Nagisa
Le sonreí con tristeza al verme descubierta.
-- ¿Desde cuándo lo sabes? – pregunté mirando hacia la pintura.
-- El doctor que vino a verte nos lo dijo. Al parecer ya te conocía.
-- ¿Isogai?
-- Sí. Cuando te trajimos aquí comenzó a nevar muy fuerte y por más que busqué no encontré ningún doctor dispuesto a venir. Pero cuando venía de regreso me lo topé por casualidad y no se negó a atenderte. Cuando te vio te reconoció de inmediato... Dijo que te habías resfriado por la exposición al frio de afuera.
-- Ya veo...
Hubo una pequeña pausa hasta que me di cuenta de lo que había dicho. Me comencé a reír por mi propio comentario con ironía; sentía una opresión en el pecho por haber sido descubierta, sin embargo, no podía decidirme si era tristeza o una sensación de libertad.
-- Es chistoso porque casi no veo nada – dije entre risas casi llorando – estoy a casi nada de quedar ciega completamente – dije riéndome aún más fuerte.
Sentí su mirada de tristeza sobre mí. Pero yo seguía riendo ante la situación, ¿Qué más podía hacer?, ¿Llorar? Había aceptado ese hecho desde hace mucho.
-- No sientas lástima Akabane, yo siempre supe que esto pasaría – dije calmando mis risas – Y hasta este punto de la historia... ya no importa, ya no quedará nada al final.
Dolía, su mirada dolía mucho. Nunca me había detenido realmente a pensar en lo doloroso que podía ser no ver nada. Aun así no podía llorar, nunca he podido, por más dolor que sintiera, las lágrimas se negaban a salir. Las veces que lloraba era por trabajo, todas esas eran lágrimas falsas llenas de nada más que agua y sal
¿Por qué me siento tan débil? me pregunté mientras cerraba mis ojos con fuerza forzando una sonrisa. Akabane me abrazó y me aferré al él, se sentía bien, no estar sola se sentía muy bien. No entendía, toda mi vida no le había dado importancia; pensaba en la vergüenza que inspiraba, pero me sentía segura en esos brazos que me rodeaban de manera amable, su tacto era muy cálido.
-- Hueles a humo – dije sin romper el abrazo. Mi cuerpo entero temblaba como gelatina
-- Intentamos preparar Brawnies para cuando despertaras, ¿Quieres probar? – no lo miré a la cara pero asentí.
...
-- Saben feo – dije tranquilizando mis nervios – se les quemó el chocolate.
Comía el trozo de Brawnie que me había servido. Aunque el sabor era espantoso, la verdad si me hacía sentir mejor. Estábamos sentados en el sillón.
-- Se nos habían olvidado en el horno, nos dimos cuenta de que estaba ahí hasta que comenzó a humear.
Seguí comiendo por un rato, sintiéndome más en calma, mi cuerpo había encontrado la manera de suplir el llanto con un ataque de nervios enorme, así que comer brawnie quemado estaba resultando efecto. Akabane comenzó a cuestionarme acerca de mi vista. Le expliqué que debido a una enfermedad degenerativa* mi vista poco a poco se debilitaba hasta el punto de que nos sería capaz de ver nada.
-- Eso es cruel...
-- Si... La vida no es muy amable que digamos.
-- ¿Eso te lo dijo el doctor?
-- No, bueno, no el doctor que conociste hoy. Cuando era niña la persona que cuidó de mí después de la muerte de mis padres me llevó con un médico que me lo dijo, así que lo sé desde hace tiempo.
-- ¿Hubo alguien que te cuidó después de eso, algún familiar?
-- No, fue más que nada un conocido de Koro-sensei
-- ¿El niño?
-- Ese mismo. Además de que el me presentó a una persona igual a tu hija; el heredero de los Maehara. Se llama Hiroto y su familia vive en Kyõto pero está aquí porque aquí vive su prometido, en si es gracias a él que conocí a mi nuevo doctor, Isogai
-- Wao
-- Si... Esa es una de las razones por las que él sabía de mi condición.
-- ¿Por qué lo ocultas?... si puedo preguntar.
-- Porque es fácil que la gente se aproveche de tus debilidades para hacerte sufrir. Además, para los trabajos que he tenido no es necesario. No me gusta ser muy... personal con ellos.
-- ¿Entonces soy especial? – preguntó con voz ladina.
-- No, eres un chismoso. Estoy segura que incluso eres capaz de mandar a investigar todo mi historial – respondí.
-- ¡Auch! – exclamó, aunque noté un poco de nervios en su voz -- ¿Y si nos dejamos de formalidades? Digo, yo te llamo Nagisa pero tú no me llamas por mi nombre, eso es triste.
-- No me gusta ser muy íntima con mis clientes – dije acabándome el pedazo de Brawnie.
-- Lo dices mientras comes Brawnie en mi sillón– me dijo incrédulo – Seamos amigos – propuso de la nada.
Lo miré un rato intentando descifrar sus emociones, sin embargo, su frecuencia denotaba sinceridad, de verdad quería ser mi amigo. Podría ponerlos en peligro pensé. Sin previo aviso se levantó quedando frente a mí ofreciéndome su mano.
-- Me llamo Karma Akabane.
Aunque dudaba profundamente en esa decisión y en todo lo que podía conllevar, pensé inevitablemente en la vez que estuve a punto de caer del barranco. Esa mano me salvó y ahora quiere estar junto a mí. Mi mente era un completo lío, aun así tomé esa mano llena de seguridad e inevitablemente sonreí.
-- Te seguiré llamando Akabane – sonreí inocentemente.
-- Bueno, es un buen comienzo, supongo... -- me reí y él agitó mi mano – Mucho gusto, Nagisa.
-- Mucho gusto.
Dejamos el silencio pasar mientras cada uno tomaba un trozo de Brawnie quemado y nos lo llevábamos a la boca como si así selláramos un pacto de amistad.
-- ¿Al final que pintura es? – pregunté interesada al no saber qué era lo que me había delatado.
-- Según me dijeron es una pintura de Escher, la compramos porque a Mayu le gustaron los caracoles y las estrellas de mar*
-- ¿No es Escher el de las ilusiones ópticas?
-- Sip.
-- Ya veo lo que me delató – dije para que luego él se echara a reír con ganas.
Se rio un rato más y acabo su pedazo de Brawnie de un bocado, luego cambió de tema.
-- ¡Bueno! Ahora que estamos en confianza... ¿Puedo confesarte algo? – su voz sonaba con algo de cinismo, algo me daba mala espina. Asentí con la cabeza esperando lo peor – Conozco a Kayano.
-- ¡¡¿QUÉ?!!
...
Karma
Las "vacaciones" de invierno habían acabado y llevé a Mayu a su primer día de clases. Estaba en mi trabajo leyendo papeles y pensando en lo que vendría después de mi jornada de hoy.
Nagisa – después de enojarse conmigo por haberla investigado y encerrarse en mi baño por 3 horas – había accedido a encontrarse con Kayano en la misma cafetería en la que habíamos platicado el otro día. Ese día, aunque no podía ver la cara de Nagisa – la puerta del baño nos impedía el contacto visual – sabía que estaba alarmada en cuanto a lo que me había contado Kayano. Y al enterarse de todo lo platicado solo hizo un ruido de frustración y tal vez de tristeza al recordar la muerte de sus padres. Me vi tentado a preguntarle sobre lo que había pasado después, pero no quería hacerlo con una puerta de baño en mis narices, probablemente era delicado para ella y ese no era un buen momento. Decidí esperar.
Lo que si no podía esperar era el reencuentro de esas dos. Kayano era un ataque de nervios desde que supo que su amiga estaba viva – aunque no sabría decir si seguía siendo su amiga – y me suplicaba por poder verla. Tuve que discutir con Nagisa por un largo rato hasta que Mayu bajó a desayunar.
La grabación de Kayano terminaría en tres días, así que debían reunirse hoy sí o sí. Al final accedió y al mandarle el mensaje a Kayano esta se vio muy contenta con la noticia. Ahora solo contaba las horas para ver a Nagisa fuera de la oficina y llevarla a ver a su amiga.
...
-- Me duele la cabeza – se quejó mientras sobaba su nuca.
-- Una de dos, son los nervios o es la develada de anoche. Pudiste dormir más si no te hubieras encerrado en mi baño por tres horas.
-- No me hubiera encerrado si no hubieras sido un desconfiado y chismoso.
-- No había muchas opciones, eras una desconocida y no iba a dejar que mi hija frecuentara a una desconocida.
Hizo una mueca de disgusto y siguió caminando hasta llegara nuestro destino. Ahí esperamos un momento y Nagisa movía su pie con nervios. Pude notar su cambio de actitud desde nuestra plática de anoche; normalmente era tranquila y de personalidad neutra, ahora se veía más emocional, incluso un poco más infantil. Cuando llegó Kayano, relajó instantáneamente sus nervios y volvió a ser seria.
Así que este es el poder de la amistad del que tanto hablan en My Little Pony pensé.
Me levanté dispuesto a irme y dejarlas platicar a solas. Nagisa, aunque seguía con un rostro inexpresivo, en sus ojos se podía leer claramente la frase "Ayúdame" a lo que respondí con una despedida muy feliz de mi parte. Esperaba que lograran recuperar el tiempo perdido.
Kayano
Habían pasado 15 minutos y no habíamos hablado de nada. Cada quien había pedido un chocolate caliente para compensar el frío que hacía afuera. Me sentía demasiado nerviosa, hacía años que no veía a Nagisa y no tenía idea de que había pasado con su vida. También estaba demasiado asustada, al final, yo la había abandonado y eso no podría compensarse jamás.
-- Hace frio – dije intentando sonar alegre.
-- Si...
-- Estaba pensando en conseguir un tatami*. Pero como me muevo demasiado y casi nunca me establezco en un lugar todavía lo estoy pensando.
-- Si quieres uno, cómpralo, no lo tienes que pensar tanto...
-- Si creo que tienes razón – reí incómodamente llevándome una galleta a la boca – Así que... Conociste a Karma
-- Si,... es una persona... algo extraña – aseguró imitando mi acción.
-- Cuando lo conocí lo era aún más.
-- Me dijo que antes tu cabello era, ¿verde?
-- Ay si, jaja. Fue una tontería, quería llevarle la contraria a Saragui* y me lo pinté en un arrebato de furia. No sabes cómo me arrepentí – dije avergonzada ocasionando que ella sonriera divertida, aunque borro el gesto casi de inmediato – Creí que tú...
-- ¿Estaba muerta?... casi lo estuve, pero ahora tengo un método para sobrevivir – me aclaró restándole importancia.
Apreté mis manos y miré hacia abajo sin tener el valor de mirarla a la cara.
-- Yo...
-- No tienes que decirlo, Akari. Ese día te lo dije, tu debías de irte, ese era tú futuro.
-- ¡Pero yo te deje sola! – Grité llevando mis manos a mi pecho apretando fuertemente -- ¡Estábamos juntas en eso, estábamos solas pero unidas! Y aun así yo...
Mis manos temblaban y las lágrimas amenazaban con salir. Hubo un breve silencio hasta que Nagisa empezó a hablar:
-- Tú y yo nunca hemos sido iguales, Akari. Y eso está bien – la miré y su rostro pintaba una sonrisa triste – Tú tenías todavía alguien que esperaba por ti, aunque no fuera tu familia biológica, aun tenías a alguien que te quería, a diferencia de mí. Yo... ya no tenía a nadie y no te podía negar el futuro que tienes ahora, no tenía ni tengo el derecho. Por eso ese día decidí soltarte, estaba segura de que estarías bien.
-- ¡¿Y tú? ¿Qué hay de ti? – las lágrimas habían salido sin mi permiso.
-- Mi futuro desde el día que nací ha sido incierto. Eso es algo que siempre supe – dijo apacible, como siempre, tal y como la recordaba – Por eso no te podía arrastrar conmigo. ¿Lo sabes, no? A lo que me dedico.
-- Karma me dijo algo, pero...
-- Es irreal, ¿no? incluso si no fuera porque yo soy quien lo vivo no lo creería tampoco.
-- ¡Yo te creo! – Aseguré de inmediato – Sin embargo... eso no hace más que preocuparme.
-- ¿Por qué? – preguntó sorprendida.
-- Porque eso significa que tu no vives para ti, que sigues viviendo para otros. Tal como aquella vez... Cuando nos quedamos solas, tú siempre velabas por mí. Cuando tenía pesadillas o cuando tenía ataques de pánico... Siempre estuviste ahí y nunca pude evitar preguntarme ¿Quién estaba ahí para ti, Nagisa?, ¿Por qué siempre tienes que ser tú la que alivia el dolor de otros?, ¿Quién cura tu dolor, Nagi?
No podía evitarlo, las lágrimas salían sin parar de mis ojos. Nagisa estaba estupefacta por lo que había dicho. Bajó la mirada y guardamos silencio por algunos minutos.
-- Dijiste... -- continúe – que tu no tenías a nadie que te esperara, pero... yo siempre te esperé Nagisa. Tenía la esperanza de encontrarte ¡Y aquí estamos! No digas que no hay nadie, porque aquí yo sigo. Y estoy segura que aún hay más. Déjame ser yo quien vele por ti ahora.
No hubo ninguna respuesta, sin embrago, vi a Nagisa temblar en su asiento y regalarme una sonrisa cargada de tristeza. Fue en ese momento en el que comprendí que Nagisa seguía sin poder llorar
-- Por fin te encontré – dije finalmente – Te encontré Nagisa.
...
Platicamos un buen rato y noté que Nagisa todavía era un poco reservada. Aun así la plática fue llevadera en su totalidad. Me contó más acerca de su habilidad y me enteré de su ceguera, al parecer era la primera a quien se lo confesaba abiertamente; su médico y Karma se dieron cuenta por si solos. También tuve tiempo de conocer a su perro guía, Jack. Y me sorprendía al notar que era realmente inteligente. Aproveche para contarle sobre mi propio trabajo e invitarla a algunos eventos que se avecinaban, por supuesto que ella se negó, pero aun así insistí.
¡Ahora que la había encontrado debía cumplir sus obligaciones como hermana! La plática terminó muchas horas después de que me contara como eran las clases de cocina con los Akabane. Aunque lo que realmente me interesaba eran las heridas de las que Karma me había contado, y aunque intenté sacarle información ella se había vuelto demasiado buena evadiendo temas. Era nuestro primer reencuentro así que no quería meter presión y terminar perdiéndola de nuevo.
Antes de venir a su encuentro, había preparado un celular nuevo para ella. Ya que, por Karma supe que no tenía. Como siempre me dio negativas a mi regalo, pero después de mucho insistir – y darle un mini-tutorial de cómo usarlo – se lo quedó y la hice prometer llamarme.
Mis ojos estaban más que hinchados por haber llorado, sin embrago, sentía una enorme paz invadirme. Por fin había terminado mi búsqueda, por fin había encontrado a mi familia.
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*Según yo (Y google) es de M. C. Escher fue un conocido por sus grabados al mezzotinto, sus grabados xilográficos y dibujos, que consisten en figuras imposibles, teselados y mundos imaginarios. El hacía unas ilusiones ópticas increíbles, les recomiendo buscar algunas de sus obras ;)
* Nagisa sufre de distrofia corneal que es una enfermedad genética hereditaria que afecta la córnea, la pared transparente de forma circular situada en la parte anterior del ojo. Habitualmente afecta la parte central de la córnea de ambos ojos sin causar inflamación ocular en pacientes de entre 10 y 40 años y progresa lentamente. La disminución de la visión es debido al mal funcionamiento de las células endoteliales cuya función es de evitar que haya exceso de líquido en la córnea y así, mantener la transparencia de la misma.
Como consecuencia de la alteración celular en esta capa, el exceso de líquido penetra dentro de la córnea causando un edema corneal (cornea hinchada por retención de líquido) llevando a la pérdida de transparencia de la misma y a la disminución de la agudeza visual.
Por lo que, Nagisa no puede ver cosas físicas, pero si en el plano sensorial (como espíritus) básicamente, no puede ver cosas normales, pero si paranormales.
Besitos en la cola, chao
