CAPÍTULO 21
Cuando Candy terminó de leer la carta, lágrimas descontroladas corrían por las mejillas al encontrarse sentada sola en aquel lugar y ver el hueco vacío que había a su lado y que la última vez había ocupado su padre..
Pensar en William, en su ausencia, le dolía, le rompía el corazón. Su falta era inaguantable, lo necesitaba a su lado, lo quería a su lado. De pronto, una ráfaga de aire le mesó el pelo, le hizo cerrar los ojos y, al abrirlos, vio a William mirándola, y luego vio a Terry. Sin duda la vida, igual que le quitaba unos amores, le entregaba otros y, al bajar la mirada y ver la carta que tenía en las manos, supo que William tenía razón. Debía dejar de llorar, por él, por ella, por todos. Lo echaría de menos el resto de su existencia, y siempre, siempre lo querría, pero como él le había dicho en muchas ocasiones, la vida era para vivirla, para disfrutarla, y ella, sin lugar a dudas, intentaría vivirla por los dos. Por ello, retirándose un mechón rubio de la cara, se acercó aquella carta a los labios y la besó. Se habían acabado los lloros. Y, dispuesta a cumplir la última voluntad de su padre, cerró los ojos, pensó en él y, entonces, gracias a los recuerdos de William, Candy lo sintió a su lado... Candy sonrió como a William le gustaba.
Por eso iba a buscar esa sonrisa. Necesitaba su explicación. William, su padre comprendió a Terry, y si William lo hizo, era por qué había un motivo. Candy ya sabía del trato entre Elisa y Terry, Candy se había negado a recibir a Terry, hasta le había impedido la entrada con hombres de seguridad. No había querido verlo, pero ahora necesitaba saber quién era ella en su vida.
Candy ya había estacionado el automóvil, desde allí se podía ver el impresionante edificio donde está el lujoso lobby de Terry, allí también se habia llevado acabo su matrimonio. Aunque las circunstancias de Candy no eran como la de cualquier mujer casada, debía pensar en Terry, en lo traicionado, en lo engañado y abandonado que se sentiría por su culpa. Candy reconocía que no había actuado correctamente, si antes creyó que era lo mejor, ahora no estaba segura, Lo que no pondría en la balanza era el haber estado con William, de eso no dudaba, todo lo contrario les faltaron momentos. Su remordimiento era el mantenerse en las sombras, esconderse de Terry es lo que no se podía perdonar. Terry tendra que comprender que las circunstancias la orillaron actuar de esa manera. Candy todo el tiempo se había negado a saber de la vida que Terry llevaba, creía que mantenía una relación con Savanna, Candy se negó a ver revistas o programa de farándula, Dio por hecho que estarían juntos, ahora que sabía que no y eso era extraño. Tenía que saber, así como también saber la verdad sobre Elisa, antes de que esto se volviera un imposible, antes de que avanzara más tiempo. Talvez este encuentro tenga todas las características para volverse algo más, algo mucho más fuerte y extraordinario. Pero Candy se sentía como si iba a aplastar una pequeña flor que apenas estaba germinando. Una lágrima rodó por sus mejillas, y miró en dirección a lobby de Terry pensando en ir allí. No le había dado la oportunidad de oír su explicación.
Llevaba diez minutos o quizás treinta. Candy no estaba segura de como se iba a presentar.
Candy estaba nerviosa.
Bien, ya es suficiente. Pensaba Candy y comenzando a avanzar a pie, camino diez metros y ahora estaba frente a la entrafa principal. ¿Y ahora que?
Era la primera vez que se iba a presentar ante Terry. Candy tocó el botón del lobby de Terry. Ni siquiera tuvo tiempo de respirar cuando la respuesta vino a sus oídos.
—Buenas Tardes. ¿Usted dira?...
—Buscaba a... —Aquien, a mi esposo, a mi ex... —Terry. —Dijo Candy y sin evitarlo se ruborizó.
Por suerte nadie me vio.
—¿ Y, usted es?
—Can... Candy
—¿Candy? ¿La esposa del señor?
—Bueno... si. —Esposa... Vaya soy una mujer casada y no vivo con mi marido.
—Bienvenida señora, GrandChester. Pase porfavor está es su casa.
Candy frunció el ceño. Candy no había esperado un recibimiento tan espontáneo.
De pronto, Candy se siente Invadida por una emoción embriagadora, cuando cruza la puerta el ascensor y las puertas se cierran . Candy cierra los ojos. No recuerda haberse sentido nunca tan…plena. Por primera vez en mucho tiempo disfruta de un pedacito de felicidad y experimenta una intensa unión con ese paisaje acojedor que en cierto modo le recuerda a su hogar con William. Tiene la sensación de encajar en ese lugar. Se siente completa. Al volverse ve a Terry sorprendió, con las manos hundidas en los bolsillos del abrigo, observándola. El cabello lo lleva despeinado, las hebras oscuras destellan bajo la luz de las lámparas. Sus ojos están llenos de dicha, unos ojos en los que arde un verde azul intenso, abrasador. Es arrebatador. Candy siente el corazón henchido de emoción. A punto de estallar.
Lo ama.
Sí. Lo ama.
—Candy...
Dice Terry con verdadero placer. Jefferson tenía razón, si hay esperanza. Cuántas veces he soñado con ver sus ojos verdes, que son tan bonitos, lo tierno de su mirada.
La mirada que Terry sigue añorando, buscando en millones de rostros, La tierna mirada de ella, que ha sido su sueño de mil noches. Candy. Candy. Candy... Candy está en medio del recibidor. Es el centro de su atención. Terry quedo inmovilizado. Ése es el momento que tanto ha esperado. ¿Cuántas veces en Estados Unidos, hurgando en los recuerdos? apartando los pocos momentos.
Y ahora está Candy aquí, frente a él. Todo lo que era suyo, sólo suyo. Y repentinamente se ve corriendo a través de un laberinto hecho de momentos: su primer encuentro, el primer beso, la primera vez... Y en un instante Terry recuerda todo lo que nunca había podido decirle, todo lo que hubiera querido que supiera, la grandeza de su amor. Eso es lo que Terry hubiera querido mostrarle, lo que sentía por ella: un amor sin límites.
Aquí tienes, mi señora, ¿ves?, todo esto es tuyo. Sólo tuyo. Más allá del mar, del cielo, y de las estrellas. Más allá de la luna y de lo que se esconde. Es el amor que siento por por ti, solo para ti.
Terry la amaba por encima de todo aquello que no se puede ver, por encima de lo que no se puede conocer. Pero no había podido decir todas esas cosas bonitas, Terry la había alejado. No pudo decirle nada que Candy deseaba escuchar. ¿Y ahora? ¿Qué podría decirle ahora a una mujer distinta ?La mujer que tenía frente a él, ha conocido el desamor, la pérdida, el engaño y la mentira. ¿ Cómo sanar su corazón si el había hecho la herida?. Y entonces, una ráfaga de viento le sacude el cuerpo. Bastó ver su mirada para saber que si hay oportunidad, si Candy había ido hacía Terry, era por qué después de todo algo sentía por él.
Candy está embriagada. Exultante. Enamorada. El amor debería ser así. Dichoso. Pleno. Libre. La aceptación definitiva de lo que siente la invade con la misma fuerza del viento tonificante de un nuevo comienzo. Candy está enamorada de Terry. Todos esos sentimientos inarticulados emergen a la superficie y en el rostro de Terry se forma una sonrisa radiante, a la que ella responde con una más deslumbrante. Durante un segundo, Candy se atreve a albergar una mínima esperanza. ¿Puede que él también llegue a sentir lo mismo algún día? Se acerca, bailando en la melodía que solo dos enamorados conocen, y en un momento de descuido, Terry se abalanza sobre Candy y la rodea con los brazos cálidos .
—¡Gracias por estar aquí! —exclama.Terry, sin aliento. La separa, le sonríe complacido, estrechándola otra vez contra sí.
—No esperaba un encuentro tan...
—¡Lo será! —Dice Terry por qué de pronto, sentir su cuerpo pegado al suyo no era suficiente. Candy abre los ojos como platos se aparta y lo mira boquiabierta.
La desea. Todo de ella.
El corazón de Candy la-te con más fuerza, como una locomotora, el viento suave le susurra palabras al oído, llenas amor y de promesas. Nunca habia sentido algo parecido en toda su vida. El rostro de Candy esta lleno de una nueva emoción. Felicidad, paz, su hogar. El amor. Pero Candy necesita hablar y lo único que sale de sus labios es;
—Lo siento —susurra Candy.
Terry sacude la cabeza, incapaz de hablar, ni de mirarla. Tener a Candy es algo maravilloso. Terry siente que los ojos le pican.
Noto su presencia a mi lado, me toca el brazo. Es un gesto compasivo. Y mi perdición.
—Perdoname tú a mí —digo, forzando las palabras a través del nudo de la garganta—. Estas aquí, creí que te había perdido para siempre, y... Dios, hoy estas aquí.
Terry entierra la cara en el pelo de Candy, inspira su perfume. A partir de ese momento, Terry es incapaz de detener las lágrimas, que resbalan por sus mejillas.
Mierda.
Estoy feliz, Candy aquí. Ahora. Con ella me dejo llevar. Y sollozo entre sus brazos.
—Hay mucho que tenemos que hablar.
—Si, por supuesto, ven.
La tomo de la mano y nos apresuramos a subir los escalones que conducen a mi habitación. Noto su mano fría en la mía y lo que deseo es llevarla y hacerle el amor, pero antes tengo que saber si todo está bien. En qué términos está nuestra relación. Espero que se abra a mí y me lo cuente todo. Que pregunté todo lo que quiera saber.
—Estoy arrepentida de haberme ido sin decirte nada—murmura. Y sus palabras me arrancan todo el aire de los pulmones. Me dan ganas de atenazarla en mis brazos y no soltarla nunca más. No recuerdo quién fue la última persona que me ofreció una disculpa tan sincera.
—Candy... yo soy él único culpable. No supe saber lo que tenía a mi lado. Tuve que perderte para darme cuenta de que lo único que realmente quería eras tú.
— Creí que amabas a Sav... Terry la silencio colocó el dedo índice sobre sus suaves labios, y se maravillo con ellos.
—No voy a mentir por que mi comportamiento fue evidente, Pero estaba confundido,
Candy le dio una mirada acusadora,
— Estaba molesto, tú confección fue un puñetazo en mi orgullo. No confiabas en mi, apesar de que te pedí muchas veces que podías hacerlo. Candy comprendió, era verdad, Terry siempre le había hecho sentir confianza, pero ella había estado engañada, creyéndose sucia y insegura de ella misma.
— No era algo fácil de hablar para mí —Dijo Candy sinceramente. Y cuando descubrí que Neil me había mentido, fue... Dios, Terry tenía tantos sentimientos que no supe cómo manejarlos, no pensé que arruinaría el momento más importante entre nosotros, y cuando escuché a Jefferson decir que amabas a Savanna y que tenías mucho tiempo buscándola, pensé que yo solo era otra mujer que deseabas en tu cama. Tus insinuaciones, tus toques, todo en ti solo hablaba de deseo.
—Y te sigo deseando —Candy se puso tan roja y no supo si de furia o era timidez. —Savanna fue importante en su momento — Siguió Terry—, pero ya noo había amor, no de mi parte, lo entendí en cuanto la vi, entonces supe que con ella todo había terminado. Había querido regresar ese mismo día, pero Savanna de alguna manera me chantajeo— dijo que se iba a matar si la dejaba. Candy abrió los ojos, Definitivamente aquello no se lo esperaba. Matarse por qué un hombre no la amaba, es muy tonto.
—Entonces... supiste a si de pronto que sentías algo, ¿por mí? —Pregunto Candy incrédula — Terry, pagaste por una esposa.
— ¿Sabes cuánto costó aceptar lo que sentía por ti ? –Preguntó él fingiendo estar molesto—.
— ¿Cien millones de dólares por acostarme con una mujer que me odia?
—Yo… yo no te odio.
—Ah, no?
—No, a pesar de que no me lo has puesto bastante fácil –él se echó a reír, cerrando sus ojos.
—Sí, me he portado tan mal contigo que merezco que me odies. Candy había estado recostada en su pecho hasta el momento, pero al oír sus últimas palabras se separó de el. Al notar que ella se había alejado y quedado quieta, abrió sus ojos.
—Qué?
—Te estás disculpando conmigo?
—Ah… eso… sí. Me disculpo. Perdóname, por favor.
Candy sólo atinó a ponerle el revés de la mano sobre la frente, como si verificara su temperatura.
—No estoy enfermo.
—¿De veras te estás disculpando? ¿Me has dicho muchas cosas feas, sabes?
—Sí, y me disculpo. Por todas y cada una de esas palabras feas. Aunque en su momento creí que te las merecías.
—¿Y ahora ya no?
—Bueno… yo hubiera actuado igual. Y si después de todo estás aquí , cuando otra podría estar aprovechando para hacérmelo pagar . A Terry le encantó cuando, ver a Candy en vez de enfadarse, ella se echó a reír.
—Sí, debería estar haciendo eso, te lo mereces.
—Lo sé, —asintió. Te entiendo, pero lo que me dolió es que me ocultaras lo de William y vivieras eso tú sola.
—No era mi decisión, y nuestro inicio fue pésimo, después, todo sucedió rápido, empezamos caminando hacia atrás. Dijo Candy cambiando el tema, hablar de William todavía le lastimaba. Terry suspiro..
—Ahora lo se...
—Entonces.. Savanna... y tu, ¿no están juntos?
—No. Dijo contundente.
—¿Y, Elisa? Terry la miro espantado.
—¿Elisa? Dios mujer, ¿de dónde has pensado eso?
—Elisa me lo conto. Estoy furiosa contigo —él guardó silencio por un momento, al cabo del cual dijo:
—Vaya. Cuéntame. Puedo arreglarlo.
—Ese es el problema, que teniendo tanto tiempo para decirlo, tú preferiste callarlo.
—¿Qué hice?
—Saliste con Elisa —sonrió Candy con amargura—. Y me lo ocultaste—. Terry la miró lívido de asombro, pero no dejó de mirarla—. Tuve que enterarme a través de ella misma, y me mostró las fotografías de los dos.
—¿Qué fotografías?
—Unas donde estás con ella.
—¿Esas fotografías existen? Terry no sabía de esas fotografías.
—¿Por qué no me contaste, Terry?
—No… podía decirte que tenía otros planes. Pero lo de Elisa no es importante.
—¿No era importante? ¡Es con quién te alisté para destruir a mi padre!
—La relación no fue más que negocios y me arrepiento y te pido disculpas. De hecho, ¡no hubo tal relación! Sólo salimos una vez, y… ¿De verdad me estás reprochando algo del pasado?
— Lo que Importa y me molestar es que te uniste con Elisa, para hacer daño a mi familia, no se te ocurrió decir: "Vaya, mira, qué coincidencia. Una vez salí con ella".
—Detesto a Elisa. Todo lo que se relaciona con ella me fastidia. No quería…
—¡Pues debiste! ¡Debiste decírmelo!
—¿Y por eso estás molesta conmigo?
—¿Te parece poco? ¡Me ocultaste algo tan sucio! Pedías que confiara en ti, ¡y te callaste algo tan grave como esto! Necesito saber por qué te acercaste a los Andley, ¿cuál es ese motivo para querer destruir a mi familia?
Terry no pensaba permitir que Candy se fuera de su lado y se sincero.
—Neil Legan abuso sexualmente de una buena mujer, que se enamoro de sus mentiras hasta el punto de firmarle cualquier cosa que él pidiera. Y luego de dejarla sin nada, pensaba prostituirla como lo había hecho con otras mujeres.
—¿Qué? Grito Candy horrorizada.
—Ella. Pensó que si les decía a los Andley todo, podían ayudarla. No fue así. Lo que hicieron fue echarla a la calle sin nada, y amenazándola.
—No... no, no. No puedo creer eso.
—Es la verdad Candy. Mi error fue vergarme de todos los Andley, cuando solo había sido una persona, que sin saberlo había sido manipulada por el infeliz de Neil Legan.
—La tía Elroy —Dijo Candy meneando la cabeza, comprendiendo a Terry
—Cuando conocí a Elisa, y supe que era protegida de los Andley, mi gente tenia acciones con la Andley Inc, pero no dude que con Elisa daría el golpe final. No fue muy difícil para ella. Elisa es una loca descolocada, interesada, superficial y la mujer más materialista que jamás conocí. Ni siquiera hubo un beso. Nada. No fue nada, no fue nadie.
—Para ella no fue así.
—Porque está loca. Y te está enloqueciendo a ti.
—Oh, vaya. ¡Gracias! — Dice Candy von ironia—. ¿Y quien es la mujer que Neil... ?Candy no puede terminar por qué solo de pensarlo le trae malos recuerdos.
—No te lo puedo decir, por qué no me corresponde a mi, pero algún día saldrá a la luz. Candy, no quiero hablar de nadie más —Terry pidió desesperado por saber si Candy siente algo por él. —Desde que te vi por primera vez me sentí atraído por ti.
—¿En el Night Club? Pregunto Candy sorprendida, y alagada.
—No Candy el día que descubriste el engaño de Anthony.
—¿Que?
—Esa fue la primera vez que sin saber me habías cautivado.
—¿Pero como? Quiero decir...
— Casualidad, el destino, que importa Candy. Eres tú, solo tú. No hay nadie más. ¿Me crees, verdad?
Si le creo, y no puedo engañarme, Terry es el hombre que mi alma añoraba tener.
—Si, te creo. —Dice Candy y segura como nunca lo estuviera se acerca a Terry.
—Yo también sentí algo fuerte por ti, cuando te vi en la noche del Night Club. Cuando te apareciste como mi prometido, no me fue difícil aceptarlo. Aunque me mentía a mi misma y me negaba a aceptar lo que ya sentía.
Candy me besa el cuello. Me besa la barbilla. Y los labios otra vez. Y yo dejo que lo haga. Poco a poco, mi dolor empieza a remitir, y es el deseo el que ocupa su lugar. El deseo voraz que siento por ella. Llevo luchando contra mi corazón por ella desde el momento en que la vi corriendo en el pasillo de la Andley Inc. Desde ese momento Candy rompió todas mis defensas. Ha dejado al descubierto mi dolor. Mi necesidad. Mi hambre y mi sed de ella. Y soy incapaz de resistirme. A continuación, empieza a acariciarme la cara, anegada aún en lágrimas, y sus caricias envuelven todo mi cuerpo como un tornado. Estoy perdido. Perdido en su compasión, en su valor y en su inocencia. Estoy perdido en el tacto de sus manos. Mi cuerpo reacciona en consecuencia. Mierda. La deseo. La quiero ahora mismo. La he deseado siempre. Le inclino la cabeza hacia atrás y desplazo la mano para sujetarle la nuca, con los dedos enterrados aún en su pelo. Con la otra mano le rodeo la cintura y la atraigo hacia mí. Aumento la intensidad del beso, con labios cada vez más y más insistentes. Candy deja escapar un leve jadeo y aprovecho el momento para tantear su lengua con la punta de la mía. Sabe tan dulce como es toda ella, como la recordaba, Candy empieza a gemir. Un calor abrasador me incendia todo el cuerpo. Candy se aparta de mi pecho, interrumpiendo de golpe nuestro beso, y me mira con ojos atónitos y expresión aturdida. Mierda. ¿Esto qué es? Se ha quedado sin aliento, se ha ruborizado y tiene las pupilas dilatadas… Dios, qué rica está…No quiero soltarla.
—¿Estás bien? Una sonrisa tímida le desdibuja las comisuras de los labios de Candy que mueve la cabeza.
—¿Te ha besado alguien más ? La solaidea de imaginarlo me aprieta el estómago,borro no podría reprocharle nada.
—Solo tú. No sé qué decir a eso.
—Otra vez — Cabdy me implora, y no hace falta que me lo repita. Mi dolor es un recuerdo lejano. Estoy firmemente instalado en el presente con esta criatura preciosa, tan joven e inocente. Prongo los dedos en su pelo y le inclino la cabeza hacia atrás para que su boca esté de nuevo a la altura de la mía. La beso otra vez, tanteando y separándole los labios con la lengua, y ahora me encuentro con la punta de la suya. Lanzo un gemido salvaje y gutural, con una erección completa que tira de la tela de mis jeans. Candy desliza la mano por debajo de mi bíceps y se aferra a mi cuerpo mientras nuestras lenguas se exploran y se paladean mutuamente. Una y otra vez. Podría estar besándola todo el día. Y todos los días. Le deslizo la mano por la parte baja de la espalda hasta alcanzar su trasero perfecto. Oh, Dios… Apoyando la palma de la mano en su trasero, la empujo hacia mi eón.
Candy da un respingo y libera sus labios de nuestro beso, pero no me suelta. Respira con dificultad, con los ojos del color del bosque abiertos como platos y conmocionados.
Mierda.
La miro a los ojos, sosteniéndole la mirada asustada, y haciendo acopio de la última gota de autocontrol, le pregunto:
—¿Quieres que paremos?
—No —contesta rápidamente.
Joder, menos mal.
—¿Qué pasa? —pregunto. Niega con la cabeza.
—¿Es por esto? —pregunto, y empujo las caderas contra ella. Y vuelve a dar un respingo. —Sí, Candy. Te deseo. Candy separa los labios y su respiración es más rápida. —Quiero tocarte, besarte en todas partes —susurro—. Con las manos, con los dedos, con los labios y con la lengua. Su mirada se profundiza llena de deseo. —Y quiero que me toques —añado con voz ronca. Candy forma una o perfecta en sus labios silenciosos pero desplaza la mirada de mis ojos a mi boca y luego a mi pecho, y de nuevo a mis ojos.
—¿Voy demasiado rápido? —pregunto. Niega con la cabeza y hunde sus dedos en mi pelo y tira de él, atrayendo mis labios de nuevo sobre los suyos.
—Candy…—murmuro en la comisura de su boca mientras una oleada de placer me recorre toda la espalda hasta la entrepierna—. Eso es, mi amor. Quiero que me toques. —Anhelo ferozmente el contacto de sus manos. Me besa y, vacilante, se adentra con la lengua entre mis labios…y yo acepto gustoso todo cuanto quiera darme. Oh, preciosa… Nos besamos. Y seguimos besándonos hasta que creo estar a punto de estallar. Le rodeo la cintura estrecha y deslizo la mano en el interior, explorando la piel suave de su trasero. Se queda quieta un segundo y luego me agarra el pelo firmemente, tirando con fuerza, y me besa con apasionado ardor…ávida y enfebrecida.
Continuará... Saludos. JillValentine.x
