Disclaimmer: Hey Arnold no me pertenece. Es de Craig Barttlet.
He terminado de escribir sobre lo que pasó en tercer año y en el baile de graduación para Harold, Patty, Rhonda y Lorenzo. Sin embargo, ha resultado, de nuevo, demasiado largo. Así que, volveré a dividirlo. Mañana por la tarde publico la última parte, y actualizo también Chronicles of love, friendship & poetry.
Dedicado a Mario DV. Disfruten de la lectura.
CAPITULO SEIS
Harold pasó su segundo año de preparatoria sin pena ni gloria. Sumergido en su rutina, pendiente de sus amigos, trabajando en la carnicería, pasando el tiempo con Patty y ayudando a sus padres. Su verano fue más de lo mismo, una inesperada rutina, vivían aventuras, tenían problemas, pero esa siempre había sido la forma en que eran las cosas para la pandilla.
El tercer año de preparatoria inició. Y Rhonda casi se sentía como la madrastra de Blancanieves frente al espejo, preguntando quién era la más hermosa del reino… en este caso, de la H.S. 201. Al estar en el último año, eso significaba tener toda la presión del mundo sobre los hombros, obviamente, el baile de graduación era el evento más importante de su corta vida.
-Querrás decir que éste es el año en el que tendremos que aplicar a alguna universidad- Nadine la interrumpió.
-¿Cómo sabes en qué pensaba?- le preguntó la pelinegra mientras cerraba su casillero.
-Lo decías en voz alta- se unió a la conversación Lila, con su encantadora sonrisa.
-Ah… de acuerdo, si ya estaban escuchando, supongo que entenderán de lo que les estoy hablando- pelirroja y rubia la miraron al unísono con similares expresiones de que no, no sabían de qué hablaba -¡Ash! De la coronación de Rey y Reina del baile, obviamente- aclaró la pelinegra.
-Rhonda, todavía no anuncian a las candidatas. Deberías ordenar tus prioridades- Nadine rodó los ojos, a veces su amiga era más la reina del drama que la reina del baile, sonrió con su propio pensamiento, no sería su mejor amiga si fuera de otra forma.
-Hola, hermosa- de la nada, un chico de cabello negro de largo medio, coleta y gorra verde, llegó a lado de la rubia y la besó.
-¿Pero qué…?- exclamó la pelinegra -¿Sid?- y miró al par confundida.
-Ése es mi nombre Lloyd, no lo gastes- y le dedicó una mueca que sólo enervó a Rhonda, mientras abrazaba por la cintura a su mejor amiga.
-Que alguien me explique lo que está sucediendo o tendré que declarar locura transitoria como una epidemia en la H.S. 201 y cerrar la escuela- la pelirroja colocó dulcemente una mano sobre el hombro de su amiga y le indicó que inhalara profundamente y exhalara de forma lenta.
-¿Estás bromeando, cierto?- preguntó Nadine, con una ceja alzada y una expresión que decía a todas luces que estaba por echarle bronca a su mejor amiga –Sid es mi novio… te lo dije desde el semestre pasado- la pelinegra la miró con los ojos abiertos de par en par.
-No puede ser, ¿Qué pasó con Frank? …por favor, dime que la que está bromeando eres tú- casi suplicó la unigénita Lloyd.
-No… ella no está bromeando- aclaró el chico, con una sonrisa de oreja a oreja, sin intentar disimular cuánto disfrutaba que Rhonda estuviera a punto de hiperventilar.
-¡Oh, por Dios! ¿Hay algo peor que esto?- y, como se habían detenido en cuanto Sid apareció, seguían en el pasillo, estorbando el paso, alguien pasó golpeando el hombro de la pelinegra -¡Fíjate!- le espetó al culpable, que al girarse en la dirección en que caminaba el sujeto… se dio cuenta de que se trataba de una chica con unos cristalinos ojos azules, con pestañas largas que los enmarcaban, unas cejas perfectas, un vestuario impecable y de buen gusto, con una minifalda de talle alto en mezclilla rosa palo y abertura lateral, un top blanco manga larga sin hombros y unos zapatos flats en color nude con detalles de estoperoles, el cabello rubio atado en una coleta alta con un moño blanco –Vaya, vaya… al parecer de entre las de primer año todavía hay algunas rescatables… ¿Cómo te llamas?- la chica la miró como si le hubiera salido otra cabeza.
-¿Estás drogada, princesita?- el tono brusco y el mote terminaron por decirle a Rhonda de quién se trataba.
-¿Pataki?- exclamó asombrada –Te ves… como una chica- "y una chica linda", agregó mentalmente. Nuevamente, el pensamiento de ser la reina malvada frente al espejo mágico preguntando si había alguien más bella, le cruzó la mente. ¿Cómo es que Helga Pataki se veía ahora como una barbie? ¿Qué cirugías le habían hecho para que terminara luciendo así? ¿Y por qué pasó justo en el semestre en el que se votarían a las candidatas de reina del baile?
-Ella lleva viéndose así ocho meses, Rhonda- aportó solícita Lila, que asustada al recibir la mirada iracunda de la pelinegra, retrocedió un par de pasos.
-¡Qué maldita sea está pasando!- gritó frustrada.
-¿Todo bien?- apareció Gerald Johanssen, el jugador estrella y nuevo capitán del equipo de baloncesto con su exquisita piel ébano y sus varoniles rasgos, que pondrían de rodillas a cualquier chica, y casi le provoca un anaurisma a Rhonda cuando el atractivo chico rodeó protectoramente la cintura de Helga con un brazo -¿Te hicieron algo?- se dirigió a la rubia, que al alzar su mirada para encontrarse con el rostro del chico, lucían como la pareja perfecta, un aura emanaba de ellos haciendo que te sintieras enternecido e inclinado por descubrir la historia de amor que compartían… ¡lo cual era una pesadilla!
-Ay no… no, no, no, no… -empezó a balbucear la pelinegra, llevando sus manos a su cabeza mientras la movía de un lado a otro, negando –por favor, no me digan que Gerald dejó a Phoebe para andar con Helga porque entonces me mudo de Hillwood- Lila y Nadine miraron con preocupación a su amiga, Sid no podía estar más entretenido con la escena, y Gerald y Helga la miraban como si temieran que hubiera enloquecido.
-No pasó nada de eso, Rhonda- exclamó Nadine, rodando los ojos –Sé que el año pasado estuviste muy ensimismada intentando ser capitana de las animadoras y con tus responsabilidades como presidenta estudiantil, además de tu campaña de reelección… pero esto ya es ridículo- la rubia se deshizo del abrazo de su novio y dio un par de pasos en dirección a su amiga, que continuaba mirándola como si esperara que en cualquier momento le soltara que todo había sido una broma organizada -por si no lo sabes, te hago un resumen, Gerald y Helga son muy buenos amigos, él sigue siendo novio de Phoebe y ella rompió un récord, lo cual es asombroso, en carrera corta, superó el tiempo de la H.S. 201 por cinco milésimas de segundo… Iggy y Lila pelearon y se separaron, luego Brainny se le confesó, luego Lila lo rechazó y durante el verano algo así como que volvió con Iggy… Frank y yo terminamos hace diez meses, y Sid y yo llevamos de novios cinco meses- terminó, con la respiración acelerada por la descarga de adrenalina que experimentó.
-¿Por qué Sid? ¿Qué hay de Peapod?- se lamentó la pelinegra, y Nadine sólo pudo soltar un sonido de exasperación y lanzar sus brazos al aire.
-¡Eres imposible!- le dijo a su mejor amiga, y tomando del brazo a su novio, se lo llevó casi a rastras de ahí.
-Cielos Lloyd, has alcanzado un nuevo nivel de narcicismo- comentó Helga, recargándose en el hombro de la pelinegra, haciendo más notorio el par de centímetros más de altura que ostentaba la rubia.
-¡Largo de aquí, Pataki!- la empujó enfurruñada, ¿Cómo haría ahora para amigarse de nuevo con Nadine? Se veía muy dolida.
-Será mejor que te lleve a tu clase, Helga. Deja, llevo tus libros, ¿Tienes entrenamiento hoy?... porque si no, tengo que ir a recoger a Timberly, puedes acompañarme, le dará mucho gusto verte- iba diciendo Gerald mientras se alejaba del par de chicas en el pasillo, junto a la menor de las Pataki, que parecía haber cambiado su tono y postura en cuanto el moreno llegó a su lado.
-¿Me dirás que eso es normal?- afligida, se giró a la pelirroja, señalando a la pareja que reía a unos metros de ellas, antes de doblar en el pasillo.
-Lo es- respondió Lila encogiéndose de hombros –lo que no es normal, es que no te hubieras dado cuenta antes del cambio de Helga… el semestre pasado, luego de las vacaciones de invierno, se presentó así… Y Sid y Nadine han estado acaramelados en cada clase y cada almuerzo desde que empezaron a salir, mucho antes de hacerse novios- la tristeza comenzó a nublar la alegría usual en el rostro de la pelirroja –y… de verdad necesitaba una amiga cuando Iggy terminó conmigo- pareció que de un momento a otro, su amiga se soltaría a llorar. Rhonda se sintió muy culpable por haber descuidado de esa forma lo que pasaba con sus mejores amigas.
-Lo siento tanto Lila- y la abrazó, sintiendo la calidez del cuerpo de la pelirroja calmar esa pequeña angustia que había nacido en cuanto vio a la rubia con el de gorra verde –A veces me pierdo mucho en mí misma, no tengo excusas… lo que les hice no fue nada elegante- y la pequeña Sawyer soltó una risita alegre, separándose un poco de la pelinegra para sonreírle con entendimiento.
-Lo sé Rhonda, no te preocupes, no te tengo en cuenta… pero creo que deberías hablar con Nadine- y antes de que pudieran compartir otra opinión, el distintivo timbre que indicaba el inicio de la primer clase del día inundó los pasillos –Iré a mi clase de lengua extranjera, te veo en el primer descanso- y dedicándole una última sonrisa, la pelirroja la dejó en medio del pasillo.
Lila era encantadora. Nadine parecía una top model. Helga era idéntica a una maldita Barbie. Las elecciones para las candidatas a reina del baile se harían en unos meses por la página oficial de la escuela, y Rhonda no pudo evitar sentir que llegaba apenas a la línea de salida, media hora después de que el disparo de salida había sido hecho… ver a Nadine y a Sid juntos, luego a Helga y Gerald, la hicieron sentir pánico, se veían increíblemente adorables, la interacción entre ellos era espontánea y natural, y ella ni siquiera había vuelto a hablar con Josh en todo el verano…
Llegó el primer descanso del día y Rhonda seguía sintiéndose atrás en una carrera que sólo pasaba en su mente… No era únicamente su temor a no ser una de las tres candidatas elegidas para la votación de reina del baile, era el hecho de que Nadine la evitara toda la mañana y que Lorenzo no hubiera respondido todavía a sus mensajes. Estaba revisando por quincuagésima vez su celular cuando chocó con alguien, tirando lo que llevaba en las manos, y haciendo que hiciera una pataleta porque aquello llevaba pasándole demasiado seguido últimamente.
-¿Estás bien?- una amable voz se coló a su mente entre todos los insultos que se le cruzaron mientras recogía sus cosas del suelo, y al alzar la mirada, se encontró a escasos centímetros del rostro de Josh Evans con sus enigmáticos ojos negros –Rhonda- exclamó con sorpresa al notar que había chocado con la chica.
-Hola Josh- saludó la pelinegra distraída, terminando de erguirse y verificando su celular, aliviada de que no se hubiera roto pero desilusionada de seguir sin respuesta de Lorenzo.
-Vaya… realmente me equivoqué contigo- al escucharlo decir aquello, la unigénita Lloyd giró la cabeza tan rápido que se escuchó un leve crujido de sus articulaciones.
-¿A qué te refieres?- le preguntó malhumorada. Aquella no había sido ni de cerca una buena mañana, y por mucho que el chico le interesara, no le había gustado el tono que usó con ella.
-Sólo pensaba que… te malinterpreté. Creí que yo te gustaba- y los ojos del chico brillaron brevemente, como si el destello de una estrella fugaz hubiese cruzado una noche despejada.
-¿Y por qué piensas que no?- le preguntó, todavía con expresión huraña, provocando que Josh alzara una ceja la mirarla.
-Porque me has ignorado completamente todo el verano. Y…- miró significativamente el teléfono que sostenía Rhonda en su mano derecha –hemos chocado en el pasillo, como en la escena típica de una escena romántica… y tú apenas si me has mirado. ¿Quién esperas que te llame o te escriba?- la pelinegra le observó unos segundos en los que intentó tranquilizarse, no quería que el castaño pensara que su malhumor era por él.
-Es sólo que… he defraudado a mi mejor amiga, y justo ahora no me habla- Josh le sonrió, luciendo un poco aliviado.
-Entonces… ¿Sí te gusto?- Rhonda iba a responderle cuando escuchó la voz de Harold, e instintivamente lo buscó en el pasillo con la mirada, volviendo a descartar al castaño.
-¡Tienes que volver a hacerlo!- exclamaba el de gorra azul, brincando emocionado alrededor de Helga. Detrás de ella caminaban Gerald y Phoebe tomados de la mano, ambos con sonrisas divertidas, a diferencia de la rubia que tenía una mueca de fastidio desfigurando su rostro. Eso calmó un poco a Rhonda… si la menor de las Pataki solía andar con esa expresión por los pasillos de la escuela, no tenía mucho de qué preocuparse en las elecciones.
-¿Qué tendría que hacer de nuevo Pataki, Berman?- le preguntó Josh, intentando recuperar la atención de la capitana de las animadoras al notar que el punto focal de su atención estaba en el cuarteto que pasaba por el pasillo.
-Aah… Helga… aah… averió la máquina… aaah… dispensadora, y nos dio… aaah… golosinas a todos- Josh y Rhonda brincaron sorprendidos por la presencia a sus espaldas del castaño de lentes al que apodaban Brainny… no sabían su nombre… y la sonrisa amplia que les dedicó, les provocó escalofríos. Una alarma se encendió en la cabeza de la pelinegra, una rubia hermosa, con buen gusto, bien relacionada, que lucía tan bien del brazo del capitán del equipo de baloncesto porque no era opacada por él, sino que brillaba a su lado por propios méritos, resultaba una amenaza a tener en cuenta para sus aspiraciones.
-¿Pataki averiando cosas? Parece que aunque la mona se vista de seda…- y dejó la frase al aire, notó cómo Gerald se tensaba y parecía a punto de decirle algo, cuando sintió el peso del brazo de Harold dejarse caer bruscamente sobre sus hombros. Al alzar el rostro, el chico tenía su otro brazo sobre los hombros de Josh.
-Oye Evans- el castaño intentó, infructuosamente, liberarse del abrazo de su compañero de equipo – ¿Estás haciendo tu intento con Rhonda? Porque déjame decirte que pierdes tu tiempo… Ella no tiene novios- no supo qué la motivó a decirlo, pero al segundo siguiente en que las palabras dejaron sus labios, se arrepintió.
-Sólo si el chico me gusta. Y Josh me gusta- la incredulidad en el rostro de Harold casi le rompe el corazón, de no ser porque sospechaba que llevaba un par de años roto… "Harold y Patty… así es como debería ser", intentó recordarse a sí misma.
-¡Já! Qué mal gusto- comentó Helga, rompiendo el halo de tragedia que rodeaba al par de chicos –Todos en la escuela saben que eres el segundón de Harold- el castaño pareció reaccionar a las provocaciones de la rubia, despertando del estupor que le produjo escuchar a la capitana de las animadoras declarar a viva voz en pleno pasillo que estaba interesada en él.
-¡Oye!- se quejó del comentario de la chica –Repíteme eso si te atreves Pataki- y dio un paso al frente con toda la intención de lucir intimidante ante la rubia, pero tuvo que dar dos pasos atrás cuando vio a Gerald alzarse detrás de Helga, como una atalaya cuyos ojos te advertían de una golpiza segura si te atrevías a hacerle algo a la mejor amiga de su novia.
-Aaah… ¿Qué sucede… aah… Josh? ¿Te… aah… abandonó el valor?- le dijo Brainny, al sentirlo chocar contra él. Rhonda estaba que echaba humo por las orejas. El timbre que indicaba el término del primer descanso reverberó en los pasillos de la preparatoria, airada, la pelinegra salió del lugar con dirección a su próxima clase, que por suerte no compartía con Helga ni con Gerald. Revisó una última vez su celular, sin encontrar ninguna notificación nueva. Molesta, entró al aula para una vez más, no poner nada de atención en lo que les dijera el profesor.
La hora del almuerzo del primer día de su último año, Nadine se reunió con Sid frente al casillero de la chica, depositando un beso en sus labios. Por el rabillo del ojo, notó que Peapod caminaba con Iggy en dirección a la pareja. Como un acto inconsciente se alejó un poco de Sid, el de gorra verde la miró con una ceja alzada, pero pronto comprendió el actuar de su novia cuando saludó al par de amigos.
-Nadine, si me permites decirlo, el verano te ha sentado muy bien- la saludó Iggy, para después chocar puños con Sid –Eres un condenado suertudo, Sid- el aludido sonrió de lado y pasó su brazo por la cintura de la chica, acercándolo a él y deleitándose en el brillo de molestia que cruzó los ojos de Peapod.
-Sí. Suertudo- el castaño desvió un poco la mirada, y al ver al otro lado del pasillo a Lila y Rhonda acercarse, se sintió mucho más aliviado -¡Hey, chicas! ¿Listas para almorzar?- la pelirroja se sonrojó al notar a Iggy de pie junto a Peapod, y Rhonda ensombreció su semblante en cuanto notó que Nadine le rehuía la mirada -¿Pasó algo?- preguntó el castaño confundido. Ambas chicas negaron vehementemente.
Dos semanas transcurrieron de la misma forma. Sin pena ni gloria para la pandilla. Fue entonces que se celebraría el primer partido de la temporada de futbol, y Patty acudiría por primera vez a ver jugar a su novio.
Harold no había querido que ella asistiera, porque temía que los nervios le traicionaran y lo distrajeran. Que le hubiesen ofrecido ser el capitán, le ayudó a tener más confianza en sí mismo, y el domingo antes de la semana del juego, se lo pidió.
Patty se esmeró en su arreglo personal. Si la H.S. 201 se parecía en algo a su escuela, se esperaba de las novias de los jugadores que fueran muy bien ataviadas a los encuentros. Phoebe llegó temprano a su casa para ayudarla a escoger qué se pondría. La castaña no tardó en preguntarle por la menor de las Pataki… "Está entrenando con el club de atletismo" y fugazmente, creyó ver aparecer un brillo de molestia en las pupilas de la oriental. No le dio importancia. Meses después, se dio cuenta que debió preguntarle al respecto.
Patty usaba una falda de corte asimétrico verde agua, y una blusa de cuello redondo y sin mangas en color blanco. Era un look sencillo, pero que se complementaba armoniosamente con su collar de cuentas de jade y sus sandalias blancas, llevaba un bolso celeste y una chamarra de mezclilla en los brazos, para cuando cayera la noche y refrescara.
Rhonda la vio.
Era evidente el esfuerzo que la chica había hecho para verse bien, y la verdad fuera dicha, lo había conseguido, aunque de forma simple. Ella también se había arreglado, con su uniforme de animadora impecablemente alisado, meticulosamente limpio, y un recogido de trenzas muy sofisticado. La diferencia era que la pelinegra no se arregló para Harold, lo hizo para Josh. Recordar a su Rey-no-novio, la obligó a traer a su mente el nombre de su mejor amigo, revisó su celular para ver si había escrito, en esas dos semanas sólo habían hablado por video llamada una vez, y no había tenido noticias de él.
-Hola, Rhonda. Te ves muy bonita hoy- ante el saludo, la capitana alzó el rostro con sorpresa, Patty estaba frente a ella, del otro lado de la malla de protección de las gradas, con una sonrisa afable en el rostro. Sintió que algo se le retorcía dentro del estómago. Detrás de la castaña, Phoebe y Stinky la observaban con similares sonrisas en el rostro de ambos.
-Sí claro, no sólo hoy. Hacía mucho que no te veía Patty… ni a ti, Stinky- comentó, intentando disimular la ansiedad que sentía cuando revisaba una vez más su teléfono y no encontraba nada sobre Lorenzo. Ver a Stinky con las chicas le hizo renunciar a la esperanza de que Nadine llegara sola, evidentemente Sid la recogería, de lo contrario, el de gorra verde estaría ahí con su mejor amigo.
-Es que he estado ocupada en mi trabajo en el centro comunitario- se dio cuenta por la confusión que cubrió las agraciadas facciones de la unigénita Lloyd, que no tenía idea de lo que Patty había estado haciendo durante su año sabático –Soy voluntaria del proyecto de combate contra el analfabetismo en adultos mayores, doy clases gratuitas, les enseño a leer y escribir- "como si hiciera falta que fueras más espléndida" pensó con cierta envidia, la decisión de apartarse del camino de la castaña para que tuviera su oportunidad con Harold había sido su propio acto de amor desinteresado, así que no soportaba que la chica le restregara los suyos en la cara, como si creyera que ella era incapaz de hacer algo así. Pero al ver los limpios y brillantes ojos de la novia del unigénito Berman, entendió que era ella la que elegía tomarlo de esa forma, en su afán de encontrar alguna malicia en la joven… sólo estaba reflejando su propia malicia.
-Asombrosa labor, Patty- finalmente dijo, con algo de dificultad. Y buscando cambiar el tema se dirigió a Phoebe -¿Y Gerald? ¿No te acompañará?- Patty volvió a notar la tensión en su amiga, aunque no entendía qué relación podría tener con su reacción anterior ante la mención de Helga.
-Vendrá a tiempo para el inicio del juego- se limitó a responder, Rhonda parecía a punto de agregar algo, cuando Lila (a través del campo) Iggy y Peapod (por las gradas) llegaron hasta el grupo.
Harold estaba en los vestidores con sus compañeros de equipo, esperaban a que su entrenador les fuera a dar la usual plática motivacional previa a cada juego. Sentado en una de las bancas dispuestas para ello, no podía controlar el sube y baja de su pie que hacía temblar nerviosamente su pierna.
-¿Qué pasó Berman? ¿Desconfías de nuestro mariscal?- Shane Mathews era el centro del equipo, un chico bonachón que por alguna extraña razón era mejor amigo del quarterback (mariscal de campo), Josh Evans. El chico ya tenía puesto el uniforme y llevaba el casco bajo el brazo izquierdo, se sentó a su lado y posó su mano libre sobre uno de los hombros de Harold en cuanto hizo su pregunta.
-¿Tú no?- le preguntó sin ánimos de contradecirle. Evans y él no eran amigos, eran buenos compañeros, pero el semestre anterior había sido una pesadilla alimentada por la competitividad del castaño, él quería ser el capitán. Por eso cuando el entrenador se lo ofreció a él, Harold decidió rechazarlo, era feliz con las cosas como estaban y no podía dedicarle más tiempo al equipo de lo que ya lo hacía, porque con ese puesto llegaban muchas otras responsabilidades que le consumirían horas que él ya invertía en generar más ingresos para su hogar. Harold pensaba hacer lo mismo que Patty y tomarse un año antes de decidir qué hacer para su futuro… la universidad no era algo que realmente le interesara, y no le quitaría a otros la oportunidad de tener el título de capitán del equipo en su hoja de vida, después de todo, las escuelas de educación superior ofrecían becas por ese tipo de esfuerzo.
-Yo prefiero olvidar que quien decidirá nuestras jugadas es Josh… míralo como una pantera más… o si no, te dará un ataque de pánico en el campo- y rio de su propio comentario, haciendo nacer en el rostro adusto de Harold una media sonrisa. Un leve 'psst, psst' se escuchó detrás de ellos, ambos se giraron y el ala defensivo izquierdo del equipo se sorprendió de encontrar una cabellera rubia a la entrada de los vestidores.
-Disculpa Shane, no tardo- le dijo a su compañero mientras se ponía de pie.
-Descuida, Berman… yo también dejaría botado a cualquier colega si Helga Pataki me estuviera esperando allá afuera- y movió las cejas sugestivamente. Harold rodó los ojos, algún listillo había intentado hacerlos pasar un mal rato contando por ahí el rumor de lo que pasó en secundaria… el chico no cometía el mismo error y cada que salía a colación siempre lo desmentía y nunca lo dejaba pasar.
-Es como mi hermana… no vuelvas a hacer ese gesto- le pidió luciendo un tono verdoso que lo hacía ver enfermo. Shane rio mientras Harold se alejaba, si ese chico supiera lo afortunado que era… desde hace dos semanas, Rhonda y Josh habían hecho público que salían juntos. Para Shane era más que evidente que la pelinegra no tenía interés en el mariscal, sino en el ala defensiva del equipo. Pero era algo que pensaba guardarse para sí mismo, no era algo de su incumbencia y meterse en el drama que envolvía a la pandilla; como llamaban al grupo integrado por Harold, Rhonda, Nadine, Lila, Sid, Gerald, Phoebe, Helga, Iggy y Peapod; no era para nada tentador.
-¡Buena suerte, chico rosa!- le abrazó la rubia en cuanto salió de los vestidores. Gerald le guiñó el ojo con una enorme sonrisa que el jugador de futbol no demoró en devolver. Podía sentir cómo la ansiedad previa al juego menguaba… desde el año pasado, era una especie de ritual que antes de que Helga participara en una carrera, Gerald jugara un partido de baloncesto o él se enfrentara en el campo a otro equipo, se visitaban para desearse suerte.
-Por un momento creí que no vendrían, han tardado- comentó el chico al alejarse de la rubia.
-Llevé a Helga a su entrenamiento en la pista en la que correrán la siguiente semana y el tráfico de regreso era caótico, viejo… pero nunca nos perderíamos tu partido, y mucho menos pensaríamos en no venir a verte- finalmente, al escucharlo, el rostro de Harold se relajó.
-¿Han visto si ya llegó Patty?- la rubia le miró un poco culpable.
-Venimos aquí casi de inmediato. Pero Phoebe fue antes a su casa, ella no permitiría que nadie llegara tarde a ningún lado, créeme- respondió intentando calmar a su amigo.
-Sí, viejo. Tranquilo, lo harás excelente, como siempre. Sólo recuerda respirar- el moreno puso su mano en el hombro del ala defensivo, intentando infundirle ánimo.
-Gracias. Esta noche ganaremos… por Patty- y al decirlo, sus amigos le miraron orgullosos, el joven había crecido mucho todos esos años, y de alguna forma, verlo feliz junto a Patty, les daba paz. Podían dejar de preocuparse por Harold, él estaba bien.
El partido dio comienzo, los jugadores de ambos equipos entraron al campo atravesando la manta con el logo de sus respectivos equipos, enfrentándose los caballeros de la H.S. 508 contra las panteras de la H.S. 201, Rhonda había instado durante el primer cuarto a su escuadra a animar al público con ahínco. Las piruetas y formaciones que ejecutaban prolijamente, enardecían a los espectadores, que animaban con mayor dedicación a su equipo. Durante el primer cuarto el equipo de los Caballeros anotó el primer touchdown y su correspondiente conversión haciendo siete puntos. Más tarde se cambió a la defensiva, en ese momento también durante el final del primer cuarto anotó el equipo de las Panteras, completando sus siete puntos. Se podía ver a los entrenadores junto a las bancas con el resto de jugadores del equipo que no estaban en el campo, dando instrucciones en todo momento a voz en grito. Caminaban de un lado a otro y se les veía entre tensos y emocionados. Un grupo de papás que apoyaban a los Caballeros llevaban trompetas y gritaban porras muy animados. Durante el segundo cuarto al finalizar la mitad del partido los equipos habían llegado a un empate, los jugadores se veían ya un poco cansados cuando se retiraron a sus respectivos vestidores, mientras la rutina de medio tiempo de las animadoras de cada escuela iniciaba en el campo, con temática de una batalla de escuadras.
Patty estaba tan preocupada que, sin darse cuenta, llevaba 20 minutos estrujando el borde del vestido de Helga.
-¡Criminal, Patty! Hasta lo has humedecido con el sudor de tus palmas- le habló arrebatándole la esquina de su vestido -… ¿Quieres calmarte? Nos estás poniendo de nervios a todos- al haber llegado después que sus amigos, Helga se había sentado en el asiento libre a la izquierda de Patty, dejando como única opción el asiento a la izquierda de la rubia para Gerald. Era extraño que Phoebe estuviera entre Patty y Stinky, Iggy, Peapod y Sid ocupaban los asientos restantes de esa fila, en ese incómodo orden. Decir que la tensión por sí misma era tirante, resultaba un eufemismo, y que encima Patty se la pasara haciendo aspavientos nerviosos y al borde de una crisis a cada minuto, resultaba de lo más enervante.
-Helga, no seas tan adusta. Es la primera vez que Patty viene a un partido de su novio, quizás no lo comprendas, pero es muy frustrante estar aquí sentada sin poder acompañarle, sobre todo ver que empaten- intervino la oriental, al ver que la rubia agobiaba a su amiga castaña.
-Como si tú supieras de lo que hablas- respondió muy enojada Helga, cruzándose de brazos y dejándose caer en su asiento. Gerald se tensó en cuanto la rubia hizo alusión a la ausencia de la oriental en sus partidos de baloncesto.
-Como si tú supieras de lo que hablo- le reviró la menuda chica, mirándola con el ceño fruncido, ver lo hermosa y directa que la rubia era, le resultaba doloroso a la joven oriental, no podía evitar compararse continuamente con la chica, especialmente desde que la preparatoria había iniciado y las inseguridades sobre su propio cuerpo y aspecto aumentaron exponencialmente.
-Tienes razón, hermana. No tengo ni idea- se puso de pie -¡Hey, vagos! ¿Quién me acompaña a comprar algo de comida? No puedo cargar con todo sola- Peapod se puso de pie como si hubiese estado sentado sobre un resorte, era la excusa perfecta para poder evitar la compañía de Sid –Bien. Te traeré palomitas y una soda, Patty. Quizás así te calmes un poco- le dijo a la castaña.
-¡Tamaño jumbo por favor!- le gritó en respuesta mientras la rubia caminaba con Peapod para salir de las gradas rumbo a los food trucks detrás del campo -¿Todo bien con Helga, Pheebs?- le preguntó a su amiga pelinegra.
-Claro… sólo ha sido una tontería- y sonrió, a pesar de la presión en su pecho cuando vio que Gerald no hacía ningún esfuerzo por cambiar su asiento a lado de ella.
-Espero que sí, ustedes son tan buenas amigas- y esta vez, la sonrisa en su rostro fue sincera.
-Lo somos- respondió con seguridad la joven. Y se puso de pie, para sentarse a la izquierda de Patty, tomando la mano de Gerald y entrelazando sus dedos –Helga ha sido mi mejor amiga desde jardín de niños… es sólo una tontería- repitió Phoebe. El moreno sujetó su mano con fuerza. Ella giró el rostro y él aprovechó para besarla, un beso dulce y corto.
-¿Tú no quieres algo de la fuente de sodas, pollita? Puedo alcanzar a Helga y traértelo- Gerald sonreía, genuinamente dispuesto a complacer a su chica, pero la presión en el pecho de Phoebe volvió.
-No, Gerald. No es necesario- y ambos se sumieron en una conversación con Patty acerca de partidos anteriores de las panteras.
-Deme dos burritos, unas palomitas jumbo, cuatro yahoo sodas, un agua mineral, dos hot dogs y… ¿tú quieres algo?- le preguntó a Peapod, que miraba a lo lejos el final de la rutina de las animadoras. Había cierto aire melancólico en la mirada del castaño con el que Helga se sintió identificada –Hey, Peapod. ¿No tienes hambre?- y el chico reaccionó a su nombre y se giró a verla. Un escalofrío le recorrió la espalda a la menor de las Pataki, esa mirada era idéntica a la suya cuando pensaba en Arnold.
-Estoy bien. Sólo deme unas papas- le dijo al dependiente que de inmediato se dispuso a preparar la orden de los chicos.
-Las papas te darán sed- comentó la rubia, sin encontrar algo más que decir, pero sintiendo la necesidad de hablar con su compañero.
-Supongo ¿Tendrán otra cosa que no sea una yahoo soda?- los ojos de la chica se abrieron de par en par.
-¿No te gusta la yahoo soda?- le preguntó con sorpresa, pero al verlo suspirar y oscurecer su aura, supo que no se trataba de eso. Después de todo, ella también dejó de hacer cosas, comer cosas y decir cosas que le recordaran a cierto rubio cabeza de balón.
-Sólo digamos que tengo antojo de algo diferente- y la rubia le pidió una cerveza de raíz, sintiendo empatía por la situación del chico cuando lo observó mirando con anhelo a cierta porrista rubia que corría hacia la malla de protección para hablar con Sid.
Cuando por fin volvieron con la comida y bebidas, el tercer cuarto estaba por iniciar, los jugadores ya estaban de nuevo en el campo, reunidos alrededor de sus respectivos entrenadores que repasaba con ellos algunas jugadas.
-Te traje un agua mineral, Pheebs- Helga decidió no señalar en voz alta el hecho de que la oriental estuviera ocupando su lugar –Toma tu burrito Geraldo- le arrojó el rollo de aluminio al moreno y en cuanto lo tuvo en sus manos le aventó también la botella de yahoo soda –Tus palomitas y tu soda Patty- y le dio a Stinky el otro burrito, a Sid y a Iggy le tocaron los hotdogs y el par restante de yahoo sodas.
-¿Tú no compraste nada para ti?- le preguntó el castaño al verse con las manos vacías.
-Nah… no te preocupes, Brian no debe tardar- y como invocado, de la fila arriba de ellos se escuchó una respiración graciosa, un joven de lentes y sonrisa amplia llamó a Helga y le entregó algo envuelto y lo que parecía una malteada de fresa… ninguno escuchó qué se dijeron, pero cuando la chica volvió a la primera fila, le ofreció a Peapod sentarse entre Patty y Stinky, y ella fue a sentarse entre Sid e Iggy, y desenvolvió el paquete, dejando a la vista una Big Mac y unas papas a la francesa que hicieron a todos tenerle cierta envidia.
-¿Encargaste comida?- le preguntó sin poder evitarlo Stinky, quien adoraba as Big Macs. El resto, pendiente de la respuesta que fuera a dar la rubia, excepto por la pareja al final de la fila, que estaban acostumbrados a que esas cosas sucedieran.
-No- respondió antes de llevarse un par de papas a la boca.
-¿Cómo supiste entonces que Brian vendría?- preguntó Sid, enarcando una ceja.
-Pues… él siempre sabe- Patty la miró con diversión, se alegraba de que hubieran superado la incomodidad que hubo entre ellos luego de la confesión de Brainny.
-¿Qué sabe?- preguntó esta vez Peapod.
-Que tengo hambre y qué es lo que quiero comer- encogiéndose de hombros, le dio un sorbo a su malteada.
-¡Imposible!- exclamó Iggy -¿Cómo podría Brainny saber eso sin que le digas?- la incredulidad era obvia en su rostro.
-Es verdad. Él sólo lo sabe- aportó Gerald desde su sitio.
-A veces el amor crea misteriosas conexiones entre las personas, ¿no Helga?- comentó Patty, sin hacerle gracia a la rubia ni al moreno.
Finalmente el tercer cuarto inició, silenciando la conversación entre los chicos, y volviendo a elevar la adrenalina y la expectativa en el juego.
Rhonda podía ver el cansancio en los rostros de sus compañeras de escuadra, les cedió un par de minutos de descanso, y las vio acudir a sus bolsos por sus botellas de agua como pocesas.
-Josh está jugando muy bien- le dijo la pelirroja. La única que se había quedado a su lado.
-Sí. También el resto del equipo, sé que pueden recuperarse- la pelinegra observó a Harold en la banca, esperando que la participación de la línea ofensiva terminara en un touchdown para poder entrar a jugar con la línea defensiva. Suspiró. Quería que ganaran para verlo emocionarse, deseaba que las panteras se llevaran el triunfo no sólo porque eran el equipo de la escuela, o porque estuviera saliendo con el mariscal, quería que ganaran para ver a Harold feliz. Sin la oportunidad de conversar con Lorenzo, o escribirse, su mente no podía evitar pensar en el chico de gorra azul.
-Verás que ganamos este partido, Rhonda. No te preocupes- le alentó la pelirroja, la capitana reunió a su escuadra de nuevo.
-¡Tenemos que animar lo mejor que podamos! aunque sólo sea el primer partido del torneo, es muy importante para ellos que les demostremos nuestro compromiso. Se tienen que sentir apoyados para llenarlos de energía y que den su máximo esfuerzo. Es nuestra manera de aportar un granito de arena e inclinar la balanza en nuestro favor, ¡Así que quiero escucharlas animar¡- y en medio de gritos de algarabía y el inicio de la rutina que habían estado haciendo cada cierto tiempo para los espectadores del partido.
Pasaba el tercer cuarto cuando las panteras volvieron a hacer una anotación, esta vez no se logró la conversión. Al final del último cuarto volvieron a anotar las panteras y tampoco lograron la conversión, los caballeros se apoderaron del balón. Tuvieron un intento de pase pero fue interceptado por las panteras quienes volvieron a la ofensiva. Casi al final del partido las panteras vuelven a anotar ganando el juego.
Los caballeros se veían desconsolados, algunos aventaron sus cascos al piso, a otros pocos parecía no importarles, a fin de cuentas sus rivales también eran sus compañeros y amigos.
Las Panteras festejaron con aullidos, exclamaciones y dando volteretas, su entrenador feliz corrió hacia ellos. La escuadra de animadoras lo secundó. Rhonda saltó a los brazos de Harold, que desconcertado alcanzó a atajarla en el aire. Le gritaba lo orgullosa que estaba, lo feliz que esperaba él estuviera. Shane chocó contra el par cuando notó que Josh observaba la escena. La pelinegra pareció reaccionar y se separó de su compañero de la infancia, ambos se sonrieron y ella se giró para acudir a lado del castaño.
Se escuchaban porras de los que apoyaban a los Caballeros primero para su equipo y continuaron con una para los ganadores. Al final los dos equipos ya sin cascos se juntaron al centro de la cancha para felicitarse de una manera muy fraternal. Se podía ver como entre los dos equipos hay una bonita relación y que a pesar de que las Panteras habían perdido muchos a manera de juego cargaban a sus contrincantes y compartieron risas.
Squeaky Peterson, prima de Stinky, una pelirroja alta de cabello rizado y nariz aguileña y capitana del equipo de animadoras de los Caballeros, declaró que habría fiesta en casa de su novio y que las panteras estaban invitados.
Patty sonrió emocionada en cuanto vio a Harold dirigirse al grupo que lo esperaba en el borde del campo.
-¡Acabaste con ellos chico rosa!- exclamó Helga en cuanto se hubieron reunido.
-Helga, eso es antideportivo- le riñó con cariño Phoebe.
-¡Vamos todos a la fiesta!- pidió Sid, abrazando por los hombros a Nadine que le devolvió el gesto pasando su brazo por su cintura.
-Claro que tenemos que ir, escuché que Riley Larson tiene una piscina con tobogán en su patio trasero- comentó Stinky.
-Yo tengo que estudiar, y hay deberes que aún no termino- protestó Phoebe.
-Oh, vamos hermana. Hay que despejarse de vez en cuando- la rubia le dio un codazo a Brian –Tú irás, ¿cierto? Quizás en esa fiesta conozcas a alguien que te saque a la señorita perfección de la cabeza- el castaño se tiñó de carmesí, haciendo reír a sus amigos.
-¿Te gusta Lila, Brian? Creí que te gustaba Helga- comentó Patty, enrareciendo el jovial ambiente, poniendo incómodos a los presentes.
-¿Yo qué?- preguntó la pelirroja llegando hasta ellos -¿Hablaban de mí?- inquirió con una enorme sonrisa, Rhonda, Josh y Shane detrás de ella.
-Decíamos que deberíamos ir todos juntos a la fiesta- interrumpió Gerald, ganándose una mirada incrédula de su novia.
-Gerald, he dicho que no puedo. Tengo que estudiar- le repitió la pelinegra, el moreno le dedicó una mirada de disculpa.
-Cierto…- no pasó desapercibido la decepción en las facciones del chico –Supongo que nosotros no iremos, de todas formas hoy es jueves, mañana todavía tendremos que ir a clases- Sid, Stinky y Harold lo abuchearon entre risas. Iggy imitó el sonido de un látigo cruzando el aire.
-Nosotros estaremos ahí, quien quiera venir que nos alcance- mencionó Josh y tomando a Rhonda de la cintura, se la llevó sin permitirle agregar algo más.
-Bonito caballero se consiguió la princesita- se burló Helga.
-¿Entonces… tú irás, Helga?- preguntó Phoebe.
-Claro, me voy en el auto de Sid, ¿cierto?- el de gorra verde asintió –Cabemos Nadine, Harold, Patty, Brian y yo… no te preocupes… ustedes vayan a tu casa. Aprovechen su tiempo a solas- le dijo al final con tono sugerente que hizo reír a Gerald.
-Oh, créeme, es imposible desperdiciar el tiempo con Phoebe. Probablemente esta noche termine la tarea de todo el semestre- comentó burlón el moreno, haciendo reír al grupo, con excepción de la oriental, que le miraba molesta.
-En ese caso… aquí se rompió una taza, y cada quien para su casa- comentó Stinky.
-Oye, campirano, ¿Con quién te irás tú?- le preguntó la rubia mientras emprendían camino hacia el estacionamiento de la escuela.
-Con Iggy, Peapod y la señorita Lila- aseguró el castaño –No te preocupes por mí, Helga- y entre conversaciones que se alejaban, Phoebe y Gerald terminaron quedándose a solas.
-¿Por qué dijiste eso?- le preguntó la chica mientras ambos se encaminaban al sitio en el que aparcó el carro su novio.
-¿Qué cosa?- confundido, se giró a mirarla, notando que mantenía fija la vista en el suelo.
-Que es imposible desperdiciar el tiempo conmigo- susurró tímidamente.
-Era un cumplido- sintió la necesidad de aclarar.
-No sonó como un cumplido, me pareció que te burlabas- y alzó el rostro, encontrándose con la mirada del moreno.
-No era mi intención Pheebs, venga, démonos prisa que esa tarea no se hará sola- y tomando de la cintura a la joven, apuró el paso hacia su vehículo –Además… si te portas bien, nos prepararé un par de tazas de té de jazmín del que tanto te gusta- Phoebe sonrió al escucharlo. Él odiaba el té, prefería el chocolate caliente, y que se ofreciera a hacerlo para ella mejoró considerablemente su humor. "Todo está dentro de tu cabeza, Phoebe" se dijo a sí misma, intentando convencerse.
Aquella fiesta fue legendaria.
Tanto, que al día siguiente, muchos llegaron con lentes oscuros a la H.S. 201, entre ellos cierta pelinegra con ínfulas de grandeza que veía compulsivamente la pantalla de su celular cada cierto minuto.
-De acuerdo, me rindo. La curiosidad me está matando, ¿Qué tanto le miras a tu celular? Llevas así dos semanas- al escuchar la voz de su mejor amiga, Rhonda se giró inmediatamente, que con la cruda que se cargaba ese día, dieron vueltas a su alrededor las paredes del pasillo.
-¿Me estás hablando a mí?- le preguntó con ilusión, ganándose que le rodara los ojos con impaciencia.
-¿A quién más voy a estarle hablando, Rhonda? Claro que es a ti- la rubia se quedó estática al sentir a su amiga abrazarla efusivamente, Wellington Lloyd no era una persona de demostraciones de afecto públicas o exageradas.
-Gracias, gracias, gracias- comenzó a repetir el sonsonete, genuinamente emocionada de que Nadine se hubiera acercado a ella.
-Sí, sí. No puedes vivir sin mí… ¡Ya responde mi pregunta!- separándose, Rhonda la miró avergonzada.
-Reviso si Lorenzo me escribió- al escucharla, la rubia dejó caer su mandíbula, en verdad no se esperaba esa respuesta, se había imaginado que monitoreaba la página de la escuela por si habían publicado del blog escolar algo sobre ella y Josh.
-¿Lo sigues extrañando?- y por alguna razón que Rhonda no podía definir, la pregunta la entristeció demasiado. Por suerte no tuvo que pensar nada para cambiar el tema porque, como el primer día, Sid salió de la nada para besar a Nadine, sin previo aviso. Pudo adivinar por la expresión de la rubia, que ella disfrutaba que hiciera eso. A Rhonda en cambio le daban náuseas.
-¡Rhonda, Rhonda!- la fuente del llamado no era otro que su vicepresidente del consejo estudiantil, que agitaba un papel en sus manos mientras intentaba alcanzarla entre los estudiantes que transitaban por el pasillo ese primer descanso.
-¿Qué quieres Curly?- fastidiada, en cuanto llegó hasta ellos, le arrebató el papel y lo inspeccionó sin dejarle tiempo al pelinegro para hablar, aunque de todas formas no hubiera podido hacerlo entre los jadeos y respiraciones rápidas con las que intentaba recuperarse de la carrera -¿¡Cómo consiguió el blog de la escuela esta información!?- el papel resultó contener la más reciente publicación del sitio oficial de la H. S. 201 donde exponían que el baile por el aniversario de la preparatoria tendría como atracción principal la presentación de la banda Kings of leon.
-No lo sé. No tengo la menor idea. Pero no me parece ninguna coincidencia que sea el tema de discusión de la última reunión- habló finalmente Curly.
En ese momento, por alguna razón, un chico salió del otro lado del pasillo con una máquina de soplado a la espalda, gritando para tener la atención de todos los que seguían en sus casilleros (que no eran pocos, prácticamente todo tercer año).
-¡Soy Mike Hughes de segundo año!- gritó entonces -¡Y les traigo la noticia del año!- y poniendo en reversa el soplador, disparó hacia el techo, en diagonal, haciendo volar cientos de papeles exactamente iguales al que Rhonda tenía en sus manos.
-¡Reunión urgente con el consejo estudiantil durante el almuerzo, Curly!- alcanzó a gritar la pelinegra antes de que fuera ahogada entre la multitud de alumnos que la rodeó en esos momentos.
Toda la mañana se vivió una histeria colectiva…
A donde fueras, lo único que escuchabas como tema de conversación, indistintamente del grado en el que se encontraran o el grupo social al que pertenecieran, era la noticia que había sido publicada.
-¿Crees que sea verdad?- preguntó con un poco de inocencia Agatha Easton, la prima de Sheena, a Marcy y Helga que estaban formadas detrás de ella en la fila de la cafetería.
-¿Qué sea verdad qué cosa?- le preguntó Marcy Kornblum, alzando una ceja.
-Lo de Kings of leon, tontita- le respondió en medio de una risita la joven de cabellos largos y teñidos de ombré violeta.
-Ah, sí, perdón… tonta de mí… obviamente debería saber que hablas de eso sin que lo menciones porque es lo que trae a todos con el seso derretido- Helga rio con la respuesta de la castaña.
-Vaya, es un completo alivio ver que en esta maldita escuela todavía hay quien conserva la cabeza bien puesta sobre los hombros- la rubia puso su mano en el hombro de Marcy -¿A cuántas personas le has hecho la misma pregunta hoy, Agatha?- la aludida inclinó a un lado la cabeza.
-¿Ah?- se limitó a emitir ese sonido confundido, haciendo rodar los ojos a ambas chicas frente a ella.
-Olvídalo, debí suponer que no podrías contar a tantas- ironizó la menor de las Pataki.
-Por favor, ¿Podrían limitarse ambas a hacer fila y dejar de dirigirme la palabra?- les preguntó hoscamente Marcy, recibiendo un asentimiento comprensivo de la rubia y una mirada indignada de la chica de mechones violeta.
-¡Eso me pasa por querer socializar con un par de… de…!- y sus pupilas se movieron como si buscara mentalmente un nombre para darles.
-No fuerces tu limitado vocabulario y mejor date vuelta e ignóranos- le aconsejó la castaña. Agatha bufó e hizo como le fue dicho.
Como ella, muchas otras chicas no hacían más que mencionar vez tras vez el tema de la banda musical, lo que tenía en un grave aprieto a la presidenta del consejo estudiantil que justo se encontraba reunida con los miembros en un aula muy apartada de la cafetería.
-Esto es grave. Muy grave- balbuceaba Timothy Herenwhite, jefe de grupo del segundo grado y el secretario del consejo estudiantil.
-No es necesario que lo repitas Tim- le interrumpió Chloe Lukasiak, la concursante de certámenes de belleza había sido elegida como jefa de grupo del primer año y por lo tanto, era vocal del consejo estudiantil –Aquí lo que es evidente, es la falta de liderazgo que hubo para manejar el tema… se ha propagado como pólvora encendida por toda la ciudad… ¿Qué harás al respecto Rhonda?- la rubia le clavó una mirada retadora que evidentemente buscaba poner en duda su capacidad como presidenta del consejo. Intentaba lucirse para tener a los demás miembros en su bolsillo, pensándolo bien, a Rhonda no le sorprendería que quien había hablado con la prensa escolar que publicaba en el blog y les vendió la noticia fuera precisamente Chloe. Porque claro que era mentira, en la última reunión habían sopesado la posibilidad de traer a alguna banda en vivo a que tocara durante el baile, pero atinadamente, Curly les había hecho saber que el tesorero Joey informó que el presupuesto no sería suficiente.
-No queda otra… Hay que contactar a Kings of leon para que vengan a tocar en el baile del aniversario- la cara de incredulidad de los presentes casi le arranca una risa a la pelinegra, si no fuera porque estaba tan enfurecida, claro.
-¡¿Qué?! Pero tú estás loca, ¿verdad?- empezó a replicar Chloe por sobre la voz del resto de los asistentes –Lo que tienes que hacer es retractarte, ¿no escuchaste a nuestro tesorero? No hay suficiente dinero- la ira era fácilmente identificable en la voz de la menor. La pelinegra se encogió de hombros
-No me retractaré de algo que yo no dije, y mucho menos permitiré que un baile organizado por mi consejo estudiantil esté por debajo de las expectativas… así que… Curly, contacta a la banda, arma una cotización, tendremos que recortar gastos en otros aspectos y organizar un festival para recaudar los fondos que hacen falta- la boca de la reina de belleza casi llega al suelo, ¿Acaso la presidenta no se amedrentaba con nada? Ante las palabras de la pelinegra, los otros vocales asintieron satisfechos, tendrían a Kings of leon en una fiesta de su escuela, evidentemente eso los ponía de buen humor.
A pesar de que fue felicitada por su audacia, Rhonda acababa de meterse en un lío, uno muy grueso.
Y Curly sólo se lo confirmó la semana siguiente cuando le mostró lo que Kings of leon costaría.
Esa noche, le llamó más de seis veces a Lorenzo, el pelinegro nunca tomó su llamada.
El viernes de esa semana, Josh la abrazó por la espalda cuando estaba en su casillero. Era la primera vez que lo hacía, y la hizo sentir un poco incómoda, pero ahora, tenía los ojos de todos en ella, la popularidad que buscaba para asegurar su lugar como candidata a reina le había llegado sola, pero si no reunía la cantidad de dinero que necesitaba, seguramente tendría que olvidarse de ser coronada la reina del baile de graduación. Así que cuando Josh la giró entre sus brazos, ella alzó los suyos para entrelazar sus dedos detrás de su nuca y en puntillas poder besarlo de forma que dejara claro a los que vieran que eran una pareja oficial… aunque no lo eran. Rhonda nunca tuvo que explicar sus motivos a Josh para no tener novio, porque él nunca le pidió ser su novio. De hecho, parecía que el chico disfrutaba sólo salir sin formalizar entre ellos nada. Bien… por Rhonda, mejor.
-Vas a comértela mariscal, ¿Y quién traerá entonces a Kings of leon al baile?- era la voz de Sid. Ambos se separaron, encontrándose con el chico y su rubia novia.
-La escuela ha terminado, ¿Lista para el festival del fin de semana?- preguntó Nadine. Las animadoras habían organizado un lavado de autos en el estacionamiento de la escuela.
-Sí, por supuesto- y no era verdad. El temblor en su párpado derecho la delataba.
-¿Estás listo para irnos? Ted dice que las hamburguesas monstruosas hoy están al 2x1- Shane llegó hasta a su amigo, sin pena de poder estar interrumpiendo al grupo.
-¡Genial! Vamos preciosa- Josh le miró, la esperanza brillando en sus ojos.
-Oh, no quiero entrometerme en tu salida con tus amigos- se excusó, no quería que el castaño la viera observar compulsivamente su celular en busca de algún mensaje de Lorenzo.
-En realidad… es una salida del equipo, Berman siempre lleva a su novia, a nosotros no nos molesta- a Rhonda sí le molestó ese hecho, ahora tenía menos ganas de ir.
-Es que yo…- en ese instante, Curly pasaba distraído por su lado -¡Tengo cosas que solucionar con Curly!- y jalando al chico del cuello de su camisa lo pegó a su costado -¿Verdad, Vicepresidente?- de sólo ver la mirada que le dirigían, el pelinegro no necesitó más para entender que era una de esas circunstancias en las que tenía que decir que sí a todo lo que Rhonda dijera.
-Sí- y como más énfasis sacó de su mochila el portátil y lo abrió, tecleando un par de veces –Hay un desajuste porque el equipo de baloncesto se salió del presupuesto al construir su stand de casa embrujada… tendremos que negarle las flores al equipo de debate que montó el café- Josh rodó los ojos.
-Está bien. Paso por ti mañana, bebé- al escuchar el apelativo la pelinegra frunció el ceño, sin poder protestar al respecto porque ya se alejaban para encontrarse con Harold, Ted y Mike.
-Nos veremos mañana entonces, bebé- se burló Sid al despedirse de la unigénita Lloyd, aunque a él sí pudo soltarle un librazo con saña que hizo reír a Curly.
Dos horas después, Curly y Rhonda terminaban de solucionar el problema del desajuste del presupuesto, y la chica guardaba sus cosas bajo la atenta mirada del otro presente en el aula.
-Oye, Rhonda…- la pelinegra emitió un sonido que le dejó saber que lo escuchaba -¿En verdad prefieres mi compañía a la de Josh?- Wellington levantó el rostro con sorpresa, no se esperaba esa pregunta. Pensó un momento en ella, ciertamente se la pasaba muy bien con Josh, y Curly le daba repelús, pero cuando trabajaban y Thadeus se enfocaba en las responsabilidades que tenían del consejo estudiantil, en vez de enfocarse en ella, no le molestaba pasar tiempo con él, y Josh a veces le daba repelús como cuando le ponía motes que según él eran tiernos, pero a ella le provocaban rechazo.
-Podrías decir que sí, sí- respondió diplomáticamente –Después de todo, nos conocemos de toda la vida y para bien o para mal, siempre he contado contigo- se giró para cerrar su bolso cuando vio encenderse la pantalla de su celular, la clara indicación de que un mensaje le había llegado. Por revisar el contenido de dicho correo, se perdió la expresión maniaco-obsesiva que se le pintó en el rostro a Curly –Debo irme, nos veremos mañana, ¡Adiós!- se despidió con prisas, corriendo hacia el auto que esperaba por ella en la salida de la preparatoria. Lorenzo finalmente escribió, "¿videollamada en 20 minutos?" había preguntado, como si ella fuera a negarse, como si pudiera decirle que no a algo que él le pidiera.
Al llegar a casa, se apresuró a encender su computadora y enlazarse por face time con su mejor amigo, cuyo rostro llenó la pantalla en cuestión de segundos.
-¡Lorenzo!- le saludó emocionada, sin poder disimular senda sonrisa que se le formó… y deformó en cuanto notó las ojeras, la palidez y la delgadez que presentaba la imagen que le era obsequiada por su laptop.
-Hola, Rhonda… Te has puesto más hermosa- y su voz salió agotada, provocándole una opresión en el pecho que identificó, entre otras sensaciones, como culpa por haber estado recriminándole mentalmente la falta de comunicación, cuando evidentemente era porque estaba demasiado ocupado.
-Como si eso fuera posible- y lentamente estiró una mano hasta tocar la pantalla con un par de dedos –Tú en cambio, luces fatal- y la risa rasposa del chico volvió a provocarle angustia.
-Gracias, era mi intención no ser tan obvio que me emociona tanto verte que me arreglo para ti- Rhonda sonrió. ¿Cómo era posible que alguien te llenara el corazón de esa forma? Ver a Lorenzo se sentía cálido y hogareño… él era su familia tanto como lo eran sus padres, y lo amaba. Lástima que sólo como amigo.
-Bueno, se te ha pasado la mano. Eso no es disimular, te has pintado con indeleble un letrero que reza "Por mí Rhonda Wellington Lloyd puede irse olvidando de mí, para lo que me importa"- la risa del pelinegro volvió a escucharse, con el mismo matiz rasposo tan preocupante.
-¿Está listo tu festival?- preguntó, obviamente cambiando el tema sobre su apariencia.
-¿Leíste mis mensajes?- aunque se esforzó, el tono de reproche se le escapó mal disfrazado en esa frase.
-Por supuesto que lo hago… que no los responda no significa que te ignore… es sólo que- y suspiró largamente, como si tuviera algo doloroso atorado en el pecho –mi padre me ha aumentado las responsabilidades en la empresa, además de que ha acordado una estadía para mí con el economista de la escuela de negocios de Harvard, Michael E. Porter- Rhonda conocía el nombre porque su padre solía consultarle decisiones importantes de su propia empresa.
-Creí que preferías estudiar en Princeton- vio la sombra de la resignación nublar los ojos de su amigo antes de responderle.
-Mi padre piensa que Nueva Jersey no es digno de un Mota de Larrea- y antes de que la pelinegra pudiera opinar que el señor Jesús Franco Mota de Larrea podía tomar sus intereses y metérselos por donde no le daba el sol para dejar en paz a su hijo pero el chico continuó hablando sin darle pie de que le interrumpiera –No siempre obtienes lo que quieres. Estoy acostumbrado. Quien diga o piense que por pertenecer a las familias a las que pertenecemos tenemos la vida resuelta y nada de qué preocuparnos o por lo que deprimirnos, deberían darle a beber lejía- Rhonda sonrió con tristeza. Aquello era tan cierto que dolía.
-¿Qué quisieras hacer ahora?- preguntó entonces la pelinegra, sorprendiendo a Lorenzo, que parecía haberse perdido en sus pensamientos por unos instantes.
-¿Ahora?- Rhonda le dedicó una mirada como pidiéndole que no hiciera el tonto y respondiera –Sólo puedo pensar en una cosa- y enrojeció grácilmente, la pelinegra sonrió con coquetería al darse cuenta.
-Lorenzo, querido… no me digas que vas a pedirme que me quite la ropa- el tono sugerente de la chica terminó por escandalizar al joven, que se veía más rojo que los labios pintados de ella.
-¡Rhonda!- gritó apenado, y se cubrió el rostro con sus palmas al sentir su temperatura elevarse.
-¿Qué? Ya me has visto desnuda antes- comentó como si fuera cualquier cosa y se encogió de hombros, secretamente halagada por el pudor que él seguía demostrando, sintiendo que genuinamente la quería y por eso le guardaba respeto aun después de lo que pasó entre ellos, hecho que había estado preocupando un poco a la chica, al punto de considerar que quizás la falta de comunicación de su parte era por haber conseguido irse a la cama con ella.
-Eso es completamente diferente. En ese momento…- y volvió a enrojecer, decidiendo cambiar de tema al encontrarse incapaz de expresar con palabras lo que realmente significó esa noche para él -…es decir que no era lo que pensaba pedirte- y Rhonda le miró intrigada.
-¿O sea que sí hay algo que me quieres pedir?- para mayor comodidad, la pelinegra se descalzó los tacones que llevaba, desapareciendo por unos segundos del campo de visión del chico, cuando reapareció, sólo agregó –Puedes pedírmelo con confianza, sabes que lo haré- y la sonrisa delicada que formaron sus labios rojos agitó el corazón del pelinegro.
-Quiero quedarme contigo hasta que caigamos dormidos- dijo sin pensar más en ello, porque sabía que de hacerlo, no tendría el valor de decirlo en voz alta.
-¿Ves cómo sí querías algo provocativo?- le dijo con la intención de abochornarlo más, consiguiéndolo con relativa facilidad.
-Sabes que me refiero a algo inocente… como solíamos hacer cuando recién me mudé… sólo quiero sentirte cerca- la última frase la susurró, Rhonda casi no le escucha, de no ser porque tenía toda su atención puesta en él.
-Está bien- declaró –pero si quieres que me duerma, tendrás que tocar el chelo para mí- el pelinegro la miró contrariado.
-¿Quieres que toque a estas horas?- Rhonda rio.
-Sí… quiero escucharte. Hoy se trata de conseguir lo que queremos. En compensación de que mañana seguramente volveremos a obtener una felicidad incompleta, actuada- Lorenzo asintió.
-¿Aún sales con Josh?- sus ojos negros como la noche parecieron titilar con algo parecido al reproche, pero supuso que se lo estaba imaginando, teniendo en cuenta que la pregunta se escuchaba más bien inocente.
-¿Aún babeas por tu instructora de Taekwondo?- y las mejillas del chico se volvieron a teñir de carmesí, provocando la risa de Rhonda –Supongo que sólo es otra cosa que sumar a la lista de "Lo que no podremos tener"… ya sabes, una pareja de la que estemos enamorados- Lorenzo la miró con aire de desconsuelo al entender que tenía razón, sus parejas serían elegidas al final por sus propios padres y no podían hacer nada al respecto.
-Iré por mi chelo- y al escucharlo aceptar tocar el instrumento, Rhonda se puso de pie emocionada.
-Yo iré a cambiarme, para acostarme en la cama- el pelinegro la miró con ojos desorbitados –No seas pervertido, lo haré en el baño- le aclaró entre risitas.
Después de media hora, y con Rhonda en su pijama de seda de dos piezas y Lorenzo con sólo el pantalón de pijama de algodón egipcio (fue el turno de ella de sonrojarse en cuanto lo vio), la Wellington Lloyd se recostó en su cama sobre su costado izquierdo, con la computadora sobre su buró, enfocando su rostro y Lorenzo se colocó al centro de su habitación con el instrumento entre sus piernas, empezó a acariciar las cuerdas con su arco.
(Recomendación musical: Perfect - Ed Sheera, cover chelo)
Rhonda no tardó en identificar la canción que tocaba, era un cover de Perfect de Ed Sheeran…
I found a love for me
Darling, just dive right in and follow my lead
Well, I found a girl, beautiful and sweet
Oh, I never knew you were the someone waiting for me
La pelinegra cerró los ojos, dejando que los suaves tonos le llenaran el pecho, imaginando en su mente la letra, sintiendo que la música despejaba sus inquietudes.
'Cause we were just kids when we fell in love
Not knowing what it was
I will not give you up this time
But darling, just kiss me slow
Your heart is all I own
And in your eyes you're holding mine
Lorenzo movía sus dedos con presteza, casi con memoria muscular, mientras enfocaba su mirada en la pantalla de su computadora. La imagen del relajado semblante de Rhonda llenando sus retinas, calmando su fatigado cuerpo, por ella, valía la pena continuar despierto, tocando para ella.
Baby, I'm dancing in the dark
With you between my arms
Barefoot on the grass
Listening to our favorite song
When you said you looked a mess
I whispered underneath my breath
But you heard it
Darling, you look perfect tonight
La noche en Paris inundó los recuerdos de Rhonda. Las manos de Lorenzo sujetándola firmemente por la cintura, sus labios recorriendo su piel, la ropa desapareciendo capa a capa…
Well, I found a woman
Stronger than anyone I know
She shares my dreams
I hope that someday I'll share her home
I found a lover
To carry more than just my secrets
To carry love, to carry children of our own
Lorenzo sonrió con tristeza. Conocía la canción. Conocía la letra. Siempre asoció el tema musical que interpretaba con la chica detrás del monitor. Sentía que describía su historia, pero aparentemente, sólo su lado de la historia. Porque cada vez le parecía que Rhonda era más inalcanzable y sus esperanzas de ser correspondido se escapaban entre sus dedos.
We are still kids, but we're so in love
Fighting against all odds
I know we'll be alright this time
Darling, just hold my hand
Be my girl, I'll be your man
I see my future in your eyes
Rhonda separó sus párpados con dificultad, tenía una sonrisa tranquila y al ver que el rostro de Lorenzo se notaba melancólico, algo oprimió su pecho.
Baby, I'm dancing in the dark
With you between my arms
Barefoot on the grass
Listening to our favorite song
When I saw you in that dress
Looking so beautiful
I don't deserve this
Darling, you look perfect tonight
El recuerdo del día en que dejó Hillwood y Rhonda había llegado corriendo al aeropuerto un poco tarde, para despedirle, comenzó a sucederse en su mente. Ella, con el cabello alborotado por primera vez en su vida, él, con el alivio de verla porque pensó que no llegaría... La mano delicada extendida, ofreciéndole una caja de terciopelo… él, abriendo el obsequio y perdiendo el aliento al verlo… le dio algo que nunca podría comprar con su dinero, algo que ni siquiera su padre habría podido conseguirle, no había pasado un día sin que se preguntara si ella sabía el significado de su acción, no por el valor del objeto sino porque fue ella quien pensó en dárselo…
Baby, I'm dancing in the dark
With you between my arms
Barefoot on the grass
Listening to our favorite song
I have faith in what I see
Now I know I have met an angel in person
And she looks perfect
I don't deserve this
You look perfect tonight
Los brazos de Morfeo la aferraban mientras Lorenzo arrancaba los últimos acordes a su instrumento.
-Eres mi mejor amigo- salió de sus labios antes de quedarse dormida, frenando el movimiento de brazos del pelinegro, dejándolo congelado en su lugar… Así es como lo veía ella… su mejor amigo…
Dejó su chelo en su sitio. Volvió la mirada a la pantalla. La respiración tranquila de la chica le indicaba que se había quedado dormida… sonrió acongojado… ya debía entender que la pelinegra no lo vería como su futuro nunca… aunque él la haya visto como su único futuro desde hace tres años.
De alguna forma se sentía como un momento definitivo, como una despedida de sueños irrealizables, por lo menos, la tendría a su lado como su mejor amiga, ése es el papel al que podría aspirar, al que debía aspirar.
Suspirando, tomó su computadora portátil y la llevó consigo a la cama. Observando la rítmica respiración de la chica, no tardó más en quedarse dormido… su último pensamiento dedicado a sus sentimientos por la unigénita Lloyd que tendría que abandonar.
Esa mañana de sábado, Josh y Rhonda llegaban al festival para encontrarse con la algarabía de grupos de estudiantes yendo y viniendo, ultimando detalles. El AV Club había montado un stand de sala de cine, el club de teatro se hacía cargo de la dulcería mientras llegaba la hora de su presentación, las animadoras ya estaban listas con sus uniformes para el lavado de autos, el equipo de baloncesto terminaba de acomodar la casa embrujada, el equipo de futbol americano puso su stand de juegos de azar donde daban premios de peluches de tres tamaños, el equipo de debate decoraba las mesas de su café con velas, en lugar de flores, el club de atletismo tenía a su cargo el stand de la cabina de fotos divertidas y el club de periodismo de la escuela hacia una cobertura del evento.
-¡Es impresionante que hayas arreglado todo esto en una semana, Rhonda!- exclamó Nadine llegando a su lado. La pelinegra sonrió nerviosa, si supieran que el presupuesto del año se había ido en ese sólo festival y que si no conseguían la cantidad que pronosticaban, no sólo no habría Kings of leon, tampoco baile de Halloween, baile de invierno, festival de primavera, festival deportivo ni baile de graduación.
-¿De qué te asombras? ¿Acaso olvidas quién es tu mejor amiga?- intentó sonar despreocupada, la rubia soltó una risita y la codeó, aparentemente sin darse cuenta de la tensión que recorrió el cuerpo de la pelinegra.
-¡Chicas, las necesitamos por aquí!- les habló Lila, agitando su brazo en el aire para llamar su atención.
-Tengo que ir- le comentó a Josh, quien le sonrió y le plantó tremendo beso antes de dejarla ir.
-Te veré en la subasta- Ah claro, la subasta. Se había olvidado de la atracción principal del festival. Curly (de alguna manera que escapaba a la comprensión de Rhonda) había hecho posible que los miembros más atractivos de los equipos deportivos accedieran a participar de una subasta de citas, las asistentes pagarían su derecho a participar de la puja y luego ofrecerían cantidades por el chico de su interés a cambio de una cita de mínimo 3 horas con él.
Josh iba a participar. Al igual que Shane, y Mike, y Ted.
Gerald, Allison, Benjamín y Milton del equipo de baloncesto, también estaban participando.
Pero más importante aún, Harold estaba en la lista de participantes.
Harold Berman.
-Rhonda- la pelinegra reaccionó al llamado de su nombre y se giró a observar a Nadine –El festival va a iniciar, tenemos que apresurarnos- y apartó con gran esfuerzo sus pensamientos de alrededor de cierto chico de sonrisa fácil y actitud infantiloide, para enfocarse en liderar a su escuadra.
El día fue desgajándose hora a hora. Curly les llevó el almuerzo a mediodía. Intercambiaron impresiones de cómo iba todo, ya que la pelinegra no podía recorrer el festival a su antojo, no como el pelinegro que había estado paseando, se tomaba su papel como vicepresidente con un grado de compromiso que a veces dejaba anonadada a Rhonda. Si supiera que lo hacía porque era algo para ella, que el chico empezaba a perder su identidad porque sólo vivía para complacerla y que al estar a su lado, Rhonda sólo alimentaba esa sociopatía. Pero era normal que ella no notara las pequeñas señales, como que la olfateara, que cuando no era visto literalmente besara el suelo por el que caminaba, y sin que se diera cuenta le cortara algunos mechones de cabello. Ensimismada como estaba en su propia vida, no se percató.
Finalmente, por la tarde, los puestos comenzaron a cerrar. La hora de la subasta se acercaba, a minutos de empezar. Rhonda estaba con las demás chicas esperando a ingresar cuando la vio.
Patty Smith, con su falda larga azul celeste y su blusa de chiffon del mismo color pero un tono más claro, el cabello corto a la altura del lóbulo de su oreja y una sonrisa emocionada en el rostro.
¿Qué hacía ahí?
Seguramente iba a pujar por Harold…
Y en ese momento Rhonda se dio cuenta de que estaba decepcionada. Sin notarlo, la idea de ofrecer para poder pagar la cita con el chico había rondado su cabeza con mayor insistencia de la que se pudiera percatar conscientemente.
Y cuando la subasta inició, los resultados fueron inesperados.
Agatha Easton le ganó en la puja por Josh Evans, por andar tan distraída.
Chloe Lukasiak tendría una cita con Shane Mathews, y nadie podría ponerse de acuerdo en quién era el más suertudo.
Mary Somerset (la castaña que solía seguir a todos lados al trío dorado en secundaria) fue la ganadora de una cita con el jugador de futbol Mike Hughes.
Miranda, una animadora de ascendencia afroamericana, sería quien saldría con Allison, jugador del equipo de baloncesto.
Dos chicas del club de debate juntaron su dinero para poder tener la oportunidad de salir con Benjamín.
Una chica del club de teatro ganó la cita con Milton.
Y entonces, Helga Pataki ganó la puja contra el resto de chicas (por alguna razón Phoebe no levantó su paleta ni una vez) por una salida con Gerald, quien se veía igual de sorprendido que el resto de los asistentes.
Y cuando empezó la puja por Harold, Emily Trinkle, la hermana menor de Mindy, evidentemente llevaba las de ganar contra Patty, quien no pudo ofrecer más y justo cuando estaban por cerrar la subasta, Rhonda gritó un número… un número muy por encima de la última oferta de Emily… un número que ni siquiera ofreció por Josh. Ella ganó. Ella había ganado la cita con Harold. Ahora tenía derecho a salir con él. Tres horas. Tendría una cita con Harold.
Pero al terminar todos los eventos y cuando el tumulto de gente se retiraba a sus casas, vio venir a la castaña hacia ella y supo que no tenía derecho de nada.
-¿Por qué pujaste por Harold?- y Rhonda veía la sospechosa en los ojos de Patty, se imaginaba posiblemente cosas muy cercanas a la realidad que no debía estar imaginando.
-Porque si no lo hacía, Emily habría tenido una cita con él- "y no conmigo" agregó mentalmente –y tú no querías eso, ¿o sí?- levantó una ceja mientras se llevaba las manos a la cadera en una actitud superior que hizo dudar a Patty.
-Entonces… ¿En su lugar, tú tendrás una cita con él?- y dándose fuerzas, cerrando los ojos un momento, intentando encontrar las palabras para expresarse, Rhonda volvió a fijar su mirada en la de la castaña.
-No- la escueta respuesta provocó que las facciones de su interlocutora se contrajeran en confusión –Tú tendrás una cita con él- y sacando de su clutch el papel que le concedía el derecho de tener una cita con el novio de la chica frente a él, y se lo extendió –Tómalo- la castaña la miró sorprendida.
-¿Para qué gastaste tanto dinero?- la pelinegra notó cómo el protagonista de su conversación se acercaba a ellas.
-No quería verte preocupada- y sin ánimos de ver a Harold, hablar con él o ver interactuar a la pareja, dio media vuelta sin agregar más y fue a encontrarse con Curly. Nunca debió hacerse ilusiones, la realidad siempre había sido una… Harold y Patty… Patty y Harold…
-Hey, bebé- la recibió Josh, dándole un pequeño beso en la sien. Era tarde, casi anochecía, la pelinegra apenas salía de su reunión con Joey y Curly. No eran buenas noticias. Tampoco malas. Reunieron suficiente dinero para recuperar su presupuesto del año, pero sólo la mitad para completar la cantidad que necesitaban para Kings of leon. El lunes tendría que retractarse.
-Hey, guapo- le respondió con una media sonrisa.
-¿A dónde te llevo?- le preguntó el castaño.
-¿Vamos al cine?- y Josh le sonrió asintiendo. Tenía que aceptar la idea de que perdería todo por lo que trabajó toda la preparatoria… la oportunidad de ser coronada reina… y lo haría, eventualmente. Ahora sólo quería ser una adolescente más en una cita con su no-novio, tan simple como ver una película, nada especial.
Mientras se subía al coche de Josh, le escribió a Lorenzo contándole todo. Estaba tan deprimida por su fracaso que no le importaba que las palabras de aliento del chico nunca llegaran, entendía que estaba ocupado, pero le servía como desahogo.
El lunes llegó con una sorpresiva llovizna. Todo el cielo completamente gris, justo como su propio humor. Lorenzo no le escribió. Nunca le respondió a su mensaje ni atendió a sus llamadas. Aunque entendía que estaba muy ocupado, le dolía que no fuera una prioridad para él, cuando solía serlo, ella estaba segura de que lo era.
Rhonda bajó desanimada. De nuevo eran su madre y ella para desayunar, solas. Brooke estaba ocupada en una llamada telefónica y ella aprovechó la distracción de la mayor para poder abandonar la mesa sin probar bocado. Tenía un nudo en el estómago. Su vida acababa ese día.
Y al llegar a la escuela, bajó con su paraguas, cubriéndose de las pequeñas gotas que caían constantes… miró a su alrededor, todo cambiaría. El mundo había terminado para ella pero todo parecía igual… en unos minutos no sería así. Tendría que anunciar por los altavoces de la escuela que la banda se cancelaría. Era triste. Triste que el asunto le hiciera sentir inútil, ¿Cómo esperaba convencer a su padre de que ella debía hacerse cargo de la empresa en lugar de casarse con alguien que lo hiciera si ni siquiera generar lo suficiente para contratar a una banda?
(Recomendación musical: I'm not in love – 10cc… dale play)
Estaba por cerrar su casillero cuando su celular comenzó a sonar.
Era un número desconocido.
Inclinada a evitar la llamada, permitió que sonara un par de veces. Luego, la curiosidad le embargó y terminó por atender el celular.
Al otro lado de la línea había un hombre de mediana edad que se presentó como Irving Azoff… el representante de Kings of leon, le dijo, en sus propias palabras, que el señor Lorenzo Mota de Larrea había cubierto el costo de la presentación e incluso un excedente para asegurar que la banda liberara la fecha del aniversario de la H.S. 201 y que las indicaciones habían sido que se comunicaran con Rhonda Wellington Lloyd para organizarlo todo.
La pelinegra no lo podía creer.
Lorenzo… Lorenzo había logrado por ella lo imposible… ¿Cómo?
El aire comenzó a faltarle, ¿Cómo había sido capaz? Por ella… lo había hecho por ella…
Entonces una cruda verdad fue tan clara para sus ojos que no pudo ignorarla más.
Lorenzo estaba enamorado de ella.
Y ella…
Ella era incapaz de corresponderle, porque una parte de sí misma, quisiera admitirlo o no, por más ahínco que pusiera en ignorarla, siempre estaría enamorada de Harold Berman… Por más "Harold y Patty" que se repitiera.
El agudo dolor en su pecho le dificultó tomar otra bocanada de aire, todo comenzó a darle vueltas, ella no estaba enamorada. Y ahora se daba cuenta de que se comportó como si lo estuviera, de que era más fácil fingir que lo estaba. Amar a Lorenzo era sencillo, se sentía correcto, pero no la satisfacía… porque no estaba enamorada. No se engañaba ella misma por más que lo intentó, y ahora… ahora qué se suponía que debía hacer.
¿Era una opción romperle el corazón a su mejor amigo?
La sola idea le dio arcadas…
El suelo pareció agitarse bajo sus pies.
Ella no estaba enamorada de Lorenzo. ¿Cómo cambiar ese hecho? ¿Cómo podría estarlo si sus S
La única persona que sinceramente la quería. El único que se preocupaba por sus metas e intereses, que para el resto eran banales, incluso para Nadine… el único que le prestaba atención.
No había duda. Él estaba enamorado de ella.
¿Por qué tenía que volverse todo tan complicado? La cabeza le palpitaba, el zumbido en sus oídos no cesaba, su visión se tornaba como un manchón de tinta en una pulcra hoja blanca, como ella en este mundo, una simple mancha…
Habían otros involucrados, otros que no podía ignorar… Josh, Patty… incluso Curly… ella no podía decidir así, sin más, estar con Harold como le rogaba su corazón, o estar con Lorenzo como deseaba su alma para calmar el dolor que le producía ser incapaz de entregarse completamente a su mejor amigo… no podía volcar en él su corazón…
Porque no estaba enamorada de Lorenzo.
Y entonces el mundo se oscureció.
Rhonda yacía inconsciente en el pasillo en medio de un escandalizado grupo de adolescentes que no sabía cómo reaccionar. Phoebe corrió a comunicarle a la enfermera lo ocurrido con su amiga. Harold se arrodilló junto a ella a intentar hacerla volver en sí. Gerald formó un claro de seguridad para darles espacio y aire. Helga y Brainny se colocaron a cada lado del de gorra azul, preguntando en qué podrían ayudar.
Si le hubieran preguntado a Rhonda, ella hubiera dicho que atención era atención…
Aunque se la ganara por haberse desmayado en medio de una crisis existencial ante el descubrimiento de que Lorenzo estaba enamorado de ella, y Rhonda… Rhonda no estaba enamorada de él.
Cuando dos horas después despertó en una camilla de la enfermería escolar, desorientada, Curly estaba fielmente postrado a su lado. Velándola. Le dio de beber un vaso con agua. Le acomodó las almohadas. Le tendió sus cosas y le dijo que el director le había permitido tomarse el día.
Agotamiento extremo. Ese fue el diagnóstico.
No estar enamorada de la persona más maravillosa que conocería en su vida debería ser también una enfermedad y ella seguramente la padecía.
No tuvo tiempo de decirle a Curly que consiguieron a la banda.
Kings of leon, el baile de aniversario y las votaciones para candidatas podían irse al maldito infierno. Lorenzo estaba enamorado de ella y no tenía la menor idea de qué era lo mejor que podía hacer en esa situación.
Esa semana evitó a toda costa escribirle a su amigo. Ni siquiera para agradecerle. Planearon el baile de aniversario, que obviamente fue un gran éxito, lo único extraño fue que Harold se le acercara para preguntarle por qué le había obsequiado su cita a su novia. Rhonda sentía el corazón marchito, ni siquiera le importó estar a solas con él. Sentía el dolor de Lorenzo como propio, y aunque no se lo hubiera dicho directamente estaba segura de que él entendía el mensaje de su distanciamiento. Hablaban el mismo idioma. Ella y Harold no. Por eso él no se daba cuenta de cuánto la enfermaba verlo con la castaña, feliz, mientras ella era desdichada con alguien a quien no quería y evitaba a toda costa a quien quería con toda el alma.
Así fue como Rhonda se consolidó como la máxima expresión de popularidad en la H.S. 201 y el resto de las escuelas en Hillwood, era la chica que llevó a Kings of leon a un baile escolar.
Y septiembre dio paso a octubre. La gala de Halloween dio paso al baile de invierno. Los resultados de las votaciones de las candidatas a reina del baile de graduación se hicieron públicas… Nadine, Helga y Rhonda… para reyes del baile, Iggy, Gerald y Josh fueron elegidos. Y en un abrir y cerrar de ojos las vacaciones de invierno comenzaron.
Nunca se esperó que la primera mañana del inicio del periodo vacacional invernal, su padre le informara en el desayuno que no irían a esquiar con los Mota de Larrea, irían a la casa de campo en Italia de los Harrington.
Ésas fueron las primeras vacaciones que pasó sin la compañía de Lorenzo, lamentablemente no fueron las únicas. A ellas le siguieron las de primavera.
De pronto, ya sólo faltaba una semana para el baile de graduación y Rhonda seguía sin saber nada de Lorenzo. Ella tampoco lo había buscado. Y cada día le hacía más falta. La emoción que le provocaba la noche de su baile de graduación, al terminación de la preparatoria, era obnubilada por el peso que llevaba en su pecho y que aumentaba con cada vez que buscaba en su celular y no encontraba ningún mensaje o llamada de Lorenzo.
-Tenemos que ir a recoger los vestidos y no olvidemos que todavía no elegimos un clutch ni nos hemos puesto de acuerdo si llegaremos en la limosina todas juntas o si iremos antes a cenar algo- decía Lila ese miércoles antes del sábado que sería el baile.
-Rhonda seguramente ya tiene todo elegido, apuesto que incluso las joyas que usará ese día- la pelinegra sonrió amargamente. Por supuesto que sabía exactamente cuáles joyas usaría ese día. Lo sabía desde que terminó el verano pasado. Desde que encontró cierta caja de terciopelo en su maleta. Desde que vio por primera vez la declaración de sentimientos de su mejor amigo y prefirió ignorarlo.
-Por supuesto- añadió entre risas la pelirroja –Nosotras somos quienes me preocupan… quiero decir, soy la mejor amiga de dos de las candidatas, me siento como una estrella de Hollywood, quiero verme como una- Nadine le sonrió dulcemente a su amiga.
-Nos peinaras ¿cierto?- y la pelirroja asintió con vehemencia.
Curly llegó a la mesa que ocupaban las chicas con una expresión mortalmente seria pidiendo que le obsequiara unos momentos para hablar a solas. La actitud del chico se había vuelto un tanto extraña desde que anunciaron a los candidatos a rey y reina del baile. Pero ese día, algo en su expresión, despertó un mal presentimiento en Rhonda del que no pudo deshacerse.
-¿Qué sucede Curly?- preguntó finalmente la pelinegra, al estar a solas tal y como él lo pidió.
-¡Ya no lo soporto más!- estalló el chico, aferrándola por los antebrazos y estrellándola dolorosamente contra la pared. Sus pupilas estaban dilatadas, su boca formaba una mueca de odio y los dedos se le clavaron en su piel haciéndola gemir de dolor -¿Es cierto? Dime que no es cierto, no puede ser cierto- repetía en una retahíla que aumentaba cada vez más de volumen, mientras él se encargaba de ejercer más presión, lastimándola.
-¿Qué cosa?- le increpó, percatándose de que sollozaba. Estaba asustada. Curly lucía más desquiciado que nunca.
-¿Es verdad que te acostaste con Evans?- casi le escupió las palabras. Rhonda sintió que temblaba como una hoja seca en el viento. Podía ver en el rostro del chico el dolor que hacerle esa pregunta le provocaba, pero también veía la rabia y el odio que luchaban por hacerse lugar en ese clamor.
-¡A ti qué te importa!- le espetó -¡Suéltame, me haces daño!- comenzó a retorcerse, intentando liberarse. Sólo consiguió que aplicara más fuerza. ¿Cuándo se había vuelto Curly tan fuerte?
-¡Silencio!- le grito salvajemente, azotándola contra la pared, haciendo su cabeza rebotar en el muro –Esa no es la respuesta que quiero escuchar… por favor, dime que no te ha tocado- susurró lastimeramente, imposiblemente cerca de su rostro.
-No te debo nada- le respondió con odio, la pelinegra.
-¡Me lo debes todo!- y la soltó –Tú me lo debes todo- repitió, enajenado –Por última vez ¿Es cierto?- Rhonda se sobaba sus antebrazos, aterrada ante la idea de que pudiera volver a aprisionarla, decidió responder.
-Sí- fue un leve sonido que casi se confundía con un chillido agudo. Y esa simple palabra desató un infierno. Estaban en un aula vacía. Curly retrocedió como si le hubieran golpeado, y entonces, comenzó a arrojarlo todo, muebles, documentos, sillas, materiales, todo… contra las ventanas, las paredes, el pizarrón. Rhonda gritaba agazapada debajo de un pupitre, aferrada a sus rodillas, pensando en que todo eso se lo merecía, por estar enamorada de un chico con novia, por haber enamorado a su mejor amigo, por haber estado con alguien por quien no tenía sentimientos… Comenzó a llorar y a gritar. Y de pronto todo el ruido cesó. Ya no habían estallidos ni golpes ni destrucción a su alrededor. Fue entonces que el rostro de Harold apareció en su campo de visión. Curly ya no estaba por ninguna parte.
-¿Estás bien?- preguntó Harold. Rhonda no pudo responder –Déjame llevarte a que te revisen a la enfermería- y la chica sólo se dejó hacer, todavía sin poder creer lo que había vivido en los últimos minutos.
-Gracias- murmuró a la enfermera cuando terminó de curar sus cortes.
-Deberías tener más cuidado al trabajar en el laboratorio- la pelinegra se limitó a asentir. Cuando Harold y ella quedaron solos, el chico pareció ponerse tan nervioso, que cuando quiso sentarse a su lado no se dio cuenta de que la silla estaba un poco recorrida hacia atrás y terminó de nalgas en el suelo. La pelinegra rio un poco, borrando finalmente su expresión de terror del rostro.
-¿Quieres decirme qué pasó?- y ella negó -¿no? ¿De qué te gustaría hablar, entonces?- la mirada de la chica se estrelló con la de él. Estaba preocupado, no había lástima, sólo genuina preocupación.
-Del baile- por fin pudo hablar.
-Seguramente tú serás reina. Yo votaré por ti- y le sonrió, esperando que eso mejorara su estado de ánimo, sintiéndose impotente de no poder hacer más.
-Creí que Helga era tu mejor amiga- alzó una ceja interrogante.
-Lo es. Pero a ella no le interesa el título, y tú eres mi segunda mejor amiga- escuchar eso hizo que ella lo mirara como si le hubiera salido otra cabeza.
-¿Yo?- le preguntó sorprendida.
-Sí. Tú. Quiero decir, siempre me escuchas cuando lo necesito, me aconsejas, me hiciste sentirme cómodo con la preparatoria y pagaste una exuberante cantidad de dinero para que no tuviera que tener una cita con una desconocida para mí- ambos se sonrieron –Aunque… aun no entiendo por qué la presidenta vetó este año a las personas que no pertenecieran a la escuela… así no podré llevar a mi novia- Rhonda desvió la mirada un poco avergonzada.
-¿Sabes lo que es exclusividad? Eso dará más elegancia al baile- Harold rio.
-Algo así me imaginé que dirías- y le miró con cariño –Una vez me lo dijiste, justo cuando necesitaba recordarlo, así que creo que es mi turno… No estás sola ¿de acuerdo?- la mirada del chico brilló con algo que la pelinegra no supo identificar, pero que le llevó calidez a su corazón –Estamos todos contigo. Nadine, Lila, Gerald, Phoebe, Peapod, Iggy, Stinky… hasta Helga y Sid… No estás sola- repitió. Rhonda no pudo contenerse y se abrazó a él dejando que su aterrado llanto se liberara y se llevara con él el trago amargo que había sido para ella ese episodio. Lloró hasta que no tuvo más lágrimas qué derramar y descubrió que hacerlo era catártico. Él había tenido razón. Necesitaba recordarlo. Porque en algún punto de toda esa locura que había sido la adolescencia, olvidó que contaba incondicionalmente con sus mejores amigas, con la pandilla.
El día del baile finalmente llegó.
Harold estaba en casa de la familia Smith, su novia ayudándole a hacer el nudo de su corbata en tonos dorados y anaranjado (similar al tono melocotón del vestido de Helga), mientras él se removía inquieto.
-Odio estas cosas, amor- replicaba el chico, haciendo reír a la castaña.
-Debes verte muy guapo Harold, Helga se ha puesto muy hermosa… no querrás que te opaque… además, estoy segura de que lo único que pasará en adelante es que ella se verá mejor cada día, ¿Lo has notado?- el chico enrojeció –La tristeza que la acompañaba a todos lados ha desaparecido, ahora estoy segura que se convertirá en una mujer adulta bellísima. Lástima que esté peleada con Phoebe- Harold la miró con cierto reproche.
-Ninguna me ha querido decir qué pasó, yo podría ayudar a que se amiguen… me he peleado con Sid y Stinky montones de veces, tengo práctica- Patty rio con su inocente comentario.
-Somos chicas, Harold. No nos podrías comprender, te lo aseguro- el de gorra azul sonrió de lado.
-Por lo menos, estoy seguro de que a Helga no le importará que lleve mis tenis y mi gorra- exclamó con una sonrisa de oreja a oreja.
-No puedo creer que se lo hayas pedido-exclamó negando con la cabeza y una sonrisa divertida.
-¿Qué tiene de malo?- preguntó genuinamente confundido.
-Eres el acompañante de una candidata a reina del baile… si gana, vas a estar bajo el reflector- él hizo una mueca desdeñosa.
-No creo que esas cosas le importen a Helga- afirmó.
-Yo tampoco. Aun así, es lindo que estés haciendo un esfuerzo por ella… últimamente ha pasado por cosas muy difíciles- él asintió pensativo.
-De hecho… he tenido la impresión de que… Gerald y ella…- Patty le miró interesada en lo que él pudiera decir -…no nada, seguramente son ideas mías- la castaña sonrió, sabía lo que estuvo a punto de salir de boca de su novio, ella también se había dado cuenta… y aparentemente también Phoebe era consciente de lo que empezaba a ser evidente entre su mejor amiga y su novio. Entendía porque se había censurado. Sólo esperaba que sus amigos no salieran lastimados si sus sospechas resultaban confirmadas. El timbre de la casa se dejó escuchar interrumpiendo el hilo de pensamiento de la castaña, dándose cuenta de que continuaba con ambos extremos de la corbata en las manos, sin anudar.
-Rayos, seguramente es Helga… ¿Ves por qué llegas tarde a todas partes? Siempre te pones a hacerme pucheros- Harold rio divertido.
-No puedes culparme… te ves encantadora con el ceño fruncido- le dio un beso en la frente –Anda, átala, seguramente tu mamá abrirá la puerta, no te preocupes- con ese simple gesto, el chico había sido capaz de disipar su molestia por la impuntualidad de su novio. Con él siempre era igual, no podía enojarse por más de unos segundos porque siempre le arreaba un beso y con eso era suficiente para que se le olvidara el motivo por el que se molestó en primer lugar.
Cuando Harold estuvo finalmente listo, bajó por las escaleras de la casa de la familia Smith, al final de la cual lo esperaba Helga.
-Criminal, chico rosa… No voy a poder asegurarte que te lo cuidaré Patty… ¿Tú le has visto hoy?- las chicas compartieron una risa cómplice cuando el de esmoquin enrojeció completamente.
-¡No te burles, Pataki!- se quejó el unigénito Berman.
-Por cierto… te traje algo- y la chica le tendió un ramillete con rosas minúsculas y un diminuto moño con listón de satín que combinaba a la perfección con la corbata del chico.
-¿Es para que te lo ponga en la muñeca?- preguntó dudoso, llevando su mirada hacia su novia como buscando en ella la respuesta.
-Es para que lo uses en la solapa- le respondió rodando los ojos –que te veas apuesto no ha hecho nada por mejorar tu agilidad de pensamiento ¿verdad?- le dijo con sarcasmo.
-¿Ah?- emitió un sonido algo estrangulado, sintiéndose perdido en la conversación, ¿Lo habían halagado o insultado?
-Exactamente a eso me refiero- completó la rubia y ambas jóvenes rieron con complicidad.
-Bueno… tú no te ves tan mal- decidió que se tomaría las palabras de su amiga como un halago, y quiso devolverle la cortesía.
-Criminal, tres horas soportando la tortura de Olga para no verme tan mal- la sonrisa pintada en su rostro mientras decía esas palabras, confundían a Harold.
-Se les está haciendo tarde para pasar a recoger a Mike, será mejor que se den prisa… Ambos lucen muy bonitos, diviértanse, se lo merecen. No cualquiera logra terminar la preparatoria- Patty abrazó a cada uno –ahora váyanse, que ayer es tarde- Harold se despidió de su novia, la señora Smith los entretuvo un poco más fotografiando a los tres, y entonces los dejó ir.
Lila se veía hermosa en su vestido de corte sirena color verde botella y un peinado de estilo romántico con el cabello suelto cayendo en ondas por su espalda.
Nadine, con su vestido a medio muslo de corte imperial, estaba radiante. Sus piernas se veían eternas con los tacones con decoraciones doradas y forrados en gasa igual que su clutch. Llevaba un recogido trenzado que dejaba a la vista su largo cuello.
Rhonda quitaba el aliento. Su vestido con escote de corazón caía cual largo y vaporoso era, en un hermoso color negro tornasol que jugaba con la luz según se movía. En la cintura tenía un tocado de oro con una piedra roja al centro y en el cuello llevaba posada delicadamente la gargantilla que le obsequió Lorenzo.
Iggy, Sid y Josh las recogerían en la limusina, y a pesar de que tenía que estar muy feliz, no podía quitarse de la cabeza la sensación de estar siendo observada.
Dentro de su transporte, los únicos que lucían como una verdadera pareja enamorada eran Nadine y Sid. La rubia había pasado un último semestre muy difícil, con la presión de no saber si había sido aceptada, o no, en el grado de licenciatura en entomología en la universidad de Arizona, todos los duros entrenamientos como animadora, los créditos extra y los estúpidos rumores que la aquejaban en los pasillos acerca de Sid. Era refrescante verla reír con las palabras que le susurraba al oído Sid, y sonrojarse cuando le repartía besos por el rostro. Su mejor amiga se merecía lo mejor de lo mejor, y por esa noche, no odiaría a Sid si era quien la hacía feliz, después de todo, por más que lo investigó y siguió, nunca lo vio haciendo nada sospechoso.
Lila e Iggy finalmente habían resuelto ese halo de incomodidad que los rodeaba en cuanto estaban a menos de dos metros uno del otro. Decidieron asistir al baile los dos juntos, sólo como amigos. Eso también le hacía feliz, Iggy era uno de sus amigos, pero sinceramente no podría tolerar que ellos siguieran saliendo. Aunque la pelirroja nunca lo supo, que la Wellington Lloyd hubiera tenidos sus escaramuzas con el castaño antes de que se hiciera novio de Lila, le parecía una idea perturbadora cada que los veía actuar como una pareja. Quizás por eso se distanció un poco cuando anunciaron su noviazgo tiempo atrás. Verlos ahora, platicando sobre lo que harían para el futuro; Lila estudiaría Teatro en una escuela de dramaturgos en Auburn, no saldría del estado, pero la universidad Río Verde tenía un programa de actuación formidable, Iggy haría carrera en el medio de producción musical trabajando con uno de sus tíos; le parecía el mejor cierre que pudieran haber dado a una historia como la suya.
Josh y ella habían hablado largamente después de haber tenido relaciones el día del último partido de la temporada. Ellos no tenían futuro juntos después de la graduación, y le llenó a partes iguales de alivio y desconcierto que él pensara igual que ella. Seguir saliendo y ser vistos juntos, les daba mayores oportunidades de ganar, ya que eran la única pareja en la contienda. Pero que ése fuese el último día que se verían, ya que él se iría con una beca completa a Brown, y ella había decidido aplicar al Instituto de Moda de Diseño y Comercialización en Los Ángeles, del que no había recibido respuesta, y sus vidas tomarían rumbos muy diferentes.
No estaban enamorados.
Pero aprendió a ver en Josh a un amigo… con todo el tiempo que pasaban juntos, con las caricias y los besos, el hecho de que siempre le diera su lugar como su novia aunque no lo fueran… No se arrepentía de haber estado con él. Había sido pura liberación, muy diferente a su primera vez. Aun así, había sido satisfactorio y los ayudó a ambos a hablar con sinceridad. Resultó que en su cita con Agatha, Josh se dio cuenta de que no estaba enamorado de Rhonda como había llegado a creer. Estaba ilusionado con la idea de tener a una chica como Rhonda, pero no a ella en particular. Hasta donde sabía, nada más allá de roces casuales pasó entre ellos durante esa cita, pero no dudaba de que hubiera habido una chispa. La forma en que la chica le coqueteaba y él no parecía inmune a sus atenciones, no pasó desapercibido para la pelinegra. De todas formas no se sentía ofendida, Josh era su amigo.
Miró de nuevo la pantalla de su celular, estaba por publicar la foto de los seis en su Instagram, cuando el recuerdo de Lorenzo le acosó… ¿Él la vería usando su collar? ¿Entendería que era su forma de expresar que le seguía queriendo? ¿Qué le seguía viendo como su mejor amigo?
-¡Llegamos!- se asomó emocionada Lila por la ventana. La limusina aparcó fuera del restaurante Chez Paris, los chicos ayudaron a bajar a las jóvenes y la pelirroja señaló emocionada hacia su derecha –Miren, son Helga, Harold, Mary y Mike- Rhonda miró de reojo al cuarteto, la verdad era que sólo le interesaba Harold, los otros tres le resultaban indiferentes.
-Criminal, princesa… ¿No tenías otra joya más ostentosa que usar?- le saludó la rubia, con una media sonrisa. La pelinegra rodó los ojos.
-¿Tú no tenías algo más común para ponerte?- Nadine alzó una ceja, a ella le parecía que el vestido de corte en A y escote con efecto tattoo en un tono melocotón que le hacía ver etérea, del brazo de Harold se veía realmente adorable.
-Oh, pero claro que puedo verme más común… pero tendría que teñirme de negro el cabello- Rhonda hizo el amago de acercársele en una actitud muy agresiva, de no ser porque Lila y Nadine la frenaron de cada brazo.
-¿Se sientan con nosotros?- les invitó la pelirroja, con una enorme sonrisa.
-¿Lo dices en serio? Sólo en tu mundo paralelo algo así sería una buena idea- se quejó la rubia, cruzándose caprichosamente de brazos. Ella ni siquiera quería entrar en el restaurante, demasiados recuerdos para recargar su de por sí la cargante noche que tenía por delante, como para encima tener que tolerar la presencia de Rhonda.
-¡Oye! No es necesario que seas tan maleducada con Lila, ella sólo está siendo amable- se quejó Nadine.
-Tranquila, primor. No vamos a pelear la noche de nuestro baile de graduación, ¿o sí? Además, Harold, Mary, Mike y Helga son amigos, ¿Qué no?-intervino Sid, pasando uno de sus brazos por los hombros de la bronceada chica.
-Sí, pero…- y miró en dirección a la pelirroja, odiaba cuando otros querían aprovecharse de la nobleza de su amiga y pasarle por encima.
-Deberíamos cenar juntos, digo… ¿Qué es lo peor que podría pasar?- y todos los presentes miraron incrédulos a Josh, porque si hay algo que nunca debías hacer, es preguntar precisamente esa particular pregunta. Y con el mal augurio flotando en el aire, el grupo de ocho chicos entró en el restaurante francés, acompañados del enrarecido ambiente que provocaba estar sentada frente al chico que te gusta y a lado se siente la mejor amiga de su novia, mientras que a tu lado está sentado tu supuesta pareja y el resto de la mesa decide hacer mutis por el foro de forma unánime.
En los primeros veinte segundos transcurridos a partir de que se hubieran dado cuenta, Rhonda ya había imaginado decenas de formas de responder la pregunta de Josh. Y ninguna era buena…
