Karma

Los días de Enero pasaban volando y más cuando Mayu despertaba cada mañana emocionada porque faltaba cada día menos para su cumpleaños, y con la presencia de Nagisa de nuevo, las cosas se tornaron un poquito más intensas. Toda la semana nos habíamos pasado probando recetas de pasteles sin descanso intentando encontrar el sabor ideal para ofrecer a sus amigos.

Con tantos pasteles no sabíamos que hacer. Antes, Nagisa se llevaba algunos a su casa y yo al trabajo para repartir entre mis trabajadores - incluso algunos no desayunaban para poder comer más - pero ahora era más difícil regalarlos. Por supuesto, no podríamos acabar un pastel entero nosotros solos. Así que enviábamos pasteles a todos los conocidos que teníamos, incluso Mayu sugirió poner nuestra propia pastelería. La idea no era mala, sin embargo Nagisa solo le regaló una sonrisa triste. Estaba seguro que eso le trajo malos recuerdos.

Mayu cumplía años un 17 de enero y cada vez estaba más cerca de cumplir 7 años de edad. Me daba nostalgia, pues hace algunos años apenas aprendía a caminar y a comer sola. El tiempo pasaba realmente rápido.

Mientras batía la crema pastelera y Nagisa encendía el horno, Mayu miraba una revista con cientos de recetas intentando escoger la perfecta para su cumpleaños. Solo faltaban 1 día y no se decidía aún.

— ¡Lo tengo! — Gritó saltando emocionada con la revista en brazos — ¡Haremos esto!

— ¿Cupcakes de Selva Negra? — preguntó Nagisa alzando una ceja.

— ¿Qué no llevan alcohol? — pregunté aún con el bowl en mis manos batiendo.

— Podemos sustituirlo — aclaró Nagisa — Pero... ¿Esto para un cumpleaños?

— Cuando fui al cumpleaños de Asami su papá había hecho cupcakes en vez de un pastel. No suena tan mal la idea — dijo para después colgarse del delantal de Nagisa e implorar.

Nagisa solo suspiró y asintió dándole gusto a Mayu.

Nos pusimos en marcha con el nuevo plan. Con la práctica Nagisa solo se encargaba de supervisar el trabajo. Mayu y yo habíamos aprendido a hacerlo casi por nuestra cuenta. Sin embargo, el horno aún seguía siendo nuestro peor enemigo. De alguna manera se sentía como si Nagisa fuera nuestra mamá, prendía el horno por nosotros, sacaba el pan hecho y nos regañaba cuando no quedaba bien.

Era divertido ver cómo Nagisa cada vez suspiraba derrotada o se desesperaba. Sin quererlo se volvió el nuevo blanco de nuestras bromas.

Ponía la mezcla en los capacillos mientras pensaba en el itinerario de mañana...

A diferencia de otros años, este parecía ser más ocupado. Las nuevas clases de repostería requerían tiempo y como ya no hacía turnos dobles en el trabajo ya no tenía proyectos acumulados, eso era bueno, supongo. Mi vida estaba tomando un ritmo más normal, si así podríamos llamarlo, mi mente ya no era presa de tantos pensamientos espontáneos y tormentosos, si, era bueno.

Pero me asustaba un poco el hecho de que poco a poco ya no pensaba en ella.

Cada año, en el cumpleaños de Mayu visitamos a Manami a su lápida. Es una manera de que Mayu se acerque a ella un poco. En nuestra casa hay un retrato y siempre prendemos incienso, pero este día en especial era cuando íbamos ahí. A pesar de ser un día alegre, había que admitir que siempre me daba un poco de miedo que llegara, pues también significaba un año menos sin ella.

-- Espero que a mamá le gusten -- dijo Mayu apoyando su cabeza en la barra mientras balanceaba sus pies alegremente.

-- ¿Le llevarás un poco a tu mamá? -- preguntó Nagisa poniendo la crema en la batidora.

-- ¡Sí! Todos los años la visitamos el día de mi cumpleaños. ¡¡Le cuento sobre la escuela, y sobre mis amigos, y sobre papá!! -- dijo alegremente.

-- Me alegra oír eso. Estoy segura de que quieres mucho a tu mamá Mayu.

-- ¡Por supuesto! Papá me dijo que ella era una buena persona. ¿Sabías que ella desarrollo sangre artificial para todos? No sé de lo que habla pero, suena genial.

Al escuchar eso no pude evitar sentirme un poco triste. Terminé de llenar los moldes y me retire al baño a respirar un poco. Ninguna de ellas me detuvo y estoy casi seguro de que Nagisa supo leer mi mente en ese momento. Sin embargo lo deje pasar y me lavé la cara repetidas veces en el lavabo.

No quiero olvidar le dije a mi reflejo Pero duele mucho

Sequé mi rostro y manos para salir de nuevo, cuando escuché que Mayu le proponía a Nagisa conocer a Manami. Por supuesto ella se negó, y Mayu se vio un poco desilusionada por ello. Nagisa para alegrarla le dijo que haría un betún especial para adornar los cupcakes y así quedarían mucho más deliciosos, Mayu aceptó el trato y sonrió emocionada. A diferencia de mí, ella en verdad deseaba que fuera mañana.

...

Al día siguiente estábamos en camino hacia el panteón. Al ser muy temprano no había nadie en el lugar, hacía frío, mucho frío, y la nieve cubría todo el paisaje. Una vez frente a la lápida, Mayu saludó como de costumbre y empezó a platicar como siempre mientras yo limpiaba la piedra y colocaba las flores.

Era de esperarse que las clases de repostería fueran lo más entretenido que nos había pasado a ambos, la conversación estaba llena de destalles. Aún Mayu se lamentaba no poder presentarle a Nagisa, pero estaba segura de que la oportunidad se presentaría. El ambiente invernal denotaba nostalgia, pero a la vez, pureza y sinceridad. Quise disfrutar un poco más de la voz de Mayu contando sus anécdotas, sin embargo, pude notar como alguien nos observaba. Busqué con la mirada por todos lados hasta que escuché una voz saliendo desde los árboles.

-- No pensé que me notarías – era un hombre de cabello rubio y ojos cobrizos – vine aquí porque sentí algo extraño. Pero ya vi que es – dijo señalando a Mayu con la mirada.

Me puse frente a ella bloqueando la vista de aquel extraño y lo miré desafiante.

-- Esa niña es especial. Pero su herencia claramente no proviene de ti – Alzó la mirada sobre mi hombro y vio la lápida – Ya veo... Lo siento – bajó la mirada realmente apenado – Aun así, me sorprende encontrar a alguien así fuera de un templo o algún clan. Aunque, he de admitir que no te ves muy sorprendido, amigo.

-- Me contó alguien que sabe del tema. Y no soy tu amigo.

-- Mil perdones – se disculpó aunque su mueca pintaba una sonrisa burlesca.

-- ¿Papi, quién es? – Mayu se acercó y se aferró a mi espalda, ocultándose del extraño.

-- La única persona que conozco por aquí con ese tipo de información es la ciega de la montaña – dijo con gesto pensativo.

-- ¿Conoces a Nagisa? –- él se limitó a asentir con la cabeza – Entonces tú eres Maehara, ella me contó de ti – saqué conjeturas.

-- ¡Y te atreves a decir que no somos amigos! – Exclamó con ironía – Mi nombre es Hiroto Maehara, el veintiún décimo sucesor de mi clan, mucho gusto – extendió su mano para que la estrechara.

No acepté la propuesta y pasé mi mano por detrás para poder abrazar parcialmente a Mayu, quien se aferraba a mi saco.

-- Sin embargo – continuó – me sorprende que hablemos de la misma persona. Ella normalmente al encontrar niños así los reporta con mi familia.

No pude ocultar mi sorpresa y Maehara pareció reaccionar de la misma manera.

-- ¡¿No lo sabias?! – Exclamó -- ¡Nagisa es la responsable de que mi templo esté lleno de niños! ¡Ahora mi abuela dice que ni siquiera es necesario que yo le dé herederos!... Aunque no pensaba dárselos de todos modos. A pesar de que la mayoría son niños con poder temporal terminan siendo miembros de mi clan ¡¿Qué, no te lo dijo?!

Negué con la cabeza Ella no me lo dijo

-- Pero si lo pensamos profundamente podría ser porque todos esos niños eran huérfanos... hum – tomó su barbilla pensativo – Bueno, eso ya no importa – soltó de repente – La favorita siempre ha sido una rarita. Incluso desde que somos niños.

-- ¿Favorita?

-- ¿Nagisa? – preguntó Mayu exaltada.

-- Sí, pequeña – Maehara se agachó quedando en cuclillas para quedar a la altura de Mayu, quien aún se escondía tras de mi – Esa chica es la única que en 100 años ha podido ver a ese sujeto y según mi abuela es porque es su favorita – explicó con una sonrisa.

Sin pensarlo dos veces aquel niño de cabello negro vino a mi mente.

-- Si quieres un consejo mío – se levantó y me dijo en voz baja – No te acerques a esa mujer. Cuando la conocí ambos teníamos 12 años y siempre ha sido muy reservada, nunca he sabido cómo piensa. Pareciera que ni siquiera es una persona.

-- ¿A qué te refieres?

-- Piénsalo, los seres humanos tenemos anhelos y ambiciones, eso nos hace en esencia humanos. Un humano sin deseos o anhelos, no es más que una cascara vacía. Manipular a ese tipo de personas es muy fácil... Y según Yuuma* ella ya tiene titiritero ¡Y no quieres involucrarte en esas cosas!

El hombre se separó de mí y tomó mi hombro. Su mirada era segura, demostrándome que no me mentía.

-- Además... esa mujer da mucho miedo cuando se enoja – soltó mi hombro y metió las manos a los bolsillos – Pareciera que puede quitarte la vida con solo mirarla --sacó una paleta de su saco y se la entregó a Mayu – Pequeña, si algún día tienes problemas, las puertas de los Maehara estarán abiertas para ti.

Mayu tomó la paleta y la guardó en su bolsillo, lo miró con un puchero.

-- Yo tengo a mi papá y a Nagisa – dijo finiendo estar enojada.

-- Ya veo... -- dijo riendo y retirándose de aquel lugar dejándonos con muchas dudas.

...

Había una vez un hombre, un hombre que tenía la cabeza llena de cosas que no había prestado atención al horno y ahora tenía la casa llena de humo, y ese hombre, soy yo.

Saqué los cupcakes quemados apresuradamente mientras, Mayu sacaba más ingredientes de la nevera para cocinar de nuevo. Todo iba de mal en peor hasta que unos toques en el timbre nos sacaron de inspiración. Al abrir vi a mi madre con muchas bolsas de regalo. Había llegado justo en el peor momento.

Al entrar, Mayu la recibió con mucha alegría, mi madre excusó la ausencia de mi padre con trabajo y dijo que nos alcanzaría en la larde. Como era de esperarse se rio de mi por haber quemado los cupcakes. No pasó ni cinco minutos en la casa cuando de nuevo llamaron a la puerta.

Nagisa

Me encontraba frente a la casa de los Akabane debatiéndome si debía tocar o no. El plan era dejar que ellos disfrutaran entre ellos el cumpleaños de Mayu, ya que no quería involucrarme más de lo debido, sin embargo, esa mañana cuando me había levantado un extraño sentimiento se instaló en mi pecho, el mismo que me hizo preparar aquel postre en mis manos. Podríamos llamarlo instinto o paranoia, pero algo en mi me gritaba que lo necesitarían.

Por eso mismo, estaba frente a la puerta practicando que habría de hacer.

Entras, saludas, das el postre y sales me repetía varias veces dándome un poco de valor.

Todo empezó a tener sentido cuando al abrir la puerta un olor a quemado llego a mi nariz. Karma se veía de cierto modo poco afectado por el desastre en el que se había convertido su cocina, sonreía como si nada, incluso se burlaba de la situación.

-- ¡Ahora que Nagisita está aquí estamos salvados! – exclamó.

Sonreí resignada a tener que cocinar de nuevo y me felicité por haber anticipado esto. Recogí mi cabello dispuesta a ir a la cocina a comenzar a arreglar sus errores hasta que noté la presencia de otra persona ahí. Con lo poco que podía distinguir su cabello era largo y rojo al igual que el de Akabane.

Oh no...

-- ¡¿Así que tú eres Nagisa?! – Dijo acercándose de repente tomando mis manos en el acto, poniéndome nerviosa -- ¡Eres más linda de lo que esperaba! ¡Eres un auténtico ratoncito!

Sonreí disimulado la molestia de su último comentario, su manera de expresarse era muy abrasiva. Definitivamente era igual de entusiasta que Mayu, tal vez un poco más. Esta era la madre de Akabane. No supe como pero sus manos pasaron de las mías a mis mejillas. Me hizo mirarla haciéndome sentir un poco intimidada. Su mirada igual de dorada que la de su hijo era penetrante.

-- Tienes una buena mirada – juzgó – Pero, carente de vida. Niña... -- su agarre se hacía más fuerte pero sin lastimarme -- ¿Qué te mueve? ¿Qué es lo que le da vida a una muñeca? – me paralice tanto por la pregunta como por la sinceridad y curiosidad que su ojos denotaban. La única y última vez que había sentido eso fue cuando conocí a Irina.

-- ¡Madre! – Akabane había tomado sus manos alejándolos de mi rostro-

-- Lo siento, es que he trabajado con personas de todo tipo y me tengo que asegurar de cada una de ellas.

Esa sensación de abandono y tal vez un poco de miedo no se quitaba de mi pecho. Su pregunta había sido demasiado directa, además que desde hace años nadie me llamaba "niña" y recordar a esa mujer de cabello rubio y ojos azules me hizo temblar. Intentaba controlar los nervios respirando profundamente.

-- Nagisa – me llamó – cocinemos juntas, he escuchado que eres buena –me sonrió.

Si Akabane era el Demonio, esa mujer era algo peor.

...

A pesar de la primera impresión que me había dado su madre resulto ser mejor en la cocina que Akabane. Cocinar con ella fue mil veces mejor que andar atrás de los Akabane con cada instrucción que daba. Sin embargo, la sensación de incomodidad perduraba en mí, su mirada era muy pesada, por un momento pensé en aquella gente que trabaja con ella y sentí un poco de pena. Por lo menos, Akabane tenía un aura menos absorbente. Suspiré y despejé mi mente, estaba aquí para cocinar para Mayu, solo eso, y debía limitarme a mi trabajo sin emitir alguna opinión de mis clientes.

"—Recuerda, Nagisa. Siempre que trabajes para alguien habla menos y sonríe más, esa es la clave de la supervivencia en el negocio de servir"

Mal momento para recordar las palabras de Irina. Cuando terminamos de hacer nuestra labor la mujer sonrió complacida y me dio unas palmaditas en la espalda alegremente. Sonreía de oreja a oreja y en verdad se mostraba feliz. Era impresionante como puede cambiar una persona, hace unas horas parecía la mujer más aterradora del mundo y ahora parece una versión rara del Gato Chesire*. Me felicitó por mi esfuerzo y me rogo porque me quedara a la celebración. Sin embargo, mi respuesta había sido decidida desde mucho antes.

Salí de esa casa realmente confundida, todo pasó tan rápido que ni siquiera me había dado cuenta de que había pasado. A pesar de que soy una mujer, no podía comprender su comportamiento. Le resté importancia y acaricié a Jack para comenzar a caminar hacía mi propio hogar.

Omnisciente

-- En definitiva saca un 8.5 – dijo la pelirroja mirando seriamente hacia la puerta – Podría tener una nota más alta si mostrara algo de pasión, pero ¿qué se le ha de hacer? Hum – puso su mano en su mejilla simulando pensar – ¡Estoy segura de que algún día lo logrará! ¡¡El instinto de una madre nunca se equivoca!! – Aseguró para después volver hacia donde su hijo para ayudarlo a hacer los últimos retoques para recibir a los invitados.

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* Maehara se refiere a Isogai como Yuuma porque es su pareja, en Japón es normal llamar o su nombre cuando hay una relación muy cercana

*El gato Chesire es el gato de Alicia en el país de las maravillas

Besitos en la cola, chao