hijo no era de él, sino de ese tal Inalcanzable – que nunca lo conoció —.

—No tiene caso seguir discutiendo con usted, señor – habló en tono formal. Ella se estaba haciendo fuerte para no derramar ni una sola lágrima ante ese hombre – Así que le pediré que no vuelva a buscarme, le expliqué lo que ha pasado, no quiso creerme. Es mejor que dejemos las cosas hasta aquí, usted siga su camino que yo continuaré con el mío – antes de girar sobre sus talones lo miró – Que tenga buena noche.

Y se alejó lo más rápido posible, solo para que él no la alcanzara.

Quería detenerla, no supo porque demonios se había comportado de esa manera. Esa mañana fue a buscarla con el único propósito de que le explicara sus razones, y cuando ella se presentó ante él sólo para explicarle lo que pasó hace diez años, él simplemente no pudo creerle, incluso hasta la culpó de preferir al Lord Inalcanzable, pero esa absurdo, ellos dos nunca se llegaron a conocer, porque Inuyasha Taisho estaba de acompañante de la viuda Rushforth. Lo cierto era que lo había arruinado todo. Si la buscaba ella no lo recibiría, así que mejor esperaría hasta mañana, tal vez estuviera más tranquila.

Inuyasha caminaba de un lado a otro en la sala de estar, había quedado con Kagome de ir por ella esa noche, ya que no quería despegarse de ella todo el tiempo, si necesitaba ayuda era mejor que él estuviera cerca.

Kikyo entró y el hombre se detuvo al verla.

—Kagome bajará en unos momentos – informó la joven

Él se encogió de hombros y antes de que Kikyo se retirara la detuvo.

—¿Cómo se conocieron usted y mi esposa?

Kikyo giró sobre sus talones, no había tenido tiempo de ver bien a ese Lord Inalcanzable, si, sin duda era muy atractivo y guapo, ahora entendía muy bien porque todas las mujeres de Londres lo deseaban.

Ella roló los ojos y se acercó a él, le pidió que tomaran asiento y lo hicieron, él en un sofá pequeño y ella en otro.

—Hace tiempo tenía un protector – explicó ella – Era muy bueno conmigo, él no tenía a nadie en el mundo ya que su esposa había muerto al dar a luz a su hijo, y el pequeño murió unas semanas después…

Inuyasha escuchaba atento el relato de la joven cortesana, pero él no quería que le explicara toda su vida, sino como se habían conocido su esposa y ella.

—Disculpe – la interrumpió — ¿Podría saltar el tema de su vida y decirme como se conocieron mi esposa y usted?

Kikyo alzó una ceja y lo miró de una manera fría. Lo que tenía de atractivo, lo tenía de arrogante y poco caballeroso.

—Para responder a su pregunta. Debo contarle mi historia.

Inuyasha suspiró y asintió – De acuerdo. Continúe

—Nunca se volvió a casar después de eso – siguió su relato – Él siempre me decía "Una vez entregué mi corazón, amé, y me amaron. No lo entregaré por segunda vez, porque la mujer que amé, se lo llevó con ella" – Kikyo suspiró al recordar las palabras de su anciano protector – Y cuando lo conocí él ya era muy mayor, solo quería tener compañía nada más. Así que enfermó y murió, pero antes de hacerlo me nombro como su heredera. Entonces, viaje a Hampshire y conocí a su esposa, nos hicimos amigas, ella no tenía con quien hablar y yo andaba en busca de tranquilidad. Poco tiempo después, me enteré que era la esposa de un tal "Lord Inalcanzable" a la que había abandonado en un lugar así.

Inuyasha al escuchar esas últimas palabras, quería meterse debajo del sofá, ya que ella no dejaba de verlo con esa mirada.

—¿No tiene idea de lo que ella sufrió, verdad? – Preguntó al verlo y al ver que no respondía continuó – Claro que no, usted sólo busca satisfacer su propio placer – se levantó del sofá y antes de irse dijo – Aun no es tarde Lord Taisho. Si quiere recuperarla, tendrá que usar la cabeza en lugar de la seducción, es verdad que la mayoría de los problemas se resuelven en la habitación. Pero este, no es su caso.

Inuyasha observó como aquella cortesana se iba. Una imagen de Kagome vino a su mente, ella, en el rincón de una oscura habitación, llorando desconsoladamente por la pérdida de su hijo. Se llevó las manos a la cabeza, a estas alturas no sabía que era mejor, si alejarse o ser inteligente y recuperarla.

Kagome apreció en el umbral de aquella sala, él la contempló de arriba abajo, llevaba un traje negro, una camisa blanca y una corbata en tono dorado, se había puesto una peluca rubia ocultando debajo de ella su hermosa melena color azabache, en su rostro se encontraba un pequeño bigote del mismo color rubio, tenía sujetado en su mano izquierda un sombrero y en la derecha un bastón. Él arqueó una ceja divertida sin dejarla de ver.

Ella cruzó los brazos al ver la expresión en su rostro.

—¿En qué piensa, lord Inalcanzable? – preguntó en tono varonil.

Inuyasha esbozó una media sonrisa, se levantó de su asiento y avanzó hacia ella.

—En que se ve atractivo, Claymore – comentó en forma de burla, después tomó el sombrero que llevaba en su mano y se lo acomodó en su cabeza – Listo – le guiñó un ojo — ¿Nos vamos? – ofreció su brazo

—Señor Taisho, si alguien nos ve salir tomados de la mano pensaran lo peor de usted y su reputación se verá completamente arruinada.

—Es verdad – él asintió y le susurró al oído – Pero a estas alturas no me importa mucho mi reputación.

—Tal vez la suya no le importe, puesto que esta por los suelos – explicó ella, apartándose un poco de él, ya que su sola presencia la estremecía – Pero la mía es la que me preocupa, ya sabe.

—Tiene toda la razón– él asintió – En ese caso ¿Nos vamos? – señaló la salida, dejando que Kagome saliera primero.

Ambos salieron de la casa y entraron al carruaje donde los llevaría al club de apuestas de Naraku, afortunadamente el carruaje no había sido el mismo de hace años, lo había cambiado, seguramente sabía el significad que representaba para ella y agradeció ese gesto de su parte.

—¿Cuál es el plan de esta noche? – preguntó Inuyasha mientras el carruaje se ponía en marcha.

—No sé – Kagome se encogió de hombros – Debo ingeniármelas para entrar a su despacho y buscar un indicio que demuestre ser el líder de esa banda de ladrones.

Inuyasha la había escuchado con atención, aun no lograba entender como una mujer como ella se arriesgaba tanto sin saber que su vida corría peligro, incluso su propia reputación si todo Londres se enteraba que ella se había disfrazado de hombre, sin duda iba estar en boca de todos, pero eso a ella no le importaba, esas eran razones para admirar a una mujer como ella. Valiente y arriesgada, todo lo que una mujer de buena cuna no haría.

Pero sin embargo se le ocurrió a él otra idea.

—Si quieres encontrar pistas, dudo mucho que las encuentres en su club – comentó él – Si yo fuera un bandido ocultaría todo lo que me involucrara en un lugar seguro.

—¿En su casa? – preguntó Kagome

—Podría ser – Inuyasha asintió – O también se la daría a un amigo muy cercano – concluyó él.

—Hasta ahora no conozco alguien cercano a él.

—Es porque no lo has visto lo suficiente, amor – comentó él, guiñándole un ojo – Marshall tiene un amigo, es digamos su mano derecha – explicó – Es el administrador de su negocio, su nombre es Menomaru. Tal vez él esté involucrado en todas las cosas que hace Naraku.

Kagome se recargó contra el respaldo del carruaje, no había pensado en eso, en la posibilidad de que él tuviera un cómplice, pero era obvio, todo ladrón tendía su mano derecha y ese tal Menomaru podría serlo, aunque todo encajaba a la perfección, él se encargaba del negocio sucio mientras que Naraku daba una imagen limpia.

El silencio se hizo presente entre los dos, "Amor", él se había usado esa palabra para referirse hacia ella, en lugar de utilizar su nombre, pero no debía emocionarse por completo, seguramente a todas sus amantes les había llamado de la misma forma. ¿Por qué era tan fácil odiar a un hombre cómo él y a la vez amarlo? ¿Qué era lo que lo hacía tan seductor y hacer que todas terminaran rendidas a sus pies? ¿Acaso esa hermosa sonrisa? ¿Sus ojos tal vez? O ¿Esa forma varonil que lo hacía llevarse el título de "Lord Inalcanzable"?

Estaba tan cerca, pero tan inalcanzable, arqueó un poco la cabeza sin dejar de verlo, para su fortuna él miraba hacia la ventana, preguntándose cómo hubiese sido su matrimonio con él sin que nadie los hubiera obligado a casarse por compromiso. Seguramente un cortejo, palabras de amor habrían sido suficientes para terminar completamente enamorada de él. A pesar de su forma de ser, así lo amaba, pero jamás se lo diría, nunca llegaría saber de sus labios que lo amaba desde hace tiempo.

Él giró la cabeza y sus miradas se encontraron, Kagome se sonrojó y agachó su cabeza, mirando su bastón.

Pero antes de que él pudiera decir algo, el carruaje se detuvo y el cochero anunció que habían llegado a su destino. Inuyasha bajó del coche seguido de Kagome, ambos entraron al club y le entregaron sus abrigos al mozo que se encontraba en la entrada.

—Señor Taisho, Señor Claymore – un hombre se paró delante de ellos dos – Es un placer recibirlos una vez más.

—Menomaru ¿Está Naraku? – preguntó Inuyasha

—Si señor – el hombre se hizo a un lado –Esta ahí – señaló la mesa donde se encontraba Naraku – Que tengan buena suerte.

—Gracias – dijo Inuyasha en una falsa sonrisa.

Inuyasha se dirigió hacia la dirección que la había dado el amigo de Naraku, pero Kagome y ese hombre se enfrentaron en una lucha de miradas.

¿Así que ese era Menomaru? Sin duda provocaba el mismo escalofrió que Naraku, aunque había más maldad en los ojos de ese hombre que los propios de Marshall.

—¿Le pasa algo, señor? – preguntó el hombre en cuestión.

—No – Kagome negó y utilizó esa voz varonil que tanto había practicado – Pero me resulta extraño que sepa mi nombre.

Él esbozó una sonrisa y respondió simplemente.

—Es mi obligación saber el nombre de todos nuestros clientes.

—Ya veo – ella asintió – Bueno, que tenga buena tarde señor – inclinó la cabeza y siguió el mismo trayecto que Inuyasha.

Menomaru lo siguió con la mirada y no supo porque se detuvo al ver el trasero del joven, no se movía como hombre sino como una mujer, pero le restó importancia, tal vez era uno de esos….sacudió la cabeza ante tal idea.

Kagome tomó asiento a lado de Inuyasha, justamente iniciaban una nueva partida de black jack, Naraku era el encargado de repartir las cartas.

—¿Dónde dejaste a Safira, Inuyasha? – preguntó Naraku.

—Tenía cosas que hacer – respondió él, observando a Kagome.

—Si fuera tú, no perdería mi tiempo – comentó – Una mujer como ella es para estar en una cama con sabanas de seda, disfrutando todo un día de su cálido cuerpo.

Kagome tragó saliva, quería devolver ante el comentario tan repugnante de Naraku.

—No todo en la vida es sexo – explicó Inuyasha.

—Mira quien lo dice, el lord Inalcanzable, el que se ha acostado con un sinfín de mujeres – dijo sarcásticamente Naraku – Si sigues pensando de esa manera perderás y Safira me elegirá a mí.

—¿Por qué esta tan seguro? – intervino Kagome.

—Bueno – Naraku se rascó la barbilla y se encogió de hombros, mirando su carta y tomando otra a la vez – Porque Safira así es, una mujer de fugo, hecha para seducir a un hombre y logar que se hinquen a sus pies. Amigo – le dio una palmadita en el hombro a Kagome – Aun eres muy joven y te falta por aprender de las mujeres, da gracias a dios que no la conoces, porque terminarías a sus pies, además, por ahora está ocupada estas dos semanas – miró a Inuyasha – Ya sabes qué pasará si pierdes.

Inuyasha no quería que tocara el punto de la apuesta, si Kagome se llegaba a enterar de que él y Naraku habían apostado a "Safira" seguramente ella terminaría enfadándose más con él al grado de odiarlo más.

—Te recuerdo lo mismo a ti – repuso Inuyasha.

Kagome frunció el cejo, confundida de las indirectas que se habían hecho Inuyasha y Naraku, no iba a dejar que su curiosidad quedara sin ser satisfecha.

—¿Qué ocurrirá si pierden? – preguntó Kagome, imaginándose lo peor.

—Inuyasha y yo…

—Nada – lo interrumpió Inuyasha – Es solo entre Naraku y yo ¿No es así, Naraku?

—Claro – asintió él – Cuando Safira elija a uno de nosotros, sabrás de lo que estamos hablando joven Claymore.

—Ah…— Kagome asintió, sin creer ni una sola palabra de lo que decían esos dos hombres.

El resto de la noche fue tranquila, cada vez que pasaba Menomaru por su mesa Kagome no dejaba de verlo, incluso cuando no la veían aprovechaba para vigilar a ese hombre sigilosamente, lo veía hablar con algunos lores, otras veces con un mozos, pero algo le llamaba mucho la atención, un hombre se había acercado a él y le entregó algo en la mano, al instante él lo vio y se lo metió al bolsillo de su saco.

—Lord Claymore ¿Va escoger otra carta?

Kagome parpadeó y regresó a la realidad.

—¿Decías, Marshall? – preguntó un poco nerviosa, esperando que no se diera cuenta de su ausencia mental.

—¿Qué si va desear otra carta? – repitió él.

Kagome contempló sus cartas y negó con la cabeza.

—No es necesario – dijo ella, mostrando sus cartas sobre la mesa – Un black Jack perfecto – esbozó una sonrisa.

—Tiene mucha suerte en el juego – comentó Inuyasha.

—Así es – Kagome asintió.

—Pero como dicen "Afortunado en el juego…

—Desafortunado en el amor – terminó ella – Una frase gastada ¿No cree?

—Sí, gastada – Naraku asintió – Pero acertada

Entonces Naraku comenzó a relatar una historia mientras seguían en el juego, Kagome le prestaba atención, ¿Cómo alguien estúpido y divertido podía ser una persona mala? Se preguntaba Kagome mientras él seguía con su historia graciosa.

No prestó atención a la mujer que se había acercado a Inuyasha y le entregaba una nota.

Kagome esbozó una sonrisa ante el último comentario de Naraku, giró su cabeza y al ver a su esposo esa sonrisa se le borró por completo. Él leía una nota y al darse cuenta de que lo estaba mirando arrugó el papel y se lo metió al bolsillo de su pantalón.

Pero lo único que había alcanzado a leer era un "Te espero, Ayame".

—Si me disculpan caballeros – se levantó de su silla – Debo retirarme.

—Pero si aún no hemos terminado – comentó Naraku – Convénzalo Claymore – le dio un pequeño golpe en el hombro – Dígale que se quede.

—Estoy seguro que si el señor Taisho se quiere ir, es porque algo es más importante que estar aquí – lo miró con los ojos — ¿O no es así, señor?

—Usted lo ha dicho mejor que nadie, señor Claymore.

Inuyasha se fue dejando a Kagome sola, ¿Así que después de todo no había dejado de verla? Y según él había terminado esa relación, sin duda su esposo demostraba cada vez más ser un completo mentiroso, un desgraciado que se merecía estar en una lista negra de cosas a odiar…pero el odio significaba amarlo con mucha insistencia, porque solo se odiaba lo querido.

—Señor Claymore – interrumpió Bankotsu, quien no se había negado hablar en todo ese momento, solo había dicho unas cuantas palabras pero hasta ahí – Es su turno.

—Oh, sí – ella asintió, pero antes de mover su carta miró a los dos caballeros – Si me disculpan caballeros, debo irme – se levantó de la mesa y no quiso recoger sus ganancias – Tengo cosas que hacer.

Se alejó lo más rápido que pudo, Inuyasha no había dejado su carruaje, eso decía que era un buen caballero –sarcásticamente, claro— no quiso tomar un carruaje de alquiler, quería que la noche la envolviera, quería embriagarse u olvidarse de Inuyasha. Estaba profundamente dolida, pero que más podía esperarse de él, sabía de su reputación, de un sinfín de amantes, de su última amante a la cual odiaba con todas sus fuerzas.

Seguramente ya había llegado con ella y estaría entre sus brazos, haciéndole el amor a esa mujer…en lugar de ella!

Un relámpago iluminó el cielo y después se escuchó un fuerte trueno, ojalá se encontrara en estos momentos con alguien con el cual pudiera engañar a su esposo, de pagarle con la misma moneda todas y cada una de las que le había hecho.

Caminaba sin mirar por donde lo hacía, estaba desconcertado, esa noche había sido la peor para él, bueno, la segunda y todo era culpa de esa pequeña arpía. Seguía caminando sin importarle que comenzara a llover y la lluvia lo empapaba, tenía los ojos puestos en el piso.

Hasta que ambos chocaron, se miraron el uno al otro, leyendo las expresiones de sus miradas.

—¿Mal día? – preguntó Sesshomaru.

Ella asintió, sino hubiera estado disfrazada de hombre, habría buscado consuelo en sus brazos.

—Si – respondió ella — ¿También tú tuviste mal día?

—El peor de mis días – respondió mirando al cielo.

La lluvia los empapaba cada vez más. Sesshomaru la miró.

—Está cerca mi casa, podemos ir y te pudo prestar algo – comentó él – Aunque creo que no te va a quedar nada

Kagome esbozó una sonrisa, ante el comentario de su protector.

—Me parece bien – asintió ella.

Y así, Kagome se dejó guiar por Sesshomaru, miró al cielo ¿Acaso esa era la persona indicada para engañar a su esposo? La lluvia se lo había puesto en su camino, solo faltaba si era capaz de engañar a alguien que la había engañado muchas veces…