CAPÍTULO 15.
Anthony estaba impresionado, tenía que reconocer que Candy era otra mujer. Le había planteado todo sin chistear. Anthony no puede dejar de pensar en Candy. Bueno hasta que una visita le interrumpió sus pensamientos.
Terry había llegado a la empresa Andley cuando se enteró que Candice estaba allí, pero solo se encontró a Anthony. Él muy chulo se atrevió a decirle que no la buscara. Terry tuvo que controlarse para no partirle su bonita cara en dos. Los siguientes días habían sido peor. Había intentado contactar a Candice pero nada.
¿A qué mierda estás jugando, Candy?
Era un día hermoso lleno de luz de sol, y viento fresco. Candy se sentía deseosa de hacer algo diferente, algo que le pusiera la piel chinita. Una idea le cruzo por la cabeza, y entró al dormitorio de su padre para despertarlo a las seis de la mañana, William se hizo el niño. No le apetecía madrugar pero, al final, ante la insistencia de su hija, que literalmente lo tiró de la cama, claudicó. Cuando salieron de casa, William observó sorprendido que él automóvil de su hija los esperaba listo para salir. Cuando se montó en él, preguntó:
—¿Puedes decirme de una santa vez adónde vamos a estas horas?
Candy sonreía divertida, le guiñó un ojo, y respondió:
—A cumplir uno de tus deseos.
Después de tres horas Llegaron a: El Puente Navajo ubicado cerca del Borde Norte del Gran Cañón Arizona. El sitio proporciona un salto de aproximadamente 470 pies de altura. Arizona permite el puenting desde puentes en todo el estado, pero el puente Navajo es una de las caídas más memorables; por su paisaje anaranjado que lo rodea.
Al bajar del coche junto a un puente, William miró a Candy con los ojos como platos. Candy sonriente señaló a un grupo de gente.
—¡Aquí estamos! — Dice Candy divertida. William miró al grupo que había al fondo y, volviendo para clavar los ojos enormes en Candy, William quiere estar equivocado, así que pronunció;
—¿Que hacemos aquí?
—Puenting — Dice Candy simplemente.
—¿Vamos a hacer puenting? Al verse incluida en el paquete, Candy se apresuró a aclarar:
—No, no. No te equivoques, padre, que no es así. Aquí el que quería hacer algo extremo eras tú. William se pasó la mano por el poco pelo, mientras se apoyaba en el coche, murmuró temblando:
—Seras monito, pero creo que me estoy mareando. El monitor encargado se acercó para prepararlos.
Tanto William como Candy estaban pálidos. El monitor los observaba divertido y, como estaba dispuesto a que perdieran el miedo, propuso:
—Miren, ¿qué tal si me pongo el arnés y me tiro yo?
—¿Tú? —preguntó Candy mirándolo con ojos como platos. Él monitor asintió.
—No es el primer salto —indicó —, ya lo he hecho otras veces. Sorprendida Candy iba a decir algo cuando éste, la provocó:
—Vamos, chica bonita no seas niñita. Sin soltarse del brazo, Candy y William vieron cómo el monitor, ayudado por otro monitor, se colocaba el arnés. La seguridad era primordial. William miró a Candy y murmuró:
—Tengo los nervios en mi garganta. Candy sonrió. Ella no estaba mejor.
—¿Estás seguro? —le preguntó Candy al chico.
—Sí.
Candy miró hacia abajo. Era un loco
—Ojitos bonitos y verdes, en ocasiones, para disfrutar de la vida hay que arriesgarse. Y, con un movimiento rápido, le dio un fugaz guiñó, que la sorprendió. Acto seguido, soltándose de la barandilla, se dejó caer al vacío con una sonrisa.
¡Candy y William chillaron horrorizados! Mientras seguían con la mirada al chico caer al vacío, entre gritos cargados de pura y dura adrenalina.
La caída era impresionante, y sólo dejaron de chillar cuando vieron cómo la cuerda lo frenaba.. Media hora después, el monitor volvía a estar a su lado con la adrenalina por todo lo alto a causa del salto, y William murmuró:
— ¡Soy un cobarde! Sin duda no tengo el valor.
Candy sonrió y, dispuesta a que él cumpliera su deseo, tomó aire y dijo:
—¿Y si nos tiramos los dos ? William la miró. Si Candy era capaz de hacerlo por él, ¿por qué él no lo iba a hacer por ella? Y, tras mirarse durante unos segundos a los ojos y entenderse sin decirlo con palabras, William afirmó sonriendo:
—De acuerdo, ¡hagámoslo!
Entre varios monitores les colocaron los arneses. Candy miró entonces, que ayudaban a engancharla, y murmuró:
—Voy a vomitar..., creo que voy a vomitar.
—Tranquila. Dice el monitor.
—Ay, Dios mío. ¿Por qué habré abierto la boca?
—Te aseguro que, una vez estés volando, lo vas a disfrutar. Créeme —le ánimo el monitor. Candy suspiró. Lo dudaba mucho pero, mientras miraba a su padre, que como ella estaba empezando a arrepentirse, sonrió para infundirle valor.
—Padre —lo animó—, ¡hoy tú y yo hacemos historia! William resopló.
—Mientras no sea porque nos reunimos en el cielo, ¡no vamos mal!
Todos sonrieron al oírlo. Minutos después, cuando llegó el instante de colgarse por fuera del puente, tanto Candy como William dijeron de todo. La sensación de que se iban a matar era tremenda, y Candy, observando a su padre, le reprochó:
—Padre ya puedes quererme. Mira lo que voy a hacer por ti. William sonrió asustado, pero decidído dijo:
—A la de tres. Una..., dos... y tres.
Candy y William saltaron hacia adelante para alejarse del puente mientras caían al vacío entre gritos y la adrenalina al máximo.
Aunque los únicos gritos que se escuchaban eran los de Candy .
El tiempo se hizo infinitamente corto, Candy y William estaban boca abajo de los arneses riendo. Minutos después, una vez subieron con una embarcación, ambos se abrazaron emocionados.
—¡Eso estuvo genial! —grita Candy.
—¡No puedo creer que lo hiciéramos! —murmuró William, temblando todavía.
—¡Claro que lo has hecho, y yo también! William comenzó a reír sin poder creérselo. —¿Lo repetimos? —preguntó Candy enloquecida. William soltó una carcajada, pero mirándola respondió:
—Yo no, pequeña monito. Con una vez he tenido más que suficiente, pero si tú quieres, ¡adelante!
Horas después, cuando Candy hubo saltado un par de veces más regresaron a casa. Una vez allí, William se tiró directamente en el sofá agotado y Candy se fue a su dormitorio.
Neil Legan, prometió vengarse, y su querida hermana le dio el arma mortal, para tres tiros de un solo disparo.
— Está usted seguro que la señorita Candice Andley quiere hacer esto.
— La señorita Candice no quisiera llegar a esto, pero la situación es preocupante, y Terrence GrandChester tiene que detenerse de algún modo.
—Bien, entonces nos vamos con todo esto. y a primera hora aremos la visita a los abogados del señor GrandChester.
Neil sonrió satisfecho.
Los abogados llegaron a la mañana siguiente al ático que Terry tiene en Nueva York con la hermosa noticia: Que Candice Andley publicaría en todos los diarios que su esposo, había sido culpable de la caída de Andley Inc. Con pruebas conseguidas por la misma Candice. Si esa información caía en manos de la prensa tal como ella amenazaba, la reputación de Terry, se vería afectada. Además que también lo demandaría por daños y perjuicios, y lo peor por Adulterio; Pero como si no fuera poco. ¡la maldita arpía le dijo a sus abogados que Terrence GrandChester la habia forzado a un matrimonio!
¿Que tenía esa cabezona en el cerebro? Piedras,
Terry tenía que reconocerlo, había sido un golpe certero en todo ese juego de guerra que estaban jugando entre los dos. La Andley Inc, había golpeado en su reputación, Y ahora él tendría que retirarse. Candy había dado jaque mate. Dio la orden inmediata de pararlo todo, tal como Jefferson había predicho que haría, pero a su vez, empezó a buscar la manera de contraatacar.
Pero pasaron los días y Terry no sabía qué hacer. Candy, como Candice, había llevado una vida tranquila, allí no podría indagar. Antes de conocerlo, su maldita esposa —se había manejado muy bien, y no había nada que los medios no supieran ya. Terry siempre lo supo. Terry sacudió la cabeza, no iba a darle la razón a su esposa. El único escándalo que podría servir para contraatacar en Candy; era que había dejado a Terry, pero eso le perjudicaba más a Terry, por qué ante la maldita sociedad, Terry salía con otra mujer, y eso Terry solito se lo había puesto, su intención era que Candy regresara, pero Terry había olvidado que Candy era harina de otro costal. La buena reputación de Terry estaba en boca de las malditas cacatúas.
Maldición
Sólo me quedaba un camino: ir hasta ella y obligarla a tragarse todo el veneno con el que estoy cargando desde el momento en que me había dejado.
A la mañana siguiente Candy salía de su casa para ir a su oficina, tenía mucho trabajo. Había dejado de asistir a la oficina, pero no le importaría dejar de ir si con eso su padre se pondría mejor. Ahora William estaba estable, pero nunca se sabía cuándo podría caer.
No. Dios no lo permitiera
A Terrence le dolía la cabeza y tenía un humor de perros cuando estuvo de vuelta, por segunda vez ese día en la suite presidencial del hotel donde se hospedo en cuanto llego a Arizona. Después de visitar a primera hora de la tarde la mansión de William. Terry iba buscando a Candy, pero maldición, Terry se había llevado una sorpresa. Su bonita esposa no estaba, las dos malditas veces. Así que no había sido capaz de enfrentarse a ella. Terry se preguntó, no por primera vez, si estaba Candy escondiéndose de él, y no quería verlo.
Me vale una mierda.
Por eso allí estaba de vuelta en la casa de William, vio que había un Mini Cupper plateado listo para salir.
Terry se prepara para salir del Audi negro, cuando observa a una belleza de mujer.
Vaya, vaya, todo el paquete incluído. ¿Quién será ese bombón?
La rubia tenía un cuerpo de diosa. Llevaba un pantalón negro ajustado regalando la vista de su trasero bonito grande y redondeado. Terry tenía que admitirlo que ese trasero era el mejor que había observado en una mujer.
¿Incluso mejor que el de Candy, Terry?
Ese es otro tema que no puedo responder en este momento.
Terry regresa su atención a la chica que con movimientos sensuales pasa su vehículo sin mirarlo para subirse en el carro plateado. Cuándo la chica giró lo primero que Terry pudo observar fue su escote y sin poder evitar lamió sus labios con un gemido. Pero...Sorpresa.
Cuándo sus ojos zafiros se fijaron en el rostro de la Rubia, a Terry se le salieron las cuencas de los ojos.
¿Candy?
No, ese bombón no puede ser mi esposa. mi esposa es más conservadora, mi esposa es tímida, esa no es por nada del mundo mi esposa.
Despierta Terry, y observa bien.
Joder. Tiene ojos verdes, y su mirada.
Es...
Candy...
No
¿Qué le paso a mi esposa?
Pero toda la admiración que había sentido se esfumó en un segundo cuando imagino todas las miradas masculinas que se posaban en su mujer.
Muy bien, Maldita bruja basta de hechizarme, y jugar a las escondidas.
Candy se quedó inmóvil. Un carro estaba bloqueando , impidiéndole la salida a su automóvil... Candy tiene un mal presentimiento, Candy sacude la cabeza. Seguramente alguien se estacionó sin darse cuenta que estaba obstruyendo la salida. Candy salió de su bonito automóvil. Al mismo tiempo, Candy se percató que del vehículo también, se bajaba el conductor, para ir a su encuentro.
Terrence, como salido de la nada, apareció de pronto allí bloqueándole su principal y única vía de escape. El pánico surcó el rostro de Candy e instintivamente dio un paso atrás. Observó el aspecto temible del hombre. Parecía...
No, no, no...
Candy intenta volver a subir a su coche
Pero antes de que tuviera la oportunidad de hacerlo, Terry ya había leído sus intenciones. Terry extendió la mano para tomarla del brazo y la empujó dentro del estacionamiento privado.
Una vez dentro, Terry empujó el cuerpo de su mujer contra la pared, con una mano sosteniéndole ambos brazos y la otra trataba de inmovilizarla: Terry no podía odiarla más en ese momento, estaba realmente furioso que no era capaz de pensar del daño que le estaba haciendo
—¿Estás huyendo otra vez de mí, querida esposa? Terry le preguntó con frialdad y lleno de furia.
Pero que sínico es este hombre. Como se atreve a venir y decirme esposa, cuando no estamos casados.
Candy no se atrevía a mirarlo a los ojos, así que simplemente apartó la vista, sabiendo que no podía permitirle que siguiera burlándose de ella . Terry no estaba satisfecho con esta evasión, y giró su rostro con brusquedad, de forma que los ojos de Candy se encontraron con los suyos.
Dioses, estaba más guapo de lo que recordaba, y su cabello castaño oscuro más largo que antes , como si hubiese pasado mucho tiempo, pero esa boca seguía siendo la misma de labios definidos y delgados, sus mismas cejas pobladas y oscuras, su misma nariz larga y afinada… cuando su mirada se encontró con la de él, y no pudo evitar que las pulsaciones de su corazón se acelerarán. Pero no vio nada en la profundidad de su Iris, estaba vacía. Todo lo que Candy vio en el pasado, en sus noches de galantería y palabras seductoras, la llama que se encendía. Todo había desaparecido.
—¿Qué pasa? ¿No quieres verme? Terry se acercó aún mas agresivamente a Candy, hasta que su rostro estuvo a tan solo un centímetro y su boca le rozaba sus labios. Su aroma no había cambiado, y Terry recordó todas las veces que se había perdido en su olor. Terry se dijo que debía mantener la calma y ser razonable, a pesar de llevar el último año odiando a esta mujer ahora mismo deseaba besarla. Probar ese manjar de dulce inocencia. Terry sacudió la Cabeza. ¿Cómo podría olvidar la manera en que esta zorra lo había abandonado?
Aunque tenía el nudo de emociones atorado en la garganta, Candy se volvió para mirarlo.
Terrence no tenía idea de lo mucho que ella podía pelear. Pese a que le estaba haciendo mucho daño, Candy logró separarlo, pero Terry ni siquiera se inmutó, simplemente retrocedió varios pasos porque el violento movimiento del cuerpo de la mujer para que la soltara ejercía una fuerza hacia atrás. Plantó ambos pies bien en el suelo y logró someter la endiablada resistencia que oponía la rubia de bonitas pecas.
—¿Qué es lo que quieres, Terry?
¿Qué quiero? Quiero odiarte, quiero borrarte de mi memoria...
Pero no le daría el placer de librarse tan fácil del volcán que lo consume cada noche deseando a esa maldita mujer.
Era más que deseo, era mucho más qué anhelo, un hambre, un dolor sordo y agudo que ni el paso de los días, ni los meses, ni la distancia que había puesto de por medio, habían logrado atenuar.
--Jugaste tu carta sin tener en cuenta quién soy yo y el poder que tengo. Andley Inc se hundirá tarde o temprano porque yo mismo me encargaré de que así sea!
—No estás hablando enserio. Es la empresa del hombre que me dio un hogar. Yo solo estoy luchando por lo justo. Eres tú quién esta llevando esto mas lejos. Desde un principio tenías todo calculado. Me quedo claro que lugar me diste, cuando tomaste lo que querías de mí.
—Pero no te confórmaste con saberlo solo tú, sino que tenías que jugar rudo, y pensaste que todos tenían que saber que Terrence GrandChester, pagó por una esposa.
—¿Que dices? Además no era eso lo que querías de mí.
—A la mierda con tu virginidad! –grita Terry silenciandola moviendo ampliamente los brazos demostrando así la ira que sentía—. A la mierda tus lágrimas y tus bonitos ojos suplicantes! Ahí tienes tu empresa, te devuelvo todo aquello que amas y por lo que sufres! Pero te aseguro que eso y nada será lo mismo –agregó, acercándose más a ella y señalándola con su dedo. Eres mi esposa te guste, o no.
—Ni siquiera ahora eres capaz de comprender las cosas... ¡Nosotros no estamos casados. Además tú... Corriste a lado de la mujer que amas, la mujer que buscaste por tres años, ¿Me vas a negar que me usaste por ella?... Candy apartó la vista, no quería verlo. Se hizo el silencio entre Ambos. Luego de un momento, Candy rompió el silencio y le dijo: —Deberías desaparecer, no quiero volver a verte en mi vida.
La ira que invade a Terry al escuchar a Candy podía cortar el aire. Candy sentía que asfixiaba.
—-Pues tienes mucha verdad, te usé para ver a Savanna. Pero no me diste la oportunidad de explicar.
—¿Que me ibas a explicar? Candy, nosotros no estamos juntos por amor, te utilicé para traer de vuelta a la mujer que amo—. Una lágrima amarga y amarilla que había estado guardada, y enterrada como el dolor de saberse usada por mucho tiempo, deslizó por la mejilla blanca de Candy—. Por favor Terry déjame tranquila. Olvídate de mí y de mi familia. Se feliz con Savanna.
— De verdad crees que puedes decirme lo que tengo que hacer?-- le pregunta Terry conteniéndose.
—Estás perdiendo el tiempo, Candy te voy a destruir, a ti y a toda tu familia. Escucha bien. Nadie se mete con Terrence GrandChester sin pagar las consecuencias. Quizás no debiste aparecer nunca querida esposa. Candy miró a Terry con los ojos ardiendo de ira. Sabía que Terry era capaz de hacer cualquier cosa para obtener lo que quería.
Candy quería que Terry se fuera. De todos modos, se dijo intentando levantarse a sí misma, él era un monstruo, un monstruo que atacaba y hería con palabras afiladas y venenosas, un monstruo que la usaba para luego tirarla… Un monstruo que no se parecía en nada al caballero andante que tantas veces la rescató en el pasado.
—Sin embargo tengo que admitir que estás más deseable— Siguió Terry —puedo ser indulgente contigo, si haces todo lo que quiero. Y lo que quiero es tenerte en mi cama gimiendo.
—Como te atreves... Terry no la dejo terminar.
—No te daré un trato diferente, por mucho que seas mi esposa. Ya sabes lo que quiero. Te estaré esperando esta noche. Terry le dio la llave de un cuarto de hotel, junto con un documento, después soltó a Candy con brusquedad. Terry le dio la espalda para irse, pero a diferencia de lo que pensó, Candy lo detuvo por el brazo para enfrentarlo.
—No eres el único que ha sufrido con todo esto. Terry río a carcajadas.
-- No te equivoques Candy, yo no estoy sufriendo por ti --Terry sonrió más--. Simplemente nunca pierdo.
Candy no quería que la viera llorar, pero no estaba preparada para semejante dolor, y las lágrimas comenzaron a brotar. Podía sentirlas abrasando sus mejillas.
Continuará...
