Si alguien le pidiese explicar las sensaciones que recorrían su cuerpo ella sólo podria entornar los ojos, morder su labio inferior y gemir el nombre de su pareja, puesto que por todos lados sentía a Adrien.
Lo notaba físicamente detrás de ella mientras embestía su interior con fuerza, así como también lo notaba -sin estarlo- de frente gracias al espejo que le devolvía su imagen. De más estaba decir que lo sentía por dentro en cada penetración o cada vez que él le mordía los hombros llenos de pecas mientras tomaba con fuerza su trasero o cuando pasaba sus manos por los muslos hasta llegar a su centro para poder tocar con la libertad, que la postura permitía, su clítoris.
Tampoco podía negar que le encantaba, estar pendiente de la cara de satisfacción que sus movimientos ocasionaban en Adrien era un extra a su propio placer.
Escuchar sus ligeros gemidos junto con la suave voz susurrándole al oído lo mucho que adoraba tenerla de piernas abiertas y con su miembro en su interior o lo desesperada que se veía al tomarlo todo dentro de ella sin poner queja alguna evitando que salga porque lo quiere todo para ella en palabras del rubio.
Amaba su relación con Adrien, lo amaba a él y amaba la manera tan armoniosa en la que se complementaban. A veces solo querían acariciarse un poco para sentir el calor humano, otras veces necesitaban hacer el amor lentamente para recordar lo mucho que se querían, lo mucho que habían luchado para por fin estar juntos. Y algunas veces necesitaban adrenalina, hacerlo duro para despejar su mente y liberar el estrés que el día a día les daba.
No importaba, porque ellos sabían que dentro de todas sus acciones había amor verdadero, así que de momento solo se dedicaría a disfrutar la dureza del chico dentro de ella, sus manos, su cuerpo y su voz.
Además, esto era solo el inicio...
