CAPÍTULO 13
Encantada por la receptividad que veía en su padre adoptivo, Candy lo escaneó con la mirada. Estaba más delgado. No quería comer casi nada.
—Estoy bien, de verdad —aseguró William, cuando se percató de la mirada de Candy—. No te agobies. Candy asintió. Nadie a excepción de ella conocía la verdad sobre la salud de su padre. Aquello le pesaba como una losa, pero estaba dispuesta a guardarle el secreto hasta que él lo contara a las personas que creyera necesario. Era una decisión de su padre adoptivo, no suya. Al entrar en el ático, ahora con cajas por la mudanza, William la cogió de la mano y, llevándola hasta la habitación, dijo sonriendo:
—¡Espero que te guste! Candy, que no sabía a qué se refería, gritó emocionada al ver el lugar, el armario, la cama, la vista.
Dios mío.
—Gracias Padre.
—Lo mereces, Candy.
En verdad me lo merezco, Candy no lo creía, pero si es mi padre adoptivo quién me lo da no puedo negarme.
Las horas, los días, los meses fueron pasando rápidamente, después fue un año.
Tras enterarse por las noticias de que los Andley estaban en juicios por un tema de evasión de impuestos, Candy no tuvo duda que Terry había hecho algo. Estaba preocupada como era de esperar, pero no podía hacer nada, toda su prioridad en ese momento, era su padre adoptivo.
Y así día a día Candy se convirtió en la luz de William. Era su amigo, su hermano, su padre, su maestro y como buena alumna Candy aprendió todo lo que Alguna vez la tía Elroy le habia impuesto , pero la diferencia era que Wiliam le dio amor puro y desinteresado. William formó a Candy del barro a una escultura sólida, fuerte, y resplandeciente como el oro, Ahora, Candy atraía la atención allá donde pasaba. Pretendientes no faltaron, mejor digo; sobraban. Citas todos los días, pero Candy sólo aceptaba por William.
--Es importante para ti.— Dijo William—Algún día deberías darte otra oportunidad —señaló—. No todos los hombres son como el idiota de tu ex. Candy sonrió y, tras beber agua, afirmó:
—Los que yo conozco, sí.
—Quizá no le das la oportunidad a los que merecen la pena por tus propios prejuicios. Candy no contestó y, tras beber agua él también, insistió:
—Una de dos, o en este mundo todos los hombres se están pasando a mi acera o son cortos de vista, porque no es porque yo te quiera pero, pequeña, ¡hoy por hoy eres un auténtico bombón! Divertida por su comentario, Candy se rascó la cabeza.
—Anda, bombón, vayamos a dormir, que estoy muerta.
Por su puesto jamás llegó a besar otros labios, ni tocar otro cuerpo. Candy en su tonto interior sólo era de un hombre, un hombre que destrozó sus sentimientos.
Tonta, Terry nunca me prometió los suyos.
Los primeros días, Candy lloro cada noche. Aunque Candy no quería hacerlo, era inevitable. El dolor que llevaba dentro la invadía en la cama. William la escuchaba, pero nunca hablaba del tema con ella, eso era algo que Candy necesitaba vencer sola. Poco a poco y teniéndola ocupada Candy enterró su dolor, y las lágrimas dejaron de salir.
Recordar es fácil para quien tiene memoria...Olvidar es difícil para quien tiene corazón ...
Era un día, como cualquier otro, pero para Candy fue un día de noticias. Candy fue a la consulta del doctor Stuart, acompañando a William. En silencio, el médico examinó los resultados de los últimos análisis y los realizados meses antes en Londres y, diez minutos después, gracias a su forma clara de explicar las cosas, Candy consiguió comprender contra qué luchaban. Sin dudarlo, le hizo infinidad de preguntas al doctor mientras William escuchaba. Por desgracia, él estaba informado de todo. Para Candy, todo aquello era nuevo: los nombres, las consecuencias... Intentaba prestar la máxima atención, pero no conseguía seguir la explicación, hasta que el médico, al verla perdida por algo que estaba diciendo acerca de la malignidad de un tumor.
—Viene determinada por la agresividad de sus células, que le confiere una mayor o menor capacidad de invasión. El apareciendo lesiones tumorales a distancia denominadas metástasis. Es la etapa de invasión a distancia. La sintomatología que presenta el paciente suele ser compleja. Depende del tipo de tumor, de la localización y extensión de las metástasis, señaló:
—Para que me entiendas: tú, tienes en tu sistema inmunológico entre quinientas y mil ochocientas células CD4. En cambio, william, casi podría contar esas células con las manos. Asustada, Candy miró a su padre, que escuchaba en silencio mientras el doctor proseguía.
—El problema de William y de las personas que están en su misma situación, el cáncer va atacando su sistema inmunológico hasta que lo deja expuesto a cualquier enfermedad oportunista.
—Pero... pero ahora mi padre está bien, ¿no? —insistió Candy. Con cariño, el doctor indicó:
—William ahora mismo está en un período que llamamos asintomático. Aquel rayito de luz, en lo que a tiempo se refería, hizo que Candy preguntara:
—Y ¿puede permanecer asintomático muchos años? El médico negó con la cabeza.
—Eso no se sabe. No obstante, sí nos hemos dado cuenta de que depende de la fortaleza de la persona, de sus hábitos alimentarios, del ejercicio que practique y de otras muchas cosas que ni siquiera William puede controlar.
Cansado de escuchar algo que no le traía buenos recuerdos, William se levantó.
—Por hoy creo que ya he oído bastante. Candy miró al médico, y éste, sin extrañarse por su reacción, dijo:
—El tratamiento William. Tienes que comenzar a tomar quinientos miligramos diarios en cápsulas o en ampollas, pero te advierto que al principio tendrás dolor de cabeza y malestar, entre otras cosas, aunque con el tiempo tienden a desaparecer.
—¡Qué ilusión! —siseó William.
—Padre... —lo regañó Candy sin entender su gesto de enfado y su tono irónico en su voz.
William no contestó y, tras pedirle tranquilidad a Candy con la mirada, el doctor dijo al ver que aquél abría la puerta:
—William, pídele a la enfermera que te dé cita para dentro de quince días, ¿de acuerdo?
—De acuerdo. Te espero fuera, Candy —dijo William y, sin más, salió de la consulta. Una vez la puerta se cerró a su espalda, el médico, al ver a Candy tan desconcertada, dijo:
—Tranquila. La mayoría de los pacientes reaccionan así.
—Pero no lo entiendo —insistió Candy—. Mi padre ya sabía que tenía que medicarse. No sé por qué está tan negativo. El doctor asintió.
—Cuando los pacientes vienen aquí por primera vez, la mayoría de ellos son conscientes de su enfermedad. Sin embargo, la visita suele dejarlos aturdidos y, en ocasiones, desorientados, el humor les cambia, se aíslan, e incluso algunos tienden a deprimirse.
—Yo estaré a su lado para todo lo que necesite. El médico sonrió. Sin duda su ayuda sería maravillosa.
—No lo dudo, jovencita, pero te recomendaría que lo animaras a acudir a un grupo de apoyo y lo acompañaras. Suele ir muy bien. Candy se levantó y negó con la cabeza.
—No le hace falta ningún grupo. La familia lo apoyará.
—¿Conoce la familia su enfermedad? Candy suspiró. Su padre no les iba a decir nada.
Sin necesidad de volver a preguntar, el médico asintió, cogió una tarjeta de un tarjetero que tenía sobre la mesa y se la entregó.
—La familia en ocasiones también necesita apoyo, como el afectado —dijo—. Yo no puedo obligaros a que vayáis a las reuniones, aunque terapéuticamente está comprobado que es recomendable. De todas formas, guárdate la tarjeta. Para cualquier cosa, ya tenéis el teléfono de la consulta y, si os animáis, seréis bien recibidos allí. Candy salió de la consulta con la tarjeta en el bolsillo. William, que la esperaba apoyado en el mostrador de mal humor, siseó:
—Ya era hora. Y, sin más, salieron de la clínica.
El 8 de mayo, Candy inauguró su empresa de software, y el 20 de mayo formó la segunda empresa. Ambas inauguraciones estuvieron llenas de prensa e ingenieros de software expertos en ordenador, que se encargan de analizar, diseñar, crear y probar los sistemas informáticos y de software.
Candy estaba en una junta importante. Ese día presentaba el nuevo proyecto.
—SolidWorks. Señores la verdad es que SolidWorks; es uno de los programas de ingeniería más completos, ya que integra herramientas tan versátiles que abarcan el diseño en 3D, simulaciones o la modelación mecánica de estructuras. Sus funciones permiten que en un plano se modifiquen desde los movimientos orográficos, las vigas de acero hasta las instalaciones eléctricas.
-—¿Alguna pregunta?
Sin darse cuenta , Candy era valorada la mujer de SolidWorks más reconocida de la ciudad y pronto del mundo entero.
-—La verdad Candy me has dejado impresionado. Tendrás el contrato firmado esta tarde.
--Gracias.
Te ha cambiado la vida Candy
Sí, mucho.
¿Has logrado llegar a ser una mujer muy importante, Candy?
Todo se lo debo a mi padre, siempre ha estado para mi, y yo no puedo hacer menos que estar para él. Demostrarle que todo lo que me ha enseñado es bien correspondido. Demostrarle que puedo ser fuerte ante cualquier situación.
¿También lo serás el día de su muerte, Candy?
Tengo que serlo...
De pronto, las palabras de Candy le hicieron darse cuenta de que, aunque no dijera nada, aunque se hiciera la fuerte, aunque fuera positiva, Candy seguía asustada por la enfermedad de su padre. La gente moría. El cáncer no entendía ni de dinero ni de clases sociales. Aquella terrible enfermedad avanzaba a pasos agigantados y, aunque se luchaba contra ella, aún no habían dado con una posible cura.
Tengo que hacer mas por mi padre
Las Navidades llegaron. Las calles se llenaron de luces, los escaparates de regalos, y los niños soñando con aquellos juguetes que tanto deseaban. Siempre que entraba en el portal de su niñez sonreía. Recordar cómo Archie Stear, Anthony; sus primos corrían, reían, lloraban, era los momentos felices y digno de no ser olvidado.
¿Ya te has olvidado de Terry, Candy?
Nunca. Aunque no lo he olvidado, he aprendido a vivir con su recuerdo. Seguramente Terry ya se olvidó de mi. Puede que quizás nunca me recordó.
-—Aniquila a la empresa Andley. Quiero escuchar que ha desaparecido de la ciudad, en los próximos tres días-- ordenó Terry gruñendo. Jefferson no podía creer lo que estaba escuchando. Estaba sorprendido, pero el tono de Terry había sido demasiado firme para cualquier duda.
-—Pero creo que la empresa no es tan importante para nosotros; Terry, en cambio, los edificios señoriales debería ser nuestra prioridad. En el último año has abandonado tus prioridades con el ducado. Y todos nuestros esfuerzos se están yendo a la basura.
--Dale un par de días de descanso a Anthony Brower Andley, y luego dale el golpe final -—Terry dice ignorando a Jefferson. Tan pronto como él terminó de decir esto, Jefferson entendió perfectamente sus intenciones.
-—Por cierto —dice Jefferson—,no había querido decirte que recibí el acta de tu matrimonio con el sello del magistrado. Y solo falta tu firma para que se guarde en el libro. Imagino que vas a rebatir el documento y cancelar la firma. Por que si es asi, puedo...
-—No hagas nada -—Dice Terry interrumpiéndolo
-—No te entiendo, creía que...
-—¿Qué? ¿ Qué me iba a divorciar?
—Si. -—Jefferson no lo dudaba.
—No. Candy es y sera mi esposa, aunque vivamos separados toda la vida.--Terry sabía por qué lo hacía y tarde o temprano Candy le daría una explicación. Aún que quizás para entonces ya no le importaría a Terry. Solo sentía odio.
El teléfono de Terry sonó de repente, interrumpiendo el silencio que se había hecho en la oficina de Terry. En la pantalla apareció el nombre de Savanna. Terry contesta la llamada.
--Hola, Savanna --Dice Terry tranquilamente.
—¿Cariño, dónde estás? Quiero verte-- contestó Savanna con un tono cariñoso. Jefferson escucho quien era, Jefferson no entendía a que jugaba su amigo con Savanna. Sí su intención no era volver con ella, para que le daba falsas esperanzas. Negó con la cabeza al comprender lo que Terry estaba intentando hacer. Lo estaba haciendo otra vez. Aunque en está ocasión Jefferson no veía los resultados. Candy, donde sea que esté, seguramente ya se había enterado. Esta más que claro que no piensa volver. Quizás sea lo mejor. Desde que apareció en la vida de su amigo, todo está mal.
-—Estoy Northumberland —Dice Terry.
—Entonces iré a verte allí, respondió Savanna alegremente.
—Está bien-- aceptó Terry. —-Te veo pronto. Debo colgar ahora.
Por la noche, Terry llevó a Savanna a cenar a un restaurante Bar; conocido por los hombres mas importantes, por lo cual casi todos los camareros conocían a sus clientes. Terry siempre llamaba la atención, sin importar a dónde fuera.
Candy supo de la situación en que estaba la empresa, y después de pensarlo, hablarlo con William. Candy se encargó de todo. Nadie sabría que ella estába detrás. No le convenía que se supiera por el momento, Candy sabía que algún día tendría que enfrentarse a Terry, pero no estaba lista para eso.
Ver que ahora él intentaba apropiarse de Andley Inc, le estaba costando lo suyo, sobre todo porque sabía cuáles eran sus verdaderos motivos. Integrar Andley Inc, a su imperio no le iba a producir más ganancias de las que ya tenía al año, pues la empresa estaba más en un estado en que necesitaba apoyo; era el saber que tenía en sus manos la herencia a la mujer que antes había destrozado su corazón. Pues bien. Candy defendería la empresa de su padre. Candy sabía que Terry podría descubrirla, era un riesgo que tenía que tomar
Dios no lo quiera
De cualquier manera Candy ya había tomado su decisión, se iba a arriesgar, Candy no podía permitir que la empresa de su padre quedará destruida.
—Avisa en la mansión de mi padre en Nueva York por favor; necesito que estén preparados para cuando llegue.
—¿Usaremos el auto? –Preguntó su asistente personal.
—No. Llama el helicóptero. No tengo ganas para un viaje largo.
-- ¿Entonces lo harás? -- Pregunto William a su hija.
--Si padre, al menos que tú me digas que no. William río con ganas.
-- Es la empresa que hice con mucho cariño . Hija tienes todo mi apoyo.
--Gracias padre, prometo volver mañana mismo .
-- No te preocupes por mi, ve y demuestra quién es Candice Andley. Déjalos impresionados.
--Te amo, padre. Lo sabes, ¿verdad?
--Si pero me gusta oirlo.
Sin poder contenerse Candy abrazo a su padre.
Candy entró con paso firme en la sala de juntas. Había decidido llevar una bonita blusa color rosa palido y una falda negra ajustada que le llegaba a la rodilla. Sus tacones resonaron en el azulejo negro, y cuando miró uno a uno a los miembros de la mesa directiva, no parecía ya la joven que en un tiempo se dejó intimidar por aquellas personas. Había sufrido muchos horrores ya como para permitir que ahora lo consiguieran. Sin embargo nadie la reconoció. Candy, no solo cambio su nombre, Ahora era una dama echa y derecha, con unas belleza inigualable.
En algún momento de la reunión Candy había tomado la palabra, y había explicado a todos su plan a seguir. Habría que hacer ajustes y dolorosos recortes, inyecciones de dinero en ciertas áreas y mayor producción en otras. Ella personalmente se encargaría de las gestiones más complicadas y allí mismo en la reunión empezó a delegar funciones. Todo parecía milimétricamente estudiado. Ella sabía era brillante, y antes habían tenido oportunidad de oírla hablar de sus planes, de sus proyectos a futuro. Sí. Sabía que era brillante, pero hasta ahora lo demostraba. Con sus palabras, que no estaban impregnadas de ninguna insulsa retórica, sino que iban al grano, exponía las cosas tal como eran, y así había conseguido dejar en el corazón de todos los presentes un rayo de esperanza: en menos de un año, la Empresa Andley se recuperaría. Cuando la reunión concluyó. Anthony estaba sorprendido. Candy tenía que explicarle su plan y lo necesitaba de su lado.
El grito de la mesa directiva no se hizo esperar. Terry estaba furioso...
Continuara...
