Holis~ Aquí vengo, finalmente publicando el día que me propuse XD Quiero aclarar que ya recordé porqué decidí nombrar los capítulos de esta manera: vi un fanart del Giyuu chikito y la Shinobu mayor en varias etapas de sus vidas hasta que se casan y de fondo tenían las edades que según el/la artista tenían en cada una. Como describía muy bien como se iba a desarrollar este fic, pensé "¿porque no usar esa idea para nombrar los capítulos?" y pues, nada, de ahí tomé la idea XDu (pero solo la de como nombrar los capítulos, ya había pensado en la estructura del fic y de hecho ya estaba escribiendo el primer capítulo)

De ahí no hay mucho que comentar... excepto, por si alguien se enreda: Giyuu llama a Tsutako solo "nee-chan", a Shinobu y Kanae las llama por su nombre más el dicho "nee-chan". Shinobu llama a Tsutako solo "Tsutako-san" y a Kanae solo "nee-san". Lo aclaro por si alguien se confunde cuando Giyuu menciona a más de una en el mismo dialogo XDu

Solo me resta recordarles que Kimetsu no yaiba y sus personajes le pertenecen a la genial pero malvada Gotouge-sensei~

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8 y 11

Para Giyuu, el que le dijeran que eventualmente tendría "manos de hombre" fue el mayor de los halagos.

La tarde había sido de lo más fructífera y emocionante, tal como le prometieron. Pocas cosas podrían haberla mejorado, y escuchar la hermosa voz de su persona favorita preguntando por él justo antes de abrir la puerta de su casa, era una de ellas.

– Giyuu est… oh, está en casa – como de costumbre, Tsutako se percató de su presencia incluso antes de que abriese la puerta. Aunque esta vez, emocionado como estaba, Giyuu no jugó a intentar esconder su llegada.

– ¡Estoy en casa, nee-chan, Shinobu-nee-chan! – sin pensarlo dos veces, dejó sus cosas a un lado y corrió a abrazar a la menor de las Kochou, quien estaba sentada en el suelo, aparentemente peleando con una tarea. Aún así dejó de lado lo que estaba haciendo para corresponderle el abrazo.

– Bienvenido, Giyuu-kun… ah, lo siento, esta no es mi casa y deberías abrazar primero a tu hermana – Shinobu le dirigió una mirada de disculpa a Tsutako. Su hermana se limitó a soltar una suave risa como indicación de que no le molestaba.

– No te preocupes, Shinobu-chan, estoy acostumbrada – alegó, sin embargo, su tono fue un poco más firme al dirigirse a su hermanito – pero no está bien que solo tires tus cosas, Giyuu.

– Lo siento, nee-chan, pero puedo recogerlas después – alegó, no queriendo separarse de Shinobu aún. Había algo sumamente reconfortante y atrayente en el calor que le transmitía. Era como si cada vez que la abrazaba se diera cuenta de que llevaba mucho tiempo extrañándola.

Giyuu estaba seguro de que Shinobu estaba destinada a ser alguien especial en su vida, porque solo había dos personas más que le provocaban tanta nostalgia y necesidad de estar con ellos. La primera era Tsutako y con ella fue un problema tan serio que, incluso siendo un bebé, lloraba cada vez que se reunía o se separaba de ella, por lo que creció demasiado apegado a ella. Por fortuna logró aprender a dominarse poco antes de conocer a Shinobu, aunque recordaba llorar vergonzosa e inexplicablemente en su primer encuentro, pero ella lo atribuyó al hecho de haberlo tirado al suelo por accidente. Ya al conocer a Sabito al principio del curso escolar, pudo contenerse y actuar de manera normal con solo un pequeño lapsus de sorpresa que excusó con el particular color de cabello de su amigo.

Después de conocer a Sabito había estado reflexionando sobre las sensaciones que le producían los tres. Se parecían en el hecho de que lo primero que le hacían pensar era que llevaba mucho tiempo sin verlos, sin importar si se había separado de Tsutako unas horas atrás, si había visto Sabito el día anterior, o si había pasado menos de una semana desde la última vez que jugó con Shinobu. Sin embargo, sabía que en el fondo eran diferentes. Aun no lograba identificar exactamente porque, pero estaba seguro de que cada uno le provocaba otro sentimiento en el fondo. Quizás aun le faltaba aprender más cosas para poder identificarlos.

Lo que sí tenía claro era que la sensación que le provocaba Shinobu era la más apremiante.

– Eso no está bien, Giyuu-kun, debes ser un buen chico y obedecer a tu hermana – la chica le dirigió una mirada de ligera reprimenda.

– Pero yo quiero que Shinobu-nee-chan me abrace un poco más – protestó haciendo cara de cachorro triste.

Shinobu apretó los labios, miró a Tsutako, luego a él y una vez más a Tsutako, quien simplemente seguía sonriéndole.

– Está bien, solo un poco más – cedió al fin, volviendo a abrazarlo – lo siento, Tsutako-san. – le dirigió una mirada de disculpa.

La mayor de los Tomioka simplemente soltó otra risa indulgente.

– No te preocupes, Shinobu-chan, resististe lo que pudiste – la disculpó – pero Giyuu, si no mal recuerdo, dijiste que querías ser fuerte ¿no? Un chico tan mimado difícilmente lo logrará – le advirtió.

Giyuu cerró los ojos y abrazó con más fuerza a Shinobu mientras reflexionaba sobre las palabras de su hermana. Las personas fuertes no dependían de nadie, eran capaces de proteger a los demás y no utilizaban trucos sucios para obtener lo que querían. Además, ya había dado sus primeros pasos para ser alguien así, por lo que debía mantenerse firme y dejar de hacer que lo mimaran.

– Tienes razón, nee-chan, lo siento – se disculpó antes de separarse un poco de la Kochou menor – pero ¿puedo abrazarte un poco más cuando terminen la tarea? – le pidió sin poder disimular su ilusión. Las hermosas sonrisas que le dedicaba Shinobu hacían que no se arrepintiera de mostrar sus emociones para nada, incluso cuando le ganaba su torpeza frente a ella, no llegaba a avergonzarse del todo porque eso le permitía escuchar su melodiosa risa.

– Puedes sentarte en mi regazo mientras termino la tarea cuando tú termines con tus asuntos – le concedió tras soltar una suave risa.

– ¡Si! – la enorme sonrisa que apareció en su rostro le ganó otro abrazo fuerte por parte de Shinobu, que no pudo resistirse.

Cuando finalmente se separaron, Giyuu no olvidó saludar apropiada y cariñosamente a Tsutako con otro abrazo, aunque fue mucho más corto. Luego se apresuró a recoger y ordenar sus cosas, aunque tenía un pequeño debate mental: ¿debía contarle a Shinobu lo que hizo esa tarde o darle una sorpresa más adelante?

Al final, no pudo tomar la decisión por sí mismo.

– …así que hoy fue a ver el dojo con su amigo, por eso vino tarde – terminaba de contarle Tsutako a la Kochou menor.

– ¡Nee-chan! – Giyuu se precipitó a la sala, con expresión de inconformidad.

– ¿Eh? Ah, ¿querías contárselo tú… o era un secreto? – preguntó su hermana mayor extrañada.

Giyuu simplemente soltó un largo suspiro de resignación. No era de extrañar la sorpresa de su hermana al ver su reacción. Normalmente le habría contado a Shinobu nada más verla, pero al visitar el dojo junto a Sabito, había escuchado a varios chicos hablar de las competencias y de cómo algunos esperaban lucirse frente a sus familias, amigos o parejas en ellas. Y la idea le pareció interesante. Especialmente recordando algunas palabras que Kanae le había dicho tiempo atrás. Ahora no podría aplicarla aunque quisiera.

– No te preocupes, Giyuu-kun, puedes contarme los detalles tú mismo – propuso Shinobu, asumiendo que su expresión de desilusión se debía a que quería ser él quien le diera la noticia. Bueno, técnicamente si se debía a eso, pero no exactamente. Aun así, el hecho de que ella palmeara su regazo para invitarlo a sentarse en él como había prometido fue suficiente para animarlo – Ven, quiero saber de tu amigo y como decidiste empezar a practicar kendo.

– ¡Si! – asintió entusiasmado.

– En ese caso, tomemos un descanso – propuso Tsutako – iré a preparar té y galletas.

El menor movió la cabeza para mostrar que estaba de acuerdo con la propuesta, porque, además de agradarle la idea de la merienda, sabía que su hermana le concedía ese pequeño rato a solas con Shinobu como una disculpa por haber contado algo que él no quería. Pero recordó lo que Tsutako había dicho antes sobre ser un niño mimado y algunas palabras del maestro del dojo sobre tener prioridades claras y respetar las de los demás. Por lo que se detuvo súbitamente a medio camino, evitando por poco caer de cara al suelo.

– No se preocupen por mi, no quiero interrumpir la tarea. – afirmó ante las miradas sorprendidas de las mayores – Si Shinobu-nee-chan se queda a cenar puedo contarle después de que terminen – propuso.

Pero solo provocó que Tsutako lo mirara con pesar y Shinobu le dirigiera una mirada de disculpa.

– Oh, lo siento, Giyuu-kun, hoy no puedo quedarme a cenar.

Aunque se sintió decepcionado, el menor mantuvo en mente las palabras de su hermana y su futuro maestro: debía respetar que Shinobu tenía otras prioridades, y el hacerlo aunque no coincidiera con sus deseos era parte de ser fuerte. Por lo que, en lugar de intentar convencer a la menor de las Kochou para que pidiera permiso o pospusiera sus planes para quedarse, trató de esbozar una pequeña sonrisa.

– No tienes que disculparte, Shinobu-nee-chan, si no se puede…

Antes de que pudiera completar su frase, la menor de las Kochou frunció el ceño y se estiró hasta alcanzar a tomarlo de la mano para atraerlo hacia ella.

– ¡Waahh! – sin poder evitarlo, terminó cayendo en sus brazos, siendo atrapado inmediatamente.

– Giyuu-kun, por favor no intentes esconderme cómo te sientes. A mí me gusta lo honesto que eres. – declaró Shinobu mirándolo directamente a los ojos, haciéndolo sonrojar con sus palabras – Se que te decepciona que no pueda quedarme a cenar, y aunque no hay mucho que pueda hacer al respecto, no me gusta que intentes ocultarme tu malestar.

– N-no es eso, Shinobu-nee-chan – replicó algo consternado. Pero, haciendo honor al halago que aún mantenía sus mejillas cálidas, intentó explicarse – Es que… es como nee-chan dijo, si quiero ser fuerte no debo dejar que me mimen y… también… el maestro del dojo dijo… que debía tener mis propias prioridades y respetar las de los demás… así que… en este momento… tu prioridad es terminar tu tarea ¿no? Porque no puedes quedarte… así que no debo interferir – respondió tratando de brindarle una mirada serena como la que normalmente tenía su hermana.

Esta vez fueron las mejillas de Shinobu las que se colorearon, antes de que empezara a acariciar su cabeza.

– Giyuu-kun, creo que aun eres lo suficientemente joven para dejarte mimar – afirmó correspondiéndole la sonrisa.

– Pero nee-chan dijo… - intentó refutar, pese a sucumbir a la tentación de dejar que ella siguiera con su caricia.

– Yo simplemente te estaba mostrando el camino hacia tu meta, Giyuu, puedes seguirlo poco a poco. Aunque en esta ocación me parece bien que decidas conformarte, ya que no hay mucho que se pueda hacer para cambiar la situación. – afirmó Tsutako. Aunque no había ningún cambio en su semblante sereno, en realidad estaba muy enternecida, tanto por la interacción que estaba observando, como por el hecho de que su hermanito ya quisiera empezar a actuar de manera un poco más madura. Casi estaba por levantar la mano para cubrir la sonrisa boba que quería aflorar en su rostro – Pero, en cualquier caso tomaremos ese descanso, también le ayudará a Shinobu-chan a encarar su tarea con energía renovada. Traeré esas galletas.

Sin dar lugar a ningún tipo de réplica, se levantó para dirigirse a la cocina sospesando la idea de tomar un poco de tiempo para llamar a Kanae.

Antes de que Giyuu pudiera decirle algo a su hermana, Shinobu empezó a picarle las mejillas. Y aunque tenía el ceño fruncido, sus mejillas aun estaba coloreadas.

– ¡Es justo como dijo Tsutako-san! ¡No estas interfiriendo en nada, Giyuu-kun! – afirmó atacando sin tregua.

– ¡E-espera, Shinobu-nee-chan! – pidió el menor intentando detenerla.

– ¡Además, aunque no quieras que los demás te mimen, a mi si debes dejarme hacerlo! – ordenó la Kochou menor mientras evadía las manos del pequeño y empezaba a hacerle cosquillas con una sonrisa traviesa.

– ¡Nooo! ¡Por favor espera, Shinobu-nee… - sin poder hacer nada, Giyuu rompió en risas retorciéndose en el regazo de Shinobu. Eventualmente la chica también empezó a reír y solo paró cuando notó que al menor se le dificultaba respirar a causa de la risa.

Entre risas ahogadas, a ambos les costó trabajo recuperar el aliento.

– ¿Ves… Giyuu-kun? No estas… interfiriendo… me ayudas a… relajarme – afirmó Shinobu entre jadeos pero sonriente.

– No… no es justo… Shinobu… nee-chan… - protestó el menor igualmente agitado, limpiándose una lagrimita pero feliz.

– ¿Y? ¿Vas a contarme ahora lo de tu amigo y el kendo? – preguntó la mayor alzando una ceja, al tiempo que lo ayudaba a acomodarse en su regazo. El menor asintió.

– ¡Mi amigo se llama Sabito! – empezó a contar, muy contento – Se mudó a la ciudad este año y tiene un color de cabello bastante raro, es muy divertido y enérgico, pero también muy amable. Empezamos a hablar porque compartió conmigo su almuerzo cuando me tropecé y tiré el mío… – relató, aunque la mayor lo interrumpió.

– ¿Te caíste y tiraste tu almuerzo? – preguntó consternada y ya a la defensiva.

Giyuu asintió dedicándole su mejor sonrisa. Dos años después del vergonzoso berrinche que había hecho al tener miedo de ir a la escuela, a ella seguía preocupándole mucho que otros chicos lo molestaran. Ciertamente, antes de la aparición de Sabito no había logrado encajar del todo como para decir con confianza que tenía amigos, incluso se había metido en algunos problemas, las causas principales eran su torpeza y el hecho de que a veces hablara sin pensar. Pero los problemas habían sido pasajeros y no se había aislado tanto como para sentirse solo. Simplemente, igual que le sucedía con ella y Tsutako, era más feliz cuando se encontraba con Sabito y por suerte, él también lo había aceptado como amigo rápidamente. A veces Giyuu se preguntaba si así de fácil y rápido había nacido la amistad entre su hermana y Kanae.

– No tienes que preocuparte, Shinobu-nee-chan, nadie me molesta – aclaró viéndola a los ojos para demostrar que no mentía y abrazándola para tranquilizarla – y aunque lo hicieran, ahora tengo a Sabito, te aseguro que entre ambos nos cuidamos las espaldas.

– Mmmmm… - Shinobu frunció el ceño un poco más, pero luego sonrió y volvió a acariciar la cabeza del menor – Está bien, pero quiero conocer a Sabito-kun – pidió.

– Lo arreglaré – prometió Giyuu, sabiendo que no lograría convencerla del todo hasta que conociera a su amigo.

Sabía muy bien que Shinobu, a pesar de ser un poco tosca en ocasiones, en realidad era muy amable, por lo que no era extraño que se preocupara por los demás. Pero a él, de manera quizá un poco egoísta, le gustaba pensar que era un poco especial para ella.

Le gustaba pensar que recordaba por más tiempo las cosas que le contaba o sucedían, que tenía cierta prioridad por sobre la mayoría de las personas para obtener su atención y que era el único niño al que abrazaba o dejaba sentarse en su regazo.

– ¿Y? ¿Cómo terminaron con lo del dojo? – preguntó luego de asentir a su promesa.

– ¡Ah! – Giyuu volvió a la realidad – Como te dije, Sabito es muy enérgico y siempre está hablando de cómo debe ser un hombre, es bastante gracioso a veces, pero también genial – rió – entonces le conté que quería hacerme fuerte para proteger a mamá, papá, nee-chan, Shinobu-nee-chan y Kanae-nee-chan…

– Ya te dije que no tienes que preocuparte por mi – lo interrumpió la chica con las mejillas nuevamente sonrojadas – y de nee-san puedo ocuparme yo…

– No. – el niño negó con la cabeza y volvió a mirarla a los ojos – Aunque eres fuerte, también eres una chica, Shinobu-nee-chan, y es el trabajo de un hombre proteger a las chicas. Sabito está de acuerdo. – Afirmó, la mayor soltó un suspiro. Pero antes de que verbalizara su desacuerdo, Giyuu agregó – Además, si ni siquiera soy lo suficientemente fuerte para que dejes de preocuparte por mi ¿Cómo voy a impresionarte antes de que lo haga otro chico?

Al instante, el rostro de Shinobu enrojeció por completo y lo miró con los ojos abiertos de par en par.

– Y-ya te dije que olvides eso – pidió volteando el rostro en un intento de que no lo viera, pero era muy tarde – Ni-ningún chico va a impresionarme ni nada de lo que dijo nee-san…

– ¡Nee-chan dice que nada es seguro, así que yo necesito asegurarme de que siempre estarás conmigo! – reafirmó tomándola del mentón para asegurarse de que viera su mirada firme, de manera similar a como ella lo hacía con él. Un par de segundos después, la chica logró la hazaña de enrojecer aún más antes de tomar su mano para bajarla y volver a apartar la mirada.

– Y-ya dije que no me iré con ningún chico… - murmuró aun avergonzada.

Aunque el pequeño Giyuu aun no sabía demasiado sobre romance y no estaba seguro de que tan especial era para Shinobu, había una sola cosa sobre la que no tenía dudas: estaba bien que todos admiraran su fuerza, su belleza e incluso su amabilidad, pero ese lado indeciso y avergonzado que ella rara vez mostraba frente a otros era un tesoro que quería guardar lo mejor posible.

Sin reprimirse, el menor acarició con el dorso de su mano libre la mejilla de la chica.

– Shinobu-nee-chan… te ves muy linda cuando dices eso – afirmó con una sonrisa de oreja a oreja.

La menor de las Kochou no pudo soportarlo más, así que terminó tomando sus manos para cubrirse el rostro con ellas.

– ¡Basta, Giyuu-kun! ¡Estabas contándome lo del dojo! ¿¡Como terminaron ahí!?

Su reacción lo hizo reír, pero decidió seguir su historia, disfrutando secretamente de sentir la calidez de su rostro contra las palmas de sus manos.

– Entonces, cuando le dije a Sabito que quería ser fuerte, él me habló del kendo y dijo que su abuelo era instructor en su pueblo natal. Al parecer le había dicho que tiene un amigo aquí que da clases, pero Sabito lo olvidó hasta que le pregunté. Así que hoy fuimos a ver el dojo – terminó de relatar contento. Shinobu se animó a mover un poco la cabeza para verlo, pero aun dejó las manos del niño reposando sobre sus mejillas.

– ¿Y que tal?

– ¡Fue muy interesante! ¡Se ve que uno realmente puede hacerse fuerte ahí! ¡Ah! Pero no solo físicamente, el maestro dijo que también era una disciplina para cultivar el espíritu y creo que debe ser un hombre sabio, porque habla de manera parecida a la de nee-chan – explicó con entusiasmo – Es duro, porque a veces recibes golpes, pero el maestro dijo que si el miedo a ser golpeado te detiene de comprometerte con el kendo, corres el riesgo de ser un miedoso por siempre y te echarás a perder – repitió lo mejor que pudo el discurso que lo había cautivado.

Sin embargo, la mayor no compartió su entusiasmo.

– No eres una fruta para echarte a perder – afirmó frunciendo el ceño una vez más – y no me agrada la idea de que practiques un deporte donde te lastimarás… - luego soltó un largo suspiro – pero te ves demasiado feliz para intentar convencerte de que no lo hagas. – finalmente, le dedicó una pequeña pero genuina sonrisa – Si llegas a participar en una competencia o algo, avísame, iré a animarte.

– ¡Gracias, Shinobu-nee-chan! – le sonrió contento.

Le habría gustado que ella estuviese tan emocionada como él, pero estaba claro que, con lo mucho que se preocupaba por su bienestar, no iba a estar muy contenta con el deporte que eligió. En parte por eso le atrajo la idea de darle la sorpresa más adelante, así evitaría que ella viera lo esforzado de su entrenamiento y la asombraría con la fuerza que desarrollaría. Pero pensándolo bien, iba a ser imposible ocultarle si se lastimaba y seguramente la habría hecho preocupar más. Además, que le dijera que iba a animarlo era muy emocionante. Y quizá sería mejor si ella veía su lado trabajador.

Su línea de pensamiento se interrumpió cuando Shinobu empezó a mover sus manos contra su rostro, acariciándolas repentinamente. Tenía los ojos cerrados y expresión pensativa. Giyuu se sonrojó una vez más.

– ¿Q-qué pasa? – preguntó algo nervioso.

– Solo estaba pensando… en lo suaves que son tus manos… son manos de niño. – respondió sin abrir los ojos ni detener sus caricias – Cuando empieces a practicar kendo, se volverán callosas y ásperas – la chica soltó otro suspiro resignado – se volverán rápidamente manos de hombre.

El menor abrió los ojos como platos y sintió sus mejillas calentarse aun más. Observó sus manos infantiles atrapadas entre el rostro y las manos de Shinobu, quien pese tener más años que él, también era una niña aun. Una niña muy linda, que seguiría creciendo y se convertiría en una hermosa mujer.

Al pensar en ambos convirtiéndose en adultos, el corazón de Giyuu se aceleró de emoción.

En ese momento supo que quería convertirse en un hombre confiable por el que no tendría que preocuparse, en el que podría apoyarse y podría cuidar de ella.

– Espera por ello, Shinobu-nee-chan. – murmuró decidido al tiempo que movía sus pulgares para acariciar las mejillas de la chica, quien abrió los ojos para mirarlo – Trabajaré duro. – Prometió, sintiéndose impaciente.


¡Kyaaaaa! ¡Deben verse tan lindos! – Kanae chilló del otro lado del teléfono, olvidándose por un momento de considerar el daño que podía causarle a la audición de su amiga y de la discreción que debía guardar. Tsutako soltó una risa indulgente por lo bajo – Desearía poder verlos…

– Es una lástima que haya olvidado mi celular, podría tomarles una foto ahora… – suspiró la mayor de los Tomioka, asomándose discretamente desde la cocina para ver a los menores en la sala. Luego verificó la hora y suspiró algo apesarada – especialmente porque ya debo interrumpirlos, Shinobu-chan aun tiene que discutir con un par de poemas.

Ehhh… dales un poco más de tiempo, Tsutako-chan – pidió la mayor de las Kochou – ¿no es suficiente con que no apoyes los deseos de tu hermanito? – Tsutako reconoció de inmediato el intento de chantaje emocional de su amiga, volvió a soltar una risa indulgente mientras negaba con la cabeza.

– Ya te lo dije, Kanae-chan, no es que no lo apoye. Quiero mucho a Shinobu-chan y me encantaría que termine con Giyuu. – afirmó.

Dices eso, pero aun recuerdo lo que le dijiste a Shinobu hace tiempo. Eso no ayudó, debiste darle algún "empujón" para que no le de tanta pena la idea de estar con Giyuu-kun – protestó su amiga. Por su entonación, Tsutako supo que estaba haciendo un puchero.

– Dar "empujones" es lo tuyo, Kanae-chan, a mi no se me da… – alegó la mayor de los Tomioka – si me piden consejo, yo solo puedo hablarles de la realidad.

Podrías intentarlo. Si nuestros hermanos no terminan juntos y no nos convertimos en familia, será tu culpa, Tsutako-chan – Kanae hizo otro intento de chantaje emocional.

– No tienes de que preocuparte, Kanae-chan – afirmó tranquilamente – ellos se quieren, pero es más lindo si lo descubren cada uno por su cuenta y a su manera… además, como te dije, con tus empujones tienen suficiente, no necesitan los míos.

Está bien… – suspiró aparentemente resignada, aunque Tsutako sabía que volvería a insistir sobre el tema más adelante. No le molestaba, también era divertido ver a su amiga esforzándose por convencerla – Por cierto, gracias por ayudar a Shinobu con su tarea – Kanae ahora sonaba apenada – siento ser un fracaso de hermana mayor en ese aspecto.

– No hay problema, Kanae-chan. Todos somos buenos en algunas cosas y malos para otras. A ti no se te da enseñar, pero aprendes rápido y puedes dar "empujones" – rió – Además, tú siempre me ayudas cuando tengo problemas y ya te dije que también quiero mucho a Shinobu-chan, y verla hace a Giyuu feliz ¿Cómo podría negarme a hacer ese pequeño favor?

Pero aun no quieres poner de tu parte para que Shinobu sea tu hermana menor…

Como predijo, ya había vuelto al tema, pero antes de que pudiera responderle, el sonido del agua hirviendo le indicó a Tsutako que era hora de terminar la llamada.

– Si quiero, pero también quiero que sea una hermanita con un buen futuro, así que iré a ocuparme del té para que pueda terminar su tarea – afirmó, anunciando su pronta despedida.

Pero si Giyuu-kun se asegura un buen futuro, Shinobu no tendrá que preocuparse por nada…

– Kanae-chan, eso no está bien. Aunque sea Giyuu, no debes enseñarle a tu hermana a poner su futuro en manos de alguien más – la reprendió suavemente.

Tsutako adoraba a su amiga, pero era conciente de que a veces podía cegarse cuando algo la emocionaba y alguien debía estar ahí para ayudarla volver a la realidad. Era una suerte que Shinobu fuera una niña más centrada, que pese a la adoración que le profesaba a su hermana mayor, no se dejaba contagiar de su excesivo romanticismo. Realmente, era ideal para cuidar de personas tan distraídas como Kanae y Giyuu.

Lo siento… – la mayor de las Kochou se disculpó sinceramente – Entonces te dejaré ahora. Gracias por ayudar a Shinobu y por llamarme para contarme los avances. Nos vemos luego, Tsutako-chan.

– Nos vemos luego, Kanae-chan. – se despidió.

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Hora de mi ya acostumbradas(?) confesiones: ¡GIYUU CHIKITO ES DEMASIADO LINDO! Juro que la parte más difícil de escribir este capítulo fue detenerme a cada rato por lo lindo que es :'v ¿alguien juzga a Shinobu por abrazarlo tanto y dejarse convencer por su carita? Porque yo no :'v ok ya me calmo XDD

Aun tengo inseguridad respecto a como estoy tratando sus formas de ser y mentalidad de niños :'v bueno, más la de Giyuu, porque siempre he tenido la idea de que Shinobu es un poco más madura (o sea, en general, no solo porque es mayor que él aquí) pero por suerte (para mi) nuestro bebé ya quiere ir madurando :'D

Lo siento si Kanae se vio un poco OC aquí XD Lo que pasa es que yo pienso que ella es una apropiada y calmada hermana mayor... hasta que hablamos de shipping XD creo que no lo he mencionado pero ella y Tsutako son tres años mayores que Shinobu, así que en este capítulo tienen 15 y pues, creo que no es tan raro que les emocione el romance XD solo que Kanae puede pasarse un poco, especialmente si no está su hermanita, pero por suerte Tsutako puede volverla a hacer que ponga los pies sobre la tierra XD Pero bueno, es posible que después de que yo estuviera fangirleando mientras escribía, necesitara a alguien que exteriorizara mi fangirlismo XDD

Ah, también comparto el headcanon (no recuerdo exactamente donde lo lei) de que Kanae es una especie de prodigio que aprende todo muy rápido, pero es terriblemente torpe para transmitir sus conocimientos (no recuerdo si lo mencioné en Atrapar una mariposa, pero ahí pasaba lo mismo XD) por lo que no puede ayudarle a Shinobu con sus tareas XD Ojo, que no es que Shinobu sea cabezidura, simplemente, como dijo Tsutako es buena en algunas cosas (matemáticas y ciencias), pero se le dificultan otras (en este caso, literatura. Que aquí Shinobu estaría en quinto grado creo, y realmente no se si ya estarían estudiando poemas pero buehh... siento mi negligencia n_nU)

Y creo que son todas las confesiones que amerita este capítulo XDu hasta la próxima~