Manami
¡Duele!
Era todo lo que podía pensar en ese momento en aquella sala de hospital, el parto demandaba demasiado a mi cuerpo, a mi alma, a mi corazón; mi salud en ese último nunca fue muy buena, y siempre lo supe, pero aun así decidí seguir, por él y por ella.
La enfermera se encargaba de secar mí frente a cada momento, mientras los paramédicos se encargaban de la zona de parto. Mi corazón no sería capaz de soportar una cesárea, la pérdida de sangre y la medicina administrada sería demasiado para mi delicado cuerpo y este método tampoco era el más viable por el esfuerzo, pero quería mirar, quería sentir hasta el último momento antes de sumergirme en el sueño.
Pujé por última vez sintiendo como todo en mi quemaba y dolía, se aliviaba y volvía a doler; todo en menos de un minuto. El olor a desinfectante comenzaba a desesperarme y las luces no eran las mejores compañeras. Sin embargo, deseaba tanto que naciera.
Cuando era niña mi madre dijo que yo sería alguien que daría mi vida por otros, y así fue, durante toda mi vida e incluso al final de esta. Perdóname, Karma, te mentí, porque desde el momento de que cruce el consultorio del obstetra cuando me enteré de mi embarazo sabía que moriría, el doctor nunca me dijo nada ni me dio hechos o pruebas, era solo un pequeño presentimiento que tenía y que ahora, junto a todo este dolor, sé que se cumplirá. Aunque, desearía que estuvieras aquí, pero no puedes, no te dejaron.
Sigo en labor de parto por dos horas hasta que sentí como el aire abandonó mis pulmones y un pequeño llanto cubrió la sala, era débil, pero lleno de decisión, parece que será obstinada, como su padre. El aire nunca vuelve, la maquina encargada de mi pulso da un chirrido escalofriante, ¿este es el final, no es así? Entre la niebla que comenzó a mis pulmones y todo poco a poco se desvanece dejándome escuchar como la m a nublar mí vista, alcance a ver a un hombre de ojos oscuros y cabello negro, vestía un uniforme de cirujano completamente negro, desde el cubre bocas hasta los guantes, al parecer soy la única que lo ve.
-- Manami -- me llama – tú tiempo en este mudo ha expirado. Sin embargo, haz hecho demasiado por la demás gente, y tu deseo es puro, sin avaricia. Lo que haré literalmente rompe todas las reglas del mundo, pero ¿Qué se le va a hacer? Solo puedo concederte 15 minutos más.
Habló, para después con su pie desconectar la máquina que emitía el chirrido, yo ya no tenía pulso, ni respiraba, pero seguía ahí, consiente. El extraño hombre saco de la nada un reloj de arena el cual volteó verticalmente para que la arena dejara de caer.
Al no notar el sonido de la máquina y ver que seguía despierta decidieron pasarme a mi bebé después de hacerle el chequeo rutinario, era hermosa y dormía como un tronco, al igual que Karma. No habían pasado ni cinco minutos para cuando estuve en mi habitación con mi bebé en brazos. La mire y acaricie su cabello azabache tan similar al mío, - aunque con un pequeño toque rojizo – y lloré mientras la abrazaba con todas las fuerzas que me quedaban.
-- Perdóname, perdóname por no poder verte crecer, por no poder estar contigo cuando más me necesites, cuando pidas por mamá. Perdóname, pequeña. Pero te prometo que siempre estaré aunque no me veas, contigo.
-- ¡MANAMI! – karma había llegado corriendo al dormitorio.
Sin perder el tiempo sequé mis lágrimas y extendí uno de mis brazos para que se acercara a nosotras, miré el reloj en la pared y noté como quedaban 7 minutos. Más que suficiente. Deje que nos abrazara y contemplara a la pequeña y al igual que yo acariciara su pelo.
-- Karma – después de unos momentos lo llamé -- ¿Sabes? Toda mi vida contigo fue maravillosa, incluso más de lo que soñé. Y estoy segura de que de ahora en adelante la vida de esta niña será igual de feliz e increíble.
Él me escuchaba con atención y su mirada reflejaba confusión y tal vez, miedo.
-- Karma, escúchame yo...
-- ¡No quiero!... no deseo... no puedes... -- El nunca alzó la voz, y esta sería la primer vez, ¿Pero cómo podría sentirme mal si también está llorando?
Lo abracé con mi brazo libre y lo oculté en mi regazo como a un niño.
-- Me iré Karma, así será. No resistiré mucho tiempo. Te amo Karma Akabane, y mucho. No te pediré que protejas a esta niña, porque sé que lo harás aún si no lo pido. Lo único que puedo pedirte es que seas feliz.
-- ¿Cómo podría si te irás?
-- Eres fuerte, pero también testarudo e infantil, necesitas que alguien te adore de la misma manera que tú adoras, porque así eres tú, alguien que lo da todo por una persona. Karma, encuentra a esa persona, aún si tardas meses u años, incluso décadas, encuentra a aquella persona que esté dispuesta a estar contigo de la manera que yo no pude. Prométemelo, te lo pido.
-- Quiero hacerlo, quisiera hacerlo, pero no creo que sea posible.
-- Que terco eres – me reí en voz baja – Por eso te amo.
Miré de nuevo a mi bebé, mi pequeña.
-- Eres como un sueño – dije mientras acariciaba su rostro con mi mejilla.
-- Mayu, si quieres.
-- Así que mi sueño*. Me encanta.
La pequeña al sentir nuestras caricias despertó dejándome ver por primera vez sus ojos dorados, tan brillantes y llenos de vida y esperanza, de amor.
Giré mi cabeza hacia la puerta donde se encontraba de nuevo aquel hombre de vestimentas fúnebres, le sonreí y el me devolvió el gesto mientras giraba el reloj de arena dejando caer de nuevo su contenido. Abracé a mi pequeña familia y besé la frente de ambos, para al final sentir como mi cuerpo dejaba de pesar y de doler. Fueron algunos segundos, pero se sintió como una eternidad.
Desde lo alto, sin entender cómo, veía a Karma llorar sobre mí y a mi bebé llorar con ganas. De cierta manera parecía que había caído dormida. A mi lado estaba aquel hombre, quien vestía una túnica negra que ocultaba su rostro.
-- Gracias – susurré para hacer una reverencia.
-- Gracias a ti.
Los vi por última vez rogué porque mi deseo se hiciera realidad. Es lo único que pido.
?????
Mi maestro solía decirme que los caminos de la gente están entrelazados, que no hay nadie que realmente este solo en este mundo. Que nadie debía estar solo. Se equivocaba, hay mucha gente que está más que sola, aquellos abandonados a su suerte, incluso su propia alma los abandonó. Solo la muerte los salva de esa soledad.
Terminé de tender la ropa mientras veía como Jack jugueteaba con un palo viejo. Me reí y sentí como una brisa proveniente del sauce, alborotaba las sábanas recién lavadas, los pájaros en sus jaulas comenzaban a alterarse y Jack ladraba sin parar.
Mi maestro me dijo que desde que nacemos nuestros lazos ya están atados, me pregunto si esto es parte también de ello.
El viento es cálido, a pesar de ser una noche de invierno.
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* Mayu es el compuesto de los vocablos Ma ま (del nombre Manami) y Yu ゆ (de la palabra Yume= sueño) Por lo que significaría literalmente, sueño de Manami
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