Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Craig Barttlet. Yo sólo escribo sin ánimo de lucro.

Cuando finalmente Robert encontró su voz de nuevo (ver aparecer de la nada a Harold le había sacado el aire de los pulmones), le respondió al chico que abrazaba a la defensiva a la castaña.

-Qué alivio. Pensé que estaría sola y pensé en invitarla a pasar el rato conmigo y Brian- de pronto, una respiración en la nuca del chico de gorra azul lo sobresaltó tanto, que dio un pequeño brinco escapándosele un sonido agudo de la garganta.

-Aaah… hola… aah- la amplia sonrisa del castaño casi rayaba lo maniático –pensé que Helga… aah… saldría contigo… aaah… hoy Patty- la aludida enrojeció hasta las orejas.

-Eeh…- se le quedó la mente en blanco a la chica, que sólo miraba alternadamente a Robert, Brainy y Harold, sin saber qué responder sin que el chico de gorra azul sospechara algo.

-Aaah… ¿Te plantó?...- el mismo Brian le lanzaba un salvavidas a la chica sin saberlo, o eso creyó hasta que el de lentes le guiñó un ojo con complicidad. Patty no tardó en asentir a lo dicho por él –aaah… qué bueno que… aah… Harold está… aah… aquí- y volvió a esbozar otra sonrisa demasiado amplia como para no resultar dolorosa para las mejillas del castaño.

-En ese caso… La fila ya ha avanzado- Patty y Harold se giraron dándose cuenta que estaban a sólo tres personas de poder entrar al festival –Lástima que sólo queden tres horas más antes de que cierren- ante la inocente frase del rubio, Patty lo miró contrariada.

-¿Qué quieres decir con sólo tres horas más?- deseó con todas sus fuerzas haber investigado antes de asistir a ese lugar, maldecía a las mariposas que revoloteaban, ahora también, en su cabeza y le impedían pensar en esos detalles.

-Bueno… el festival no puede ser eterno- razonó Robert, provocando que Patty enrojeciera de nuevo.

-Tres horas no serán suficientes para recorrerlo todo- comentó Harold con el ceño fruncido… Helga nunca le dijo que cerraban temprano. Hablando de la rubia, ya la escucharía Harold en cuanto la viera… ¿Qué era eso de dejarlos plantados a él y a Patty? La rubia no era así… era una buena amiga…

-¿Ya no quieres entrar?- le preguntó, luciendo herida, y sólo Brian pareció percatarse que el dolor en su mirada aumentó cuando Harold le respondió.

-¿Qué gracia tendría si los demás tampoco vendrán?- se lamentó el chico de gorra azul. Brainy negó con la cabeza, y entre respiraciones graciosas intervino en la conversación.

-Aah… de todas formas… aaah… podrían pasarla… aaah… bien ustedes… aaah- Brian palmeó el hombro de Patty, intentando alentarla -…aaah… si están formados… aah… es porque ya… aah… compraron boletos… aaah- Harold encontró sensatez en las palabras del chico, mientras Patty le miró inmensamente agradecida por ello.

Así fue como, sin saberlo, gracias a Brian y Robert, se sentaron los cimientos de la relación Patty-Harold.

Ese día, visitaron los stands de varios países, comieron pasta en el stand italiano, probaron las salchichas "Bockwurst" típicas alemanas, probaron los dulces dangos del stand japonés, comieron tamales en el stand de Costa Rica y unos tacos al pastor en el de México. Caminaron por todo el lugar, conversando y riendo como hacían antes de la reunión en casa de Rhonda, y mientras Patty pensaba aliviada que no todo estaba perdido y que podría declararse a Harold, el chico estaba aliviado de que volvieran a ser los amigos de siempre.

Cuando llegaron a la casa de la familia Smith, de pie en su porche, la castaña se giró muy nerviosa al chico, ¿Eran ideas suyas o Harold se veía más apuesto que cuando inició la noche?

-Me la he pasado bien- comentó totalmente avergonzada, enrojeciendo.

-¡Yo igual! De la que se perdió Helga por no ir… ¿Crees que esté enferma de nuevo? Porque últimamente parece entrar y salir de esa enfermedad rara que le dio cuando iniciamos séptimo grado… Debe ser que le falta vitaminas, no come mucha carne, o al menos ya no la he visto en la carnicería… ¿Crees que esté comprando su carne en otro lugar? Si fuera así me ofendería muchísimo- se soltó a hablar el joven de gorra azul, nervioso sin saber bien por qué…

-¡Harold!- lo interrumpió Patty, apenas si entendió palabras sueltas de todo lo que el chico le soltó en un momento, algo sobre Helga… y vitaminas… y carne… suspiró, eso no era un tema romántico ¿verdad? -¿Puedo preguntarte algo?- intentó volver a crear esa atmósfera de complicidad y romance en la que se sintió envuelta durante el festival de comida.

-Seguro- respondió Harold, sonriéndole. Seguramente la chica quería saber si tendrían en promoción la carne molida esa semana, la semana antes de que el verano terminara era el cumpleaños del Señor Smith y siempre le preparaban, madre e hija, un pastel de carne delicioso.

-¿Por qué después de decirme que te gustaba y besarme, dejaste de hablarme o responder mis llamadas?- Harold perdió el aire de sus pulmones, esa pregunta definitivamente no la vio venir… prácticamente porque estaba tan ensimismado en lo bien que la estaba pasando que ni siquiera recordaba que había estado evitando a la castaña por su dilema emocional.

-aah…- el chico tenía la mente en blanco, no podía decirle la verdad… básicamente porque la verdad sonaría algo como "Te estaba evitando porque me daba terror que me rechazaras pero si me decías que también te gusto, entonces no sabría qué hacer porque también me gusta Rhonda, pero ella no quiso ser mi novia cuando se lo pedí, aunque creo que sí le gusto porque sigue besándome como si tuviera ese derecho"… Estaba divagando y Patty seguía esperando una respuesta, ¿Pero qué podía hacer? ¿Qué le podía decir? –E-es que… yo…- enrojeciendo, intentó respirar profundo para calmarse y dejar de tartamudear –Es que no sé si quiero que seamos más que amigos- y ahí estaba… la verdad… a medias, pero la verdad, mentirle a su amiga era algo que Harold no toleraría.

-¿Qué?- Patty lo miró con grandes ojos, se notaba sorprendida, y ella que estaba a punto de decirle que quería que fueran más que amigos.

-Es que… tú me gustas Patty… de verdad me gustas, pero yo soy… pues, yo. ¿Te imaginas que te dieras cuenta que no soy material para novio? ¿Qué sería entonces de nuestra amistad?- preocupado, Harold la miró a los ojos intentando transmitirle mejor sus angustias.

-Lo que dices es… que no crees que seas lo suficientemente… ¿Bueno?- la castaña lo miró incrédula.

-¡Sí! Básicamente- sonrió aliviado de que la chica comprendiera.

-Y te preocupa que si nos volvemos… novios… ¿dejemos de ser amigos si algo sale mal?- Harold asintió efusivamente a sus palabras. Patty frunció el ceño, le parecía una excusa de mierda la verdad, pero no quería decírselo tan directamente –pero… ¿Yo te gusto? De gustar, gustar- quiso corroborar la chica.

-Sí, claro- el chico sonrió, pensando en el día en el que la castaña entró en la carnicería con aquellos shorts –Disfruto hablando contigo y eres muy bonita… me escuchas y no es aburrido ponerte atención, la mayoría del tiempo no tengo que fingir que me interesa lo que dices… ¡Eres fabulosa!- la sonrisa de Harold se amplió. Patty enrojeció.

-Entonces… ¿Qué te parece si comenzamos a salir sin ser novios, pero sin ser amigos?- propuso tímidamente la chica.

-¿Ah?- confundido, Harold se rascó la cabeza –Si no seremos novios ni amigos, ¿Qué seremos?- le preguntó extrañado, rara vez pasaba que no entendiera algo de lo que Patty le decía, con las demás chicas le pasaba todo el tiempo, pero no con Patty.

-Sí… como cuando en el supermercado te dan una muestra gratis de un producto para que decidas si quieres comprarlo o no- intentó explicarse mejor la castaña, enrojeciendo al escucharse a sí misma, prácticamente había dicho que ella era un producto que Harold estaba decidiendo si compraba o no.

-¡Ah, ya entiendo! Algo así como jugar el videojuego en la tienda antes de decidir que lo quieres- sonrió aliviado de entender la situación.

-Algo así- murmuró sintiéndose empequeñecida, quería arrearse a golpes por no habérsele ocurrido otra forma de describir lo que le proponía al chico –Así, podríamos ver si somos… material para novios… o sólo somos geniales como amigos… y decidimos… ¿Está bien?- preguntó, aún con el semblante decaído.

-No tienes que hacerlo si no quieres- le aseguró Harold al notar lo decepcionada que parecía.

-¡Sí quiero! Es sólo que…- Patty enrojeció de nuevo -… tú también me gustas, gustas… mucho…- se cubrió el rostro con las manos antes de gritar

-¡Yo quiero ser tu novia!- un par de segundos en silencio después, la puerta de la casa se abrió a espaldas de Patty.

-¿Todo bien aquí?- un hombre bajo, de cabello castaño y mirada hosca, asomó su cabeza por la puerta, dirigiendo su mirada molesta al chico que hablaba con su hija.

-¡Papá!- oficialmente, Patty no podía estar más roja que en ese momento.

-¿Te está molestando ese niño? ¿Quieres que lo escarmiente?- el señor Smith salió al porche, parándose protectoramente entre Harold y Patty, ambos completamente rojos –Recuerda tu súper poder cariño… tu súper poder de decir ¡No!- y… su padre hizo una pose heroica. Sorprendentemente, Patty se había equivocado y sí se podía estar más roja.

-¡Papá!- sentía que estaba a punto de morir de vergüenza ahí mismo, pero el señor Smith no había terminado.

-Y en cuanto a usted jovencito… más le vale tener ingresos fijos suficientes para mantener a mi nenita si es que piensa casarse con ella- le riñó el señor Smith al chico.

-¿Casarme? ¿Ingresos fijos?... eeh… señor Smith, nosotros no vamos a… casarnos- y sin que fuera su intención, Harold se imaginó cómo sería su vida si Patty y él se casaran.

-¿Ah, no? Y si no ibas a abusar de ella, y tampoco van a casarse ¿De qué hablaban?- el señor Smith conocía a Harold, sabía que era amigo de Patty y el hijo de la señora Berman, una familia trabajadora… le agradaba su amistad con su hija, pero de eso a que ese chico pensara en ser algo más que el amigo de su hija…

-Hablábamos de lo mucho que nos divertimos en el festival, papá… ¿Verdad Harold?- el chico estuvo a punto de agregar que además se estaban poniendo de acuerdo para hacer cosas de novios sin serlo cuando la chica le cubrió la boca con una mano, ni siquiera notó en qué momento se puso a su lado –Así que no te preocupes papá… aquí nadie va a ser abusado ni a casarse… prometido- y levantó su mano libre en señal de solemne promesa.

-¿Segura?- preguntó con sospecha, misma que se disipó cuando su esposa lo llamó a gritos pidiéndole que dejara de molestar a Patty… -¡Pero, Zelda!- reclamó el señor Smith haciendo pucheros y golpeando el piso -¡Esto no se queda aquí jovencito!- le advirtió a Harold y entró en casa, dejando al par de amigos en el porche.

-Cielos, tu padre es bastante intenso- exclamó Harold.

-Sólo con los chicos que él piensa que están interesados en mí- respondió suspirando.

-¿Y son muchos?- le preguntó con el ceño fruncido, la idea de más chicos queriendo salir con Patty y visitándola no le agradaba en lo absoluto.

-¿De qué hablas? No hay ninguno. Mi padre se hace ideas en la cabeza- la castaña enfrentó la mirada del chico –Escucha, sé que estamos en escuelas diferentes ahora… pero el próximo año, ambos estaremos en la misma preparatoria… quizás para ese momento hayamos descubierto si podemos ser novios sin poner en peligro nuestra amistad- le sonrió –Que éste sea nuestro año de prueba… de todas formas ser novios y desde el principio estar en escuelas preparadas sería muy complicado ¿no crees?- Harold miró un momento a Patty… no quería hacerle daño, no quería decirle que no era la única chica que le gustaba, no quería ser su novio, pero tampoco quería dejar de ser su amigo o dejar de besarla o dejar de tomar su mano… o peor, que alguien más lo hiciera… quería tantas cosas que sentía que la cabeza le iba a estallar, ¿Qué era lo correcto? ¿Qué se supone que debes hacer cuando no puedes escuchar a tu corazón, o cuando tu corazón te está pidiendo tantas cosas tan distintas? Que alguien le dijera qué hacer.

-Está bien… con una condición- Patty se asustó un poco de ver que se ponía serio de pronto –Si al final del año, alguno de los dos decide que no somos material para novios… el otro no se ofenderá y continuaremos siendo mejores amigos… ¿Trato?- la castaña tuvo un mal presentimiento ¿Tan seguro estaba Harold de que ellos no serían buenos como novios? ¿Por qué tanta inseguridad si él afirmaba que ella también le gustaba de gustar, gustar?

-Trato- pronunció lentamente, casi prefiriendo no hacerlo.

-Y… ¿Cómo se hace esto de la muestra gratis?- quizás fue el desparpajo con el que lo dijo, o los nervios que sentía, o que haya usado el ejemplo por el que tanto se recriminó, pero en cuanto Harold hizo esa pregunta, Patty comenzó a reír hasta doblarse por la mitad, mientras era observada desde la ventana de su sala por sus padres.

-¿Ves? Él la hace reír- le dijo Zelda a Henry, orgullosa de su hija.

-¡Já! Reír mis polainas, eso hace ahora… ya verás que después la hará llorar- afirmó Henry Smith.

-¿Y qué si la hace llorar un poco? Querido, no puedes evitar que nuestra nenita llore… o sufra… eso es parte de la vida como lo es reír y ser feliz- el señor refunfuñó ante las palabras de su esposa, que sólo se rio dulcemente –Creo que a alguien le hace falta una rebanada de pay para mejorar su humor- los ojos de Henry brillaron.

-Sí, sí. Tráemela y una taza de café… yo seguiré viendo que ese jovencito no le haga nada a la niña- y entre risas, la castaña adulta se encaminó a la cocina por el encargo de su esposo… A veces, había que encontrarle la belleza a momentos como ese… su hija estaba creciendo, y eso la llenaba de orgullo.

Rhonda caminaba distraída por los pasillos de la PS 118… ésos eran los últimos meses que podría recorrerlos… Después de nueve años, (doce, si contaba jardín de niños) iría a una nueva escuela, iniciaría una nueva etapa en su vida, y Lorenzo no estaría con ella.

Habían pasado poco más de seis meses desde la partida de su pelinegro amigo, y a pesar de haber pasado Navidades juntos esquiando en Zoetermeer, Holanda; Rhonda lo extrañaba demasiado. Sonreía al pensar en cuánto se había quejado de tener que dejar a sus caballos en los Hamptons sin visitarlos en invierno. Habían compartido lecciones de equitación. El amor por los caballos había sido algo que tenían en común, algo suyo. Ahora, había cancelado esas lecciones. Visitar sus establos le resultaba doloroso. El recuerdo de su amigo aún era intolerable, hasta que volvieran a verse en vacaciones.

Era 12 de febrero, lo que no ayudaba en nada a su melancólico humor, porque estar a dos días del día del Amor y la Amistad sólo le provocaba que se le revolviera el estómago.

Otra cosa que hacía que se le revolviera el estómago era ver a Iggy intentando llamar la atención de Lila… ¡puágh! Esa pareja le daría pesadillas… pero peores sueños le traería ver a Brainy empezar a salir con Helga… algo había pasado para que esos dos ahora parecieran uña y mugre, más pegados que Helga y Phoebe incluso. Aunque ella no culpaba a la oriental, Gerald se había convertido en un bombón durante la secundaria, y si le sumabas que era el jugador estrella del equipo de baloncesto, y era casi seguro que continuaría jugando en preparatoria, tenía como resultado a uno de los chicos más populares de Hillwood. Ella también dejaría de pasar tiempo con la rubia teniendo un novio como ese.

Pero lo que resultaba un enigma era Harold…

Con su posición defensiva en el equipo de Futbol Americano, muchas chicas se le habían declarado o pedido una cita, y él se negaba a todas.

Era extraño porque a Rhonda le constaba que no era por ella… había intentado robarle un beso al chico en lo que iba del grado escolar, pero Harold parecía evitarla como la Peste cuando detectaba esas intenciones en ella.

A Rhonda eso la intrigaba… ¿Finalmente se habría vuelto novio de Patty? Pero luego estaban todas esas veces en las que cualquiera le preguntaba si tenía novia y él respondía que no… A ella le gustaba saberlo todo, no podía pasar algo en la escuela sin que ella supiera o su reputación se iría al traste.

Por caminar sumida en sus pensamientos, no se dio cuenta que caminaba directo a otra persona y terminó estrellándose con alguien.

El par de libros y la libreta que llevaba en sus brazos, terminaron en el suelo. Su frente estaba adolorida por estrellarse con la frente de alguien más y su blusa nueva estaba arruinada con algún líquido que le habían derramado en ella.

-¡Qué demonios te pasa, fíjate!- vociferó iracunda, percatándose apenas que Helga se arrodillaba en el suelo para recoger su yahoo soda (o lo que quedaba de ella) y la montaña de libros que llevaba, afligida porque se fueran a mojar con su bebida derramada.

-¡Cállate, Princesa Lloyd! Venías igual de distraída- fulminándola con la mirada desde el suelo, no se dio cuenta al ponerse de pie, que pateó el libro de Rhonda, maltratándolo un poco.

-¡Más cuidado, Pataki! Eres un desastre andando. No sé cómo te permiten ingresar aquí, eres un peligro para la sociedad… contaminación visual y auditiva, y… ¿Qué es ese olor?- preguntó, olfateando teatralmente el aire alrededor de la rubia -¡iúgh!- tapándose la nariz, la Wellington Lloyd atrajo la atención de todo el pasillo –Eres tú… por Dios, ¿Conoces si quiera los conceptos básicos de higiene personal?- por un momento efímero, una mirada de dolor cruzó el rostro de la aludida, pero al segundo siguiente, su expresión se había endurecido.

-No cuenta como higiene personal bañarse en una olorosa nube de maldito perfume francés- Helga abrazó sus libros, sentía la mirada de los presentes en ella, y sabía que más de alguno ya debía de haber ido a buscar al director.

-¡Já! Maldito perfume dices, una botella de ese perfume que tanto desprecias te aseguro que vale mucho más que todo tu patético guardarropa… ¿Quién usa camisa de franela y pantalón de hombre? Si quieres verte como una machorra, déjame felicitarte, porque lo has conseguido- a esa altura, más chicos se habían aglomerado y reían y vitoreaban las palabras de Rhonda. La rubia sintió que le faltaba el aire, ése no había sido un día nada fácil… y con San Valentín cada vez más cerca, los días eran peores… y de todas las personas con las que pudo haber chocado en ese pasillo, tuvo que hacerlo con la única que tenía ínfulas de grandeza y se creía la dueña de la PS 118. Sentía el escozor en sus ojos, y tuvo miedo, no quería darle el gusto a Rhonda de ponerse a llorar, sobretodo porque pensaría que lloraba por sus insulsos comentarios, cuando en realidad era por otras cosas… por otras cosas más dolorosas y trascendentales.

-¡Basta Rhonda!- espetó molesto Harold interviniendo en el pasillo. Había visto la cara de Helga, y parecía compungida y enferma… no era justo patear a alguien que ya estaba en el suelo, aunque no fuera literal en este caso, y casi no podía creer que la pelinegra estuviera siendo tan cruel.

-¡Ella arruinó mi blusa!- protestó, haciendo un puchero. Genial, simplemente genial… ahora Harold defendía al esperpento ese… ¡Todo era tan injusto! Ella no había hecho nada, todo era culpa de Helga que no se había fijado dónde caminaba y luego insultaba su perfume francés. ¡Quién se creía!

-¡Estás montando un espectáculo!- le increpó el chico, y la unigénita Lloyd pareció reaccionar entonces. Al fondo del pasillo, pudo ver la silueta de Wartz acercándose y girando en redondo, sólo añadió.

-Ya me he aburrido- y salió de ahí, Mary corrió a levantar los libros y libreta de la chica y la siguió apresurada ante la atónita mirada de los demás.

-¿Por qué están todos reunidos en el pasillo?- con el ceño fruncido, la carraspera voz del director retumbó entre los casilleros, obligando a los alumnos a girarse con la cara desencajada -¿No tienen clases?- preguntó irónico, y más de tres cuartas partes de los presentes ya no estaban en el lugar antes de que terminara de decirlo –Pataki, Berman… Será mejor que esto no haya sido una pelea o ambos irán a detención- los aludidos negaron vehementemente, y Wartz a regañadientes los dejó irse.

-No tenías que ayudarme… pero, gracias- Helga miraba el suelo con el ceño fruncido, como si la loseta de la escuela tuviera la respuesta a alguna pregunta que le rondaba la cabeza desde hace mucho tiempo.

-De nada… Rhonda puede ponerse pesada a veces- el comentario le valió un resoplido de su amiga, Harold sonrió de lado, la rubia nunca cambiaría.

-Lo que le hace falta a esa Wellington es una buena…- y escandalizado, Harold le cubrió la boca.

-¡Helga! No hables así, pareces peor que un camionero- negando con la cabeza, quitó su mano de la boca de la chica, que lo miraba con los ojos abiertos de par en par y de un segundo a otro estalló en carcajadas, sobresaltándolo, ya que no se esperaba esa reacción -¿Se puede saber qué es tan gracioso?- le preguntó molesto, sintiendo que se burlaba de él.

-Es que… es que yo- intentaba decir en medio de risas –Es que… yo sólo… iba a decir que… que le hacía falta… una buena tunda- y estalló de nuevo en carcajadas, Harold enrojeció completamente, aparentemente había malentendido lo que la chica estuvo a punto de decir.

-Bu-bueno… es que… pareció que dirías… otra cosa- eso sólo hizo que Helga riera más.

-¡Hey, chicos! ¿Qué hay de nuevo?- los saludó Gerald cuando los alcanzó en las puertas de la cafetería, la rubia soltando pequeñas risitas, un poco más calmada.

-Viejo… ¿Cómo la soportas?- le preguntó Harold señalando con el pulgar a la rubia, que tenía lagrimillas saliéndole por las comisuras de los ojos por el ataque de risa que había tenido. La pregunta le costó al chico un golpe en el brazo que casi se lo dejó dormido -¡Oye!- se quejó sobándolo, la chica tenía una derecha que muchos boxeadores ya quisieran. Gerald rio, aliviado de no ser quien recibiera ese golpe.

-No sé de qué hablas… Pataki es buena bestia ¿A que sí?- la rodeó con su brazo por el cuello y le quitó su gorra dejando libre su cabello… a Gerald le gustaba el cabello de Helga cuando la chica se lo dejaba suelto, y esa gorra que le regaló Arnold cada día le molestaba más porque no le dejaba verlo…

-¡Devuélvemela!- pidió entre risas la chica, el moreno se la arrojó a Harold.

-¡Corre, Berman!- en medio de risas, los chicos jugaron con la gorra por un rato, intentando que Helga no la recuperara hasta que una voz los interrumpió.

-¡Déjenla en paz!- Phoebe se paraba con los brazos en jarra a la cintura, intentando sonar imponente, pero provocando ternura en quien la viera

–Tenemos exactamente 48 minutos de almuerzo gracias a sus juegos- reclamó la pelinegra de lentes. Harold le devolvió su gorra a Helga.

-Lo siento, Phoebe. Nos dejamos llevar un poco- se disculpó Harold, quien no sabía a quién le temía más… si a Helga o a Phoebe…

-Está bien Harold. ¿Te sientas con nosotros?- el chico lo pensó un momento y encogiéndose de hombros aceptó la invitación, hacía mucho tiempo que no almorzaba con el cuarteto imposible, Gerald, el jugador estrella de baloncesto, Phoebe, la mejor estudiante de todo el estado, Helga, la buscapleitos de la escuela y Brainy, el más raro. Un atleta, una nerd, una gánster y un freak, la combinación imposible de la escuela comía casi siempre junta. Al menos durante octavo y noveno había sido así. De vez en cuando, alguien de la pandilla se les unía. Harold comía en la mesa del equipo de futbol o en la mesa de los autonombrados "populares" con Rhonda, Nadine, Lila, Mary, Sid, Stinky, Iggy y Peapod. Lorenzo parecía ser un tema vetado en esa mesa, a pesar de haber sido uno de sus integrantes antes de mudarse.

Así fue como la hora del almuerzo dio paso a la clase de Física, y a su vez, a la clase de Álgebra...

Su última hora de clase la pasó en el campo de futbol, entrenando con el equipo, el juego del campeonato intercolegial del estado de Washington estaba por celebrarse en un par de meses, a finales de abril y su entrenador los quería más que preparados. Después de 60 minutos de intenso y arduo entrenamiento físico, prácticas de jugadas y un par de decenas de vueltas al campo, el entrenador dio por terminada la sesión. Fue en ese momento que Harold finalmente se dio cuenta de la presencia del equipo de porristas en el lugar, resultaba gracioso que se hubiera unido al equipo para verlas y que ahora ni siquiera las notara.

Suspiró al ver a Rhonda dar por terminada también su práctica. Era la capitana de las animadoras, aunque no era sorpresa, jamás vio a nadie esforzarse tanto como a ella para conseguir algo. Se merecía lo que tenía.

Ese pensamiento lo hizo recordar el incidente en el pasillo, aunque no era un secreto la animosidad que existía entre la pelinegra y Helga, era muy raro que la chica perdiera el control en público de esa forma… había dicho cosas muy hirientes… ¿Estaría todo bien con ella? Quizás era mejor si se acercaba a preguntarle, Patty siempre le estaba diciendo que tenía que procurar hacer el bien por otros más seguido… Algo sobre una tal Carmen…

Harold se despidió de sus compañeros y se acercó a Rhonda, con su bolso deportivo al hombro. La chica guardaba sus pompones en su mochila y no sintió cuando el chico se acercó, asustándose un poco al oírlo hablar.

-¿Emocionada?- Harold la vio pegar un pequeño brinco y girarse alarmada, sonrió cuando notó que se relajaba inmediatamente al darse cuenta que se trataba de él.

-¿Emocionada por qué?- le preguntó con una ceja elevada.

-Oh… ya sabes, en unas semanas es su primera competencia fuera del estado… es algo importante- se encogió de hombros y la escuchó reír.

-Creí que te referías al maldito San Valentín, estuve a punto de mandarte educadamente al infierno- Rhonda rio un poco más, ante un atento Harold, que no recordaba haberla visto reír así desde la partida de Lorenzo.

-¿Educadamente?- preguntó divertido.

-Educadamente- le confirmó la chica, con una sonrisa de lado.

-Claro… porque ante todo eres una dama- le dijo asintiendo, como si ahora comprendiera algo importante.

-Claro… porque ante todo, soy una dama- ambos rieron y al guardar silencio se miraron, sintiendo que su corazón se aceleraba al encontrarse con los ojos del otro.

-Yo… ah… quería saber si estás bien- nervioso, se rascó la nuca en un gesto despreocupado que le arrancó otra sonrisa a la chica.

-¿Querías? ¿O quieres?- Era la primera vez en seis meses que Harold se acercaba a ella, que él iniciaba una conversación, que no salía corriendo al verse a solas con ella… Rhonda estaba intrigada.

-Bueno… quiero- el sonido de la voz del chico pronunciando esa palabra, le dio escalofríos a la pelinegra, la mirada de ambos se volvió más intensa.

-Yo también quiero…- Harold arqueó una ceja, confundido por lo que ella había dicho, en un tono más sensual del sanamente permitido -… saber si estoy bien- añadió, deliberadamente haciendo la pausa donde debía para que aquello sonara insinuante… era una insinuación de todas formas.

-¿No lo sabes?- Rhonda suspiró. Harold, o bien no entendía, o bien no quería entender, pero fuera cual fuera, lo que le había impulsado a hablar con ella era preocupación genuina y ahí no pasaría nada interesante. Lástima. Realmente extrañaba mucho besarlo, extrañaba muchísimo acariciarlo y sentirse entre sus brazos -¿Quieres hablar sobre… algo… en particular?- probó a decir el chico, sacando a Rhonda de su ensoñación. Esa inocencia en él era lo que tanto le gustaba, no había verdadera malicia o crueldad en el chico.

-Sólo digamos que extraño a cierta persona…- "en realidad, a dos personas", añadió en su mente.

-¿Hay algo que pueda hacer para que te sientas mejor?- eso de ayudar a otras personas porque Carmen quería, era más difícil de lo que pensó.

-En realidad… sí- y sonrió como un gato que tiene al ratón justo donde quería, y ahora jugará con él antes de tragarlo -¿Por qué te comportas como si tuvieras novia pero le dices a todos que no la tienes?- "¿Es por mí?", la traicionó el pensamiento y le miró asustada de haberlo pensado en voz alta, pero al confirmar por la expresión de Harold que no fue así, suspiró aliviada.

-Digamos que estoy entrenando- aquella respuesta ni siquiera estaba dentro de la lista de posibles respuestas a la pregunta que le habían hecho.

-¿Qué?- parpadeó confusa… ¿Escuchó bien?

-Sí, eso. Estoy entrenando… para ser novio de Patty- Harold enrojeció, era la primera vez que le contaba a alguien sobre su relación-no-relación con la castaña –Tenemos citas, y somos exclusivos, pero no somos novios, y tampoco amigos… estamos entrenando- Rhonda lo miró como si le hubiera dicho que el barniz de uñas sólo se manufactura en color rojo.

-Dices que… ¿Has estado saliendo con Patty?- el chico asintió -¿Esa es la razón de que rechaces a otras chicas?- él volvió a asentir, y de cierta forma, saber eso le quitaba un peso de los hombros a Rhonda, él no se alejó porque ella le resultara repelente, estaba intentando darse una oportunidad con Patty Smith… la chica que Rhonda sabía que podía hacerlo feliz. Sonrió como sicótica.

-No se lo digas a nadie por favor, aun no queremos que se sepa- la pelinegra agitó una mano en el aire como quitándole importancia al asunto.

-Oh, querido. Me conformo con ser la primera en saberlo- La chica tomó su bolso y comenzó a caminar rumbo a los vestidores, acompañada por el chico -¿Harán algo especial este 14 de febrero?- la curiosidad le pudo, era masoquista, Harold era uno de los chicos que le gustaba, probablemente el que más le gustaba, pero su vena entrometida le había saltado cuando él dijo que nadie más sabía, ella quería saberlo todo.

-No he pensado en nada… Es el día del amor y la amistad… ¿Qué se hace con alguien que no es tu pareja y con quien eres más que amigos?- Rhonda rio ante la pregunta.

-Ay, cielo… muchas cosas… haces muchas cosas con ese tipo de relación… todas muy placenteras créeme- Harold enrojeció cuando ella le guiñó el ojo, insinuante.

-¡Rhonda!- gritó indignado –hablo en serio… además… nosotros no… no hacemos esas cosas que estás pensando- afirmó, tan colorado que Rhonda sólo pudo reír de nuevo… secretamente aliviada de que Patty y Harold no hicieran esas cosas en las que estaba pensando, a pesar de tener ambos 17 años.

-¿Por qué no la llevas a mi fiesta? Así no tendrás que romperte la cabeza y piénsalo, estarán rodeados de sus amigos y eso podría ayudarte a estar más… cómodo- Harold la miró alucinado.

-¿Tendrás una fiesta el día de San Valentín? No lo sabía- Rhonda sonrió ufana.

-Querido, toda la escuela lo sabe… y te consta que mis fiestas no son nada aburridas… deberías tomar en serio mi invitación para ustedes- y dándole un beso en la mejilla, Rhonda entró a los vestidores de las chicas, sacando su celular y presionando en marcación rápida el 1… Nadine no tardó más de cinco segundos en responderle.

-¿Aló? ¿Rhonda?- la pelinegra colocó su bolso en una de las bancas y fue a abrir el cancel de una regadera.

-Sí, Nadine. Escucha, necesito que hagas que toda la escuela se entere de que daré una fiesta el 14 de febrero, ¿Entendiste?- la rubia estaba intrigada con el cambio de actitud de su amiga respecto al día en cuestión pero no quiso mencionarlo.

-Claro, Rhonda. Dalo por hecho- y terminando la llamada, la pelinegra comenzó a quitarse el uniforme para darse una ducha rápida. Aquel San Valentín prometía ser muy interesante.

Nadine seguía asombrada de que su mejor amiga hubiera sido capaz de montar tremenda fiesta en un par de días. La mansión Lloyd estaba completamente decorada acorde a la temática del día del amor y la amistad, había 64 tipos de bocadillos diferentes, cabinas de fotos distribuidas por el lugar, juegos de luces, servicio de cattering y barra libre… Aquello era sorprendente por decirlo menos… y que la anfitriona se acercara a ella con el rostro preocupado y le dijera en un tono afligido que la fiesta era un desastre por el poco tiempo que tuvo para organizarlo, la tenía al borde de una aneurisma.

-¿De qué hablas Rhonda? La fiesta es fantástica- le aseguró la rubia, en medio de su incredulidad ante lo que su amiga le decía. Sus palabras parecieron relajarla, al menos hasta que a la rubia la abrazaron por la espalda y pudo apreciar cómo su amiga se tensaba.

-¡Esta fiesta es fenomenal!- Exclamó el recién llegado a gritos para hacerse oír sobre la música. Se trataba de Michael. El estudiante de intercambio de Dublín, Michael Schneppenköetter… La pelinegra rodó los ojos, era un chico apuesto sí, y mentiría si dijera que cuando se presentó el primer día de clases del noveno grado no llamó su atención. Duró una semana. Porque entonces el chico hizo muy notorio su interés romántico en Nadine y desde hace un mes y medio eran novios.

El primer novio de Nadine. Rhonda no entendía por qué no era Peapod el que ostentara ese título, el castaño de lentes siempre se desvivió por la rubia y era atento y detallista con ella. Michael era… pues apuesto, y ahí terminaba la lista de cualidades del chico, al menos las que podía enunciar Rhonda. No le parecía que mereciera a Nadine.

Aunque claro, no le parecía que nadie mereciera a su amiga. Bueno, quizás Peapod…

-¿En dónde te habías metido Michael? Te estuve esperando casi media hora- la rubia se soltó del abrazo del chico –Nunca pasaste por mí- le reprochó con el ceño fruncido.

-Ah, lo siento bebé. Te entendí que nos veríamos aquí- y al sonreír, dos hoyuelos aparecieron en sus mejillas, los mismos hoyuelos que habían hecho que Rhonda le prestara atención el primer día de escuela, y los mismos hoyuelos que provocaban que Nadine le perdonara todo.

-Oh… está bien… es un malentendido- la rubia se sonrojó, mirando embobada a su novio. Rhonda sólo puso los ojos en blanco, que fuera precisamente ese mequetrefe el que le dijera que su fiesta era genial no la apaciguaba en nada.

Mientras tanto, al otro lado de la pista de baile, en la mesa de bocadillos… Harold y Patty tenían una amena conversación, el chico estaba aliviado de que todo marchara bien, aparentemente Rhonda le había dado un buen consejo.

-¿Ya has pensado a qué preparatoria asistirás?- preguntó esperanzada Patty, llevaba un par de meses intentando convencerlo de que se inscribiera en la H. S. 508, en la que ella estaba inscrita.

-Es que… toda la pandilla está pensando en inscribirse en la H. S. 201- enrojeciendo, se metió un rollo de camarones a la boca, intentando hacer tiempo para encontrar la forma de desviar el tema, no le gustaba hablar de la escuela… estaban en una fiesta ¡Por Cristo!

-¿Y?- la castaña alzó una ceja. Con el pasar del tiempo y entre más citas habían tenido, se sentía con mayor confianza de ser sincera con lo que quería o pensaba. Antes, procuraba concordar en todo con Harold, hacer lo que creía que él quería que hiciera o comportarse como ella creía que a él le gustaba, o directamente preguntándole y haciendo lo que él respondiera… El chico al darse cuenta tuvo una conversación muy larga con ella… una conversación nada placentera y que estuvo muy cerca de ser una pelea, pero en la que le dejó muy claro que él no quería que ella hiciera eso. Le dijo, con una seguridad dominante, que él buscaba tener a su lado una novia, no una muñeca que hiciera su voluntad… Aunque la comparación le había dolido, se dio cuenta que en su afán por agradarle más y así, Harold finalmente le pidiera ser su novia, había estado relegando a segundo plano sus propias opiniones y gustos. Desde aquel día, Patty trabajó en su comportamiento, a veces volvía a preguntarle a Harold qué quería que ella hiciera o dijera, pero era inconscientemente y cada vez menos frecuente, y de todas formas, el chico siempre le hacía notar cuando terminaba haciendo eso. La castaña cada día estaba más enamorada del joven Berman. Cada detalle, cada recuerdo, cada conversación, terminaba ilusionándola más. Esperaba que no fuera unilateral. Le rompería el corazón si al final del año, como lo pactaron, Harold tomara una decisión diferente a hacerla su novia.

-Es que… verás… Sid y Stinky son mis mejores amigos… y Helga y Gerald… no me imagino ir a clases y no verlos- dudoso, Harold buscó la mirada de la castaña –Me encantaría estudiar en la misma preparatoria que tú, pasar más tiempo juntos… pero- Patty sonrió enternecida, podía ver claramente la batalla interna que libraba su amigo-más-que-sólo-un-amigo… Sabía lo importante que era para Harold la amistad, ella misma fue su mejor amiga y valoró mucho esa cualidad en él. Así como él no quería que ella cambiara para amoldarse más a sus preferencias, ella no quería obligarlo a él a cambiar, sobretodo en un aspecto que despertaba la admiración de la unigénita Smith.

-Te entiendo Harold. No puedes basar tu decisión únicamente en quién irá a dónde, es mejor que leas la información de ambas escuelas y decidas- ambos compartieron una sonrisa, uno aliviado y la otra halagada. Al menos, estaba segura de que Harold lo consideraría como opción, eso era suficiente.

-¡Harold!- hasta la pareja, llegó abriéndose paso un chico de gorra verde, con el cabello atado en una cola en la base de su nuca, una chaqueta negra y unos pantalones de mezclilla negros deslavados. Lo reconocieron al instante.

-¿Qué pasa Sid?- lo saludó Harold, mirando de reojo a Patty, nervioso por no saber cómo interactuar con ella frente a su mejor amigo.

-¿Que, qué pasa? Te diré qué pasa… pasa que tú estás aquí… y Stinky y yo, por allá- y señaló al segundo piso, a una alcoba que se alzaba en parte sobre la pista de baile, en donde habían instalado una pantalla plana inmensa en la que jugaban videojuegos emocionados un par de chicos entre los que identificó a Joey, Stinky y Curly -¡Casi llega nuestro turno de jugar!- le dijo emocionado, mirando confundido a su amigo cuando no reaccionó igual -¿Te sientes bien? ¿Te duele el estómago?- le preguntó preocupado al no ver un cambio en su semblante.

-¡No me pasa nada!- Harold manoteó para que Sid apartara la mano que había colocado sobre su estómago ¿Por qué no podía tener amigos normales?

-Entonces ¿Sí vendrás a jugar?- le preguntó el chico, recuperando su emoción inicial. Harold miró a Patty, la castaña sólo le sonrió comprensiva y el de gorra azul finalmente terminó por aceptar la invitación de Sid. Ambos volvieron a perderse en la multitud de la que emergió el de cabello largo, dejando sola a la hija del matrimonio Smith. Al ver a su alrededor, realmente tuvo que admitir que lo que a Rhonda le faltaba de amabilidad, lo tenía de buen gusto, el lugar lucía impresionante. Patty deambuló por la sala, la estancia y terminó por salir al jardín, donde en el quiosco que se encontraba al centro, estaba sentada una rubia a la que conocía muy bien… lo que sí llamó su atención, fue verla con el semblante deprimido, con una rosa roja en la mano y usando un vestido de corte sencillo en color rosa. Quiero decir, en su niñez, Patty la había conocido usando un vestido rosa del mismo corte… ¡Pero dejó de hacerlo desde hacía dos años y medio!

La castaña se acercó dubitativa, sin darse cuenta de que pisaba hojarasca seca que alertó de su presencia a su amiga.

-¿Por qué no estás con el chico rosa?- le preguntó sin alzar la mirada, sobresaltando un poco a la chica que intentaba pasar desapercibida.

-No quería molestar- respondió apenada.

-¿Por qué no estás con el chico rosa?- repitió su pregunta, esta vez girando su rostro para encontrarse con la mirada ambarina de la chica, y señalando el espacio vacío a su lado en la banca en la que estaba desparramada descuidadamente, como un saco de papas que alguien hubiera arrojado ahí.

-Está con Sid y Stinky- Helga era la única a la que Patty le había confiado lo que ocurría entre Harold y ella. La rubia había sido un gran apoyo, sobre todo en los momentos en los que la castaña tenía micro ataques de pánico creyendo que al terminar noveno grado, Harold terminaría lo que tenían… Helga solía decirle en esos momentos "Nunca estarás segura de lo que pasará mañana, él podría decirte hoy muchas cosas, pero lo que de verdad importa es lo que hace por ti… es cómo se sienten cuando están juntos… no dejes que tu inseguridad empañe eso, porque pase lo que pase mañana, no debes quedarte con las ganas de hacer o decir algo"… sus palabras solían mejorarlo todo… Ahora, quien parecía preocupada era precisamente Helga -¿Qué estás haciendo aquí? Quiero decir, no pensaba que ésta fuera tu tipo de fiesta… ¿Y qué pasó con tu gorra?- Helga no solía salir sin su gorra azul.

-Podría preguntarte lo mismo… tampoco pensé que ésta fuera tu tipo de fiesta- Patty miró entonces el jardín, lleno de hermosas flores que casi parecían artificiales de lo rozagante y coloridas que eran…

-Aquí está bien, supongo. Huele bien, es bonito y tranquilo- Helga asintió a sus palabras -¿Ha ocurrido algo? ¿Dónde está Phoebe?- la rubia suspiró.

-Es día de San Valentín. Lleva una semana hablando de cómo quería tener una cena privada con Geraldo… supongo que le habrá cocinado y comprado velas y justo ahora se estén dando muchos besos- la mirada melancólica de la rubia se clavó en la rosa que llevaba consigo.

-¿La cortaste?- le preguntó Patty señalando lo que tenía entre sus dedos.

-Me la dio Brainy- la profunda tristeza en la voz de su amiga, contrajo de dolor su corazón.

-¿Helga?- preguntó en un susurro, sintiendo que el aire alrededor de ambas se volvía difícil de respirar. Los azules ojos de la rubia se posaron en ella con una pasmosa lentitud, brillaban con la promesa de un llanto que la joven no permitiría salir. Con la misma lentitud con la parpadeó, estiró su blanca mano y la colocó sobre la propia, en la banca.

-No te preocupes por mí… Ve con Harold- y en un intento de sonrisa, la comisura de los labios de la chica se elevaron cómicamente hacia arriba, como si el gesto le doliera, aparecieron a su vez líneas de expresión en su frente.

-¿Cómo no preocuparme por ti? Helga, evidentemente algo te está molestando- hacía algunos meses que Patty conocía un poco sobre la situación familiar de los Pataki. Un día, Miriam había ido al supermercado en condiciones nada sobrias y la señora Smith había sido el alma caritativa que se apiado de la rubia que vomitaba el pasillo de los desechables. Su madre se lo había contado. Y había añadido que no era la primera vez que se le veía en público en esas condiciones. Y mencionó algo de los rumores que corrían entre los padres de la PS 118 de que se repetía más seguido de lo que se podría considerar como aceptable. La castaña nunca le dijo nada de esto a Helga. Esperaba que ella le tuviera la suficiente confianza para decírselo por sí misma, pero cuando la veía así de alicaída, ya no pensaba como antes que se debía a la ausencia de Arnold Shortman, sino que ahora, se preguntaba amargamente si tenía que ver con Miriam y sus hábitos.

-¿Alguna vez te has preguntado cómo sería tu vida si hubieras hecho algo distinto?- la chica clavo su mirada azulina en la iluminación artificial que decoraba el techo del quiosco en el que estaban, similar a una serie de luces navideñas.

-¿Algo distinto?- Patty clavó la mirada en el techo también. ¿Tenía algún arrepentimiento? Si era sincera consigo misma, la castaña no se arrepentía de sus decisiones pero sí quería cambiar algo y sí se solía preguntar cómo sería su vida si aquella noche de verano se hubiera convertido en la novia de Harold Berman. No sabía si vocalizar esa respuesta en voz alta satisficiera cual fuera la intención de su amiga rubia al preguntarle aquello.

-Por ejemplo… haberle dicho antes a Harold lo que sentías por él- Patty la miró curiosa… ¿Era esto porque Helga se arrepentía de no haber sido sincera sobre sus sentimientos hacia Arnold antes?

-¿Qué habría cambiado?- Si la castaña supiera que, de haberle dicho a Harold durante quinto o sexto grado, lo que sentía por él, los sentimientos que cierto chico de gorra azul profesaba a cierta heredera de una prominente familia que resultaba ser la dueña de la mansión, en la que estaban pasando el día de los enamorados, no se habrían desarrollado, hechado profunda raíz en el corazón del chico, y provocado el sufrimiento más terrible al que Patty se enfrentaría en la vida… entendería lo mucho que cambiaría su futuro… o quizás no… dicen que lo que es, será, hagas lo que hagas.

-No lo sé… quizás nada… pero habríamos tenido más tiempo juntos- La castaña parpadeó, entendiendo que Helga sí estaba refiriéndose a Arnold y ella. Su mirada se llenó de compasión por su amiga, era una lástima que alguien tan bella como Helga, estuviera tan acomplejada como para ocultarse a sí misma del mundo, aterrada de que otros vieran el brillo que podía emanar de ella en lugar de toda esa opacidad que la seguía, y así podría superar la ausencia del dueño de sus suspiros, porque entendería que no le necesita para estar completa o ser feliz.

-A veces… las cosas son como son y no las podemos cambiar, si te concentras en eso sólo vas a frustrarte… otras personas que te quieren podemos resultar heridas si sólo te enclaustras en ti misma… Mira a Brainy por ejemplo… Te dio esa rosa porque te dijo que le gustas, gustas ¿cierto?- la rubia posó sus ojos en el rostro de su amiga, con las mejillas teñidas de un carmín que le arrancó una sonrisa a la castaña, cuando la había ubicado en el jardín, por las bajas temperaturas del exterior, la había encontrado muy pálida… o quizás su palidez se debiera a la batalla interna que seguramente le había provocado la confesión de su mejor amigo –No necesitas decir más, está escrito en tu cara- Helga frunció el ceño, pareció ir a decir algo, pero Patty no dejó de hablar –También está escrito en toda tu cara que no correspondes sus sentimientos… Y aunque él te hubiera dicho antes o después acerca de sus sentimientos, tu reacción sería la misma… o similar… por lo menos tus sentimientos serían los mismos y no podrías darle una respuesta positiva en ninguno de los escenarios planteados porque lo ves con ojos de un cariño fraternal, de hermanos- Helga pareció relajarse –Hay cosas que no podemos cambiar, sólo podemos aceptarlas como son y seguir adelante- le sonrió intentando transmitirle algún tipo de consuelo.

-Sé que tienes razón, Patty. Pero… saberlo y actuar en consecuencia, son dos cosas muy diferentes. No puedo evitar devanarme los sesos pensando en que lo mejor para mí sería que pudiera enamorarme de alguien como Brainy… que me conoce, me quiere y está a mi lado… y no, estar enamorada de alguien en otro país con limitado acceso a internet- suspirando, Helga volvió a mirar la rosa en su mano -¿Cuándo se volverá la vida más fácil?- Patty quiso dar una respuesta a su amiga, pero se dio cuenta que no tenía una… ¿Cuándo se volvía más fácil? Genuinamente no sabía. Ante su silencio, la menor de las Pataki rio de forma vacía –No me hagas caso, seguramente debe ser mi crisis de adolescencia haciendo presencia… En serio, ve con Harold- le insistió, dedicándole una sonrisa a todas luces fingida.

-Pero…- iba a protestar, hasta que fue interrumpida por un estruendoso sonido y varios gritos que venían de dentro de la casa. De la nada, todo se había quedado en silencio, sin música, sin gritos, sin conversaciones… ambas chicas se miraron confundidas y asustadas, e inmediatamente se pusieron de pie y entraron en la casa para averiguar lo que había ocurrido.

La escena que se encontraron sólo las confundió más. En el centro del salón estaba estrellada la pantalla plana que al inicio de la velada estaba en el balcón interior que se había adecuado para ser una especie de sala de juegos, los chicos que habían estado bailando miraban hacia arriba, con fascinado horror a la anfitriona de la fiesta, a Sid, a Stinky y a Harold, pareciendo asustados y enfrentados a un Curly que respiraba pesadamente y los miraba con odio… Patty avanzó un paso preocupada, ninguno de los presentes se había movido por miedo de alterar más al presunto responsable de que ahora la televisión estuviera estampada en la pista de baile. Como un animal sintiéndose amenazado, Curly giró sobre su propio eje, redirigiendo toda su atención en Patty que se congeló en el piso de abajo al darse cuenta de que era el blanco de la bestial mirada del chico de lentes rojos y corte de cabello de hongo…

Rhonda fue la primera en reaccionar. Preocupada al darse cuenta de que Curly ya no los miraba a ellos sino a la castaña amiga-más-que-amiga de Harold… Lo escuchó bufar cual toro, y tuvo escalofríos al pensar en lo que Curly podía hacer así de enajenado como estaba. La unigénita Lloyd avanzó tres pasos, entrando en el campo de visión periférica del chico de expresión enloquecida.

Curly volvía a tener su atención centrada en Rhonda… en su Rhonda.

Detrás de ella, Harold hizo un intento por detener a la pelinegra de acercarse más, y un gruñido que salió de lo profundo de la garganta de Curly, amenazándolo, lo frenó en seco.

Los espectadores contuvieron la respiración cuando el pelinegro tomó del brazo a la dueña de la casa y la haló hacia sí. Muchos querían sacar sus teléfonos para filmar, otros se morían de ganas por buscar un mejor lugar para no perder detalle de lo que pasaría, algunos otros sólo querían salir corriendo de la mansión y no tener nada que ver con ese ambiente cargado de tensión… pero ninguno hacía nada de lo que quería, permanecían quietos en su sitio, como queriendo pasar desapercibidos, reducir su presencia en el lugar lo que les fuera posible.

-Lo siento- susurró como un niño regañado, apretando el agarre que tenía en Rhonda. La pelinegra barrió el lugar con su mirada, la tensión se podía cortar con un cuchillo… aquello era malo… no quería que Curly se descontrolara, su respiración errática no auguraba nada bueno. Sabía que era capaz de agravar más las circunstancias que sólo aventar una pantalla de un segundo piso…

-Tranquilo Curly- le acarició el cabello con ternura, recibiendo una mirada de devoción de parte del chico –No pasa nada- le aseguró, intentando relajarlo. Alguien encendió la música, y eso pareció romper la fuerza que los había mantenido a todos en sus lugares. Muchos se fueron, otros decidieron vagar por los jardines y muy pocos se quedaron dentro de la casa.

Helga tomó el antebrazo de Patty con aprehensión. Guiándola por las escaleras de la derecha hasta Harold.

Más tarde esa noche, Sid les contó cómo habían llegado hasta los chicos y esperado por unos minutos su turno, pero la paciencia no era una virtud del chico de gorra verde, así que había iniciado una discusión con Joey para que le dejara el control y Curly había defendido a su amigo. Pero las cosas se pusieron raras cuando llegó Rhonda, la pelinegra había reñido a Curly y exigido que le dejara jugar a Harold, aparentemente lo que hizo al de lentes ver rojo y perder el control fue que la chica se había sentado en las piernas del futbolista.

Sid no tenía idea del problema en el que su inocente narración de los hechos, había metido a Harold.

Estuvo dándole explicaciones y pidiendo disculpas a Patty hasta la llegada de la primavera y sólo porque entonces la castaña estaba tan estresada por el inicio de sus exámenes que prefirió dejarlo atrás para que pudiera concentrarse en aprobar. Siempre le había costado la escuela y tenía que esforzarse si quería aprender un tema, no era como otros chicos que con asistir y escuchar lo que el profesor decía era suficiente.

Aquella noche de San Valentín, Rhonda también tuvo un problema monumental en casa cuando sus padres vieron lo que pasó.

Curly durmió en la mansión Lloyd, la pelinegra le dio una de las habitaciones de huéspedes, básicamente porque esperaba que así el chico se calmara lo suficiente para que olvidara el incidente.

Al día siguiente llegaron juntos a la escuela, y los comentarios jocosos que insinuaban que podía haber algo entre ellos fueron suficientes para tener a Curly entre las nubes el resto de noveno grado.

Finalmente la graduación de secundaria llegó.

Y la pandilla se fragmentó aún más.

Sheena se fue a Seattle.

Eugene entró en una academia privada donde tenían las mejores instalaciones en la enfermería, sus padres creían que valía la pena el esfuerzo.

Stinky no iba a asistir a la H. S. 201, aunque seguiría en Hillwood, iría a la preparatoria pública del distrito sur, más cerca de su casa.

Lorenzo seguiría en Nueva York.

Seymour se mudaba al sur de California.

Separarse era parte de crecer, seguirían sus propios caminos, caminos que tendrían que descubrir por su cuenta hacia dónde iban. Aunque a Harold no sólo le afectaba separarse de algunos de sus amigos, sino el hecho de que había llegado la fecha de expiración de su contrato verbal con cierta castaña y debía tomar una decisión.

Cualquiera creería que sería fácil, sobre todo porque se había dado cuenta de que deseaba con todo el corazón poder llamar a Patty Smith su novia.

Entonces… ¿Qué lo tenía tan indeciso?

¿Por qué seguía en el baile de la escuela? ¿Por qué no había ido a buscarla? Se imaginaba que la haría muy feliz un gesto como esos de las películas románticas en las que el chico se da cuenta de sus verdaderos sentimientos y sale corriendo en busca de la chica, sin importarle la hora, simplemente porque ahora que lo sabe no concibe un segundo más sin decírselo, y entonces llega a donde esté y hace su gran confesión de amor. Sí. Un gesto así la haría feliz.

Pero a Harold no le había pasado como en las películas.

Dos horas atrás, Gerald se había acercado a él, Sid y Stinky, y habían estado conversando hasta que mencionó que sacaría a bailar a Phoebe… Harold tuvo que preguntarle, ¿Cómo supo que quería que Phoebe fuera su novia?, ¿Acaso no encontraba atractiva a ninguna otra chica? Algo en la mirada del moreno le hizo entender a Harold de que sí había alguien, alguien que encontraba atractiva, pero luego Gerald le dijo "Lo supe cuando nos dimos nuestro primer beso… se sentía cálido… como encender la chimenea con una nevada fuera". Harold sabía de lo que Gerald hablaba, lo sintió cuando Patty lo besó por primera vez. Fue entonces que lo supo. Fue entonces que estuvo seguro. Quería a Patty. Estaba enamorado de ella.

Y cuando lo supo, no sintió el impulso de ir a buscar a Patty. En lugar de eso, lo primero que pasó por su cabeza fue Rhonda. Quería, con cada molécula de su ser, correr a buscar a la unigénita Lloyd.

Y aunque no sabía para qué, o por qué, eso mismo había hecho.

Y como aquella vez, hacía dos años, la encontró besando a otro. Esta vez no era Lorenzo. Se trataba de Curly. Y como un enajenado salió corriendo de ahí hasta la mesa de bocadillos, donde todavía estaba, intentando calmar su respiración, intentando entender por qué le afectaba tanto.

No quería a Rhonda.

Había descubierto que estaba enamorado de Patty.

¿Por qué no podía deshacerse del sabor amargo de la bilis que subía por su garganta?

Sentía que estaba en una encrucijada, que su decisión sería trascendental en su vida. Y no podía tomarla.

Tardó en darse cuenta que los graduados se iban retirando del lugar, entonces decidió imitarlos. Fue directo a su casa, ya se reuniría con la castaña al día siguiente como acordaron. No podía quitarse la imagen de Curly y Rhonda uniendo sus labios y por alguna razón lo ponía muy enfermo.