Pt II de Timidez.


— Adrien... Por favor. — Susurró, pues necesitaba más atención. No sabía si quería que la probase o si lo quería dentro, solo quería más...

Mientras tanto el rubio seguía entretenido con su pezón izquierdo, sin embargo había decido que podía concentrarse en más de una parte del cuerpo de su novia, por lo que su mano izquierda bajó lentamente.

Primero se dedicó a delinear la silueta Marinette, sintiendo la curva de su cintura unida a sus caderas ya desarrolladas y que podían volverle loco en cuanto las veía. Se tomó su tiempo para poderle tocar con toda parsimonía, sintiendo cómo su cuerpo se erizaba por los ligeros toques que le proporcionaba.

Después su extremidad bajó un poco más para sentir la suavidad de las bragas en el cuerpo de la pelinegra, con la misma lentitud con la que había tocado el resto de su cuerpo recorrió el encaje, evitando pasar por la parte delantera. Tocó los bordes, jugó a retirarlas solo bajando los listones de la prenda y también disfrutó la piel que dejaban descubierta; como su trasero y la parte superior de sus muslos. No fue hasta que ella gimió de frustración que decidió dedicarle mayor atención a su centro.

Primero tanteó sobre la tela, sintiéndola ya húmeda justo donde se unían las lechosas piernas de su novia. Y repitió el mismo proceso que había tenido con sus pechos, primero probó su sabor por encima de la ropa, saboreándolo dulce y con un ligero toque ácido. Decidió que jugaría con la paciencia de Marinette, solo para probar hasta qué punto su timidez le impedía pedir lo que deseaba. Siguió probando, como si tuviese todo el tiempo del mundo, por momentos aceleraba su toque y con su mano disponible tocaba su clítoris en un movimiento suave pero constante, justo cuando sentía que ella emitía quejidos más constantemente o con un tono de voz ligeramente más agudo, se detenía por completo. Todo aún sobre la ropa.

Fue en ese momento que Marinette llegó a ese punto donde perdía la paciencia y su lado Ladybug tomó el control de la situación. Alejó a Adrien de su entrepierna y sin saber cómo intercambió lugares, siendo ella ahora quien estaba encima del rubio. Sin mayor cuidado retiró las ya excesivamente húmedas panties y las lanzó a algún lugar de la habitación, quedando solo en sus medias y sujetador a medio poner. Adrien por su parte sonrió y bajó la bragueta de sus pantalones y el elástico del bóxer que llevaba puesto, dejando - por fin - libre su olvidada erección.

Marinette preguntó con la mirada el sitio donde se encontraban los preservativos recibiendo una mirada rápida hacia la mesita frente al sofá donde se ubicaba la cartera de su novio. La tomó y buscó el empaque plateado una vez en sus manos lo puso entre sus dientes, asegurándose de empujar con sus dedos el condón para evitar dañarlo. Se sentó a horcajadas sobre Adrien aún con el empaque en la boca.

– Vamos, cariño...– Tentó Adrien mientras masajeaba lentamente su miembro de arriba hacia abajo. – Ponlo... – Marinette rasgó la envoltura del preservativos y con renovada confianza lo puso sobre el pene de su novio, primero presionando sobre la punta de látex y luego deslizándolo sobre el tronco para dejarlo listo.

Justo cuando ella iba a comenzar a introducirlo en su interior Adrien la detuvo por la cadera, alargando así su sufrimiento por no poder satisfacer sus deseos.

– Adrien... Por favor... — Rogó sin realmente decir lo que su cuerpo necesitaba en ese momento.

— ¿Por favor, qué, princesa? —

— Te necesito... —


Cuando por fin pudo liberarse dentro del condón, luego de un par de orgasmos de su chica, salió de su interior. Retiró sin mucho cuidado el látex a su alrededor y le hizo un pequeño nudo para evitar crear algún desastre. Decir que estaba exhausto era poco.

Pero todo valía la pena al ver a la ya adormilada chica a su lado. Por ella todo lo valía.