Nagisa
Hay cosas de las que me arrepiento en mi vida, y esa era una de ellas. Mi casa estaba ubicada en una montaña, propiedad de un ex-soldado de guerra, pertenecía a esa persona. El camino no fue difícil, conocía la montaña de arriba abajo sin perderme ni tropezarme y los Akabanes eran sorprendentemente ágiles para escalar, lo cual facilitó el camino de ida. Al llegar ambos se sorprendieron al ver el claro y la pequeña cabaña. Karma seguía pensativo sobre aquello que habíamos platicado con Koro-sensei y sinceramente me preocupaba un poco.
Mayu era una niña muy despierta, tanto que no faltaron palabras para qué se diera cuenta del estado de ánimo de su padre, por lo que una vez arriba de la montaña comenzaron a explorar como si en verdad fueran tierras desconocidas.
En verdad, mientras ella esté junto a él, nada podrá salir mal me senté en una roca con aquel pensamiento en la cabeza, escuchando las risas y sintiendo una inusual calma. La montaña era pequeña, pero increíblemente dotada de maravillas que nunca se terminan de explorar. Había un pequeño ojo de agua que conectaba a una cascada que desembocaba en un pequeño rio. La montaña estaba llena de plantas e insectos, verdaderamente una belleza. Pero en medio de toda esa belleza se podía esconder a alguien perfectamente, era tan fácil quedarse ensimismados en sus virtudes que nadie sospecharía de lo que oculta, y aunque lo supieran, a nadie le importaría.
-- ¿Nagisa ya podemos ir adentro? – preguntó Mayu con inocencia.
No sé si fue por el sonido de las gotas de agua cayendo sobre la nieve, o el olor a humedad que ambos desprendían, pero inmediatamente me di cuenta de que ambos Akabanes habían descubierto el ojo de agua.
-- ¿Tienes una toalla? – preguntó Akabane intentando contener la risa.
Seguía nevando afuera, así que los metí con urgencia a la casa. Una vez dentro los hice sentarse frente al horno el cual encendí para que ambos se calentaran. Les presté una toalla a cada uno, mientras escuchaba sus risas de travesura. Suspiré pesadamente y puse a secar ambas chamarras sobre la estufa para que el calor del horno también las calentara. Suspiré pesadamente mientras rascaba el puente de mi nariz buscando paciencia. Los dos parecían unos niños – aunque Mayu si lo era –y yo el adulto a cargo.
-- ¿Nagisa, me puedes dar agua por favor? – preguntó Mayu aferrándose a la toalla y secando con las puntas de esta a Den.
-- Yo también por favor...
-- Si, si – dije resignanda sirviendo agua a los dos niños frente a mí.
Al darle los vasos sentí un escalofrío recorrer mi espina dorsal indicando peligro. Escuché unos leves susurros acompañados de risas y sin saber porque tenía ambos sobre mí, mojándome descaradamente. Intenté sacármelos de encima pero ellos parecían verdaderos gatos.
-- Nagisa está calientita – dijo Mayu aferrándose a mí.
-- Es injusto que solo nosotros suframos – agregó Akabane sacudiéndose de manera parecida a la de un perro -su pelo encima de mí.
Decidí no pelear más y rendirme mientras lloraba internamente de arrepentimiento por dejar a los demonios entrar a mi casa. Ambos eran horribles invitados.
-- Los odio... -- susurré mientras me sentaba a su lado junto a la estufa tapándome con una toalla.
Mi casa perecía una guardería, ninguno de ellos se sentaba y andaban tocando todo lo que había en ella – deambulaban con las toallas en la espalda como monjas - Jack se sentó a mi lado recargándose en mis piernas, dándome calor extra y cuando nos miramos supimos que pensaba el otro.
DEMASIADO RUIDO
Jack y yo siempre estábamos acostumbrados a la presencia del otro, nosotros dos contra el mundo. Por eso los días solían ser tranquilos y rutinarios, pocas veces hacíamos algo fuera del itinerario. El ruido era... extraño, nunca habíamos tenido un ambiente así dentro de la casa. Suspire de nuevo y Jack bufó, nos miramos de nuevo y le sonreí recibiendo una lamida en respuesta.
No está mal pensé acurrucándome para obtener más calor.
Al poco tiempo estaban secos e insistieron en comenzar con los preparativos de la tarta. El cuaderno de Okuda estaba en mi posesión, había pedido permiso para llevármelo y estudiarlo detenidamente antes de hacer la tarta. Al hojearlo me di cuenta de todo el amor que esa mujer tuvo por su familia. Me sentí feliz, que una persona ame tanto significa que tuvo una buena vida, y eso era bueno. Las pequeñas notas en los bordes de la página eran demasiado específicas, eran dirigidas especialmente para Mayu lo que me hizo sospechar que tal vez siempre supo que iba a morir, por eso había dejado esto. Quería dejarle un legado. Le di el cuaderno a Mayu quien al saber que era de su madre se emocionó mucho y comenzó a hojearlo con emoción.
-- Seguiremos su receta. Así que mi trabajo hoy aquí es supervisar que lo hagan bien – sonreí para recoger mi cabello en una coleta.
La receta especial era de una Tarta Fraiser, no era muy complicada de elaborar, pero si un poco tediosa. Sin embargo, Manami había explicado su elaboración demasiado bien; si hubieran encontrado esto antes, me pregunto si hubieran tenido problemas con la tarta.
Mi pregunta fue completamente respondida cuando escuché como Mayu leía las instrucciones encendiendo la batidora y a Akabane gritando que el huevo había salido volando. Suspiré por décima vez en el día antes de ir a auxiliarlos. Me encargué se ayudarlos en todo lo que podía, siendo prudente para que ellos lo hicieran por si solos.
Mientras esperábamos a que la crema y la mantequilla enfriaran cocinamos algo para comer ese día. Y como dije, los Akabane eran una basura para los postres, pero increíblemente hábiles para las comidas saladas. Con lo que encontraron – asaltaron – en mi cocina, prepararon Oden* – ideal para el frío que la nevada trajo consigo.
Cuando terminamos de comer comenzamos a preparar el pan para la tarta – tuve que regañarlos varias veces porque ambos eran descuidados para mezclar – El horneado fue otro problema. Ambos eran tan distraídos que estuvo a punto de quemarse, fue gracias a Jack y a mí que percibimos el leve aroma a quemado que logramos salvarlo. Otra cosa de la que me di cuenta es que Akabane tenía un pulso horrible. Solo podía escuchar a Mayu quejarse porque había cortado desigualmente el pan con la lira.
Ampáralos, Manami pensé con desesperación al darme cuenta que aún con la libreta no se ponían de acuerdo en la cocina. Puse mis manos sobre mi rostro y sin saber porque, comencé a reír llamando su atención En verdad que son unos niños
Una vez terminamos de montar la tarta la dejamos en la nevera mientras lavábamos los trastes. Y al parecer los Akabane tenían cierta afición por mojarme. Al final la decoramos entre todos y luego la probamos; el pan sabía ligeramente quemado y la crema muselina estaba inusualmente dulce. Sin embargo, era deliciosa.
-- ¡Esta es la mejor tarta que hemos hecho! – exclamó Mayu comiendo más y compartiendo con Den.
-- ¡Sí! Ahora podremos hacerla por nuestra cuenta – dijo Akabane cortando otra rebanada para sí mismo.
Me sentía feliz por ellos, recargué mi mejilla en mi mano mirando sus frecuencias que denotaban felicidad. Fue en ese momento cuando vi otro hilo dorado aparecer en la rebanada de Akabane, para luego desprenderse sin necesidad de que yo hiciera algo.
Ahora, podrán llevar tu sabor con ellos, lo hicieron su sabor pensé como si Manami fuera a escucharme.
Tomé mi tenedor y comí con el mismo entusiasmo que ellos dos. Sin notarlo mi rostro se llenó de crema provocando que se rieran de mi – como llevaban haciendo toda la tarde – y avergonzada me levanté para ir por agua al pozo que se encontraba afuera de la cabaña. Mayu quiso ir conmigo y se puso su chamarra para salir. Por suerte había dejado de nevar por el momento. Mientras yo acarreaba agua, Mayu comenzó a jugar con la nieve, sin embargo, me preocupé cuando escuché su voz demasiado lejos desde mi posición. Temí lo peor, su voz se escuchaba demasiada cerca del acantilado y me alarmé:
-- ¡¡Mayu no te acerques!!
Jack comenzó a ladrar en señal de advertencia. Dejé el balde de agua y corrí hacia donde supuse que estaba.
-- ¡¿Qué dices Nagisa?! – dijo antes de resbalarse.
Alcancé a tomarla de la mano y tomé impulso aventándola hacia un lugar seguro y yo cayendo en su lugar.
-- ¡¡NAGISA!!
Alcancé a agarrarme del borde de la piedra, sin embargo, la nieve hacia más difícil sostenerme. Mi brazo izquierdo se había raspado con la piedra al caer, desde el hombro hasta el codo sentía la sangre escurrir. Intenté mantenerme en esa posición pero estaba comenzando a cansarme.
Voy a morir pensé espontáneamente al ver como mi brazo flaqueaba poco a poco.
En ese momento recordé mi vida, los buenos y malos momentos. Cuando conocí a Koro-sensei, a Kayano, todo... Y sin querer lo recordé a él. No quería pensar en él me repugnaba, ¿Por qué debía pensar en aquel hombre en un momento como este?
"-- No puedes escapar, Nagisa. Eres mi propiedad y sin importar lo que hagas vivirás y morirás en este lugar"
Cerré mis ojos intentando controlar los temblores que surgían de mis brazos, aunque no sabía si era por el dolor, el cansancio o la frustración. Apreté mi collar con desesperación recordando a mi madre y a su vez toda la amargura.
Así que sus palabras se harán realidad me resigné.
De inmediato otro flashazo llegó a mí, en ellos me encontraba con los Akabane, cocinando y a veces discutiendo. En ellos era feliz...
No quiero morir en manos de él... No quiero morir sintiéndome como antes apreté mi mano lastimada y las lágrimas seguían saliendo de mis ojos Si puedo morir sintiéndome feliz, si puedo morir en este momento con estos recuerdos en mi mente, ¿Estaría bien, verdad? Así... no moriría sola Quise soltarme de la piedra y dejarme caer aún con ese sentimiento de calidez dejado por lo Akabane en mi corazón.
Cerré mis ojos soltando mis dedos y los abrí de repente cuando sentí la mano de alguien aferrarse a mi fuertemente.
-- ¡Sostente! – Akabane me había rescatado de la caída.
¿Qué estás pensando Nagisa? me regañé y me aferré a su brazo.
Una vez en tierra firme ambos pudimos respirar tranquilamente. De inmediato fuimos a la casa donde Mayu nos esperaba preocupada. Akabane buscó el botiquín mientras yo me encargaba de tranquilizar a Mayu quién lloraba de miedo. Jack también chillaba y abracé a ambos tranquilizándolos. Akabane pidió espacio para curarme, mientras tanto mandó a Mayu a la cocina, no quería que viera mi herida.
Mientras el preparaba las vendas y el alcohol me tensé al recordar las marcas en mi espalda.
-- No es necesario que me cures, Akabane. Puedo hacerlo por mi cuenta – En verdad no quería que viera mi espalda.
-- La salvaste – dijo en voz baja entretenido en su tarea – salvaste a Mayu y por eso estás herida. Déjame hacer esto por ti --dijo con un tono de voz grave
-- En verdad no es necesario... -- insistí
-- Te lo pido – dijo mirándome de cerca a los ojos de manera profunda pudiendo ver por segunda vez sus doradas orbes.
Apreté mis manos y me resigné a seguir peleando.
-- Solo te quiero pedir una cosa, Akabane... sea lo que sea que veas, no preguntarás, ¿Si?
-- ¿Qué? ¿Qué puede ser tan grave para que tu...?
-- Te lo pido – le dije mientras sostenía sus manos y lo miraba suplicante.
El lentamente asintió y yo procedí a quitarme mis prendas llenas de sangre con cuidado de no lastimarme más. Cerré los ojos fuertemente mientras me quitaba la blusa, tenía miedo, mucho miedo. Él sería la primera persona en el mundo en ver esto, y era probablemente el único al que no deseaba enseñarle. Sentí como su respiración se pausó al ver las marcas en mi espalda, aun si no podía verlo, sabía que estaba alterado. El aire se volvió espeso como la mantequilla y en ese instante las ganas de llorar me invadieron de nuevo.
En silencio me ayudó a quitarme el brassier con cuidado y cubrí mi desnudez con una sábana que tenía a la mano. Con cuidado y silencio limpió mi herida y no pude evitar quejarme al contacto con el alcohol.
Es una herida grande pensé.
-- Tendré que coser, tendrás que ir a un médico después. No soy experto en estas cosas – dijo con un tono de voz grave y neutra.
Solo asentí, mordí la sábana cuando sentí la aguja perforar mi piel. Gracias a que la herida era fresca, mi brazo estaba un poco adormecido, pero aun así dolía horrores. Akabane hizo todo el procedimiento con sumo cuidado y delicadeza, estando al pendiente de mis expresiones. Su tacto era amable, y creo que eso más que el dolor, era lo que me hizo derramar algunas lágrimas. Cuando sentí que terminó, vendó mi hombro con cuidado y lo dejó reposar*. Sin previo aviso sentí el algodón mojado en mis otras heridas haciéndome soltar un chillido de dolor, quise reclamarle, pero solo me dijo:
-- No están bien atendidas, aunque algunas ya cicatrizaron, ten por seguro que las que están abiertas aún pueden infectarse.
Del mismo modo que con mi otra herida, trató los rasguños con cuidado y dedicación, deteniéndose algunas veces para acariciar las cicatrices como si así las hiciera sanar. Cada vez que hacia eso lo escuchaba resoplar de coraje. Estaba segura que mantener la promesa que me hizo era la cosa más difícil del mundo. Pero así estaba mejor. Todo era mi culpa.
Cubrió las heridas y colocó su chamarra en lo que él buscaba una blusa para darme. Una vez vestida, Karma fue a buscar a Mayu sin decir ninguna palabra más y mientras ella y yo nos despedíamos, él la esperaba fuera de la cabaña con una sombrilla que yo les había prestado para la nieve.
Así es mejor pensé despidiéndome de Mayu y Den asegurándoles que estaría bien. Yo siempre estoy bien.
...
Karma
Faltaba un día para noche buena y este era mi último día de trabajo antes de salir de "vacaciones" – Básicamente me tenía que llevar trabajo a casa aun en contra de mi voluntad – La mesa estaba con más papeles de lo usual y la cabeza me dolía a horrores, aunque eso era bueno, de cierto modo. Solo así no pensaba en lo que había sucedido ayer.
Cuando vi las cicatrices en su espalda me sentí muy impotente, frustrado e incluso triste. Esas heridas no parecían haber sido hechas o provocadas por ella misma, estaba completamente seguro de que alguien las había infringido, la pregunta era ¿Quién? Me recargué en el respaldo en la silla pensando. Aunque sabía que era inútil, toda la noche le di vueltas al asunto y solo logré torturarme más.
Mientras yo me perdía en mi letargo, Sakura entró corriendo a la oficina.
-- ¡Lo encontré! – gritó.
-- ¿Trajiste mi café?
-- Em... no... Pero traje algo que pudiera interesarle más – en sus manos traía un folder el cual me entregó para que revisara.
Al abrirlo me di cuenta de que era un archivo con el nombre de Nagisa con una foto de ella en mala calidad cuando era niña. También había algunos papeles.
-- Fue muy difícil conseguir la información, no solo porque me dio mal el apellido. Si no porque a pesar de que llevó buscando casi un mes no encontré casi nada. Todo lo que conseguí está en ese folder.
Me enderecé en la silla interesado y comencé a leer los papeles mientras Sakura me contaba la historia. Me sorprendí un poco al darme cuenta de que Nagisa era de la misma edad que yo. Tan solo nos distanciábamos por meses.
-- Los Shiota eran una familia que vivía en un pequeño poblado cerca de Izumo. Por los registros de propiedad, ellos tenían una pastelería que atendía su madre en un pueblo; su padre era contador en una pequeña empresa, sin embargo, tenían muchas deudas. Al parecer la madre era una derrochadora y no tenía límites en su manera de vivir.
-- Así que derrochadora...
-- Si, por lo que vi compraba incluso ropa de marca, por supuesto que no pasó mucho para que el esposo decidiera divorciarse. Según expedientes médicos... de manera que no puedo catalogar como "legal"... al parecer la madre comenzó a medicarse y todo fue de mal en peor. En el folder también hay actas de defunción. – Hizo una pequeña pausa y continuó – Sus padres murieron en la pastelería junto a una mujer que parecía amiga de la familia; "Kayano Aguri"
Me sorprendí al reconocer el apellido. Y de inmediato encontré una foto más, en ella había dos niñas jugando. Y la otra la reconocí al instante.
-- Al parecer la señora Shiota pidió un préstamo a personas de dudosa procedencia y bueno, no pudieron pagar a tiempo. Según informes policiacos la familia logró defenderse de alguna manera... Encontraron a tres de los cobradores sin vida en la escena del crimen.
-- ¿Y las niñas? Estas, estas niñas – pregunté con ímpetu enseñándole la foto.
-- El informe de la policía reportó a ambas como desaparecidas. Esa foto estuvo rondando por toda la zona durante semanas y nunca las encontraron, no tardaron en darlas como muertas.
Me quedé viendo ensimismado la foto, procesando la información. Parecía un capítulo de algún programa policiaco.
-- Señor ¿Por qué me pidió investigar esto?, tal vez soy indiscreta pero... está pálido.
Parpadeé varias veces para salir de mi ensoñación y negué con la cabeza. Pedí a Sakura que se retirara y una vez solo, marqué un número que desde hace mucho no marcaba.
-- ¿Hola? ¿Karma? ¡Que sorpresa que tú me llames! Normalmente soy yo la que te tiene que marcar, ¿Dime cómo está Mayu? – contestó al otro lado de la línea.
-- Está bien, yo...
-- ¡Qué alegría! – Interrumpió – ¡Con la navidad tan cerca te aseguro que le daré un regalo enorme!
-- Kayano...
-- Esta vez espero que la tarta que comamos ya no sea una comprada, en verda...
-- ¡Kayano! – Alcé la voz llamando su atención, suspiré y proseguí – Necesitamos hablar.
-- Podemos hacerlo por aquí, si quie...
-- Preferiría que nos encontráramos, es... delicado.
Al notar mi tono grave de voz Kayano pensó un poco para luego acordar vernos en la alameda en media hora, tenía una grabación en Tokio y esa sería su hora de descanso, perfecto para que habláramos.
...
Cuando llegué a la cafetería que habíamos acordado vi a Kayano en una de las mesas, cubierta con un pañuelo y unas gafas de sol para esconder su identidad. Me saludó entusiasta y me dijo que había pedido algo de comer para los dos.
-- No sabes cómo me alegro de verte, Karma. Y más porque veo que has aumentado de peso.
Miré mi cuerpo con detenimiento notando por primera vez aquel cambio. Durante todo el mes había estado comiendo demasiados dulces.
-- No lo digo para que te sientas mal. En verdad estoy feliz, te ves más saludable.
-- Kayano, no te traje para hablar sobre mí – Interrumpí poniendo sobre la mesa el folder que Sakura me había dado -- ¿Qué me puedes decir sobre esto?
Kayano tomó el folder y al abrirlo soltó un alarido de sorpresa, cubriendo su boca instantáneamente en el proceso. Las lágrimas se acumularon en sus ojos y cerró el folder con urgencia.
-- ¿De dónde sacaste eso?
-- Cuando íbamos en la universidad y Manami y yo te conocimos nos confesaste estando borracha que tu verdadero nombre no era Akari Yukimura, si no, Kayano Kaede y que tu madre no era la esposa de tu padre... ¿Tienes algo que ver con esto?
-- ¡Eso no responde mi pregunta!
-- ¿Sí o no Kayano?
-- Yo... No vale la pena recordar esas cosas Karma. Lo pasado es eso: pasado. No vale la pena seguir escarbando en el – dijo mientras secaba sus lágrimas.
-- Por favor Kaede –- me atrevía a llamarla por su nombre – Si me lo dices, tal vez pueda ayudarla...
-- ¡La persona que está en esta foto murió hace mucho tiempo!, ¡Ya no quiero seguir hablando de esto! – dio tomando sus cosas y levantándose de la mesa caminando hacia la salida.
-- ¡Ella está viva! – grité logrando que se parara en seco y me volteara a ver.
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*La casa de Nagisa en este fanfic puede ser interpretada como el edificio donde la clase E tomaba clases , aunque no es exactamente igual
*La tarta Fraiser :D
*Oden (おでん) es un plato donde se cuecen ingredientes diversos, entre los que pueden estar huevo, daikon, Konnyaku y chikuwa, cocidos en un caldo de konbu y katsuobushi (Dashi), que a veces lleva como condimento.
Besitos en la cola, chao
