Nagisa

La lluvia caía a cantaros, el sonido de las gotas chocar con los charcos y estamparse contra el suelo junto a los sollozos de la mujer a mi lado era lo único que se podía escuchar. Su dolor y agonía se sentían tan propias como si la amargura de su ser fuera más allá de su cuerpo mismo.

-- ¡¡Perdóname Makoto, perdóname! ¡¡Todo fue mi culpa!! No pude estar a tu lado, perdóname – gritaba la mujer amargamente mientras abrazaba la piedra.

-- Mamá... ¿Por qué lloras?, Estoy aquí... Estoy aquí - era un alma, un niño apenas. Regordete, de pelo corto y ojos idénticos a los de su madre -- Mamá, estoy aquí... ¡Aquí! , a tu lado mamá - el niño intentaba abrazarla, pero, su cuerpo le traspasaba -- ¡Mamá! , ¡MAMÁ!

Su deseo era volver a ver a su madre. El pequeño había perdido la vida en un accidente de construcción. Un empleado que se levantó tarde y olvidó poner el letrero de precaución. Una máquina que llevaba tiempo sin ser reparada, un fierro cayendo a gran velocidad, y un niño caminando de vuelta su hogar.

Si, era injusto de muchas maneras.

Si tuviera mi collar conmigo podría hacer que su madre lo viera aunque sea por algunos momentos; pero ahora me era imposible. Apreté mis manos con un poco de furia, pero, no me arrepentía de habérselo dado. Si era para salvarla, lo volvería hacer millones de veces más, aún si eso significara no poder ayudar otras personas como quisiera.

Los llantos combinados y la lluvia eran un escenario deprimente, y no podía evitar recordarme a mí misma, pidiendo perdón a las lápidas de mis padres o de las chicas. Últimamente, las pesadillas se habían hecho mucho más recurrentes, y, como si mi plática con Karma hubiera despertado algo en mí, también lloraba amargamente cada vez que me levantaba. Después de muchos años sentía como las sombras y los fantasmas del pasado me acorralaban en cada esquina y en todo momento.

Antes podía controlarlo porque me había rendido a olvidar y seguir, como había dicho Irina, yo tenía ya un futuro escrito, algo que alguien decidió por mí; pero ahora, no tengo nada, el camino se borró, no tengo a donde ir o recurrir, solo salgo, veo a alguien que necesita mi ayuda, lo auxilio y vuelvo a casa. Tan mecánicamente y sin sentido, lo que consideraba como realidad se había roto en millones de fragmentos, y en mi mente y corazón ya no quedaban fantasías vivas para construir, sin esperanza, sin una visión ¿Qué había para mí en este mundo?

La respuesta no era clara y por más que me esforzaba no había luz al final del túnel. Estaba completamente vacía, sin nada. Estaba comenzando a pensar, que ese mundo feliz, sin maltratos, sin órdenes, no era para mí; me estaba echando de sí mismo con una bofetada fría y cruel. Karma, Mayu, Kaede, todos eran amables, pero aun así no podía encontrar una respuesta.

Me arrodillé y acaricié la espalda de la mujer intentando transmitirle tranquilidad. Luego poniendo en práctica algo que aprendí de los Maehara, tome un cabello que había quedado atrapado en su saco y lo coloqué en un charco cercano bajo la atenta mirada del infante, que era el único que había notado mi extraño actuar.

El cabello había dibujado una perfecta línea recta que cortaba el charco por la mitad y con mis manos le hice señas al pequeño para que se acercara. Tomé su mano y le sonreí, señalé el cabello y le pedí que intentara colocarse sobre él. Obedientemente lo hizo y una luz que solo pudimos ver él y yo gobernó el pequeño espejo de agua.

-- Señora – me había levantado y tomé su hombro con delicadeza – Mire.

Insegura siguió mi consejo y al asomarse al charco por su rostro surcó una enorme sonrisa. Gracias al cabello pude capturar a su hijo en el agua, dejando que su figura quedara ahí, liberarlo sería cosa sencilla, pero de ese modo podría ver a su madre una vez más; lo malo de eso sería que al no ser mi especialidad, aunque quisiera no duraría mucho.

-- Mami, estoy aquí, mami.

-- Makoto, mi pequeño.

-- Todo está bien mamá. Aquí ya no duele nada, hay muchas personas con las que jugar y hay un río hermoso. ¡Es divertido!

-- Makoto...

-- ¡Por eso mami, tú también sonríe! Yo te amo, y siempre será así.

Cuando una débil sonrisa cruzó el rostro de la mujer el hechizo se rompió debido a que no pude mantenerlo por más tiempo. Pero eso fue suficiente para que con amargura secara sus lágrimas y se aferrara a su paraguas con fuerza, como si el dolor pudiera ser transmitido al objeto.

-- Gracias, señorita – El pequeño se había quedado a mi lado, después de ser liberado del charco.

-- Es mi trabajo – dije con una sonrisa amable.

-- No importa, aun así muchas gracias. Señorita, usted es muy bonita espero de todo corazón que sus ojos puedan sonreír de nuevo. – Su cuerpo se fue convirtiendo en esferas de luz que, como burbujas de jabón, subían al cielo -- Usted, también merece ser liberada... -- dijo antes de desaparecer y dejar en mis manos un pequeño pichón color verde olivo.

La mujer, después de un rato se levantó y con los ojos hinchados me dio las gracias junto a una reverencia; seguía doliendo y tal vez sería así durante el resto de su vida pero estaba segura que ella encontrará su camino de nuevo.

Miré el pajarito y lo abracé a mi pecho protegiéndolo de la lluvia.

Yo también tengo que encontrarlo

...

El hanami es una celebración a la primavera donde la gente se reúne a mirar los cerezos florecer entre finales de Marzo y comienzos de Abril. Llevaba una semana viviendo con los Akabane y ambos habían insistido en venir a celebrar. El ambiente era muy alegre y ver a esos dos jugar entre las flores me divertía bastante, ambos se esforzaban mucho por hacerme reír, y lo lograban, aunque seguía sintiendo ese vacío en mí, ellos lograban llenarlo un poquito con sus risas y sus comentarios fuera de lugar.

Comimos un delicioso almuerzo preparado por Karma y unos postres hechos por mí. Desde ese día en el hospital había abandonado las formalidades y nos habíamos vuelto más cercanos. Básicamente Karma y Kaede se pelearon por con quien me quedaría a vivir después de todo eso y a pesar de insistir en no necesitaba un lugar para quedarme, que yo misma podría conseguir uno, ambos me regañaron y siguieron discutiendo hasta que Karma ganó mi ¿custodia?

Karma había sido un gran apoyo para mí, cada vez que despertaba llorando o gritando, él se levantaba y pasaba la velada conmigo, brindándome seguridad y calor hasta que dormía de nuevo. Tan amble y gentil, tanto que había ocasiones en las que él era protagonista de mis pesadillas, su cuerpo tirado rodeado de sangre, sin señal de vida y Mayu llorando o a veces en la misma condición. Ambos se habían vuelto tan importantes para mí, que la sola idea de perderles me aterraba, no quería perder a nadie más.

Miraba las manchas rosadas que los cerezos pintaban para mi poca vista, tenía miedo, mucho. Pero de cierta manera oler el viento primaveral y escuchar las risas de las personas me daba un poco de esperanza. Acaricié a Jack con cariño y el meneó la cola con alegría.

El invierno se había acabado por fin y daba lugar a una hermosa primavera.

...

Cuando Kaede insistió a más no poder que me fuera a vivir un tiempo con ella, no pude negarme. Obviamente Karma hizo un berrinche que se sumó al de Mayu, pero al final ambos – con las mejillas infladas y un puchero adorable – aceptaron que me fuera. De cierto modo no fue una mala decisión.

Kaede tenía que grabar algunos comerciales en Japón así que estábamos de un lugar a otro, desde que amanecía hasta muy entrada la noche. Estar activa todo el día no me daba tiempo de pensar en todos mis miedos. Ya era julio y aun no sabía qué hacer, mi camino seguía tan oscuro y sin forma como en el principio, pero no tenía tiempo de pensar en ello. Incluso Kaede insistió en que durmiéramos en la misma cama – una gigante que tenía en su habitación, cama que fácilmente podría albergar 5 personas – y dejaba una luz prendida – ella decía que le aterraba la oscuridad, aunque yo sabía que no era así – toda la noche.

Si bien las pesadillas no dejaron de atormentarme, estar a su lado me tranquilizaba y al igual que como yo hacía con ella cuando éramos niñas ella tomaba gentilmente mi mano hasta que el miedo pasara. Se sentía como volver de nuevo al pasado, pero esta vez ya no estábamos solas en un pueblo desconocido contra el mundo, ya no éramos niñas, todo había cambiado, pero... se sentía tan igual y diferente al mismo tiempo, tal vez volvía a renacer.

...

Agosto tocó a la puerta de manera muy escandalosa. Karma había tenido demasiado trabajo al igual que Kaede, por lo que Mayu y yo pasábamos demasiado tiempo solas. Ella era muy buena adivinando y acertando cosas; un aniña muy vivaz y perspicaz a su edad. Maehara había decidido que, al igual que yo, recibiría entrenamiento especial en el templo.

Cuando tuvo que decidir si seguir en el arte o vivir una vida normal, ella optó por lo segundo, dijo que el traje ceremonial era demasiado feo para su gusto y que ella quería divertirse; comprendía la responsabilidad que caería sobre sus hombros, así que se negó, por lo que solo iba a aprender cómo controlar su poder y mantenerlo lo más mínimo posible para que no le causara problemas. Al preguntarle de nuevo, cuando caminábamos a casa solo me dijo:

-- Yo creo que estamos aquí para divertirnos, Nagisa. Si nos preocupamos siempre por todo no disfrutaremos nuestro viaje, quiero ser muy feliz, quiero que la gente de mi alrededor sea feliz, y sé que no necesito de este poder para hacerlo. Solo desearé, y haré lo que crea que es correcto siempre y cuando no afecte a otras personas.

Sorprendida por su respuesta le sonreí y seguimos caminando tomadas de la mano pensando en lo que sería bueno cenar esa noche.

...

A finales de mes Akabane se había ausentado por varios días, por lo que, con ayuda de Mayu preparamos un almuerzo enorme y una muda de ropa, pues, era seguro que esta vez le tomaría mucho más tiempo. Con la ayuda de Google y el olfato de Jack encontramos el edificio rápidamente. En el recibidor había un gran escritorio que varias mujeres tecleando rápidamente compartían y fue ahí donde dejamos todo, lo que habíamos llevado con nosotras.

Sin previo aviso una mujer joven de pelo rosado chocó con nosotras, gracias a que había escuchado sus pasos pude alcanzar a sostenerla antes de que su rostro quedara estampado en el suelo. Nuestras miradas se encontraron por un momento y algo en sus ojos azules se me hizo familiar; sin demora, la chica se disculpó con nosotras de manera distraía. Pude notar su cansancio, pero aun así se mostró muy alegre al reconocer a Mayu.

Me presenté como niñera de Mayu y amiga de los Akabane, y ella como Sakura, la asistente de Karma. No fue una conversación larga, ya que ella tenía prisa pues debía ir a comprar unas bebidas energizantes antes de la junta que había en 20 minutos. Se disculpó unas cuantas veces más con nosotras y emprendió carrera de nuevo, no sin antes asegurarnos que la ropa y la comida llegarían a Karma.

Después de que se fuera pude sentir un extraño hormigueo en mis manos, como si algo tratara de decirme que no era la primera vez que tocaba a esa chica. Intenté hacer memoria, pero nada salía de mi cabeza. Moví la cabeza hacia los lados despejando mi mente y poniendo atención a Mayu quien entusiasmada me explicaba su teoría de porqué la manzana y la pera eran hermanas.

Sakura

La espalda me dolía horriblemente y gracias a Dios había decidido traer mis zapatos bajos a esta jornada de trabajo. En semanas como estas deseaba con todo mi corazón tener una varita mágica para que hiciera el trabajo por mí, pero eso era imposible. Por lo menos no era el señor Akabane, él se la estaba pasando peor, mucho peor.

Regresaba alegre con las bebidas envidiando la suerte del señor Akabane. Él tenía un adorable hija que le había llevado un almuerzo y una muda de ropa; en cambio yo, tenía dos mugres hermanos que no habían pensado ni un poco en mí; de repente el rostro de la misteriosa chica que venía junto a mi cruzó mi mente.

Me reí un poco al pensar que probablemente ella era la persona de la que el otro día hablábamos, me emocioné y fangirlie* un rato pensando que podría ser quien le movía el suelo a mi jefe. El jefe era joven – no tanto como yo, pero es algo – y guapo - no mi tipo – la mujer tampoco se veía mal. ¡Hacían muy linda pareja!

Aunque algo en ella se me hacía muy familiar, pensé un momento hasta que doblando la esquina me di cuenta de que era: ¡Ella era la chica de las fotos, la que investigué! El chillido que solté y el pequeño saltito que pegué al darme cuenta de mi descubrimiento alertó a algunas personas que pasaban por ahí. Pero... algo en mi interior me decía que había algo más. Ella... era alguien más, pero no podía recordarlo por más que lo pensaba.

Al llegar al recibidor del edificio la recepcionista me dijo que habían dejado algo para mí. Cuando recibí y abrí la bolsa me arrepentí de haber hablado mal de mis hermanos, aunque un leve enojo se juntó en mi cienes al notar que para escogerme la ropa habían husmeado en mis cosas. Tomé aire y sonreí cerrando la bolsa y dirigiéndome al elevador para entrar de nuevo en el infierno.

...

Escribía unos últimos informes en la computadora antes de tomarme mi descanso. Bebía el Red Bull como si fuera agua y revisé los últimos archivos en mi computadora antes de enviarlos a imprimir; entre mis archivos, encontré la investigación que había hecho de Shiota, y en espera de que mis documentos terminaran de cargarse en la nube e imprimirse, corría la ruedita del mouse sin interés, dando una ojeada rápida. Convencida de que esa no era la respuesta que satisfacía a mi presentimiento cerré el programa y vi el fondo de pantalla que tenía en mi computadora.

Era una foto algo vieja, cuando mis hermanos eran apenas unos niños pequeños y el viejo cascarrabias se veía un poquito más joven. Los 4 estábamos mirando a la cámara y el patio del viejo estaba haciendo de escenario a nuestra foto, dándole aires de una foto familiar...

-- ¡Santa Mierda! – grité levantándome de mi asiento y llamando la atención de todos -- Lo siento...

Tomé de nuevo asiento y saqué mi teléfono buscando más fotos en mi galería.

Podría ser... imposible

El sonido de los demás teclados y la fotocopiadora trabajando me ponía los nervios de punta, más porque estaba cerca de acabar su trabajo y yo no podía encontrar la bendita foto. Estaba por resignarme cuando por fin la encontré.

Era una foto algo vieja que había tomado con mi primer celular, en ella estaba mi rostro casi a la mitad de la pantalla y el viejo de fondo gritándome por haberle tomado una foto sin su permiso. Lo que me importaba era el pequeño marco que estaba en la mesita detrás de mí. Por la mala calidad de la foto solo podía ver el marco y dos personas retratadas, no se podían ver los rostros, pero si una mancha color azul.

Si mi presentimiento era correcto, no tendría que preocuparme por darle un regalo de Navidad al viejo. Ni podía quedarme con la duda, así que mandé un mensaje a mis hermanos pidiéndoles que urgentemente buscaran la fotografía enmarcada del viejo y su nieta. Como era de esperarse, ambos me pidieron un soborno, y prometiéndoles comprarles una rebanada de pastel a cada uno, me enviaron la ansiada foto que esperaba:

-- ¡AAAAAHH! – Grité de emoción y mis compañeros me miraron con una expresión indescifrable, creo que ellos pensaron que había caído en la locura después de tanto trabajo – Lo siento...

Viejo, tengo tu regalo de Navidad, cumpleaños y año nuevo pensé mientras escuchaba a la impresora dejar caer mis documentos al suelo.

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WEEEEEEYYO NO ESTOY LLORANDO TU ESTAS LLORANDOSiento bien feo por la Nagisa :c