Capítulo 24

Entonces ella abrió los ojos y...

"Yo también te deseo"

—¿Cuánto me deseas? – le preguntó con voz suave y seductora.

—Mucho – Inuyasha se apresuró en contestar.

Kagome se apartó lo más lejos de él y tomó asiento del otro lado del carruaje.

—Pues sígueme deseando– dijo ella – Porque no tendrás nada de mí. Además, yo no te deseo – mintió, pero él jamás lo sabría.

Inuyasha permaneció un momento pensativo, se recargó en el asiento. Está bien, reconocía que decirle "te deseo" había sido un error, pero se dejó llevar por el momento, por la pasión, por esos deliciosos labios rojos.

—Escucha yo…

—No, escúchame tú a mi – Kagome lo interrumpió — ¿Crees que es fácil para mí todo esto? Llegas y actúas como el esposo que nunca has sido y encima me dices "Te deseo" – lo miró a los ojos y siguió — ¿Qué esperabas que te contestara? "Sí amor, yo también te deseo, hace siete años que no hacemos el amor" Pues no – estalló en una furia contenida – Fueron siete años Inuyasha, siete años en los que yo estaba sola y tú…— esbozó una sonrisa irónica – No quiero saber dónde estabas porque francamente no me interesa saberlo. Sólo quiero que sepas una cosa, con un simple beso y esas palabras apasionadas, no vas a conseguir que olvide tu abandono.

Finalizó, cruzándose de brazos y sintiéndose muy orgullosa por el primer paso que había dado, era verdad lo que decía, no se iba a dejar llevar por unos cuantos besos y unas palabras que prometían miles de promesas, para ella sólo estaba el daño causado, aun la herida estaba abierta y era muy difícil que pudiera sanar.

—Yo...— titubeó un poco, lo primero que le había dicho Kikyo que no hiciera fue lo primero que hizo – No sé cómo reparar el daño que te he hecho— la miró a los ojos con profunda sinceridad – Sólo dime que hago para conseguir que me perdones.

"¡Arrodillándote estúpido!" Fue lo primero que pensó, pero ella no era de esa clase de mujeres que gozaban ver a los hombre sumidos en su derrota y humillándose.

—Comienza por perdonarte a ti mismo – quería llorar, pero su orgullo se lo impidió – Cuando ya lo hayas hecho, entonces pensaré si perdonarte o no. Y por favor, haz que el cochero regrese, porque no pienso representar el papel de tu esposa.

—Pero si eres mi esposa.

—Pues en estos momentos me siento como si no lo fuera.

—De acuerdo – él asintió – Haré que den la vuelta, pero una cosa te voy a decir, esto no se va a quedar así. Si quieres que cambie y sea el esposo que siempre has deseado… asintió – Esta bien, lo seré. Lo seré por ti.

En el trayecto ninguno de los dos había hablado, llegaron a casa de Kagura y antes de que Kagome saliera se puso la peluca para que nadie la reconociera al salir.

Ambos intercambiaron miradas pero no palabras, Inuyasha abrió la puerta para que ella saliera, por un momento Kagome se quedó esperando a que él saliera del coche para ayudarla a bajar, y él esbozó una sonrisa, pues había leído sus pensamientos.

—Si salgo y te ayudo a bajar, van a pensar lo peor de los dos – le guiñó un ojo — ¿Se te olvida que estás en tu papel de hombre?

—No se me ha olvidado – y salió.

Antes de comenzar a caminar, se detuvo, pues Inuyasha le había hablado.

—Recuerda lo que te he dicho.

Kagome giró sobre sus talones y se encontró con su mirada dorada.

—Cambiaré a partir de este momento.

Ella esbozó una media sonrisa – Lo me lo digas con palabras. Demuéstralo.

Él asintió – Bien, lo demostraré.

Golpeó la puerta del carruaje y el cochero puso en movimiento el carruaje. Kagome lo observó desaparecer en medio de la noche.

—Eso espero, Inuyasha – suspiró, pues nada le gustaría en este momento que su esposo cambiara.

Al día siguiente Sesshomaru despertó y se dio cuenta que ella no estaba ahí. Se llevó una mano a la cabeza y recordó lo que había pasado la noche anterior.

¡La había besado! La había besado y no lo pudo evitar, no podía negar que ella una mujer hermosa, pero demasiado frágil, era una mujer que por circunstancias de la vida le había tocado un destino que ella no había elegido. El tiempo habían dañado un corazón que aunque no fuera a simple vista, se notaba que era fuerte por dentro.

Aún seguía sin comprenderlo, el beso había sido inesperado para ambos, sólo su interior le había dicho que la besara, pero cuando lo hizo sólo pensaba en una persona, en Rin y lo idiota que se comportó con ella el día anterior, ella accedió amablemente en hablar con él pero sólo terminó por lastimarla e insultarla. Pero debía de comprender sus razones, diez años sin saber de ella y de pronto como si nada aparecía en su vida.

Debía ir a buscarla y pedirle una disculpa, que nunca había sido esas sus intenciones.

Si eso es lo que iba hace, pero antes iría a buscar a Kagome y disculparse con ella por lo del beso, no era de caballeros su comportamiento.

Esa mañana, Kagome bajó las escaleras sin mucho ánimo, en todo lo que restaba de noche no había podido dormir, por un lado pensaba en Inuyasha, y en como cambiaria, por el otro pensaba en como averiguar sobre el amigo de Naraku tal y como lo había sugerido Inuyasha.

"Inuyasha… ¿De verdad vas a cambiar?"

Pero sus pensamientos fueron interrumpidos por una mujer que sollozaba, provenían desde el interior de la sala, se acercó un poco al escuchar la voz de Kagura, Kikyo y de otra mujer.

Se detuvo justo antes de la entrada y escuchó la conversación.

—¡Cómo se atreve! – Exclamó Kagura furiosa – Ese hombre es un maldito, mira qué dudar de su paternidad y encima decir que podría ser de…

Pero Kikyo la interrumpió haciendo una seña para que no dijera más, entonces Kagura asintió, Kagome podría escucharlo y eso sería un golpe mortal para ella.

—Otro – finalizó su frase —Hermana, nunca me has dicho quién es él, tal vez si me lo dijeras iría a buscarlo y…

Era verdad, Rin jamás le había presentado a Sesshomaru y tampoco a su prima, pues Kikyo estaba lejos y Kagura, bueno, ella también estaba retirada.

—Por eso nunca quise decírtelo – la interrumpió ella, casi al borde de las lágrimas – Sesshomaru piensa que mi hijo es de otro, piensa que lo dejé porque nunca lo amé – levantó la cara y miró a su hermana a los ojos – Tu sabes porque me fui

—Lo sé – asintió ella –Le hubieras dicho todo y si él no aceptaba al niño, aquí tendrías un hogar. Pero no, en cambio te fuiste a Francia.

—Mi sueño siempre había sido ser cantante y actriz – repuso ella— Y lo logré.

—Sí, lo lograste – asintió Kikyo – Pero haber huido no resuelve nada Rin, sólo dejas un corazón herido. Bueno, en este caso, tres. El de él, el de Shippo y el tuyo.

—¿Qué debo hacer? – las miró a las dos sin saber ella la respuesta.

—Por el momento nada – dijo Kagura – Ya le explicaste tus razones, ahora deja que él las asimile, si te busca no te hagas la orgullo— asintió cuando Rin negó – Si cariño, eres demasiado orgullosa y te quedas callada cuando sabes que algo está mal.

—También debes hablar con Shippo – explicó Kikyo – Dile que su padre está vivo y que se llama Sesshomaru Gray.

Kagome abrió los ojos como platos, se llevó una mano al corazón al escuchar el nombre de Sesshomaru ¿Era padre? Y por si fuera poco lo había besado. Así que ella se había ido porque estaba embarazada de él.

La despertó el timbre de la puerta e hizo como si hubiera bajado las escaleras, se asomó por la sala y les dedicó una sonrisa a las tres mujeres.

—Iré abrir – dijo ella.

Kikyo y Kagura esbozaron una sonrisa y le agradecieron el gesto, pues tenían un problema mayor como para preocuparse por abrir la puerta.

Kagome abrió la puerta y se encontró con él.

—¿Qué hace aquí?— preguntó ella, saliendo y cerrando la puerta tras de ella.

—Vine a pedirle una disculpa por mi comportamiento de anoche – dijo él – No era mi intención b…

—Disculpa aceptada – Kagome asintió – Fue un impulso.

Sesshomaru asintió y miró a la joven, pero había algo en ella, algo malo estaba pasando.

—¿Le pasa algo? – preguntó él.

—A mi nada – ella se encogió de hombros – Pero mejor respóndame ¿Cuándo me iba a decir que tenía un hijo?

Sesshomaru se puso serio, sin saber que constar.

—¿Cómo lo supo?

—No importa cómo me haya enterado – dijo ella – Sino su falta de sensibilidad es lo que me sorprende ¿Cómo es posible que le haya dicho todas esas cosas a ella? Decirle que era probable que su hijo fuera de otro.

—¿Está aquí, verdad? – preguntó él.

—Yo...no…— Kagome dudó, pero si ambos decían hablar debían hacerlo una vez – Antes de que le diga si está o no esta, quiero que me escuche. – Dijo ella – Ayer me di cuenta de que aun la sigues amando – comentó ella y Sesshomaru agachó la cabeza – Es hora de dejar el orgullo atrás Sesshomaru, cuando amamos a alguien debemos aferrarnos a él, abrir las puertas de nuestro corazón para dejarlo entrar y…

—Las abrí una vez y mira lo que pasó.

—Pero todos merecemos una segunda oportunidad. Si no hablan y arreglan las cosas, mañana despertaras preguntándote "¿Qué habría pasado si yo hubiera hablado con ella?"

—Hablé con ella.

—Y terminaste insultándola – comentó ella – Ella está en la sala hablando con su hermana y su prima. Lo más correcto es que le digas cómo te sientes realmente. Hazlo por el bien de ese niño

Sesshomaru asintió y ambos entraron a la casa, ella lo guio por el pasillo y le dijo que la esperara por un momento, mientras ella lo anunciaba.

—¿Quién era, Kagome? – preguntó Kagura.

—Alguien quiere hablar con la señorita Brightman.

Rin alzó la cabeza y frunció el cejo, pues no esperaba que alguien fuera visitarla a casa de su hermana y mucho menos alguien del teatro.

—¿Esperas a alguien? – preguntó Kikyo.

—No – ella negó con la cabeza.

Entonces Kagome hizo pasar a Sesshomaru y Rin al verlo se puso rígida.

—Necesitamos hablar – dijo él.

Entonces, Kikyo y Kagura se levantaron y abandonaron la sala junto con Kagome, pues las tres no tenían nada que hacer allí, pero antes de salir, Kagura cerró las puertas de la sala para darles más intimidad.

—Así que ese es el tal Sesshomaru – comentó Kagura.

—¿No es el que te ha estado cuidando en estos días? – preguntó Kikyo.

—¿Cómo lo sabes? – dijo Kagome

Kikyo se encogió de hombros y respondió – Lo he visto por aquí un par de veces.

Rin y Sesshomaru permanecieron en silencio, hasta que ella preguntó.

—¿Cómo sabías dónde encontrarme? – ella fue la primera en romper el silencio.

—Una larga historia – respondió él, avanzando un poco hacía ella – Ayer…

Entonces recordó las palabras de Kagome "Lo más correcto es decirle cómo te sentiste realmente" Si, comenzaría por el principio.

—Anoche no quise decirte todas esas estupidez – dijo él – Pero es que al verte, la forma en cómo regresaste a mi vida y la manera en que me enteré que tengo un hijo, sacaron el mi lado malo – siguió avanzando a ella – Rin, no soy perfecto y tú lo sabes. En el pasado querías un hombre tierno, que demostrara su amor. Pero entiende, demostrar mis sentimientos nunca se me ha dado bien – siguió explicando hasta que terminó acercándose a ella — ¿Cómo habrías reaccionado si hubiera sido al contrario? ¿Que yo te hubiese abandonado y después regresaría a tu vida como si nada?

Negó para sí mismo, pues había un caso similar al de ellos dos, el de la mujer que estaba protegiendo.

—Supongo que estaría dolida – respondió ella encontrándose con su mirada – Dispuesta hacerte pagar todos esos años de soledad.

Sí, no cabía duda, Rin reaccionaría de la misma forma que Kagome.

—¿Ahora comprendes mi comportamiento de ayer? Ya sé que no justificaré que haya puesto en duda mi paternidad – la miró – Todo esto se habría ahorrado si al menos me hubieras contado que estabas embarazada.

Esa platica era más amena que la vez anterior, por lo menos no se estaban insultando el uno al otro, era como si una magia de paz rondara por esa habitación.

—Entonces yo tampoco me justifico – dijo ella – No fue mi intención dejarte de esa manera, que pensaras lo peor de mí. Entiende, tenía miedo de tu reacción.

Él esbozó una media sonrisa – Es mi carácter – deslizó un dedo por su piel – Pero sería incapaz de hacerte daño y bien lo sabes.

Rin asintió dejándose guiar por las caricias de Sesshomaru.

—¿Qué haremos ahora? – preguntó ella.

—Reparar todas las heridas que nos ha causado el tiempo – respondió él – Primero debemos decirle a nuestro hijo quien es su padre.

—Es un niño encantador, se parece a ti.

Sesshomaru volvió a sonreír.

—Espero que no

—Espera que si – comentó ella con una sonrisa y después se puso seria — ¿Algún día podrás perdonarme? – preguntó con tristeza.

—El tiempo lo dirá.

Ambos salieron de la salita, Rin fue en busca de su hermana, ya que iría con él en busca de Shippo para decirle de una vez quien era él. Las tres los vieron partir.

—Espero que se solucione todo – comentó Kikyo. Mientras veían por la ventana partir a Rin y a Sesshomaru.

Kikyo y Kagura se alejaron de la ventana y Kagome permaneció ahí, mirando a la gente pasar, rostros felices era lo que más había visto y se preguntó ¿Cuándo sería el día en que ella sería feliz?

¿Cuándo sería el día en que él fuera a buscarla sólo para decirle que la amaba y que la quería a su lado? Agachó la cabeza y negó, pues sabía que ese día jamás llegaría, Inuyasha nunca cambiaria, por más que él tratara de hacerlo, no iba a poder.

Llamarón una vez más a la puerta y pensó que era él, esbozó una sonrisa y se apresuró en abrir la puerta, pero cuando lo hizo, esa sonrisa desapareció.

—Lord Naraku…

—Mi hermosa Lady Safira – él hizo una reverencia y tomó su mano para besarla — ¿Hace un hermoso día no cree?

Kagome se hizo a un lado para dejarlo pasar, por suerte se había puesto la peluca rojiza por si algo llegaba a pasar y vaya que si llegó a pasar algo.

—¿Qué hace aquí? – preguntó una vez instalada en la misma sala.

—Casualmente pasaba por aquí y me dije ¿Por qué no venir a visitarla?

—Ya veo – esbozó una falsa sonrisa.

—¿Cómo va su cortejo con Inuyasha? – No pudo evitarlo, o más bien si quería preguntarle para saber los logros que ha hecho su rival – Espero que no se esté aburriendo de él.

—La verdad si – ella asintió – Es muy aburrido, sólo deseo que esta semana termine para que comience la nuestra.

—Paciencia mi lady – Naraku se levantó de su asiento y ocupó un lugar que estaba junto al de Kagome – Yo también estoy impaciente de que nuestra semana inicie, afortunadamente sólo faltan tres días y tendremos una semana libre y todos los días para nosotros solos, porque estoy seguro que usted me va a elegir a mí.

—¿Y qué le hace pensar eso? – preguntó seduciéndolo con la mirada.

—Porque usted es apasionada y no se merece alguien frío como Inuyasha Taisho.

—Pero él es rico – repuso ella

—Yo soy más rico que él, pida lo que quiera y será suyo. Creo que ya se lo he demostrado cuando le mandé ese collar de zafiros azules.

Kagome fingió una sonrisa de gratitud.

—Por cierto ¿Por qué no lo lleva puesto?

—Sólo lo usaré cuando estemos los dos – le guiñó un ojo – Ya sabe a lo que me refiero.

—Si – asintió él – No cabe duda que es usted una mujer de fuego.

Lo cierto era que ese collar ya no existía, se lo había regalado a Kikyo, pero ella en lugar de quedárselo se lo había dado a una cortesana que tenía problemas económicos, además de estar en cinta, había sido una buena acción por parte de ella.

—¿Qué haces aquí, Naraku?

Ambos voltearon y vieron a Inuyasha parado en la entrada.

—¿No se supone que no debes ver a la dama mientras es cortejada por otro?

—Lo siento – se disculpó – Fue inevitable

Se puso de pie seguido de Kagome, le dio un beso en la mano.

—Nos vemos dentro de tres días mi lady – dijo mientras depositaba un beso y después se iba.

Una vez solos Inuyasha no pudo evitar preguntar qué era lo que estaba haciendo él aquí.

— ¿Qué hacía aquí?

—¿Te importa?

Inuyasha cerró los ojos, y se recordó así mismo que esa no era la forma de conquistarla, mostrándose posesivo y celoso.

—Sólo curiosidad – respondió esbozando una sonrisa, aunque se imaginaba los motivos — ¿Estas lista?

Kagome frunció el cejo.

—¿Para qué?

—No preguntes y vámonos.

La tomó del brazo y ambos salieron de la casa, no sabía a donde pretendía llevarla, sólo sabía que cuando ambos estaban juntos algo siempre pasaba, una chispa mágica ardía entre ellos dos y los arrastraba con ella.