Holis~ Aquí ando, asombradísima porque ya pasamos al otro mes y no me cansé ni desanime :'D Hasta ya siento medio raro el día que me tomo de descanso de escribir :'v pero no confien en mi, en cualquier momento me pasa algo e incumplo :'v Según el contador de palabras este capítulo es casi el doble de largo que los otros dos y estoy un poco feliz porque es desde el punto de vista de Shinobu y los caps largos generalmente son de Giyuu XD Dicho eso, ahora espero que esta cosa no me haya quedado mal :'v la verdad es que no estoy segura del final que le di porque trataba de apegarme a mi horario y el cap se me extendió más de lo que esperaba y había holgazaneado uno o dos días (supongo que podré decir que realmente cumplí con mi rutina cuando no me ponga de floja a escribir solo un parrafo :'v) y pues, tuve que apurarme a terminar :'v

No tengo mucho más que decir por ahora, excepto que Kimetsu no yaiba le pertenece a la genial, pero malvada Gotouge-sensei y que casi me hace llorar el Tanjirito en el último trailer de la película :'v

¡Ah! Y gracias a Sonye-san que me enseñó la diferencia y a usar el guion largo XD

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10 y 13

— ¿Quién soy~? – la menor de las Kochou no pudo reprimir un respingo al ser privada de su visión y escuchar ese susurro en su oído.

— ¿Nee-san? – preparó el puño por si acaso.

— ¡Por supuesto que soy yo! ¿Quién más sino? – preguntó su hermana mayor haciendo pucheros y retirando las manos de sus ojos.

— No lo se… – Shinobu trató de pensar en alguien inofensivo – ¿Alguien del club?

— ¿Acaso te molestan tanto como para querer golpearlas? – preguntó Kanae un poco tensa, señalando con la mirada su puño cerrado.

— ¡N-no, no! E-es solo que yo… – Shinobu no quería admitir que estaba nerviosa, ni que algunos de los chicos que participaban en la competencia habían intentado molestarla, pero tampoco quería hacer que su hermana se preocupara, por lo que tuvo que sincerarse un poco – solo estoy nerviosa. No estoy acostumbrada a recibir tanta atención y me siento un poco… presionada.

No mentía del todo. Pese a ser de primer año, Shinobu se había convertido rápidamente en la estrella del equipo de atletismo de la academia de chicas Sekirei. Aun era un poco pequeña para su edad, pero su hiperactividad le confería una resistencia que le permitía soportar los duros entrenamientos del club, incluso le habían dicho muchas veces que podría dedicarse a ser maratonista. Pero Shinobu, para empezar, no le veía sentido a prepararse para incursionar en una carrera desde los trece años, quería conocer y experimentar más cosas antes de decidir un rumbo para su vida, por lo que no daba nada por sentado. Se había unido al club solo como una distracción y una forma de combatir su hiperactividad que, según creía, le estaba ocasionando problemas para dormir. Suponía que al estar cansada por el ejercicio caería rendida y dormiría como un bebé, pero no siempre lo lograba.

Al final, había decidido empezar a participar en competencias de velocidad. Algunas de sus compañeras pensaban que lo hacía solo por contrariar a las senpais -y era posible que tuviesen un poco de razón, la menor de las Kochou permitía solo a muy pocas personas opinar sobre su vida-, pero también se debía a otro rasgo de su personalidad que iba de la mano con su hiperactividad: la impaciencia. Parecía un poco irónico que pudiera soportar por horas un entrenamiento, pero para una competencia real necesitara, como mínimo, ir realizando jugadas, o en el mejor de los casos, definir su victoria o su derrota lo más pronto posible. Y visto su estado en ese momento, estaba segura de que el tener que correr a una velocidad moderada por largo tiempo para darlo todo solo en los últimos metros destrozaría sus nervios.

— ¿La capitana vino a presionarte? – preguntó Kanae, con una expresión seria poco usual en ella. Aunque no solía llevarse mal con nadie y en general la adoraban en la escuela, desde que Shinobu comentó como intentaban presionarla para que se decidiera por los maratones, había comenzado a tener algunos roces con la capitana del club. A ella tampoco le gustaba que cualquiera se entrometieran en los asuntos de su hermanita.

— Ah… si, estuvo aquí hace poco – le sonrió tratando de tranquilizarla. Además de no querer hacerla preocupar, le resultaba vergonzoso que su hermana mayor interviniera por ella – pero no es ella quien me… tiene nerviosa – admitió con un suspiro al tiempo desviaba la mirada, sabiendo que sus mejillas empezaban a calentarse.

La expresión seria de Kanae se tornó de inmediato en una sonrisa pícara. Habían llegado al único aspecto de la vida de Shinobu donde trataba de entrometerse de manera activa.

— ¿Es porque cierto futuro esposo vendrá a verte~? – canturreó. Las mejillas de Shinobu se encendieron como bombillos de navidad.

— ¡No es mi futuro esposo! – refutó de inmediato.

— Pero hasta hicieron una promesa de matrimonio~

— ¡No hicimos una promesa de matrimonio, él solo dijo algo parecido… y tenía seis años! ¡Ni siquiera se dio cuenta de lo que dijo! – trató de argumentar la menor, pero era inútil, Kanae nunca le daría la razón.

— Eres la única que lo ve así~

— Tsutako-san también lo ve así – argumentó débilmente. En realidad, no tenía clara la opinión de la mayor de los Tomioka sobre ese asunto, ya que no actuaba de la misma manera que Kanae, y de hecho, los consejos que le daban eran razonables, sin intentar orillarla a que se quedara con su hermanito. Aun así le había dicho que la quería tanto como a Kanae y no le molestaría que se convirtiese de manera oficial en su hermana menor.

— Claro que no, Tsutako-chan solo… mmmm… es difícil de doblegar – murmuró frunciendo un poco el ceño. Shinobu alzó una ceja.

— Quieres decir que no has podido convencerla de que le lave el cerebro a Giyuu-kun – afirmó con un poco más de confianza, aunque tuvo sentimientos encontrados.

— No necesita lavarle el cerebro a Giyuu-kun – protestó Kanae.

— Porque tú ya lo haces – pero Shinobu era muy terca, por lo que la mayor suspiró.

— Hablando de ellos ¿Quieres ver donde están sentados? Te animará durante la carrera – decidió cambiar de tema, ya que era inútil seguir con el otro… por ahora.

— ¡No! – la menor de las Kochou sintió sus nervios alterarse a niveles alarmantes – S-si lo hago, probablemente haré la carrera intentando ver en su dirección y perderé – enrojeció por completo al darse cuenta de que había pensado en voz alta.

— ¡Oh, Shinobu! – Kanae la abrazó sin pensar – ¡Es tan lindo que solo Giyuu-kun sea capaz de distraerte así!

— ¡Nee-san! – la menor trató de zafarse de los brazos de su hermana con desesperación, necesitaba calmarse antes de que empezara la carrera y eso no le ayudaba.

— Pero no tienes que preocuparte tanto, es tu primera competencia después de todo – trató de transmitirle un poco de serenidad – así que solo da lo mejor de ti, lo que tenga que pasar, pasará.

— Mmm… no lo entiendes, nee-san, tengo que ganar – insistió un poco a regañadientes.

— No le prestes atención a la capitana o a las otras chicas… – siguió diciendo Kanae, luego volvió a su tono pícaro – y mira el lado bueno, si pierdes, Giyuu-kun podría consolarte – le hizo un guiño.

Pero contrario a la reacción explosiva y avergonzada que esperaba, la menor desvió la mirada y habló seria, aunque sus mejillas seguían coloreadas.

— Precisamente, nee-san, no puedo decepcionar a Giyuu-kun. Después de lo que dijo, no puedo permitirme perder. Yo… no puedo traicionar sus expectativas… no me lo perdonaría…

Kanae sonrió enternecida. Observó con detalle a su hermanita y notó que temblaba un poco. Decidió darle un poco de tregua.

— Dudo mucho que alguna vez hagas algo que no pueda perdonarte, te adora demasiado. – dijo con sinceridad – Pero por eso mismo, estoy feliz de que quieras esforzarte por él. – abrazó a su hermana para tranquilizarla un poco – Estoy segura de que ganarás, Shinobu, cuando decides hacer algo siempre lo cumples.

Shinobu aun se sentía nerviosa, pero las palabras de su hermana lograron tranquilizarla lo suficiente para que dejara de temblar.

— ¿En verdad lo crees? – preguntó ya con algo de esperanza.

— Por supuesto – le sonrió Kanae, luego la soltó para enredar su dedo meñique con el de ella – te lo juro… pero también creo que te consolaría si pierdes, será un gran esposo para ti~

— ¡Nee-san! – Shinobu volvió a enrojecer por completo, con los nervios a flor de piel una vez más.

La hermana mayor rió. Aunque no era su intención dejarla en semejante estado, vio por el rabillo del ojo que se acercaba uno de los encargados, y dado que se suponía que no debía estar ahí, no tuvo más opción que despedirse.

— Lo siento, Shinobu, debo irme. Pero sé que puedes hacerlo ¡Te estaremos animando! – le susurró antes de soltarla.

Cuando se encontró sola de nuevo, Shinobu tuvo la tentación de buscar al pequeño Giyuu entre la multitud, pero cerró los ojos y negó con la cabeza. Si se ponía más nerviosa perdería, y aunque Kanae había dicho que el menor se lo perdonaría, ella no podía permitírselo.

— ¡Por supuesto que iremos a animarte, Shinobu-nee-chan! – exclamó el menor cuando le pidió a él y a su hermana que fueran a verla a su primera competencia. Ella se sintió feliz – Ah, ¿te molestaría si llevo a…

— ¿Sabito-kun? – completó con un tono más dulce del que solía usar para hablar de ese niño, había percibido la duda en su voz. Durante los dos años que llevaban de conocerse, habían desarrollado una relación un poco antagónica, ya que desde que hizo al menor de los Tomioka meterse a un deporte que implicaba que intentaran golpearlo con una espada de madera, Shinobu lo consideraba una mala influencia. Por su parte, a Sabito no le gustaba como, según él, se la pasaba controlando a Giyuu, por lo que siempre intentaba que dejara de preocuparse por lo que fuera a pensar ella. Aun así, al menos Shinobu hacía un esfuerzo por soportarlo, ya que no le gustaba que Giyuu se incomodara y se mostrara cauteloso con cuando le hablaba de su amigo – Está bien, le mostraré que puedo dejarlo mordiendo el polvo si intenta provocarme – bromeó a medias pinchándole la mejilla al menor de los Tomioka.

— El problema será hacer que lo admita. – rió el menor, dejándose – Pero también quería llevar a Makomo para poder presentártela – pidió aun animado. Aunque Shinobu dejó de pincharlo.

— ¿Por qué en la competencia? – preguntó siendo invadida por los nervios de repente. Le había hablado de su nueva amiga y había prometido presentársela, lo normal, pero aunque no lo admitiría nunca en voz alta, el hecho de que se tratara de una niña la incomodaba de más. Al reconocer que una parte de ella prefería evitar el encuentro, cayó en cuenta de algo más – ¿Porqué hasta la competencia? Seguramente ha habido muchas oportunidades para que nos la presentes antes.

— No cometeré el mismo error que con Sabito. – Giyuu negó con la cabeza de manera decidida – Admito que es divertido verlos discutir, pero ahora Sabito no puede admitir que te respeta o que eres genial – explicó frunciendo el ceño – Makomo es diferente y dudo que se porte igual que él. Pero aun así quiero que vea que la Shinobu-nee-chan de la que tanto hablo, es incluso más linda y genial de lo que le he contado – terminó de hablar para dedicarle una de esas sonrisas que calentaban sus mejillas y su corazón, que la hacían querer abrazarlo y nunca soltarlo.

Aunque en ese momento no lo dijo. En su corazón Shinobu se prometió ganar la competencia para él. No se trataba de causarle algún tipo de impresión a Makomo, solo no podía permitirse decepcionar a Giyuu.

Él pensaba que ella era linda y genial, Shinobu dudaba que fuera cierto, pero que Giyuu lo pensara la hacía vergonzosamente feliz, así que quería hacer lo que estuviese a su alcance para que siguiese así.

Sin embargo, recordar todo eso no la estaba ayudando a calmarse, por el contrario, se sentía tan ansiosa que llegó a preguntarse si no estaba a punto de desmayarse o sufrir un ataque cardiaco. Empezó a tomar aire a bocanadas, lo que la hizo recordar que el menor le había enseñado, a ella y a sus hermanas, una técnica de respiración que había aprendido de sus clases de kendo.

El recuerdo le resultaba siempre un poco gracioso, porque solo Tsutako había podido aprenderla correctamente y de todos modos, lo había hecho solo por participar en la diversión, ya que rara vez algo llegaba a perturbarla. Por su parte, Kanae y Shinobu habían desarrollado lo que Giyuu y Sabito llamaron "estilos propios": No lo hacían de la misma forma que ellos, ni siquiera entre las dos lo hacían igual, pero cumplían el objetivo sin falta.

Sin abrir los ojos, Shinobu se sentó en el suelo, relajó los músculos lo más que pudo sin alterar su postura y empezó a inspirar por la nariz hasta llenar sus pulmones por completo y vaciarlos al exhalar por la boca. Sintió como el oxígeno llenaba sus pulmones, como estimulaba la circulación de su sangre, y como esta revitalizaba sus músculos. Concentrada como estaba en lo que ocurría dentro de su cuerpo, su mente también se desconectó por un momento, el movimiento y barullo de las personas a su alrededor se convirtió en ruido de fondo. Fue como si el lugar de repente estuviese en silencio.

Aunque oyó a uno de los chicos de antes pararse a su lado e intentar molestarla, no le prestó atención, siguió respirando y concentrándose en su flujo sanguíneo. Se le ocurrió imaginar que la sangre fortalecía los músculos de sus piernas, que les otorgaba flexibilidad y resistencia.

Para cuando la llamaron a formarse en la línea de salida, Shinobu incluso sentía un ligero hormigueo en las piernas, estaba ansiosa por correr. Había logrado darle la vuelta a sus nervios y había vuelto a ser la chica impaciente que quería medir de una vez su desempeño con respecto a las otras competidoras y saber si podía ir más rápido. Solo que esta vez además quería ganar.

También había vuelto a ser la niña altiva que no dejaba que cualquier tonto la intimidara, por lo que al salir a la pista no olvidó meterle una zancadilla al chico que había intentado molestarla antes.


Solo cuando subió al podio a recibir su medalla y posar para la foto, Shinobu se permitió escudriñar con la mirada a la multitud. Había ganado, y aunque no pudo ver las expresiones de sus seres queridos en ese momento, quería al menos verlos cuando le entregaran la medalla.

Para su mala suerte, las enormes pancartas que habían llevado varias escuelas -incluyendo la suya- se tragaban a muchos espectadores. Incluso temió que debido a eso, ellos tampoco pudieran verla. Frunció ligeramente el ceño, preocupada, hasta que la chica del segundo lugar le dio un ligero codazo.

— Kochou-san, por favor al menos sonríe para foto – le susurró.

— Lo siento – respondió de manera automática, luego se enfocó en el pensamiento de que había cumplido su promesa, Giyuu aun podía pensar que ella era genial, así que sonrió con ganas.

Al término de la ceremonia de premiación se dirigió a los vestidores a paso rápido, ansiosa por salir de ahí antes de que las de su club la pillaran.

— ¡Oye, Kochou menor! ¡Ven, vamos a celebrar todas juntas! – se encontró de frente con la capitana y el resto del club justo cuando iba saliendo.

— Gracias, capitana – le sonrió apenada – pero prometí ver a mi hermana y unos amigos al salir.

— No seas aguafiestas, eres la única de primer año que logró una medalla, si no celebras con todas ¿Cómo vas a animarlas para que esfuercen?

Antes de que pudiese responder, la emocionada voz de Kanae resonó en el concurrido pasillo.

— ¡Shinobuuu! – aunque todos los que transitaban en el pasillo se detuvieron para verla, la mayor de las Kochou no les prestó la menor atención, si acaso, aprovechó para abrirse paso de manera más fácil – ¡Vine a recogerte! ¡Ah! Como esperaba, ya estas lista – sonrió pletórica de energía al llegar a la puerta del vestidor.

— ¡Kochou! ¡No te robes a nuestra estrella cuando estamos a punto de ir a celebrar con ella! – protestó la capitana.

— ¡Es cierto, Kochou-senpai! ¡Dejenosla un rato! – se sumaron algunas chicas.

— Eh… ¿Podemos tener esta conversación en otro lugar? Estamos estorbando – Shinobu intentó hacerse escuchar, apenada porque estaban llamando la atención y porque en realidad algunas competidoras de otras escuelas que querían entrar al vestidor veían con mala cara el alboroto.

— No te preocupes, Shinobu, esto terminará en un momento – Kanae sonrió sin mirarla al tiempo que tiraba de su brazo.

— Si, contigo yendo con nosotras – la capitana tiró de su otro brazo, apoyada por otras chicas del club.

— ¿Eh? – Shinobu parpadeó un par de veces preguntandose si en verdad estaban a punto de jugar al tira y afloja con ella como cuerda.

— Claro que no, Shinobu tiene que ver a alguien especial para ella justo ahora – Kanae volvió a tirar de ella.

— ¡Kya! ¿¡Acaso será un novio!? – chillaron algunas de sus compañeras, haciéndola sonrojar.

— Eso no… – intentó aclarar el tema, pero un par de chicas tiraron de ella hacia el lado de la capitana.

— ¡Solo será un rato!

— ¡Además, Kochou-san es muy joven para tener novio! ¿Qué clase de hermana mayor eres, Kochou-senpai?

Antes de que Kanae pudiera tirar de ella otra vez, o abriera la boca para defenderse, Shinobu agitó los brazos con todas sus fuerzas para que la soltaran.

— Disculpen, pero no soy una cuerda para que tiren de mi de esta manera. – dirigió una mirada severa a todas, incluyendo su hermana – Y les pido que no opinen sobre mi vida privada o la clase de hermana que tengo, o me enojaré mucho. – advirtió. Las miembros del club pasaron saliva y desviaron la mirada apenadas. Shinobu se irguió en toda su altura antes de volver a hablar con toda la calma que pudo reunir en ese momento, adoptando un tono rebosante de dignidad – Me disculpo por no poder acompañarlas, pero ya hice una promesa, además son amigos – recalcó la palabra dirigiéndole una mirada de reprimenda a Kanae, que solo le sonrió con fingida inocencia – a los que no he podido ver muy seguido, por lo que no puedo quedarles mal.

Una vez más, no estaba mintiendo. Llevaba meses preparándose para la competencia y en ese lapso de tiempo había visto muy poco a Giyuu debido a las actividades extracurriculares de ambos. Ni siquiera había visitado mucho a Tsutako, porque Kanae le había comentado que estaba preparándose para sus exámenes de admisión de preparatoria y no quería molestarla demasiado. La última vez que los vio fue para hablarles de la competencia, e incluso esa había sido una visita rápida. No podía bajo ninguna circunstancia dejarlos de lado después de que habían hecho tiempo para ir a verla. Además, si era honesta consigo misma, los extrañaba.

— ¡Así es! Shinobu se esforzó por ganar para mostrarle a Giyuu-kun su lado lindo y genial, estaría muy mal que ustedes eviten que escuche los elogios que él tiene para ella – añadió Kanae, viéndose ofendida, pero su hermana la conocía como la palma de su mano y sabía que en realidad estaba disfrutando airear esa información, por lo que no dudó en protestar.

— ¡Nee-san! ¡No lo digas de esa manera! – su rostro empezaba a arder y la avalancha de preguntas y comentarios que siguió no le ayudó para nada.

— ¿¡Entonces si se trata de un novio!?

— ¡Que afortunado!

— ¡Con una motivación así quien no gana!

— ¿¡Es guapo!?

— ¿Es digno de nuestra joven estrella?

— Yo también quiero un novio…

— ¡Espe…

Antes de que pudiera aclarar nada, Kanae la tomó de la mano para llevársela, esta vez nadie intentó impedirlo.

— ¡Suerte, Kochou-san!

— ¡Si no te halaga como es debido solo dinos y le daremos una lección!

Fueron algunos de los "animos" que recibió mientras se marchaba, haciendo imposible que pudiese bajar su sonrojo.

— Nee-san, no debiste dejar que lo malentendieran de esa forma. – reclamó mientras Kanae la guiaba entre la multitud – ¡Es un niño! – recalcó con tono de preocupación.

Kanae se detuvo de repente y la miró.

— ¿Ara? ¿Te preocupa lo que vayan a decir por eso? – Kanae siempre había encontrado graciosa y adorable la resistencia de su hermanita, si bien no se explicaba el motivo, ya que era evidente que también quería mucho a Giyuu. Pero al escuchar su preocupación, por primera vez se planteó la posibilidad de que le avergonzara el hecho de que su pretendiente fuese menor que ella.

— Me preocupa que intenten cumplir lo que dijeron de darle una lección, varias de esas chicas son raras y se pusieron bastante intensas cuando les hablaste de él – respondió Shinobu, aludiendo a su creciente y extraña popularidad – Giyuu-kun es solo un niño y a menudo habla sin pensar, es fácil que las personas lo malentiendan o se enojen con él – aunque no se llevara tan bien con Sabito, en el fondo estaba agradecida de que él estuviese al lado del menor de los Tomioka, porque como le había dicho tiempo atrás: entre ambos se cuidaban las espaldas – además, sigo en contra de que le laves el cerebro con el asunto de casarse conmigo – añadió de manera seria, aprovechando que por una vez su hermana no estaba tonteando – él tenía solo seis años cuando dijo eso de estar juntos siempre, te aseguro que ni siquiera lo decía con esas intenciones y fue porque tú lo sugestionaste – le reclamó.

— Shinobu, es cierto que le dije algunas cosas ese día, pero no creo que fueran suficientes para que se encariñara tanto contigo… – empezó Kanae, que internamente se debatía entre darle un pequeño golpe en la cabeza o abrazarla mientras se preguntaba porqué su hermanita se ponía tan insegura en ese aspecto, pero ella la interrumpió.

— No, nee-san, él me quiere porque nos conocemos de toda la vida – insistió – pero difícilmente estaremos juntos todo el tiempo ¿no lo ves? Empezó hace dos años, cuando se inscribió a ese dojo, empezó a tener más actividades a conocer a más personas y ahora… mira lo difícil que ha sido verlo a él o a Tsutako-san últimamente, todos estamos ocupados y ellos van incluso a escuelas mixtas, él seguirá conociendo a más personas, a más chicas… – de repente, Shinobu desvió la mirada. La expresión triste de su rostro habría preocupado a Kanae si no hubiera aparecido acompañada de un sonrojo – como Makomo-san – murmuró para luego bajar la cabeza – ¿Qué pasará si encuentra a otra chica que le guste y la deja ir porque gracias a tu lavado de cerebro siente algún compromiso conmigo? …yo no me perdonaría si él es infeliz por mi culpa – añadió en un tono de voz tan bajo que a Kanae se le dificultó escucharla.

Pero la mayor de las Kochou empezó a hacerse una idea de las dudas que escondía su hermana. Supuso que era un poco comprensible. Aunque para ella fuera evidente lo genuino del afecto que Giyuu le profesaba, la curiosidad natural de Shinobu la impulsaba a cuestionar y analizar casi todo.

No, Shinobu no cuestionaba el hecho de que Giyuu le tuviera cariño, cuestionaba la naturaleza del sentimiento que le profesaba y cuanto duraría. Tomaba en cuenta factores como el tiempo que llevaban de conocerse, el que podían pasar juntos, cuanto pasaban separados…

«Tiempo»

Parecía darle mucha importancia. Kanae sospechó que se debía a sus edades: Giyuu tenía solo diez años, para Shinobu era un niño en toda regla, que debía dedicarse a jugar y disfrutar del presente. En cambio, ella ya estaba en plena pubertad, época de grandes cambios e incertidumbres, cosa que probablemente no le ayudaba a la parte impaciente de su carácter.

Por primera vez Kanae se sintió cerca de comprender el punto de vista de su amiga Tsutako acerca de dejarlos descubrir sus sentimientos por su cuenta. No solo era lindo -lo admitía-, de esa forma también evitarían ponerles una presión extra… como la que ella había estado ejerciendo sobre Shinobu sin querer.

— En verdad no creo que llegue a suceder algo como eso – le sonrió al tiempo que la hacía levantar la cabeza y acariciaba su mejilla – pero eres muy amable al considerar tanto lo que Giyuu-kun pueda estar sintiendo "realmente". Estoy orgullosa de ser tu hermana. – agregó, haciendo que una tímida sonrisa se formara en el rostro de Shinobu – No cualquiera puede ser tan amable cuando esta tan celosa de que otra chica pueda pasar tanto tiempo con el niño que adora~

— ¡Nee-san, ya te dije que no es eso! – se "animó" de inmediato la menor, enrojeciendo por completo.

— Admítelo, Shinobu~ te da envidia que Giyuu-kun haya conocido a una niña en el dojo~

— ¡Por favor deja de decir cosas que puedan malinterpretarse!

Las protestas de la menor no duraron mucho debido a que escuchó la voz que estaba extrañando.

— ¡Ah! ¡Ahí están! Sabito, Makomo ¿Qué tal una carrera hasta ellas? – propuso Giyuu muy animado.

— ¡Un verdadero hombre no huye de un reto! – contestó Sabito sin dudar, aunque luego miró a la niña que estaba junto a ellos – O mujer… – añadió a regañadientes.

— Ya estas aprendiendo, Sabito – Makomo soltó una suave risa.

— ¡SO-SOLO POR ESTA VEZ! – contestó el chico con cabello color salmón con un nerviosismo bastante evidente, incluso desviando la mirada por un momento. Luego, casi sin dar tiempo a prepararse, adoptó posición de salida – ¡Uno, dos, tres!

— ¡Esperen! ¡Pueden lastimar a alguien!

Antes de que Tsutako pudiera detenerlos, los tres niños ya habían salido corriendo en dirección a las hermanas Kochou.

— No te preocupes, Shinobu, sigues siendo su favorita – Kanae le dio un ligero codazo a su hermana, quien miraba a los niños.

Para sorpresa de Shinobu, Makomo y Giyuu eran quienes se disputaban el primer lugar en la improvisada carrera, Sabito no iba tan rezagado, pero era claro que estaba al último. La menor de las Kochou se preguntó si eso tendría que ver con su curiosa actitud hacia la niña y que tan seguido le ganaría a ambos en sus infantiles retos.

— ¡Ahh! – pero antes de que Shinobu pudiese plantearse más preguntas, la sandalia de Makomo se soltó, ocasionando que se enredara y cayera de cara al suelo.

Lo que sucedió a continuación ninguna de las chicas mayores lo había visto nunca: Sabito y Giyuu frenaron al instante, acudieron al lado de su amiga y se arrodillaron junto a ella.

— ¡Makomo! ¿Estas bien? – incluso hablaron al mismo tiempo.

La chica murmuró lo que pareció una respuesta afirmativa. Luego, con lentitud se sentó en el suelo, luciendo un buen golpe en la frente y una sonrisa apenada. Los dos niños, actuando aun al unísono, se pusieron en pie y extendieron sus manos para ayudarla a levantarse.

— Levántate despacio – dijo Sabito serio.

— Si te sientes mareada no dudes en decirnos – el tono y la sonrisa de Giyuu eran mucho más amables.

— S-si, gracias… – Makomo tomó la mano de ambos esforzándose por no dejar de sonreír, era evidente que el golpe no era la única razón por la que su rostro seguía enrojecido por completo.

Normalmente Shinobu habría admirado el hecho de que la niña no empezara a llorar tras semejante golpe y le habría llamado la atención que el pelisalmón no hubiera empezado a burlarse, pero el chillido de su hermana la descolocó por completo.

— ¡Kyaaa! ¿No están hechos todos unos caballeros? ¡Makomo-chan debe sentirse como una princesa!

¿Cómo una princesa?

La menor de las Kochou nunca se había sentido de esa forma, siempre le gustó ser independiente y demostrarle a niños y mayores que podía hacer todo sola sin mayor problema, incluso proteger y ocuparse de su amada hermana que siempre tenía la cabeza en las nubes o de un niño más pequeño y adorable que ella como Giyuu. En realidad, ni siquiera había aspirado nunca a sentirse como una princesa… hasta ese momento, viendo al menor de los Tomioka rodear la cintura de la pequeña Makomo para brindarle un mejor soporte mientras la niña pasaba uno de sus brazos por su cuello -el otro utilizaba a Sabito de apoyo-.

Shinobu pensó que, si Giyuu hubiera sido un poco más grande, la habría cargado en sus brazos. Y al imaginar tal escena no pudo negar que la punzada que atacó su pecho como el golpe de un rayo, era el sentimiento conocido como envidia.

— ¡Les dije que alguien iba a salir lastimado! – los reprendió Tsutako, al alcanzarlos.

— Lo sentimos – se disculparon los tres haciendo una reverencia.

— No los regañes, Tsutako-chan, gracias a eso pudimos ver una escena encantadora – Kanae estaba de nuevo en su mundo rosa.

— ¡Nee-san, no esta bien! ¡Makomo-san se lastimó y un golpe en la cabeza no debería ser tomado a la ligera! – la reprendió Shinobu, aunque hubiese reconocido en su interior sentir envidia, Makomo seguía siendo una niña y no podía dejarla así. Además, alguien debía hacer aterrizar a su hermana – por favor ve a mojar esto en agua fría, o si puedes conseguir hielo sería mejor – le pidió sacando un pañuelo de su bolsa de deporte.

— Tienes razón – Kanae volvió a la realidad al tomar el pañuelo – Lo siento mucho, Makomo-chan – se disculpó con la niña.

— N-no… fue mi culpa – murmuró muy bajo la menor, aun enrojecida hasta la raíz del cabello.

— Vamos, Kanae-chan, creo que vi una máquina expendedora en aquella dirección – Tsutako tiró de su amiga con expresión preocupada, misma que le dirigió a Shinobu – Te los encargo, Shinobu-chan – luego miró de forma más severa a su hermano menor, aunque habló para todos – sean buenos chicos esta vez.

Los tres bajaron la cabeza avergonzados, especialmente el menor de los Tomioka, su hermana rara vez se enojaba con él, mucho menos en público.

— No te preocupes, Tsutako-san. – asintió Shinobu, quien de haber estado más tranquila, habría encontrado divertida la escena – Busquemos un lugar donde Makomo-san pueda sentarse.

Los guió a una banca vacía, algo alejada de la multitud y en cuanto ayudaron a Makomo a sentarse, Giyuu y Sabito se plantaron frente a ella haciendo una profunda reverencia.

— ¡Lo siento, Makomo! – se disculparon haciendo gala de una perfecta sincronización una vez más.

— ¡Basta! – rogó la chica cubriéndose el rostro, una lástima porque por fin había logrado bajarse el sonrojo – ¡Es extraño cuando ambos se disculpan! ¡Además estamos llamando más la atención!

Shinobu por fin sintió verdadera compasión de la niña, comprendía muy bien el sentimiento de no querer llamar la atención, por lo que decidió intervenir dándole un suave empujón a los chicos para que se apartaran.

— Compensarán a Makomo-san después, ahora tenemos que tratar ese golpe – se agachó frente a la niña y sacó de su fiel bolsa, alcohol y gasa.

— Lo siento, Shinobu-nee-chan – Giyuu siguió disculpándose y el hecho de que Sabito no estuviese protestando era señal de también se sentía mal – no se suponía que se conocieran así…

— Giyuu-kun, deja de disculparte y ayúdame con esto – le sonrió para mostrarle que no estaba molesta con él, al tiempo que le ofrecía la botella de alcohol. El menor se animó de inmediato.

— Yo iré a… – empezó a excusarse Sabito, viéndose muy incómodo.

— Ara~ huir de tus responsabilidades no es muy varonil que digamos, Sabito-kun – señaló Shinobu sonriéndole de manera maliciosa.

— ¡No estoy huyendo! ¡Voy a asumir mi responsabilidad comprando una bebida para Makomo! – anunció antes de irse de manera apresurada, evitando correr como antes.

Ninguno de los tres pudo contener la risa ante su reacción.

— Ahora, Makomo-san, se que estas apenada y probablemente no quieras hacer preocupar a nadie, pero por favor dime si te duele – le pidió Shinobu, pasando por su frente hinchada la gasa empapada en alcohol que Giyuu le dio.

— Si, aprovecha que Sabito no está. – la animó Giyuu.

Makomo asintió aun tímida.

— Lo siento, Kochou-san-ay… – se quejó, Shinobu trató de ser más cuidadosa – Giyuu-kun me ha hablado mucho de ti y es muy vergonzoso conocerte de esta forma, incluso estoy causándote molestias…

Shinobu miró de reojo a Giyuu, que desvió la mirada apenado. Sonrió de manera genuina.

— Tú también deja de disculparte, Makomo-san, en realidad me impresionaste.

— ¿¡De verdad!? – preguntaron ambos niños sorprendidos. Shinobu asintió.

— Fue muy refrescante ver a Sabito-kun ser dejado atrás por una chica – rió – y con un golpe como el que te diste, cualquier otra estaría llorando a mares, pero tú apenas te has quejado.

— Bueno, no fue muy diferente a recibir un golpe en el dojo – respondió la niña con modestia.

— ¿Ah si? – preguntó Shinobu mirando a Giyuu. Sospechaba desde hacía tiempo, por algunos comentarios de él mismo, de Sabito e información que había encontrado, que le mentía sobre cuanto se lastimaba en los entrenamientos.

— E-entonces debió ser más el sonido que el golpe – sugirió el menor sonriendo nervioso. Su amiga acudió a su rescate.

— ¡Pero tú también estuviste impresionante, Kochou-san! – afirmó Makomo muy animada, con las mejillas enrojecidas una vez más – En realidad no suelo meterme tanto en las competencias entre Sabito y Giyuu, pero quería intentar verme un poco como tú. – tal afirmación tomó a la menor de las Kochou con la guardia totalmente baja.

— Yo también me estaba esforzando bastante por ganar, como tú, Shinobu-nee-chan – Giyuu le dedicó una de sus más brillantes sonrisas – ¡Ah! Eso me recuerda que te traje esto ¡Felicidades por ganar el primer lugar! – el menor sacó de su mochila una cajita transparente que contenía un sencillo pero hermoso ramillete de flores de glicinia.

Esta vez fue el turno de Shinobu para sonrojarse.

— ¡Ah! Trajiste esas flores al final, yo también creo que una rosa habría sido más apropiada – protestó Makomo.

— Pero estas flores le gustan a Shinobu-nee-chan – Giyuu estaba convencido, pero se dirigió a Shinobu para que ella misma despejara cualquier duda – ¿Verdad?

— Gracias… – murmuró sorprendida. Nunca le había comentado a nadie, ni siquiera a Kanae, la extraña atracción que esas flores ejercían sobre ella. Pero Giyuu lo había notado – Si, me gustan – sonrió encantada.

En la ceremonia de premiación le habían dado un ramo de flores más grande y variado -que había olvidado en los vestidores- sin embargo, para ella era mucho más significativo ese pequeño ramillete que su persona favorita le regalaba pese a que su elección parecía ser bastante impopular. Shinobu sentía que su corazón estallaría de felicidad.

— Jajajajaja ¿Porqué te hace sonreír como tonta unas flores tan tristes de parte de un niño y no el enorme ramo que te dieron con tu medalla, Kochou? – la voz del odioso chico que se había empeñado en molestarla desde que se cruzaron por primera vez en los pasillos del área reservada a los participantes interrumpió su felicidad – Si me lo preguntan, diría que es porque en el fondo sabes que eso es lo que concuerda con tus capacidades ¿no? – se burló.

Sintiéndose cansada y molesta, Shinobu se levantó y lo miró dispuesta a ponerlo en su lugar.

— Nadie ha pedido su opinión, pero ya que quiere que pregunten ¿A que se refiere con que concuerda con sus capacidades? – Giyuu se adelantó, poniéndose delante de ella mientras fulminaba al chico con la mirada. Shinobu nunca lo había visto así.

— ¿Ah? No estoy hablando contigo, mocoso. – el chico le dedicó una mirada desdeñosa, pero luego sonrió de manera despectiva – Aunque si tanto quieres saber, te lo diré. Esa chica ganó por pura suerte de principiante. No hay forma de que alguien tan pequeña y que justo antes de la competencia estaba tan nerviosa que temblaba como una hoja pudiera ganar en esa categoría por si sola. Es una farsa – se dirigió a Shinobu – ¿Verdad, Kochou?

El chico hizo ademán de acercarse a ella, pero Giyuu se lo impidió al tumbarlo de un empujón. Shinobu no estaba segura de si lo había logrado porque lo había tomado por sorpresa, o porque las clases de kendo en verdad hacían efecto aun en un niño de diez años.

— Shinobu-nee-chan no es ninguna farsa. Ella siempre pone su mejor esfuerzo en todo lo que hace, así que era obvio que iba a ganar – la mirada del pequeño Giyuu era tan intensa que no parecía acorde con su edad. Quizá fuera por la perspectiva que tenía desde el suelo, pero al chico por un momento le pareció encontrarse frente a alguien mucho mayor y mucho más fuerte, haciendolo sentir un escalofrío y pasar saliva – Tú no tienes derecho a decirle nada, tu tiempo promedio ni siquiera se acerca al de ella.

— ¡Que no es contigo, mocoso! – el chico se sacudió el temor que le había inspirado el niño y la vergüenza que le provocaba la verdad dicha lanzándole una patada, pero los reflejos de Giyuu estaban lo suficientemente desarrollados para esquivarla sin esfuerzo. El chico se puso en pie y volvió a dirigirse a Shinobu – Muy valiente metiendo zancadillas ¿no? Pero a la hora de la verdad necesitas que un mocoso te defienda…

El menor de los Tomioka la conocía lo suficiente para saber que cuando ella hacía algo como eso, era porque la persona en cuestión había agotado su paciencia, por lo que se enfureció al preguntarse cuanto tiempo llevaría soportando a ese tipo. Y se preparó para atacar.

Al ver que Giyuu apretaba los puños y se disponía a dar un paso adelante, Shinobu comprendió que debía salir de su estupor e intervenir. Era posible que por si solo, el chico no hiciera nada más, pero la patada que había lanzado le daba a entender que no dudaría en irse a los golpes con un niño si lo provocaban. Y de ninguna forma iba a permitir que lo lastimaran frente a ella.

— No es que lo necesite – dijo, abrazando con ternura a Giyuu por la espalda, como hacía un tiempo no podía – pero este chico vino a verme y me trajo flores, así que no negaré que se siente muy bien que me defienda, lo único triste es que su oponente sea un idiota mal perdedor como tú. – dijo sin el menor sarcasmo – Pero yo de verdad me siento feliz al ser protegida por ti – susurró al oído del niño con sinceridad al tiempo que estrechaba su abrazo. Aunque vigilaba los movimientos del tipo, aun podía disfrutar de la extraña sensación que le produjo el hecho de que Giyuu diera la cara por ella, era como bailar en el aire. Se preguntó si eso era lo que Kanae había definido como "sentirse como una princesa".

Giyuu, en cambio, ahora se debatía entre la felicidad y la preocupación. El susurro de Shinobu lo había desarmado por completo, estaba tan feliz que había relajado los puños y simplemente no podía adoptar una actitud defensiva, incluso un fuerte sonrojo se había apoderado de sus mejillas. Era un desastre. No proyectaba para nada la imagen de alguien dispuesto a defender a muerte a su persona favorita. Pero no podía evitarlo, sus dos años de entrenamiento empezaban a mostrar frutos: por primera vez, Shinobu no solo había aceptado que la protegiera, sino que también había dicho que estaba feliz por ello.

— ¡No me hagas reir! ¿Qué pueden hacer tú y un mocos… – intentó volver a la carga, pero fue interrumpido.

— Disculpe – fue Tsutako quien llamó la atención del tipo con su voz serena – soy Tsutako, la hermana de ese niño y amiga de esas niñas – se presentó con una leve reverencia – no pude evitar escuchar la situación y me veo en la obligación de advertirle: si le toca un solo cabello a alguno de los tres, no dudaré en tomar medidas – el aura por lo general serena de la mayor de los Tomioka se había transformado en una brisa gélida que ponía la piel de gallina con solo estar cerca.

— Y yo soy Kanae~ Shinobu es mi hermana y también soy amiga de esos niños – la actitud de la Kochou mayor era tan jovial como de costumbre, pero mostró su teléfono – y si la advertencia de mi amiga no es suficiente, me temo que también divulgaré en las redes sociales como el pobre Juuji Takayama-kun de la preparatoria Tomogawa es tan mal perdedor que desquita sus frustraciones en una chica de secundaria y un niño de primaria. Entiendo que tienes cierta reputación en tu escuela y no puedes permitirte un escándalo~

Las auras que emitían Tsutako y Kanae eran, como siempre, contrastantes, y en ese momento estaban muy acentuadas. La primera era muy fría y la segunda demasiado vibrante, pero dejaban un sutil sentimiento de amenaza. Y la mirada de ambas era muy clara: no estaban dispuestas a perdonar al que se atreviera a hacerle daño a sus preciosos hermanitos. El chico -Takayama- comprendió que estaba en desventaja y se fue furioso.

— ¿Estan bien? – preguntó Tsutako tras soltar un suspiro para volver a su usual estado de calma. Giyuu y Shinobu se miraron, se sonrieron y asintieron al mismo tiempo.

— Makomo-chan, lo siento, aquí está el hielo – Kanae se dirigió a la niña y posó el pañuelo con los cubos de hielo sobre su frente con cuidado.

— Wow… – Makomo estaba tan sorprendida por toda la escena que le tomó un momento darse cuenta de que debía sostener por si misma el pañuelo.

— Rayos, me voy dos minutos y ustedes se las arreglan para meterse en problemas – bufó Sabito, que acababa de llegar y traía bebidas para todos. En realidad estaba disgustado por no haber estado presente para apoyar a sus amigos.


— ¡Kyaaaa! Aun no lo supero, Tsutako-chan ¡Aun no lo superooo! – Kanae trataba de chillar en voz baja mientras tiraba del brazo de su amiga.

— Shhh… van a escucharte Kanae-chan – le advirtió la mayor de los Tomioka.

Estaban en un restaurante celebrando la victoria de Shinobu, quien no se separaba de la cajita que contenía el ramillete que le regaló Giyuu en el cabello y trataba de determinar junto a los tres niños, cual platillo sería el más adecuado y seguro para una pequeña competencia de comida propuesta por Sabito.

Las hermanas mayores se habían alejado un poco para disimular las sonrisas que no podían contener al ver que, en esta ocasión, Giyuu se había sentado a la par de Shinobu y no dejaba de abrazarla.

— Es que son tan adorables, y eso fue tan lindoooooo – de repente, Kanae pareció salir de su burbuja rosa, pero Tsutako ya se imaginaba lo que venía – ¡Hubieras esperado un poco más para intervenir!

— No podía ¿Qué tal si ese chico se ponía más violento? – intentó hacerla entrar en razón.

— Para eso Giyuu-kun está recibiendo clases de kendo, y Sabito-kun lo habría ayudado – le restó importancia Kanae.

— Definitivamente, será un alivio para mi si Shinobu-chan se queda con Giyuu, ya que parece ser la única que se preocupa tanto por la seguridad de Giyuu como yo – suspiró Tsutako. Luego agregó, volviendo a sonreír – Por cierto, me gustó mucho como lo abrazó para evitar que atacara a ese chico.

— ¡Siiii! – Kanae trató de chillar por lo bajo – ¡Fue tan lindo y me sentí tan orgullosa de que lo hiciera con tanta feminidad y elegancia! – parecía que la mayor de las Kochou explotaría de emoción en cualquier momento. Pero de repente se acercó a su amiga para susurrarle en el más alto secreto que podían permitirse – ¿Por cierto, notaste que aun no baja la guardia con Makomo-chan?

— ¿Eh? – la mayor de los Tomioka miró con disimulo en dirección de las mencionadas, pero Shinobu y Makomo justo se habían unido para gastarle una broma a los chicos que los hizo sonrojar. No percibió el menor atisbo de hostilidad – ¿De que hablas?

— ¡El honorífico! – señaló Kanae – desde que Giyuu-kun dijo que eran amigos, Shinobu la ha llamado "Makomo-san" en lugar de "Makomo-chan" como haría con cualquier niña.

— Entonces… ¿dices que la ve como una igual? – cuestionó Tustako.

— Ahora, una igual… pero ¿Qué te apuestas a que antes de conocerla, pensaba en ella como una rival?

— Kanae-chan… – Tsutako suspiró negando con la cabeza. Realmente era un detalle curioso la forma en como la menor de las Kochou se dirigía a la amiga de su hermanito, pero el "picante" que Kanae le agregaba a la situación no dejaba de sorprenderla.

— Hablando de eso~ observa esto – Kanae le hizo un guiño a su amiga y luego detuvo a su hermana, que se había levantado para ir al baño – ¿No estas aliviada, Shinobu? – le secreteó.

— ¿Porqué? – preguntó la menor inclinándose para escuchar mejor, con la guardia baja. A pesar de que parecía entretenida, en realidad, en su mente aun le daba vueltas a la sensación flotante que le había producido el ser defendida por Giyuu.

— Porque, como te dije, sigues siendo la favorita de Giyuu-kun – murmuró la mayor, haciendo ademán de tomar la cajita con el ramillete que su hermana llevaba en la mano. La cara de Shinobu enrojeció y retuvo de inmediato la cajita. Antes de que pudiese defenderse, la mayor de las Kochou añadió para su amiga – ella estaba preocupada de que a Giyuu-kun le gustara Makomo-chan más que ella.

— ¡Nee-san! – Shinobu intentó protestar en voz baja, con el color apoderándose más de su rostro.

— Bueno, yo creo que Shinobu-chan hace bien en no dar por sentado nada, ya que si Giyuu nos presentó a Makomo-chan a todos, quiere decir que la aprecia mucho. – comentó Tsutako causando un puchero de reproche en su amiga y una punzada en el pecho de la Kochou menor – Pero te diré esto, Shinobu-chan, es la primera vez que veo a Giyuu eligiendo flores para alguien y enfureciéndose tanto tan rápido. No lo ha hecho por nadie, ni siquiera por mi – le sonrió.

— Pe-permiso – Shinobu echó a correr al baño antes de que el rojo de su rostro llamara la atención como una decoración navideña.

— Je~ ¿Lo ves, Tsutako-chan? Me asustaste por un momento, pero cuando te lo propones puedes dar buenos empujones – Kanae estaba de lo más complacida.

— Ya te dije que yo no doy empujones, Kanae-chan – contestó la Tomioka mayor – solo dije la verdad.

— ¡Kya~!

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Esta Kanae XDDD Ok, primero que nada decir que no tengo la menor idea de como se organizan las competencias de atletismo :yao: y si, el tal Takayama es del tipo que molesta a las niñas que le gustan, además de ser mal perdedor, por eso se la pasó molestando a Shinobu... y no es que nuestra muchacha se esté volviendo débil y necesite que Giyuu o su hermana la defiendan (razón por la que Kanae decía que Tsutako podía esperar un poco más para intervenir) pero pues, ya vieron, tenía la espinita por culpa de Kanae y (sin querer) Makomo sobre lo de actuar como las demás niñas que son defendidas por su caballero de brillante armadura... ok hasta yo me sentí medio empalagada ahorita y eso que me gusta lo dulce XD

Y~ si, lo del truco de la respiración para calmarse es una referencia a los alientos~ recuerden que el aliento de los insectos (Shinobu) deriva del aliento de las flores (Kanae) y este a su vez deriva del aliento de agua (Urokodaki y sus discípulos). Y supongo que no hay nada que decir de la flor de glicinia :v aunque si se preguntan porque Shinobu no se lo había mencionado a nadie, es porque hasta ahorita, a sus trece, está empezando a ser más... ¿girly? ¿femenina? y pues, por eso le parecia fuera de lugar decir que tenía una flor que le gusta XD además de que si le preguntaran porque le llamaba la atención, no tiene una respuesta.

Creo que tenía un par de comentarios más, pero hoy ya estoy corta de tiempo (Se supone que duerma temprano, pero ya son las 11:23 pm y aun tengo un par de cosas pendientes que hacer n_nU), así que, espero nos leamos pronto~