La Masacre


LIMERENCIA


En los viejos tiempos, si a una chica le gustaba un chico, se aseguraba siempre de que ganara él cuando jugaban a las cartas y juegos de mesa.

«Jugar duro»

Artículo para Chik

Se quitaron los bañadores y se vistieron a tiempo para el té de Hinata en la glorieta, que ella había decidido adelantar a las tres porque creyó que sería mejor para los niños. Mientras hablaba con Hanabi, Hinata se lamentó de que los platos de cartón y el pastel comprado en una tienda la descalificaban para el póster desplegable de la revista Victoria, pero Naruto sabía que le importaba más pasar un buen rato que sacar la porcelana buena.

Naruto saludó con la cabeza a Kushina, que se había acercado a la glorieta junto a Chiyo Long y una amiga de Chiyo, Vi. Naruto había observado que los residentes de las casitas la protegían de la curiosidad de los clientes más pasajeros de la casa de huéspedes. Naruto pensó en ir a hablar con ella, pero no se le ocurrió qué decir.

Hinata seguía rodeada de caniches juguetones y niños ruidosos. Llevaba un pasador rojo en forma de corazón en el pelo, unos vaqueros rosas, un top violeta y cordones de un azul brillante en las zapatillas deportivas. Parecía un arco iris andante, y al verla no pudo evitar sonreír.

-¡George! -gritó Hinata dando saltitos y saludando a Minato Namikaze, que bajó de su camioneta hacia las cuatro de la tarde y se acercó a ellos-. ¡George Smith! Gracias por venir.

Minato se rió y se acercó para darle un fuerte abrazo. Tal vez era mayor, pero seguía siendo un tipo atractivo, y a Naruto no le entusiasmaba que la conejita y se hicieran muy amigos.

-Tengo que presentarte a mi hermana. Había llevado una galería en Nueva York, pero no le diré quién eres.

« ¡Ja! » Los ojos de Hinata centellearon traviesamente, pero Minato no se apercibió.

«Primo.»

Mientras el pintor se dirigía hacia Hanabi, pasó junto a Kushina. Tal vez Minato ya estaba harto de ser rechazado cada mañana en la mesa de la cocina. Naruto no tenía manera de saberlo. Si a Kushina no le gustaba estar cerca de él, ¿por qué seguía apareciendo cada mañana a desayunar?

Naruto apartó la mirada de Kushina y la posó en Hinata, e intentó averiguar en qué momento exacto le había estallado en la cara su práctica de rodearse de mujeres de bajo mantenimiento. Se puso la gorra de béisbol en la cabeza y se prometió que aquella noche se dedicaría a mirar retransmisiones de partidos.

Los hombres quisieron hablar de fútbol, y Naruto y Konohamaru cumplieron. Hacia las cinco, la mayoría de los adultos empezaron a marcharse, pero los niños todavía estaban pasándolo en grande, y Naruto decidió que al día siguiente colgaría una canasta de baloncesto. Tal vez compraría balsas de goma para la playa. Y bicicletas. Los niños tenían que poder ir en bicicleta mientras estaban en el campamento.

Mitsuki y los hermanos O'Brian llegaron corriendo con las caras sudorosas y la ropa sucia.

El aspecto exacto que debería tener un niño en verano.

-¡Eh, Naruto! ¿Podemos jugar al béisbol?

Naruto sintió que se esbozaba una amplia sonrisa en su cara. Un partido de béisbol en el espacio comunitario, justo donde se había levantado el santuario...

-Claro que podemos. ¡Atención! Todos los que quieran jugar al béisbol que levanten la mano.

Un montón de manos se levantaron a su alrededor. Haru y Ami se acercaron corriendo, y Hiro se puso a chillar y a saltar. Incluso los adultos parecieron interesados.

-Un partido de béisbol es una idea fabulosa –gorjeó Chiyo Long desde su ízalo todo, Naruto.

Naruto sonrió por la intromisión.

-¿Quieres ser uno de los capitanes, Mitsuki?

-Por supuesto.

Miró a su alrededor en busca de otro capitán y cuando estaba a punto de elegir a Haru, algo en la forma en que Sumire, estaba sentada a los pies de su padre abrazando a los caniches le llamó la atención. Naruto la había visto levantar la mano unos centímetros, pero de inmediato volvió a dejarla sobre su regazo.

- Sumire, ¿qué me dices? ¿Quieres ser tú la otra capitana?

Naruto se quedó de piedra al ver que Konohamaru bajaba la cabeza y soltaba un gruñido.

-¡No, Naruto! -gritaron al unísono Haru y Ami-. ¡Sumire, no!

Hinata fue la que más le sorprendió, aquella conejita a la que se suponía tan sensible con los niños.

-Esto... Tal vez sería mejor si eligieras a otra persona le aconsejó.

«Pero ¿qué le pasaba a aquella gente?»

Por suerte, su crueldad no perturbó a Sumire, que se puso en pie de un salto, se alisó los pantalones y le sonrió con la misma sonrisa de su tía.

-Gracias, Naruto. Casi nunca me dejan ser capitana.

-Eso es porque tú...

Hanabi le tapó la boca a Haru, pero también ella parecía afligida.

Naruto se disgustó con todos ellos. No había nadie más competitivo que él, pero jamás caería tan bajo como para hacer que una niña se sintiera mal sólo por no ser atlética. Intentó darle confianza con una sonrisa.

-No les hagas ningún caso, preciosa. Serás una gran capitana. Incluso puedes ser la primera en elegir.

-Gracias.

Sumire dio un paso adelante e inspeccionó a la gente. Naruto supuso que le elegiría a él o a su padre, y se sorprendió al ver que señalaba a su madre, una mujer que jugaba tan mal que los veteranos del equipo de los Stars se habían habituado a programar visitas al dentista sólo para tener una excusa para marcharse del picnic del equipo antes del tradicional partido de béisbol.

-Elijo a mamá.

Naruto se puso en cuclillas a su lado y bajó la voz.

-Por si no te ha quedado claro, Sumire, puedes elegir a quien quieras, incluidos los hombres. O sea, a tu padre. A mí. ¿Estás segura de que quieres elegir a tu madre la primera?

-Está segura -suspiró Konohaamru detrás de él-. Ya estamos otra vez.

Sumire levantó su mirada hacia Naruto y susurró.

-A mamá le duele mucho que nadie la quiera nunca en su equipo. Haru habló con la franqueza que sólo se permite hasta los once años.

-Eso es porque es malísima.

Hanabi inspiró con fuerza y le dio una palmadita en el hombro a la capitana de su equipo, olvidando oportunamente su reticencia anterior.

-No le hagas caso, Sumire. Una actitud ganadora es mucho más importante que la habilidad natural -le dijo a su hija.

Al contrario que Sumire, Mitsuki no se anduvo con tonterías y prefirió la habilidad natural a la actitud ganadora.

-Elijo a Naruto.

Konohamaru se levantó de su tumbona y se acercó a su hija.

- Sumire, cariño, estoy aquí. No te olvides de mí. Herirás mis sentimientos si no me eliges.

-No es verdad -replicó Sumire con una bonita sonrisa; se volvió y fijó su mirada en Kushina, que estaba hablando de jardinería con algunas de las mujeres mayores y, si Naruto no recordaba mal, ni siquiera había levantado la mano.

-La elijo a usted.

-¿A mí? –Kushina pareció complacida y se levantó-. Vaya, no había jugado al béisbol desde que era una adolescente.

-Será un equipo excelente. Hay mucha actitud ganadora -dijo Sumire sonriéndole a su madre.

Mitsuki, que no era de los que dejan crecer la hierba debajo de sus pies, eligió a Konohamaru.

Naruto se acercó nuevamente e intentó ayudar a Sumire señalando al mayor de los hermanos O'Brian.

-Antes me he fijado en cómo lanzaba el balón de fútbol. Scott es un buen deportista.

-Ahórrate la saliva -murmuró Konohamaru; y con mucha razón, porque Naruto supo enseguida cuál había sido la tercera elección de Sumire al ver la alegría del rostro de Hiro.

-Elijo a Hiro. ¿Lo ves, Hiro? Que tengas sólo cinco años no quiere decir que nadie te quiera en su equipo.

-Yo elijo a Haru -se apresuró a decir Mitsuki.

-¡Y yo elijo a mi tía Hinata! -sonrió alegre Sumire.

Naruto suspiró. De momento, Mitsuki tenía en su equipo a un quarterback en activo de la NFL, a un quarterback retirado de la NFL y a una de las adolescentes más atléticas del norte de Illinois.

Sumire, por el contrario, tenía a su madre, la peor jugadora de béisbol de la historia; a su hermano pequeño, que tenía un gran entusiasmo, pero, con sólo cinco años, poca habilidad; y a Hinata, que era... era Hinata, la mujer que hacía volcar canoas, que casi se había ahogado y que en general odiaba el deporte.

Las siguientes elecciones de Mitsuki incluyeron a las dos adolescentes que antes habían estado chutando un balón de fútbol europeo con Haru, al mediano de los O'Brian, fornido como un tanque, y a sus dos padres, físicamente aptos.

Sumire eligió al O'Brian de seis años, un niño al que Naruto juraría haber visto escondiendo su manta de seguridad entre los arbustos. Se redimió eligiendo a su hermana Ami, que al menos era bailarina y coordinaba sus movimientos, y luego a Minato Namikaze, aunque su razonamiento no fuera demasiado convincente.

-Porque me ha hecho un bonito dibujo de Kanga y Roo.

Mientras Mitsuki completó su equipo con el resto de adultos más jóvenes, Sumire eligió a todas las ancianas que quisieron jugar.

Aquello iba a ser una masacre.

Los niños corrieron a sus casitas por el equipamiento, el señor Canfield, afectado de artritis, se ofreció voluntario para arbitrar, y pronto todo el mundo estuvo en su lugar.

El equipo de Sumire era el primero en batear, y Naruto se encontró en el montículo del lanzador ante el niño de seis años que había escondido su manta entre la Forsythia. Naruto cometió el error de mirar a Hinata y no le sorprendió que ella le dijera claramente con los ojos:

«Si eres uno de esos hombres capaces de eliminar a Linus, entonces no eres el hombre que creía que eras, y puedes irte olvidando de la posibilidad de verme desnuda en un futuro próximo, comprendes?»

Naruto se lo puso fácil al niño.

Sumire envió a continuación a Hiro, y Naruto le lanzó una bola blanda al plato. Hiro falló, aunque movió muy bien el bate para ser tan pequeño, y al ver aquella expresión de terca determinación en su rostro, supo que acababa de vislumbrar el aspecto que debía haber tenido Konohamaru Sarutobi a la edad de cinco años. Por ese motivo, su siguiente lanzamiento fue más fuerte de lo que pretendía, aunque Hiro, deportivamente, dio lo mejor de sí.

Hinata, en cambio, le lanzó una mirada que llevaba escrita la palabra «cretino».

« ¡Tiene cinco años, idiota! ¡Sólo es un chiquillo! ¿Tan importante es ganar que vas a eliminar por tres strikes a un niño de cinco años? ¡Definitivamente, jamás de los jamases volverás a ver unas braguitas de conejita en tu vida! De ninguna manera. Ciao, bambino!»

Naruto le lanzó una tercera bola blanda y Hiro la bateó corto a la derecha. El mayor de los O'Brian no se imaginaba lo peligroso que podía ser un Sarutobi, aunque fuera de parvulario, y le tomo distraído. Como consecuencia, Linus llegó a la tercera base y Hiro se plantó junto a su padre en la segunda.

Konohamaru se pasó la mano por los cabellos con desesperación.

-¿Naruto? -gritó Sumire educadamente-. Ahora le toca al señor McMullen. Quiere saber si puede utilizar su bastón como bate.

Y con eso ya estaba todo dicho.

Había llegado el turno de batear para el equipo de Mitsuki, el primero era Naruto. Cerca del montículo del lanzador vio a la pequeña Sumire Buencorazón abrazada a las Cuatro amazonas del Apocalipsis: Hinata, Hanabi, Kushina y Ami. Las mujeres se dispersaron, y dejaron por fin a su lanzadora en el montículo.

Hinata, la conejita.

Naruto no pudo contener una risilla. Por fin empezaba la diversión. ¿Y saben qué, niños y niñas? Que Kyūbi el Zorro no iba a tener piedad con Natahi.

Hinata intentó dominarle con la mirada, pero Naruto noto que estaba nerviosa. Por supuesto. Figura nacional. Jugador más valioso. Candidato al premio Heisman. Profesional de pies a cabeza. Un buen motivo para estar nerviosa. Naruto se colocó en el plato y sonrió.

-Intenta no darme con la bola en la cabeza, cielo. Me gustaría que mi hermosa nariz siguiera donde está.

-Eso -dijo Konohamaru detrás de Naruto- ha sido un error.

«Sí, ya...»

Hinata dio unos cuantos giros que se suponía que servían de calentamiento. Naruto dio unos golpecitos con el bate en el suelo y esperó el lanzamiento pensando en lo guapa que estaba. Más que guapa. Tenía los labios rosados de habérselos mordisqueado, y sus senos se apretaban contra el top violeta del mismo modo que se habían apretado contra su pecho la noche anterior. Cuando lanzó la bola, su dulce culito se meneó dentro de los vaqueros rosas del mismo modo que se había meneado sobre...

La bola pasó volando mientras él estaba distraído. « ¡Eh, qué ha sido eso!»

-¡Strike uno! -gritó el señor Canfield.

Una chiripa, nada más. Un lapso de concentración provocado por mirar poco a la bola y demasiado a la loba. Naruto salió del plato.

Hinata también sabía que había sido chiripa, porque empezó a mordisquearse el labio inferior más nerviosa aún que antes. Era el momento perfecto para unos juegos mentales.

-Buen lanzamiento, Natahi. ¿Crees que podrás repetirlo?

-Lo dudo.

Definitivamente, Hinata estaba nerviosa. Y definitivamente sexy. A Naruto le encantaba cómo hacía el amor aquella jovencita, con todo su corazón y todas las partes de su cuerpo.

Su culo se meneó. Naruto recordaba las sensaciones que le había producido aquel meneo, vaya que sí.

La bola venía rápida, pero esta vez Naruto estaba preparado... Si no fuera porque la bola cayó inesperadamente en el último instante y el bate de Naruto golpeó el aire.

-¡Excelente, tía Hinata!

-Gracias, Sumire.

Naruto no se lo podía creer.

-Buen intento -gruñó Konohamaru detrás de él.

Hinata se tocó la parte interior de un pecho con el dedo índice. La punta de su lengua lamió su hinchado labio inferior. ¡Dios santo, si le estaba poniendo cachondo! En cuanto terminara el partido, volvería a arrastrarla hacia el bosque, con familia o sin, y allí le enseñaría un juego de verdad.

Hinata levantó el brazo, y justo en el momento de lanzar la bola, miró la entrepierna de Naruto, que dio instintivamente un paso atrás para protegerse. En consecuencia, tocó la bola de refilón y ésta salió disparada con muy poca fuerza hacia el montículo. Naruto echó a correr, Hinata lanzó la bola a la primera base, y Ami la atrapó al vuelo en lo que pareció una pirueta de El lago de los cisnes.

Naruto estaba eliminado. ¡Eliminado! Su mirada se desplazó de la bailarina a la conejita sin comprender qué había pasado. La mirada de Hinata se desplazó de su cara a su entrepierna. Y se rió diabólicamente.

-¿No te había comentado que fui durante nueve años a campamentos de verano?

—Creo que sí que lo comentaste.

Naruto no podía imaginar ningún campamento de verano donde enseñaran aquel truco en concreto. La reina de las travesuras se lo había sacado de la manga.

Al finalizar la primera entrada, Hinata le había hecho a Mitsuki un lanzamiento fácil, más fácil aún a Konohamaru, y había eliminado al mayor de los hermanos O'Brian, y también a su padre.

Deportistas: 0

Los últimos elegidos en clase de gimnasia: 2

Hinata pasó lentamente por delante de Naruto mientras su equipo saltaba al campo.

-Bonito día.

-Creía que habías dicho que no se te daba bien el deporte.

-Dije que no me gusta el deporte, guapetón-replicó dándole un golpecito en el pecho.- Hay una pequeña diferencia.

Naruto no podía dejar que se la colara tan fácilmente, y respondió con sarcasmo.

-La próxima vez que me mires la bragueta, guapetona, procura estar de espaldas. Hinata se rió y corrió a reunirse con su equipo.

Kushina era la primera bateadora. Iba toda vestida de Gucci con colores coordinados con los diamantes centelleantes de sus anillos y pulseras. Se quitó las sandalias de leopardo y las gafas de sol y agarró el bate. Practicó un par de golpes y se colocó en el plato como si fuera suyo. En ese momento, Naruto supo que su capacidad atlética no se la debía únicamente al jinete de rodeos.

Kushina arqueó una ceja, y la luz entró en sus ojos. «Ya sé que eres mi mamá de verdad y te quiero mucho.»

Naruto no quiso pasarse y lanzó una bola blanda y suave hacia el plato. Aunque realizó un buen swing, Kushina estaba algo oxidada y no tocó la bola.

-¡Bola!

Naruto lanzó la segunda bola igual, y esta vez la enganchó de lleno. El bate chasqueó contra la pelota y, jaleada por sus compañeros de equipo, Kushina llegó a la segunda base. A Naruto lo desconcertó lo orgulloso que se sintió.

-Buen golpe -murmuró.

-Mi mejor momento ya pasó -dijo Kushina.

La siguiente en batear era la capitana Buencorazón, solemne y seria, y con la misma expresión de preocupación en la cara que Naruto había visto en el rostro de su tía.

El cabello largo y lacio con flequillo de Sumire era parecido al corte de su tía Hinata, ambas tenían la misma barbilla testaruda, el mismo sesgo de los ojos. Era una niña seria, además de acicalada.

Su camiseta de American Girl no mostraba indicio alguno de que había estado jugando con un par de caniches y comiendo pastel de chocolate. Naruto se fijó en que le sobresalía una pequeña libreta del bolsillo de detrás de su pantalón corto, y algo en su interior se derritió. Parecía más hija de Hinata que de Hanabi y Konohamaru. Si hubieran tenido una niña ¿Habría sido aquél el aspecto de su hija?

De repente, Naruto sintió un nudo en la garganta.

-No soy muy buena -susurró Sumire desde el plato.

«Oh, no, eso no...» Ya estaba perdido. La bola se le fue alta.

-Bola uno.

Sumire parecía aún más preocupada.

-Se me da mejor dibujar. Y escribir cosas. Soy bastante buena escribiendo.

-Corta el rollo, Sumire -gritó desde la segunda base el insensible cretino que tenía por padre.

Naruto siempre había considerado a Konohamaru Sarutobi como de los mejores padres que conocía, lo que demostraba equivocado que uno puede llegar a estar. Le dedicó una nada asesina y luego lanzó una pelota alta tan suave, con tan poca fuerza, que ni siquiera llegó al plato.

-Bola dos.

Sumire se mordió el labio inferior y habló en un susurro desesperado.

-Qué ganas tengo de que se acabe esto.

Naruto se derritió, igual que su lanzamiento cuando pasaba por encima del plato. Sumire golpeó la pelota con un swing picado.

Naruto corrió a por la bola, aunque no demasiado, para darle a Sumire tiempo de llegar a la primera base. Por desgracia, Mitsuki no atrapó el pase y Sumire llegó a la segunda.

Naruto oyó un coro de aplausos y vio que Kushina había llegado a la meta, dejando atrás sus pantalones Gucci.

Los últimos elegidos en clase de gimnasia: 3 Deportistas: 0

Naruto ladeó la cabeza hacia Sumire.

-No soy muy buena bateadora-dijo con su voz de niñita perdida-, pero corro muy rápido.

-Vaya por Dios -dijo Konohamaru disgustado.

Naruto estaba a punto de decir algo reconfortante cuando vio la mirada que Sumire intercambiaba con su tía: le cayó la venda de los ojos. Sólo era una simple sonrisa. Pero no era una sonrisa corriente. Ni hablar. ¡Era la sonrisa guasona de una estafadora!

Entre sobrina y tía hubo una expresión de comprensión tan perfecta que Naruto casi se atraganta. ¡Le habían estafado! ¡Sumire era una mentirosa de talla mundial, igual que Hinata!

Naruto se volvió hacia Konohamaru, que pareció pedir disculpas.

-Hanabi y yo todavía no estamos seguros de si lo planea por adelantado o le sale así.

-¡Tendrías que haberme avisado!

Konohamaru observó a su hija más pequeña con una mezcla de irritación y orgullo paternal.

-Tenías que verlo por ti mismo.

Los deportes tienen a veces la virtud de dejar las cosas claras, y justo en aquel momento todo encajó: desde el casi ahogamiento de Hinata y el incidente con la canoa hasta la impropia excursión de Mermy en aquel árbol.

Hinata le había estado embaucando desde el principio. Mitsuki salió al campo, claramente descontento con el rendimiento poco lucido de su lanzador, y lo siguiente que pensó Naruto era que él estaba en la segunda base mientras Konohamaru se dirigía al montículo.

Sumire la Estafadora intercambió una mirada burlona con Hinata, y Naruto vio por qué.

Le tocaba batear a Hanabi.

Y entonces empezó el auténtico espectáculo. Hubo más meneos de trasero, lametones de labios y apretones de pechos de los que cualquier menor de edad debería poder presenciar. Konohamaru empezó a sudar, Hanabi le arrulló, y, poco después, la propietaria de los Stars estaba encaramada a la primera base y la señorita Sumire había hecho suya la tercera.

El partido se había convertido en una masacre.

Los Deportistas finalmente lograron vencer a Los últimos elegidos en clase de gimnasia, pero sólo porque el capitán Mitsuki fue lo bastante listo como para sustituir a Konohamaru por Haru, que era inmune a los meneos de traseros y, además, nadie podía tomarle el pelo. Haru despachó rápidamente al grupo de párvulos y, educada aunque implacablemente, mandó a los ancianos a pastar. Ni siquiera ella, sin embargo, pudo evitar que su tía Hinata hiciera un home run en la última entrada.

Para ser alguien que odiaba los deportes, Hinata sabía ciertamente manejar un bate, y la manera en que recorrió las bases dejó a Naruto tan excitado que tuvo que agacharse y fingir que se daba un masaje en una pierna acalambrada para evitar una situación muy embarazosa.

Mientras se frotaba, recordó lo poblada que estaría la cama de Hinata aquella semana, con todos los niños acurrucándose a su lado. Si no había entendido mal, aquella noche le tocaba a Ami; la siguiente, a Hiro; la otra, a Sumire y la cuarta, a Haru.

Tal vez podría colarse en la casita tras la hora de acostarse y secuestrar a tía Hinata le había dicho que Ami tenía el sueño ligero.

Naruto suspiró y se volvió a colocar la gorra en la cabeza. Tenía que afrontarlo. No iba a haber fiesta aquella noche en el campamento. El poderoso Naruto había quedado eliminado.

Gracias por leer.