Karma
Miraba a Nagisa y Mayu cocinar desde el otro lado de la barra donde solíamos desayunar. Desde algún tiempo había adoptado ese hábito, verlas juntas cocinar y divertirse, claro que las ayudaba – Nagisa me pegaría en la cabeza con el rodillo si no fuera así – pero me gustaba mirar la bella atmosfera desde lejos.
Casi parece una familia pensé de repente. Sin embargo, me congelé en ese instante y borré la sonrisa tonta que se había formado en mi rostro. ¿Qué estaba pensando? Me detuve un momento a aclarar mi mente. No era posible que pensara así, no en este momento.
-- Akabane.
Mire hacia arriba y note como se había encimado a la barra para tocar mi frente.
-- Te quedaste mirando a la nada por mucho tiempo.
Por un momento me sorprendí, pero disimulé el sonrojo que amenazó en pintar mi rostro, logré desviar su mano antes de que lograra tocarme. Con el tiempo que habíamos compartido juntos aprendí a volverme cuidadoso con respeto a sus habilidades, incluso en una ocasión me descubrió planeando una de mis travesuras y logró evitarla de manera olímpica.
Una vez alejé los extraños pensamientos de mí, y logré que Nagisa dejara intentar leer mis pensamientos, me levanté dispuesto a lavar los trates que se habían usado para cocinar.
...
Nagisa
Estaba cocinando en la casa de los Akabane; cuándo no hacíamos dulces solíamos cocinar lo que Akabane decía, de ese modo él se había vuelto el jefe en la cocina y tenerlo como líder era un infierno. No tenía ni idea de cómo fuera en la oficina, pero en la cocina era el mismísimo diablo.
Picaba verdura con cuidado de no cortarme, aunque lo hacía lento, ni Mayu ni Akabane se quejaban, en sí podía sentir como Akabane me miraba como si me cuidara. Se me hacía un poco gracioso, pues desde hace mucho tiempo nadie se había preocupado por mí. Si... Desde hace mucho tiempo.
Di un pequeño salto cuando sentí unas manos colarse en mi cintura, y abrazarme con algo parecido al cariño. Tragué saliva nerviosa y sintiendo mis manos temblar intenté ignorar la situación y seguir con mi labor hasta que sentí su cabeza recargarse en mi hombro lo cual solo logró aumentar mis nervios y dejar el cuchillo de lado. Sus manos comenzaron a subir lentamente abrazándome protectoramente, tanto que incluso ese parecía ser mi lugar.
Me quedé así unos instantes oliendo su característico olor a fresa, era vergonzoso, muy vergonzoso, pero no incómodo. Me sentía segura como nunca me había sentido. La atmósfera cambió cuando esos brazos dejaron de aprisionarme amablemente para hacer el abrazo más posesivo y violento, el aire dejó de oler a fresas para volverse ácido y familiar.
Quise pelear por sepárame de esos brazos que ya no eran de la persona que yo creía. Sin embargo, él era tan fuerte como siempre, me tenía completamente aprisionada. Giré a mirar la puerta, mi salida; y en ella solo pude ver a Irina fumando su acostumbrado cigarrillo. Su gesto era indescifrable, no podía saber si la mueca que hacía era de completa seriedad o se esforzaba por no golpear algo. No podía ver bien, para el momento en el que él me llevó de ese lugar mi vista había empeorado considerablemente.
Cuando desperté noté como estaba bañada en sudor y mi cuerpo temblaba como gelatina. Desde que había vuelto a ver a Irina los ataques de pánico y ansiedad por la noche se habían vuelto más recurrentes. El sentimiento de abandono me inundaba hasta la médula y la sensación no me abandonaba e incluso si el sol salía no podía dejar de temblar. Por las madrugadas Jack era el único que me acompañaba y consolaba. Él era mis ojos y mi compañía, lo único que me mantenía cuerda desde hace años.
El sudor y los nervios no cedían, pero habían disminuido considerablemente cuando acaricié el pelaje de Jack. El canino chillaba bajito como si sus lágrimas fueran las mías. Al final mi perro era el único arraigo emocional que tenía, y por el momento era seguro tener.
Cada noche, después de las pesadillas, me ponía a pensar seriamente en la relación que estaba construyendo con los Akabane. Era peligroso, en todos los sentidos. La influencia que ese hombre podía tener era aterradora y probablemente su fuerza y mente retorcida era lo más aterrador de su persona.
Me levanté y fui a la cocina a tomar un vaso con agua. Una vez saciada mi sed, me recargué en el fregadero. Con mucha ansiedad tomé uno de los cuchillos que había en la gaveta.
Sería mucho más fácil acabar con todo esto pensé, no estando completamente segura de a quién me refería mientras miraba el filo del cuchillo brillar. Aquel brillo de cierto modo parecía esperanzador desde la neblina que había en mis ojos. Una luz al final del túnel.
"—No eres un monstruo, Nagisa"
Eso había dicho el abuelo; pero a estas alturas no estaba segura si creerle, tal vez era mejor acabar con el monstruo que todos creían que era. Solté una pequeña risilla triste al recordar a Mayu, esa niña estoy segura que lloraría un mar completo si yo desapareciera; y Akabane... el terminaría de romperse, estaba tan metida en ese lugar que ya me era imposible desentenderme de ellos, y a parte, no quería. Me sentía feliz a su lado, después de tanto tiempo, de tantos años... Soy una maldita egoísta.
Al final si soy un monstruo, un monstruo que quiere llevarse todo como un huracán. Soy horrible, me estoy aferrando a ese hilo de araña que ni siquiera es mío
Karma
Con la llegada de marzo las cosas se empezaron a ver más extrañas para mí. Durante todo el mes anterior ese extraño temblor en mi interior se incrementaba poco a poco, al igual que sensaciones conocidas y reacciones inesperadas cuando ella se me acercaba o hacía comentarios sin sentido. Era de ese tipo de personas que tienen un carácter fácil de leer y adaptarse a las demás personas, algo despistada y fácil de hacer enojar; tal vez esos y otros factores son lo que me habían puesto en esa situación de Jaque. Al final, yo no era ningún idiota para no darme cuenta de lo que estaba sucediendo conmigo en ese momento. Y cuando logré identificarlo por completo, me aterré.
Pero no era correcto, en ninguno se los sentidos.
Mi corazón y pensamientos seguían siendo propios de la única persona con la que alguna vez uní mi vida. No había más, no debía haber más. Sin embargo, ¿Por qué? Esa pregunta rondaba mi mente desde hace noches. ¿Acaso estaba rompiendo promesas que hice alguna vez con Manami?, ¿En verdad esta sensación es genuina, o solo me creo una ilusión basada en la compañía que esa persona me brinda después de tantos años de soledad?
En algún momento de mi vida, para ser precisos la vez que me comprometí, mi madre me dijo que había muchas clases de amor. Y cada una era distinta para cada ser humano, en ese momento no podía dejar de plantearme eso.
Definitivamente estaba a un paso de volverme completamente loco.
De nuevo las malas costumbres volvieron a mí. Sin una intención más que la de trabajar y escapar de mis propios pensamientos. Como era de esperarse, tanto Nagisa como Mayu se habían dado cuenta de mi repentino cambio de actitud. Por su parte Nagisa no dijo nada, ella sabía que si no quería contarlo ella no podía obligarme y Mayu no se preocupaba, por alguna razón extraña, comencé a pensar que su intuición había aumentado mucho más de lo que pensaba.
Pensé por un instante volver a marcarle a mi psicólogo, pero me sentí idiota ante la idea. Después pensé en mi madre, pero un extraño escalofrío recorrió mi columna al imaginarme la sonrisa burlona que pintaría en su rostro, Kayano quedaba automáticamente descartada, Sakura probablemente haría lo mismo que mi madre, mi última opción fue la misma que la primera vez.
Temeroso por su respuesta y su reacción, decidí sacar mi celular y buscar el número que aparecía junto a un sticker de un simio. No estaba para nada seguro de marcar, más por lo que pasó la última vez que nos vimos, lo pensé un poco más antes de resignarme. Creo que era una buena oportunidad para pedir disculpas.
No pudo creer que voy a hacer esto
...
Estaba afuera de su casa pateando una piedra. Repasando una y otra vez las palabras que diría, Terasaka y Rio habían sido mis amigos más cercanos desde siempre, Rio más que nadie en el mundo. Y yo fui lo suficientemente idiota como para hablarle de manera pedante y grotesca. Soy de lo peor, cuando tengo un problema corro a pedir disculpas pensé queriendo irme de ahí y buscar ayuda en otro lado.
Sorprendentemente, sin necesidad de tocar el timbre la puerta se abrió dejando ver a Rio con una expresión indescifrable. Por un momento me sentí intimidado y trague saliva pesadamente. Nos quedamos mirando un rato hasta que habló.
-- ¿Qué no piensas pasar?, ¿O nos quedaremos aquí a que los vecinos escuchen? – soltó agresivamente.
Disimulé mi incomodidad aclarándome la garganta y pasé a la sala de estar. Busqué desesperadamente con la mirada a Terasaka a lo que inmediatamente Rio me explicó que no estaba, lo había mandado a comprar la despensa, con humor me imaginé la discusión que esos dos habrían tenido por eso. Me reí por lo bajo, recobrando la compostura cuando recordé la posición en la que estaba.
-- ¿Y bien? ¿A qué viniste Akabane?
-- Yo quería... -- dije rascando mi cuello con insistencia – Quería pedirte disculpas por lo que pasó en la torre...
-- Ahhh ¿Te refieres a ser un patán y un idiota depresivo? – dijo con una sonrisa poniendo sus dedos en su barbilla.
-- Si...
-- ¿Y a eso le agregamos que no es la primera vez, si no que ha sido así durante varios años; intentando alejarnos como si tuviéramos peste o algo peor cuando solo tratábamos de ayudarte? – comenzó a pasearse por la habitación sin desvanecer el gesto.
-- Si...
-- También que no tomaste en cuenta nuestros sentimientos y te escondiste como tortuga en su caparazón.
-- Si, si – dije un poco irritado.
-- De acuerdo – dijo deteniendo su andar y voleándome a ver – Bienvenido de vuelta Karma – extendió su mano ofreciéndomela.
-- Eres terrible – exclamé soltando una risilla tomando su mano y poniéndome de pie.
-- No más que tú. Cuéntame, ¿Qué has hecho de tu vida estos meses que no estuve? Si llamaste al cabeza de Gorila significa que pasó algo grande.
Me reí un poco tímido y comencé a narrar todo lo que había pasado en los últimos meses. Como era de esperarse de Rio, cuando supo que seguía con las clases de repostería me obligó a hacerle un postre, por lo que opté por preparar postres en vaso* – Lo único que recordaba cómo preparar en ese momento y que no podría arruinar – Mientras cocinaba comenzó a molestarme con un delantal rosa con un corazón en el centro, cosa que me obligo a ponerme como condición para que me perdonara.
-- ¿Así que me cambiaste por una desconocida que conociste hace meses? – Dijo incrédula mientras saboreaba su postre – Me dueles Karma, me dueles – dijo fingiendo estar dolida.
-- Las cosas realmente se dieron de manera muy extraña en realidad – durante todo el relato había evitado contarle acerca de la habilidad de Nagisa – y solo sucedió
-- Sucedió ¿eh? – Dijo escarbando lo último de galletas que quedaba en su vasito – Hum... – me miró por un buen rato aun con la cuchara en la boca – Tú tienes algo – aseguró apuntándome con el cubierto.
-- ¿Yo? – trate de disimular los nervios.
-- Si, tú. Tú nunca llamas a Terasaka a menos que sea para molestarlo con trabajo, antes lo llamabas para hacerle bromas telefónicas, pero de esas no hemos recibido en algún tiempo. Que lo hayas llamado para reunirte con él es extraño...
-- ¿Es extraño querer hacer las paces?
-- ¡Sí! Conociéndote probablemente nos hubieras invitado a tu casa y nos ofrecerías un pastel o algo por el estilo. ¡Aquí hay gato encerrado Karma Akabane!, suéltalo antes de que yo te obligue a soltarlo por la fuerza.
-- Nunca podrías obligarme de esa manera, soy más alto.
-- Tengo fotos, Karma. Fotos muy comprometedoras de la secundaria que seguro no quieres que salgan a la luz.
Esa precisamente era una de las desventajas de conocer a Rio desde la adolescencia. Aunque bien yo podría amenazarla con las fotos que yo también tenía guardadas. Nos quedamos en silencio un rato y al no poder soportarlo más simplemente lo saqué de mi sistema.
-- Creo que me gusta Nagisa.
-- ¡¿QUÉ?!
...
-- Santa mierda... -- cuando le conté a Rio lo que poco a poco comenzaba a sentir, la mujer tomó otro vasito con postre y se sentó devorándolo completamente sin quitar su gesto de asombro.
-- ¡Y no sé qué hacer!—grité exasperado – Sigo queriendo a Manami, ¡Mi amor por ella no ha cambiado en lo absoluto! Pero Nagisa me hace sentir... completo, ¿Sabes? Mayu siempre ha sido mi luz y mi guía; eso no ha cambiado, pero ahora, siento que hay algo más por lo que quiero luchar y proteger, es extraño porque ni siquiera me siento como un adolecente que me ponía nervioso y hacía tonterías a la ligera. Es más como si solo quisiera estar ahí y nunca apartarme, pero no quiero lastimarla, ni asustarla, ni siquiera quiero decirle lo que siento, porque sé que se alejará, tengo el presentimiento y es lo que menos dese...
-- Ok, ok, Romeo. Ya entendí. Te gusta otra persona que no es tu difunta esposa y la madre de tu hija, eso quedó claro y eso te aterra ¿cierto?
-- No quiero que todos crean que simplemente la estoy cambiando o reemplazando. No es eso... yo nunca lo haría. Tampoco quiero que Mayu piense que dejé de amar a su madre. Simplemente no está bien lo que siento...
El silencio volvió a apoderarse de la situación y solo puede ver como Rio se acababa a velocidad sónica su postre y colocarse a mi lado poniendo su mano en mi hombro en señal de apoyo.
-- Eres un idiota Karma – dijo dándome una palmaditas de consuelo – Todavía falta trabajar contigo eso de la confianza, pero aprendí mi lección el otro día. No debo inmiscuirme en tu vida a menos que ese sea tu deseo. Por lo mientras te diré esto: El que te diga que el amor es una cosa amable, dadivosa e increíble es porque no se ha enamorado de verdad. ¿Pero sabes una cosa? El amor es egoísta, doloroso, posesivo y cruel. Tú lo has sufrido, el dolor de perder a la persona que amas.
[Al amor le importa un cacahuate si acabas de perder a alguien, solo se pega a ti como un chile apestoso y no te suelta jamás; poco le importa si estás de acuerdo o no, las clases sociales, las razas, las etnias, la distancia; el amor hace lo que quiere con nosotros y nos mueve. Créeme todas las estupideces que ha hecho la humanidad es por amor, y este puede ser a una persona o a una cosa tan inútil como el dinero o el poder. ¡Todos amamos algo!
Y si ahora amas a otra persona, ¡está completamente bien! Eso no significa que dejes de amar a Manami; ¡Tú lo dijiste! Ahora tu sentir ya no es el mismo que con Manami, ya no es un amor que vibra, según tu, no es un amor que quema y te hace querer bailar a la par del calor de tus emociones; es un amor diferente, uno más adulto, por así decirlo, quieres cuidarla y protegerla, aun si eso significara no estar a su lado directamente, la quieres de una forma sencilla. Y ambas formas de amar son hermosas, Karma.
Es obvio que serían distintas, ambas son mujeres distintas, y eso tú lo sabes mejor que nadie. Eres sincero, hombre, y esa es tu mayor virtud. Aunque la verdad sea cruda, eres capaz de decirla sin morderte la lengua, por eso somos amigos y te admiro mucho. Estoy seguro que con todos los demás es igual, así que no tienes que preocuparte porque te juzguen o te incriminen, tú no tienes la culpa de enamorarte sinceramente de ella, simplemente nació de ti y eso es genial. En este momento tienes que tomar tu elección, ¿Qué harás con esos sentimientos? Desde que entraste en esta casa, negarlos ya no es una opción]
-- ¿Y Manami?
-- Ella estaría muy feliz de que tú seas feliz. Ella siempre fue una persona muy caritativa y amable, para ella tu felicidad era la suya. ¡De seguro que esto fue un plan de ella para que encontraras algo más placentero que el café en las mañanas! Solo confía en tu instinto como siempre lo has hecho.
-- Mayu... ella...
-- Mayu es lo suficientemente grande para entender y lo suficientemente inteligente para tomar esa decisión contigo. Recuerda, ella siempre será tu prioridad y si en verdad quieres a esa mujer Mayu tiene que saberlo para poder afrontarlo contigo. Porque antes que padre e hija, tú y Mayu son compañeros de guerra, ambos han encontrado su soporte en el otro y han pasado por las mismas dificultades, para ella tú eres su persona más especial.
-- Para mí también.
-- ¿Lo ves?, además por lo que me contaste, creo que a Mayu le agrada Nagisa más que nadie en el mundo, ese es un buen comienzo. Y aunque tú no pretendas tener nada con Nagisa tus sentimientos no pasarán desapercibidos. Confía en el futuro, Karma, deja de aferrarte al pasado y camina hacia adelante, aun si el camino es muy empedrado, tú puedes lograrlo.
Solté una risilla por lo bajo.
-- ¿Por qué no me dijiste esto hace 7 años?
-- Créeme que lo intente, pero eres un terco – me regañó – pero gracias a eso, pude practicarlo muchas veces y me salió bien, ¿No te parece?
-- Jajaja eres todo un caso.
-- No uno más complicado que tú.
Ambos nos reímos
Omnisciente
-- ¿Y qué harás?
-- Pues por ahora nada. Dejaré que el viento me lleve a donde me tenga que llevar.
-- Ah La técnica de "echarse de cabeza al acantilado", humm es una buena táctica. Pero es un poquito peligrosa, a veces el viento te lleva a casarte con un idiota alto, fornido y con cabeza de gorila.
-- Qué triste tu caso.
-- Si... pero bueno, por lo menos el gorila sabe hacer feliz a una mujer, eso ya es ganancia.
Rieron por un rato más hasta que escucharon la puerta ser abierta y unos gruñidos provenientes de la entrada.
-- Hablando del Rey de Roma...
-- El gorila que se asoma.
Ninguno podía ver lo que pasaba en aquel momento, y los gritos del recién llegado tampoco ayudaban a que pudieran escuchar el sonido de un hilo de oro rompiéndose desde el dedo menique del pelirrojo. A lo lejos, sobre un poste de luz se posaban tres figuras: dos femeninas y una masculina, aunque infantil; invisibles para los ojos normales.
-- ¿En verdad estas bien con esto? – preguntó una de las figuras. Era la más alta y su voz aguda la hacía resaltar de los tres.
-- Sí, eso significa que todo va por buen camino y que pronto todos podremos irnos– expreso otra con voz suave.
-- Eres muy amable al ayudar a otras personas a pesar de todo.
-- Podríamos decir que lo hago más por él que por mí misma o por ella. Dejémoslo en que soy una completa egoísta y de cierto modo la estoy usando – respondió un poco deprimida.
-- Yo no lo creo así,... Es más, se podría decir que nosotros nos estamos aprovechando de ti ¿Quién usa a quién? – dijo pensativa la más alta, recargando su mano en su mejilla.
-- Ustedes las mujeres sí que dan miedo – dijo el niño
-- Valientes palabras para alguien que se hace llamar "El Shinigami" – respondió la alta
-- En verdad que no las entiendo – exclamó el niño después de soltar un suspiro – esto está comenzando a parecer una novela.
-- ¿Qué no se te hace entretenido? – se burló la alta apretando los cachetes del pequeño -- ¿O acaso te molesta qué te quiten a tu adorable pupila?
-- Yo no dije eso... -- respondió con un puchero.
-- Koro-sensei es muy honesto – se burló la otra mujer.
Las mujeres rieron dejando al niño enojado y un poco avergonzado. Cuando las risas cesaron el Shinigami extrajo de su manga una guadaña que poco a poco creció hasta ser más grande que el mismo. Hizo un ademán a las mujeres y los tres desaparecieron con el viento.
"" "" "" "" "" "" "" "" "" "" "" "" "
Besitos en la cola, chao
