Una Gran Historia de Amor
LIMERENCIA
Natahi estaba de muy mal humor. Un mal humor que la acompañó mientras estuvo preparando sus galletas preferidas, de harina de avena y fresas, y siguió a su lado durante toda su conversación con Murphy el Ratón, que se había mudado al bosque pocas semanas antes. Ni siquiera el montón de nuevas monedas brillantes que tintineaban en su mochila rosa la hacían sentir mejor. Quería correr a casa de Melissa para animarse, pero Melissa estaba planeando un viaje a París con su nuevo amigo, Leo la Rana Mugidora.
Si Natahi estaba de tan mal humor era porque echaba de menos a Kyūbi. A veces la hacía enfadar, pero aun así era su mejor amigo. Sólo que ella ya no era su mejor amiga. Natahi amaba a Kyūbi, pero Kyūbi no la amaba a ella.
Lloriqueó y se secó las lágrimas con la correa de su guitarra eléctrica. Kyūbi empezaba aquel día en la escuela nueva, y se divertiría tanto que ni siquiera se acordaría de ella. Se distraería pensando en touchdowns y en todas las conejitas que se asomarían a la valla, vestidas con esos tops que les dejaban los hombros al descubierto e intentarían tentarle con frases de otros idiomas, labios carnosos y pechos voluminosos.
Conejitas que no le comprendían como ella, que quedaban deslumbradas por su fama y su dinero y sus ojos azules, y no sabían sin embargo que le gustaban los gatos, que a veces necesitaba entretenimiento, que no detestaba a los caniches tanto como creía, y que le encantaba dormir acurrucado a su lado con la mano...
Hinata arrancó la hoja de papel de su cuaderno amarillo. Se suponía que tenía que ser Natahi está de mal humor, no Natahi interpreta un culebrón. Miró hacia el prado de Bobolink y se preguntó por qué algunas partes de su vida eran tan alegres y otras tan tristes.
La sudadera que había extendido sobre la hierba se había arrugado con el peso de sus piernas desnudas. Era de Naruto. Mientras la alisaba, intentó concentrarse en las partes alegres de su vida.
Gracias a su nuevo contrato, gozaba de tranquilidad económica por primera vez desde que se había desprendido de su dinero, y tenía un torrente de ideas para nuevos libros. No había en el campamento ni una habitación libre, y cuanta más responsabilidad les daba a Ino y a Sai, mejor hacían su trabajo.
Ambos sentían aquel lugar como propio, y le habían pedido a Hinata que considerara la posibilidad de convertir el desván en un apartamento donde pudieran vivir todo el año. Querían mantener la casa de huéspedes abierta todo el invierno para los entusiastas del esquí de fondo y
de las motonieves , así como para gente de ciudad a la que simplemente le apeteciera disfrutar del invierno en el campo. Hinata había decidido permitírselo. Cuando Naruto había estado buscando a alguien que se encargara del campamento a jornada completa, había pasado por alto lo evidente.
Hinata detestaba lo mucho que le echaba de menos. Probablemente, él ni siquiera pensaba en ella. Eso que se perdía. Ella le había ofrecido su posesión más valiosa y, en vez de asirla con fuerza, la había rechazado.
Cogió su cuaderno. Si no podía trabajar en Natahi está de malhumor, al menos podía hacer una lista de provisiones para que Sai fuera al pueblo a comprarlas. Ino estaba preparando su nueva especialidad para el té: pastelitos viciosos, que eran pastelitos de chocolate adornados con coco verde glaseado y gusanos de gominola.
Hinata iba a echar de menos la ayuda que Kushina le prestaba con los huéspedes, aun que no tanto como su compañía. Su humor mejoró un poco al pensar en lo felices que eran Kushina y Leo la Rana Mugidora.
Hinata oyó un movimiento a sus espaldas y dejó a un lado su cuaderno. Alguno de los huéspedes había encontrado su escondrijo. En lo que llevaba de mañana había hecho reservas para el restaurante, había dibujado mapas para llegar a tiendas de antigüedades y campos de golf, había desatascado un inodoro, había sujetado con cinta adhesiva una ventana rota y había ayudado a los niños mayores a organizar una busca de aves carroñeras.
Cediendo ante lo inevitable, se volvió... y vio a Naruto cruzando la valla de la parte inferior del prado.
Hinata se olvidó de respirar. La montura de sus Revo plateadas destellaba, y la brisa despeinaba sus cabellos. Llevaba unos pantalones caquis anchos y una camiseta azul celeste. Hasta que no lo tuvo más cerca no vio que llevaba un dibujo de Natahi impreso en la camiseta.
Naruto se detuvo frente a ella y se quedó allí de pie, mirándola. Hinata estaba sentada en el prado con las piernas cruzadas; el sol brillaba sobre sus hombros desnudos y un par de mariposas amarillas revoloteaban alrededor de su cabeza como si llevara lacitos en el pelo.
Hinata encarnaba todos los sueños que Naruto había perdido esa madrugada, sueños acerca de todo lo que hasta aquel momento no había comprendido que necesitaba. Ella era su compañera de juegos, su confidente, la amante que hacía palpitar su corazón. Era la madre de sus hijos y su compañía para la vejez. Era la alegría de su corazón.
Y le estaba mirando como a una mofeta que se hubiera aventurado a salir del bosque.
-¿Qué quieres?
¿Qué había pasado con el «bésame, tonto»? De acuerdooo... Naruto se quitó las gafas de sol y probó suerte con su consabida sonrisa de playboy.
-¿Qué? ¿Cómo va todo?
¿Lo había dicho realmente? ¿Había dicho realmente «como va todo»? Se merecía todo lo que le iba a arrojar encima.
-No podría ir mejor. Bonita camiseta. Y ahora, lárgate de mi propiedad.
Se había acabado la mujer que le había deseado lo mejor la última vez que habían estado juntos.
-Yo, mmm... Me han dicho que tal vez vendas el campamento.
-Cuando tenga tiempo para hacerlo.
-Tal vez te lo vuelva a comprar.
-Tal vez no -dijo Hinata poniéndose en pie. Se le habían quedado pegadas algunas briznas de hierba en la parte exterior de una de esas piernas que a Naruto tanto le gustaban-. ¿Por qué no estás en el stage de pretemporada?
-¿Stage de pretemporada? -dijo guardándose las gafas de sol en el bolsillo.
-Se supone que los veteranos tienen que presentarse esta mañana.
-Maldita sea, en ese caso voy a tener problemas.
-¿Te ha enviado Hanabi?
-No exactamente.
-Entonces, ¿qué pasa?
-Quería hablar contigo, eso es todo. Decirte algunas cosas.
-Se supone que deberías estar en el stage de pretemporada.
-Eso ya lo has dicho.
-Una sola llamada y habré averiguado por qué no estás allí.
Naruto todavía no quería hablarle de eso, así que se metió las manos en los bolsillos y dijo:
-Antes, sería conveniente que escuchases lo que quiero decirte.
-Déjame tu teléfono móvil.
-Está en el coche.
Hinata cogió una sudadera que a Naruto le pareció recordar que era suya y se dirigió hacia la valla del extremo del prado.
-Llamaré desde la casa.
-Estoy ausente sin permiso, ¿de acuerdo? ¡Me van a traspasar! Hinata se volvió de golpe.
-¿Traspasar? ¡No pueden hacer eso!
-Están locos, y pueden hacer todo lo que les plazca.
-No sin echar a perder la temporada. -Hinata se anudó la sudadera a la cintura y, con paso firme, se plantó ante él-. Dime exactamente qué ha ocurrido. Palabra por palabra.
-No quiero -dijo Naruto con un nudo en la garganta. Y consciente de la torpeza de su lengua, añadió-: Antes quiero decirte lo guapa que estás.
Hinata le miró con suspicacia.
-Estoy exactamente igual que la última vez que me viste, excepto que se me ha quemado la nariz por el sol.
-Eres hermosa. -Naruto se acercó a ella-. Y quiero casarme contigo. De verdad. Para siempre.
Hinata pestañeó.
-¿Por qué?
Las cosas no estaban yendo como él había planeado. Quería tocarla, pero al verla fruncir el ceño con tanto énfasis se lo pensó dos veces.
-Porque te amo. En serio. Más de lo que jamás habría podido imaginar.
Un silencio perfecto.
-Hinata, escúchame. Siento lo ocurrido, siento haber tardado tanto en darme cuenta de lo que quiero, pero mientras estaba contigo me lo pasaba demasiado bien como para pensar. Cuando te marchaste, sin embargo, las cosas no fueron tan bien, y vi que todo lo que habías dicho sobre mí era cierto. Tenía miedo. Dejé que el fútbol se convirtiera en toda mi vida. Era la única cosa de la que estaba seguro, y por eso este año estaba tan desasosegado. Notaba un vacío en mi interior que intentaba llenar, pero seguía equivocándome. Aunque te aseguro que ya no siento ese vacío, porque estoy contigo.
El corazón de Hinata latía con tanta fuerza que temió que él pudiera oírlo. ¿Hablaba en serio? Su aspecto así lo indicaba, parecía preocupado, molesto, más serio de lo que le había visto nunca. Y si hablaba realmente en serio, ¿qué?
Como niña víctima de abusos emocionales, tenía un gran instinto de supervivencia, y no pensaba dejar de guiarse por él.
-Háblame de lo del traspaso.
-No quiero hablar de eso ahora. Hablemos de nosotros. De nuestro futuro.
-No puedo hablar del futuro a menos que comprenda el presente.
Naruto debería haber sabido que no iba a ceder en su empeño, pero aun así intentó despistarla.
-Te he echado tanto de menos. Sin ti, dejé de ser feliz.
Era todo lo que Hinata quería oír. Y aun así...
-Lo único que tengo que hacer es llamarla. Naruto caminó hacia la valla.
-De acuerdo, lo haremos a tu manera -dijo agarrándose a la baranda con una mano-. Quise arreglar las cosas con ellos de una vez por todas, así que fui a su casa. Konohamaru no estaba, pero hablé con Hanabi. Le dije que te amaba y que te iba a pedir que te casaras conmigo de verdad. Le dije que quería su bendición.
Hinata necesitaba algo donde sujetarse, pero no había nada cerca, así que se dejó caer sobre la hierba, se llevó las rodillas al pecho y se concentró en respirar.
Naruto la miró.
-Podrías alegrarte un poco.
-Cuéntame el resto.
-A Hanabi no le gustó -dijo apartándose de la valla-. A decir verdad, se mostró muy disgustada. Me acusó de utilizarte como póliza de seguros para mi retirada.
-No lo comprendo.
-Todo el mundo sabe que quiero acabar de entrenador, y he hablado con Konohamaru sobre su trabajo en el despacho principal.
Y entonces Hinata lo comprendió.
-Te dijo que me estabas utilizando para garantizarte un futuro con los Stars, ¿es eso? Naruto estalló.
-¡No necesito ninguna garantía! ¡Hace tiempo que vengo demostrando lo que valgo! No hay ningún jugador en la liga que sepa tanto de fútbol como yo, pero Hanabi me miró como si fuera un parásito y un don nadie. Hinata, comprendo que quieras a tu hermana, pero el fútbol es un deporte en el que lo importante es ganar, y tengo que decirte que en estos momentos le he perdido todo el respeto.
Las piernas de Hinata habían recuperado la fuerza suficiente como para incorporarse.
-Hay algo más, ¿no?
La expresión de Naruto era una mezcla de ira y confusión, como si no pudiera alcanzar a comprender cómo una vida hecha de oro había podido deslustrarse.
-Me dijo que te podía tener a ti o a los Stars, pero no ambas cosas. Me dijo que si volvía a verte, mi carrera con el equipo se había terminado. Si seguía lejos de ti, conservaría mi trabajo.
Hinata sintió que algo cálido se abría en su corazón.
-¿Y la creíste?
-¡Pues por supuesto que la creí! ¡Y ella se lo pierde! No necesito a los Stars. Ni siquiera quiero seguir jugando con ellos.
Su tierna y entrometida hermana...
-Te estaba tomando el pelo, Naruto. Todo esto es una tomadura de pelo.
-¿Qué quieres decir?
-Quiere que yo tenga una Gran Historia de Amor como la que tuvo ella con Konohamaru.
-Le vi la cara. No era ninguna tomadura de pelo.
-Se le da muy bien.
-Esto no tiene sentido. ¿Qué quiere decir que quiere que tengas una historia de amor? Ya le dije que te amo.
-Es una romántica. Tanto como yo. Una historia de amor corriente no le basta. Quiere que yo tenga algo que pueda recordar toda la vida, algo que pueda sacar y examinar si te olvidas de enviar flores en nuestro aniversario o te enfureces porque he abollado el coche.
-Seguro que tú entiendes de qué estás hablando, pero yo no tengo ni idea.
-Si fueras mujer, lo entenderías.
-Pues perdóname por tener un...
-Las palabras son maravillosas, pero de vez en cuando algunas pocas mujeres tienen la suerte de tener algo más, algo inolvidable. -Aquello era algo tan básico para ella que tenía que hacérselo comprender-. ¿No lo ves? ¡Konohamaru le salvó la vida! Estaba dispuesto a dejarlo todo por ella. Y por eso Hanabi siempre sabe que ella es lo primero, por delante del fútbol, de su ambición, de todo. Y quería que yo tuviera lo mismo contigo, por eso te convenció de que tenías que elegir.
-¿Se supone que tengo que creerme que puso en peligro a todo el equipo sólo para obligarme a realizar algún tipo de gran gesto romántico? -Naruto estaba empezando a gritar-. ¿Se supone que tengo que creerme eso?
¡Naruto la amaba! Lo pudo ver en sus ojos, lo oyó en su frustración. Estaba dispuesto a dejar el equipo por ella, y su corazón cantó de alegría. Pero el sonido quedó ahogado casi por completo por otro ruido, un ruido tan inesperado como inevitable.
El estruendo de una alarma de incendios.
Hinata intentó no hacer caso. Incluso sabiendo que la carrera de Naruto con los Stars estaba tan segura como siempre, él no lo sabía y la realidad era que estaba dispuesto a hacer ese sacrificio.
Sí, definitivamente, el corazón de Hinata cantaba. Sí, aquél era un momento que podría pasarse toda la vida rememorando. Un momento perfecto.
Excepto por la alarma de incendios. Hinata no quiso escucharla.
-Pareces un poco enfadado.
-¿Enfadado? Qué va, ¿por qué iba a estarlo?
-Porque creías que Hanabi te había echado de los Stars.
-Olvidas que los Stars ya no me importan. ¡Olvidas que quiero jugar con un equipo cuyo propietario comprenda que el objetivo del juego es ganar, y no arriesgar millones de dólares para que su mejor quarterback pueda jugar a Sir Galahad!
El estruendo de la alarma de incendios iba en aumento.
-En tal caso, no has hecho ningún sacrificio.
Naruto era un campeón, así que podía ver llegar el bombardeo a una milla de distancia, y su expresión se volvió cauta.
-¿Eso es importante para ti? ¿La cosa esta del gesto romántico?
Clang... clang... clang...
-Tengo que ir a preparar el té.
-¿No he hecho lo suficiente? ¿Quieres algo más?
-En absoluto.
Tras soltar una blasfemia, Naruto la rodeó con los brazos y empezó a llevarla hacia el bosque.
-¿Qué te parece esto como gesto romántico?
Hinata cruzó los brazos sobre su pecho y luego cruzó los tobillos; era el retrato perfecto de la petulancia, pero sintió asco.
-Si implica cuerpos desnudos, es sexo, no amor.
Por desgracia, él la tumbó en el suelo en vez de besarla hasta ahogar el sonido de mil alarmas de incendios.
-¿Crees que no conozco la diferencia entre sexo y amor? ¿Crees que, como soy un hombre, soy obtuso?
La Gran Historia de Amor de Hinata estaba entrando en barrena por culpa de una alarma de incendios cuyo sonido era ya tan estridente que Hinata estuvo a punto de taparse los oídos.
-Supongo que sólo tú puedes responder a esa pregunta.
-Vale, pues te diré lo que haré. -Naruto respiró profundamente y la miró directamente a los ojos-. Ganaré la Super Bowl para ti.
Hinata vio que lo decía en serio, y sintió en su interior un estallido de felicidad... que el sonido de la alarma interrumpió. Justo en aquel momento, comprendió que se enfrentaba a la cuestión fundamental de su vida, una pregunta que tenía sus raíces en el corazón de una niña que abandonaron emocionalmente cuando era demasiado pequeña.
Naruto Uzumaki era lo bastante fuerte como para matar dragones, y lo bastante fuerte también como para ganar la Super Bowl para ella, pero ¿era lo bastante fuerte como para amarla incluso cuando no fuera amable? Necesitaba una respuesta que silenciara su alarma de incendios para siempre.
-Sólo estamos en julio, perdedor -se burló-. Para el domingo de la Super Bowl me habré olvidado de tu nombre.
-Eso lo dudo mucho.
-Da igual. -Hinata se rascó una picadura de mosquito, puso cara de aburrimiento y dijo lo más feo que había dicho en su vida-. Estaba equivocada. En realidad creo que después de todo no te amo.
Horrorizada, intentó cazar las palabras al vuelo, pero se paró cuando vio que Naruto no parecía molesto, sino calculador.
-Mentirosa. ¿Has oído hablar alguna vez de la gorga del río Saxeten?
-Creo que no. -¿Había perdido unos decibelios la alarma de incendios?-. Parece algo aburrido. ¿Has oído que te decía que no te amo?
-Sí. Pues eso, que está en Suiza y es un lugar peligroso el más peligroso. Pero estoy dispuesto a bajar haciendo rappel hasta el fondo y, una vez allí, grabar tus iniciales en la roca.
Sí, definitivamente el estruendo había aminorado. Hinata dio unas pataditas en la hierba.
-Conmovedor, pero Suiza está casi tan lejos como la Super Bowl. Además, una vez hayas bajado hasta el fondo, lo que piensas hacer es un grafito o algo así, ¿no?
-Hay un deporte llamado parapente. Te lanzas en paracaídas desde lo alto de una montaña...
-A menos que vayas a escribir mi nombre en el cielo durante el descenso, no hace falta que te molestes.
Los ojos de Naruto se iluminaron.
-Aunque, pensándolo mejor -añadió Hinata rápidamente-, probablemente lo escribirías mal. Y las montañas más cercanas están en la otra punta del estado, así que ¿por qué no hablamos del aquí y el ahora? Vale, tal vez sí que te amo, pero la verdad es, campeón, que todas estas bobadas de Hombre de Hierro pueden impresionar a los muchachos en el vestuario, pero no te darán bebés ni comidas caseras.
¡Bebés y comidas caseras! Una familia que sería toda suya. Y un hombre que la satisfaría hasta lo más hondo de su alma.
Y de pronto la alarma de incendios se calló para siempre.
-Entonces, tendremos que jugar duro -dijo Naruto.
Naruto la comprendía mejor que nadie más en el mundo. La comprendía tan bien que todavía no había bajado los brazos ni se había marchado furioso. Hinata escuchó el glorioso silencio que se había hecho en su interior y quería llorar de alegría sabiendo que no tendría que ganarse el amor de aquel hombre con un buen comportamiento perpetuo.
-Estaba dispuesto a dejar los Stars por ti -le recordó Naruto, con expresión sagaz-. Pero supongo que eso no basta...
-Sí que basta... -Naruto sin los Stars era algo impensable. Naruto no le quitaba la mirada de encima.
-Así que tendré que darte algo más.
-No es necesario -dijo expresándole todo su amor con una sonrisa-. Has superado la prueba.
-Demasiado tarde -dijo cogiéndola de la mano y llevándola de nuevo hacia el campamento-. Ven conmigo, cariño.
-No, de verdad, Naruto. Ya es suficiente. Era sólo que... Era eso de la alarma de incendios. Ya sé que es neurótico, pero quería asegurarme de que me amas realmente. Yo...
-¿Podrías andar un poco más deprisa? Me gustaría acabar con esto para poder empezar a trabajar en uno de esos bebés que has mencionado.
Un bebé... Y esta vez, todo iría bien. Hinata se dio cuenta de que Naruto la arrastraba hacia la playa.
-No hace falta que...
-Será mejor que cojamos una de las barcas de remos.
-No es que no me fíe de tu habilidad para llevar una canoa, pero, la verdad, tienes un historial de aúpa.
-¿Quieres salir a navegar por el lago? ¿Ahora?
-Tenemos un asunto pendiente -dijo llevándola hacia el embarcadero-. Tú todavía esperas un gran gesto romántico.
-¡No, de verdad! Ya has hecho el gesto más romántico que podías hacer. Estabas dispuesto a dejar los Stars por mí.
-Cosa que no te ha impresionado.
-Más de lo que imaginas. Nunca he estado tan impresionada.
-No podrás engañarme. -Naruto se metió en la barca que estaba amarrada al final del embarcadero, y luego ayudó a Hinata a embarcar-. Aparentemente, todavía no he alcanzado el nivel Konohamaru Sarutobi.
-Sí lo has alcanzado -dijo, mientras se sentaba-. Sólo estaba siendo... cautelosa.
-Estabas siendo neurótica.
Naruto soltó amarras y se puso a los remos.
-Eso también. ¿En serio que quieres navegar hasta aguas profundas?
-Pues sí -respondió empezando a remar.
-No hablaba en serio. Cuando te he dicho que no te amo.
-¿Crees que no lo sé? Y ya me dirás lo romántico que soy cuando lleguemos al medio del lago.
-No es por criticar, pero no puedo imaginar que puedas hacer algo demasiado romántico cuando estemos allí.
-Eso es lo que tú crees.
Hinata le quería tanto que no le costó mucho seguirle la corriente.
-Tienes razón. Ir remando hasta el medio del lago es un gesto muy romántico.
-Sé lo que es el romanticismo.
Aquel lisonjero hijo de un predicador no tenía ni idea de romanticismo, aunque sabía todo lo que hay que saber del amor. Natahi, apoyada en su pecho, se estremecía con el movimiento de sus músculos al remar.
-Me gusta tu camiseta.
-Si estás en lo cierto acerca de tu hermana, y espero que lo estés, aunque de todos modos presentaré una queja ante el comisario, mandaré que hagan una para cada uno de mis compañeros del equipo.
-Tal vez no sea una gran idea.
-Y se las pondrán -dijo sonriendo-. Haré una concesión con los defensas, sin embargo, y en sus camisetas pondré a Kyūbi. Y felicidades por haber salvado tus libros. Kushina me lo contó todo por teléfono. Siento que tuvieras que vender tu apartamento, aunque de todos modos habría resultado demasiado pequeño para los dos.
Hinata pensó en la antigua mansión victoriana a las afueras de Du Page County. Hanabi le había dicho que estaba en venta y sin duda sería lo suficientemente grande.
-Creo que ya estamos en el medio -dijo Hinata. Naruto miró atrás.
-Sólo falta un poco. ¿Te he hablado alguna vez de lo profundo que es el lago en el medio?
-No me suena.
-Muy profundo.
Aunque estaba de espaldas a él, Hinata sintió que se dibujaba en su rostro una sonrisa de oreja a oreja.
-Estoy irremediablemente enamorada de ti.
-Eso ya lo sé. Lo que está en cuestión son mis sentimientos de irremediable enamoramiento.
-Te prometo que jamás volveré a cuestionarlos.
-Habrá que asegurarse de eso.
Naruto desarboló los remos y flotaron a la deriva durante un rato. Miró a Hinata y sonrió. Ella le devolvió la sonrisa. Hinata se sintió como si tuviera el corazón en la garganta.
-Eres el hombre más tenaz que conozco, Naruto Uzumaki. No sé por qué pensé, aunque sólo fuera por un momento, que tenía que ponerte a prueba.
-De vez en cuando, te vuelves loca.
-Hanabi lo llama «incidentes». Y hoy has presenciado el último. Me he arriesgado a echar a perder lo más importante en mi vida, pero no volveré a cometer el mismo error. -Los ojos se le inundaron de lágrimas-. Has dejado a los Stars por mí.
-Y volvería a hacerlo. Aunque, francamente, espero no tener que hacerlo. Hinata se rió.
Naruto sonrió, pero enseguida se puso serio.
-Ya sé que no te gusta el fútbol del mismo modo que a mí, pero, mientras conducía hacia aquí, no dejaba de pensar en salir de la melé y mirar hacia la línea de cincuenta yardas. - Naruto le acarició la mejilla-. Y te veía allí sentada para mí.
Hinata también podía verlo.
-Se ha levantado viento -dijo Naruto-. Está refrescando.
El sol brillaba en el cielo, igual que en su corazón, y Hinata supo que ya no volvería a sentir frío en toda su vida.
-Yo estoy bien. Perfecta.
Naruto indicó con la cabeza la sudadera que todavía llevaba atada a la cintura.
-Será mejor que te la pongas.
-No me hace falta.
-Estás temblando.
-Es de la emoción.
-Nunca se es demasiado prudente.-la barca se balanceo ligeramente cuando Naruto se puso en pie; ayudó a Hinata a levantarse y, después de desatarle la sudadera de la cintura, se la puso. Le venía tan grande que le llegaba hasta las rodillas. Naruto le apartó de la cara un mechón de cabellos y se lo colocó detrás de la oreja-. ¿Tienes idea de lo preciosa que eres para mí?
-Sí, de verdad que sí.
-Bien.
Rápido como una centella, Naruto cruzó las mangas vacías por delante de Hinata como si llevara una camisa de fuerza y le ató los puños a la espalda.
-¿Se puede saber qué...?
-Te amo.
Naruto acarició sus labios con un beso, la tomó en brazos y la tiró por la borda.
Hinata estaba tan sorprendida que tragó agua, y luego tuvo que patalear furiosamente para volver a la superficie. Con los brazos aprisionados, no resultaba fácil.
-Ya estás aquí -dijo Naruto cuando emergió-. Me estaba preocupando.
-¿Qué estás haciendo?
-Espero a que estés a punto de ahogarte. -Naruto sonrió y se sentó cómodamente en el asiento-. Y entonces te salvaré la vida. Konohamaru lo hizo por Hanabi, y yo lo haré por ti.
-¡Konohamaru no intentó matarla antes! -gritó Hinata.
-Más a mi favor.
-De todas las estupi...
Hinata volvió a tragar agua, tosió, e intentó decir algo más. Por desgracia, se estaba hundiendo.
Cuando volvió a emerger, Naruto ya estaba en el agua, esperándola, con los cabellos mojados y pegados a la frente, Natahi ceñida sobre su pecho, y los ojos azules iluminados por el puro placer de estar vivo, enamorado y pasándoselo tan bien. No había ninguna mujer en el mundo que pudiera entretenerle de la forma en que lo hacía Hinata. Y ninguna mujer le amaría más.
Lo que no significaba que fuera a ceder sin combatir.
-Cuando te decidas a salvarme -señaló Hinata-, estaré excesivamente cansada para hacer otra cosa que no sea dormir.
Unos segundos más tarde la sudadera se hundió hacia el fondo del lago sin ella.
-Ha sido divertido -dijo Naruto con una sonrisa kilométrica y los ojos empañados con algo más que agua del lago.
-No delante de los niños.
A Hinata también se le empañaron los ojos mientras le quitaba la camiseta de Natahi.
Hicieron el amor a la sombra de la barca de remos, sujetándose a la regala y el uno al otro, atragantándose y jadeando, primero uno debajo del agua y luego el otro, dos temerarios que habían encontrado a su pareja perfecta. Cuando hubieron terminado, se quedaron mirándose a los ojos, sin decir nada, sintiendo una tranquila y absoluta perfección.
