Lectores, perdón por mis errores con el capítulo.

SALUDOS.

JillValentine,x.

CAPÍTULO 9.

¿Que había cambiado para Terry y Candy?.

Jefferson al ver qué Terry no esperaba que terminara de decirle todo, Jefferson no lo siguió cuando vio que se alejaba, conocía bien a su amigo. Entendía que era mejor darle su espacio — y no era para menos.

Después de la llegada de Jefferson. Terry se había encerrado en una de las habitaciones de la casa en su isla. Con una bonita colección de Whisky's Macallan.Terry recordaba por qué había hecho que Savanna regresara. Terry se había enamorado a los diecinueve años de Savanna Stale, Una chica delgada, con bonita figura, rubia de ojos grises, cabello corto, y de buenos modales. Con la que compartió tres años. Terry habría tirado su futuro por vivir una vida junto a ella. El problema era que no entendía porque Savanna lo había dejado plantado el día de su boda sin una explicación, ni una carta, nada. Entre ellos todo era perfecto, tenían los mismos gustos, no había secretos, ni mentiras en su relación, por eso Terry no terminaba de comprender porque Savanna se había marchado. Al principio , Terry se había vuelto loco de rabia, la había maldecido, Jefferson siempre fue su apoyo, pero como iba pasando el tiempo, pensó que Savanna podría haber sido secuestrada, pero pasaron meses y nadie se comunicó con él para pedir dinero. Después, Terry había intentando encontrar a Savanna a través de detectives privados e investigadores no tan derechos, había movido el infierno debajo de cada piedra, pero nunca tuvo los resultados deseados. Así pues, después de tres años, sin tener una explicación de su abandono y con el corazón roto. Terry se volvió frío, un hombre que supo enterrar sus sentimientos, especialmente con las mujeres de citas de una noche. Así Terry empezó a salir con toda mujer que se cruzaba en su camino. Sin ataduras, sin promesas, sin memoria, una chica diferente era su pan de cada día. Fue por el abandono de Savanna que Terry había aceptado el título y herencia de su padre. En pocos meses Terry se convirtió en el hijo que Richard GrandChester siempre había deseado tener. Y hubiera incrementado su fortuna. En un viaje a Nueva York, Terry había conocido a Elisa. Elisa siendo como era, le había dicho cómo por descuido. Qué era una integrante de la familia Andley. Terry ya había escuchado algunos rumores. Era una de las familias más importantes de América. Cómo el hombre de negocios que Terry era para entonces, Terry había hecho negocios con la familia Andley pero no era el quién daba la cara, sino gente de su confianza. Cuando consiguió qué la familia Andley tuviera la mayor parte de sus negocios con contratos millonarios, Terry en lugar de acostarse con Elisa. Terry le había propuesto el último trato, el menos productivo, pero el definitivo, el negocio que iba a terminar con Andley Inc. Elisa se llevaba el 25% y Terry el 75% de las ganancias. Lo único que Elisa tenía que hacer era ocuparse de Anthony Broawer Ándley. Todo salió como el quería. Hasta que un ángel con el pecado hecho en su cuerpo, se había metido en medio de sus planes...

Todavía decidió a saber de Savanna, Terry supo lo que tenía que hacer, y Candy le había servido para eso. Presentarla como su esposa ante la sociedad, Lucirse con ella y que todos vieran que Candy estaba loca de amor por él. Terry sabía que los rumores empezarían a correrse como la pólvora. Por esa parte todo había salido como lo había planeado en un principio. El problema era que Candy había ocupado un lugar que no quería darle. Terry deseaba a Candy, por supuesto y esperaba poseerla muy pronto. Terry no estaba preparado para sentir cargos de conciencia, ni emociones de ningún tipo. Además Terry estaba confundido, Y sorprendido del poco interés por volver a ver a Savanna, como si ya no era tan importante. Aún Así, Terry necesitaba saber que Savanna se encontraba bien. Necesitaba una conversación, una explicación. Quizá cuando la viera otra ves. Volviera el amor.

¿Terry, qué ocurre con tus pensamientos? ¿Acaso estás confundido?

Si, maldición. Ahora que sé —que Savanna regreso, necesitó una explicación.

¿Terry, te olvidaste de Candy?

No puedo olvidarme de Candy. Todavía la deseo, Además, Candy es diferente a todas. Diferente a Savanna.

Terry mira a su alrededor. Confundido

El lugar estaba construido con Bamboo, y cristales. Tenía dos sillones de colores vivos «amarillos». Eran a la perfección con un ventanal grande, que regalaba una preciosa vista de un mar color esmeralda, bajo la luz de la luna. Un librero de tres estantes, qué abarcaba todo un lado de la pared de madera— Contenían colecciones literarias; poéticas, y estáticas. William Shakespeare, James Joyce, Agatha Christie, entre otros muchos Escritores. La habitación es como un espacio que Terry usaba para trabajar, aún que cuando iba a la isla —era para alejarse precisamente del trabajo, y la presión que tenía de ser un hombre adulto echo y derecho.

Candy había observado a Terry y a Jefferson desde la ventana de su habitación, Candy Pensó que Terry no tardaría en ir a su encuentro, pues miró cuando había entrado. Pero después supo que se había equivocado, Terry no había ido a buscarla. Candy se sentía consternada, y a la vez sentía curiosidad por saber a qué había venido Jefferson, —y por qué ella no podía enterarse. No era que fuera una entrometida, a Candy le importaba nada la vida de Terry, pero era su esposa —tenía derecho.

¿Acaso tú le dices tus secretos, Candy?.

«Maldita conciencia, por qué no te quedas en silencio». Candy ya empezaba a enloquecer, mientras los minutos pasaban más inquieta estába. No era que tenía miedo de dormir sóla. Bueno, quizás si, un poco. Todo gracias a Neil, que había dejado un daño muy grande en si misma. Candy empezó a tener un poco de pánico.

No me gusta la parte en la que tengo que cerrar los ojos, porque las imágenes se vuelven pesadillas...

Candy empezó a tener frío, no quiere seguir en ese camino. Muy a su pesar está retomando el anterior.

¿Y, si Terry espera que sea yo quién vaya a su habitación? Aquello le dió una esperanza. Aunque Candy no entendía por qué tenía que tener una esperanza. Cualquier excusa, vale, ¿verdad?

Candy salió decidida, No quería dormir sóla, y por mucho que se negara, la verdad era que entre los brazos de Terry había dormido muy bien. Candy se detiene a un metro de la puerta del dormitorio de su esposo.

Quizás debería dormir sóla, con la luz encendida por supuesto. Candy se dió la vuelta, pero se detuvo otra vez.

¿Y, si Terry necesita algo de mi? Candy se molesta por esa pregunta.

¿Qué podría necesitar Terry de mi?

¿Sexo?

Demonios

Toda su mente estaba pensando en su esposo. ¿Dónde estás ahora, Terry?. Pensaba Candy otra vez en su habitación y recostada en la cama. Candy miro al techo. Candy se estaba controlando para no pensar en Terry, pero no lo consiguió. Estaba muy confusa y sentía que tenía que buscar a su esposo.

Era una situación difícil para cualquiera, pero, especialmente, para Terry. Él necesitaba tener el control de las cosas, de su entorno, de las personas y de las situaciones que lo rodeaban. Y, sobre todo, de sus emociones.

Terry se dio cuenta de que ya no insistía en Savanna. Parecía que los recuerdos habían desaparecido, pero seguía manteniendo un sentimiento especial hacia ella, tenía ganas de protegerla, pero no sabía si sentía amor, necesitaba verla, para aclarar sus dudas.

Candy parada en la puerta del dormitorio de Terry, decidida. Antes, no obstante, necesitaba unos minutos para calmarse los nervios.

Bien, ya estuvo bueno.

Candy llamo con suaves toques en la puerta. Diez segundos. Nada. Candy dió otros golpes está vez más fuertes, pero nada. Candy molesta abrió la puerta y asomo un poco la cabeza con una sonrisa que parecía histérica. Preparada para ser atacada. Pero no había nadie.

¿Qué Diablos? ¿A hora a quien pregunto?

Sin tirar la toalla, Candy empezó a buscar a Terry por toda la casa. A punto de salir caminar y llegar hasta la casa de huéspedes para preguntarle a Jefferson por su esposo. Candy se detiene abruptamente cuando escucha un ruido. Como un cachorro para la oreja y sigue el camino de dónde viene aquel sonido. Candy llegó a una puerta de Bamboo seguramente era una habitación, Al otro lado del vestíbulo, sin pensarlo más Candy entró sin anunciarse primero.

—¿Qué... haces aquí? —preguntó Terry sin mirarla, Terry sabía que era Candy, podía sentir su olor en toda la casa.

—¿Saber si necesitas algo?

Muy bien, Candy. Más tonta, no puedes serlo

Terry se gira y mira a Candy.

No había dudas que aquella expresión pensativa y furibunda de Terry la hacía sentir unos profundos escalofríos, Candy No quería pasar por un momento vergonzoso, sobre todo porque sabía que Terry no dudaría en aprovechar la oportunidad. Ya empezaba a conocer a su esposo, lo había hecho muchas veces. Pero aún le preocupaba la manera en que la estaba observando.

—¿Qué si necesito algo?— Terry no estaba para juegos en ese momento, y Candy lo comprendió cuando se acercó a ella: como un animal que tiene mucho tiempo sin comer.

—Así que mi esposa «comprada», se preocupa por su esposo. —Terry ya estaba un poco pasado en copas.

—Eres un...

—No. Tú no te metas en las cosas que no te correspondan. —Dice Terry. Cuando terminó de hablar le dio la espalda, Candy sintió un dolor en el corazón. El hombre sabía comportarse como un canalla frío y duro. Las lágrimas comenzaban a inundar sus pupilas, pero se trago el sollozo que tenía en la garganta.

Terry no se arrepintió de sus palabras, estaba furioso. No, Terry estaba mucho peor. Pero necesitaba sacar el fuego que ardía en su interior, en ese momento de insensatez no podía detenerse. Ante él estaba la mujer que deseaba, pero que no podía tener. ¿No podía? Estaban casados. ¿Cómo demonios la rubia pecosa a controlado mi vida? Terry mira a Candy, por supuesto estába temblando como un conejo. Terry se acercó a ella, y Candy dio un paso atrás.

—Tranquilízate —Terry cierra la puerta. Las palabras fueron como un soplo de advertencia para Candy.

—Eres tonto— Dice Candy para intentar desviar el curso que estaba tomando aquella conversación, —¿lo sabías?

—Me lo has dicho muchas veces.

—Sí, pero vale la pena repetirlo —dijo ella más nerviosa por qué Terry estaba muy cerca a ella. ¿Cuando había cerrado la puerta? Y, había puesto seguro en la puerta—. Espero que sepas lo que estás haciendo.

—¿Es que no lo sé siempre?

Candy no se dignó a responder. Empezó a jugar con los dedos. Lo miró fijamente con sus ojos del color del mar Caribe.

—Terry...—dijo Candy, pero su voz grave, seductora y sexy lo atravesó.

—¿Qué estás haciendo aquí, Candy?

—Ya te lo he dicho.

—¿Por qué no dejas de ser tan obstinada? Podríamos pasarla bien.

—Por cierto, ¿Por qué ha venido Jefferson? —Candy preguntó con un tono casual. Quería cambiar la conversación

—No es una información que me apetezca compartir contigo. Candy tragó en seco y se puso rígida. Le dolía la respuesta de Terry, y no le gustó para nada.

—Claro —dijo dándose un golpe suave en la frente con los dedos—, a veces soy un poco idiota y se me olvida que, aparentemente, no tengo derecho a preguntar nada porque solo somos esposos con ciertos privilegios. ¿Te das cuenta? Incluso suena elegante. Imagino que, con tus parejas formales, lo haces o quizá con tus amigos. Entiendo, no pasa nada. Cambiando de tema…

—Candy —dice Terry interrumpiendo, y en tono de advertencia. Candy se encoge de hombros como si no le importara que Terry no compartiese más con ella, pero sí que le importaba. Tampoco podía exigir nada, porque Candy no le había hablado de ella en un tema más íntimo, y de la forma en que había cambiado su perspectiva sobre los hombres.

—Candy…

—Nada de Candy. Además me gustaría dormir — dijo Candy, y se dirigía hacia la puerta, pero Terry la retuvo por la muñeca y lo que eran chispas se convirtieron en llamas—. Suéltame.

—Piensas que puedes buscarme, y provocarme cuando quieras. Ahora, no te voy a soltar hasta que dejes de balbucear temas por aquí y allá —dijo con seriedad—. ¿Por qué pareces tan ofendida? ¿Es por qué no te digo a que vino Jefferson? Candy agita la mano, y él la dejó soltarse. Pero ambos sabían que Terry podía ir tras ella en caso de que fuese necesario.

—Perdona, a veces soy tan tonta que se me olvida el acuerdo que tenemos. Así que, entonces, asumo que no puedes besarme cuando te venga en gana, y todo bien entre los dos. ¿Verdad?— Candy estaba muy enojada por todo. — Estás bebiendo mucho. Candy intentó mirar a otro lado. No pudo.

—Candy... Me estás volviendo loco.

—Ella le rozó los labios con los dedos. Candy leyó las emociones contradictorias que se reflejaban en el semblante de Terry, y se le encogió el corazón por él. El pobre estaba más liado que ella misma.

Ahora iba a comprobar cuánto le importaba ella a Terry.

—¿Quieres tener relaciones sexuales? Terry tragó saliva. —Bueno. Ya que estoy aquí, deberíamos hacerlo en mi habitación. Candy lo miraba sin pestañear, estaba preparada a desafiarlo hasta el final. Terry también la miraba seriamente

Por la mente de ambos había miles de preguntas, miles de respuestas, pero el deseo que ya venía acumulándose durante mucho tiempo venció a Terry. Después de llegar a su dormitorio digno de una princesa, intentó no añadir el sentimiento de vergüenza a la lista de motivos por los que despreciarse a sí misma. Ella solo pretendía que su cuerpo hablara lo que sus labios no podían. Terry se daría cuenta que no era virgen como pensaba. Y por fin Candy entendería que significaba ella para Terry.

Estaba claro que Terry no estaba dispuesto de parar. Candy comenzó a sentirse nerviosa, y sabía que si no conseguía detenerse ahora, después ya no podría. Como si Terry leyera su pensamiento. Empezó a tocarla con mano experta y a besarla con más fuerza y al mismo tiempo marcaba en ella sus labios. Sin fuerza, Terry metió su lengua en la boca de Candy, sintiendo como si estuviera en el cielo. Todo lo que quería de ella era justo lo que Terry estaba tomando, Terry tomaba la iniciativa, haciendo que Candy se rindiera. Candy por fin se relajó, cerró los ojos, sintiendo el deseo, y la pasión de Terry en su boca. Terry la estaba embriagando con su sabor. Sé estaban besando ardientemente, Candy sentía que Terry quería incluso comérsela entera.

—Tenemos que hablar primero —Dice Candy con un jadeó —. Y dejar claro que lugar ocuparé, por qué no seré tu mujer.

Terry apretó los dientes. Terry quería gritar que ella le pertenecía a él. Y también sabía que debía dejarla ir, pero no podía hacerlo. Era un egoísta bastardo y probablemente algún día pagaría su avaricia por esa mujer, pero todavía no. Confiaba en que todavía no. No quería dejarla ir. Sentía la estúpida y primitiva necesidad de marcarla a fuego con sus besos, con sus caricias, porque solo podía ofrecerle eso… Odiaba la situación, pero jamás pensó que se encontraría en ese escenario. La llegada de Jefferson para decirle que su pasado había regresado, un pasado que Terry trajo al presente, era demasiado. Estaba arriesgándose a perder mucho. Aquel era un punto sensible de su vida. Estaba de por medio Candy. Quizá, cuando pasara un poco el tiempo, podría profundizar en su relación con ella. Aunque era probabilidad bastante remota. Confiaba en Candy, y de sorprendió de eso, era ya bastante para alguien tan cínico y habituado a recibir reveses como él.

El amasijo de emociones encontradas de Terry se había cristalizado en un único deseo: poseerla

—No hemos venido a hablar . ¿Responde eso a tu pregunta?

—La verdad es que no, ¿puedes ser más específico en tu respuesta? —Dice Candy más tranquila, con su habitual tono sarcástico, la verdad era que prefería desviar el rumbo hacia lugares menos pantanosos. Así que Candy miro con desafío a Terry. Pero Terry no perdió el tiempo en replicar con palabras. La atrajo contra su cuerpo y fundió su boca con la de ella con intenso fervor, la agarró las caderas con firmeza, y sintió a Candy temblar entre sus brazos. Candy le rodeó el cuello con las manos y se entregó al beso. Las palabras no eran necesarias, Terry estaba excitado, no podía detenerse, y no lo iba hacer. Para Candy. Los besos de Terry la hacían perder el sentido común de todo, la cabeza no le servía para nada. Con cada beso que Terry le daba, parecía extraerle el aire de los pulmones, y el único oxígeno capaz de llenarlos era el sabor de la pasión de su esposo. Él hombre que involuntariamente había empezado a amar.

—Necesito verte —le dijo Terry—. Desnúdate para mí, Candy —murmuró Terry antes de morder suavemente el lóbulo y bajar por el cuello dejando un reguero de besos, para luego volver a apoderarse de la boca de Candy—. Hazlo.

Pero Candy se aparta.

—¿Qué ocurre? —Pregunta Terry al notar cómo Candy cambiaba la expresión de su rostro de decidida a dubitativa. Aunque inmediatamente Terry negó. No iba a dejar que Candy se saliera con la suya.

—Yo — Comenzó a decir Candy. —No...

—Después, dirás lo que quieras, ahora quiero saborearte por entero Candy.

Terry la depositó en la la cama con mucho cuidado, sin dejar de besarla, sin dejar de tocar sus pechos, sin dejar de gozar el sabor de su piel que iba descubriendo cuando la ropa ya no estaba. Candy cerró sus ojos. Candy tenía miedo, quería gritar, se sentía sucia, y a la vez su piel le pedía más. Más de Terry, más de lo que estaba haciendo con su cuerpo.

Candy experimento una intensa oleada de calor con el hombre entre sus brazos

—Eres tan bella—le susurro Terry y le agarró el pelo con los dedos, tirando con delicadeza.

Terry le levantó la barbilla de Candy y deja un reguero de besos suaves como plumas en la base de su garganta hasta llegar de su oreja. Con la otra mano Terry apretó su trasero buscando sus labios con los suyos una vez más.

Madre mia. Está buenísima...

—Date la vuelta. Candy abre los ojos y me dirige una mirada asustada, pero no me rindo y vuelvo acariciarla, hacer que se rinda otra vez. Candy empieza a mover las caderas con un ritmo que reconozco. Mientras mis manos tocan su intimidad. Sus movimientos hacen que pierda el control de sensatez, pongo mi mano en su anterior sin penetrar. Candy está desnuda en mi cama, es muy sexy, Liberó al fin mi miembro erguido. Pero antes de que la imagen de mi erección pueda escandalizarla —me inclino y la beso, la beso de verdad, sumando todo mi deseo y mi urgencia a su primer beso completamente desnuda. Candy responde con labios ávidos besándome también, Le separo las piernas con la rodilla y ella sé arquea para encontrarse en el camino mientras me agarra de la cabeza una vez más saboreando mi piel. Recorro su cuello con los labios hasta llegar a lo que más deseo, muevo la mano de nuevo para capturar con ella. Su cuerpo perfecto y esbelto.

Candy lanza un gemido cuando mi pulgar acaricia el pezón y crece entre mis dedos. Succionó con delicadeza ella se retuerce bajó mi cuerpo. Estoy en mi objetivo final , Candy se queda inmóvil cuando le acarició el sexo con los dedos con la respiración entrecortada.

—Nena... Estás lista para mí...

Mierda, está húmeda, poco a poco la intensidad aumenta y empiezo a entrar en ella.

¡Mírame, Candy! ¡Quiero que me mires a los ojos para que sepas quien te hizo suya. Me dejó ir de un solo empujón, por qué no puedo controlarme

Candy ahoga un grito y su cuerpo se encorvó protegiéndose del agudo dolor que se extendió por todo su cuerpo. El llanto surcó sus mejillas desbordando de sus ojos a borbotones. La sensación de incomodidad por tener su duro miembro profundamente enterrado en su interior la contrariaba.

Dios, se sentía como si le estuvieran clavando agujas

—Candy… —susurra Terry lacónicamente.— No te muevas. —Me sientes enorme dentro de ti, pero pasará.

—Terry… —Candy asintió contorsionándose debajo de Terry, creyendo enloquecer ahora de pasión—. Qué me está ocurriendo…

— Eres solo mía, Candy.

Colocó las manos bajo sus caderas para facilitar la entrada de mis calientes embates.

Los gemidos de Candy eran ahora más febriles y él los acalló con sus besos. Si Candy seguía demostrándole lo mucho que lo deseaba, Terry terminaría demasiado pronto.

La tensión mutua fue acrecentándose en medio de aquel manto velado de lujuria. Cuando los músculos internos de Candy se comprimieron y palpitaron entorno a la erección de su esposo atrapando el éxtasis, Terry pensó que perdería el control porque el placer era insoportable. Terry fue aumentando el ritmo de sus penetraciones. Alcanzó el clímax segundos más tarde y se derrumbó sobre ella.

El tiempo se detuvo, mientras en la lujuriosa bruma de la atmósfera de la habitación solo se lograba escuchar la respiración superficial, entrecortada y rápida. Pasados los espasmos iniciales del devastador orgasmo, Terry alzó el rostro y limpió las lágrimas de las mejillas de Candy. Después la besó tiernamente.

Candy estaba confundida. Candy —sé espanta cuando ve sangre. Terry sonríe satisfecho.

—Es normal Candy.

—Pero yo... yo no era virgen. Terry se queda mirando su sangre, y luego mira a candy a los ojos.

—¿Qué dices?

—Yo...

—Candy. Tienes algo importante que decirme

Candy volvió a pensar. Ella estaba confundida y perdida, el dolor en su intimidad y la sangre. Era posible que Neil le hubiera dicho una mentira.

—Candy...

—Neil dijo que yo era su mujer. Yo creía que me había violado.

Terry se levantó de la cama como si está estuviera en llamas.

—¿De que mierda estás hablando?

Candy le contó todo a Terry.

Ella había estado negándose, seguramente, para poder justificar que se estaba enamorando, pero las pruebas eran irrefutables. Su primera pista había sido el brindis de bodas, cuando Terry la había besado. Pensó en todas las veces que Terry la consolaba y además estaba el hecho de que la había respetado íntimamente, otro hubiera agarrado lo que por ley le correspondía, pero Terry le dio tiempo. Y no había querido aceptar que Terry le había gustado mucho desde el primer día que lo vio en el Metal5th. Por qué Candy estaba enamorada de Terry. Y ahora que era su mujer todavía más. Candy sintió una punzada de dolor en el pecho. Tenía un mundo perfecto, toda la semana habría sido una aventura en un paraíso como Adán y Eva. Cuando querían probar la manzana prohibida, con los ojos llenos de curiosidad. Candy consiguió valor, aunque tenía los ojos empañados de la emoción. Se había equivocado por completo con Terry. Por supuesto, era arrogante. Sin embargo, también Terry demostraba ser generoso, y no tenía un pelo de tonto. Ella había estado negando todo eso, seguramente, para poder justificar el hecho de ocultar su vergüenza, pero las pruebas eran irrefutables.

Terry no sabía qué pensar, si antes estaba confundido, ahora estaba hecho un lío, pero la sangre era la prueba de que Candy era virgen, sin embargo la duda de que Neil la hubiera tocado le revolvía las entrañas, y lo hacía hasta el grado de querer regresar y matarlo con sus propias manos.

El silencio se extendió en la habitación. Candy no puede aguantar más y se queda profundamente dormida.

Después Terry sale de la habitación dejando a Candy en su cama, desnuda y sola. En noches como hoy podría ser un lugar perfecto. La luna brilla en el cielo. Pero no lo es para Terry. No sabía que pensar con respecto a su esposa.

La hice mía, y había sido excitante, delicioso.

¿Ahora que?

Terry decide que no puede pensar en eso, y llama a Jefferson.

Candy siente de pronto un frío que la despierta, Terry no está a mi lado pero puedo oír sus pasos en la casa...Todavía siento mariposas en el estómago. ¿Que había ocurrido? Era virgen y todo esté tiempo había llorado por algo que nunca había pasado. Dios mío, hasta me quería morir. Candy se avergüenza de sus actos. Ahora el mundo le parecía distinto. Era verdad lo que decían de la virginidad. Podía ver y entender todo de otra manera.

De pronto la oscuridad no la asusta. Candy escucha voces. Se levanta de la cama está adolorida, pero tiene una sonrisa.

Justo cuando llegó al final del pasillo escuchaba claramente a Jefferson y a su esposo.

—Terry ¿qué hacemos ahora? Es la voz de Jefferson parecía que estaba preocupado.

—¿Dónde está ahora? Esa era la voz de su esposo.

—Está en mi casa. —Dice Jefferson. Candy decide darse la vuelta, pero oye decir a Jefferson

— Ella sabe qué tienes el título y la herencia de tu padre, Aún no sabe que estás casado, No se que hará ...

Jefferson no terminó pero Terry entendía lo que quería decir. Pero no dijo nada, parecía pensativo. —Terry dime algo, Savanna es la mujer que amas y ahora que ha vuelto, no me digas que la vas a dejar tirada. Tenemos tres años buscándola por todas parte. —Parecía que Jefferson estába culpando a Terry. Candy sentía que no podía respirar.

¿Savanna? ¿La mujer que Terry ama ? ¿La lleva buscando tres años? En la mente de Candy aparecieron numerosas preguntas. ¿Si ya tenía alguien en su corazón, por qué quiso casarse conmigo? Candy no pudo aguantar más.

Terry se levantó rápidamente y caminó hacia la puerta. Terry abrió los ojos como platos cuando vio a Candy en el suelo, rápidamente se acercó a ella y la tomo entre sus brazos para levantarla, pero Candy se negó y lo empujó.

Terry comprendió que Candy había escuchado su conversación con Jefferson. ¿Cómo había podido ser tan imbécil?

—Lo siento —dije—. Lo siento mucho. Sé que es terrible oír que... Candy hizo un gesto desdeñoso con la mano para indicarme que me callara. No estaba interesada en su compasión.

Yo tampoco estaba listo para aclararlo.

—Bien, entiendo que estés molesta, así que te daré tu espacio, si te has golpeado en alguna parte de tu cuerpo y se hincha. No olvides ponerte hielo.

Terry le dice y sale de la casa, y se va de la isla. Dejándola sola.

Candy de desploma y rompe a llorar.

Continuará...