Lo sé. Sé que no tengo perdón por dejar esta historia botada por tanto tiempo (se esconde detrás de un muro de almohadas) pero en mi defensa diré que me he propuesto terminar (por fin) mis historias pendientes este año. Así que aquí dejo este capítulo que venía escribiendo desde hace mucho tiempo. Que lo disfruten.
Hetalia y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Himaruya-sama bla... bla… bla… Sólo los uso con fines de diversión bla... bla… bla… (Pero algún día serán míos muajaja) Mientras tanto ya saben. Y por supuesto tampoco me pertenecen las tablas de musa hetaliana créditos a su respectivo autor
*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*
Krieg und Liebe
Título: Hermano sobreprotector.
Claim: Ausswiss (AustriaxSuiza)
Prompt: #26 Paranoia
Suiza amaba mucho a su hermana y siempre trataba de protegerla. No dejaba que se acercara a extraños, ni a animales salvajes; le aconsejaba de que países debía cuidarse (mucho menos acercarse a ellos). Además de que debía tener un arma a mano para protegerse de ellos. Un arma nunca estaba de más y eso lo sabía Vash de sobra. No es que fuese una persona violenta, ni paranoica, ni nada por el estilo; pero conocía la clase de personas que había en el mundo y nunca dejaría que dañaran a su preciada hermana.
Por eso necesitaba encontrarla. La había buscado por todos lados y no lograba encontrarla. Era situación muy desesperante para él. Si algo le ocurría no se lo perdonaría jamás. Ya había ido a casa de Alemania, Italia, Inglaterra, prácticamente había recorrido toda Europa en su búsqueda e incluso había amenazado a Francia con su pistola por si la tenía secuestrada. Media hora después, gracias a la intervención de un pacífico canadiense quien le aseguro que el francés era inocente, pudo largarse de ahí sin saber el paradero de su hermana. Ya casi no quedaban opciones en el continente y Lily no tenía más conocidos fuera de Europa. Solo quedaba un lugar. Realmente no deseaba en lo absoluto ir ahí, pero todo fuera por el bien de ella. Si se enteraba de que el austriaco le había hecho algo, lo mataría con sus propias manos.
Suspiro resignado observando la puerta de la casa. No quería estar en ese lugar, no tenía ganas de ver al austriaco, pero su hermana era más importante. Un pequeño sacrificio que debía hacer para protegerla. Después un par de minutos más de indecisión, toco un par de veces. Se oyeron unos pasos acercándose y el sonido de la puerta siendo abierta, dejando ver la figura de una joven de cabellos castaños. Lo que causo un poco de incomodidad al rubio. Sabía muy bien que ella había estado casada con Austria, por lo cual no era raro que ambos se visitasen el uno al otro. Pero no pudo evitar sentir un retortijón en el estómago al pensar en ello.
—Oh, Vash —dijo la chica con una sonrisa, sacándolo de sus meditaciones—. No esperaba verte por aquí... ¿Vienes a hablar con Roderich?
—S-si..., no... —tartamudeó bajando la mirada. Por alguna razón no se sentía del todo cómodo hablando con Elizabeta. No tenía nada en contra de ella, pero no se podría decir que fuesen muy cercanos— En realidad, no vengo a verlo. Solo quería saber si han visto a Lily...
—¿Acaso no te dijo nada? — respondió la húngara sorprendida— Ella ha estado con nosotros desde la mañana.
De seguro ese era uno de los planes del austriaco. Pues él no permitiría que se aprovechase de su hermana. Apretó los puños con fuerza, entrando a la casa como un rayo, ignorando a la castaña. Dirigiéndose hacia donde se escuchaba el sonido de un piano, lo más probable es que ambos se encontrarán en la sala de música. Luego de su loca carrera, se detuvo delante de la puerta dónde provenía la música. Tomó el pomo, haciendo acopio de valor, abriéndola y entrando con rapidez. La melodía cesó, mientras un par de miradas se clavaban en él.
—Bruder... —exclamó su hermana, levantándose de su asiento, que se encontraba frente al piano del austriaco.
—¿Acaso no te han enseñado a pedir permiso antes de entrar? —dijo con tranquilidad Roderich, entrelazando sus manos y colocando su mentón sobre ellas, mirándolo con fijeza.
—A saber, qué cosas le harías a Lily si no hubiese llegado a tiempo —le espetó el suizo cruzándose de brazos, aproximándose amenazadoramente hacia él.
—Eso no es cierto, bruder —le explicó su hermana interponiéndose entre ellos— Solo vine a verlo para que me enseñara a tocar el piano. Era una sorpresa para ti...
El rostro del rubio se cubrió de carmín por el desconcierto y la ira. Le lanzó una mirada asesina al austriaco. Había quedado como un idiota.
—Por favor Elizabeta —se dirigió el castaño, a la chica que estaba de pie en el marco de la puerta—, lleva a Lily a la cocina para que puedan comer un poco de pastel mientras hablo con Vash. Y no olvides cerrar la puerta.
Luego de unos instantes, que al suizo le parecieron siglos, ambas jóvenes salieron del lugar. Los dos se observaron en silencio, por un par de minutos hasta que el rubio desvió su vista, incapaz de seguir con ese duelo de miradas.
—¿Y bien? —retomó la palabra el austriaco— ¿No piensas decir nada más?
—Ni pienses que me disculpare contigo —susurró el suizo, apretando sus puños.
—Me imaginaba que dirías eso —continúo hablando Austria, poniéndose de pie y caminando hasta quedar frente a la nación helvética—. Deberías dejar de ser tan sobreprotector con ella. Sabes muy bien que no podrás protegerla por siempre. Si sigues así no dejaras que sea capaz de valerse por sí misma... Estoy seguro de que Lily es bastante inteligente como para darse cuenta de los peligros que la rodean y como enfrentarse a ellos.
—¿Crees que no lo sé? —gritó el rubio, fuera de sí, enfrentando sus orbes esmeraldas contra los castaños— Se perfectamente que ella puede defenderse sola. Pero... solo no quiero que salga herida.
—¿Sabes que es imposible que puedas evitarlo? Tal vez ella sea herida alguna vez, pero eso no significa que no pueda sobreponerse a ello.
—Tú no entiendes nada... No sabes lo que es ser herido, ser usado y luego desechado sin más. Confiar en alguien más y que este te dé la espalda...
—¿Lo dices por experiencia propia? —dijo el austriaco intentando aparentar calma. Sabía perfectamente que estaba tocando un punto sensible para el suizo, pero era algo que por mucho tiempo habían evitado hablar. Y algún día debían aclarar las cosas. Por toda respuesta recibió un puñetazo estrellándose en su mejilla derecha.
—Agradece que no traje mi escopeta conmigo —le recalcó Vash respirando agitadamente, apretando sus nudillos con fuerza hasta casi hacerlos sangrar.
—No me esperaba eso —reconoció Roderich, llevando su mano a su mejilla, al parecer no le había roto nada.
—¡Tú! Eres un maldito manipulador... —le gritó el rubio hecho una furia— Nunca pudiste defenderte por ti mismo, siempre tuve que ayudarte cuando eras derrotado por Hungría. Pero cuando viste que ya era necesario para ti, me dejaste sin más. Y te fuiste a buscar a alguien más fuerte que te defendiera. Eres un...
Sin embargo, no pudo decir más al sentir los labios contrarios sobre los suyos. El austriaco aprovecho ese momento de confusión para rodear con sus brazos al más bajo, atrayendo su cuerpo hacia sí, profundizando el beso. A pesar de la resistencia de Suiza, quien trataba con desesperación de apartarlo, continúo besándolo mientras acariciaba su espalda. Recorrió con su mano su columna hasta llegar a su nuca, provocándole un escalofrío al rubio, quien ponía cada vez menos resistencia. Pasados un par de minutos, se separaron levemente por la falta de aire. Pero estaba vez fue Vash quien ataco sus labios con fiereza, tomándolo del cuello de su camisa, para acortar la distancia entre los dos. Devorando sus labios con frenesí.
Después de un rato, fue el mismo suizo quien rompió el contacto apartándose del castaño.
—Eso es lo pienso —declaró Roderich con una sonrisa, observando el rostro sonrojado del helvético, quién trataba de esconderlo tras su brazo—. No me importa lo que haya sucedido en el pasado.
—Idiota… —lo insultó el rubio, dándose la vuelta y saliendo lo más de prisa que podía.
