Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Craig Barttlet. Yo sólo escribo sin ánimo de lucro.

Hola a todos, para quienes leen y siguen el fic de Chronicles of friendship, love and poetry, sé que dije que habrían algunos capítulos bonus que explicaran los acontecimientos previos que llevaron a la pandilla al punto en el que se encuentran al iniciar la historia, pero me he dado cuenta que no lo puedo explicar en unos pocos capítulos y que realmente quiero mostrar todas las caras de la historia. Siento que Brainny, Nadine, Peapod, Lorenzo, Rex, Robert, Marcy, Mary, Sheena, Agatha, Sid, Stinky, Phoebe, Park, Patty, Harold, Rhonda... que todos merecen estar bajo el reflector y tener la oportunidad de que su historia sea contada.

Por eso decidí subirlos como una nueva historia.

A los que no han leído Chronicles, no se preocupen, no necesitan hacerlo para disfrutar de estos capítulos.

Que lo disfruten.

Puede que todos los días no sean buenos, pero hay algo bueno en todos los días.

O al menos es lo que Arnold solía decirle todo el tiempo.

Harold cerró los ojos recostado boca arriba como estaba en el césped del campo Gerald, rememoró su primer día de clase en el séptimo grado.

Oficialmente la primaria había terminado, y solía pensar que no era la gran cosa, y que las cosas seguirían igual, pero aparentemente se había equivocado.

En primer lugar, una semana antes de que iniciara el verano entre sexto y séptimo, Arnold se mudó con sus padres fuera del país… era un gran cambio no tener al rubio entre el grupo de amigos. Luego, durante el verano, despidieron a su padre y él había tenido que ayudar al señor Green en la carnicería, para apoyar a sus padres con unos dólares extra para la casa. Eso hizo que no viera a sus amigos durante los meses de vacaciones. Y luego estaba lo que pasó durante ese lunes. Había iniciado como cualquier otro lunes, muy tedioso y aburrido, desayunó en casa y tomó la bicicleta para llegar a la escuela, pasando por la casa de Sid, donde la primera cosa diferente pasó, el chico no estaba en casa, lo mismo pasó cuando fue a la casa de Stinky. Ellos iban a la escuela juntos… siempre… Aunque le dejó un mal sabor, no le tomó importancia y reanudó su camino a la escuela. El siguiente gran cambio pasó entonces, ya no tendrían al profesor Simmons como titular del grupo. No es que Harold tuviera una relación especial con su maestro, pero había sido su profesor durante tres años… se había acostumbrado, y a Harold Berman no le gustaban los cambios.

Se sentó atrás, sorprendido de que Sid y Stinky no le guardaran sitio. A su lado, Helga Pataki intentaba reparar algo que brillaba en su pupitre pero que no podía ver porque lo cubría con su cuerpo.

-¿Necesitas ayuda Helga?- le preguntó el chico, dándose cuenta que era la primera vez que hablaba en todo el día desde que dejó su casa, al frente del salón, el profesor se presentaba escribiendo su nombre en la pizarra.

-¿Te parece que la necesito?- le espetó, girándose a verlo y cubriendo su mesa, donde reposaba el objeto. Harold la miró sorprendido, tenía círculos negros bajo los ojos, sus córneas estaban inyectadas en sangre y su piel se veía de un extraño color cenizo… Parecía enferma, de algo contagioso. Harold se lamentó estar sentado junto a ella y no con sus habituales amigos. Además, aquello era algo más para sumar a la lista de las cosas que eran diferentes, la chica no usaba más su vestido rosa distintivo. Ahora vestía pantalones de mezclilla como tres tallas más grandes y los aseguraba con un cinturón de tela, una camisa de franela igual de grande a cuadros rosas y rojos, y tenía puesta la gorra azul que Arnold le había regalado, debajo de la que había metido todo su cabello, dejando sólo algunos mechones asomándose.

-Sólo quería ser amable- refunfuñó por la respuesta de la rubia, pero la chica ya no le hacía caso, había regresado su atención al objeto que tenía entre sus manos. Suspirando, se mentalizó para soportar las cuatro horas de clases que tendrían por delante antes de la hora del almuerzo, que ya esperaba con ansías para poder hablar con sus amigos sobre lo que pasó en la mañana.

Y en la hora del almuerzo, las cosas sólo empeoraron.

Con su bandeja en las manos, Harold empezó a buscar en el comedor a sus amigos, sorprendido de ubicarlos en la mesa de Rhonda, Nadine, Peapod, Gerald, Lorenzo y Lila. Era raro ver a Gerald sin Phoebe, pero con ver alrededor entendió por qué… La oriental estaba sentada con Helga en la mesa del fondo… Sin darle más importancia, se dirigió a la mesa en la que estaban Sid y Stinky.

-¡Hey, Harold!- lo saludó el de gorra verde, señalando el lugar junto a él para que el chico se sentara –Teníamos mucho tiempo sin verte- antes de que Harold pudiera responder, Rhonda los interrumpió, retomando la conversación que sostenían en la mesa antes de que él llegara.

-Entonces… ni creas que te salvarás de responder Lila, ¿Quién fue tu primer beso?- arrebolada, la pelirroja tomó una trenza entre sus dedos, Harold miró a la pelinegra que había hecho la pregunta desconcertado, ¿Qué clase de tema era ese?

-Oh, vamos Lila. Yo ya respondí- le dijo Gerald.

-Todos sabíamos la respuesta que darías, antes de que la dieras, Gerald- rodando los ojos, Rhonda lo miró como si hubiera dicho alguna tontería. Harold miraba de uno a otro, sintiéndose fuera de lugar.

-Sólo intentaba animarla a responder, Rhonda- con el ceño fruncido, el moreno le regresó la diatriba dialéctica de la chica.

-Fue Arnie- una voz suave se hizo escuchar en la mesa, deteniendo la pelea que estaban por tener los dos pelinegros –El primo de Arnold- añadió Lila, cuando se dio cuenta que más de uno en la mesa la miraba confundido.

-Wow, eso no lo vi venir- afirmó Sid –El mío fue Marcy, durante el verano… en el cumpleaños de Park, jugamos botella y bueno...- dejó la oración en el aire, encogiéndose de hombros, Harold lo miró alucinado, ¿Sid había tenido su primer beso y no se lo contó? Los demás presentes rieron, como si el chico hubiera contado algo muy gracioso, todos menos Harold, que estaba perdido en la conversación.

-Ese juego ha cobrado más primeros besos que Peapod- comentó entre risas Lorenzo.

-Es tu turno Nadine- dijo muy segura Rhonda, haciendo que su amiga rubia se atragantara un poco a mitad de una risa y empezara a toser. Peapod se puso rojo hasta las orejas –Déjenme adivinar- Rhonda sonrió de lado -¿Ha sido Peapod?- la rubia asintió, los de la mesa hicieron una exclamación de incredulidad.

-¿Y tú Stinky? ¿Ya has dado tu primer beso?- preguntó Gerald, con una entretenida sonrisa.

-En quinto grado, durante el viaje que hicimos a San Lorenzo, una chica de la gente de ojos verdes me besó- el chico campirano sonreía orgulloso de su pequeña hazaña -¿Qué hay de ti, Lorenzo?- preguntó Stinky.

-Esa es fácil… fui yo… y él fue mi primer beso también- Harold miró a Rhonda con la boca abierta cuando la escuchó decir aquello, sin saber por qué, oírla le había quitado el apetito. La pelinegra miró al chico recién llegado –Eres el único que falta de decirnos quién fue su primer beso Harold- la heredera de los Lloyd se cruzó de brazos esperando la respuesta del chico de gorra azul.

-Apuesto a que fue Patty- dijo riendo Sid –aunque nunca nos has contado nada- agregó, refiriéndose a él y a Stinky. El nombre de la castaña en la conversación incrementó el nudo en el estómago que estaba sintiendo.

-No he besado nunca- con el ceño fruncido, Harold contempló el cambio en las expresiones de sus amigos y compañeros. "¿Qué pasaba?" se preguntaba, antes del verano, que él recordara, las chicas eran asquerosas para Sid y Stinky, tanto como para él.

-Debes estar jugando- dijo con incredulidad Peapod.

-Hablo en serio- repitió, y no pudo creer que los demás se echaran a reír. Se reían de él.

-Viejo, eres mayor que nosotros- exclamó Gerald y Harold no pudo soportarlo más. Había salido de la cafetería y pasó el resto del día evitando ver o hablar con cualquiera de los que estuvieron en esa mesa. Para cuando el primer día de clases terminó, todos en el salón sabían que él no había besado y se burlaban de él por eso.

Al salir de la escuela fue en bici directo al campo Gerald, justo donde se encontraba en esos momentos. Deseando que la tierra se abriera y lo tragara para no tener que volver a la escuela.

-¿Harold?- una voz femenina lo sacó de sus pensamientos. Al girarse, se encontró con Patty Smith viéndolo preocupada.

-Patty- la chica había crecido unos centímetros y llevaba su cabello castaño con un listón negro como diadema.

-¿Estás bien?- iba camino a su casa, cuando lo vio. No sabía qué era, con exactitud, lo que la obligó a detenerse en el campo Gerald, quizás la postura del chico, quizás los ojos cerrados con fuerza o quizás eran los rumores que escuchó al salir de la escuela y que se imaginaba eran la razón de la turbulenta aura del chico.

-No. No estoy bien- la castaña siempre le había inspirado confianza a Harold, para contarle cualquier cosa –Todo está cambiando muy rápido- el chico se sentó. Estar en ese lugar le ayudaba a pensar, los recuerdos que tenía con la pandilla en ese sitio, no tenían precio –Todos son diferentes- afirmó decaído.

-Harold, sólo estamos creciendo. Los cambios son inevitables- Patty se sentó junto a él, dejando su bicicleta en el pasto –Pero no tienen que ser malos. Tarde o temprano nos acostumbramos a las cosas nuevas- sonriéndole, la chica puso su mano sobre la del chico, sonrojándolo –¿Qué es lo que realmente te está molestando?- le preguntó directamente, sin más rodeos. Harold la miró alucinado, no se esperaba que la intuición de la castaña fuera tan buena.

-Es que…- de sólo pensar en decirle lo que pasaba por su mente, se le formaba un nudo en el estómago -… hasta antes de que iniciara el verano, Sid y Stinky me molestaban porque pensaban que tú y yo ya nos habíamos besado- Patty abrió la boca con sorpresa ante esa declaración –y ahora no paran de molestarme porque no nos hemos besado- frustrado Harold se talló el rostro con ambas manos, soltándose del agarre que mantenía la castaña, haciéndole sentir frío ahí donde antes su piel sostenía contacto con la tibia mano del chico -¿Por qué se han vuelto las cosas tan confusas? En casa, mis padres pelean por todo, cuando mi papá quedó sin trabajo era porque no tenía trabajo y ahora que consiguió uno, las peleas son porque mi mamá dice que no nos alcanza el dinero- la castaña le miró sorprendida, no creyó que él le contaría algo así, de personal –y creí que por lo menos tendría un poco de normalidad con la pandilla, pero no fue así- terminó de lamentarse, se giró a ver al rostro a Patty, tenía una mirada extraña, era como la que su mamá le daba cuando estaba enfermo… Pero que él supiera, estaba muy sano.

-Lamento escuchar eso Harold- suspiró la compañía del chico, mirando al cielo que empezaba a teñirse de anaranjados y rosados con el inicio del atardecer –Creo que deberías concentrarte en las cosas que sí puedes cambiar- razonó Patty.

-¿Te refieres a buscar a quién besar para que me dejen en paz?- se rascó la cabeza, tener catorce años era más difícil de lo que creyó.

-En realidad, pensaba en que podías concentrarte en buscar una forma de ayudar a tus padres con los gastos… ya sabes, intentar consumir menos agua y luz, dejar de pedir golosinas, empezar a ayudar a tu mamá con las tareas de la casa… esas cosas- Harold la vio sonrojarse –El momento de tu primer beso ya llegará… te lo aseguro- terminando de hablar, se acomodó un mechón de cabello tras la oreja y cruzó miradas con el chico, que la veía tan fijamente, y con un singular brillo en los ojos, que la puso muy nerviosa. Se puso de pie –Tengo que llegar a casa- habló de carrerilla.

-Te acompaño- se ofreció Harold, emocionado con la idea de seguir hablando con su amiga, a quien no veía mucho en la escuela por estar en diferentes grados.

-No hace falta, nos vemos después- le dijo con la bicicleta en las manos, y subiéndose a ella, se despidió agitando su mano. Harold se quedó de pie en el campo Gerald viéndola alejarse, con un mal sabor al no poderla acompañar.

¿Qué cosa rara sentía en el estómago?...

Se encogió de hombros, por lo menos, hablar con su amiga lo había ayudado a ver las cosas en perspectiva... seguramente al día siguiente ya se habrían olvidado del tonto rumor.

De esa conversación con Patty, había pasado una semana. Una larga, tediosa y molesta semana. Nadie había olvidado el tonto rumor. Nadie había perdido interés en molestarlo. Y lo peor de todo era que el nuevo profesor había armado parejas para un proyecto de Biología, y le había puesto con Rhonda Wellington Lloyd… aún no les decía lo peor… Lo peor era el tema del proyecto, "Las diferentes enfermedades de transmisión sexual y su sintomatología"… ¿Mencionó que tenían que exponer el proyecto frente a toda la clase?, porque esa era la cereza del pastel.

Suspiró, bandeja de comida en mano, además de esa tontería de Biología, tenía que sumar a su lista de motivos por los que la semana pasada había sido larga, tediosa y molesta…

Ahora Sid y Stinky se sentaban en la mesa de Rhonda. Con Lorenzo, Iggy (que se sentía demasiado cool como para asistir a clases el primer día), Peapod, Nadine, Lila, Mary (una castaña que se le pegaba como lapa al "trío dorado", como Helga bautizó al grupo de Nadine, Lila y Rhonda), Gerald… y por supuesto… Rhonda.

Y él podría darse media vuelta y sentarse en cualquier otro lugar, pero ¿Con quién se sentaría? ¿Con Eugene, Sheena, Marcy y Park? ¿O con Robert, Brainny, Joey y Billy? ¿O con Phoebe y Helga? Al pensar en el par de chicas, miró hacia la mesa. Seguía sentándose a lado de la rubia en las clases, y su aspecto del primer día sólo había empeorado. Quizás en realidad estaba enferma. Eso descartaba esa mesa, y nunca se sentaría en las otras… suspiró una vez más… Se armó de valor para llegar al sitio que había ocupado en la cafetería los últimos ocho días, dándose cuenta mientras se acercaba que las chicas no estaban en la mesa, "Perfecto" pensó aliviado Harold, mientras tomaba su lugar junto a Sid.

-Viejo, no sabía que era biológicamente posible llegar a los 14 sin besar a ninguna chica… o chico- comentó Iggy, dirigiéndose al recién llegado -¿Cómo es que no se te han caído los labios?- preguntó, pareciendo genuinamente interesado en la respuesta que Harold le pudiera dar. Los demás rieron, el de gorra azul sólo giró los ojos… A veces se cuestionaba si así se veía él cuando molestaba a otros…

-Déjenlo en paz- pidió Gerald, sin resultado alguno.

-¿De verdad es tan difícil encontrar a una chica que quiera besarte?- le preguntó Sid riendo –Así acabarías con todo esto, si tanto te molesta- se encogió de hombros, sin darse cuenta la reacción que provocaba en Harold su comentario.

-¿Quién querría?- preguntó Stinky, inocentemente –Yo no besaría a Harold- el de gorra azul no tuvo suficiente tiempo para agradecer a Dios que Stinky no quisiera besarlo.

Intentó bloquear su conversación, que ahora giraba en torno a las chicas que nunca besarían, escuchando solamente a Gerald decirles que jamás besaría a Helga G. Pataki.

Fue en ese momento que las puertas de la cafetería se abrieron de par en par y por ellas entró el Trío Dorado, con uniformes de porristas que las favorecía bastante. Stinky y los demás, excepto el moreno, comenzaron a comentar sobre Lila… sobre lo hermosa que se veía en esa minifalda, en aquel crop top y con el cabello en una coleta. Pero Harold no pudo despegar sus ojos de la figura de Rhonda, tenía una diminuta cintura, piernas delgadas y estilizadas, el cuello de un cisne y la elegancia que siempre le acompañaba a donde fuera.

Harold comenzó a sentirse muy extraño, el nudo en el estómago volvió, ahora además, sus manos le hormigueaban y sudaban. Mientras más se acercaba Rhonda a la mesa, más quería Harold salir corriendo de ahí. Se sentía anclado a su sitio, sin poder moverse. Las tres chicas, con Mary tras ellas, llegaron finalmente a la mesa. .

-¡Estamos en el equipo de porristas!- dijo alegremente la pelirroja.

-Eso es estupendo, qué gusto por las tres- las felicitó Lorenzo.

-¿Te gusta cómo me veo en mi nuevo uniforme, Lorenzo?- preguntó Rhonda, haciendo que el de gorra azul se levantara abruptamente, sintiendo que no podría permanecer en la mesa escuchando cómo Rhonda pedía cumplidos para su insanamente corto uniforme de porrista.

Salió corriendo del lugar.

En esa carrera, no se fijó a dónde se dirigía, o más concretamente, hacia quién…

Terminó estrellándose con Helga y bañándola de yahoo soda.

-¡Criminal, chico rosa! ¿¡Has visto cómo me dejaste!?- Phoebe miraba la escena alarmada, su amiga rubia estaba más irascible que de costumbre -¡Voy a molerte a golpes!- Harold seguía en el piso, en medio de la cafetería, cuando la vio acercarse y entonces retrocedió.

-¡No te me acerques! ¡Tú me contagiaste!- le gritó, sin recordar el lugar en el que estaban. Sin poder tener un solo pensamiento claro, en su mente, todo estaba revuelto -¡Por tu culpa tengo esta enfermedad!- parándose, siguió su camino corriendo. El comedor sumido en un mortuorio silencio. Helga y Phoebe se miraron confundidas ¿Qué había pasado?

-¡Harold y Helga se besaron y ella le contagió algo!- gritó una voz anónima en la habitación, pero pareció suficiente para encender el hervidero de comentarios sobre lo que acababa de pasar.

La última clase de ese día era precisamente Biología, el profesor Clarkson les explicaba lo que era una enfermedad de transmisión sexual para que sus estudiantes pudieran realizar su investigación, pero no podía continuar con todos los murmullos que se alzaban en el aula, los cuchicheos y risitas ya lo tenían harto.

-¿Se puede saber qué les parece tan entretenido Señorita Lloyd?- preguntó entonces el profesor, sintiéndose rendido ante el bullicio que ya se salía de control en su clase, haciendo silencio entre los pupitres, parecían esperar ansiosos la respuesta de la pelinegra, que agitó su cabello y compuso una sonrisa ladina en su rostro.

-Sólo me estaba preguntando si una ETS puede transmitirse también con un simple beso-comentó fingiendo inocencia, Harold alzó su mirada de su libro de texto, donde la había clavado las últimas tres horas, añorando que el timbre de la escuela sonara de una buena vez… ¿Por qué Rhonda preguntaba algo así?

-No, Señorita Lloyd… una enfermedad de esa naturaleza sólo se transmite durante el contacto de fluidos que existe en el acto sexual- con voz monocorde, respondió a la pregunta. Por eso odiaba el temario de secundaria, por las preguntas tontas que el alumnado hacia sobre los temas relacionados con el sexo.

-Entonces… Harold y Helga practicaron el acto sexual para que ella lo haya contagiado ¿no?- razonó, rezumando inocencia la pelinegra, sin que una sola alma en el salón le creyera su actuación. La reacción del salón fue instantánea, la mayoría se unió para soltar exclamaciones de burla, grititos de sorpresa y risas malintencionadas. Harold se giró con pavor a ver a la rubia, que ya lo fulminaba con la mirada, casi bufando, por lo que se había dicho de ellos…

-¡Silencio! ¡Calma!- gritó el profesor, consiguiendo que la algarabía cediera un poco –Si ustedes dos tienen o sospechan que tienen una enfermedad, de cualquier tipo, por favor, vayan a la enfermería. Pero no distraigan a mi clase- y sin más que decir, el señor Clarkson continuó los últimos quince minutos antes de la chicharra, cuando se retiró dejando a un grupo de adolescentes agitados detrás.

-¡Criminal, Chico Rosa! ¿Ya ves lo que tu retraso mental provoca?- le espetó furiosa la rubia en cuanto salió del aula el profesor.

-Yo no hice nada- intentó excusarse el chico, pero un grupo ya se acercaba a ellos, Sid, Stinky, Iggy y Peapod.

-¡No puedo creer que te hayas estrenado con Helga Pataki! ¡Así se hace compañero!- le dijo Sid en cuanto estuvo a su lado.

-Cielos Harold, ahora eres todo un hombre. Te admiro tanto- exclamó Stinky. Helga miró a Harold con odio, mientras a ella se acercaron Phoebe y Gerald, el moreno lo miraba también con cara de pocos amigos.

-¿No hay algo que quieras aclarar?- preguntó el menor de los Johanssen, con su expresión intimidante, haciendo que Harold tragara grueso. Miró entre un grupo y otro… aquella era su oportunidad para que dejaran de molestarlo diciendo que no había besado a nadie… era demasiado bueno.

-No sé de qué hablas- los tres a su derecha pusieron expresiones similares de desconcierto y furia, Phoebe sujetó a Helga cuando intentó golpear al chico.

-Vámonos Helga, no vale la pena- le dijo, dedicando una mirada de lástima a Harold antes de llevarse a su amiga de ahí.

-Haré que te arrepientas de esto- le aseguró Gerald, murmurándolo al oído de Harold, tomó los bolsos de Helga y su novia y salió de ahí, sintiendo las ganas de romper algo palpitando en sus brazos.

-Qué aguafiestas- se quejó Iggy.

-Vamos a pasar la tarde a mi casa, ¿vienen?- les dijo Rhonda, que salía con la pelirroja y la rubia.

-Claro- afirmó Lorenzo.

-También estás invitado, Harold- añadió con coquetería, y el chico enrojeció. Sabía que estaba mal. Sabía que tenía que decir la verdad… pero… ¿a quién le estaba haciendo daño? A nadie, se respondió. Y tomando sus cosas se fue a pasar la tarde por primera vez en dos meses con sus amigos.

Veintiún días habían pasado desde aquel incidente en la clase de Biología. No había visto a Patty de nuevo, pero las cosas entre Sid, Stinky y él, volvían a la normalidad. Con la diferencia de que durante el almuerzo, se sentaban en la mesa de Rhonda. Seguía sintiéndose raro cerca de ella, pero no durante el tiempo que se sentaba con ella en la cafetería, no, era durante el tiempo que pasaba en su casa trabajando en el proyecto que tenían que presentar justamente ese día.

Helga, Phoebe y Gerald no le dirigían la palabra. Intentó explicarse con ellos más de una vez, pero nunca le daban oportunidad de hablar con ellos… luego de tres semanas, dejó de intentar.

Ayudaba en la carnicería las mañanas de los sábados y domingos. Patty había tenido razón, y poco a poco las peleas en casa fueron menguando según él empezaba a ayudar y a ahorrar. La unigénita del matrimonio Smith siempre le había dado buenos consejos, y lo escuchaba, era diferente a la amistad que tenía con los chicos o con Helga, cuando la rubia aún le hablaba. Le hubiera gustado estar junto a ella para calmarse, no podía contener su ansiedad cada que pensaba en la exposición que tendría que hacer.

Al llegar al pasillo de los casilleros, vio algo que lo dejó congelado en el mismo sitio, incapaz de seguir avanzando…

Con letras rojas, en la puerta del casillero de Helga, la palabra "Zorra" estaba pintada con trazos toscos…

¿Quién se atrevería a hacer algo así a la chica más ruda que había en séptimo grado?

Negándose a creer lo que sus ojos le mostraban, se acercó al casillero, descubriendo que se encontraba desgonzado de las bisagras y que el interior tenía la misma palabra en rojo, repetida una y otra vez. Los libros deshojados tenían marcas de corte en las pastas y un olor fétido le llegó del interior.

-¿Regodeándote en lo que tus mentiras provocaron?- la voz de alguien más lo sorprendió tanto que terminó tirando la puerta del casillero, causando un estruendo en el pasillo que atrajo las miradas de los estudiantes que pasaban. Al girarse, se sorprendió aún más al descubrir que era Gerald quien le hablaba.

-¡Casi me matas de un susto!- le reclamó, llevándose una mano al pecho.

-¿Casi?- preguntó elevando una ceja –Qué lástima- murmuró despectivamente. Harold se aclaró la garganta, y comenzó a sentirse completamente avergonzado ante el moreno. De un segundo a otro, cayó en la cuenta de lo que el chico le había dicho.

-¿Qué quieres decir con que mis mentiras provocaron esto?- el de gorra azul volvió a mirar el lamentable estado del casillero de su amiga.

-Han estado molestándola… desde que decidiste hacer mutis por el foro y dejaste que todos pensaran que se acostó contigo- Gerald miró con rabia y tristeza el sitio donde solía guardar sus cosas la rubia… ahora compartía casillero con Phoebe, e intentaban ocultarlo de todos para evitar que destruyeran también el de la oriental.

-No… no sabía- exclamó incrédulo ¿La atormentaban por ese tonto rumor? –A mí nadie me ha molestado- dijo con aprehensión en su voz.

-Porque eres un chico. Ella es una chica- y luego de decirlo, Gerald se detuvo un momento ¿Helga era una chica? Después de pensarlo por un momento, de recordar sus delicadas pestañas y sus labios rosas, decidió que sí, Helga definitivamente era una chica.

-Eso es injusto- se quejó Harold, alucinado con la idea de que Helga fuera víctima de acoso en la escuela, siendo que solía ser la matona del grupo.

-Claro que sí- y lanzándole una última mirada de odio en dirección a Harold, el moreno siguió su camino al aula de séptimo grado. Los espectadores del intercambio comenzaron a cuchichear entre ellos, enervando a Harold al punto de que terminó gritándoles que se largaran.

Sabía qué tenía que hacer exactamente. No podía permitir que continuaran haciéndole eso a Helga, ella era su amiga.

La clase de Biología era la última hora antes de terminar el horario escolar, para muchos un alivio, para quienes expondrían su proyecto era un calvario que se alargó todo el día, para Harold, era el preludio a lo que creía sería un suicidio social. Quizás Sid y Stinky, con sus nuevos amigos populares, no le volvieran a hablar. Pero lo correcto era lo correcto, y no pensaba dejar de hacerlo sólo porque a sus amigos se les había metido algodón en el cerebro durante el verano.

-La última pareja del día, señorita Lloyd, señor Berman. Adelante- había llegado el momento, se mentalizó todo el día para recibir el odio de la pelinegra después de ejecutar su plan. De todo lo que perdería, sentarse con ella en el almuerzo era lo que le molestaba más… Por alguna razón que no comprendía.

-Gracias Señor Clarkson- Harold tragó grueso, miró alrededor uno a uno los rostros de sus compañeros, deteniéndose en cierta rubia que tenía la mirada perdida, las mejillas hundidas y bolsas negras bajo los ojos… nunca la había visto tan enferma… tan demacrada… respiró profundo, él tenía parte de culpa y debía resarcirse –Nos ha tocado hablarles sobre la sífilis, una enfermedad que tiene como principal sintomatología la aparición de úlceras en los órganos sexuales- sus compañeros hicieron gesto de asco -Como saben, las enfermedades de transmisión sexual no pueden contraerse a través del aire, o por un apretón de manos… necesitamos tener un contacto más íntimo- con sus últimas palabras, los hormonados adolescentes en el aula comenzaron a soltar molestas risitas –una intimidad que erróneamente ustedes creen que Helga y yo tuvimos- Rhonda le codeó, intentando llamar su atención, pero Harold ni siquiera la miró y no titubeó al continuar –Yo dejé que creyeran ese rumor porque me avergüenza el hecho de no haber besado a ninguna chica- las conversaciones por lo bajo iniciaron, el profesor miraba a su alumno con una mezcla de hastío y orgullo, muy extrañas de ver –Pero me avergüenza más que mientras a mí me han dicho que soy una especie de héroe porque creían que ya había tenido sexo- se fijó en el rostro de la rubia, completamente roja y con los ojos abiertos de par en par –… y a mi amiga, por ser mujer, la trataron como si hubiera cometido algún crimen- frunció el ceño –así que… para dejarles claro y sin lugar a dudas que todo era un invento- Harold se bajó los pantalones -¡Vean! No hay nada anormal con mis genitales- en el salón se lanzaron gritos de alarma, indignación y risas descontroladas, muchos se cubrían los ojos, otros miraban la escena entre escandalizados y divertidos.

-¡Señor Berman!- exclamó el profesor, sintiéndose al borde del llanto ¿Por qué aceptaba darle clases a un grupo de adolescentes hormonados? –Súbase el pantalón inmediatamente- ése fue el momento en el que sonó la chicharra marcando el término de clases, mientras Harold obedecía la indicación de su profesor -¡Detención! Dos meses- reiteró con autoridad –Ya pueden irse- ése había sido un día largo y difícil.

El grupo de séptimo comenzó a guardar sus cosas y a retirarse en medio de un barullo de conversaciones dispersas. Rhonda miraba a Harold con el rostro impertérrito, poniendo aún más nervioso al chico.

-Debo admitir…- comenzó a decir la pelinegra- que aunque el final fue… grotesco- arrugó la nariz al decirlo –que hayas defendido a las mujeres fue muy elegante- y finalmente sonrió.

-¿No prestabas atención?- le preguntó confundido Harold –Defendía a Helga- le dijo como si hablara con un niño pequeño, que le dijera aquello era surreal.

-No lo eches a perder, Harold- rodando los ojos, la unigénita Lloyd se apresuró a reunirse con sus amigas y salir del salón. Al alzar la mirada, el chico se encontró con los ojos azules de Helga, tenía una expresión hosca en el rostro y eso lo preocupó. Temía un poco la ira de la rubia. Avanzó hasta su pupitre junto al de ella, notando que Phoebe y Gerald estaban de pie a su lado.

-Viejo, ¿Realmente tenías que bajarte los pantalones?- le recibió en cuanto estuvo frente a ellos, mitad divertido, mitad escandalizado.

-Quería dejar claro mi punto- respondió encogiéndose de hombros, volvió a mirar a Helga –Además, pensé que si me castigaban, sería más fácil que me perdonaras- la rubia descruzó los brazos y relajó su expresión.

-Chico listo- murmuró, sonriendo levemente.

-Creo que nosotros deberíamos irnos- habló Phoebe -¿Te veo mañana, Helga?- sonriéndole con ternura, se dirigió a su mejor amiga, esperando pacientemente su respuesta. Gerald bufó molesto, "Otro día que no podré venir a la escuela con Phoebe, a solas".

-Criminal, Pheebs… puedo venir sola a la escuela. No tengo una enfermedad terminal ni nada por el estilo- la rubia rodó los ojos, la oriental la había estado tratando como si fuera su mamá.

-¿Segura?- la pequeña Heyerdahl la miró preocupada.

-Dijo que está bien Phoebe, vamos pollita… dale su espacio- intervino el moreno, emocionado con la expectativa de pasar más tiempo a solas con su novia, sin su mejor amiga cerca.

-De acuerdo- aceptó reticente. Se despidieron de la rubia y de Harold, saliendo tomados de la mano. El chico observó la nostalgia en la contemplación de Helga, se sintió incómodo, como si estuviera presenciando un momento privado de la chica, por lo que apartó su mirada y se encontró con las partes del objeto que intentaba reparar la rubia sobre el pupitre.

-¿Sigues sin poder arreglarlo?- ante la pregunta, Helga salió de su ensimismamiento y puso su atención en su compañero.

-Sí… creo que hay cosas que no tienen arreglo- se hundió de hombros, había tristeza en su rostro cuando miraba aquel objeto. Harold no pudo evitar ofrecerse a repararlo.

-Puedo intentarlo- afirmó, y tomó las partes del relicario que, descubrió con sorpresa, tenía una foto del rubio cabeza de balón. Decidió no decir nada al respecto y se dedicó a intentar arreglar aquel objeto… la rubia se sentó junto a él y por unos momentos sólo lo observó trabajar en silencio.

-Entonces… ¿Todo este drama fue porque no te ha besado una chica?- preguntó finalmente Helga.

-Sí- enrojeció Harold, no le gustaba hablar del tema.

-Pues qué tontería- afirmó la chica, sonriéndole con complicidad, Harold sintió que un peso se le quitaba de los hombros… estaba en paz con la menor de las Pataki… su pequeño ridículo había valido la pena.

-Ten- le entregó el relicario ensamblado –sólo tienes que tener más cuidado- los ojos de Helga brillaron, su sonrisa creció, y el sentimiento de bienestar que viene de hacer lo correcto invadió a Harold.

-Muchas gracias, chico rosa- y en lo que dura el aleteo de una mariposa, la rubia le besó. Su primer beso. Harold abrió los ojos de par en par, la chica ya tenía su mochila al hombro.

-No dejes que nadie vuelva a molestarte- al salir del aula, se llevó con ella el olor a rosas que la identificaba.

Harold llevó sus dedos a sus labios.

Una tenue sonrisa dibujándose en ellos.

¿Tanto escándalo por eso?

Y sin poder evitarlo estalló en carcajadas en el aula vacía. Estuvo riendo solo algunos minutos antes de poder calmarse lo suficiente para tomar sus cosas e irse a casa.

Se sentía en paz consigo mismo.

Luego de mucho tiempo, sentía que las cosas podrían volver a la normalidad.

Al salir de la escuela, alguien le llamó. Al girar, un auto lujoso se emparejó a él, el cristal del asiento trasero descendió, permitiendo ver en su interior a la unigénita Lloyd.

-Olvidé decirte algo- Harold suspiró, no todo podía ser tan bueno, ya se le hacía raro que la pelinegra no le hubiese reclamado por convertir su trabajo de semanas en un acto para redimirse con Helga.

-¿Qué?- preguntó acercándose al vehículo, introduciendo la cabeza en la ventana. Por segunda vez en el día, sintió los labios de alguien más sobre los suyos, pero a diferencia de la ocasión anterior, ésta vez no duró un parpadeo. Rhonda prolongó el contacto, provocando escalofríos en Harold, tomó su labio inferior entre sus dientes y se alejó, a mitad del suspiró que se le escapaba a ambos.

-Ya has dado tu primer beso, felicidades- le dijo, ofreciéndole una sonrisa satisfecha. Y dejando a un estupefacto chico, le pidió al chofer que continuara su camino. Harold se quedó solo una vez más. Sorprendido de lo diferente que ambos contactos habían sido entre sí, sintiéndose más que nunca enfermo del estómago… lo que muchos llamaban "mariposas" haciendo estragos en él.

Así fue como el séptimo grado de Harold inició, su primer y segundo beso el mismo día.

El verano entre octavo y noveno grado resultaba ser el más caluroso de los últimos años.

Ese fin de semana se encontraba, como siempre, en la carnicería del señor Green. Tenía un año trabajando ahí, y era algo que lo hacía muy feliz, recientemente le ascendieron y ya atendía en mostrador, y como era costumbre, Patty Smith entraba por la puerta un sábado a las diez de la mañana, como cada sábado desde aquel fin de semana seguido al día de su primer y segundo beso, resultó que Gerald le había dicho a la castaña lo que estaba pasando y ella lo había evitado, esa era la razón de que no la hubiese visto en los días que siguieron al malentendido de lo que pasó entre Helga y Harold.

Pero en cuanto se resarció con la pareja de novios y la rubia, el moreno le habló a Patty para explicarle cómo el chico de gorra azul había hecho el ridículo en su exposición. Harold seguía sin comprender por qué lo que hizo ese día conmovió a Rhonda y Patty, pero el sábado que la castaña se apareció en la carnicería para cumplir con el encargo de su madre, le buscó en la parte trasera y diciéndole lo orgullosa que estaba de él, lo besó.

Ahora, cada que la veía, sólo podía fijarse en el rosa de sus labios… En la forma de corazón de su boca… en el escote V de su blusa… "Esperen", pensó alarmado de su propio tren de pensamiento, "Patty nunca usa escote" y de alguna forma, pensar que otros podrían verla usando esa misma blusa lo hizo enfurecer.

-Hola Harold, está haciendo mucho calor ¿no?- entonces notó otra cosa demasiado alarmante, la blusa era de tirantes, dejando los hombros y clavícula de la chica a la vista... además, llevaba unos shorts muy cortos. Frunció el ceño, molesto. ¿Por qué Patty se vestía con tan poca ropa?

-Supongo- refunfuñó. No es que se quejara de la cantidad de piel que ahora podía ver de la castaña, mentiría si dijera que no observaba los entrenamientos de las animadoras porque usaban prendas cortas y dejaban sus piernas desnudas… pero Patty, era Patty… aquellos dos años, se habían convertido en mejores amigos, inseparables, salían juntos al cine o estudiaban en la casa de alguno de ellos o iban al muelle a arrojar piedras… amaba pasar el rato con ella, era de sus cosas favoritas… eso y ver a Rhonda Wellington Lloyd con su uniforme de porrista…

Pero Patty estaba en preparatoria ahora…

Aunque tenían la misma edad, estar en grados diferentes dificultaba que continuaran viéndose con la misma asiduidad… para empezar, ahora ella estaba en otra escuela… ¿Y si conocía a un chico que le gustara? ¿Y si lo cambiaba?

-¿Estamos de mal humor hoy?- le preguntó burlona, sentándose en uno de los taburetes frente al mostrador.

-Sabes que no me gustan los cambios- y al decirle aquello, le dio una significativa mirada a sus muslos que enrojeció a la castaña.

-¡Harold!- exclamó indignada, y colocó la bolsa de mandado que llevaba sobre sus piernas.

-Sólo digo que… si estás buscando impresionar a algún chico…- y dejó la oración en el aire, fingiendo desinterés.

-Por supuesto que no...- las mejillas de la chica estaban arreboladas cuando sus miradas se encontraron. Harold no pudo frenar la sonrisa satisfecha que se pintó en su rostro -… es sólo que está haciendo mucho calor- murmuró apenada, apartando el rostro para intentar disimular el color en su rostro.

-Bien- y comenzó a preparar la orden de siempre para la madre de la castaña. En el cumpleaños de Phoebe, hacia un par de meses, se había enterado que el beso que le dio Patty en aquel sábado, había sido el primer beso de la castaña. No tenía una razón lógica para explicar el sentimiento de posesividad que eso despertaba en él, quería ser el único al que Patty besara…

-Y… ¿Qué tal van tus entrenamientos?- casi se lastima con el mazo de carne, con el que golpeaba el corte, al escucharla. Olvidaba que durante octavo grado se había apuntado al equipo de fútbol americano… motivado principalmente para poder pasar más tiempo viendo a Rhonda en traje de porrista.

-Bien… Muy bien… Creo que estoy mejorando- le sonrió nervioso a la castaña, que lo miró con una ceja elevada. Guardaron silencio, uno que entre ellos no era incómodo. A Harold le gustaban mucho las cosas simples… con Patty las cosas siempre eran simples… con Rhonda, todo era muy complicado.

-¿Estaría bien si cuando termines tu turno, vamos juntos a nadar?- le preguntó la castaña cuando pagaba por su pedido.

-Claro que sí- sonrió contento –les aviso a Sid y Stinky. Quizás Helga, Gerald y Phoebe quieran ir también- Patty lo miró de manera extraña, como si hubiera dicho algo malo… pero duró sólo un segundo.

-Genial, entre más mejor- y tomó su carne para hacer sonar la campana de la puerta avisando su salida de la tienda. ¿Se veía decepcionada o fue su imaginación? Encogiéndose de hombros, desbloqueó su celular para mandar un mensaje de texto a sus amigos, aquella tarde se divertirían a lo grande, y podría pasar más tiempo con Patty.

Definitivamente esta tarde no se estaba divirtiendo ni pasándola en grande. Estaba confundido, y muy incómodo. Avisó a sus amigos, todos estaban ahí… el problema era, que todos estaban ahí… aparentemente, Sid invitó a Nadine, que invitó a Rhonda y a Lila, que invitaron a Lorenzo, Iggy, Peapod, Eugene y Sheena… Helga invitó a Brainny, Phoebe invitó a Park y a sus amigos, Gerald invitó a su equipo de baloncesto… Y luego cambiaron de destino, y estaban en casa de los Lloyd… la última vez que estuvo ahí fue en el cumpleaños de Rhonda, y nada había salido bien. La vio besándose con Lorenzo mientras intentaba encontrar el baño. Maldito el enorme tamaño de ese lugar.

Así que, en lugar de una tarde tranquila, tirado en un camastro, estaba en una fiesta con los chicos de su escuela.

Genial… Así se hace Harold…

No había visto a Patty desde que llegaron. Intuía que estaba con Phoebe y Helga, pero tampoco veía a la rubia ni a la oriental.

-¿Por qué tan apartado, Harold?- Rhonda se acercó a él con su bikini blanco mojado por el chapuzón que se había dado en la alberca, gotas de agua escurriendo de su cabello a su cuello, deslizándose por fuerza de gravedad al sur de su cuerpo.

-Sólo intento encontrar algo de comer- respondió lo primero que se le vino a la mente cuando se dio cuenta que había pasado mucho tiempo observando el recorrido de una gota de agua sobre la piel de la pelinegra, que ya le sonreía burlona, consciente de lo que podía provocar en los chicos.

-Podemos ir a buscarte algo a la cocina- y puso inocentemente su mano sobre los bíceps del chico. El ejercicio que hacía para jugar, y el hecho de que ya tuviera 16… a Rhonda le parecía que le favorecían al unigénito Berman.

-Sí… podemos- "no sé si deberíamos", pensó Harold mientras la chica tomaba su caftán y lo guiaba a través del jardín, hacia la casa.

-¿Qué se te antoja, Harold? ¿Dulce? ¿Salado? ¿Picante?- enarcó una ceja interrogante. Estar a solas con la chica estaba haciéndolo sentir enfermo de nuevo… todo su estómago se revolvía, comprimía y expandía.

-Picante está bien- Rhonda sonrió de lado.

-Vaya…- y se giró con una expresión insinuante, que Harold notó pero no tenía idea de qué era lo que insinuaba. Tomó un tazón con pepinos previamente pelados y cortados, les colocó sal, limón y chile, y se volvió a girar… separó los labios, haciendo al corazón del chico acelerarse. Pero antes de que dijera nada, entró por la puerta Lorenzo.

-¿Qué hacen?- preguntó mientras sacudía su cabello y empapaba a Rhonda, dejando un charco alrededor de sus pies por el agua que escurría su traje de baño.

-¡Lorenzo!- reclamó la chica, a mitad de una risa.

-Lo siento- le sonrió en un gesto de culpa y luego se giró a Harold, pareciendo notar su presencia por primera vez –Hey, chico patito ¿No vas a nadar?- el aludido frunció el ceño, odiaba aquel sobrenombre, cuando se bajó los pantalones frente a su clase olvidaba que llevaba sus calzoncillos de la suerte, con patitos en él… y desde entonces, le decían así… no todos ni todo el tiempo, pero cuando lo escuchaba era molesto.

-Ya te dije que se llama Harold- le recordó la chica, pasándole al de gorra azul el bowl con el pepino y abrazándose a la cintura del pelinegro –Volvamos a la piscina- casi ronroneó al chico, y Lorenzo volvió a olvidar la existencia del corpulento adolescente, salieron de la cocina abrazados y Harold suspiró al verse solo. Tomó un cubierto y comenzó a picar el pepino que Rhonda preparó para él… ¿Por qué con ella todo era tan complicado?... ¿Qué eran?... No eran amigos, no besas a tus amigos… Bueno, Helga lo besó, pero sólo fue una vez, y él y Rhonda… Había sucedido más veces que eso… Siempre era ella la que lo besaba sin aviso… No la entendía… Sabía que Lorenzo y ella no eran novios. No lo eran. Pero así como Harold y Rhonda tampoco, los pelinegros también se besaban… ¿Por qué Rhonda hacia eso?

-Ah, lo siento, no quise…- le interrumpió una voz desde la entrada y al girarse, Harold se encontró a Patty -… Harold- su tono de voz era aliviado… el chico sonrió ante la idea de que la castaña se aliviara de verlo -¿Qué haces?- le preguntó sentándose a su lado en la barra de la cocina, luego de lavarse las manos.

-Estoy por comerme este pepino enchilado ¿Quieres?- Harold la vio entretenido mientras la castaña asentía y empezaba a tomar las rodajas de pepino con los dedos y las llevaba a sus labios (sus muy rosas labios) y después de comerlos, lamía sus dedos, contenta.

-Otra vez me estás mirando fijamente- habló Patty, luego de pasar un rato comiendo con el chico -¿Me he manchado?- alarmada de que acertara en el motivo, comenzó a intentar limpiarse el rostro con una servilleta, arrancándole una carcajada a Harold.

-Sólo pensaba en lo simple que eres- respondió sin pensar en lo que decía.

-¿Simple?- Patty se veía contrariada, y Harold intentó explicarse mejor.

-Sí. Todo en ti es simple- los ojos de la chica se le nublaron por lágrimas que amenazaban con caer –Me gusta- Y extendió su mano para limpiar con su pulgar el recorrido que una traicionera gota salada había hecho.

-¿No te molesta que sea así?- la castaña lo miró esperanzada…

-Para nada- y juntó sus labios con los de ella. Besar a Patty era como la tarde perfecta en el parque, después de haber bateado el home run que le dio el gane a tu equipo, celebrando con tus amigos con unas heladas yahoo sodas bajo el sol… Besar a Patty se sentía como llegar a casa luego de un largo y terrible día escolar y encontrar tu comida favorita en la mesa, sacarte los zapatos y comer en la cama porque no tienes tarea… Besar a Patty era como el hogar, con la chimenea encendida y un chocolate caliente, cuando afuera está nevando… Besar a Rhonda le revolvía todos los pensamientos y desataba el caos en su mundo… Besar a Patty traía paz y claridad a su mente y corazón.

Pero besar a Rhonda era como fuegos artificiales… y a Harold le encantaban los fuegos artificiales.