Disclaimmer: Los personajes no me pertenecen, sino a Craig Barttlet. Yo sólo escribo sobre ellos, sin ánimo de lucro. Espero que disfruten del siguiente capítulo y Mario, disculpa que te haga esto, pero el siguiente capítulo es el de graduación, lo publico el viernes en la noche... lo he separado porque está algo largo... tiene más puntos de vista que sólo el de Rhonda o Harold, es por eso...

En fin, la quinta entrega de Before Chronicles of love, friendship & poetry

A medida que transcurría su primer año en preparatoria, Harold se sumió en el letárgico sopor de la rutina. Iba a clases, almorzaba con la pandilla, se quedaba a sus entrenamientos por la tarde, volvía a casa, se mensajeaba con Patty. Los fines de semana trabajaba en la carnicería por las mañanas, pasaba las tardes de los sábados con Sid y Stinky, algunas veces se les sumaba Gerald, otras Iggy y Peapod, y los domingos eran de Patty.

Hay cierto alivio en una rutina, en saber qué esperar, en saber qué harás después…

Pero la inminente llegada del fin de curso no se pudo evitar.

Patty terminaba la preparatoria, habría un baile en la escuela, Harold nunca antes había estado en el edificio de la H.S. 508, y era muy diferente a su preparatoria. El chico tragó grueso. Llevaba el traje que Rhonda le dijo que usara. Se sentía como un disfraz. Patty a su lado, usaba un vestido sencillo corte imperio en un azul cielo que le encajaba como un guante. Su cabello recogido dejaba a la vista su cuello y clavícula… el chico tragó grueso. Ambos tenían 18. Ambos eran mayores de edad ahora, y Sid y Stinky le habían llenado la cabeza de la idea de que Patty seguramente esperaba que algo especial sucediera esa noche… Le encantaría decir que no tenía idea de a qué "algo" especial se habían referido sus amigos, pero estaría mintiéndose. Sabía perfectamente a lo que se habían referido. Y, con un infierno, que él deseaba que sucediera. Pero estaba aterrado, no tenía idea de si Patty lo quería también, si ya estaba lista para ese paso. Estaban a días de cumplir un año juntos y él se sentía incapaz de preguntarle directamente, ¿Cómo inicias una conversación de ese tipo? "Hola Patty, ¿Estás lista para que nos encamemos o debo esperar un par de meses más para volver a preguntarte?", ¡Eso sonaba horrible!

Sintió algo cálido deslizarse en su mano.

Al salir de la maraña que eran sus pensamientos, se dio cuenta de que se trataba de la mano de la castaña.

Una sonriente chica que esperaba pacientemente a que su novio se calmara para que pudieran entrar al salón de eventos de la preparatoria y participar del baile conmemorativo en honor a su generación de graduados.

Harold respiró hondo, ¿Qué buena obra había hecho para merecerse a alguien como Patty a su lado? Definitivamente, lo que ella decidiera hacer de su vida le iría increíble, era dulce y paciente y sencilla y exudaba ternura. Se alegraba de que hubiese podido superar su crisis de identidad de la primaria cuando los otros niños, ¡Oh, crueles infantes!, le decían cosas sólo por su apariencia. Él sabía perfectamente la crueldad que puede traer consigo una mente inocente, no existe un filtro entre los pensamientos y la boca, y sueltas todo lo que pasa por tu cabeza. Estaba seguro que muchos de los que la llamaban "Big Patty" no tenían idea cuánto lastimaban a la castaña.

-Por favor, dime que por lo menos habrá buena comida- rompió finalmente el silencio haciéndola reír. Disfrutaba ser la causa de las risas de su novia.

-Lo siento, pero estoy segura que no habrá salchichas Bockwurst ni dangos de postre, y creo que vetaron la comida mexicana porque la mayoría es de estómago sensible- Harold arrugó el entrecejo, ¿Qué clase de compañeros tuvo Patty? Se preguntó a sí mismo.

-Sólo espero que no todo sea comida vegana- otra ligera risa reverberó en el aire. Pensar en que pronto no tendría posibilidad de pasar sus días escuchándola reír, porque pronto iría a la universidad, le formó un nudo en el estómago a Harold, tan duro y pesado como una roca.

-Oh, vamos. Hay otras cosas en una fiesta a parte de la comida- Harold la miró como si hubiese dicho una imposibilidad. Ese día, Patty no podía dejar de sonreír. Que el chico vistiera un traje por ella, que la acompañara, que la tomara de la mano… todo hacía ese momento perfecto. Ya se preocuparía mañana del hecho de que tenía tres cartas de rechazo de universidades a las que aplicó en su cajón, en su dormitorio. Ese estrés era para el día siguiente. No para hoy. Hoy tenía que pasarla bien.

-Ya deberías saber que la comida es un parámetro de medición para determinar qué tan buena es una fiesta- le respondió el chico.

-¿Parámetro de medición? Aaww, mírate… de traje y usando palabras elegantes… mi príncipe- se abrazó al brazo de Harold, y soltó una risita. No quería seguir recordando que sus planes para el futuro tendrían que cambiar drásticamente.

-Vuelve a decirme príncipe y voy a dejarte aquí con todos tus compañeros- protestó el chico. Aunque no tuvo el efecto deseado porque lo arruinó con la sonrisa plantada en sus labios que no podía borrar.

-Descuida, Harold. Nos divertiremos ya verás- y Patty tuvo razón. Mucha razón. Y ni siquiera tuvo que continuar preocupándose por el asunto que con tan poca delicadeza habían señalado Sid y Stinky… porque esa noche, de la manera más dulce y tierna, ambos tuvieron su primera vez. Harold no podía estar más feliz ni exudar más seguridad.

A diferencia del unigénito del matrimonio Berman, el primer año de preparatoria de Rhonda había sido toda una campaña para sentar las bases de lo que pensaba sería su segundo reinado… Porque Nadine había tenido razón, no permitiría que Connie ni su séquito, le impidiera que ella fuera la reina de la H.S. 201 como lo fue de la P.S. 118.

Y el primer movimiento osado que hizo, estableciendo un precedente que marcaría el punto de inflexión de todo su ciclo escolar, fue presentarse, el día siguiente a la publicación de los nuevos miembros de los clubes y equipos deportivos de la escuela, con los labios color rojo, del tono más intenso que poseía.

No permitiría que nadie le dijera a ella qué usar y qué no.

El resultado no fue para nada como se lo imaginó. Dos chicas a las que no conocía la bañaron con dos cubetas de pintura roja cuando salía de los sanitarios entre la segunda y tercera clase del día.

Tres días después, el viernes de la segunda semana de clases, Rhonda anunció su candidatura para la presidencia del consejo estudiantil. A alguien no le hizo gracia por que robaron su ropa interior del vestidor de las porristas y lo colocaron en el asta bandera a la entrada de la preparatoria.

Un mes después, la pelinegra repartió las invitaciones para su fiesta de cumpleaños. Connie prohibió a las animadoras, y a los chicos considerados como populares, asistir.

A seis semanas de haber iniciado clases en la H.S. 201, Rhonda ya había tenido más encuentros con el interior de su casillero que postres en su adolescencia.

A dos meses del primer año de preparatoria, la unigénita Lloyd fue negada a participar en la rutina del primer juego de la temporada de baloncesto, y la mirada de victoria que le dedicó la rubia le provocó una ira que la llevó a tomar medidas desesperadas.

Básicamente, eso era lo que había acontecido en su vida para que se encontrara frente a Helga Pataki después de su entrenamiento en el club de atletismo, a punto de pedirle su ayuda.

-¿Qué tanto me ves, Princesa Lloyd?- espetó con rudeza la chica. A unos metros de ellas, Rhonda vio llegar a Harold, Phoebe y Gerald que observaron la escena desde la entrada al campo. Entendiendo que la pelinegra no quería que se acercaran.

-Verás, Pataki.- empezó a hablar, haciendo una mueca de fastidio ante su propia idea de buscar a la maleducada chica –He venido con una propuesta que quizás te interese- la parte derecha de su uniceja se disparó a la parte superior de su frente. Rhonda no pudo evitar preguntarse por qué la rubia insistía en conservar esa apariencia tan poco femenina, pero luego de respirar, también se dio cuenta que era precisamente la naturaleza violenta de la personalidad de su compañera de la infancia lo que había hecho que creyera que ella podría ayudarla.

-Dudo mucho que cualquier cosa que venga de ti me pudiera llegar a interesar- le respondió con algo de diversión… si la Princesa Lloyd quería algo de ella, que rogara días enteros, Helga dudaba que pudiera convencerla de hacer algo por ella.

-Oh, yo no estaría tan segura- y la pelinegra señaló en dirección a los tres amigos que las miraban desde lejos –Sé que quieres mucho a Phoebe. Que al igual que yo por Nadine, tú harías lo que fuera por su… felicidad- y un brillo malicioso destelló en las orbes negras, llamando la atención de Helga.

-¿Y qué podrías tú tener que ver con eso?- preguntó, arqueando su uniceja una vez más.

-¿Sabes quiénes son Connie y María?- la vio tensarse de pies a cabeza.

-Claro que lo sé- bufó la rubia. Ese par podía ser incluso peor que Rhonda si se lo proponían.

-Hablo… de que si sabes quiénes son- se repitió Rhonda, con una mirada insistente -¿Escuchaste el rumor de que hay problemas en el paraíso? En los pasillos se dice que han visto a Gerald y Phoebe discutiendo- la rubia la miró reprobatoriamente.

-No te metas en la vida de mis amigos, Wellington- y alzó su puño amenazadoramente, aunque no consiguió amedrentar a su interlocutora ni un poco.

-Yo sólo intento descubrir si tú conoces el motivo de esas discusiones tan ajenas a la perfecta relación de esos dos- y no necesitó mayor confirmación que la expresión de confusión en el rostro de la rubia para saber que no tenía ni idea –Bien… yo te lo diré- y avanzó un poco más cerca de la chica cuyo bolso deportivo había dejado caer al suelo, suponiendo que el encuentro se alargaría más de lo que su sanidad mental debería permitir –Connie y María fueron las primeras citas de Gerald y Arnold cuando estaban en cuarto- complacida de verla reaccionar ante el nombre de cierto rubio, continuó explicando el motivo de acudir a ella –Verás, Connie es la representación de todo lo que está mal en el mundo- Helga la miró como diciendo que exageraba –y Connie ha estado coqueteándole, en repetidas ocasiones, al novio de tu mejor amiga. Y yo quiero darle una lección, ¿Me ayudarás? Por Phoebe- la rubia la veía con sospecha. Guardó silencio largo rato en el contemplaba sus dos opciones.

-Lo haré. ¿Qué tienes en mente?- y esas eran las palabras que Rhonda había ido a escuchar.

-Sólo… quiero regresarle un poco de su propia medicina- y la pelinegra soltó su mejor risa malvada de súper villano.

Así fue como la menor de las Pataki y la unigénita Lloyd hicieron una tregua. Enterrando el hacha de guerra entre ellas.

La siguiente semana, Nadine, Lila, Rhonda y Helga se reunieron clandestinamente para preparar lo que sería el motín al reino del horror de Connie Sinclair. La rubia puso la condición de que nadie más se enterara de que estaba ayudando a la pelinegra.

Y finalmente, un nuevo lunes llegó. Connie y María entraban juntas a la escuela, comentando sobre la nueva rutina que debían enseñarle a la escuadra, cuando una pelirroja les impidió continuar caminando por el pasillo.

-¿Sawyer? ¿Ahora qué quieres?- María se cruzó de brazos, fastidiada.

-Me envía Burt a decirte que quiere hablar contigo, que lo busques en la cancha de baloncesto durante el primer descanso- Lila batió sus pestañas inocentemente.

-¿A María? ¿Burt quiere hablar con María?- preguntó Connie, cruzándose de brazos y luciendo bastante molesta.

-Sí. Eso me dijo- la voz de la pelirroja era miel pura.

-¿Ah, sí? Dile que ella no irá- espetó Connie. Evidentemente, que su ex novio enviara mensajes a su mejor amiga no le hizo ninguna gracia.

-¿Qué no iré?- María se veía ofendida de no ser tomada en cuenta por su amiga. Lila sonrió para sí misma.

-Pues no- respondió la rubia con tono de obviedad -¿Por qué querrías ir?- y entonces, se giró con los brazos cruzados a encarar a la morena de ceño fruncido.

-No lo sé. Para saber qué quiere, supongo- Lila dio un paso atrás.

-¿Por qué querrías saber qué quiere? No le hablamos ¿recuerdas? Es un cretino- María iba a responder cuando de pronto alguien gritó a medio pasillo. Las chicas se giraron y quedaron anonadadas con lo que vieron.

Era Burt.

Con Rhonda Wellington Lloyd en sus brazos.

El grito había sido de la pelinegra que aparentemente estuvo por caer cuando el chico la atrapó.

Connie y María caminaron hacia él, con iguales posturas amenazantes.

-¡Burt! ¿Qué crees que haces?- el castaño alzó la mirada al escuchar su nombre, enderezando a su posición vertical a la pelinegra. Connie parecía a punto de ebullición cuando notó que no apartó la mano de la cintura de la chica.

-¿María? Qué bueno verte. Te espero en la cancha, nos vemos- y el castaño dio media vuelta y se alejó de la escena, dejando detrás a un par de amigas que empezaban a pelearse.

Al girar el pasillo, alguien lo tomó del cuello de la camisa y lo jaló al interior de un aula.

-¿Qué pasó?- Nadine se veía ansiosa. Burt miró al par de rubias en el aula con fastidio.

-Se están peleando. Estoy seguro de que irán a la cancha en el primer descanso- el castaño puso los ojos en blanco cuando Nadine aplaudió emocionada.

-Sí, sí. Esto no ha terminado, debemos ir por las demás- Helga se acercó a Burt –Y ya sabes, si piensas sólo por un momento en echar de cabeza a la Princesa Lloyd- lo tomó por el cuello de la camisa, haciendo que bajara un poco la cabeza para que sus ojos estuvieran al mismo nivel –Voy a infringirte tanto dolor que tus nietos no natos van a sentirlo- y al soltarlo añadió –Además, dejaré que tus fotos navideñas familiares circulen por ahí… a la escuela vas a encantarles con tu disfraz de elfina, muy varonil- y con un chasquido de dedos, Nadine la siguió fuera del aula, dejando a un enfurecido pero muy aterrado chico… ¿Quién rayos era esa rubia loca?

-¡Cielos, Helga! Eso fue genial- exclamó la rubia con mejor bronceado del par… básicamente porque la otra chica no estaba en lo absoluto bronceada.

-Como sea… ¿Convenciste a las de primero?- Nadine asintió efusiva.

-Aunque, todavía no sé cómo hiciste para que las de segundo y tercero decidieran ayudarnos- la mueca divertida de la menor de las Pataki le dio escalofríos a su compañera.

-Eso, querida,- escupió el apelativo más usado por Rhonda –no te lo diré nunca- y Nadine supo que era verdad…

María pisaba con fuerza innecesaria al dirigirse al gimnasio de la escuela, donde se encontraba la cancha de baloncesto y donde Burt la había citado. Sabía perfectamente que Connie iba tras ella, no necesitaba girarse para corroborarlo, simplemente la conocía muy bien. Aunque eso no hacía menos doloroso el hecho que desconfiaba de ella. María lo único que quería era averiguar si Burt quería decirle algo sobre Tommy. El chico estudiaba en la H.S. 508, habían terminado el año anterior y extrañamente comenzó a compartir fotos en sus redes sociales con su ex ex novia Ruth McDougal… Le caía tan mal que hasta en su mente mencionaba su nombre con aversión.

Al llegar a las puertas del gimnasio, las abrió de par en par con bronca.

Ahí no había nadie.

-¡No puedo creer que…!- empezó a gritar Connie, callándose al encontrar el sitio vacío -¿Te ha plantado?- le preguntó parpadeando confundida… Burt no plantaba a las personas, no era su estilo.

-¿Yo qué sabré?- respondió una enfadada María de tener pegada como lapa a su amiga. Ambas caminaron al centro de la cancha, a pesar de que era bastante obvio que no iban a encontrarse a nadie.

-Esto es culpa tuya… siempre le estás coqueteando- le reclamó Connie, iniciando una pelea entre las chicas que las distrajo lo suficiente como para que el sonido del correr de una soga a través de una polea, pasara desapercibido para ellas. Hasta que una pesada red les cayó encima, tirándolas pecho tierra al piso.

Y todavía estuvieron más confundidas cuando se vieron rodeadas por prácticamente una multitud de chicas desde el primer al último año de la escuela, la mayoría, las animadoras de su escuadra.

-¿¡Qué significa esto!? ¡Déjennos salir!... ¡Argh! Las meteré a todas en una cajita y la sacudiré hasta que no recuerden ni sus nombres, perras- vociferaba a voz en grito la rubia mientras la morena intentaba, a jalones, quitarse la red de encima.

-Quien estará pronto en una cajita si no te callas, eres tú Connie- Rhonda Wellington Lloyd se colocó sobre una de sus rodillas, para estar al nivel del campo visual del par de chicas que hasta ese día eran sus atormentadoras en el colegio –Te diré algo… para que entiendas mejor tu situación- recapituló la pelinegra –Desde que entraste a la H.S. 201 no has hecho otra cosa que menospreciar y humillar a tus compañeras de clase y de grados inferiores al tuyo… yo llevo aquí 9 semanas y ya me tienes harta… imagina ellas- parecía haber hiel disfrazado de endulzante en la voz que estaba utilizando la unigénita Lloyd con la rubia –No obstante, no estamos aquí para ser juez, jurado y verdugo- la pelinegra estiró su mano para acariciar la mejilla de la capitana del equipo de animadoras, que sólo la miró con más odio por el gesto –Queremos darte una oportunidad- y con un chasquido de dedos, el grupo de chicas que rodeaban a Connie y María se adelantaron hacia la red y la quitaron de encima del par.

-¡Ahora sí! ¡Estás muerta Lloyd!- vociferó María y quiso abalanzarse en dirección a la pelinegra, pero de pronto, un golpe en el estómago la congeló en su sitio, el dolor se concentró en ese punto para, en el segundo siguiente, parecer estallar, haciendo vibrar sus terminaciones nerviosas. Cayó de rodillas y comenzó a toser a gatas, intentando recuperar el aire que ese golpe le había hecho perder.

-¡Oh! Pero qué maleducada de mí, no te he presentado a mi amiga- Rhonda caminó hacia la menor de las Pataki y como si fuera la edecán de un novedoso producto, la señaló con un gesto fluido de su mano –Ella es Helga Pataki… y sus amigas, Betsy y los cinco vengadores- la rubia sonrió sardónica en cuanto escuchó a la pelinegra usar el apodo que ella misma le daba a sus puños.

-¿A mí qué me puede importar quién sea?- vociferó Connie.

-Debería- y la mirada que le dio Rhonda luego de esa aseveración hizo a la rubia tragar grueso. Se quedó observando con mayor atención a la chica que golpeó a su mejor amiga… Era alta, y tenía un gesto de ir a morderla en cualquier momento que se acentuaba aún más por su uniceja, llevaba ropa de hombre que la hacía lucir como una amenaza, como alguien peligrosa y violenta. Connie sintió algo helado recorrerle la espalda y supo que sudaba aterrada de sólo pensar en que esa rubia le hiciera algo.

-Básicamente… lo que queremos es que nos dejes a todas en paz, ¿Se puede?- habló Nadine, intentando sonar amedrentadora, y quizás no tuvo el mismo efecto que Helga, pero igual hizo que el par capitulara.

-¿Qué ganaría con eso?- preguntó Connie.

-¿Sabías que Burt llevará a Mindy Trinkle a la fiesta de Halloween que daré en mi casa?- respondió con otra pregunta, Rhonda.

-¿Qué?- había sido un golpe bajo.

-¡Oh, Mindy!- la llamó Helga.

-¿Sí, Pataki?- una joven de segundo año, con cabellos cobrizos, enrulados y cortos, salió de entre la pequeña multitud que conformaban las presentes.

-¿Aceptarás la invitación de Burt?- volvió a hablarle Helga.

-Tal vez- y se encogió de hombros.

-¿De qué dependería?- le preguntó Rhonda.

-De lo que te respondan Connie y María- y se encogió de hombros.

-La familia Lloyd es reconocida por su talento en sus negocios, yo lo llevo en la sangre, no soy de naturaleza violenta, queridas- inició su discurso la pelinegra –Así que, estamos aquí con dos opciones para ti… la primera es que, si decides dejarnos a todas en paz, y la aseveración de todas no sólo incluye a las que estamos aquí, sino a todas las chicas de la preparatoria; entonces, Mindy le dirá a Burt que no y podemos hacer que Burt te lleve al baile, e incluso… puedo hacer que Tommy te pida que vuelvan, María- la morena alzó la vista, que había permanecido clavada en el suelo mientras recuperaba el resuello -… o… puedes elegir la segunda opción- continuó la pelinegra.

-¡Mi favorita!- gritó una chica de tercero, y una oleada de carcajadas se extendió por el grupo, poniendo a temblar al par que había reinado la preparatoria hasta la llegada de la chica Lloyd.

-Si te decides por la segunda opción… Lila, Nadine y yo nos iremos del gimnasio… pero seremos las únicas que lo abandonen… y no voy a tomar responsabilidad en lo que te pase después de eso- Connie y María observaron los rostros a su alrededor, cada uno más amenazante que el anterior –y sólo puedo decirte que Helga será quien se encargue a fuerza de meetings con Betsy y los cinco vengadores… bueno, ella y quien se anime a colaborar- un sonido de aprobación salió de las gargantas de las presentes –que parece que serán casi todas… en fin, se encargaran de hacerte entender que nos tienes que dejar en paz a todas o harán que no puedas volver a meterte con nosotras…evidentemente, esta segunda opción no incluye ni a Burt ni a Tommy… qué lástima ¿no?- Rhonda puso una expresión de profunda lástima -¿Qué elegirán?- María alzó el rostro, desafiante.

-¡Ninguna de las dos, loca! Iremos con el director y le diremos lo que estás haciéndonos- la morena volvió a hacerse acreedora de un golpe, esta vez proporcionado por Clementine Larson, una chica de tercer año a la que Connie y María habían marginado esparciendo rumores falsos de que tenía una condición médica que la obligaba a usar pañal.

-Tsst… respuesta equivocada- tronó la lengua contra su paladar, mientras volvía a acercarse, esta vez a María y se inclinaba para poder entrar en su campo de visión –La palabra del 90% de la población femenina de la escuela contra la de ustedes, no me parece un escenario favorecedor ¿Lo intentamos de nuevo?- y Roxanne Jones, estudiante de segundo año a la que el par de chicas en el centro del tumulto, le habían robado su ropa mientras se duchaba en los vestidores luego de una práctica de la escuadra, obligándola a correr por los pasillos a la enfermería, sin nada con qué cubrirse que una pequeña toalla; se acercó a Connie y la golpeó en la parte de atrás de sus rodillas para que cayera en la misma posición que María -¿Qué elegirán?- y el tono de Rhonda fue tan distinto, se sintió como estar bajo una granizada que puede perforar el parabrisas de tu auto, pero no puedes entrar en él porque te has dejado las llaves dentro. Helado y doloroso.

-La primera- respondió entre dientes Connie. Destilando odio por cada poro de su piel.

-Perfecto. Yo no falto a mi palabra, rubiecita… pero como no sé tú… Entérate que si vuelves a humillar a alguna chica… Los puños de Helga será de lo último que tendrás que preocuparte porque tendrás mi bota tan hundida en tu…- la chica no pudo completar la idea.

-¡Rhonda!- la interrumpió Lila azorada.

-…espero que hayas entendido- dijo en su lugar la pelinegra.

Y así fue como Rhonda se quitó al par de chicas de encima. Y no sólo ella… todas las chicas tuvieron una vida más tranquila. Así, Lila y Nadine, pudieron ayudarla con su campaña para la presidencia del consejo estudiantil.

Su fiesta de Halloween ayudó a ponerla en el radar de los estudiantes mayores.

Su fiesta de Navidad la consolidó como parte del grupo de los populares de la escuela.

Su fiesta por la victoria del torneo de Baloncesto de intercolegiales, le puso en la bolsa a los atletas.

Su fiesta por su cumpleaños provocó que muchos comenzaran a verla como la única perfilada para el puesto de presidenta.

El día de las elecciones, Rhonda sentía que no podía tragar el nudo que tenía en su garganta. Llevaba ocho meses trabajando para conseguir ese puesto, era un paso más hacia su coronación como reina del baile al graduarse de preparatoria, y haría a sus padres muy orgullosos.

Para calmarse platicó con Lorenzo por teléfono. Casi dos horas en una llamada que sólo servía de placebo. Lo echaba tanto de menos que la mayoría del tiempo tenía problemas de concentración, lo que afectaba un poco sus calificaciones. No reprobó ninguna materia, pero sabía que si el siguiente año no se esforzaba más, estaba muy cerca de hacerlo.

Finalmente, los resultados de las votaciones se hicieron públicas.

Y claro que, Rhonda fue la ganadora. Como buena Lloyd, cumplió su palabra. Burt había ido a cada una de sus fiestas con Connie. Y Tommy había empezado a buscar a María, incluso le había mandado flores en un par de ocasiones.

Rhonda sabía qué hilos jalar para que se hiciera lo que ella quería… por algo estaba interesada en la política.

El fin del primer año de preparatoria se sintió como un desahogo para la pelinegra. En primera, porque pasaría el verano en una campiña italiana dorándose al sol en compañía de un descamisado pelinegro que coincidentemente era su mejor amigo y el chico que le gustaba, y en segunda… porque no tendría que ver a Harold y a Patty siendo perfectos juntos.

Suficiente tenía la pandilla con Phoebe y Gerald, ahora había otra pareja y los niveles de azúcar que podía soportar su cuerpo eran superados por tanto que cada semana comprobaba con su médico de cabecera que no tuviera Diabetes.

Fue un verano inolvidable. Esencialmente porque experimentó mucho con Lorenzo. Seguía conservando su palabra con "v" intacta, pero jugar con él en el dormitorio de alguno de los dos había sido divertido. Y como todas las cosas buenas, el verano terminó y estaba de nuevo en la escuela. Su segundo año de preparatoria. De hecho, tenía una lista ahora. Básicamente, escribió sus objetivos para que no perdiera el que debía ser el punto focal de su atención.

* 1. Convertirse en el único prospecto elegible como capitana de las animadoras para el siguiente año.

* 2. Mejorar sus calificaciones.

* 3. Elegir al chico que sería su rey en el baile de graduación y hacerle creer a la escuela que tenían una relación sin que tuviera que tener novio.

No necesariamente en ese orden.

Si Lorenzo asistiera a la H.S. 201 con el resto de la pandilla, probablemente él sería su primera opción para reinar a su lado, reunía todos los requisitos de su lista. Porque también había hecho una lista para hacer más fácil la búsqueda del puesto que había decidido nombrar "El Rey-no-novio", y para encontrarlo, tendría que reunir por lo menos los siguientes criterios:

*1. Ser popular (obviamente, y esto no es negociable)

*2. Estar en el equipo de futbol o en el de baloncesto (y de nuevo, no era negociable, ya que estos dos equipos eran los más admirados por la población de la preparatoria)

*3. Que fuera divertido.

*4. Que hiciera lo que ella le dijera que hiciera (y esta era muy importante)

*5. Y que fuera condenadamente atractivo (una vez más, no era negociable)

Había otra persona que conocía que reunía todos los requisitos. Pero, por él había agregado mentalmente un sexto requisito a la lista.

*6. Que sea soltero.

No quería problemas ese año. Tenía muchas cosas que hacer, ahora que era la presidenta del consejo estudiantil, tenía que decidir dónde se haría el baile por el aniversario de la escuela, todos los años era un soso evento donde servían ponche tibio y galletas variadas mientras te sentabas a escuchar el discurso de dos horas del director… el año pasado, Rhonda se quedó dormida, lo cual no era para nada elegante y no podía permitir que sucediera de nuevo.

Además, tenía que pensar en cómo harían la fiesta de Halloween de la escuela para que fuera asombrosa, aunque no más que la que ofrecería como after party en su propia casa.

Y luego estaba el festival por el día de acción de gracias, el baile de invierno, el festival de los clubes y equipos abierto al público para recaudación de fondos, y el baile de San Valentín, porque ella había propuesto en el consejo estudiantil antes de terminar el ciclo escolar la idea de un baile por el día de los enamorados, que fue inmediatamente aceptado.

Tenía su calendario lleno. A parte estaban los cumpleaños de Nadine y Lila, los dulces dieciséis de sus amigas fueron muy simplones en comparación con el propio y decidió que les haría una fiesta sorpresa por su cumpleaños diecisiete.

Con tantos eventos y fiestas, ocuparía su mente todo el año. Quizás así extrañaría un poco menos a Lorenzo y dejaría de pensar tanto en Harold.

Hablando de Harold, el primer día de clases se enteró de que Patty había decidido tomarse un año sabático para decidir qué quería estudiar. Lo que le parecía genial, porque así, Harold no tendría que pasar por el estrés que una relación a distancia suponía.

Durante la primera semana de clases, Nadine les contó a ella y a Lila sobre Frank. Un inglés que conoció en su campamento de entomología. Les mostró las fotos… era un chico de cabello negro y ojos verdes, con la nariz ancha y un par de hoyuelos. Rhonda pensó para sí que Nadine parecía tener debilidad por los hoyuelos… había sido su amor de verano… un noviazgo de tres semanas que decidieron continuar a distancia. No quiso decirle que aquello era mala idea. Las relaciones monógamas a distancia no tenían buenas expectativas de éxito, pero la vio tan feliz, que no quiso comentarlo.

Lila empezó a salir con Iggy. "iugh" era lo único que la pelinegra tenía para decir al respecto. Sobre todo porque ahora tendría que tacharlo como opción para su Rey-no-novio, Iggy era genial como amigo, pero besaba con demasiada lengua y le gustaba hablar mucho de sí mismo para que funcionara entre ellos de todas formas. Lila se merecía alguien mejor. Alguien como Arnold. Pensar en el rubio llenaba de melancolía a Rhonda, y eso no se lo podía permitir en medio de su ocupada vida, así que evitaba pensar en él.

Además, Curly se convirtió en su vicepresidente en el consejo estudiantil, básicamente por dos razones, la primera era que Nadine y Lila rechazaron serlo y eso terminó con las opciones que tenía pensadas hasta el momento… Y la segunda, que en primer año estaba Chloe Lukasiak, la ganadora de Miss Washington State, concursante de certámenes de belleza desde que aprendió a pararse en ambos pies y que tenía a la población masculina de la preparatoria tan alborotada como si fuera un coyote irrumpiendo en un gallinero… Fue entonces que el pelinegro le propuso una alianza que resultó muy prometedora. De alguna forma Curly sabía que quería ser reelegida para el siguiente año, y le aseguró que mientras ella tenía al grupo popular en la bolsa, los de tercero que habían votado casi en unanimidad por ella por lo acontecido con Connie y María, ya se habían graduado de la escuela, y que él podía asegurarle que obtendrían el voto de los no-tan-populares, con él como vicepresidente, que además, haría lo que ella le dijera y estaría siempre de acuerdo.

Y vaya que cumplió cada una de sus promesas, al celebrarse las votaciones, dos semanas antes de terminar el ciclo escolar, Rhonda fue reelegida.

Además, la entrenadora del equipo de animadoras reunió a la escuadra para comunicarles que la decisión de la siguiente capitana había sido tomada… El nombre Rhonda Wellington Lloyd salió de los labios de su profesora, y luego de una celebración efusiva y felicitaciones, obviamente ofreció una verdadera celebración por todo lo alto en su casa. Al día siguiente llamó a Lorenzo. Agradecía que aunque fueran temas que no eran de interés principal para el pelinegro, la escuchara y genuinamente se alegrara por ella.

Y fue justamente en su fiesta de terminación del ciclo escolar que interactuó por primera vez con Josh Evans… Un castaño de ojos oscuros y sonrisa fácil que fue elegido como capitán del equipo de futbol en lugar de Harold sólo porque el ex gordito no quiso. Ya había notado a Josh, por supuesto que sí, de hecho, se había pasado el año coqueteándole a la distancia. Pero él había estado saliendo con Mindy Trinkle de tercero gran parte de ese año. Rompieron dos meses antes de que terminara el año escolar. Y a juzgar por su interacción en la fiesta... podría considerar que había encontrado a su Rey-no-novio.

Y así fue como terminó el segundo año de preparatoria.

* 1. Convertirse en el único prospecto elegible como capitana de las animadoras para el siguiente año. – CHECK AND DONE.

* 2. Mejorar sus calificaciones. – CHECK AND DONE.

* 3. Elegir al chico que sería su rey en el baile de graduación y hacerle creer a la escuela que tenían una relación sin que tuviera que tener novio. – CHECK AND DONE.

Henchía el pecho de orgullo al ver su lista de objetivos de inicios del año escolar realizada en su totalidad… le hacía tan feliz que se lo mostró a sus padres.

No esperaba la decepción en el rostro de Buckley.

-Qué poca ambición tienes Rhonda- fue lo único que le dijo antes de retirarse a su estudio a continuar trabajando. Brooke intento mejorar la situación, pero lo cierto era que pensaba igual que su marido, así que no consiguió quitar la nube gris que ahora empeñaba su momento de logro.

Si lo pensaba fríamente, no sabía en qué momento se le ocurrió creer que su padre, siendo el hombre de negocios que era, iba a impresionarse porque sus calificaciones hubieran subido de 6.3 a 7.4, que la hubieran elegido como capitana de las porristas y saliera ahora con el chico más popular de la escuela, después de Gerald Johanssen…

Esa noche, Rhonda le hizo una llamada a Lorenzo, a pesar de que en un par de días se verían en las playas de Niza.

-¿Hola?- escuchó su voz responder luego de unos segundos que le parecieron ridículamente largos.

-Hola… ¿Te desperté?- no pudo disimular la tristeza en su tono.

-No. Acabo de volver de mis lecciones de chelo… ¿Estás bien?- el ritmo de vida que llevaba Lorenzo era demasiado ocupado y cargado de lecciones y clases adicionales a las que tomaba en la preparatoria. El señor Mota De Larrea esperaba que al graduarse, Lorenzo tomara un trabajo a medio tiempo en sus empresas mientras estudiaba economía y finanzas. Por eso asistía a un diplomado de Análisis Contable antes de que iniciaran sus clases en la preparatoria, al salir, tenía que participar del equipo de emprendedores del que formaba parte y luego iba dos veces por semana a clases de Taekwondo (su padre insistía en que necesitaba disciplina) y los otros tres días tenía lecciones de chelo. Sus fines de semana estaban plagados de clases con tutores personales que iban desde lenguas extranjeras hasta leyes institucionales, pasando por logística y comercio internacional. Que aun así, se diera el tiempo de responder sus llamadas y escucharla atentamente, era el cumplido más halagador que nadie le había hecho en su vida.

-Lo estaba… pero luego quise compartir con mis padres mis logros del año… no los impresionaron- respondió la pelinegra, tirándose a su cama.

-¿Hablas en serio?- exclamó el chico sorprendido -¡Ahora eres la capitana de una escuadra de porristas! ¿Sabes lo que denota eso? Liderazgo, disciplina, perseverancia, talento… la lista sigue… y conseguiste subir tu promedio once décimas… es en extremo difícil de lograr- sonrió enternecida de que Lorenzo recordara las conversaciones que sostenían.

-Olvidaste mencionar que el capitán del equipo de futbol, un chico apuesto, divertido y popular ahora sale conmigo- escuchó una risa grave a través de la línea que reverberó en su pecho.

-Lo omití intencionalmente… porque de ése sale más beneficiado tu Rey-no-novio que tú… no hay quien sea merecedor de tu atención, Rhonda- la calmada voz de Lorenzo ayudó a la pelinegra a sentirse más calmada.

-Ojalá estuvieras aquí- sin poder contralar el tono lastimero de su voz, Lorenzo fue capaz de percibirlo.

-Estamos a unas 36 horas de vernos. Sé un poco paciente- la chica bufó en la línea –O igual puedes hacer ruidos de queja nada elegantes- y se rio un poco, contagiando a Rhonda.

-Es sólo que… me haces mucha falta- y se sorprendió a sí misma al notar que el sentimiento de añoranza era más profundo de lo que pensó alguna vez.

-Y tú a mí- le respondió su mejor amigo. Continuaron hablando de nimiedades y cosas más mundanas, entretenidos en las últimas series y películas que llamaron su atención, hasta que Rhonda no podía mantener los ojos abiertos por más tiempo y, a juzgar por la frecuencia de los bostezos de Lorenzo, él tampoco. Decidieron terminar la llamada y se despidieron con la promesa de que se verían pronto en Niza, Francia.

Al dejar el celular sobre su buró, Rhonda se dio cuenta de que Lorenzo había conseguido algo que ni siquiera su mamá logró: La nube gris no empañaba más su felicidad.

Aquel verano en Niza había sido mágico para Rhonda.

Como era habitual, Rex Smythe-Higgins II llevó a su esposa e hijo, Rex Smythe-Higgins III, a pasar una semana del verano con las familias Lloyd, Mota de Larrea y Harrington, que solían pasar el verano juntos.

Los Harrington eran un matrimonio que poseían las televisoras más exitosas del medio, no tenían hijos y eran la usual familia pudiente. Rosely Harrington parecía un poco amargada por no poder quedarse embarazada, lo que hacía que fuera especialmente consentidora con Lorenzo y Rhonda, y con Rex cuando se sumaba a la caravana veraniega como solía llamarlos Buckley.

Las playas de Niza eran gloriosas. Y la ropa y joyería que ofrecían en sus boutiques eran piezas exquisitas. Fueron a Paris a pasar unos días, justo la semana en que los Smythe-Higgins los alcanzaron. Rex, Lorenzo y ella recorrieron la avenida Champs-Élysées mientras los adultos iban al Museo Louvre…

La última noche que estuvieron en la capital del amor, subieron a la torre Eiffel… quizás fue la atmósfera romántica, quizás fue que extrañaba demasiado a su amigo, quizás era el hecho de que no podía pensar en nadie con quien se sintiera mejor que estando con Lorenzo… pero tocó a la puerta de la habitación de hotel del chico.

Esa noche hizo el amor por primera vez. La pasión a la que dio rienda suelta en aquella cama de hotel se convirtió en uno de sus recuerdos más valiosos. Lo duro fue al día siguiente, cuando al conversar, Rhonda tuvo que aclararle a Lorenzo que no tenía intención de formalizar una relación con él, que eran mejores amigos solamente y que lo que había pasado entre ellos, fue su manera de demostrarle cuánto lo quería.

Y no se arrepentía.

Amaba a Lorenzo. Pero también, él estaba encaminado a convertirse en el hombre de negocios por excelencia y ella no quería a alguien así a su lado, a alguien que podía opacarla con tanta facilidad.

Al volver a Hillwood, su equipaje se acercaba a la media tonelada con todo lo que compró en Niza y Paris. Desempacando, se topó con una caja de terciopelo de dimensiones considerables que ella no recordaba haber adquirido. Tenía una nota atada con un listón rojo.

"Eres alguien difícil de encontrar. Alguien difícil de olvidar. Alguien fácil de amar. Y en quien más puedo confiar.

Gracias por este recuerdo, lo atesoraré.

Lorenzo"

La letra estilizada de su amigo le saltó lágrimas en las comisuras de sus ojos… aquello era… era…

Rhonda se soltó a llorar en silencio. Ni siquiera había abierto la caja para ver lo que contenía, pero sólo leer sus palabras había instalado un peso en su pecho que oprimía.

¿Por qué no se enamoró de Lorenzo?

Y un nombre llegó a su mente, dejándola helada. Conocía la respuesta a su pregunta, sólo que no quería pensar en eso, por lo que ella sabía, Harold y Patty terminarían felizmente casados y con hijos…

¡Maldición! Había vuelto a pensar en él, ¿Qué estaba mal con ella?

Volvió a enfocar su mirada en la caja que tenía entre las manos… ¿Lo que había dentro sería tan hermoso como lo que Lorenzo le escribió? Y decidiéndose finalmente, abrió la caja azul de terciopelo.

Lo primero que le inundó la vista fueron las tres grandes rocas rojas que descansaban dentro de tres perfectamente formados óvalos de oro. Sus ojos siguieron avanzando, dándose cuenta que colgaban de una elaborada gargantilla, también de oro.

Era hermosa.

Al tomarla, la giró. No sabía qué la había impulsado a ello, pero detrás de los óvalos había una inscripción. Una fecha. La fecha de su noche juntos en Paris, y debajo de ella cuatro sencillas palabras: "La hermosa eres tú".

Y una vez más, se encontró a sí misma preguntándose por qué no se enamoró de Lorenzo.