Queridos lectores, espero que se encuentren bien, y si hoy no ha sido un buen día, no se preocupen mañana será mejor. Espero que les guste una historia más de Candy y Terry, simplemente para tener un momento agradable. Saludos. JillValentine.x.
CAPÍTULO 1.
Ya es tiempo de comportarse como un hombre hecho y derecho —dice murmurando para sus adentros mientras empujaba la puerta de color negro acristalado.
—Buenos días, señor. —La joven recepcionista le sonríe y su piel trigueña se tiñe de rubor al sonrojarse. Es guapa, aunque de forma discreta. En circunstancias normales, conseguiría su número al cabo de cinco minutos de conversación, pero no está aquí para eso.
—Tengo una cita con el principal ejecutivo.
—¿Y, usted es?
—Terrence GrandChester. La recepcionista examina la pantalla de la computadora, sacude la cabeza y abre los ojos como platos.
—Por favor, siéntese. —Señala dos sofás de cuero marrón situados en el vestíbulo de paredes revestidas de madera. Terry se acomoda en el que le queda más cerca y abre un ejemplar de la edición de esa mañana del Financial Times. La recepcionista habla por teléfono con cierta urgencia mientras Terry hojea la primera plana del periódico, sin asimilar nada de lo que lee. Cuando levanta la vista, el propio Anthony Braower viene a saludarle, atravesando las puertas dobles con la mano extendida. Terry se levanta.
—Lord GrandChester, le doy mi más sentido pésame por su pérdida —dice mientras ambos estrechan la mano.
—Llámeme solo Terrence, por favor —contesta—. Todavía tengo que acostumbrarme al título de mi padre.
»Que ahora es el mío«.
—Por supuesto. —Anthony asiente con educada deferencia, cosa que a Terry le resulta irritante—. ¿Me acompaña, por favor? Vamos a almorzar en el comedor de los socios.
Cuando se ha cerrado el negocio. La puerta se abre sin previo aviso, depronto cruza por ella una mujer de pelo rojo y ojos provocativos, con el vestido más pequeño que Terry a visto en una mujer, y eso que conoce a varias de las revistas de Playboy.
La pelirroja se cuelga del cuello de Anthony y le da un beso, pero su mirada está puesta sobre Terry.
Terry mueve la cabeza con desaprobación y se levanta. No tiene interés en quedarse para ver tanto descaro.
Anthony sintiendo vergüenza por la manera en que Elisa a entrado, intenta apartarla, pero sin mucho éxito,
—No se detenga —Dice Terry sin expresión — Por mi parte es todo.
Anthony le dice adiós con un gesto de mano antes de ser arrastrado hacia el sillón.
Terrence va caminando y riendo para si mismo, pero se detiene de golpe para evitar ser atropellado. Una chica rubia que justo en ese momento va corriendo como si la fueran a matar, pasa sin ni siquiera ofrecerle una disculpa. Pero a Terry no le molesta, pero siente pena por ella. De pronto quiere quedarse y consolarla.
¿Qué mierda fue eso?
No puede contener la emoción. Aferra el paraguas y sube al quinto piso. El edificio Andley donde está su novio. Se alegra al percatarse de que ese día por pura suerte pudiera haber hecho el viaje en avión.
¡Ahora estoy aquí!
La noche anterior, volvió a soñar con él —ojos azules como el día en verano, sonrisa radiante, y ese rostro tan expresivo— absorto en las rosas mientras las tocaba. Se había despertado con la respiración agitada y llena de emoción. La última vez que lo había visto, fue tan atento con ella. Nadie se había mostrado demasiado amable con ella desde su llegada a la familia Andley, a excepción de Stear y Archi, por supuesto, de modo que ese gesto por su parte se le antojó todavía mucho más significativo. Tras crusar en el recibidor y a la recepcionista, cruza corriendo la estancia, sin prestar atención al hombre que se interpone en su camino. Está ansiosa por verlo. Se detiene en seco. Se queda viendo la puerta.
Escucha gemidos y la voz de...
Elisa.
«Oh, no... Por favor qué no sea lo que estoy pensando».
Recobra la capacidad de moverse y avanzando para dirigirse y abrir la puerta del despacho donde se había quedado de pie, y sin movimiento debido al impacto.
«Elisa está con él. No hay ninguna duda».
—¿Por qué? El movimiento de los cuerpos semidesnudos y los sonidos enmudecieron. Dos pares de ojos la miraban completamente abiertos.
—¡Candy! No es lo que crees...
»Elisa en relación íntima con él. Una relación íntima. Pues claro que está con una mujer que si le permita hacer, eso. Con una mujer guapa, mucho más guapa que ella«.
Los sueños de Candy caen a sus pies hechos añicos, y su rostro se ensombrece a la vez que la decepción le atenaza el alma.
¿Qué esperaba? Tonta.
La frágil felicidad que había sentido esa mañana —por primera vez en mucho tiempo— se ha desvanecido. Su entusiasmo inicial se convierte en un recuerdo distante al verse obligada a afrontar la realidad. Para eso la había alejado: para que Elisa ocupara su lugar y cuidar de su novio. Se siente abatida y exhala un suspiro mientras corre hasta la parada del autobús sin saber muy bien a donde ir, ni de quién huye. ¿Cómo han podido ser tan tontos para dejar que los pille con las manos en la masa? Él dice que no le importa, pero no sabe si creerle. ¡Tal vez en ese mismo momento que está con Elisa le dice lo mismo! Con el corazón desbocado y sintiéndose confusa, se sienta en el banco a esperar el autobús que ha de llevarla a la estación de Queens Road. No sabe bien si el ritmo acelerado de sus pulsaciones se debe a la loca carrera por la Quinta avenida o a lo sucedido en el despacho de su novio, «Exnovio». Se corrige . Se pasa los dedos por el labio inferior. Cierra los ojos y recuerda el agradable sobresalto que sintió cuando él la besó. El corazón le da otro vuelco y se ve obligada a ahogar un grito. Él no la ha tocado. Como en sus sueños. Como en su imaginación. Con la misma suavidad. Y la misma ternura. A lo mejor él no se siente atraído por ella… Vuelve a ahogar un grito. Nadie le había hecho tanto daño cómo ese día se lo ha hizo Anthony.
Unas horas más tarde, Candy está completamente borracha, bailando sobre la mesa de un club nocturno con la música que retumba en todo el lugar.
Elegante y tremendamente apuesto, arrogante, pero le queda bien, Como dueño y señor del mundo se abre paso entre la gente hasta llegar a la área VIP. No necesita hacer línea para entrar. Él es el dueño del Metal5th, y de muchos otros bares y discotecas de la ciudad. Al ver el lugar que está lleno, sonríe satisfecho. El volumen reduce la necesidad de entablar conversación. En cualquier caso lo único que necesita es un trago y un cuerpo cálido y dispuesto. Ha pasado los últimos tres meses y medio en reuniones tediosas con los dos gestores de fondos que supervisan la considerable cartera de inversión y la fundación benéfica; los administradores de fincas de Cornualles, Oxfordshire; el administrador que lleva las propiedades de Londres y el promotor inmobiliario que está remodelando los tres edificios señoriales de Mayfair. Todo acompañado de Jefferson su mano derecha y amigo. Ah, y también ha llegado esa mañana a Nueva York para cerrar un contrato con el director ejecutivo de Andley Inc. Ha asistido a todas las reuniones para cumplir con sus deberes aristocráticos tras la muerte de su padre. Aleja esos pensamientos y da un trago a la bebida mientras pasea la vista por la estancia.
¿Quién diablos es esa criatura bailando como una loca encima de la mesa?
No sale del asombro.
¿La he visto antes?
La imagen de un sueño se desarrolla en la memoria, un ángel pasando junto a él como si el mismo Satanás fuera tras ella.
¿Sería ella? Y ahora está aquí,
Bailando con su malicioso cuerpo y angelical rostro de piel clara y la mirada perdida. Los nudillos se ponen cada vez más blancos de la fuerza con que aprieta el vaso de la bebida, como si con eso la anclara a la Tierra. El cabello agitándose con el ritmo de su delicioso cuerpo. Parece completamente fuera de lugar.
¿Qué me está pasando?
¿Qué tendrá esta chica?
Es exquisita, ¡mierda! ruge la vocecita en su cabeza.
—¿La chica frecuenta seguido el Night Club? — pregunta con fingido desinterés a uno de sus hombres de seguridad.
—No señor, es la primera vez que viene. Terry asiente.
— Llévala a mi oficina.
Sus enormes ojos, del color de un Verde Malva intenso y enmarcados por las pestañas más largas que ha visto en su vida, elevan la vista para mirarlo y luego vuelven a dirigirse hacia el suelo.
¡Mierda! Un simple vistazo a sus ojos verdes e insondables y me siento…descolocado.
Le saca al menos una cabeza, debe de medir un metro sesenta y cinco frente a él casi metro noventa. Sus rasgos son delicados: pómulos marcados, nariz respingona, piel tersa y clara, labios rosados. Tiene pinta de necesitar unos días de sol y un café bien cargado.
La chica está más borracha que la misma botella y le cuesta mantener el equilibrio.
—¿Estás sola? —le pregunta y emite un pequeño gruñido de impaciencia ante el silencio de la chica.
A lo mejor sus acompañantes la dejaron. Ella sigue mirando al suelo con el ceño fruncido. Se muerde el labio superior con sus dientes blancos y perfectos mientras se niega a mirarlo a los ojos.
Mírame, le súplica mentalmente. Siente el impulso de acercarse y levantarle la barbilla y, como si le leyera el pensamiento, levanta la cabeza.
Sus miradas se encuentran, asoma la punta de la lengua y se lame con nerviosismo el labio superior. A Terry se le tensa todo el cuerpo y le recorre una oleada de calor cuando el deseo le impacta justo en la entrepierna.
—¿Hablas inglés? —le pregunta con la esperanza de que diga algo—. ¿Cómo te llamas?
Ella frunce el ceño y lo mira como si fuera tonto.
—Sí. Hablo inglés. Me llamo Candy White. No se que quieras de mí.
—Vaya.
Pues sí que habla inglés.
—Bien. Bueno. ¿Qué tal estás, Candy ? Yo me llamo… ¿Qué debería decir? ¿GrandChester? ¿Terrunce?
—Terry. Ella le dedica un rápido gesto de asentimiento y, por un momento, Terry creé que va a darle su mano, pero se queda quieta, desnudándolo con su mirada ansiosa. De pronto Terry siente como si las paredes estuvieran juntándose y fueran a asfixiarlo.
Quiero huir de esta desconocida y de su mirada penetrante.
Ya es de mañana cuando Candy se tira en su cama. Agotada y achispada, y no solo por bailar, ha soportado el interrogatorio policial de ese cabezón,
He querido recordarle que eso no es asunto suyo, aunque me invade una novedosa sensación de orgullo tras haber sido capaz de contestar detalladamente a todas sus preguntas. Incluso se ha quedado impresionado.
Candy Mira el apartamento pequeño y vacío, y le viene a la mente la conversación que ha tenido esta noche con el tipo de ojos zafiros oscuros. ¿Dónde está ahora? ¿Cuánto tiempo se habría quedado en el club? ¿Iba solo? ¿De qué color tiene el pelo? ¿Oscuro como las cejas? ¿Qué edad tiene? Candy se enfada con ella misma. Yo tengo qué pensar en eso. El tipo es un maldito depredador, y un aburrido que tuvo el atrevimiento de sacarme del club y meterme en un Taxi. Y aquí estoy como una tonta pensando en él, en su cuerpo, y en esos músculos... Maldito cavernícola.
Tanto era el enojo que tenía que por un momento Candy se olvidó de lo triste que estaba por Anthony.
Incómodo en el asiento Terry se remueve un par de veces.
Tal vez la reacción que tuve al verla fuera algo excepcional. Es que tenía pinta de monja. A lo mejor me excitan las monjas. Me río yo solo por lo ridículo de la idea. Además, no tengo ni el más mínimo interés en liarme con nadie. Bueno…no de momento. Me viene a la cabeza la diatriba sobre los hijos y sacudo la cabeza. Niños. No. Simplemente no. No todavía, en cualquier caso. ¡Falta mucho para que eso ocurra! Le vibra el móvil anunciado la entrada de un mensaje de Texto.
Así que pertenece a la familia Andley
¿Por qué no lo dijo? Es Americana, Edad 21años. La información simple y fácil de conseguir. Es sólo que yo no me conformo con lo simple y fácil. Me gusta ir más allá de lo superficial.
Candy, hija adoptiva de William Albert Andley. El patriarca de los Andley. Él que ahora mismo está en un lugar desconocido y del cual la familia no sabe nada.
Según iba leyendo, Candy era la novia de Anthony . Solo que Anthony contraerá matrimonio con Elisa Legan. La abuela de los Andley pretende que la hija adoptiva del señor William Andley, contraiga matrimonio con el heredero de los Legan.
Un escalofrío me recorre la espalda, antes bullir en mi sangre.
La piensan casar. ¿Tenía una relación con Anthony Andley? pero la van a casar con otro.
El recuerdo de ella corriendo cómo loca cruza por su mente. A Terry le bastó de cinco minutos en resolver el puzzle..
La Familia concertará citas a ciegas a la señorita Candy. Para darle la oportunidad de darse a conocer en los hombres solteros y de mejor prestigio, tal como exige su linaje —Terry sigue leyendo el mensaje de texto—. El hombre que se atreva a pedir a la señorita Candy, Tiene que ser del círculo social en el que ha permanecido la familia Andley por cientos de años, También debería contar con fortuna, incluso, mucho más que los Andley y los Legan.
Terry seguía mirando el mensaje y sin pensarlo mucho toma una decisión. Llama por el móvil a su abogado personal.
— Concierta una cita con la familia Andley, También encárgate de tener listo un contrato matrimonial. Te mandaré los puntos importantes que pondré en el documento. Al decirlo, un destello metálico chispeo en su iris zafiro.
Terry estaba completamente furioso. Su abogado le había llamado para decirle que la familia Andley no estaban interesados en su propuesta.
Como se atrevían. Le habían declinado a él, a Terrence GrandChester tomar como esposa a Candy.
Él era hijo de Richard GrandChester, el hombre más importante, un Noble inglés.
Para empeorar la situación ese día Terry recibió una llamada del abogado de los GrandChester. Tenía que regresar a GrandChester House.
Maldita sea.
Pero primero necesitaba evitar de cualquier forma que la noticia del matrimonio de Candy con el heredero de los Legan saliera en los periódicos.
Y por todo el dinero que lo haría. Quería a Candy para él, No iba a dejar que un pelele como Neil Legan tuviera a Candy. Iba a jugar sucio. Terrence no estaba enamorado, de eso ya había sido arrastrado, pero no había podido quitarse a la rubia de la Cabeza, y entre más obstáculos tuviera, más firme era su decisión.
Una de las casas londinenses de los GrandChester se encuentra en Cheyne Walk, a un buen trecho de el apartamento de soltero de Terry. Construida en 1771 por Robert Adam, GrandChester House había sido el hogar de su niñez. Desde la muerte de su padre no habia regresado. Contiene muchos recuerdos de su solitaria infancia —algunos triste, otros insoportables— y ahora es completamente suya para hacer con ella lo que plazca. Bueno, aún la mantienen en fideicomiso. Obligado una vez más a hacer frente a la nueva realidad, sacude la cabeza y sube el cuello del abrigo para resguardarse del frío penetrante, un frío que, en lugar de proceder de fuera, parece emanar de su interior.
¿Qué diablos se supone que debo hacer con esta casa?
Margaret, Duquesa de GrandChester, conservó el título a pesar de haberse divorciado del Duque de GrandChester. Terry estaba sorprendió de encontrarla en la mansión, ya que su madrastra pasa gran parte del tiempo en Londres, donde vive, pero parece muy interesada en GrandChester House.
—Tomaré Chablis —le indicó al sirviente. La Duquesa viuda enarca una ceja con gesto de desaprobación mientras Terry toma el asiento que era de su padre. Sigue conservándose imposiblemente delgada. Richard GrandChester la adoraba; ella se casó con él seducida por su título y su dinero. Cuando abandonó a Richard GrandChester, él jamás lo superó. Cuatro años después del divorcio, el padre de Terry murió con el corazón roto. Terry la observa con los ojos entrecerrados. Tiene la tez como la de un bebé; sin duda, fruto de su último cirujano. Es una mujer obsesionada con preservar la juventud y nunca salta su estricta dieta de zumos vegetales. No cabe duda de que su madrastra es bella, pero es tan hipócrita como deslumbrante, y el padre de Terry lo pagó caro.
—Duquesa viuda. —Dice simplemente, olvidando los años que estubo en las mejores escuelas estudiando para ser un hombre respetuoso.
—¿Son esas maneras de dar la bienvenida a tu afligida madrastra, Terrence? —le recrimina. Terry no dice nada. —Tengo entendido que te has reunido con los abogados — continúa la Duquesa viuda
—Sí.
—¿Y bien? La duquesa viuda clavó sus ojos en los zafiros de Terry.
—Soy el heredero fiduciario de todo. —Terry no pudo evitar ser sarcástico
—¿Te parece bien que me quede con GrandChester House ? —le pregunta ignorando el tono grosero de su hijastro.
—Duquesa, no pienso echarla a la calle. pero tampoco pienso darle esta casa.
—Pero soy tu madrastra. No puedes ser un hijo despiadado .
—No voy a molestarme en responder a eso.
—Creo que necesito tiempo —susurra, y si Terry no conociera lo hipócrita que es esa mujer diría que la tristeza que le empaña la mirada es sincera.
—Lo comprendo.
—Hace tan solo dos semanas que lo enterramos... y...
—No quiero tener esta conversación —Terry suelta interrumpiendo a la Duquesa. — Puede quedarse el tiempo que quiera. Tengo que volver, a Nueva York. Hay algo que no puede esperar.
Candy llegó a la mansión Andley. La tía Elroy había mandado por ella, pero antes de entrar vio a Anthony, los ojos se le llenaron de lágrimas.
Candy intento alejarse, pero Anthony no se lo permitió.
—Candy, espera --Candy se detuvo--. Estoy preocupado, solo quería verte, y saber que estas bien.
—Estoy bien, Anthony ya puedes irte. La voz fría de Candy, le llegó como un puñetazo. Candy no tenía ninguna expresión en su rostro. pero en su interior le estaba llorando.
» ¿Porque Anthony? Algún día dejara de doler todo el amor que tengo en mí corazón para ti.«
—Candy..., yo.
La tía Elroy interrumpió en ese momento..
—¡Anthony!
Anthony se quedo en silencio. A Candy le dolía verlo así, quería abrazarlo, pero no podía, Anthony le había hecho un daño irreparable.
—Candy ven con migo. Dijo la tía Elroy caminando hacia el salón de té.
Candy agachó la cabeza y siguió a la tía Elroy. Anthony limpio una lágrima de su mejilla, Él amaba a Candy. Y tenía que pagar las consecuencias de sus actos. Se iba a casar con Elisa. Pero llevaría en el corazón a Candy.
»Como pude ser tan idiota, Candy..., mi dulce y hermosa Candy. Te he perdido «.
— Anthony está comprometido con Elisa. —Dijo Elroy sin perder tiempo.
—¿Qué?
— Y, he decidido que tú serás la esposa de Neil.
Lo que dijo la Tía Elroy sorprendió mucho a Candy. ¿Qué era lo que estaba pasando? ¿Y cuándo decidieron? ¿Por qué ella no sabía nada de esto? Al ver la reacción de Candy, La Tía Elroy se puso de pie y caminó furiosamente hacia Candy
—Candy, William, es tu padre adoptivo pero ahora, él ya no está, y lo mejor para la familia es que seas la esposa de Neil. —Candy movió su cabeza. — No pienso dejar que por tu rebeldía y tú comportamiento liberal cometas una tontería de irte con un don nadie que te hable bonito y te prometa el sol y las estrellas.
—No entiendo. Yo no..
—Ya lo ha decidido la familia.
Candy estaba confundida, aterrada, enojada. No esperaba que la tía Elroy hiciera tal cosa. ¿ Y, ella que?. Acaso no importaban sus sentimientos. Quería llorar, quería gritar, quería irse de esa familia.
—Pero tía Abuela. Yo no siento nada por Neil. --Dijo negándose..
— No necesitas amor, solamente ser una buena esposa y cuidar el apellido Ándley, que sigues llevando. —Candy seguía negándose.
—No seas mal agradecida. No encontrarás a alguien mejor que Neil. Se lo debes a la familia Andley por todo lo que te hemos dado. Y no se hable más,
Candy dejó de resistir su destino, porque había perdido todas las cosas más importantes para ella. Durante las dos semanas siguientes Candy no dejó de llorar. Ahora ya no le importaba nada. No podía menos que brotar las lágrimas, la familia Andley por fin se libraría de ella, ¿ Y, ahora cómo sería su futuro?
Durante las dos semanas que Candy estuvo en un mar de lágrimas, los preparativos para la boda de Anthony y Elisa se llevaron tal y como la tía Elroy planeo. Anthony y Elisa contrajeron nupcias. La boda se celebró como se estaba planeado. Elisa estaba vestida de novia pasando el día más feliz de su vida. Sara al verla tan contenta se sentía consolada, por fin su hija podría disfrutar de la fortuna, por fin su hija se casó con un integrante de los Andley.
Candy estaba en una esquina mirando a la pareja. Al ver el novio y la novia. Nuevamente las lágrimas le comenzaron a brotar. El novio era el hombre que ella había amado y aue aún amaba . Todo lo que él hizo por ella, Candy nunca lo olvidaría. Con Elisa, aunque la estaba maltratando desde pequeña, aCandy no le importaba. Pero cuando se metió con Anthony, aun sabiendo que ella lo amaba Y que era su novia. Candy no la odiaba,. En el fondo Candy sabía que Anthony la quería, pero ya era tarde, nunca volverían. Era un día gris y Triste para Candy, y le dolía mucho el corazón.
Días después de la boda...
Anthony y Elisa tuvieron que cancelar su viaje de luna de miel. La empresa Andley tenía una demanda billonaria que puso los negocios y a la Familia en boca del círculo social y en un aprieto económico,
Muchos líderes empresariales exitosos sabían que Anthony era estudiante universitario con un título de MBA. Sus habilidades y antecedentes familiares eran reconocidos internacionalmente, Anthony tenía grandes expectativas. Pero ahora muchos lo dudaban
Obviamente, alguien lo que quería era acabar con las empresas Andley y alejarlos por el momento del mundo de los negocios.
Al enterarse la tía Elroy pidió la ayuda de los Legan, anticipando que Candy se casaría con Neil Legan. Neil, creyéndose importante y en total acuerdo con la esposa que iba adquirir, se encargó de la situación. Él, lo que más quería era tener a Candy en su cama. Apesar de que ellos no se habían llevado muy bien, Neil siempre se había sentido atraído por Candy. Y por fin sería suya.
La señora Elroy mucho más tranquila, cuando Neil aceptó, durmió mas tranquila..
Pero lo que nadie se imaginaba era que ni el dinero de los Legan alcanzaba a cubrir la deuda que enfrentaban las empresas Andley.
Neil entro sintiéndose importante y salvador, dispuesto a comprarle a Anthony la empresa Andley, y ayudarlo económicamente hasta que Anthony volviera a levantar lo que les quedara de las empresas Andley. Elisa iba a su lado, como buena esposa a apoyar a su esposo. La verdad estaba muy preocupada, no sabía cómo sería su situación económica de ahora en adelante, y no estaba dispuesta a que fuera inferior de la siempre fue acostumbrada
--Por el momento retrasemos la venta" Los hermanos Legan se quedaron perplejos ante esa resolución de Anthony. Se miraron el uno al otro y Elisa dijo finalmente:
— Si no vendes en este momento, es probable que no haya otra oportunidad de hacerlo. Anthony guardo silencio. No podía permitir que fuera a cambio de Candy.
—Lo estás haciendo por ella, ¿verdad?— Dijo Elisa al comprender la verdadera razón de su esposo. No podía ser que después de todo lo que hizo, Anthony seguía Amando a Candy. — Prefieres dejar a la tía abuela y a mi en la calle, que a esa hija de nadie.
Candy se puso a revisar un par de cosas en internet y abrió unas páginas web de noticias para investigar sobre la bancarrota de la empresa Andley. Quería ver si lograba ayudar a Anthony. También tratar conseguir una pista sobre el paradero del tío Abuelo...No sabía nada, ni tenía idea de que se encontraría si seguía investigando. Lo único que podía hacer por ese momento era seguir avanzando, aunque no sabía a dónde la llevarían sus pasos.
—Bueno, Ahora que lo has conseguido tal vez deberíamos programar un viaje durante las próximas semanas. Ahora tiene una empresa por desmantelar y revender. Aunque sea yo quien aparezca como el dueño.
Y en mi opinión, cuanto antes mejor. Pensó.
—De acuerdo, de acuerdo, ya me lo has dejado claro y te he dado la razón, ¿no?
Terry sabia que se estaba poniendo pesadito, pero en el fondo quería regresar a Nueva York. Bueno, lo que queria era tener a Candy..
—Muy bien, Terrence. He despejado mis compromisos de los próximos días para ir con tigo. ¿Cuando iremos a Nueva York?
—Ahora mismo...
Continuará...
