El hiatus parece afectar mucho al fandom y veo circular muchos fanfic's y teorías locas; no soy la excepción, así que estuve pensando un poco sobre Belos y las verdaderas intenciones del personaje. Al final decidí hacer un pequeño escrito para exponerlo.
Disclaimer: La historia referenciada no es de mi autoría.
Se hizo la noche, y el emperador admiraba desde su trono la intensa melodía de la lluvia ácida; cada gota que caía era acompañada por el siniestro tamborileo de unos huesudos dedos.
Ningún alma alrededor; así lo había querido. No estaba de humor para que alguien llegase a perturbar sus pensamientos. Pasó la mano alrededor de sus oscuras cuencas, allí donde la aparente ausencia de sus ojos le daba un aire macabro.
Las cosas se puesto difíciles. Los lugareños se estaban revelando ante los aquelarres, y cada vez era más difícil mantenerlos bajo control. Las revueltas comenzaron como algo pequeño dentro de las Islas Hirvientes, pero ahora se extendían cada más, peligrosamente. A ese paso, el reino entero podría armarse en su contra.
Y todo gracias a una bruja incivilizada y su humana.
Belos se levantó de su asiento, y caminó con retumbantes pasos, hacia una ventana. El espectáculo en sus oídos era ahora perfectamente visible.
No importaba la estación del año, las tempestades como esta no se hacían extrañar, en especial dentro de las Islas Hirvientes. Y la tormenta estaba por alcanzar su esplendor.
¿Por qué no eran capaces de comprenderlo? Lo trataban como un tirado, y acusaban de querer sembrar el mal en el mundo humano. Pero todo lo que quería era impartir el orden.
Él había visto con sus propios ojos la forma en la que vivían las antiguas brujas. Eran criaturas salvajes, que usaban su magia de forma egoísta y manchando el valioso don que el Titán les había regalado.
Aquel mundo necesario orden para no perderse en el caos, y Belos se lo había ofrecido. Y aunque ahora era rechazado por los instintos más primitivos de las brujas, muy pronto verían la realidad.
Los seres humanos, tan frágiles como se veían, poseían la capacidad de las brujas salvajes. Sin embargo, vivían rechazando los deseos del Titán; no tardarían mucho en ser condenados gracias a su barbarie.
Solamente él podía ofrecerles una salida de ese destino atroz. Y con la tecnología terrícola, llevaría el Reino de los Demonios a una nueva era de prosperidad.
Con esa idea resonando en su cabeza, regresó a si trono.
Dentro de aquel enorme y vacío palacio, sólo el eco de la lluvia se hacía oír.
