SHLIMAZL

(Yiddish, intraducible al español, persona crónicamente desafortunada)

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Un hombre no es otra cosa que lo que hace de sí mismo.

Jean Paul Sartre.

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Para Bishamonten.

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—¿A pesar de todo, decidirías seguir adelante? ¿A pesar del dolor? ¿A pesar del sufrimiento? ¿Decidirías continuar? —Inquirió la voz masculina, cavernosa, profunda.

La voz que a menudo le preguntaba "¿Decidirías continuar?", en sus pesadillas.

Veía la runa del Odín, la runa del vacío, la runa en la que todo cabe.

Así empezaba la pesadilla… veía el Odín.

La oscuridad se le cernía encima y lo devoraba. El espantoso terror de saberse devorado por la nada.

Y luego la voz.

—¿A pesar de todo decidirías seguir adelante?

Por vez primera, el marsellés pudo verlo, medianamente dibujado, borroso. Le parecía que tenía al mundo en la mano, era una mano fina de hombre, en la otra llevaba el justo con el que medía… ¿Qué medía?

—No entiendo… —susurró con voz hueca, sin eco, Camus.

—Ven, ven y observa —le mostró la mano como si fuese una pantalla, pudo ver imágenes nítidas, claras.

Era Milo, no había duda, era el melio que ya no era un niño-adolescente desgarbado, era un hombre, bello… era un poema. Su cabello era largo, más largo de lo que ya lo llevaba, lo veía con su excelsa armadura, lamido en oro, su cuerpo lamido en oro… veía muchas imágenes atribuladas de Milo, muchas… una vida.

—Es Milo…

—En efecto.

Después todo era confusión, un sin número de imágenes revueltas, veía a Milo, a Aioria, veía tanta desesperación en ellos, tanta que la angustia lo invadía. No entendía el porqué. Destrucción del mundo, le parecía a él.

—¿A pesar del dolor…?

Lo veía llorar, a Milo, lloraba, inconsolable, devastado, lloraba como si la vida se le fuera en ello.

—Llora… ¿Por quién llora? ¿A caso… por mí? —Dijo bajito, pero él, Camus Etienne Valois, sabía la respuesta y sabía que era afirmativa.

—Sí. Pero… podrías regresar, podrías regresar ahora mismo, volver con él, con ellos, es cuestión de tiempo Camus, podrías volver, crecer, vivir, aunque tu tiempo quizás sea corto… o podrías no volver y venir conmigo… —soltó las palabras, sibilante— Me gusta tu corazón… me gustaría pesarlo… a pesar del sufrimiento… ¿Decidirías continuar?

—¿Tengo que decidir ahora?

—Ahora.

—Si vienes conmigo, no sufrirá …

—No quiero que llore.

—Llorará. Llorará mucho, se romperá como cristal. —Dijo con sorna, aquel extraño.

—Quiero volver.

—¿Decidirías continuar?

—Sí.

El pelirrojo fue lo suficientemente egoísta y mordaz para decir que sí, que no le importaba que Milo, de alguna manera desconocida, acabara destrozado… por él.

—¡Camus!

Gritó visiblemente preocupado su compañero, mientras sostenía su cabeza, sus ojos azules, el rasgo más peculiar de Milo, le observaban llenos de terror.

—Deja de gritarle Milo, lo vas a asustar… —le reprendió una voz, la de Aioria, quien con sus ojos felinos también le observaba preocupado.

Sentía el hilillo de sangre correrle por detrás de la cabeza, es más sentía la cabeza húmeda de sangre.

—¿Qué pasó?

—Caíste… caíste del árbol, te golpeaste la cabeza… no despertabas… pensé… pensé que morías…

Sonrió de soslayo, el marsellés le observó con una media sonrisa en los labios, una sonrisa un poco… egoísta.

—Tal vez si morí.

Supo que ese día, que a partir de ese día… nunca más iba a tener esa pesadilla, la de la voz que le preguntaba… porque él… ya había decidido…

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FIN