La solitaria/El solitario

Hola a todos, veo que el fic ha sido de su agrado. Sé que tienen muchas preguntas, pero me temo que estas preguntas serán respondidas a lo largo del fic, no las tendrán todas de corrido. Por lo tanto, sería interesante ver qué es lo que teorizan al respecto. Igualmente quería pedir mis disculpas por mi ausencia en el Fandom, pero digamos que he tenido problemas familiares que me han impedido tener el tiempo para poder estar ahí con ustedes; sin embargo, tengo la ironía del uso de aquel tiempo para escribir esto y poder publicarlo, a escondidas de mi padre. En fin, espero que disfruten la siguiente parte, la cual relatará la vida de Lily Loud en este nuevo mundo y la introducción de un nuevo personaje que pocos conocen. Cris, estoy seguro de que sabrás quien es al instante, sin más dilación, los dejo con una palabras de su personaje "favorito".

Podemos pensar que todo en la vida tiene un propósito o que las personas hacen ciertas actividades o realizan experimentos con fines específicos. Podemos incluso pensar que lo que existe beneficia a alguien más, pensamos que todo tiene una utilidad y que todo debe tener algo por lo cual ser… sin embargo, somos nosotros mismos quienes marcamos lo que en verdad queremos ser y el propósito que tendrá nuestra vida, somos nosotros quienes decidimos aferrarnos a un destino impuesto o a un destino escrito por nosotros mismos; aunque a veces no podemos hacer ni uno ni el otro, sobretodo cuando eres consciente, finalmente, de que alguien más ya se ha encargado de hacerte la vida y haberte dado un propósito, el cual no deseabas. Por otro lado, puede existir una forma: dales lo que ellos creen que pueden querer y necesitar, y verás cuán agradecidos estarán. Sólo dales por su lado y guíalos a donde quieres llevarles. Sin darse cuenta, habrán querido y aceptado el propósito dado y estarán sirviéndote fielmente. Funciona con todos por igual, incluso funcionó conmigo, por eso quise saber si yo podía tener las mismas posibilidades de realizar lo mismo y, heme aquí, donde la nada y el todo convive en un solo lugar, donde la fantasía y la ficción cobra vida, donde la vida y la muerte son inherentes la una con la otra, donde puedo ser yo mismo, donde puedo concebir mi propósito. He aquí, una más de aquellas de mis cosas.


Música de fondo:https/youtu.be/vdhmKdRts98

El sol salía por el horizonte, iluminando los colores grises que residían sobre el desolado paisaje que presentaba el pueblo de Royal Woods. El aire estaba contento, los restos de aquella hoja lo seguían acompañando y eso le hacía sentir a gusto, pues a pesar de todo, esos restos que eran un símbolo único eran mejor que la nada misma. Tomando una dirección concreta, los restos de aquella hoja parecieron llenarse de curiosidad, pues algo le hacía sentir que su simbolismo podría carecer de valor ante algo que llamó su atención. En un idioma que sólo la naturaleza puede entender consigo misma, le pidió al viento que lo llevara ante aquella sensación. Juntos llegaron a una de las casas, las cuales estaban adornadas de polvo y de ceniza, con un toque de nostalgia, puesto que en ellas, tanto el viento como la "hoja", podían percibir aquella sensación tan lejana y a la vez tan cercana; la nostalgia de la vida y de las risas, con ellas dando paso a lo que antes era alegría y felicidad.

Se asomaron por la ventana, pero fueron cegados por los rayos del sol que les impedía echar un simple vistazo. De esa forma, la luz fue quien pudo ver primero a tan linda y adorable criatura despertarse entre la suciedad y la soledad. Comenzó a llorar, pues tenía hambre y esperaba a que alguien le atendiera; sin embargo, nadie acudió a su llamado y lo único que pudo ver a su lado fue al osito.

El oso de peluche era único: su pelaje era de color negro, realmente oscuro, pero sus ojos eran brillantes, algo pequeños para darle al juguete un toque de ternura; tenía una sonrisa realmente adorable, estaba hecha a partir de dos curvas que tenían origen debajo de su nariz, la cual resaltaba en la punta de aquel hocico ovalado de pequeño tamaño y, sólo para regalarle al peluche algo de elegancia, traía puesto un corbatín de color rojo en su cuello.

El muñeco parecía regalarle una mirada llena de compasión y felicidad, transmitiéndole a la bebé algo de calma y de paz. De pronto, el peluche se inclinó, cayéndose. La chiquilla observó al objeto con ojos llorosos, se había cansado de llorar y su garganta estaba exhausta de tanto gritar: «Mamá». A pesar de ello, seguía soltando pequeños gemidos de tristeza y de aflicción, sentía que en la casa no había nadie más, se sentía sola y ese sentimiento se cernió sobre su corazón. ¿Qué podría hacer una simple bebé, cuya dependencia era casi absoluta? ¡Pobre ser de inocencia! ¡Atrapada en un mundo vacío y decrépito! Se acercó al oso para abrazarlo y sentir algo de calidez, y al hacerlo, una mamila llena de leche de fórmula se le presentó.

El osito entonces se expresó, pues al abrazarle la rubia la pancita le oprimió, «Barriga llena, corazón contento». La bebé entendió lo que dijo y esbozó una ligera sonrisa. Tomó la mamila y comenzó a beber y sentía como la leche calmaba el dolor que le ocasionaron los gritos y también pudo relajarse un poco más. Luego de unos minutos, terminó de tomarse la leche, dejando el recipiente vacío.

La mente de la pequeña no estaba tan desarrollado como para pensar cosas tan contundentes, ¡tenía sólo 2 años! De verdad que la situación era realmente deprimente para la pequeña, pero… su pobre concepción sobre todas las cosas le impedía ver la gravedad del asunto. Ella sólo podía pensar en jugar, en comer, en hacer sus necesidades, y en dormir. Así era la vida diaria de la pequeña, aunque ahora se encontraba sola. Nadie jugaría con ella, nadie la atendería y nadie le daría cobijo; nadie le desearía las buenas noches, nadie le leería cuentos, nadie le daría de comer y nadie la cargaría mientras la llevaba a pasear. Tendría que acostumbrarse a su nueva vida, algo que ella no podía comprender aún, algo que estaba fuera de sus límites… sólo que había un pequeño y minúsculo detalle: ella no estaba sola del todo…

Lily se acercó a la orilla de su cuna y vio hacia el suelo, la distancia era algo larga, pero ella quería bajarse de ahí, ¡quería ver a su familia! Quería divertirse. Tomó el riesgo de querer aventarse. Afortunadamente, el oso se le adelantó y volvió a hablar.

«¡Pará subir y bajar, las escaleras es lo mejor para usar!»

La pequeña se destanteó un poco, y al voltear pudo ver que, efectivamente, unos peldaños de madera recientemente construidos se posaban a lado de su cuna. Encariñada con el peluche, decidió tomarlo con una mano y proceder a bajar de su cuna. Paso a paso, la pequeña fue bajando lentamente para no lastimarse, llegando al suelo finalmente. Gateando lentamente, fue tomando dirección hacia la puerta, la cual estaba entreabierta. Sin dificultad, salió de su habitación y se topó con que todas las puertas del pasillo estaban cerradas, no había ni una señal de movimiento… ni siquiera las mascotas podían ofrecer su inoportuna presencia. La pequeña sintió algo dentro de su ser, algo inexplicable. Un frío recorrió su cuerpo, dejándola con una gran sensación de vacío, un vacío que nadie podría ayudarle a llenar. Sin embargo, tomó al oso con sus dos manos y lo observó atentamente. El objeto no hacía nada, solamente tenía sus ojos puestos en ella, como si la observara con detenimiento. Extrañamente, un calor agradable emanó de él, envolviendo a la bebé en un cobijo familiar, un cobijo que ella creía que su madre sólo podría darle; un cobijo lleno de seguridad. Sonrió. Nuevamente observó su entorno, unas flechas con dirección a la planta baja la sorprendieron. Apenas podía distinguir lo que era una dirección, pero era lo suficientemente lista como para saber a donde ir; además de que la casa no era tan grande y tampoco tenía muchas opciones, las mismas flechas le impedían el paso a otras rutas. Yendo por el único camino posible, Lily se dirigía hacia las escaleras, aunque bajar sonaba algo peligroso. A pesar de ello, la bebé había vivido en aquella casa la mayor parte de su vida, aparte de que su familia era un caos cuando de atención se refería, además de también serlo literalmente. Se había encargado de sobrevivir por sí misma sin darse cuenta, por lo que bajar unas cuantas escaleras no sería ningún desafío. Aún así, las mismas estaban cubiertas de un material suave, algo que no reconoció porque no estaba allí antes, al menos, no recuerda eso en su diminuta memoria acerca del día de ayer.

El día de ayer… todo estaba todavía tan colorido, todo estaba tan enérgico. Su familia había paseado, se habían divertido en la plaza, fueron a comprar helados para todos. Llegada la tarde, fue cuando todo se tornó extraño. En su pobre memoria algo borrosa, podía ver a su familia alarmada. Su hermana mayor más próxima la miraba con seriedad.

«Todo estará bien», recordó.

Sin embargo, lo último que vio fue que su hermana la acostó en su cuna y le dio a su peluche… ahora que lo observaba, ese peluche no era el mismo que tenía. Ya lo había notado, pero no le importaba, porque incluso ese osito hablaba y el que le dio su hermana no lo hacía. Después de ser colocada en su cuna, escuchó el sonido estruendoso de algún tipo de viento acercándose ferozmente. Posteriormente, una linda canción de cuna salió a relucir, calmando a la pequeña y arrullándola para quedar profundamente dormida.

La incógnita acerca de su supervivencia estaba en el aire, pero esa era algo que poco le importaba a la pequeña, pues estaba viva y tampoco es como si ese tipo de preguntas se le vinieran a su cabeza. Al contrario, preguntas más relevantes como: «¿Dónde está mamá o papá? ¿Dónde están mis hermanas? ¿Dónde está Lincoln?»… esas eran las preguntas que ahogaban a la chiquilla.

«¡Mamá!», gritaba una vez más. Su semblante decayó otra vez cuando nadie vino.

Miró a ambos lados del pasillo, el cuarto más próximo era el de su hermano, bajaría a la planta baja después, no tenía prisa por irse.

«¡In-con!», se acercó a la puerta, pero estaba cerrada. Tocó la puerta con la palma de su mano. Repitió la acción más de una vez, pero nada. Le llamó cuatro veces más y ni siquiera un grillo fue capaz de responderle a la pequeña. Con las lágrimas queriéndose salir de sus lindos ojos por segunda vez en el día, el oso pareció haber reaccionado. Así que, de la planta de abajo, se accionó un tipo de bocina oculta.

«¡Hora de jugar!», por su tierna edad, no pudo evitar creer lo que había oído. Su madre le llamaba. Pensando que quizá era uno de esos días en los que sus hermanos por lo general no estaban, calmó su tristeza y procedió a bajar las escaleras; aunque un chillido la detuvo. El oso estaba acostado, regalándole esos ojos brillosos y tiernos una vez más. Lily sonrió y se acercó a él, cargándolo con sus brazos y llevándoselo con ella.

La suave seda cubrió los pies de la pequeña, algo que la dejó sonriente. Se atrevió a jugar incluso con sus manos, era tan suave que no podía dejar de tocarlo y eso le hacía sentir muy feliz. El peluche se limitaba a observar su sonrisa, se enfocó específicamente en la risilla que la bebé emitía al jugar con la suavidad que se presentaba en las escaleras.

La niña se olvidó por completo de todo en ese momento. Estaba muy entretenida con la nueva cobertura de las escaleras, lo mejor de todo, es que cada peldaño presentaba una textura diferente a la anterior, aunque todas eran suaves para ofrecer mayor seguridad a la pequeña. De esta manera, Lily pasó los siguientes 30 minutos apreciando cada uno de los escalones, hasta que por fin llegó a la planta baja donde una gran colección de juguetes le esperaba. Su mente le tendió la trampa de que todos esos juguetes se los debió comprar su madre o su padre y que estos mismos seguro se encontraban en la cocina. Igual, no importaba aquello. Los juguetes le cayeron de sorpresa y no iba a desaprovechar aquella oportunidad. Pelotitas de plástico, juguetes musicales, bloques de construcción, todo lo que un bebé puede imaginar estaba al alcance de sus manos. Incluso su nuevo amigo oso le hacía una excelente compañía, diciendo frases oportunas y divertidas que no hacían más que hacer reír a la bebé. Llegó un momento en que el cuerpo de la pequeña le exigió alimento. Se tocó la pancita con ambas manos y dirigió la vista hacia la cocina.

«¡Mamá! ¡O-mer!», pero nuevamente, nadie contestó. Su osito se cayó, llamando la atención de ella. Cargó a su osito y este no dijo nada esta vez. Lily llamaría a su mamá de nuevo, pero una serie de gomitas de oso se atravesaron en su campo de visión. Sonriendo ampliamente, fue tomando cada uno de los ositos de goma hasta llegar a la cocina. Dentro de allí, se encontraba uno de sus purés de fruta favoritos. Casualmente estaba abierto y un cuchara estaba a su lado. Gateando hasta el puré, tomó la cuchara y comenzó a degustar su comida.

Distracción, necesidad, distracción, necesidad, distracción, necesidad…

¿Sería fácil para esta bebé salir de aquella trampa? ¿Podría darse cuenta alguna vez de que su familia no estaba? ¿Podría incluso importarle sabiendo que ni siquiera ya los necesitaba para satisfacer sus necesidades y diversiones? Algunos dirían que sí, pero la mente maestra tenía bocinas en toda la casa. Algunas voces de sus familiares eran reproducidos para tentar a la pequeña a pensar que no estaba en lo absoluto sola. Incluso se atrevió a reproducir series de pasos andando sobre la casa, solamente para hacerle creer a la bebé de que siempre estaba alguien con ella. Podría decirse que era culpa de la coincidencia y el destino el que ella nunca se topara con ellos.

Hubo un momento de aquel día en que la rubiecita quería salir de la casa para buscar a una de sus hermanas, como Lana o Lynn, que usualmente son las que suelen pasar tiempo fuera. Sin embargo, había tablones de madera impidiendo el paso de las puertas y la parte donde las mascotas entraban había sido sellada totalmente. Por lo tanto, salir de aquella casa le resultaba imposible por ahora.

Y así, es como Lily Loud pasaba sus días y sus noches. Conforme a sus pañales, cada vez que tomaba la siesta y despertaba, simplemente tenía uno nuevo, caso que no le importaba mucho. Así mismo, como si se tratara de una broma de mal gusto en forma de simbolismo, la misma canción de cuna resonaba todas las noches. Pronto, el tiempo iría pasando rápidamente y la bebé dejaría de ser bebé. Se convertiría en una niña con muchos dotes y talentos, y no porque fuera algún tipo de herencia por sus hermanas y hermano, sino porque así sería adiestrada.


Cerca del poblado de Royal Woods, existía un bosque. El bosque había perdido todo su esplendor y los únicos colores que lo adornaban era la escala de grises. Los árboles estaban vacíos y el viento se burlaba de ellos paseando con los restos de una única hoja. Aquel viento había decidido dejar atrás la señal que su compañera le había dicho y optó por ir a los bosques. En ese idioma tan particular, los árboles se expresaban con suma tristeza y el viento danzaba entre ellos, rozando los restos de la hoja contra ellos. Mientras tanto, en los cielos, una parvada de cuervos estaba emigrando por la inminente explosión que se había desatado ya hacía tanto tiempo. Se habían comido todo lo que la ciudad anterior había proporcionado y ahora buscaban más. Curiosamente, cuatro de ellos abandonaron la migración y descendieron justamente donde el viento se divertía. Posándose en las ramas frágiles de la arboleda, los cuervos concentraron su vista en un punto particular. En esos momentos, los árboles le replicaron al viento, devolviéndole un golpe silencioso. La vida había retornado a ellos, aunque no fueran del todo una representación querida acerca de la vida. El viento, quejumbroso, simplemente se retiró de allí. Aunque, de último momento, hubo algo que le hizo dar la vuelta.

Las hojas sin vida que estaban en el suelo se habían levantado misteriosamente, algo extraño porque él era el viento y él no había sido la causa. Entonces, las hojas comenzaron a formar un tornado de las mismas, de pequeño tamaño. Girando y girando, las hojas iniciaban a despedazarse y el viento no desaprovechó ni la más mínima oportunidad para adentrarse al tornado y hurtar los restos de las demás hojas, pero no tantas, ya que no quería cargar demasiados amigos con él. Se alejó para contemplar que, sin darse cuenta, algo había emergido de entre las hojas rotas. Lo primero que notó sobresalir fue una mano, algo pálida, y, de ahí, un sombrero de aquellos de antaño. De pronto, se percató que aquello no era humano. Era un ser bastante alto, alcanzando casi una altura de dos metros. Tenía una postura bastante recta y firme, además de que su expresión denotaba la monotonía en su máxima expresión… eso debido a que carecía totalmente de un rostro. Muchos creían en aquel monstruo, incluso lo confundían con otro que tenía un aspecto similar a este, pero era completamente diferente. Se quitó el sombrero para limpiarlo, dando a denotar un cabello muy oscuro. Se lo volvió a colocar y miró hacia el frente. Entonces, se fijó en las hojas rotas, las cuales flotaban en el viento. Y, en un idioma que sólo la naturaleza puede entender, el ser se comunicó con el viento, preguntándose por qué cargaba a la muerte consigo. El viento, asombrado de su gran poder y gran entendimiento, le obtuvo un gran respeto. Sabía que aquellos capaces de comprender la naturaleza, es que eran parte de ella misma y ser de la naturaleza es símbolo de gran respeto y admiración, al igual que de peligro. Acercándosele cómo a un rey, el viento lo rodeó y se fue velozmente a la dirección de donde había recolectado los restos de su primera hoja. Así, el ser de misteriosa procedencia se puso en marcha hacia aquel lugar.

En su camino, pudo percatarse de que toda la arboleda carecía de vida, algo que en el fondo le desagradaba. Quizá una parte de él se sentía muy satisfecho, pero otra se sentía lastimado. Se detuvo un momento y colocó la palma de su mano sobre el tronco. Recargó su frente y escuchó un leve crujido provenir desde adentro. El árbol clamaba por algo de piedad, estaba realmente enfermo. Muerte, decía, ¡muerte! Mas el ser fue, extrañamente, compasivo. Un aura verdosa emanó de su mano y el árbol recobró su esencia misma. El ser se apartó y su cara carente de rostro se quedó frente a él.

«…», el silencio habló por sí sólo. El árbol quedó atónito ante lo que le fue revelado y, este, se sumió en la gratitud. Sabiendo que una tarea importante se le fue encomendada, le regaló una manzana.

La manzana era hermosa y brillaba una tonalidad roja bastante reluciente, en verdad era un fruto digno para quien se le fue otorgada; sin embargo, el ser la rechazó, pues este comprendió algo de aquel fruto. Colocó su regalo debajo de la sombra del árbol.

«…»

El árbol movió sus hojas en modo de incomprensión. El ser le había dicho que, ciertamente, aquel fruto era hermoso, sino que perfecto; justo por ello la regresó. Nadie más que uno merece la adoración de la perfección y el ser no quería sufrir las consecuencias. Aún así, le fue agradecido con lo que el árbol trató de darle. Sin embargo, hubo algo en este último que notó dentro de quien le había salvado. Entonces, en vez de darle una manzana, decidió darle una ardilla que moraba allí hace tiempo. La pequeña se acercó temerosa al ser, pero nuevamente decidió rechazar su presente diciéndole que le era mejor estar solo, porque el camino que el llevaba era sumamente peligroso y le era injusto ver la muerte en un ser tan inocente… aunque dentro suyo quería ver al pequeño roedor siendo destruido por las manos de la incertidumbre y el terror mismo que se desembocaría en el futuro por su causa.

El viento, al ver que el ser demoraba mucho, regresó. Una gran sensación de envidia lo invadió al ver que el árbol estaba con vida, pues ahora entendía que esa muestra significaba algo. Confundido y lleno de cólera, el viento le exigió una explicación al ser, pero este quedó en el silencio; no hizo más que extender su mano hacia el árbol, diciendo "ahora ambos son símbolos de lo que reside en esta tierra y serán opuestos entre sí". Resentido, el viento decidió dejar al ser en la deriva, simplemente abandonándolo; aunque, de cierto está dicho, que una fuerte rivalidad entre el viento y el árbol se vendría próximo y el primero estaría dispuesto a todo para derribarlo.

El árbol preguntó el nombre de su salvador y este le contestó, en un idioma únicamente comprensible para la naturaleza, que se llamaba: Zacarías. Así, el árbol le deseó un buen viaje y el ser sin rostro partió hacia donde su instinto le indicaba.

Pronto, salió del bosque y el pueblo se posó frente a sus ojos. Los cuatro cuervos que habían dejado atrás su parvada, se acercaron a Zacarías y lo observaban de cerca, como si esperaran órdenes de él. Sin embargo, no les dijo nada, sólo continuó su camino. Miraba de lado a lado, había muchos cadáveres, lo que se le hacía extraño era ver que estaban frescos. Se aproximó a uno de ellos y se agachó para inspeccionarlo. Era un policía de otro Estado, tal vez era fácil deducir que buscaban señales de vida en el pueblo o simplemente buscaban explicaciones de lo que había ocurrido, pero alguien o algo los había aniquilado instantáneamente. El ser se había percatado de esto último al ver que tenían las cabezas perforadas, aparentemente, por balas. Miró alrededor para ver si no había alguien apuntándole, pero nadie estaba cerca. Ignorando los cuerpos, decidió continuar su trayecto.

La escena era verdaderamente deprimente, incluso una de las casas se terminó por derrumbar. Habían pasado años desde la explosión que había fulminado toda la vida del Estado de Michigan. Las residencias tenían muy mala pinta y ninguna parecía poder mantenerse en pie por mucho más tiempo.

Zacarías no sentía nada, de hecho, las emociones que ha tenido solamente le son concedidas por su continua convivencia con la naturaleza. Desafortunadamente, no había mucho que ver en este poblado. Aunque, un sonido muy lejano dejó con una idea diferente al ser. Un piano, así es, las notas emitidas de este instrumento habían captado la atención de este ser… y eso no era todo: un sonido melodioso también era emitido desde la lejanía. Agudizó su oído para escuchar atentamente… ¿podría ser? Intrigado, tomó dirección a donde ambos sonidos eran producidos, aunque uno era más hermoso que el otro, lo que lo hacía sentir en éxtasis era escuchar que no estaba totalmente solo. Repentinamente, aquel sonido que era tan lejano fue comprendido por su oído, la majestuosidad que estaba oyendo no era más que una voz, una voz en aflicción y amargura; una voz que clamaba por ayuda y compañía. La voz tierna y dulce de una niña pequeña…

"¿Dónde están todos? ¿Dónde están?

¿Por qué me condenaron a vivir en soledad?

¿Qué hice yo para merecerlo?

Vivo dentro de un pueblo enfermo

Hace tiempo busco y no encuentro…

Frío con esperanza precaria

Así es como vive la solitaria"

El ser se enterneció de sus palabras y supo de inmediato qué era lo que tenía que hacer. Sabía bien por qué lo mandaron allí, esa era su promesa, ¡eso le prometieron y aquí está su tan preciado regalo! Zacarías entró dentro de una dimensión diferente para dirigirse con velocidad a la casa de aquella pequeña y lo que vio lo dejó aún más dolido.

Observaba por la ventana a una niña inocente de cabellos dorados, la cual tenía seis años. La pequeña tenía lágrimas escurriendo de sus adorables ojos y el ser comprendía totalmente su situación, al igual que ella, fue condenado a vivir en soledad por su misma familia, ya que su padre le había dictaminado que debía comprender la naturaleza humana para entonces cumplir con su propósito, mas Zacarías no solamente había podido comprender e incluso desarrollar dentro de sí los sentimientos y las emociones dentro de la naturaleza humana, sino que también consiguió hacerse uno con la naturaleza de todo mundo que pudiera conocerse, hablaba con lo inanimado y era capaz de entender lo que era inentendible para cualquier otro ser. Con el tiempo, su rostro sufrió las consecuencias; así es, Zacarías había nacido con un rostro, pero este mismo decidió desvanecerlo, pues carecía totalmente de una personalidad definida, pero al entender que su objetivo primordial era comprender la naturaleza humana y sus secretos más sombríos, fue que decidió quedarse así para siempre. Unas ligeras marcas se quedaron en la posición de sus ojos, su nariz y su boca, formándose una especie de cicatrices que parecían, más bien, arrugas.

Recobrando la atención por la niña, pudo notar que dejó de tocar el piano tan triste melodía. En frente de ella estaba un osito de pelaje oscuro, Zacarías se enfocó en este último y pudo percibir una esencia oscura dentro de él. El osito tenía un alma, pero fácilmente se percató de que la niña estaba completamente desinformada del asunto.


«Nocturne, ¿cuánto más debo seguir aquí adentro?», preguntó desconsolada mientras soltaba un leve suspiro. Oprimió la barriga de su compañero para que le respondiera.

«Salir afuera es adecuado cuando no haya frío desenfrenado»

«Dijiste eso la última vez, ¡¿cuánto más tengo que esperar?! Estoy cansada de este lugar», comentó con cierta furia, «Siempre me has tenido que decir lo que tengo que hacer: tareas, practicar con el piano, el violín o la guitarra, dibujar, modelar, ¡hasta me has obligado a reparar las tuberías cuando estas se atascaban! A penas tengo 6 años y me quieres hacer una niña multiusos sin razón aparente», se quejó mientras oprimía sus ojos con cierta frustración. Oprimió al oso para ver si decía algo, pero no se le haría de extrañar que no dijera nada, porque a veces su oso se quedaba callado. Sin embargo, esta vez fue diferente.

«Mañana saldrás, lo prometo… sólo te he querido proteger», esta frase destanteó a la pequeña. Mirando al oso con cierta confusión, decidió preguntarle algo.

«Nocturne, ¿me quieres?»

«Sí, te quiero mucho», confundida, se fue a sentar al sillón de su sala. No sabía del todo como funcionaba su oso de peluche, incluso desconocía su procedencia, pero no le importaba mucho porque era lo único que tenía. Aún así, no era tonta y pudo darse cuenta de que el oso estaba siendo más libre con ella.

«Nocturne, ¿por qué me contestas estas preguntas hasta ahora?», pero como si hubiese sido un código de voz, el oso nuevamente calló.

Angustiada, probó de nuevo haciendo otra pregunta, pero el oso de peluche se quedó en el silencio nuevamente. Suspiró, era rara la vez que el oso había contestado preguntas relevantes así mismo o la situación en la que ella vivía. Las únicas preguntas fuera de contexto que le respondió el oso fue cuando le preguntó su nombre y cuando le preguntó acerca por qué hacían tantas cosas, diciéndole que era para que se distrajera y olvidara, pero se preguntaba, ¿olvidar qué? Si tan sólo lo supiera. Incluso había indagado en la casa, con el paso de los años desconocía totalmente en donde estaba. No había indicio alguno que le indicara de quien era la casa o quienes residían en ella. Se atrevió incluso a revisar todos los cuartos del piso de arriba, pero no había nada que le dijera si siquiera vivía alguien allí. Lo único que podía deducir era que ella tenía familia, pero, ¿dónde estaba esa familia? ¿Quiénes eran? Pero cuando le preguntaba a su único amigo, este no le decía nada al respecto.

De esta forma, Lily Loud vivía en la soledad y su única fuente de alegría y compañía era su oso. Mientras tanto, Zacarías observaba todo desde afuera. Lleno de curiosidad, quiso investigar más a la niña, así que entró a una dimensión temporal para viajar unos años antes del presente actual.

Por otro lado, James vio como aquel ser se había desvanecido. Tenía una escopeta en su mano derecha, mientras que en su mano izquierda tenía un saco lleno de cuervos, los mismos cuervos que acompañaban a Zacarías. Se acomodó en la acera para esperar a que llegara la noche y saliera de la casa su preciado amigo oso. Así fue como pasó, un oso de gran tamaño había salido de la casa y se había acercado a su creador.

«¿Estás listo para mañana? Será un gran día», sonrió.

«Es lo que más odio de ti», contestó con cierto repudio.

«¿En serio? ¿Qué cosa?», sonrió burlón mientras le extendía los cuervos al oso.

«Actúas como si nadie aquí tuviera sentimientos, lo peor es que tú no sientes nada… no quiero verla mañana… en verdad no quiero», decayó su semblante.

«Ay, mi querido oso, ¿qué te digo?», rio burlonamente, «La vida es la muerte y la muerte es la vida»

El oso ya no quiso saber nada más de su creador y, arrebatándole los cuervos que cocinaría para comer al día siguiente, lo dejó.

«Mi hermano, el solitario, junto con esta niña, la solitaria… por fin tendré una gloria más y mientras esto sucede… oh, hermanito, tú tendrás otra hija.»