Adrien amaba ponerla sobre sus rodillas. Ya sea las propias o las de ella.

Adoraba ver el trasero de su novia enfundado en el traje de Ladybug y cómo este dejaba nada a la imaginación. Se sentía en el paraíso cuando ella se arrodillaba para lamerlo, la dedicación que ponía cuando de su placer y complacencia se trataba. Adoraba sentir la atención que le ponía a cada parte del tronco de su pene, cómo jugaba con la punta, primero besando suavemente, luego introduciéndolo poco a poco en su boca hasta abarcar lo que podía introducir, y ni hablar de las veces que Ladybug lograba vencer su timidez inicial para por fin sentirse libre y arrancarle los mayores suspiros y gemidos de placer.

También amaba tenerla de rodillas para ser él quien probase su interior, cada vez que lo hacía se sentía una especie de explorador, siempre buscando por más. Más placer, más profundidad... Solo más. Además, de esa manera podía explorar el cuerpo de la chica con dedicación, puesto que no solo era su lengua la que tenía contacto con su cuerpo, también se encargaba de que sus manos explorasen el abdomen definido de la chica, sus senos e incluso jugar con su clitoris hasta hacerle desfallecer de placer y poder disfrutar del resultado del orgasmo femenino.

Pero, si le pidiesen que escogiera solo una forma, era teber sus manos sobre sus rodillas mientras ella lo montaba, la sensación que le proporcionaba verla ser dominante y dirigir por sí misma la velocidad de sus embestidas podía volverlo loco. Ver a Marinette siendo dueña de su propio deleite siendo él el motivo le volaba la cabeza, eso sin dejar de lado la vista que eso le proporcionaba.

Ella era su definición personal de ambrosía, una diosa que había caído por un simple mortal como él lo era.


Qué rápido puede uno bloquearse cuando tiene años sin escribir constantemente. :(