El fuego estaba fuera de control, el humo se había esparcido por toda la vieja casa y los gritos de Touya no paraban. Su cuerpo pesaba, sus ojos observaban el lugar siendo consumido por el fuego, por un momento se vio alejado del espacio, los gritos se fueron haciendo menos audibles y solo quedó él. Se había adentrado en el lugar sin analizar la situación, pero Touya necesitaba ayuda, y no había nadie quien lo ayudase, nadie salvo él. Ya había salvado a personas antes, ¿entonces, por qué no puedes moverte? ¿Tantos años de entrenamiento fueron en vano? Pero esto no podía compararse al entrenamiento ¡No había nada igual! Aquí no podía fallar. Sus alaridos volvieron a resonar, las pocas palabras que alcanzaba a escuchar eran sus ruegos pidiéndole que se vaya. El cuerpo de Keigo se estremeció al escuchar su nombre con esa voz tan desgarrada, fue el momento que lo sacó de su trance enfrentando una vez mas la asfixiante realidad. Pese a aún temblar comenzó a obligar a su cuerpo a moverse, aunque el fuego y el calor lo estaban aplastando movió un pie, aunque las heridas ardían y nuevas quemaduras empezaban a aparecer, movió su otro pie. Siguió adelante buscando por su amigo. Su voz temerosa salió en un grito, lo llamó asegurándole que estaba bien, que lo iba a sacar pronto de ahí. Aunque el humo cubría casi todo el piso y respirar se volvía imposible, se aseguró de tener el espacio suficiente y comenzó a agitar sus alas ventilando el lugar, logrando una mayor visión y respirar mejor. A cambio, el fuego se incrementó cubriendo más del lugar. Ahora, a pesar de poder ver el camino delante suyo, el fuego le impedía avanzar. Si se apresuraba como antes iba a perder más plumas. Ya tenia ciertos raspones y alguna quemadura de menor grado, pero perder más plumas sería el peor de los casos. Ya las había mandado a buscar algún camino pero estas se terminaron quemando, no podía concentrarse lo suficiente para hacerles esquivar el fuego. Su estado de calma empezaba a perderse ¿Y si no podía salvar a Touya?
¿Cómo habían llegado a esto?
A pesar de saber sobre los problemas en la familia de Touya él no había hecho nada al respecto. ¿No se suponía que iba a ser un héroe?, había dejado a su amigo siendo maltratado por su padre cada día, viendo una nueva quemadura cada vez que se reunían, las vendas nunca dejaron sus brazos. Pero él no hizo nada. Y ahora enfrentaba las consecuencias. Touya se había quedado por días en esa casa abandonada que solían visitar, había dicho que necesitaba un tiempo lejos de su padre. Él lo trataba de visitar en cada oportunidad que tenía pero la Comisión lo tenia atado, no podría librarse de ello y menos ver a su amigo cada día. El ultimo día que lo visitó lo encontró llorando, el cuarto donde descansaba estaba destruido y las paredes negras. Dudó en entrar. No soportaba verlo así, quería llorar en esos momentos. Y Touya no le gustaba que vieran ese lado suyo. Ya lo había intentando ayudar en esos momentos varias veces pero su amigo se hundía más, le pedía perdón por mostrarse tan débil, algunas veces se molestaba y creía que iba a atacarlo en cualquier momento, y otras, temblaba asustado apenas lo escuchaba, suplicaba porque no le lastimara más. Keigo dudó esa vez. Al final, no aguantando verlo así, se fue del lugar sin hablar con él.
Después de esa ultima vez que huyó, obligándose a pensar que darle su espacio era lo mejor, no volvió hasta días después encontrado ya con la casa apunto de ser cenizas. Sus alas se movieron solas apenas se percató del fuego a lo lejos. Pero la vista a unos pasos no podía compararse, las llamas azules se alzaban por todo el lugar con ira, quemando con tal rapidez que no creía que la casa fuera a resistir por mucho. Salió de su conmoción cuando escuchó las suplicas de Touya. No esperó la ayuda de algún héroe, para entonces sería demasiado tarde. Se adentró en ese infierno siendo envuelto en el humo, lo poco que era visible estaba cubierto casi por completo por el fuego, la temperatura sobrepasaba sus limites y las maderas del techo estaban por venirse abajo. Su vista no pudo encontrar a Touya y eso lo impacientaba más. ¿Dónde estas? ¿¡Dónde estas!?
Gritó su nombre con tal fuerza que su garganta comenzó a doler, sus ojos lagrimeaban sin saber si era por los gases tóxicos o por no escuchar una respuesta. Sus pocos intentos de manipular sus plumas fueron en vano que estaba por gritar de impotencia, pero la voz de Touya volvió a escuchar. La voz venía del segundo piso. Pensó en regresar a la puerta y volar hasta el balcón, pero el camino estaba ya bloqueado, si intentaba salir iba a quemar todas sus plumas. No podría salvarlo. Regresó su mirada al frente observando la imagen de las llamas ardiendo que le advertían de seguir avanzando. El camino estaba lleno de baches y madera del techo que no había aguantado, y el débil piso estaba por romperse ¿De verdad podría llegar hasta Touya?
Este era tal vez su final. Quizá ni siquiera lograría alcanzarlo. Pero no iba a dejarlo solo. Incluso si no puede llegar, no lo iba a abandonar. Había guardado algunas plumas pensado en eso, si estaba en el segundo piso entonces tenía la posibilidad sacarlo por el balcón. Pero si el camino arriba estaba bloqueado sería fatal. Los pensamientos no se detenían, aun así el continuo. Si no podía pararlos entonces seguiría pensando hasta encontrar una alternativa. Siguió así hasta llegar al pie de las escaleras. Varios de los peldaños estaban rotos y algunos eran bloqueados por pedazos del piso superior. El pensamiento de no lograr salir cruzó su mente de nuevo, pero la imagen de Touya se alzó por encima de todo. Se repitió a si mismo que no dejaría a su amigo solo otra vez. Viendo la destrozada escalera pego sus alas cuanto pudo a su espalada y dio un paso hacia el primer escalón.
Llegar al segundo piso se sintió como horas, pese a ser solo unos escalones le resultaba más complicado esquivar los peligros teniendo un lugar tan estrecho, además de estar alerta con cada paso que daba. ¿Cuánto tiempo ha pasado desde que entró? ¿Por qué no aparece alguien aún?¡Maldición!, quien sabe cuanto tiempo llevaba el lugar quemándose. Pero nadie aparecía, ningún héroe o persona estaba ahí para ayudar a Touya ¿Cuántas veces habrán sido así?
Logró llegar al segundo piso sacrificando casi la mitad de sus plumas, sus grandes alas habían disminuido en gravedad. Pero estaba más cerca. Volvió a llamar a Touya, quería asegurarse que siguiera consciente. Touya le contestó luego de unos segundos.
—¡Keigo, vete! —gritó con la voz rasposa—. ¡Regresa! No vas a resistir el fuego por más tiempo —insistió entre quejidos.
Pero Keigo ignoró sus palabras y siguió, le bastaba con oírlo. Solo debían aguantar un poco más y lo podría sacar. Faltaba poco. El segundo piso de alguna manera estaba peor que el primero, a donde sea que mirase había fuego, no había mucho humo pero el calor sobrepasaba todo, su cuerpo quemaba, caminar comenzaba a doler y pese a las advertencias de Touya se mantenía concentrado en salvarlo.
—¡Vamos a salir! Falta poco —aseguró—. Solo resiste un poco más— pidió esforzándose por hablar. Su mano derecha sujetaba su brazo izquierdo, se había lastimado al intentar esquivar uno de los escombros del techo que acababa de caer.
Touya le suplicaba que se fuera. Keigo le tuvo que pedir que dejara de hablar, escuchar su voz tan lastimada le estremecía su pecho, sabia que estaba herido pero se obligaba a imaginar que no fuera de gravedad. Lo había escuchado tanto que ya sabía de donde venía su voz. El cuarto donde siempre paraba, el pequeño mundo en el que se refugiaba. Estaba a unos pasos de llegar. Podría salvarlo esta vez.
Cuando entró al cuarto vio a Touya tendido en el suelo, al acercarse pudo observar sus lesiones. Tuvo que llevar sus manos a su boca para reprimir sus gritos, pero sus ojos lo traicionaron con nuevas lagrimas. A su alrededor había algunos charcos de sangre. Pero lo impactante eran sus dos piernas tan rojas a carne viva, pegándose al suelo. Su piel estaba tan lastimada por las quemaduras que le hacia sentir ganas de arrojar. Touya temblaba mientras levantaba su cabeza dejando ver la lastimera expresión de sus ojos rojos, sus mejillas sangraban y presionaba sus labios hasta volverlos pálidos. Su amigo parecía rogar por su muerte. Más que miedo, había dolor. Keigo comenzó a dudar si de verdad era capaz de salvarlo. Touya no podía moverse, el mínimo movimiento le produciría un inmenso dolor. Si lo intentaba cargar podía ser peor. Verlo en tal estado le desgarraba, no podía imaginar la fuerza que tenía para no desmayarse aún. A pesar de saber que estaba lesionado no estaba preparado para verlo en tal estado, incluso si había guardado algunas plumas para tener más cuidado el dolor podía incluso matarlo. Tragando todo su miedo e inseguridad se acerco a Touya.
—Perdóname —susurro en su oído mientras mandaba a las plumas ponerse debajo de su cuerpo. Touya lo veía con lagrimas en sus ojos, sus manos se aferraban temblorosas a su ropa, las vendas de sus brazos y cuello ya no estaban, mostrando mas de su lastimada piel, pero no estaba ni cerca a compararse a sus heridas en sus piernas. A pesar de su negación a alejarse de su amigo tuvo que darle espacio para que las plumas puedan alzarlo, dejando solo sus manos sujetadas. Keigo no cree olvidar los gritos de Touya de ese momento. Su voz casi ya no salía pero el dolor le hizo esforzarse, agitaba su cabeza mientras las lagrimas corrían y sus manos se cerraron en puños sintiendo Keigo la presión que ejercía de su amigo. Dolía, pero nunca podría comparar sus dolores. Touya rogaba porque pare, Keigo también quiere parar de lastimarlo, pero no puede dejarlo aquí. Los alaridos de Touya resuenan en su cabeza, desea taparse los oídos pero no puede, ni serviría. Los gritos ya se habían grabado en él. No sabe qué más hacer, no encuentra ninguna palabra de apoyo o animo. Solo le pide perdón en su mente. Perdón por dejarlo solo antes, por lastimarlo, por no haberle ayudado. Entre llantos de ambos y los gritos de Touya, Keigo los dirige al balcón. Pudo divisar la vista pero ningún alivio o emoción surgía en él, luego de escuchar el sufrimiento de Touya no cree que haya algo que le anime. Cuando se atrevió a ver a Touya de nuevo, la culpa lo engulló, a pesar de ya no gritar tanto como antes, notaba sus esfuerzos por contenerse. Apretaba sus ojos y mordía su boca que empezaba a sangrar, sus puños temblaban pero no soltaba su mano. ¿Podría salvarlo? ¿Touya alguna vez le perdonaría por el sufrimiento que le causó? No, lo más probable es que no lo haga. Keigo creyó aceptarlo, incluso si no lo perdonaba el debía salvarlo. Touya no merecía morir así. Touya no merecía morir.
Aunque el balcón estaba cada vez más cerca no significaba que el peligro había terminado o que el camino estaría libre. Había un gran hueco cerca al centro, Keigo tuvo que rodearlo con mas cuidado, aunque su peso no era demasiado, el piso estaba a punto de colapsar. Más obstáculos se pusieron en medio del camino aunque no fueron tan difíciles de esquivar. Pero el fuego no bajaba, seguía consumiendo más y más. Un mal movimiento y podía tener una severa quemadura. Aunque Keigo ya no razonaba en eso, su total concentración estaba en Touya y lograr sacarlo del lugar. Faltaba tan poco. A pesar del notable sufrimiento de su amigo apretó el agarre que mantenían, le bastaba con distraerlo un momento si lograba transmitirle un poco de tranquilidad. Touya volteo a verlo, sus parpados ennegrecidos y su rostro lleno de sudor, con su respiración estaba agitada. Pero correspondió su acción, sujetando mas fuerte su mano.
Cuando llegaron al balcón Keigo ya casi no tenía plumas, las ultimas que le quedaban solo le garantizaban no caer directo al suelo, pero Touya estaba a su lado. Estaba por sacarlo de aquí. —Solo un poco más —reitero. Sus pies ya casi no podían seguir, su nariz comenzaba a sangrar por el esfuerzo. ¿Hace cuanto había sobrepasado su limite? Todas esas plumas que se quemaron, las que tuvo que guiar con la mente, el dolor de las quemaduras y el calor le estaban ganando. pero por una vez agradeció todo ese entrenamiento que siguió por la Comisión, sin esas enseñanzas jamás hubiera desarrollado su potencial. Pero apenas tenía quince años, a pesar de manejar muy bien sus plumas la situación le había sobrepasado hace mucho y su cuerpo no podía ser comparado con su peculiaridad. Jamás hubiera podido llegar a Touya él solo. Era débil. Tan solo tuvo suerte de tener una peculiaridad fuerte. Absorto en sus pensamientos no escuchó la voz de Touya a tiempo. Fue muy tarde cuando regreso a la realidad, una de las columnas de madera que sostenía el piso le golpeó contra el suelo, el fuego que consumía la columna había dado directo en su espalda alta quemando las ultimas plumas que le quedaban. El fuego no se detuvo, empezando a quemar su piel, no resistió el dolor comenzando a gritar mientras intentaba quitarse la pesada columna de encima. Engullido en el dolor no escuchó cuando Touya calló al suelo cuando las plumas dejaron de seguir alguna orden.
Touya aguantó el grito por el impacto y se arrastro hasta Keigo haciendo el esfuerzo por mover la pesada madera. Pero era imposible. Los gritos de su amigo no cesaban y él solo quería que todo se detuviese. Volteando su vista por un momento noto el fuego que había creado en un segundo de descontrol se acercaba hacia ellos. Su propio fuego estaba por matarlo. Miró a Keigo quien estaba por desmallarse por el dolor. Entonces decidió utilizar una vez más su poder, el poder que ocasionó todo esta destrucción. Quemó la madera alejada de Keigo partiendo la columna ahora siendo más fácil levantarla. Pero Keigo no podía levantarse, solo ver su espalda que sangrando le hacia comprender la razón. La culpa llenó su corazón y mente. Había lastimado a Keigo, a pesar de sus esfuerzos por salvarlo él solo le había lastimado. Una vez más demostraba que no podía ser un héroe. Su padre tenía razón.
Con la imagen de su padre en su cabeza apoyó sus manos en el suelo siendo su soporte para levantarse. Con sus desgarrados gritos y la imagen de ese monstruo reiterándole que era un inútil que no serbia como héroe, no era mas que otro de sus fallidos experimentos y lo débil que era; se irguió oponiéndose al dolor de sus piernas, manteniéndose encorvado y tambaleante. Puede que él se merezca el castigo, pero Keigo no tenía que sufrir por sus consecuencias. Con la dosis de adrenalina que obtuvo, ignoro todo dolor y cargo a Keigo hasta el balcón. Sus gritos eran una mezcla de dolor y fuerza a si mismo, Keigo era menor y su peso era ligero, pero sus piernas estaban tan lastimadas que solo mantenerse de pie ya le parecía un milagro. Paso a paso, resistiendo las ganas de caer no apartó su vista del balcón hasta alcanzarlo. Había logrado llegar pero ahora tenía que pensar en una manera de sacarlo sin lastimarlo. Por más que solo fuesen unos metros, Keigo iba a sentir esa caída. ¿Ni siquiera podía salvarlo sin lastimarlo? Miro a su alrededor buscando por algo que les ayude, pero no encontraba nada. Su mente estaba tan perturbada que no podía pensar en algo. Con nuevas lagrimas saliendo regresó su vista a su amigo, a pesar de no estar consciente, no podía enfrentarlo. Cerró los ojos y se inclinó hacia su frente dejando un corto beso manchando su rostro con lagrimas y sangre. Alzó los brazos y arrojó a Keigo fuera de ese infierno. Keigo no merecía ser castigado por sus errores. Él era la pequeña calidez que tenía en su vida. Incluso si él mismo ya no estaba más, quería que esa calidez siga creciendo.
"El fuego consumió todo la casa dejando al causante atrapado" "No se encontraron los restos del niño quemado por su propio poder" "La policía asegura que el joven se quemó hasta las cenizas" "La Comisión de Seguridad Pública mantiene en privado el estado del joven héroe que intentó salvar a un joven que se quemó hasta morir"
Las noticias siguieron por todo el mes y tal vez un poco más. Keigo no supo nada hasta cinco días después del suceso, cuando despertó en algún cuarto de hospital. La Comisión le puso al tanto del caso apenas despertó, aseguraron que Touya había sido huérfano y vivía solo. Al parecer sufría de alguna enfermedad que le hacia tener alucinaciones. Keigo no mostró emoción alguna o comentario después de escuchar la historia que armaron. Era falso, pero saber la verdad no iba a hacer que vuelva a ver a Touya. Los directivos le informaron también sobre su condición. Los doctores aseguraron que sus alas ya no volverían a crecer, la ultima columna había llegado a quemar parte de sus nervios causándoles gran daño que evitaba la regeneración de sus alas. Y no aseguraban que las cirugías puedan funcionar. La Comisión aceptó de igual forma. Mientras Keigo era sometido a las cirugías la Comisión buscaba a personas con alguna peculiaridad curativa pero ninguna tenía el poder suficiente para sanar sus heridas. Cerca de dos meses internado los doctores informaron que no había progresos, las cirugías no iban a lograr mucho. Pero la Comisión siguió presionando, lo mantuvieron internado casi seis meses, aunque las cirugías habían cesado cada cierto tiempo aparecía algún desconocido mostrando las habilidades de su peculiaridad y fallando ante sus ojos. Keigo comenzaba a aislarse, su antes jovial y extrovertida personalidad se había apagado pese a que también le habían dado un seguimiento psicológico. Casi no quedaba rastro de quien había sido. A pesar de los esfuerzos de la Comisión por restaurar su peculiaridad un día se le informó la decisión de desistir por los altos mandos. Seguirían cubriendo sus gastos hasta que cumpla la mayoría de edad, además de una indemnización por los daños que había recibido, entonces sería libre de hacer lo que quiera. Ya no habrían más entrenamientos agotadores. Ya no un futuro donde pueda salvar a las personas.
Con quince años había perdido a su mejor amigo, perdió su peculiaridad y la posibilidad de ser un héroe alguna vez, se quedó solo en el mundo y se le otorgó la libertad que tanto anhelaba. Keigo se sigue preguntado ahora a sus veintitres años: ¿A qué costo recibió lo que alguna vez deseó con tanta fuerza?
Sus días de extenuantes entrenamientos se convirtieron en los corrientes días de un civil cualquiera. El tiempo pasa y a él no le interesan. La culpa lo atormenta en sus sueños junto a los gritos de Touya. Su salud se deterioró y ahora no queda ningún vestigio del que alguna vez fue un prometedor prodigio a convertirse en héroe. A veces sale a la calle y cree ver a Touya pero la realidad es su cerebro jugando con él. La mayoría de veces esas personas no tienen nada en común con Touya notándolo cuando está a solo unos segundos de alcanzarlos, en otras, no hay nadie cuando llega. Ahora mismo solo camina en calle yendo a comprar la poca comida que piensa comer en la semana, tal vez mucha de esa comida se termine malogrando por olvidar comerla. Entre la multitud avanza sin rumbo fijo, siendo guiado por la ola de personas. Sin prestar atención al frente y con la mirada fija en el suelo, termina chocando con alguien, levanta la mirada para pedir disculpas encontrando a alguien cubierto con una capucha, alcanzando a ver solo parte de su cabello negro. La persona solo negó con su cabeza y siguiendo su camino. Keigo hace igual, sigue su camino sin mirar atrás.
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