Nagisa
Estábamos sentados en la vieja entrada de la casa, tomábamos una pequeña taza de té caliente mientras recibíamos la brisa como dos ancianos. Mi abuelo sorbía con calma mientras yo acariciaba el pelaje de Jack a mis pies.
Desde que nos habíamos reencontrarnos me dispuse a visitarlo todos los días a su casa, mis visitas se volvieron tan habituales que con el tiempo incluso lo ayudé a cuidar de los niños en la guardería. Poco a poco las piezas parecían ir encajando en mi vida, aunque tenía demasiadas cosas en la cabeza para detenerme a pensar en ello.
-- ¿No alguna vez dijiste que querías convertirte en profesora, Nagisa? – me pregunto el abuelo una vez mientras acomodaba los libros y juguetes tirados.
-- ¿Sí?
-- ¿No lo recuerdas? – parecía un poco sorprendido.
-- Ha pasado mucho tiempo desde eso. Hay muchas cosas que no recuerdo.
En esa ocasión aunque no parecía convencido con mi respuesta me dejó ser. Así como tiempo atrás me preguntó muchas veces acerca de mis sueños, cosas que el recordaba de mi niñez, por supuesto yo desmentí cada una de esas creencias, ninguna parecía poderse realizar a esas alturas del partido. Era... inútil, era demasiado tarde para todo eso.
-- Es muy lindo, ¿No crees? – el abuelo llamó mi atención aun sentados uno al lado del otro – El atardecer, aunque no puedas verlo con claridad estoy seguro que puedes ver sus colores.
-- Si... es precioso – respondí aun poco sorprendida.
-- Hay algo en lo que estás pensando, ¿verdad?
-- ¿Eh?
-- No puedes engañarme, que todos estos años que he vivido no sean en vano. Si bien no te vi por algún tiempo sé reconocer cuando un niño está perdido.
Entrelacé mis manos y miré hacia abajo pensando un poco en su palabras. Reí amargamente mientras apretaba más mis puños.
-- Solo pensaba en todo lo que ha pasado para que llegara hasta aquí, y me pregunto si es suficiente. Es decir, no sé ni siquiera a donde voy. Pareciera como si el mundo se hubiera suspendido, mis días son tranquilos y pacíficos, tanto que parecen irreales, como si hubiera despertado de una pesadilla horrible y ahora ya no puedo distinguir la realidad. Todo es tan... monótono. Nada parece haber cambiado a mi alrededor, entonces me pregunto ¿Si nada cambió porqué me siento tan apartada, como si no estuviera aquí, como si el mundo se moviera sin mí?
-- Tal vez... esta ciudad es un cielo muy gris para ti, este lugar fue una jaula para ti toda tu vida. Deberías buscar un cielo más azul... -- hubo una pequeña pausa antes de continuar – Tal vez deberías tomar la oferta de tu amiga, de la que me hablaste el otro día, ¿Quién sabe? Tal vez encuentres un cielo más grande en otro lugar.
-- Pero... aquí está la gente que amo. Estás tú, están los Akabane, esta... -- abracé mi propio cuerpo buscando seguridad -- todo lo que conozco.
-- Y también están los recuerdos. No creo que nunca en tu vida puedas olvidar, Nagisa. Pero si sé que puedes reemplazarlos por algunos más felices. Sal al mundo, busca un cielo para que puedas volar tranquila. Todos nosotros estaremos bien, no necesitas estar en este lugar para demostrarnos tu amor.
-- ¿Y si no vuelvo?, ¿Y si... pierdo el camino otra vez?
Me abrazaba a mí misma con temor, sintiendo mi cuerpo temblar. Tenía miedo de tomar esa opción. Sabía muy bien a lo que el abuelo se refería, y también sabía que había millones de razones más para no quedarme en esta ciudad que tan malos recuerdos me traía, una de ellas era que ese hombre seguía suelto aunque ahora, lejos de él dudaba que me buscara, pero no podía dejar de temer, más porque ahora si tenía cosas que perder, no importaba si era yo, pero ahora...
-- Has demostrado, que sin importar lo que pase, siempre puedes volver. Aquí estás, esa es la mayor prueba, eres fuerte Nagisa, solo te falta un poco más de coraje. Búscalo, Nagisa, busca ese coraje que te falta. Toda la ciudad entera puede cambiar, el mundo puede cambiar, pero si tú no lo haces, siempre te quedarás atrás.
Sentí solo sus arrugadas manos tomaban las mías transmitiéndome tranquilidad y amor. Lo abracé temblorosa preguntándome si realmente podría hacerlo. Si podría volar.
Karma
-- Eso es todo – dije bajando los papeles que tenía en mis manos. La junta había acabado sin contratiempos y podíamos irnos en calma cada uno a sus pisos.
-- Señor Akabane.
Giré para encontrarme con quien me había hablado, era un hombre, casi de mi estatura. Su cabello era negro corto y tenía un semblante serio. Amablemente me pidió hablar con él en mi oficina, dijo que era un asunto delicado.
-- Akira Takaoka, sé que lo está buscando.
Reaccioné de inmediato al escuchar el nombre de ese hombre. Desde que Nagisa había sido llevada al hospital yo había levantado una investigación contra ese sujeto, pero, no había dado ningún fruto hasta ahora.
-- Soy el ministro de defensa, mi nombre es Karasuma Tadaomi y también busco a esa persona
-- ¿Y se puede saber por qué? – me recargué en el respaldo de la silla altaneramente intentando probarlo.
-- ¿Podría yo hacerle la misma pregunta?
Era listo, y perspicaz. Notó mi mirada gélida y suspiro rendido.
-- Mi esposa sabe cosas de ese sujeto. Ella podría ayudarnos a abrir un caso a nivel global para buscarlo, si es que salió del país.
-- ¿Y por qué habría de confiar en usted?
-- Porque usted no ha logrado nada en el tiempo que lleva buscándolo, ni yo tampoco. Hay quienes dicen que el enemigo de mi enemigo es mi amigo.
Lo pensé detenidamente antes de comenzar a compartirle la información que había conseguido en ese poco tiempo. Si lo que dice es cierto, podríamos atraparlo y yo mismo me encargaría de castrar a ese imbécil.
...
En casa estaban Nagisa y Mayu, ambas me recibieron con una sonrisa. Dejé mi saco y corbata de lado poniéndome más cómodo, abracé y di un beso en la frente de Mayu abrazándola fuertemente. Me paré frente a Nagisa y le sonreí, pegué mi frente contra la suya y susurré un "Estoy en casa". Nagisa se sorprendió y se sonrojó un poco incómoda, evitó mi mirada pero me respondió igualmente, en un inaudible susurro "Bienvenido". Me burlé un poco de su sonrojo y ella en vez de molestarse como de costumbre sonrió pero pude notar algo raro en el semblante de Nagisa.
-- ¡¡Bueno, ya que los dos están aquí ya puedo decirles!! – Gritó Mayu subiéndose al respaldo del sillón para quedar más alta – ¡¡Ambos están invitados al Bazar que haremos en mi primaria!! – como en una escena cómica Den le dio la razón mientras ella señalaba a la nada entusiasta.
Nagisa y yo intercambiamos miradas confundidos y yo me acerqué a Mayu.
-- ¿Un bazar?
-- ¡Si! ¡La maestra dijo que lleváramos cosas o ropa que ya no usáramos y lo podíamos vender! Lo que recolectemos se usará para hacer el invernadero del colegio más grande y bonito, quieren enseñarnos botánica.
Ahora así le llaman a la explotación infantil, ¿eh? pensé riéndome por dentro.
-- ¡¡Todos están invitados!! Y si encontramos algo bonito, puedes comprarlo – dijo victoriosa – ¡Y no acepto un no por respuesta! ¡Será dentro de tres días, así que pide permiso papá! – me ordenó señalándome acusadoramente.
-- Si, si como usted diga jefa.
-- ¡¡¡YAIII!!! – celebró saltando de del sillón junto a Den.
Me reí un poco y voltee a ver a Nagisa quien seguía sonriendo, pero noté como con su mano izquierda sujetaba su brazo derecho, parecía nerviosa y algo triste. Me preocupé, pero decidí dejarlo por ahora. Siempre hay tiempo y momentos para hablarlo. Esta vez, no esperaré a que sea demasiado tarde.
...
El Bazar estaba lleno de gente, Nagisa estaba con Jack y era inevitable que los niños, e incluso algunos adolescentes se acercaran a acariciarlo. Aunque, desde mi perspectiva, no parecía molestarle al pulgoso, al contrario parecía adorar la atención.
Mirábamos los pequeños puestos y había una que otra cosa interesante. Entre las curiosidades encontré tubos con Wasabi y salsa picante, me reí al recordar mí tiempo de estudiante cuando solía tener ese tipo de cosas para torturar matones en la escuela.
-- ¡¡Mayu!!
Giramos y vimos a la amiga de Mayu llamarla desde lo lejos, los tres nos acercamos e hicimos una leve reverencia en forma de saludo cuando miramos a la madre de Asami, cosa que ella respondió de igual manera. Al parecer las cosas entre Mayu y Asami habían mejorado. Asami estaba muy arrepentida por decir cosas feas y Mayu por no tratar de empatizar con su dolor, al final, se volvieron más unidas que nunca.
-- ¡Mira! Ahí está Yoichi con sus papás – dijo Asami mirando a lo lejos.
-- ¡¡YOICHI!! -- gritó Mayu llamando la atención del niño.
Así que ese es el mocoso que le regaló chocolates a Mayu pensé mirándolo con desdén.
Desde lo lejos pude notar claramente como el niño se ponía nervioso a la distancia y como uno de sus padres se reía empujándolo para que se acercaran. Al final los tres estaban frente a nosotros, y el niño solo miraba al suelo avergonzado, seguramente sintiendo mi aura asesina.
Así duró un rato hasta que Nagisa se empezó a reír por lo bajo al igual que el papá del niño que lo había empujado anteriormente, haciendo que el niño se pusiera aún más rojo y yo me sintiera un poco apenado por la situación.
-- Esta es la primera vez que conozco a tus papás Yoichi – dijo Asami haciendo una reverencia ambos mayores.
Mayu torpemente la imitó y ambos padres se rieron con simpatía.
-- Mucho gusto señoritas -- ambos hicieron una reverencia en señal de respeto.
-- Por allá hay juegos para que nos entretengamos, hay que ir – dijo Asami señalando al otro lado del gimnasio.
Mayu me miró buscando mi aprobación y yo se la cedí. El mocoso hizo lo mismo y su padre hizo el mismo gesto. La madre se Asami hizo una pequeña reverencia y fue detrás de los niños, dejándonos a los cuatro juntos.
-- ¿Usted es Karma Akabane, verdad? – preguntó el más bajo de los dos.
Ambos eran más bajos que yo, pero no tanto como Nagisa – Aunque estoy casi seguro que cualquiera es más alto que Nagisa – El más animado tenía en cabello negro y ojos verdes mientras que el otro era un poco más serio de cabello rubio y ojos azules como los de Nagisa.
-- S-si.
-- Mi nombre es Yuichirou Hyakuya, mucho gusto – dijo alegremente haciendo una reverencia exagerada que tanto a Nagisa como a mí nos sacó un poco de contexto – Y este sujeto aquí a mi lado es mi esposo Mikaela.
-- Oye... -- dijo el rubio intentando hacer que su esposo bajara un poco la voz.
Aun confundidos tomé a Nagisa de ambos hombros y la coloqué como escudo humano, cosa que hizo que ella me mirara de manera asesina. La verdad yo no tenía nada en contra del papá del mocoso, pero su aura era demasiado entusiasta para mí y no sabía cómo interactuar realmente.
-- Bueno, me presento... creo. Yo soy Karma Akabane y ella es Nagisa Shiota.
Y de nuevo, como si no lo hubiéramos hecho suficientes veces ya, hicimos una reverencia.
-- Wao no puedo creer que ambos trabajen en el mismo edificio y no se conocieran antes – exclamó Yuichiro con asombro.
-- ¿Trabaja en la oficina de Gobierno? – me dirigí a su esposo.
-- Si – dijo serio.
Mientras Yuichiro hablaba animadamente con Nagisa, Mikaela se acercó a mí para hablar en voz baja.
-- Me enteré por medio del señor Karasuma de su búsqueda – me susurró.
Me sorprendí al instante y lo miré anonado.
-- Podemos ayudarlo. Ese idiota que usted ve ahí – dijo señalando a su esposo a la distancia – me dijo que le dijera esto. Aunque usted no lo crea es el jefe de la policía local, dijo que quería ayudarle.
-- ¿Por qué lo haría? – pregunté con verdadero interés.
-- Ese sujeto es un enigma incluso para mí, pero dijo, que si podía ayudar, ayudaría. Que es su deber.
-- Tiene un gran corazón.
-- Si...
-- En ese caso, contaré con ustedes – dije mirándolo de frente y extendiendo mi mano para estrecharla.
Después de un apretón de manos ambos se fueron en la misma dirección donde se hallaban los niños. Miré mi mano detenidamente y después sentí el toque de Nagisa a mi espalda.
-- ¿Estás bien? – mi miraba preocupada y de inmediato me sonrió cálidamente – tranquilo, no estoy leyendo tu corazón sin permiso.
Sonreí de la misma manera y tomé su mano entrelazándola con la mía.
-- Lo sé.
Haré todo lo que esté en mis manos, para tenerlas seguras
...
Caminábamos mirando las cosas del bazar con detenimiento y entre las tantas cosas encontré una rosa para el cabello color blanco y la compré sin pensarlo, la guardé en mi bolsillo esperando un mejor momento para entregársela.
...
Pronto los colores del atardecer comenzaron a pintar el panorama dándonos a entender que era momento de ir a casa; al parecer el evento había sido un éxito y habían logrado juntar la meta. Mayu estaba agotada y había caído rendida para el final de la venta, la cargaba en mi espalda mientras caminaba junto a Nagisa y nos reíamos de vez en cuando de la plática que teníamos. Todo parecía poco a poco quedar lejano en el olvido, aunque yo sabía que para Nagisa era más difícil, con el paso del tiempo también parecía sanar poco a poco. Las pesadillas eran menos frecuentes y se veía más vivaz. Probablemente haber encontrado a un miembro de su familia después de tanto tiempo fue el detonante para comenzar a soñar, de una manera u otra confiaba que todo quedara atrás.
Pero también, de alguna manera, sabía que no sería tan fácil.
-- Oye, tengo algo para ti -- saqué el broche de mi saco y se lo extendí -- Creí que te gustaría.
Nagisa la tomó con suavidad y acarició los pétalos artificiales con delicadeza pintando una sonrisa avergonzada en su rostro y un leve sonrojo se adueñó de sus mejillas, pero pronto aquellas hermosas facciones mostraron una gran tristeza. Dándole el mismo tratamiento gentil al adorno, sus manos temblaban y caían gruesas lágrimas de sus mejillas.
Asustado intenté acercarme pero sus palabras me detuvieron al instante.
-- Me iré,... me iré, Karma.
...
El sonido de los aviones era estridente, había mucha gente en el aeropuerto aglomerada, había gente que abordaba sin más y otros que despedían a sus familias antes de partir. Kayano abrazaba fuertemente a Mayu y Nagisa estaba un poco cabizbaja, yo sabía mejor que nadie que ella odiaba las despedidas.
Ambos estábamos en silencio y el ambiente se había puesto un poco pesado, obviamente Kayano era primera y tal vez la única en darse cuenta de ello.
-- ¿Me acompañarías a registrar el equipaje, dulzura? -- preguntó Kayano hincándose a la altura de Mayu.
-- ¡¡Si!!
Cuando ambas se fueron nos quedamos solos en ese silencio incómodo. Rasqué mi nuca mientras ella miraba a otro lado. Ambos, aquel día de la venta habíamos hablado acerca de su partida y sus razones, y la verdad, no era como si yo pudiera opinar algo. Ella por fin era libre, y la razón por la que nunca le dije mis sentimientos, era esa; quería que fuera más libre que nunca y que pudiera ir a cualquier lugar sin sentirse atada.
Y si, dolía. Dolía ver como la persona que quieres partía lejos de ti, pero también me sentía feliz por ella. Podría ver el mundo sin restricción alguna, y tal vez... encontrar a alguien más a quien querer.
Ella había sido clara, ella no podía amarme, no en este momento, y algo dentro de mi me abría a la posibilidad de que no fuera así nunca.
Apreté mis manos con fuerza dándome valor. Dándome un "ánimo" desde mis adentros, quería estar bien, por mi y por ella. Esta despedida no debía ser dolorosa, no debía dejar que ella quedara con un cargo injusto de conciencia. Mi deseo en verdad era que ella por fin volara, volara tan alto como los pájaros que hace meses liberamos de las jaulas, los pájaros que ya nunca fueron vendidos.
¡¿Qué estás haciendo idiota?! me gritó una voz en mi interior.
Me dí un golpe mental y me acerqué a ella, tomé sus manos delicadamente.
-- Espero tengas un buen viaje -- dije sonriendo -- Cuando vuelvas tráenos algo, no seas tacaña -- bomeé.
-- Lo haré...
Nos quedamos en silencio de nuevo hasta que de pronto me comencé a reír.
-- ¿Qué estamos haciendo?
-- ¿Eh?
-- Parecemos dos idiotas parados aquí en silencio como dos adolescentes idiotas. -- amistosamente puse mi mano en su hombro y le sonreí -- Definitivamente nos volveremos a ver, así que no hay porque estar así. Verás muchos lugares y nunca te aburrirás, Kayano tiene tanto trabajo que te contagiará a ti también el estrés. Además servirá de que te broncees un poco, ya sabes, eres demasiado blanca, como un ratón de laboratorio.
-- ¡No soy un ratón! -- se quejó, golpeando mi hombro.
Nos miramos y ambos nos reímos de nuevo. El ambiente se había aligerado considerablemente.
-- Volveré y seré tan fuerte y alta que te quedarás con la boca abierta.
-- En América hay muchas tiendas de tacones, si aprendes a andar en ellos creo que si será posible.
Me golpeó varias veces más para después sorpresivamente abrazarme. Respondí el gesto, también la abracé con fuerza memorizando el aroma de su pelo y lo pequeña y delgadita que era. Después de un tiempo así, ella me miró con una sonrisa sincera y algo sonrojada. Puso sus delgadas manos en mis mejillas y con los ojos fuertemente cerrados me besó.
Sus delgados labios se encontraban con torpeza con los míos. Ella era verdaderamente torpe para besar, así que con delicadeza la tome de la cadera y la acerqué más a mi y profundicé el beso. No fue largo, ni corto, realmente sería imposible medir el tiempo mientras besas a la persona que amas.
Nos separamos lentamente y nos miramos fijamente.
-- Vuelve -- dije juntando nuestras frentes.
-- Definitivamente, lo haré.
Acaricié su pelo antes de separarnos. Kayano y Mayu habían vuelto y por la sonrisa burlona de Kayano supe que todo había sido a propósito.
Tan pronto como llegaron era momento de abordar el avión, el viaje sería largo y cansado, así que debían acomodarse en sus asientos desde antes. Ellas revisaban sus boletos y yo junto a Mayu estábamos detrás del cordón que separa la zona de abordaje de la sala de espera.
-- ¡¡Nagisa!! -- gritó Mayu aferrándose fuertemente del cordón -- ¡¡No nos olvides!!, ¡¡Promételo!!
Me destrozó el corazón ver a mi hija llorar. La abracé fuertemente de la espalda y yo también me contagié de ese sentimiento, haciendo que mis ojos picaran demasiado. Nagisa desde la zona de abordaje abandonó su maleta de mano y corrió hacia Mayu arrodillándose a su altura y abrazándola con fuerza.
-- ¡¡Nunca!!, ¡¡Nunca lo haría!!
Nagisa había prometido no llorar, pero en ese momento, junto a Mayu lo hacía, la abrazaba tan fuerte que temía que ambas se rompieran, y así, los tres juntos y abrazados nos despedimos de Nagisa. Fue ahí, arrodillado con las dos entre mis brazos, que me dí cuenta que el día que Nagisa llegó a nuestras vidas, había sido igual. Un día de Noviembre, un día de otoño, un día inolvidable.
El avión despegó. Mayu y yo mirábamos al cielo siguiéndolo hasta que se perdió entre las nubes. Cerré mis ojos y al recordar aquel cálido beso también recordé sus palabras cuando le entregué el broche:
"-- Karma, yo también te quiero, te quiero más de lo que nunca he querido a nadie. Pero no puedo amarte. No puedo amarte porque no puedo amarme a mi misma. Me iré, me iré de esta ciudad para saber quien soy. Y si lo descubro, tu serás el primero en saberlo -- dijo dándome el broche de regreso -- Hasta ese día,... si encuentras a alguien más que lo merezca, dáselo y si cuando vuelva, soy esa persona, entonces... lo aceptaré. Lo aceptaré y te juro que todo irá bien"
En ese momento no pude darle una respuesta concreta, mientras mirada el cielo estaba seguro de una cosa: Ella volvería siendo otra persona, y definitivamente me volvería a enamorar de ella.
Te amo, Nagisa
FIN
AAAAHHHHH SE CREAN TODAVÍA FALTAAAAAAA
Editora: si me la creí /
