5 ocasiones en las que Harvey (casi) trató a Mike como hijo, y 1 en la que Mike (casi) lo trató como a un padre


Harvey Specter & Mike Ross (GEN)


Resumen: Todos los personajes de Suits pertenecen a USA. Yo sólo los utilizo para mi entretenimiento. Espero que les guste la historia. No duden en dejar sus comentarios, peticiones, recomendaciones en un review. Creo que esta historia estará en siete u ocho capítulos.


Por reflejo

Empezó con un accidente y un desliz. Era curioso, considerando su pasado, que Mike a diferencia de Harvey no utilizara el cinturón de seguridad cuando viajaban en la parte posterior del auto. Ray no lo notó hasta el que todos conocieron como el día E, es decir, el "día del accidente", y después de eso su jefe se aseguró de que el joven asociado lo hiciera siempre, aun cuando su viaje durara apenas algunas cuadras.

—Niño, ¿podrías fingir que no te estás cayendo de sueño? —pidió el abogado mayor mirando a su protegido de reojo, quien estaba literalmente desparramado sobre el asiento con las ojeras hasta la mitad de sus mejillas y el cabello en su estilo desordenado.

—Para ser un fraude no soy bueno fingiendo. Estoy muy cansado porque a alguien se le ocurrió llamarme a la mitad de la noche porque necesitaba mi ayuda y soy su único brazo derecho.

—Si te sigues quejando tanto volveré a confiar en mi propio brazo derecho para hacer el trabajo.

—Si mal no recuerdo, fue ese el que te lastimaste en el béisbol…

—Sí, pero sigue siendo más preciso que el tuyo.

Mike disfrutaba esos trayectos. El olor del café de Harvey mezclado con su costosa loción de tabaco y vainilla; las canciones que Ray ponía a petición de su jefe y las discusiones de clásicos del blues y el rock and roll; los paisajes de una ciudad rápida, pero indulgente con sus habitantes, siempre agitados, siempre vivos; los vistosos colores de los autos de lujo combinados con el amarillo de los taxis y el verde limón de uno que otro árbol. Mike, absorto en el paisaje, sólo sintió el brazo, el tirón y los sonidos del caos y la bruma mental. Por esa belleza cotidiana no se percató del instante preciso en que los impactó otro bólido metálico, sólo experimentó el latido trémulo de su pecho y el pánico que le inundó la cabeza y el corazón: el frenado abrupto fue lo suficientemente fuerte para llevarlo contra el asiento delantero, incluso contra el espejo, lo que no ocurrió debido a que un brazo firme lo mantuvo en su lugar.

Mike fue presa al segundo de la ansiedad de un accidente que no vivió, uno fatal que, a diferencia del presente, terminó con un automóvil destrozado y sus padres dentro de una caja de madera, y al principio creyó que en ese instante le explotaría la cabeza o sufriría un cortocircuito que le freiría las neuronas. No vio al oficial tocando a su ventana para verificar que se encontraban ilesos, no escuchó la voz extrañamente preocupada de su mentor, ni tampoco los gritos furiosos del conductor que los golpeó, ni las preguntas urgentes de Ray de saber si ambos pasajeros y amigos se encontraban a salvo.

Al volver poco a poco a sus sentidos sacudidos por el golpe repentino, lo primero que Mike percibió fue la mano de Harvey sobre su pecho, haciéndole de cinturón de seguridad, y su voz firme preguntando: —Hijo, ¿estás bien?

¿Hijo?, se preguntó Mike, o al menos una parte de su cabeza. Harvey jamás lo había llamado así. El joven asociado estaba acostumbrado a que los clientes mayores lo llamaran así, aunque apenas lo conocieran y no tuvieran el privilegio de utilizar una denominación que para él se sentía tan íntima, considerando que había perdido a su padre y prácticamente nadie, ni siquiera su abuela, había vuelto a referirse a él de esa manera.

La palabra golpeó la mente de Mike con brutalidad, casi tanto como el hecho de que el primer instinto de Harvey en una situación de riesgo había sido usar su brazo derecho como cinturón para protegerlo, sin importarle que se tratara de la extremidad que había empezado a molestarlo con los años y no tuviera ya la fuerza de sus años jóvenes. No es que no lo haya pensado, que a veces se siente como eso, -un hijo, a tiempos prodigio, a tiempos malcriado- y que ve a Harvey de esa forma, -un mentor rejego, un hermano mayor a ratos, una figura paterna la mayor parte del tiempo-, pero escucharlo en voz de Harvey era una cosa distinta. Lo volvía real. Veía entonces las implicaciones de que al socio mayoritario le importara, a pesar de sus múltiples objeciones, de sus máscaras, de fingir que lo único que le importaba era él mismo y su reputación.

Entonces Harvey se percató de que Mike había regresado a su plena consciencia, sus cinco sentidos activos y la memoria prodigiosa, después de unos cuantos segundos de impresión desequilibrante, y estaba viendo ese brazo trajeado que había detenido su impacto, el brazo que parecía haber adquirido mente propia y reaccionado por su cuenta ante el inminente peligro, y que sin lugar a dudas escuchó su desliz en ese mote que Specter, a diferencia de los malditos condescendientes para los que trabajaba, no usaba con frecuencia. No que no lo sintiera -quizá así lo sentía, más que cualquier otra persona que conociera a Mike Ross; a tiempos, en silencio, lo veía como a un hijo adoptivo, pero sin importar la etiqueta, como a su responsabilidad, alguien más a quien mantener a salvo, a cualquier costo, no porque se sintiera obligado, sino porque así lo había asumido, un deber tácito que cumplía con gusto.

—Mike, ¿estás bien? —volvió a preguntar el socio mayoritario para tratar de disfrazar tanto el impulso afectivo de su cuerpo como el de su boca -porque a Harvey Specter no le importa nadie más que él mismo; ese es el mito; esa es la mentira-. El socio mayoritario retiró su brazo abruptamente y se arregló las solapas con el gesto soberbio que lo caracterizaba, llevando una mano a su cabello para liberar la tensión y los dejes de sus impulsos de adrenalina.

—Sí… estoy bien —respondió el menor con la voz temblorosa y tratando de desviar la mirada, repentinamente incómodo de haber evidenciado la preocupación de su jefe quien, a pesar del tiempo que llevaban conociéndose, seguía invirtiendo reiterados esfuerzos para parecer distante —. ¿Tú, Harvey? ¿Estás bien? —. Harvey sólo asintió. El mayor se levantó, aún aturdido, a encarar de inmediato al sujeto culpable del accidente quien continuaba agrediéndolos verbalmente, sin dejar de pensar que se habría referido a Mike como hijo por mero reflejo, sin poder evitar un gesto de dolor ante el ardor que empezó a bajar de su hombro hasta su mano por el abrupto movimiento.

Sí, un mero reflejo.

Así fue como comenzó.


Me encanta la serie y la dinámica que hay entre los protagonistas. Disculpen la brevedad; les prometo que las siguientes entregas serán un poco más extensas. Es sólo un divertimento y una manera de distraer mi mente de mis múltiples ocupaciones.