Karma
Después de la primera jornada laboral caminamos hacia nuestro hogar. Ese día en especial ninguno de los dos quería cocinar, así que decidimos comer fuera de casa. Y así, mientras caminábamos por una avenida transitada discutíamos acerca de qué lugar sería bueno para comer. Estábamos tan inmersos en la conversación que sin querer choqué con un pequeño cuerpo que por el impacto cayó al suelo, de inmediato me disculpé dispuesto a ayudarla, pero unos ladridos me detuvieron.
-- Esa voz... -- susurró de manera que solo yo la pude oír – Te encontré...
No sé si fue la última frase o la sonrisa que me regaló que hizo que me recorriera un escalofrió desagradable por la espalda.
-- ¡Nagisa! ¿Qué haces aquí? -- habló Mayu emocionada al verla de nuevo.
-- Pues... tenemos trabajo.
-- ¡¿Enserio?! Pero no veo tus jaulas – exclamó mientras buscaba con la mirada dichos objetos.
-- Para mi trabajo de hoy no necesito las jaulas.
-- ¿Tienes otro trabajo? – Ella asintió -- ¿Cuál?
-- Es complicado... pero se podría decir que hago feliz a la gente.
Sacudió su vestido y Den se separó de Mayu para volar alrededor de la chica con la misma alegría que Mayu. De pronto paseé a ser un personaje secundario en este encuentro entre mujeres, pájaro y perro. Así que aclaré la garganta ruidosamente llamando su atención.
-- Lo siento mucho, no me he presentado. Yo soy Nagisa Shiota, mucho gusto.
-- Karma Akabane, mucho gusto...
La manera en la que se presentó y me presenté era extraña, ella me sonreía de una manera... escalofriante, era extraño, su sonrisa era perfecta y no reflejaba ninguna malicia o mala intención, se veía tan indefensa e inocente que me daba una sensación parecida al peligro, como si estuviera viendo al mar, uno que se mese poco a poco hasta formar una ola gigante que te traga, pero a pesar de que ves el peligro, el espectáculo ha sucedido de una manera tan bella, casi artística, que no te apartas hasta que el agua te comió por completo. La burocracia con altos mandos era eso, en esencia, saber leer la presencia de otros y responder adecuadamente. La miré con una ceja alzada mientras recobraba mi postura y me ponía firme sin dejar que aquella sensación que irradiaba me consumiera. Su sonrisa tambaleó por un instante, pero el gesto se mantuvo igual de claro e infantil.
-- ¿Y dónde trabajarás Nagisa?
Ella aparto la mirada y con la cabeza señaló el restaurante de comida tradicional que había a nuestra derecha. Nunca había notado que ese establecimiento estaba ahí.
-- WAOO. ¡¡¡Se ve rico!!! Papá hay que comer ahí.
Lo pensé por un momento, miré al lugar y luego a la chica. Repetí esa acción varias veces hasta que escuché a Mayu gritar.
-- ¡Está decidido! ¿Nagisa, quieres venir con nosotros?
-- No creo que sea buena idea, acabaré rápido y me iré a mi hogar.
-- Come con nosotros – no sé de donde salió eso – después de todo tú fuiste quien encontró a Mayu, creo que te lo debo – creo que de mi boca.
Esta mujer, verdaderamente ha llamado mi atención. Y bueno, si el gato ha de morir por curioso, que así sea.
-- Yo... humm...
-- ¡¡Anda!!
Y así es como Mayu encontró una nueva víctima para su movimiento secreto: "Ojos de huevo tibio" nadie -además de mí - puede resistirse ante esa técnica. Nagisa se quedó pensando un momento, y de manera increíble en ningún momento volteo a mirar a Mayu, evadiendo la técnica de manera olímpica.
-- Está bien...
-- ¡¡GENIAL!! – tanto Mayu como el pájaro celebraron.
Una vez adentro Nagisa pidió un momento para realizar su famoso trabajo mientras nosotros ordenábamos.
-- ¡Mira papá!, ¡Un juego para encontrar el Takoyaki* picante! – dijo mientras señalaba una mesa del fondo.
Asentí y no le di mucha importancia. Le di el menú de niños a Mayu y mientras ella coloreaba el dibujo que venía de regalo en el, yo concentraba mi mirada en las acciones que hacia Nagisa. Ella se encontraba en otra mesa hablando con una mujer que traía una carriola consigo, ambas platicaron por algún momento y la mujer comenzó a llorar desconsolada y Nagisa por su lado se quedaba quieta en su lugar mirando como la mujer lloraba. Sin esperar a que la mujer dejara de llorar, Nagisa sacó un paquete de donde extrajo una medalla y un espejo las cuales dejó en la carriola, acto seguido descolgó un collar de su cuello y se lo colocó al infante. Miré extrañado la escena sin saber realmente que sucedía
-- Papá...
El bebé, como si estuviera en un trance empezó a balbucear y estirar sus brazos hacia... la nada, no había nada en aquel lugar que el bebé señalaba, comenzó a reír y jugar con el viento; después de algunos minutos se quedó completamente dormido. Cuando eso sucedió, Nagisa tomó de vuelta el collar
-- Papáaa...
La mujer que antes lloraba se levantó y de manera casi impulsiva abrazó a Nagisa haciéndola hacer un claro gesto de sorpresa que luego pasó a ser una sonrisa. Aunque, una completamente diferente a la que me mostró cuando se presentó a mí. Nagisa consoló a la mujer que aun en sus brazos lloraba y después se despidieron. Salió con la carriola del establecimiento y Nagisa se quedó en su lugar por algunos momentos más mirando sus manos con detenimiento.
-- ¡¡KARMA!!
Salí de mi entretenimiento para dirigir mi mirada a Mayu sorprendido por haber escuchado mi nombre.
-- Creí que habías cambiado de nombre, no me hacías caso.
Fingí ofenderme y tomé sus mejillas estirándolas un poco.
-- Soy tu padre, no lo olvides – dije mientras apretaba sus cachetes suavemente.
-- Sholo quería deshirte que voy al bañoooo – dijo mientras yo seguía torturando sus mejillas.
La solté y dejé que se fuera. En ese plazo de tiempo Nagisa había vuelto junto a su perro y tomó asiento en la mesa.
-- ¿Y la niña? – peguntó sin más.
-- Fue al baño – respondí cortante -- ¿Qué fue eso?
-- Así que tú eras la mirada que sentía en mi espalda.
-- Eso no responde la pregunta.
-- Era trabajo, ya lo había dicho.
-- ¿Darle objetos extraños a un bebé y a una extraña es trabajo?
-- A veces...
No estamos llegando a ningún lado pensé irritado
-- Juntarme contigo también es trabajo – me dijo esta vez sin sonreírme, su rostro era completamente neutral y aquella sensación de alerta que antes había sentido no se presentó.
Si quiero información debo ser más listo y hacer parecer que no quiero esa información. Si se da cuenta de mi curiosidad podría usarla en mi contra
-- ¿Así que das felicidad a las personas?
-- En pocas palabras... -- sus manos estaban entrelazadas haciendo un pequeño hueco entre ellas, como un nido.
-- ¿Qué traes ahí?
-- Mi paga.
Al abrir sus manos noté como en aquel "nido" había un pichuelo de pájaro. Era de un color verde jade casi irreal y el animalito se acurrucaba en sus manos con mucho frío. Ella comenzó a acariciarlo con cariño con sus dedos haciendo que dejara de temblar.
-- No vi que te lo diera... tu cliente, no traía eso cuando la vi.
-- Ella no era mi cliente, ella era parte del trabajo.
La miré perspicaz y alce mi ceja en señal de duda, sin embargo decidí que no podría obligarla decirme nada sin que ella no lo desee, así que seguí con el interrogatorio.
-- Acaso... ¿Ese pájaro es igual al que tiene Mayu?
Ella seguía acariciando al pichón con cariño sin mirarme en ningún momento. Sus respuestas eran cortantes y precisas Sacarle información que sacie mi curiosidad no será fácil pensé.
-- Sí.
-- ¿Son muy importantes? – sin querer mostré un poco de mi interés.
-- Estas aves son especiales porque son como yo, capaces de leer las emociones de la gente. Una vez te eligen como su compañero, nunca te abandonan y serán tu luz incluso en los días más grises.
-- ¿Así que puedes leer emociones?
Te atrapé
Sus dedos dudaron en seguir acariciando o no. Al final optó por mirarme con sus ojos sin brillo de manera profunda tal como en mi sueño haciendo que de nuevo sintiera aquellas olas tragarme. El escalofrió volvió de nuevo y ella pareció notarlo. Al instante aquella pesadez en el ambiente desapareció y ella me sonrió de la misma manera que a aquella mujer.
-- No tengas miedo, no planeo hacerte nada a ti o a tu pequeña, ni tampoco era mi intención hacerte sentir incómodo. Es solo que, eres tan alto que me intimidas un poco y... perdóname.
Okey... tengo que admitir que eso último fue tierno. Pero no podía dejarme engañar ni mucho menos dar mi brazo a torcer.
-- ¿Qué me asegura de que no planeas llevarte a Mayu lejos de mí?
-- Si esa fuera mi intención, la pequeña ya estaría en otra ciudad probablemente con un nombre y un corte de cabello nuevo – contestó sin más, pero corrigió al darse cuenta de mi expresión.
Ese escenario era el que yo más temía.
-- ¡Ay no! Yo no quería, lo dije sin pensar, yo,... amm yo... No quería decir eso, lo siento.
Balbuceaba mientras intentaba corregir su error.
-- Solo quería que ya no te sintieras intimidado, eso es todo. Yo te juro que no quiero hacer nada malo, ¡En verdad! Yo solo quiero hacer mi trabajo.
-- ¿Cómo sabes que me siento "Intimidado"?
-- Tu corazón, latía muy rápido...
Me sorprendí y sin querer eché mi silla para atrás.
-- ¿Mi corazón?
-- Es fácil ser engañados por lo que lo ojos miran, pero la intuición y el corazón nunca se equivocan. Hace tiempo una persona me enseñó a sentir las palpitaciones, no es que vea literalmente como late tu corazón, es solo que... lo siento, es como si sintiera las ondas que tu corazón genera cada vez que palpita. Es extraño y tal vez no me creas...
-- ¿...Intuición?
-- ¡Sí! Es lo más sencillo de observar primero en una persona.
-- Hum... – La miré expectante de algo más, notando como ella arrugaba la nariz un poco nerviosa ante mi mirada.
-- Cada persona tiene su marca personal que denota su personalidad e intenciones. – Habló de repente -- Hay gente cálida como la pequeña, también hay gente de personalidad quisquillosa, demandante, fuerte, solitaria, amable, arrogante, incluso... mala. Todo eso puedo saberlo al tocarlos.
-- ¿Marca...?
-- Por ejemplo...
Sin previo aviso se recargó sobre la mesa alcanzando mi cabeza desde el otro extremo de la misma, sobando mi cabello y cerró los ojos.
-- Se siente... caliente, hay fuego en tu interior, pica un poco al igual que cuando toqué a la niña, ustedes son igual de traviesos... pero hace mucho frío, es como si estuviera... esperando... como si fuera... un volcán dormido... Akabane... Tú sigues esperándola, ¿Verdad?
Con brusquedad aparté su mano de mi cabeza haciendo que ella se volviera a sentar en su lugar, aunque, de manera extraña, buscó su lugar a tientas sin mirar en ningún momento hacia atrás.
Nos quedamos en silencio un rato, ella parecía digerir aquello que había sentido en mi interior y yo me recuperaba de lo fuertes que fueron sus palabras. Es como si alguien me dijera aquello que sé pero no había querido aceptar. Yo aún deseaba que ella volviera, de una u otra forma.
-- Akabane... -- su voz dudó un poco antes de continuar, apretó su mano libre y después retomó su postura inicial: seria y neutra – No puedes desear eso.
Abrí mis ojos de repente y la miré.
-- Por más que supliques y ruegues eso no sucederá. Ríndete de una vez, esa esperanza no existe en ningún lugar más que en tu corazón. Y eso, no se puede. Ríndete, los muertos nunca regresan.
Su rostro era completamente frio sin ninguna expresión y su voz no temblaba. Lo que me decía, era cruel, pero era la verdad y eso yo ya lo sabía. Suspiró.
-- "Mi trabajo es hacer felices a las personas" querías saber que significaba, ¿No? Mi verdadero trabajo es cumplir deseos, Akabane. Cumplo los deseos de aquellos que ya no pueden cumplirlos y me encargo de que estos se vayan al lugar donde pertenecen. Esa es mi única función en este mundo.
De repente se levantó de su asiento y desde su posición me miró fríamente, casi como si me odiara.
-- Estoy aquí para cumplir su deseo. Ese que tu esperanza no te ha dejado cumplir por tu cuenta.
-- ¿Acaso tu...?
-- Vengo a cumplir el deseo de la persona que más quieres en la vida. Ese es mi trabajo.
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El takoyaki (たこ焼き) es un aperitivo japonés en forma de pequeñas bolas redondas que contienen trozos de pulpo. Literalmente se traduce como » pulpo ( tako ) frito ( yaki ) » Es el hermano pequeño y redondo del okonomiyaki.
