Lamento haber quitado el capítulo, pero aquí está, y espero que les guste. Saludos JillValentine.x.
CAPÍTULO 7.
No cambiariá nada de lo que tenía. Ahora que las cosas habían cambiado. Terry había sentado la cabeza. Se había establecido, había madurado y era...
¿Qué era ?
Ya sé había casado. Ya no necesitaba a una esposa. Así pues, ¿qué iba a hacer ahora? Por primera vez, Terry no tenía propósito en la vida. Por primera vez, el hombre de los planes no tenía ningún plan. Iba a dejarse llevar, como el viento.
Terry. ¿ Y, qué hay con la felicidad?
Terry no era conciente que estaba allí, en ese momento, junto a él.
—Este lugar es tuyo. Preguntaba Candy.
Habían regresado por una horas al pueblo. Necesitaban hacer las comprás.
—Sí. También es tuyo,
— No necesito nada de esto.—Terry sonríe.
—Eres increíble —añade. A juzgar por las cejas enarcadas, y las palabras. Candy adivina que está impresionado; le dirige una sonrisa cohibida. Terry le toma la mano enguantada.
Pasean de la mano por el sendero que recorre la costa y se detienen junto a una tierra en ruinas.
—¿Qué es este lugar? —pregunta Candy con curiosidad.
—Una mina de estaño abandonada.
—Enserio.
—Si. En su tiempo fue muy productiva, gracias a eso mi bisabuelo y abuelo construyeron escuelas, caminos e iglesias, y se fundaron otros pueblos.
— Qué bueno. Es algo muy bonito y debes de sentir mucho orgullo. Terry está impresionado por las palabras de Candy.
Candy y Terry se apoyan en la grava de piedra. Ambos contemplan el mar, mientras las olas y el viento helado silba entre ellos.
—Qué bello es este sitio —musita Candy con sinceridad—.Y es porque estoy con Terry.
—Adoro este lugar. Es donde crecí.
—¿De verdad?¿Que hacías en Nueva York?
—Qué no hacía.
—¿Qué significa esa respuesta? Levanta la vista y me mira con sus ojos verdes y seductores. ¿Qué puedo decir? Tenía planes y tú te cruzaste en mi camino, y entonces todos mis planes se fueron por el garete.
—Tengo siete Night Clubs en Nueva York. Candy abrió la boca, pero Terry no esperó. —Vamos, demos un paseo hasta donde termina el camino termina el pueblo. Te encantará.
—¿El pueblo? Candy no ha visto ninguna casa durante el paseo. Solamente el restaurante con dos clientes.
Ellos.
—GrandChester. Si. Es un pueblecito al otro lado de la colina. No es turístico, pero hay mucho que camino que te va a gustar.
—Las fotografías del apartamento de Nueva York, ¿son de aquí? —pregunta Candy, acomodándose a su paso y da un respingo cuando Terry entrelaza sus dedos con ella.
—Si. Sabes Candy. Eres la primer persona que lo nota. Candy se siente muy bien con esas palabras.
Los dos juntos como si fueran novios Caminan, exploran, ríen y sin ser concientes se conocen.
Qué bello es este sitio —musita Candy otra vez pero para si misma—. Es salvaje. Me recuerda a mi hogar. Aunque prefiero estar aquí. Me siento…segura.
Seis horas más tarde. Candy no prefería estar allí. No sabía que era lo que tenía que le molestaba más; Ensolación, Cansancio, Dolor en los pies.
Cuando Candy entró a la cocina espaciosa y soleada, bañada de la luz del sol, ya era otro día, estaban otra vez en la isla. Candy se encontró a Terry sentado en un taburete, y tomándose un café.
—Buenos días, preciosa —dijo Terry, y sonrió de aquella manera que le aceleraba el corazón. Se levantó y le sirvió una taza—. ¿Te encuentras mejor?
—Mucho mejor.
Después de dormir durante diez horas, gracias a un somnífero que apenas utilizaba, sin preocuparse, sin inquietarse y sin sentir curiosidad, se sentía casi normal. Pero eso no iba a durar, a menos que se mantuviera alejada de aquella sonrisa.
—Fresas —dijo Terry ofreciendo.
Umm... fresas.
Una fruta inofensiva, jugosa y dulce. Terry sacó un taburete y se lo ofreció. Las buenas decisiones de Candy empezaron a debilitarse. Entonces, un perro le tocó el tobillo con la patita, y… se fueron al garete. Se dijo a sí misma que tenía que ser amable y acompañar a su esposo durante el desayuno. Tomó al perro en brazos y se sentó en el taburete. Ya se encerraría en su habitación después de desayunar, y se quedaría allí durante el resto del día. Y de la noche, y sobretodo se cuidaría de la sonrisa de Terry.
¡Demonios!
Terry estaba sin camisa, moviéndose por la cocina. Cuando Terry la miró, Candy tontamente le preguntó:
—Pusiste azulejos verde azules a propósito, ¿verdad? Para que intensificaran el color de tus ojos. Él sonrió.
—Y los tuyos. Candy soltó una carcajada poco femenina.
—Vaya. Lo qué hay que escuchar.
—Pues déjame aclararlo; él color verde esmeralda es mi debilidad. Candy lo mira seria.
Tenía que detener todo aquello. No debería seguir pensando con la cabeza llena de pájaros. Candy ya le había permitido demasiada libertad. Maldición. Su relación no era por amor. Candy no quería sufrir nuevamente una desilusión. A eso era lo que la estaba llevando todo aquel coqueteo con Terry. No lo conocía, y Terry tampoco conocía nada de ella. Un paseo por el pueblo no significa qué ya sé conocieran. ¿Cómo podía formarse un matrimonio así? Definitivamente no se podía. Además Terry, ...bueno él pues ya la había besado, ella se había dejado llevar. Inexperta, y Terry no se dió cuenta de algo tan importante para ella. Candy levanto la cabeza y su mirada verde fue directo a la mirada verde azul de Terry. Por un momento ninguno dijo nada. Pero Candy se sintió desnuda, exponiendo su alma.
—¿Nadie te había besado antes? Terry preguntó, aún sabiendo que así era. Por supuesto que lo sabía, lo descubrió cuando ella no supiera qué hacer, y él había tenido que pedirle a sus labios permiso para entrar con su lengua húmeda. La exitacion lo había hecho olvidar temporalmente, pero ahora que la veía. Así tan expuesta ante él, fue inevitable ver su inocencia.
Mierda
Candy no quería darle la oportunidad de burlarse de ella, y de lo sucia que estaba, ni siquiera quería qué viera su miedo.
—¿Por que me miras así? Candy se sorprendió preguntando.
—Estoy intentando averiguar por qué.
—¿Qué?
—¿Por qué eres tan sensible…?
—No soy sensible…
—Si lo eres.
— Bueno, sí, soy sensible con respecto a algunas cosas, así que, ¿por qué no puedes dejarlo?
—Porque estoy intentando entenderte.
—No tengo nada interesante...
—Eres la mujer más fascinante que he conocido. Estaba empezando a afectarle lo que decía. Estaba empezando a tragárselo. Se dio una bofetada mental.
—Seguramente, eso se lo dirás a todas.
—Nunca se lo he dicho a nadie —respondió él, y empezó a acariciarla con las yemas de los dedos.
Candy se sonroja mientras el corazón le laté desbocado. Cada vez que Terry la mira cómo si fuera unica. Sin embargo, en aquel momento, al verlo tan cerca, se dio cuenta de que todavía estaba asustada. Candy se estremeció, y no pudo soportarlo: reaccionó.
—Me has comprado y en este momento me mientes para humillarme.
—Te pido qué le cortes allí, Candy.
—No es algo que se pueda olvidar. Admite.
—Tienes razón, al principio me divertí un poco haciendo que te retorcieras.
—Y sigues divirtiéndote mucho cada vez que me retuerzo. Por decirlo suavemente.
Esto no pinta bien.
—¿Y no detestaría mucho más pensar que estás tan triste?
—¡Es que estoy triste! Gritó Candy
—¿Y por qué, Candy? —preguntó Terry, dolido—. Esto no es una cárcel. Tienes de todo… La comida y la bebida que prefieras… Solo tienes que pedirlo. Terry se pasó una mano por el pelo con desesperación. —¿Acaso es tan horrible tener que compartir conmigo? Terry se había desinflado, y se sentía como un bobo. Candy lo estaba mirando con los ojos muy abiertos, como si se hubiera vuelto loco. Pues sí, se estaba volviendo loco. Se puso furioso consigo mismo. Está mierda, no otra vez...
—Venga, olvidemos todo. Hagamos una tregua. — Pedía Terry— Vamos a disfrutar. Por favor.
Cómo podía resistirse, Candy decidió que solo lo olvidaría mientras estuvieran allí, solos en una isla.
¿Estaban solos?
Candy apenas se dió cuenta. No había nadie más que los caballos, las vacas, ovejas, gallinas. patos, y un perro.
—¿No hay nadie más aquí? Candy quiere estar equivocada.
—Aparte de tú, yo y los animales. No, no hay nadie más. Cuándo vengo aquí me gusta estar sólo. Así que la gente que cuida y limpia se va.
Se hace un largo silencio mientras nos miramos.
—¿Cuántos días nos vamos a quedar? Candy esperaba que uno.
—Cinco o quizás diez. ¿Por qué?
Candy se puso nerviosa.
— ¿Tienes miedo de mí?
Aquello la asustó más.
—No sé qué hacer —susurra Candy.
Cierro los ojos y trago saliva mientras las palabras resuenan en mi cabeza.
No sé que hacer.
Sí, su mirada es sincera, el beso inexperto. eso es cómo un jarro de agua fría para mi libido.
—¿Eres virgen? —pregunto en voz baja y abro bien los ojos para poder verle la cara. Candy se pone a llorar.
Candy se sobresalta y se levanta de golpe, demasiado rápido, de tal manera que se tambalea hacia atrás. Dos manos de dedos largos y perfectos la sujetan del brazo e impiden que caiga.
—No llores, preciosa.—Candy sacude la melena.
—Eres muy guapa —susurra Terry tranquilizandola. Candy abre la boca, pero niega con la cabeza y se tapa la cara con las manos, aunque no logran ocultar su miedo.
Vuelvo a intentarlo. pero esta ves voy lento intento fingir qué es la primera vez que voy a besarla.
—Lo eres —digo—. Ella se queda mirando y si sonrisa florece …—¿Lo ves? — murmuró —. Eres más preciosa cuando ríes. —Alargo la mano, le levanto la barbilla y despacio, muy despacio, me inclino, acercándome a ella centímetro a centímetro, cada vez más, para que tenga oportunidad de apartarse, y le rozo los labios con los míos. Candy da un respingo y, cuando retrocedo, se lleva los dedos a la boca, con los ojos cada vez más abiertos.
—Eso es lo que siento — susurra Terry con el corazón latiéndole a toda velocidad. ¿Me dará una bofetada? ¿Saldrá corriendo? Candy lo mira fijamente. Una imagen etérea en la luz. Entonces, Candy levanta la mano tímidamente recorre el trazo de los labios de Terry con la punta de los dedos.
Me quedo paralizado; cierro los ojos mientras su delicada caricia me estremece todo el cuerpo. No me atrevo a respirar. No quiero asustarla. Noto el roce de sus dedos, en todas partes. En todas partes. Mierda. Y antes de poder contenerme, la atraigo hacia mí y la rodeo con los brazos. Se deshace en el armazón de mi cuerpo y su calor se funde con mi piel. Oh, Dios…toda ella, su cuerpo… Deslizo los dedos en el interior de su vestido y se lo retiro con delicadeza. Primero un tirante. Agarrándole el pelo a la altura de la nuca, tiro ligeramente de ella, aproximando sus labios a los míos.
—Candy... —exhalo, y la beso de nuevo, con suavidad, despacio, para no asustarla. Se queda inmóvil en mis brazos y luego levanta las manos para garrarme el bíceps, cerrando los ojos mientras me ofrece acomodo. La beso más intensamente, tanteando sus labios con mi lengua, y entonces abre la boca.
Mierda… Sabe a fresa, y a dulce seducción. Su lengua vacilante titubea en la mía. Es embriagador. Es excitante. Tengo que contenerme. Nada me gustaría más que adentrarme en esta mujer... mis manos bajan por su cintura hasta sus nalgas.
—Por favor. No —dice Candy con los ojos apunto de soltar lágrimas. Terry deja caer las manos, liberándola.
—¡Mierda! —Terry se recupera de inmediato y la mira boquiabierto, mientras ella se aparta de él, quiere correr, pero antes de que ella pueda salir corriendo, él le agarra nuevamente la mano.
—¡Candy!
—¡No! —grita ella. Y Terry la suelta de inmediato.
—Lo siento mucho, Candy—dice Terry de nuevo y acercándose a ella. Candy está temblando, y Terry le acaricia la mejilla. Candy siente como el cuerpo de Terry se endurece, como si se contuviera, o estuviera conteniendo la impotencia para no explotar.
—Lo siento.
Terry no consigue mantener las manos alejadas de Candy. Cualquier excusa es buena.
Terry, Déjala en paz..
Y si la toco, se queda paralizada. Vuelvo a mi habitación, deprimido. No le gusto, punto.
¿Es la primera vez?
Creo que sí.
Nunca antes Terry había tenido que esforzar tabto para conseguir a una mujer; para él siempre han sido una distracción fácil. Con una abultada cuenta corriente, un apartamento, Venía de una familia aristocrática, nunca había tenido el menor problema para conquistarlas. Nunca. Hasta ahora.
Tiene las manos ocupadas, en la ducha. Terry esta Jadeando mientras el torrente de agua caliente cae sobre su cuerpo. No ha tenido otro remedio que hacerlo bajo el chorro de agua… Por primera vez.
Mierda. ¿Qué le ha pasado a tú vida, Terry? ¿Por qué no la puedes tener? Sus ojos, del color de un verde intenso, lo miran a través de unas largas pestañas. Terry lanza un gemido.
Esto no puede seguir así.
Terry no deja de pensar todo el tiempo en lo preciosa que es toda ella, con esos ojos verdes, llenos de sinceridad, su hermosa cara y su extraordinario cuerpo.
Mientras se paseaba por la habitación, Terry pensó que debía de haber pedido que hicieran algo más que comprobar su pasado. Había identificado a sus amigos, había averiguado cuáles eran sus comidas favoritas y qué cosas le interesaban. Probablemente sabía más de Candy que ella misma. Y sabía que era suficiente como para asegurarle.
Terry sé deja caer sobre la cama, intenta dormir. Parece que lo está consiguiendo.
Tarda unos segundos en despejarse Cuando escucha a Candy gritar.
Demonios.
Terry se levanta de la cama con un salto, impulsado por una inyección de adrenalina, con todos los sentidos en alerta. Enciende de golpe las luces del pasillo, e irrumpe en el dormitorio. Candy está sentada en la cama. Vuelve la cabeza enseguida, su mirada es de puro terror. Abre la boca para volver a gritar.
—Candy, soy yo.
— No... no... Terry. Por favor no quiero estar sola.
Sus palabras salen en torrente:
—Tranquila. ¿Qué mierda le ocurrió?
— Lo siento. Dice Candy con insistencia. —No quería despertarte.
—No lo sientas.
—No te vallas. Le pide Candy
— No pienso irme.
Candy baja la mirada hacia el pecho de Terry, y un tenue rubor aflora en sus mejillas.
—Sí, normalmente duermo desnudo. Da las gracias de que me haya puesto la parte de abajo — Terry bromea. El gesto de sus labios se relaja.
—Por favor, no quiero estar sola. Repite Candy
—Creo que deberías dormir conmigo. Y sin esperar una respuesta, la llevo a mi habitación entre mis brazos, es ligeramente liviana, Terry intenta no pensar en las partes del cuerpo que tocan sus manos. La deposito junto al vestidor. Allí busco una camisa mía de piyama y se la entrego. Le señalo la dirección del baño privado.
—Puedes cambiarte ahí dentro. Esa ropa que llevas está mojada de sudor. Seguramente es la adrenalina corporal de tu cuerpo. Ella parpadea muy rápido. Mierda. A lo mejor me he pasado de la raya. Y de pronto me siento un poco cohibido. —A menos, claro está, que prefieras dormir sola. Candy niega con la cabeza.
—Nunca me he acostado con un hombre —Candy dice susurrando.
Oh.
Le está confirmado que no ha tenido relaciones sexuales.
Terry no lo puede creer.
Relájate. Hombre
—No voy a tocarte. Solo vamos a dormir…Así, la próxima vez que te despiertes gritando, estaré a tu lado. Candy Lo mira con suspicacia.
—Candy, mi oferta no ha tenido nada que ver con el sexo. Siento haberte dado esa impresión. Sé que he ido demasiado lejos, que he mezclado las cosas y he hecho que parecieran ambiguas…
—No había nada de ambiguo. Él se sintió tan frustrado que siguió hablando con franqueza:
—De acuerdo, está bien. Quiero tomarte contra la pared. Pero eso no tiene nada que ver con él hecho de que eres mí esposa. Aunque tengo ese derecho. No voy hacer nada que tú no quieras. Pero si lo quieres te prometo que lo haremos juntos y especial para ti..
Claro que a mí me gustaría hacerla gritar de otra forma. Candy duda un instante, me mira desde la cama y frunce los labios, algo que interpreto como expresión resolutiva.
—Esta bien. Quiero dormir aquí, contigo, pero no pienses en otra cosa, Eh. —responde en voz baja y entra con paso decidido en el baño.
Terry se siente aliviado, Sé queda mirando la puerta cerrada del baño.
Esto es una tortura.
Terry esta sentado en la cama de su habitación, lo mira que está manipulando su computadora trabajando, O haciendo lo que sea que hace normalmente. Candy sigue sin saber cómo acercarse. Recuerda la sonrisa que le iluminó la cara cuando la vio en la mañana que Candy había intentando salirse por la ventana. Su sonrisa arrebatadora es contagiosa. Sonriendo ella también con aire bobalicón. Hasta había dicho tonterías, Candy mira en el suelo una camisa de Terry, y luego echa un rápido vistazo a la puerta entreabierta. Satisfecha al ver que Terry está distraído, Candy se arrodilla y acerca la camisa a la cara, cierra los ojos e inhala su olor.
Huele tan bien…
—Candy, ¿por qué estás en el suelo? —dice Terry frunciendo el ceño.
El primer impulso de Candy fue hacer una broma obvia, pero, al ver su mirada de frustración, de lujuria y de afecto, se quedó callada. A ella también le gustaba. Porque, por primera vez, el hecho de ver el deseo y el hambre reflejados en los ojos de un hombre, la hacía que sintiera… curiosidad. Descubrir qué era eso, que las parejas disfrutanban juntos.
—Déjame abrazarte — Terry murmura —. Lo necesito aunque Tú no lo necesites. Candy asintió. Terry le acarició la piel temblorosa, susurrándole palabras de cariño. Y, por fin, cuando ella dejó de resistirse y se apoyó en él, rodeándole la cintura con sus brazos esbeltos, aceptando su afecto y su refugio, Terry se sintió como si midiera tres metros. El deseo primario de protegerla rugió como un león dentro de su pecho. Y, con él, el deseo primario de poseerla.
Candy se empapó del calor de Terry, lo absorbió. Candy sentía su cuerpo que estaba ardiente, la ropa le molestaba. Quiso arrancarla. Sin pensarlo Candy se desnuda para un hombre. Para su esposo, Su mente no pensaba en nada más que calmar el fuego que la consumía, y es qué las manos de Terry eran mágicas.
Continuará...
