Nagisa
Los ruidos provenientes del sótano dejaron de oírse, justo a tiempo para cuando él entró; su cabello corto casi rapado estaba tieso y grasiento como siempre. Su camisa completamente sucia y apestaba alcohol barato como era de costumbre. Mi cuerpo no podía dejar de temblar y estaba completamente segura que el sudor había escapado de mis cienes tan rápido como él entró a la cabaña.
Apreté mis manos detrás de mi espalda e intenté fingir normalidad ante la situación. Ese hombre era muy preceptivo, estaba completamente segura que cualquier fallo en mi actuación sería detonante de un problema mayor, y yo no podía permitir que ellos se vieran involucrados en ello.
-- Bie-Bienvenido – respondí como habitualmente lo hacía y me alejé lo más que pude de la trampilla que daba hacia el sótano, para poder atraer su atención – Supuse que volverías cuando terminara el mes...
-- ¿Te molesta que venga a mi propia casa?
No respondí, era lo mejor en estos casos. Se acercó a mí eclipsando con su enorme tamaño el mío y me tomó del cabello agresivamente
-- Te recuerdo que todo lo que está aquí incluyéndote es de mi propiedad. No creo que aparte de ciega seas tonta. – Dijo mientras soltaba mi cabello empujándome en el proceso – Pero no creas que soy un monstruo, a diferencia de ti.
Cerré mis ojos apretando los puños, sin dejar de pensar en la persona que estaba en el sótano, escuchando todo.
-- Solo vine a pedirte más dinero lamentablemente perdí unos juegos hoy, así que necesito más para poder vivir.
-- Pero Takaoka, ya no tengo más que ofrecerte. Ayer te lo llevaste absolutamente todo.
Me alejaba poco a poco intentando mantener distancia, pero él fue más rápido con sus intenciones. Sin poder hacer nada el me abrazó posesivamente dejando mis brazos completamente inmovilizados. Sentía asco, sentía miedo, sentía impotencia. Todo en un remolino irreconocible de emociones; pero probablemente lo que más me dolía en el corazón era que sentía vergüenza, vergüenza de que de todas las personas en el mundo que podrían estar escuchando esta conversación, era Akabane quien estaba ahí.
Solamente cuando mis emociones estaban tan descontroladas como en ese momento, accedía de manera involuntaria a la mente de Takaoka, y en su mente, en su corazón lo único que se podía ver era una aterradora oscuridad repleta de risas retorcidas y voces ajenas. Muchas veces incluso había llegado a ver la crueldad con la que el sujeto había tratado a otras personas haciéndose pasar por un profesor cariñoso; era asqueroso y repulsivo, más cuando las agresiones eran más graves que el acoso verbal o físico, llegando a desagarrar la moral e integridad del cuerpo de una persona.
Incluyéndome.
Para ese momento ya no podía parar de temblar y pelear, y eso solo lo complacía. Por más que lo intentara nunca sería rival para un exsoldado de las fuerzas armadas de Japón, por más "talento" que poseyese como decía Koro-sensei, nunca ganaría esa batalla, que sin comenzar ya estaba perdida.
Karma
Golpeé la puerta de la trampilla varias veces con desesperación, mi instinto me decía que algo estaba terriblemente mal y me urgía salir de ese lugar para poder sentirme tranquilo.
-- Por favor, te lo suplico, no hables ni trates de detener lo que vaya a pasar.
Cuando la escuché decirme eso, aquel presentimiento solo se hizo aún más grande hasta el punto de casi reventar mi pecho. No pude evitar recordar aquella sensación que me provocó el día que Mayu nació, aquella angustia, presagio de una mala noticia o un mal acontecimiento. Para ese momento, estaba seguro que algo muy grave sucedería y quería estar ahí para protegerla, por primera vez quería hacerlo. No podía quedarme sin hacer nada, no quería quedarme esperando como aquel día con Manami, si podía proteger. Quería protegerla.
-- ¡Nagisa! ¡Abre! – gritaba mientras golpeaba frenéticamente la trampilla al notar que esta estaba cerrada con candado desde afuera.
-- Te lo ruego, confía en mí por última vez.
Sus palabras me quitaron la fuerza en mis brazos y mi puño dudo un momento antes de querer volver a golpear.
-- ¡Estoy en casa Nagisita! – era una voz desconocida y eso no hacía más que preocuparme.
Me dispuse a golpear otra vez, incluso estaba listo para romper la trampilla o mis nudillos de ser necesario.
-- Espera – un tacto cálido tomó mi mano y la voz era una que nunca en mi vida podría olvidar.
-- ¿Manami?
Me día la vuelta y sin querer solté la caja que tenía en mis manos por la impresión. Estaba igual que siempre, con su sonrisa cálida y sus ojos llenos de ternura, vestía un vestido blanco sencillo y sus lentes estaban tan impecables como siempre. Podría haber jurado que era algo real, que era una persona real; pero su cuerpo resplandecía con una luz tenue, haciendo posible que a pesar de la oscuridad pudiera verla. El pulgoso la miró con curiosidad y se acercó a ella para restregarse y mover la cola con alegría.
-- Hola amiguito – dijo Manami mientras sobaba la cabeza de Jack.
-- ¿En verdad eres tú?, ¿No es ningún espejismo? – pregunté perplejo.
-- Sí, soy yo, Karma.
-- ¿Cómo es qué...?
-- Morir es más complicado de lo que piensas, y renacer lo es aún más...
--Hemos estado buscándote por tanto tiempo. Nagisa me dijo que era peligroso para tu alma quedarte tanto tiempo aquí, por eso...
-- Puedo estar aquí bajo condiciones especiales. Como todo en la vida, también todo en la muerte tiene un precio a pagar y alguien más pagó el mío. Todo por su bien y tu bien—dijo acercándose poco a poco a mí.
Escuchamos a Nagisa hablar con el extraño así que miré a Manami con insistencia.
-- Por favor Manami, ayúdame a ayudarla. No podemos perderla, no quiero perderla. Mayu también está allá arriba, tengo que ir.
Manami sonrió melancólicamente y pasó su mano por una pequeña mesa que estaba ahí. Su gesto se transformó por uno de tristeza cuando miró hacia el techo imaginándose lo que podía pasar ahí afuera, vi como apretaba sus puños y suspiraba con resignación.
-- Esta es su batalla. No podemos intervenir, si lo hacemos ella nunca podrá ser libre...
-- Yo no entiendo esas cosas filosóficas, Manami. Nagisa es la lista en cuestión de lo espiritual y mental. ¡¡No me interesa si es su batalla o si tenga que hacer curaciones por medio del dolor!! ¡¡Yo solo quiero ayudarla!! No quiero que haya más marcas en su cuerpo, en su vida, en su alma. Necesito salir y detener eso que está pasando allá afuera. ¡Ayúdame a salir!
-- No puedo – dijo con dolor.
-- ¿Por qué?, ¿Por qué Nagisa tiene que sufrir toda esta mierda?, ¡¿Por el bien de quién, Manami?! Yo no me trago esa tontería de vivir para servir. Ella es tan humana como yo o como tú.
-- No es mi decisión, es parte del trato.
-- ¡¿Con quién?! ¿Quién es tan mierda para dejarla vivir eso?
-- Con su madre.
-- ¿Qué?
-- Si quieres salvarla, si quieres ayudarla. Escúchame, escucha lo que pasó y lo que probablemente pasará.
-- ¿Qué es lo que tienes que decirme?
Nagisa
-- Vamos, Nagisa, yo sé que tu eres una mujer muy ahorradora y linda, estoy seguro de que tienes algo por ahí que me pueda ayudar. ¿Ese es tu trabajo, no? Ayudar a las personas – susurró con una voz cantarina y casi inocente – Tu no ocupas esas cosas Nagi. Todo lo que tú eres y serás siempre me pertenecerá, y eso tú lo sabes muy bien. Además si no fuera yo, estoy seguro de que serías propiedad de otra persona, admitámoslo Nagisa, tú no naciste para ser tu misma, naciste para otros y el destino nos juntó, cariño. Nos seas mala, entiende mi situación, solo tuve mala suerte al igual que tú.
En momentos como este mi mente se dividía en dos; por un lado la parte que quería ser libre, salir de aquí y huir lo más lejos posible para poder ser Nagisa y poder correr sin ataduras. La otra parte de mí, era la que en ese momento respondió el abrazo de Takaoka. Yo no lo quería, ni lo amaba, sentía repulsión y odio hacia su persona; pero en el fondo yo sabía que él tenía razón, si yo no fuera su propiedad, lo sería de mi madre, o de Irina, o de muchas otras posibles personas. Aunque me negaba a aceptarlo él era mi realidad y era a lo único que podía aferrarme para no caer en la locura.
"Deseos, todos tienen deseos, y eso es, en esencia es lo que nos hace humanos" esas fueron la palabras del abuelo cuando comenzó enseñarme acerca de nuestra habilidad y también fueron las palabras de la anterior líder de los Maehara. Sin embargo, desde mi nacimiento no recuerdo alguno que valiera realmente la pena. Mi madre fue una persona que siempre lo deseo todo y mi padre la complacía aunque eso le costase todo, por mi parte sabía lo que papá sufría así que nunca pedí nada, mi madre decía que solo la gente que hacía algo merecía pedir algo y yo, no era nada ni nadie; por lo que aprendí a no ser ambiciosa en ningún aspecto. La primera vez que sentí algún deseo fue cuando el abuelo me incitaba a soñar y a pedir, a leer y a vivir; probablemente el abuelo y Kirara eran la únicas personas en el mundo que no me veía como una nueva oportunidad – como mi madre – un negocio – como Irina - o un juguete – como Takaoka – sin embargo él era eso, un sueño. Y como es normal en los sueños, hay que despertar.
De cierta manera, siempre supe que los Akabane eran igual, un sueño, un anhelo, algo que nunca podría tener. Mi realidad era otra; yo era muy diferente a Manami, o a cualquier otra mujer, alguien que podía vivir por sí misma y lograr grandes cosas, soñar, soñar y vivir soñando, y aun después de morir seguir siendo parte de los sueños de otros. Aferrarme a ese hombre que me lastimaba y media casi el doble que yo, era la única forma de volver a mi realidad y dejar de soñar.
Solo tuve mala suerte Estaba segura que en otras circunstancias y tal vez siendo una persona diferente, podría haber soñado tan alto como quisiese. Y tal vez, podía permitirme amarlo, amar su sonrisa y sus bromas, querer su simpatía e idioteces, adorar a su hija y su mundo; pero siempre, desde el primer momento en que ese pensamiento cruzó mi mente, supe que era un sueño más, de inmediato desperté.
-- ¿Ya ves qué fácil es Nagisita? Tú sabes que yo no soy tu enemigo, soy aquel a quien perteneces, me debes respeto y lealtad – dijo abrazándome más fuerte lastimándome en el proceso -- ¡Ya sé! Eres como un perrito, uno muy lindo por cierto. Así que sé obediente y dame lo que necesito – dejó el abrazo y sobó mi cabeza como si fuera un cachorro.
Solo pude resignarme y dejarle ser.
-- Te juro que yo... --le susurré para que inmediatamente él dejara de acariciar mi cabeza y me tomara nuevamente del pelo, pero esta vez logró alzarme unos cuantos centímetros del suelo.
Estaba dispuesto a gritarme y probablemente a golpearme, pero un leve ruido, casi inaudible, proveniente de la cama lo hizo distraerse, desesperada intenté evitar que él se moviera en su dirección, pero era demasiado fuerte para mí. Corrió la cortina que había colocado para ocultar a Mayu y una sonrisa retorcida pintó su rostro. Comenzó a rascar las cicatrices en sus mejillas con frenesí y me miró con una sonrisa sínica.
-- ¡Oh! Nagisa. No sabías que tenías un pequeño angelito aquí. ¡Qué hermosa! Tienes tan buen ojo como Irina – volvió su mirada a la niña.
Me llené de pánico al imaginar a Mayu pasar por lo mismo que yo y en ese momento tomé la decisión más importante de mi vida.
-- ¡Qué linda eres Nagisa! ¡No tenías que hacerme un regalo así! En verdad te superaste a ti misma – dijo sonriente dando la vuelta para mirarme. Borro su sonrisa al notar lo que tenía en mis manos – Ay Nagisa, deja de jugar, sabes que esas cosas no quedan contigo.
El cuchillo en mis manos se alzaba orgulloso apuntando a su garganta. Había olvidado como temblar, o sentir algo más que solo la adrenalina en mi sistema. Este "talento" que tanto me había negado a usar, probablemente podría salvar a Mayu y si tenía que convertirme en un monstruo para protegerla, lo haría sin dudar.
Al ver que mi voluntad no flaqueaba en ningún momento dejó la cortina y se posicionó frente a mi intentando eclipsarme y asustarme con su altura; sin embargo, no temblé, ni me moví, mis manos estaban firmes y completamente dispuesta a acabar con ese asunto de una vez por todas.
-- Al parecer mi mascota quiere que le enseñe de nuevo quien manda a quien – dijo masajeando su cuello.
Mi talento no tenía nada que ver con las peleas, en sí, sabía que perdería, así que debía usar otra estrategia. Mi objetivo era distinto, no quería alejarlo ni ahuyentarlo, debía exterminarlo por completo.
Solo debo asesinarlo, ¿verdad?
Bajé el cuchillo y lo miré con una sonrisa, lo cual lo confundió y lo hizo flaquear, caminé lentamente hacia él como si caminara por la calle; mi cuerpo se movió solo como el de un animal acechando a su presa. Logré aferrarme a su camisa y hacer que perdiera el equilibrio cayendo de bruces, me coloqué detrás de él y mantuve mi cuchillo muy cerca de su cuello. Justo cuando daría el golpe de gracias, Takaoka no tardó en darse cuenta de que en verdad estaba dispuesta a asesinarlo. Con su codo golpeó mis costillas con tal fuerza que estaba casi segura que me había roto una o dos.
Agitado, se separó de mi mientras yo llevaba mis manos a la zona de dolor arrodillada en el suelo. De nuevo, esa mirada de pánico aparecía en mi vida, era igual a la de mamá en esa ocasión; llena de miedo y asombro. Una vez levantado comenzó a patearme, sin darme una oportunidad de pensar en algo más. El cuchillo había salido volando dejándome desarmada.
Logré jalar su pierna haciéndolo perder el equilibrio sin caer. Aquello dio tiempo de levantarme también. No me sorprendió que la sangre escurriera de mi frente, pues ya estaba herida con anterioridad. No podía ver, eso era seguro, pero el instinto de supervivencia era aún más ágil que cualquier visión.
De inmediato recordé el único ataque real que Koro-sensei me había enseñado. Takaoka estaba cansado y muy asustado, probablemente nunca había pasado por su cabeza la idea de que yo fuese quien lo atacara. Aproveché ese miedo, esa ansiedad provocada por sus propios pensamientos y retomé mi posición. Yo sabía que estaba desarmada, pero él parecía no notar eso, ni mucho menos que el cuchillo había salido volando un poco atrás de él.
La posición perfecta, pensé
Estaba segura que él creía que el cuchillo estaba oculto tras mi espalda, así que haciendo ruido en cada uno de mis pasos para asustarlo más, me acerqué lentamente. Pude notar como su mirada no dejaba de posarse en mi vientre, como si pudiera ver a través de él, directamente a mis manos en mi espalda. Sabiendo que su concentración estaba en mi cuchillo falso, pateé un vaso que había caído al suelo por el forcejeo anterior, y el ruido extraño lo hizo distraerse; distracción perfecta para hacerlo caer de nuevo. Una vez en el suelo lo monté y tomé el cuchillo que había quedado a su lado al momento de caer.
Ese era el momento de acabar con toda esta farsa, con toda esta realidad, con todo lo que conocía. Tenía miedo al cambio, a perder la única ancla que me tenía atada a la tierra, algo en mí se negaba a exterminarlo, pero, algo que nunca entendí era el porque estaba sonriendo en esa ocasión. La sonrisa que adornaba mi rostro era una de completa paz e inocencia, acto que lo hizo enloquecer de pánico, sonreí aún más. Por fin podría librarme de él. Algo que debí hacer hace mucho tiempo.
No me importaba ser un monstruo a partir de ahora, sería un monstruo libre y eso era maravilloso. No importaba si tomaba su vida o la de otros, me volvería completamente libre.
Sin borrar la sonrisa estaba dispuesta a dar la primera puñalada hasta que una voz desconocida para mí me detuvo.
"—No eres un monstruo, Nagisa"
Tan solo esas palabras lograron hacer que me detuviera en seco y la sonrisa abandonara mi rostro. Me quedé pasmada al notarme encima de un hombre completamente horrorizado.
Por Dios,... ¿Qué estuve a punto de hacer?
Takaoka me empujó de nuevo, pero en vez de atacarme solo se hizo a un lado gritando blasfemias hacia mí. Lleve mi mano a mi rostro sintiendo la sangre escurrir aún más, temblaba, estaba temblando de nuevo, aunque Takaoka estaba peor. Lleve mi otra mano a mi cuello y arranqué el collar que mi madre una vez me dio y Koro-sensei una vez bendijo y se lo tendí sin atreverme a mirarlo.
En mi mente no podía cursar ningún pensamiento, todo estaba en blanco.
-- Tómalo y nunca vuelvas, en lo que resta de tu vida, no vuelvas...
No supe de donde había sacado voz para decir aquellas palabras, pero parecieron funcionar, puesto que Takaoka tomo el collar y se fue corriendo lejos de la cabaña, dejándome con un millón de pensamientos que se reducían a nada. Mi cuerpo se movía completamente solo, sabía que Akabane ya no debería soportar estar más tiempo encerrado en aquella oscuridad, tampoco Jack.
Busqué la llave y abrí el candado, retirándolo despacio. Y una vez la trampilla se quedó sin ningún obstáculo para ser abierta me tendí en el suelo lentamente como si yo misma tuviera miedo de romperme.
Mi cuerpo temblaba como loco y el sudor se mezclaba con la sangre de mi frente. Lleve ambas manos a mi rostro y me hice ovillo en mi sitio. No tenía voz, no tenía lágrimas ni fuerzas para hacer otra cosa que no fuera quedarme en el suelo. Aunque veía la silueta de Akabane acercarse a mí y a la lejanía se podían escuchar sus gritos llamándome. Yo ya no tenía fuerza ni voluntad de nada.
Estaba segura que había perdido lo que consideraba mi realidad, y pronto perdería lo que consideraba mi fantasía. En ese caso ¿Qué me quedaba?
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Besitos en su colita, chao
