Nagisa
Era obvio que después de que mis padres murieran y Kaede se fuera yo no sobreviviría al vivir sola. Así que una mañana de Julio dejé el pequeño pueblo para viajar junto a un hombre que Koro-sensei me había presentado. Ese día estaba cocinando algún pastel dulce cuando mi maestro y Matsukata llegaron a la pastelería. El creyó que yo me negaría a irme, pero la verdad ya nada me ataba a aquel lugar, y probablemente solo sería una molestia para los demás habitantes del pueblo, al final, yo era una niña que estaba maldita.
Cuando tomé mis pocas pertenencias y subí al tren, era la primera vez que iba tan lejos de casa. O de cualquier otro lugar, no podía evitar mirar con emoción las nubes y las construcciones que con el pasar de las estaciones del tren se alzaban orgullosas, edificios tan altos que parecían querer alcanzar el cielo como las mismísimas aves.
Siempre sentí gran pena al encerrarlas en las jaulas, antes de verme en la necesidad de venderlas, adoraba como emprendían el vuelo y se perdían en el horizonte.
Cuando llegamos al lugar noté de inmediato que era una pequeña casita, una que combinaba muy bien con el estilo del abuelo. Al llegar el hombre tenía una habitación para mí y algunos peluches para mi entretenimiento. Por supuesto que hice una reverencia demasiado exagerada ese día en señal de agradecimiento. Yo sabía que ese hombre no tenía obligación alguna conmigo, pero aun así se estaba tomando la molestia.
Koro-sensei me dijo que me visitaría cada cierto tiempo para enseñarme algunas cosas, pero que en ese tiempo yo me entretuviera con una vida normal y hogareña, que no debía preocuparme por nada. Y lo intenté.
Los primeros días de mi estancia ahí trataba al señor Matsukata como se trata a un jefe – le enojaba que le dijera "señor Matsukata" y siempre insistía en que lo nombrara abuelo - me levantaba temprano a preparar el desayuno y hacía los quehaceres de la casa, cosa que a veces hacia molestar al señor Matsukata, pues siempre me alegaba que yo era su invitada y no debía hacer ese tipo de cosas. Tampoco era como si me llamara la atención salir a la calle o jugar con los otros niños, prefería quedarme en casa buscando algo que hacer para ayudar, aun si se enojaban conmigo. Un día en que Matsukata me sacó de la cocina diciéndome que debía aprender a jugar como los demás niños, descubrí una construcción que estaba al lado de la casa, el abuelo me dijo que esa era una biblioteca que desde hace mucho nadie visitaba y que el tenía las llaves porque en su momento él fue el encargado de cuidarla. Fue en ese momento cuando aquel lugar se volvió mi lugar favorito, un lugar silencioso en el que podía aprender más sobre el enorme mundo que me rodeaba y al que yo no podía acceder, desde pequeña siempre estuve consiente de lo pequeñas y débiles que eran mis alas, así que no me hacía grandes ilusiones.
...
Ir a la escuela también fue un enorme problema para mí. Nunca había sido especialmente buena para socializar y prefería en gran medida estar en el salón de clases leyendo algún comic o reseña sobre alguna película, tal vez esa era la razón por la que los niños me molestaban constantemente, además de que decían que mi cabello azul era rarísimo y tiraban de él casi siempre. No le dije al abuelo por miedo a molestarlo con mis asuntos, ya era demasiado en que me dejara vivir con él, no quería ser una molestia o un estorbo.
La primera vez que lo vi verdaderamente enojado fue cuando llegué con moretones a casa, como era de esperarse no descansó hasta que los responsables recibieron un castigo ejemplar. Por su parte se molestó conmigo por no habérselo dicho a tiempo y exponerme de esa manera.
"—No quería molestarte"
"—Mira, Nagisa. La idea de que vivieras conmigo no fue de tu maestro, fue mía. Una niña sola corre más peligros que cualquier otra persona en el mundo, y aunque fuera idea de tu profesor, yo decidí acceder. Sé que no querías molestarme, ni nada, pero me molesta más que no confíes en mí. Ahora tú y yo estamos juntos en esto, así que debemos trabajar unidos para poder salir a flote"
Desde ese día hacíamos todo juntos: cocinar, limpiar, leer, platicar. Eran días verdaderamente pacíficos. El abuelo compartía la misma habilidad que yo y a veces lo acompañaba a hacer trabajos especiales y algunos encargos. El abuelo siempre buscaba cada excusa para consentirme, aunque yo siempre me negaba a recibir los regalos, el siempre insistía de manera que no podía negarme. Él se había vuelto mi nueva familia, un abuelo con cara de enojado que, si bien tenía una voz y una personalidad un poco rígida, la verdad era cariñoso a su manera, su muestra más grande de amor era que siempre me dejaba comer el primer durazno que crecía del árbol que estaba en su patio, decía que eran los más dulces y traían la buena fortuna. Él amaba los duraznos y yo comencé a agarrarles gusto también.
El abuelo, al igual que yo era una persona observadora, así que fue el primero en notar como mis ojos se volvieron un poco más claros. Fue así como supimos de mi enfermedad de la vista y por recomendación del médico hasta que la capa fuera más gruesa sería mejor extraerla.
Cada vez que Koro-sensei me visitaba me llevaba a hacer trabajos más complicados que con los que hacía con el abuelo, pero siempre me esforcé mucho para cumplir con sus expectativas. Con el inicio del nuevo año; el abuelo y Koro-sensei me llevaron al templo de los Maehara en Kioto, ahí fue donde conocí a otro niño como yo, aunque su habilidad era más refinada que la mía y él sabía demasiadas ceremonias de memoria junto a conjuros y rezos. Él era muy amigable, pero mi poca habilidad para socializar relució haciendo que el niño de inmediato pensara que yo era rara, incluso en ocasiones, intentando ser su amiga mis chistes eran tan malos y tal vez un poco tétricos que le debía haber dado la impresión de que estaba completamente loca.
Mi entrenamiento también había quedado a manos del clan, aunque a diferencia del heredero yo no aprendía conjuros o exorcismos, mi entrenamiento consistía más en conocimiento teórico acerca de los espíritus y su comportamiento. Tanto el abuelo como la líder del clan no sabían la razón por la cual yo ponía tanta dedicación a mis estudios, sin embargo, yo sabía muy bien que si quería ser el Shinigami – cumpliendo mi promesa con Koro-sensei – debía saber muchas cosas. Koro-sensei me dijo que él no tuvo una preparación anterior y que él aprendió en la marcha, así que tampoco era muy necesario, pero yo quería hacerlo bien.
Cuando cumplí los 13 el abuelo había salido con rumbo a un poblado cercano para realizar un trabajo. Ese día solo había una nota en la mesa con el desayuno listo, por lo que decidí esperarlo como él me lo había pedido. Aburrida decidí ir a la biblioteca a leer un poco y ordenar algunos escritos que la señora Maehara me había dado. Sin embargo, a través del cristal de la ventana pude ver a un niño pequeño llorando, pero de inmediato me di cuenta que no era un niño normal.
Un espíritu
Salí de la biblioteca para poder auxiliarlo. Si bien no era mi primera vez haciéndolo, estaba consciente de los peligros de la ciudad, Koro-sensei ya me había advertido acerca de los demonios, y estos eran más comunes en la ciudad así que debía ser precavida. Ojalá lo hubiera sido.
Al dejar la casa me encontré con el pequeño espíritu y este al verme se echó a correr logrando que lo siguiera. Corrí un rato detrás de él y doblamos la esquina topándonos con un callejón y en ese lugar había dos hombres esperando por mí. En el momento no lo había notado, pero ese niño era un demonio y probablemente tenía un contrato con alguno de los dos. Después de eso, todo se volvió oscuro, recuerdo vagamente querer escapar, pero nada es claro en mi mente.
"-- ¿Cabello azul?"
Cuando desperté estaba en un lugar muy oscuro y pronto noté que no era la única ahí. Entre mi sopor pude ver a más chicas junto a mí en la pequeña habitación. Dos de ellas estaba despiertas mirando hacia el suelo con miedo y también logré ver a otras niñas de mi edad o más pequeñas.
"—Oye, levántate"
Cuando alcé mi vista hacia aquella voz femenina autoritaria me encontré con unos grandes ojos azules, un cabello rubio perfecto y un cuerpo bien cuidado. La mujer de inmediato me obligó a levantarme y me llevó a otro lugar después de despedirse de los hombres. Subimos a un auto y ella manejaba, era de noche y mi visión aún no se recuperaba, todo era confuso. Para el día siguiente ya no me encontraba en ningún lugar conocido. Era un cuarto con varias camas y muchas mujeres me rodeaban y me miraba con curiosidad.
"—Así que esta es la nueva adquisición de Irina" – susurró una de ellas con cabello castaño atado en una coleta de caballo.
"—Es muy bonita" – exclamó una de cabello anaranjado.
"—Pero es muy pequeña, ¿No creen?" – agregó una de pelo negro completamente lacio.
Por instinto me hice para atrás aferrándome a la cabecera de la cama mientras una voz distinta, pero igual de autoritaria que al de la rubia resonó en el lugar:
"—Ya déjenla tranquila. Todas tienen trabajo que hacer y si hacen enojar a Irina yo no pienso alegar por ustedes" – era una chica delgada con cabello negro corto y rizado, tenía algunas ojeras marcadas y traía sus zapatillas en las manos.
"-- ¿Qué tal tu noche Kirara?" – preguntó la de la cola de caballo.
"—Un estúpido que quería amor de un noche, lo normal. Solo que el maldito tenía fetiches con las mordidas" -- se quejó pasando la mano por su cuello, con molestia.
"-- Te puedo dar un ungüento para que no te deje marca"
"—Déjalo así Touka. En este momento lo único que necesito es dormir. Pero si quieres hacerme un favor, dile a la niña lo que tiene que hacer en este lugar. Dale un recorrido rápido y que coma algo, se ve que a la pobre le va a dar un ataque o algo así" – dijo antes de tenderse de cara en la cama y quedar instantáneamente dormida.
Touka Yada, ese era el nombre de la chica que me había hablado de mi estancia en ese lugar; el bar "Kunogigaoka E" ella misma había aceptado que el nombre era en extremo extraño, pero ninguna tenía opción a quejarse, al parecer el dueño del lugar eligió el nombre mientras estaba drogado con algún "polvo feliz".
Era un lugar relativamente grande, el espacio donde había despertado era nuestro dormitorio, contándome a mí, éramos 7 chicas y se las habían arreglado para que las 7 estuviéramos cómodas en la misma habitación. Yada me dijo que no debía tener miedo, que no era tan malo como parecía. También me dijo que tenía muchas suerte de que mi compradora fuera Irina, si hubiera sido otra persona probablemente yo hubiera estado perdida o muerta en algún lugar de la ciudad. Desde que Yada comenzó a hablar me di cuenta que era de la clase de personas que no tiene reservas al decir las cosas que pensaba ante las situaciones. Si yo no hubiera sido una niña comprometida con asuntos relacionados a la muerte y no hubiera presenciado un asesinato con mis propios ojos, probablemente hubiera llorado o salido corriendo al escuchar esas palabras.
Era más que obvio que si sentí miedo y un gran vacío en el estómago al darme cuenta del verdadero negocio en ese lugar. Pero debía conservar la calma si quería más información; no tenía idea de donde estaba localizado el bar, y no recordaba nada acerca del camino por el que me llevaron. En resumen, no podía volver a casa por mi cuenta. Si algo aprendí leyendo tantos libros en la biblioteca día y noche, era que entre más inteligente y prudente me portara, más eran mis probabilidades de salir y sobrevivir.
Por supuesto que Yada se sorprendió ante mi calma, y me felicitó por mi actitud, aunque yo sabía que ella sentía miedo, y era por mí. Aunque no me conocía sentía pena por lo que me aguardaba en ese lugar. Pero, al igual que yo, había aprendido a resignarse.
Tal vez, aprender a resignarme fue lo mejor que pude haber hecho, pienso que si me hubiera aferrado a creer o esperar algo, hubiera caído en desesperación y hubiera sido peor para mi... Aunque no dejaba de asaltarme la idea que tal vez también pude cambiar algo. No lo sabía y nunca lo sabré, lo que sí sé es que las "chicas de Irina" eran muy solicitadas en el establecimiento. Yada era una de las más populares al igual que Kanzaki*. También recuerdo haber pasado mucho tiempo con Kurahashi y sus extraños hobbies de atrapar insectos. Okano y Kataoka eran literalmente las madres del grupo. Por último estaba Hazama, ella era sombría, pero al igual que el abuelo, era una gran persona, probablemente la razón por la que me mantuve cuerda todo el tiempo que pasé ahí.
La primera noche que pasé, cuando las luces del bar se encendieron escandalosamente, estube muy nerviosa. Recuerdo como mi cuerpo temblaba de nervios y mis manos no paraban de sudar. Podría jurar que casi me desmayaba ese día, por suerte, no lo hice. No salí de la habitación, me dijeron que durmiera y esperara hasta el amanecer, mi primer trabajo sería limpiar el lugar cuando estuviera cerrado y así fue por algunas semanas más.
...
Cuando estaba un poco más acostumbrada al ambiente y como se movía todo intenté escapar en varias ocasiones, aunque Hazama siempre terminaba encontrándome con las manos en la masa, siempre tuve la impresión de que me vigilaba, tal como un guardián, aunque para ese momento ella me daba algo de miedo, así que la evitaba.
Con el tiempo comencé a trabajar también en las noches, llevaba bebidas de la bodega hasta la barra y preparaba algunas cosas para los clientes. Mi roll era uno muy pequeño para no llamar la atención de los demás; muy pocas veces tuve la oportunidad de ver a Irina cuando recién llegaba, me decían que se encargaba de la administración del lugar, sus mujeres y los clientes importantes. Sabía que meterme en esos temas nos sería muy provechoso para mí, así que no indagué.
...
"--¿Por qué todas ustedes están aquí?"
Esa pregunta rondaba mi mente por meses y todas respondieron lo mismo. "No hay otro lugar al cual ir". La mayoría de ellas habían huido de casa, las habían corrido o simplemente sus propias familias las vendieron por billetes. Sus familias eran precarias y sus condiciones de vida pésimas, así que ese lugar era una bendición según ellas, excepto Hazama, siempre que salía el tema a relucir ella guardaban su opinión y se iba a otra parte. Y no es que ellas estuvieran satisfechas con su condición, no, todas y cada una de ellas tuvieron algún sueño o aspiración. Por ejemplo, Yada quería ser ejecutiva, Kurahashi explorar los insectos, Okano tener su propio equipo de gimnasia, Kanzaki ayudar a las personas mayores y yo le veía a Kataoka madera para ser líder. Pero desde niñas supieron que nunca podrían serlo, así que estaba bien. Aunque yo sabía que Yada estudiaba muy duro por las noches y presentaba exámenes en línea, y Kurahashi tenía extrañas colecciones, Okano salía a entrenar todas las mañanas, Kanzaki era muy amable y servicial y Kataoka...era Kataoka.
A pesar de resignarse a muchas cosas como yo, muchas de ellas tenían hobbies o algo en que entretenerse. Hazama solía decir que eran tontas encerradas en sueños, sin pies en la realidad, pero aunque sus palabras eran rudas, cuidaba de todas ellas, a su manera, claro.
Era una rutina diaria, Kataoka, Okano y yo nos levantábamos más temprano que nadie a limpiar y hacer el inventario de bebidas que había en el local. Cabe aclarar que no éramos las únicas dando servicio en aquel lugar, muchas veces me tocó cruzarme con las otras chicas a cargo de otra administración; y se veían realmente mal. Kataoka siempre me dijo que tratara de no relacionarme mucho, si bien tenían el mismo trabajo que ellas, sus administradores eran unos hijos de puta – cito las palabras de Kataoka – muchas veces las dejaban sin comer o les administraban drogas para que fueran "mansas". Poco a poco comenzaba a entender porque en nuestro bloque éramos menos y Yada decía que fue una bendición que mi compradora fuera Irina.
...
Fue una noche de lluvia y tormenta cuando decidí que escaparía de una vez por todas, Hazama no estaba en el lugar para vigilarme así que aprovechando el ruido de los truenos me escabullí por una de las puertas traseras por donde se abastecía el alcohol del bar, no supe cómo se me ocurrió salir por esa puerta y no por la de la basura, tal vez fue intuición, o suerte.
Estaba a punto de salir a la libertad cuando unos brazos me aprisionaron por la espalda y taparon de inmediato ni boca, peleé un rato hasta que noté quien era.
"-- ¡¿Qué demonios crees que haces idiota?!"
Hazama había vuelto de trabajar y de casualidad me encontró intentando escapar. Quise soltarme pero ella me calló al instante y noté que su mirada estaba fija en un punto a la distancia. No tardé en enfocar a otra chica intentando salir por la puerta de la basura, la que casualmente no tomé. Al parecer tenía el mismo objetivo que yo. Cuando puso un pie afuera y corrió hacia el exterior varias detonaciones se escucharon a lo lejos junto a un escenario de luces brillantes. Podía ver como el agua en el suelo se teñía de rojo.
Hazama aun sosteniéndome con fuerza y tapando mi boca caminó de espaldas buscando meternos de nuevo en el interior sin hacer ningún ruido. Una vez adentro me tomó de los hombros y me sacudió.
"-- ¿Qué mierda crees que haces?, ¡¿Quieres que te descuarticen o qué te pasa?!"
No era la primera vez que veía que mataban a alguien, pero no comprendía, ¿Por qué?
"-- ¿Por qué? Dios, ¡esas niñas te han estado llenando la cabeza de fantasías! ¡Nadie quiere estar realmente aquí, Nagisa. Si ellas no se han ido a "perseguir sus sueños" es por eso que acabas de ver. No somos trabajadoras, somos esclavas y aunque Irina nos facilita muchas cosas, no cambia el hecho de que ninguna está aquí por voluntad. Esta es la realidad Nagisa, una triste realidad en la que el fuerte domina sobre el débil y aunque te digan frases con positivismo que dicen "Si te esfuerzas todo cambiará" eso no es cierto, muchas veces tu destino está decidido desde que naces. ¿Lo entiendes? Este es el mundo en el que vivimos" – Hazama peinó sus cabellos mojados y me mandó a dormir inmediatamente
Ahora entendía la visión de Hazama. Y lamentaba el hecho de no poder ayudar al alma de la chica que acababa de morir enfrente de mí. Tal vez fue esa muerte lo que hizo que Koro-sensei me encontrara.
Cuando me estaba sola podíamos platicar, pero tanto él como yo sabíamos que no podía intervenir en las acciones humanas de manera directa, tampoco es como si pudiera matar a todos en el bar, estaba prohibido y ya lo había hecho por mí una vez, era demasiado pedirle que lo hiciera de nuevo, aunque el mismo se ofreció. Al estar tan vigilada era prácticamente imposible que platicáramos seguido, más si tomábamos en cuenta de que él también tenía trabajo. Por lo que acordamos vernos una vez cada final de mes.
...
Personas buenas y personas malas, así es como había aprendido a dividir el mundo desde que nací, y ciertamente no sabía en qué punto estaba Irina. Llevaba medio año en ese bar y por fin había podido conocerla en todo sentido de la palabra. Nuestro encuentro fue... raro. Recuerdo haberla visto caminar desnuda por todo el bar como si fuera algo completamente normal y examinar mi rostro con minuciosidad antes de determinar que seguía muy "Tierna" para comenzar con un trabajo real. De inmediato noté el tipo de ambiente que se generaba alrededor de la mujer.
Todas sus chicas la llamaban "Bitch-sensei" haciéndola enojar demasiado. Pero por lo general era una mujer bastante alegre y atractiva, al parecer molestarla era la actividad favorita de las chicas y ella reaccionaba exactamente como se esperaba. Verla trabajar era otra cosa, todos los hombres sin excepción alguna caían a sus pies y cumplían todos sus caprichos, definitivamente ninguna de nosotras podría llegar a ser lo mismo que ella.
"—Recuerda, Nagisa. Siempre que trabajes para alguien habla menos y sonríe más, esa es la clave de la supervivencia en el negocio de servir"
Esa era su frase favorita, y a pesar de su carisma y lo bien que nos trataba a todas - en especial a mí por ser la más pequeña - Hazama me decía que no debía olvidar el hecho de que ella era la persona que me había comprado, no solo a mí, a todas, y nos daba una vida de prostitutas. Hazama nunca lo dijo con rencor o con enojo, ni siquiera tristeza; lo decía más como una manera de aterrizarme a la realidad; Irina era una persona agradable y tal vez buena, pero sus acciones no lo eran. Tal vez no existían realmente un lado 100 por ciento bueno o 100 por ciento malo. Aunque nunca se sabía.
...
Después de mi último fallo de escape me hice mucho más cercana a Hazama. Incluso cuando las pesadillas me asaltaban ella me dejaba dormir en su cama. Así pasaron dos años volando. A mis quince años era necesario que hiciera las mismas actividades que las otras chicas, sin embargo, ellas siempre buscaban la manera de que yo nos las hiciera; que iba desde esconderme hasta provocarme enfermedades para no tener que laborar. Todas ellas se habían unido para protegerme, incluso Irina varias veces llegó a inventar excusas a mi nombre.
"—Eres lo único puro en este lugar de mala muerte. Eres nuestra chiquilla"
No faltó mucho para que el mismo propietario del Bar tomara cartas en el asunto. Irina ya no podría protegerme, y aunque estaba temerosa, algo en mi me decía que era justo, todas pasaban por ello, y con ese objetivo fui llevabada a ese lugar, ellas sufrían mientras yo me escondía. Esa voz me lo repetía una y otra vez, pero el miedo nunca se fue, ni el dolor, ni la vergüenza.
Dolió y mucho.
Aunque Yada me dijo que debía relajarme, simplemente no pude. Aunque intenté borrarlo de mi memoria, podía recordar el sufrimiento, la vergüenza, la tristeza; había perdido absolutamente todo lo que tenía; mi familia, mi amiga, mi abuelo, mi libertad, mi futuro, mi propio cuerpo.
A todas les dolía verme así. Incluso Hazama me cuidó toda la tarde aunque se metiera en problemas por mi culpa.
"-- ¿Por qué no lloras?"
Sentí las lágrimas al borde de mis ojos pero se negaron a caer.
"—No lo sé"
"—Pobre niña – dijo mientras acariciaba mi pelo – te lo quitaron, ¿No es así? Tu corazón"
En ese momento no entendí sus palabras, pero si recuerdo haberme aferrado a las sábanas y gritar lo más que pude. Frustración, ira, miedo, dolor, tristeza, vergüenza; todo estaba en mí y no podía sacarlo. También con el transcurso de esos dos años, mi vista se había deteriorado un poco, pero nadie lo notaba.
...
"—Un hogar no es donde solo vives, un hogar es donde hay gente que te espera. Vuelve a tu hogar, estoy segura que están preocupados por ti"
Vaya consejo, cuando vía a esa niña completamente mojada y sola, no pude evitar alarmarme porque había llegado a una zona peligrosa. Sin embargo, su rostro y sus palabras me decían que sufría y mucho; aun si había personas que decían que sus problemas eran estúpidos o no eran tan irrelevantes, se veía que la pequeña de pelo rosado en verdad estaba mal.
Un hogar, ¿eh? pensé
No podía evitar preguntarme por el estado del abuelo. Probablemente me buscó, pero este tipo de lugares, con el tipo de gente que lo administra no son fáciles de inculpar o encontrar. El bar era muy exclusivo y en ninguno de mis más locos sueños el abuelo pisaría un lugar como ese. "Está bien así" pensaba constantemente. No podría soportar que el abuelo me viera así. Tal vez con esos años me habría olvidado, al final yo no era su familia de sangre y tampoco era como si hubiéramos vivido juntos por mucho tiempo.
No creo que me siga esperando
...
Con el trascurso de los años todo se volvió en lo que podría llamar "normal". Aprendí del negocio como las demás, pero a diferencia de ellas yo no tenía ningún pasatiempo o alguna ilusión. Cuando me di cuenta que no era dueña de nada ni tenía un futuro, dejé de buscar esas cosas. Aunque los libros seguían gustándome mucho, eso siempre lo conservé. Parecía que todo el resto de mi vida sería así, hasta que los problemas llegaron al bar así como la peste llegaba a las casas de los campesinos.
El bar comenzó a tener problemas financieros.
Y Yada se había suicidado.
Tenía 19 años cuando encontramos su cuerpo en la habitación. Ella siempre fue muy optimista y brillante, pero al final no resistió el peso. Kataoka me dijo que ella esperaba un bebé, pero no deseaba darle la vida que nosotras llevábamos, mucho menos dejarlo en la calle a su suerte, pero no tenía el valor ni el dinero suficiente para abortar. Ella estaba bien si ella sola cargaba con el peso, pero no podía dejar que otro ser cargara con su triste destino. Tomó una decisión sin retorno, la situación la obligó a decidir, tal vez había muchas más opciones para ella y su bebé, pero en un camino tan oscuro como ese, sin una luz, sin tiempo para pensarlo, ¿Qué pudo haber hecho Yada?
"—Estúpida"
Hazama dijo mientras se llevaban su cuerpo, todas estaba llorando, excepto yo. No podía. Incluso discutí con Koro-sensei acerca del tema, le reclamé por no haberla detenido, por no haberme dicho; pero lo que más me enfermaba de la situación es que yo tampoco me di cuenta.
Mi vida, mi objetivo de vivir era ayudar a otros, se me había dado la habilidad, pude haberlo sabido si hubiera puesto más atención. Pude haberla salvado. Pude haberle dicho que yo podría ayudarla a cuidar a su bebé, que le podíamos pedir a Irina sacarlo de ahí y llevarlo a un orfanato o a una buena familia, podíamos haberlo criado y buscar la manera de darle otro destino. Tantas cosas se podíamos haber hecho, pero no, así no se dieron las cosas. Y todo era mi culpa, por no notarlo a tiempo.
¿De qué servía esta habilidad si no podía hacer verdaderamente nada? Soy una inútil y su muerte era mi culpa.
El jalón de lo que la gente llamaba "realidad" nos jaló a todas hacia abajo. El pesimismo y la depresión nos hundió de manera semejante a como el bar lo hacía.
Yada no era el único caso, en los 6 años que llevaba ahí otras 8 chicas se habían quitado la vida por diversas razones. Y el bar ya no podía soportarse en su propio peso. La estábamos pasando muy mal, demasiado e Irina buscaba maneras para por lo menos salvarnos a nosotras, pero no parecía haber respuestas claras.
...
Fue un Agosto, en una noche de verano, el meteorológico decía que hacía mucho calor, pero yo recuerdo que hacía mucho frío. Para ese momento mi vista ya estaba muy deteriorada, pero todavía podía ver rostros y leer de cerca, no parecía cosa del otro mundo, aparte conocía el bar de pies a cabeza, así que disimular fue pan comido. Pero me pregunto, que si hubiera tenido una mejor vista podría haber evitado la masacre de ese día.
Una típica escena de una serie de narcos, o de una telenovela. Dos hombres poderosos reuniéndose en un bar discutiendo de finanzas, mujeres bailando en el escenario y otras tantas acompañando a los sujetos, una riña, 4 guardaespaldas al lado de cada uno, 4 rifles de alto calibre, dos pistolas y un tiroteo que termina matando a todos. ¿Muy típico, no? tanto que hasta da risa la nota que salió en el periódico al día siguiente.
Esa noche no me sentía tan bien, así que estaba atendiendo el bar mientras Hazama atendía un cliente enfrente de mí para cuando la riña comenzó. Todo pasó demasiado rápido y muy absurdamente diría yo. ¿Qué tan jodida debía ser nuestra suerte para que esto nos pasará a nosotras y de manera tan absurda?, ¿Quién decidió esto?, ¿Por qué?, ¿Por qué debía vivir yo, qué no era ya suficiente?
La barra me había protegido de todo el caos que se había ocasionado. Los que no habían quedado atrapados en el fuego cruzado salieron huyendo de inmediato, dejándome sola junto a un montón de muertos. Cuando vi a Koro-sensei ahí, él tampoco pudo evitar mostrarme un rostro lleno de dolor, él menos que nadie quería que esto pasara. Creo que mi profesor también se preguntaba por qué todo se movía de esa forma.
Cuando vi a Hazama tendida en el suelo, solo pude abrazar su cuerpo entre mis brazos y quedarme ahí hasta que el dueño del lugar e Irina llegaran a sacarme. Sentí tanto coraje conmigo misma por no poder derramar una lágrima por Hazama, o por cualquiera de las chicas, me odie, me odie de la misma manera que se odia al perpetrador.
...
Me negué a hacer cualquier cosa que no fuera trabajar, estaba en una clase de trance imposible de romper, parecía que mi alma por fin se había ido de mi cuerpo, por fin había muerto. Ni siquiera reaccioné cuando Irina me vendió a aquel hombre. Yo ya lo conocía, desde que era niña visitaba el bar constantemente y al parecer había esperado por mucho tiempo hasta que accedieran a cederme a él, como un objeto que se vende de segunda mano.
"—Escucha con atención, Nagisa. Este hombre es tu mejor opción, si no es él tendrás que ir a otro burdel y no puedo asegurarte tu seguridad, no estaré para ayudarte, no podré estar a tu lado. No quiero que mueras como las otras, no quiero que seas otra Yada, ¿escuchaste? Si te dejo al viento tu futuro será incierto y no te puedo asegurar que sea feliz, por lo menos con él tienes algo asegurado, tendrás un techo y comida.
Recuerda, Nagisa. Siempre que trabajes para alguien habla menos y sonríe más, esa es la clave de la supervivencia en el negocio de servir. Cuídate, y ten muchas suerte"
Fue así como llegué a la cabaña, siendo una muñeca de trapo inservible, sin otro objeto más que el de satisfacer al que ahora era mi dueño. Daba igual, yo estaba muerta.
...
No tengo idea de cuánto tiempo pasó hasta el día que volvía ver a Hazama, aunque no de la forma que yo hubiera querido. Su espíritu fue a visitarme sacándome de ese shock en el que me había sumergido. Se veía mejor que cuando la conocí, un poco jovial a mi parecer. Renovada y sin marcas en su piel, la muerte la había tratado bien.
Su razón de estar conmigo era porque le preocupaba el estado en el que me había sumergido. Le preocupaba que nunca despertara y quería estar conmigo y decirme algunas cosas que nunca pudo decirme o aclararme. Cuando la vi quise llorar, pero de nuevo las lágrimas se detuvieron en el borde de mis ojos y el temblor de mi cuerpo reemplazó la sensación.
"—Nagisa,... no has encontrado tu corazón – dijo abrazándome – desde que eras una niña pequeña te lo arrebataron al convencerte que tu propia existencia e individualidad no existían, al convencerte que solo eras el método de obtener felicidad de alguien.
Te cortaron tus alas y te obligaron a cantar hasta que te quedaste sin voz. Y pude que yo también hubiera cooperado en eso... Tu alma está cautiva y tus lágrimas no pueden salir por esa razón. Ay Nagisa, perdóname por no poder hacer nada más por ti... Por causarte tanto dolor.
Ignora lo que alguna vez te dije, Nagisa, huye, corre, vuelve a tu hogar, estoy segura que todavía te están esperando. Que hay alguien que ansía tu regreso. Ten valor, no seas cobarde como yo Nagisa, arriésgalo todo y gana. Te lo mereces"
A pesar de decirle que sí, de aceptar sus disculpas y hacer promesas vacías para que pudiera descansar en paz, yo sabía de antemano que no podría escapar de ese hombre. Ya sabía quién era, un exmilitar muy influyente y poderoso, muy fuerte, muy grande. Él era mi realidad, ya no intentaría buscar otra que no fuera esa, ya no intentaría volar, ya no intentaría involucrar a otros, si estar sola en esa cabaña junto a ese hombre era mi condena por haberlas dejado morir, la aceptaba. Si ese era mi destino, lo aceptaba.
No había nadie esperándome en ningún hogar, no había alguien en quien pudiera confiar o amar, no había personas buenas o malas. Se habían acabado los sueños y las expectativas, yo solo existía y aquellos deseos que surgían en mi interior, aquella parte necia que insistía en ser rebelde la callé y la escondí. Realmente nunca encontré valor para asesinarla.
Soy un monstruo que lleva destrucción y dolor a cualquier lugar que vaya.
Soy Nagisa Shiota, una niña que no debió haber nacido, una desgracia, una anormalidad.
-- ¡TE EQUIVOCAS!
Alcé mi mirada aun escondiéndome en la chaqueta que cubría mi cabeza. Akabane había gritado demasiado alto sacándome del pequeño trance en el que estaba.
-- ¡Nada de eso es tu culpa!, ¡Absolutamente nada!, ¡Tu solo fuiste víctima de todo eso, de este podrido mundo!
-- ¿No lo entiendes? Todo lo que toco o influyo en ello perece, estoy marcada por la desgracia, ¡Si yo no existiera...!
-- ¡Si tu no existieras Mayu y yo estaríamos desamparados! -- dijo tomándome de los hombros sin lastimarme -- Mayu se habría perdido entre la nieve, yo seguiría muriendo lentamente en vida. Eres lo mejor que nos ha pasado, ¿Qué no lo ves? Eres más de lo que crees que eres. Yo no sé ni me interesan las cosas como el destino o la fortuna, solo sé que sin ti yo estaría solo, estaría esperando a alguien que no volverá. No volvería a sentirme tan vivo cuando te miro, cuando te pienso. Te lo ruego, no digas que el mundo sería mejor sin ti, porque eso sería mentir. Más que necesitarte, te queremos en nuestras vidas.
Bajé mi mirada sintiendo un hueco en el estómago. Por primera vez en mi vida alguien me decía aquello. Después de tanto tiempo alguien decía que me quería. Aun sabiendo todo esto el quería seguir conmigo. Me sentía liberada, nunca había hablado de esto con alguien, nunca había podido decir todo aquello que guardaba en mi interior, en mi corazón.
Lleve mis manos a mi rostro cuando sentí algo frío correr por mis ojos. Parpadeé varias veces sintiéndolo en abundancia.
Por primera vez en toda mi vida lloraba. Una vez que supe lo que era no podía parar. Salían muchas lágrimas, como si hubieran esperado todo este tiempo por hacerlo, me aferraba a aquel sujeto que tanto me quería. Gritaba y lloraba por primera vez, como si hubiera estado aguantando la respiración por tanto tiempo y por fin pudiera respirar.
-- Gracias, Karma.
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*Nagisa se refiere a las chicas del bar por sus apellidos ya que les tiene cierto grado de respeto, pero entre ellas se llaman por sus nombres
(Nombre/Apellido)
Touka Yada
Hinano Kurahashi
Yukiko Kanzaki
Kirara Hazama
Megu Kataoka
Hinata Okano
WEEEE AAAAAAAA estoy llorando mucho AAAAAA Yadaaaaaaa NOOOOOO
