Omnisciente
Después de dos días más de arduo trabajo todo el equipo pudo ir a descansar a sus hogares, lo pesado había pasado y todos estaban satisfechos con el trabajo. Y Sakura no podía esperar a poder hablar del tema con su jefe. ¿Quién iba a pensar que el crush de su jefe resultara ser la nieta del viejo? Ni ella, con las millones de novelas y telenovelas leídas y vistas se lo imaginaba. El mundo cada vez parecía achicarse más y eso de cierto modo la impresionaba y alegraba, pues por fin podría ver al abuelo dejar de esperar cada tarde en la puerta, con su mirada perdida en el atardecer hasta que las estrellas cubrían el cielo y el frío calaba sus viejos huesos.
Desde pequeña Sakura siempre sintió curiosidad por las acciones del anciano, y es que, después de conocerlo le había – aunque no lo admitiera – tomado un cariño muy especial, un sentimiento que nunca llegó a sentir por ningún miembro de su familia hasta que llegaron sus hermanos. Muchas veces ella misma se sentó a su lado a esperar, y muchas otras ella y sus hermanos habían adoptado la costumbre, no podía evitar preguntarse qué pasaría si aquella persona por la que tanto esperaba por fin llegaba.
Un hogar no es donde solo vives, un hogar es donde hay gente que te espera. Vuelve a tu hogar, estoy segura que están preocupados por ti.
Después de descubrir la identidad de la nieta perdida del anciano, Sakura, durante los dos días que dejó pasar metida entre tanto trabajo, no dejó de pensar en si aquella mujer ya tenía un lugar al cual llamar "hogar" y si eso sería impedimento para poder reencontrarse con su abuelo después de tantos años. Junto a ese pensamiento llegó el temor; ¿Qué tal si ella no deseaba verlo?, ¿Qué tal si ella lo había olvidado?, ¿Toda la espera sería en vano?
Se mordía las uñas pensando en eso. Si se encontraban y ella lo despreciaba solo haría que el corazón del hombre se destrozara en mil fragmentos, también se cuestionó seriamente por qué no lo había buscado en todo ese tiempo. Por lo que dedujo, ella vivía en esa misma ciudad, buscarlo no sería difícil, ¿o sí? Se relajó un poco y evitó sacar conclusiones apresuradas, en realidad, más allá de su pasado – cosas que había sacado de los medios – no sabía nada más de ella y no podía determinar nada con exactitud.
Con los nervios a flor de piel tocó la puerta de la gran oficina llamando la atención de su jefe, que en ese momento se encontraba recogiendo sus cosas para pronto irse a casa.
-- Buen trabajo, Sakura. Espero que lo que hayamos hecho sea suficiente para ellos y no tengamos que repetirlo de nuevo – dijo Karma con un tono pesado – Ve a casa, estoy seguro que tus hermanos deben estar extrañándote.
-- Esos tarados no me extrañan para nada, solo esperan que les lleve el trozo de pastel que les prometí – dijo intentando aligerar el ambiente para apaciguar sus propios nervios – Yo... tengo una preguntita que hacerle, señor Akabane.
-- Ok, pero que sea rápido. Mayu debe estar desesperada porque aún no he llegado a casa.
-- Si, emm... Como lo explico... ¿Recuerda cuando me dejó investigar a Shiota, señor?
Él la miró un poco desconcertado sin entender perfectamente a lo que se refería, pero asintió levemente mientras acomodaba su saco.
-- Esa chica es la que le enseña repostería, ¿verdad? a usted...
-- Si... -- respondió sin saber a donde llevaba exactamente la pregunta.
-- ¿Ella es alguien bueno?, quiero decir, ¿Alguien amable?
-- La más amable de todas, ¿Por qué preguntas?
-- Quería asegurarme que la persona que le gusta a mi jefe se a buena persona... – dijo mientras hurgaba en sus mensajes – además...
Cuando Karma miró la foto la expresión de ambos fue la misma por un momento.
-- Santa Mierda...
...
Nagisa miraba con ansiedad el aceite antes de soltar la dona y dejarla resbalar sobre la sartén y dio un pequeño gritillo de susto cuando el aceite comenzó a saltar, debía admitirlo, las cosas fritas no eran su fuerte; le daba un poco de temor cuando el aceite caliente saltaba por todas partes. Por su parte, Mayu se veía emocionada desde el otro extremo de la casa – Tenía el mismo temor que Nagisa, aunque eso sería algo que ella nunca admitiría - y gritaba ánimos a Nagisa con todo el entusiasmo del mundo junto a Jack y Den.
Nagisa suspiró y se enfrentó a la siguiente dona. El aceite saltó al mismo tiempo la puerta de la entrada principal fue abierta haciendo que ambas soltaran un grito que Karma de igual manera reflejó. Atraído por el olor, Karma se acercó a Nagisa apreciando su trabajo.
-- ¿Segura que puedes hacer eso? – preguntó refiriéndose al aceite.
-- S-si no es difícil.
-- ¡¡Papi, papi!!
Mayu se había lanzado a él con alegría después de tanto tiempo sin verlo, Karma la cargó y dio varias vueltas en el aire con ella haciéndola reír; Nagisa sonrió ante la escena y siguió con su labor volteando las donas, pero tan pronto el sentimiento de familiaridad y felicidad se instalaron en su pecho comenzó a cuestionarse seriamente en su roll en aquella casa.
Al final ella no era parte de esa familia.
Nagisa estaba en una situación complicada, pues al obtener su libertad se dio cuenta que tenía que buscar un camino por sí misma y por más que se lo planteaba no lograba alguna cosa que anhelara o deseara. Pensó varias veces en quedarse ahí, donde estaba, pero muchas otras veces pensó en irse, quería ver otro mundo con sus propios ojos, y la verdad era que Kaede le había propuesto algo bastante intrigante desde hace algún tiempo.
Pronto, al iniciar el siguiente mes, ella tendía una gira mundial de autógrafos por su nueva película y le había ofrecido salir del país con ella. Nagisa, para nada convencida, había negado su propuesta – aunque Kaede nunca la retiró con la esperanza que aceptara – pero mientras los días pasaban se ponía a pensar seriamente en ello.
Pero había algo que no le permitía decidirse, tenía tanto miedo de dejar aquel lugar seguro que había encontrado y aventurarse a lo desconocido, los vívidos recuerdos del pasado la atormentaban y a veces parecía que todavía seguía en aquella cabaña en el bosque, sola y sin opciones. Dudaba en platicarlo con Karma, pues él estaba bastante ocupado y ella prefería que descansara por algún tiempo antes de decirle. Aunque también existía la posibilidad de nunca decirle y fingir que nada había pasado, a resignarse a la idea de quedarse en aquella "zona segura"
Se encargó de sacar el último lote de donas de manera inconsciente mientras escuchaba las risas de fondo. También, de cierto modo se sentía un poco incómoda de estar en aquella casa sin hacer nada relevante a su parecer; en muchas ocasiones Karma no le permitía cocinar o hacer algunas cosas y le decía que todas las tareas se dividían entre los habitantes de la casa, y eso estaba bien, claro, pero Nagisa creía que debía hacer más cosas para pagar todo lo que hacían por ella. Aun si Karma le repetía constantemente que lo hacían por placer propio y no por esperar algo a cambio.
Era... frustrante.
...
Para la hora de la comida Karma se notaba algo nervioso, la conversación que había tenido con Sakura estaba latente en su mente. Él le aseguró que Nagisa no era una persona mala, y que en ningún momento le haría algo que hiriera al anciano, pero él sabía mejor que nadie que Nagisa no estaba en su mejor momento y pensando con optimismo todo saldría bien, pero algo en su interior no le daba buena espina.
Mientras lavaba los platos, Nagisa los secaba y Mayu tomaba un baño para irse a dormir Karma decidió sacar a luz la conversación.
-- Mañana... cuando Mayu vaya a la escuela... ¿Vendrías conmigo a un lugar?
-- ¿De qué se trata?
-- Es algo importante...
Nagisa quiso estirar su mano para tomar su brazo y leer su corazón sin embargo a medio camino apretó los dedos y le mostró una sonrisa; con el tiempo ya no era realmente necesario hacer eso, ella confiaba plenamente en él aún sin saber que había en su corazón.
-- Está bien.
...
Caminaban en silencio por las calles silenciosas de aquel pequeño barrio donde se encontraban. Karma, temeroso, preguntándose si lo que hacía era realmente lo correcto, guiaba el camino mientras que Nagisa ajena a sus pensamientos, disfrutaba de la agradable sensación del viento en su rostro, algo en su interior se movía con cada paso que daba como si aquel lugar, aquellas pacíficas calles, fueran lugares que su mente había olvidado, pero sus pies recordaban; era familiar y encantador a su parecer. Jack también se relajaba con la caminata y tiraba suavemente de la correa en un ritmo constante.
Ambos se detuvieron frente a un viejo edificio en el que se escuchaban algunas risas de niños, cosa que intrigó a un más a Nagisa.
-- ¿Recuerdas que... me contaste acerca de que por un tiempo estuviste en un casa con un hombre que te cuidó por años? – dijo tomando su mano libre suavemente.
Nagisa tardó unos segundos en reaccionar hasta que con su poca visión quiso enfocar el edificio fallando en el intento. Así que probó leyendo los sentimientos de Karma.
Ni ella misma sabía el porqué, mucho menos Karma. Pero su cuerpo comenzó a temblar descontroladamente, sintió miedo, mucho miedo. Y soltó la mano de su acompañante y lo miró reflejando aquel sentimiento tormentoso en sus apagados ojos. Karma la miró sorprendido y Nagisa echó un último vistazo al edificio antes de salir corriendo con Jack.
Karma salió inmediatamente detrás de ella, pero, de alguna manera, ella fue aún más rápida y doblando entre calles con la ayuda de Jack lo perdió de vista fácilmente. Nagisa dobló una esquina y sorpresivamente chocó con alguien desconocido. Se sobó la cabeza y quiso levantarse inmediatamente antes de correr de nuevo, la voz del pelirrojo llamándola con desespero estaba muy cerca, así que debía perderlo antes de que la llevara a aquel lugar de nuevo. El hombre la miro extrañado, y la ayudó a levantarse inmediatamente, la tomó de la mano.
-- Si quieres salir de aquí ven conmigo – le dijo el hombre seguro de sus palabras.
Nagisa miró atrás por última vez mirando la cabellera pelirroja por unos instantes antes de acceder a seguirlo.
...
Tenía la mirada clavada en la lata de café de máquina que el señor había conseguido para ella. Estaban sentados en la banca de un parque en completo silencio siendo los jadeos de Jack el único sonido del lugar.
-- Si no lo bebes pronto sabrá mal – dijo el hombre con un tono algo rudo.
Nagisa apresuradamente abrió la lata y le dio un sorbo rápido.
-- G-gracias, por ayudarme – susurró casi inaudible – ¿Usted no...?
-- Si no deseas contarme no tienes que hacerlo, solo te veías un poco asustada. Aunque no creo que sea por ese hombre que te buscaba, se veía preocupado, en realidad – dijo tajante dando otro sorbo a su bebida.
-- No... él es un buen hombre – aseguró acariciando la lata en sus manos – pero... me llevó a un lugar que yo deseaba mucho ir.
-- ¿Y si era algo que deseabas por qué huiste? – preguntó sin mostrar interés.
-- La verdad es que... tenía mucho miedo... y vergüenza,creo... Hace muchos años que no iba a ese lugar y por lo que pude escuchar, ya no es lo mismo – dio otro sorbo sintiendo el picor de las lágrimas en sus ojos – Hay alguien a quién quiero ver , a quién quiero decirle que lo quiero... pero... No estoy segura que el sienta lo mismo.
El hombre la miraba con un semblante serio y escuchaba con atención haciéndola sentir de alguna manera segura.
-- Me fui hace mucho tiempo y aunque no era mi intención irme... no estuve y lo dejé solo. Él tenía muchas esperanzas en mí, en mi futuro, me dio muchas cosas para que fuera alguien más. Y yo... no soy nadie – las lágrimas cayeron sin su permiso y ella solo pudo ocultar su rostro es sus manos – No soy nada de lo que él esperaba que fuera, aun después de que se esforzó en enseñarme tanto. ¡¡Soy una decepción!! – grito haciendo que las lágrimas salieran con más fuerza e incitaran a Jack trepar a sus piernas y lamer sus manos con cariño.
Mientras ella lloraba el hombre se mantuvo en silencio respetando su dolor y desdicha. Miró al cielo y suspiró pesadamente
-- Creo que se sentiría más decepcionado de que dijeras esas cosas de ti misma, niña – la regañó – Cuando una persona ama a alguien, sin importar que o quién sea, lo seguirá amando. Y si tu pensaste en él después de tanto tiempo, yo creo que él pensó en ti de igual manera. Es tonto de tu parte hacerte de ideas raras sin siquiera preguntárselo de frente.
Nagisa con los ojos aun llorosos dirigió su vista hacia el hombre y movió su mano temblorosa lentamente hacía su brazo tomándolo con delicadeza. De alguna manera ella ya lo sabía pero se negaba a creerlo hasta ese momento.
-- Me hiciste esperar mucho, niña tonta.
Nagisa se quedó por unos instantes paralizada ante aquellas palabras y las lágrimas comenzaron a brotar de nuevo. El hombre fue quien la tomó de la mano y la abrazó con fuerza haciendo que Nagisa reaccionara de la misma forma.
-- Te extrañé mucho – admitió Matsukata con la voz rota.
-- ¡¡Perdóname, perdóname por irme!! ¡¡Yo no quería hacerlo, ellos me llevaron!! – dijo entre lágrimas.
-- No seas tonta, estás aquí y eso es lo que importa – Nagisa pudo sentir como, al igual que ella, su abuelo lloraba – Ya llegaste,
Llegaste a casa
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Si estoy llorando mucho, AIUUUDAAAA
Editora: x2
