Disclaimmer: Los personajes los he tomado prestados de la caricatura Hey Arnold, nada de esto es con ánimo de lucro.
Ya no tengo cara para disculparme por la hora. Pero ahora sí... El baile de graduación. Lamento la espera y las largas, Mario Dv, MyMindPalace221b, gracias por su paciencia, espero que esté a la altura de sus expectativas. El siguiente capítulo será la historia de otro personaje secundario, ya he terminado de liar a Harold, Patty, Rhonda y Lorenzo por el momento... pero me gustaría saber qué historia prefieren conocer... espero sus opiniones.
Disfruten de la lectura, y dejen un review, me encanta leerlos, gracias chicos.
El silencio comenzó a volverse tenso después de que les hubieran tomado la orden.
Harold aprovechó para observar con mayor detenimiento a la pelinegra. Sonrió con melancolía cuando el recuerdo de sus días en secundaria observándola durante sus entrenamientos con la escuadra de animadoras, lo asaltó.
Cuánto tiempo había pasado.
Ambos habían crecido desde entonces, y esa noche se hacía más evidente que ya no eran unos niños.
Rhonda se veía preciosa, él disfrutaría que ella ganara ser la reina del baile. Nadine en algún momento le comentó a Sid que era su sueño desde siempre, y Sid en algún momento se lo dijo a él y a Stinky. Viéndola con ese exquisito vestido y ese collar que en sí mismo era una obra de arte, parecía una reina.
Josh recibió una llamada y se retiró a la terraza para responderla. Pareció ser suficiente para romper ese silencio incómodo.
-Mary, escuché que estudiarás una Licenciatura en Traducción e Interpretación- comentó Rhonda, harta de que todos se limitaran a verse las caras entre ellos.
-A-así es… Rhonda… Soy muy buena aprendiendo otros idiomas y creo que lo disfruto. Podría irme bien- comentó la castaña con una sonrisa tímida, la presidenta estudiantil la intimidaba un poco.
-Yo creo que te irá fenomenal, en la clase de francés eras la mejor- le animó Lila.
-Tienen razón Mary… eres bastante brillante en eso, de hecho, ¿Ya eres políglota no?- habló Iggy, enrojeciendo a la chica en cuestión, poco acostumbrada a ser el tema de conversación.
-Así es, habla inglés, español, francés y un poco de alemán- presumía a su cita Mike Highes, con el pecho afuera, como mamá gallina con sus polluelos.
-Eso es muy impresionante- dijo Helga con los ojos abiertos de par en par –Yo sólo hablo un poco de francés, y me encanta, tal vez mucho más que el Inglés, pero es un idioma algo difícil- la pelinegra rodó las pupilas con tedio.
-Todo el mundo habla francés, Pataki- le replicó, un poco irritada de ver la admiración brillar en la mirada que Harold le dirigía a Helga.
-Eso será en tu mundo de platino, Princesita- le respondió, con el ceño fruncido. Ella haciendo un esfuerzo por limitar al mínimo su hostilidad y la unigénita Lloyd comportándose altanera, como si ella tuviera la paciencia de tratar con personas como la malcriada hija de Buckley y Brooke.
-Insisto en que te irá fenomenal, Mary- intervino la pelirroja, intentando evitar una confrontación verbal entre la rubia y su amiga pelinegra.
-En fin… ¿Qué se siente ser candidata a Reina del Baile? Sinceramente llevo pensando todo este tiempo en lo genial que es estar sentada en la misma mesa con la futura reina del baile y no saber quién de las tres será- soltó un agudo chillido de emoción -¿No les parece excitante?- Mike rio al ver las expresiones de Nadine y Helga, ambas rubias con iguales muecas de desgana.
-Ya sabemos quién ganará…- Nadine miró a su amiga pelinegra con una sonrisa –Y seguramente serás la reina más hermosa de la H.S. 201- choco sus hombros con complicidad. El mesero llegó a dejar los pedidos de cada uno, y ver el solitario soufflé de carne que había pedido Josh les recordó que llevaba algunos minutos ausentado de la mesa.
-¿Quieres ir a buscar a Josh?- le preguntó Mike a la pelinegra que no pareció darse por aludida.
-Creo que te hablaban a ti, princesa Lloyd- Rhonda se giró a la rubia, ver el brazo de Harold posado en el respaldo de la silla de la chica la terminó enervando.
-No soy su niñera, sabe cuidarse solo- respondió de mal modo, cruzándose de brazos.
-Esos que vienen ahí ¿No son Gerald y Phoebe?- preguntó Sid, mirando por el ventanal que daba a la acera. De una limusina, efectivamente, acababa de bajar la pareja por excelencia de la pandilla.
-¡Lo son!- dijo una emocionada Nadine, bajo el pensamiento de "entre más, mejor" y le hizo una señal al mesero para que se acercara, sin que se diera cuenta del aspecto enfermo que había adoptado Helga… Rhonda y Harold sí que lo notaron, una sonrió complacida y el otro frunció el ceño con preocupación –Disculpe, ¿Podría indicarle al Host que esa pareja se sentará con nosotros? Y, si no es mucha molestia, ¿Nos pone dos lugares más en la mesa?- la menor de las Pataki se puso de pie abruptamente, ganándose la mirada sorprendida de todos los comensales alrededor de ella, viéndose abrumada, salió en dirección al baño sin mediar palabra alguna.
-¡Oh! No hay hielos… ¿Me trae un vaso con hielos?- exclamó Sid, consiguiendo que se encausara la rutina del resto luego del exabrupto de la rubia.
-¿No creen que Josh ya tardó mucho?- preguntó Iggy, mirando alrededor buscando alguna señal del castaño.
-A ti parece no importarte la ausencia de tu cita, Rhonda- le aguijoneó Sid, con intención de fastidiarla, y sonrió complacido cuando la escuchó bufar.
-A ti parece importarte demasiado la ausencia de mi cita, Sid- le respondió molesta.
-Hey, estamos conviviendo tranquilos… quizás por última vez en quién sabe cuánto tiempo- intervino Mike –vamos a continuar así. En paz- Mary estuvo de acuerdo en que deberían intentar continuar la velada de manera tranquila.
-Lamento la tardanza- expresó Josh Evans, volviendo de atender su llamada. Rhonda iba a preguntarle pero justo llegó a la mesa la pareja de la oriental y el moreno. La unigénita Heyerdahl usaba un sencillo vestido de corte évasé drapeado en líneas verticales, en una sola tela raso brillante color champagne, escote bañera y drapeado horizontal en la cintura. Su rostro era la pieza de arte esa noche, Phoebe siempre se limitaba a usar brillo labial, era una chica práctica que prefería optimizar su tiempo y enfocarlo en cosas más productivas, pero esa noche, ella había invertido en un maquillista y peinador profesional, eso se notaba, su cabello normalmente lacio, caía en perfectos bucles, y su mirada lucía mayor fuerza con los tonos café oscuros y la máscara para pestañas que le habían aplicado, seguramente cuidadosamente pensado para aprovechar la iluminación del evento para resaltar su belleza.
Y Gerald simplemente lucía arrebatador. Su barba y cabello celosamente recortados, su traje camisa y corbata completamente negros lo hacían ver exquisitamente seductor. Lo que llamaba la atención era el pin en su solapa. Era un círculo rosa, rodeado por uno rojo y de borde anaranjado. No eran colores comunes, ni una elección convencional, pero al ser el único toque de color en su atuendo atraía la mirada a ese punto en particular, sin poder evitarlo.
-Hola chicos, nos dijo el anfitrión que querían que nos sentáramos con ustedes- saludó la joven con un tono algo forzado –se lo agradecemos, pero queremos pasar este tiempo a solas- el moreno pareció perdido en sus pensamientos cuando se volteó buscando el apoyo de su novio ante sus palabras y quiso llamar su atención, pero al seguir su mirada, finalmente se dio cuenta de la razón de la distracción del nominado a rey del baile.
-Claro que entendemos Phoebe, además, aquí entre nosotros, tampoco querría sentarme a esta mesa con Rhonda aquí si pudiera elegir- Sid hizo el amago como si le estuviera contando un secreto que nadie más escucharía, Nadine le dio un fuerte codazo a su novio por ese comentario.
-¡Ahí estás Helga!- la sonrisa que le dedicó Harold era tentativa, como preguntándole si todo estaba bien.
La rubia cruzó miradas con su mejor amiga, ambas tensándose inmediatamente. Phoebe odió en ese momento lo hermosa que se veía la menor de las hermanas Pataki, y odió aún más percatarse de que Gerald seguía sin quitarle la vista de encima.
-Phoebe, querida, siéntate con nosotros por favor- le pidió Rhonda, esperando convencerla, obteniendo cierto placer morboso en percibir la incomodidad que Phoebe provocaba en Helga en esos momentos –La cena previa al baile de graduación es una tradición que no estaría completa sin ustedes dos- la pelinegra señaló los lugares libres con un agraciado movimiento de mano.
-Gracias, Rhonda. Pero como he dicho, queremos estar a solas- y tomando de la mano a su novio se giró y caminó a la mesa para dos que les esperaba por petición de ella, no pensaba caer en los juegos de nadie, esa noche era un recuerdo que quería atesorar, quería que fuera inolvidable y perfecta. Quería que fuera algo a lo que pudieran aferrarse ambos cuando vivieran separados, cuando Gerald se fuera a Londres con Helga.
-Es una lástima que no hayan aceptado- se lamentó Lila.
-Oye Josh, ¿Estás bien?- le preguntó Mike con cierta preocupación, mientras lívida, Helga ocupaba su asiento a lado de Harold.
-Sí, sí. No es nada- Rhonda se giró hacia él, notando apenas la palidez que ahora decoraba su piel, que antes no había tenido –Era mi mamá… no encuentran al capitán Pickles- el perro de Josh era un encantador Gran Danés que no tenía idea de su propio tamaño, y con el cual Rhonda nunca consiguió congeniar.
-Tranquilo, estoy segura que no significa nada malo… pronto lo encontrarán- le aseguró la pelinegra, tomando su mano y dándole un beso en la sien, sabía lo mucho que el castaño amaba a su compañero. Harold apartó la mirada. Helga lo miró de reojo confundida.
-Deberíamos cenar, se nos hará tarde- comentó Mary. Los demás estuvieron de acuerdo.
La merienda transcurrió entre parloteo sobre los recuerdos que tenían unos de otros, como la vez en la que Mike y Harold escondieron durante dos semanas unos gatitos sin hogar en el salón de Biología, o cuando Lila pasó por una fase experimental en la que intentó vestirse funky y hablar más en onda porque creía que así le gustaría más a Iggy, o como cuando durante unas vacaciones de primavera habían improvisado un torneo de futbéis en el campo Gerald, o qué tal cuando Rhonda y Nadine intentaron hacer cupcakes en el salón del club de economía doméstica para dar a los votantes durante la campaña de la pelinegra, o la vez en la que Sid y Stinky intentaron quedarse a dormir una noche en la casa abandonada de la octava y al día siguiente, sin ninguna explicación, amanecieron en la acera de sus respectivos hogares, o la ocasión en la que Peapod creyó que había descubierto una nueva fruta y todos estaban tan emocionados con ella, para descubrir que se trataba de un fruto exótico ya conocido en países del sur llamado carambola… había tantos buenos momentos compartidos, pensar en que no compartirían un aula de nuevo, les rompía el corazón.
Cuando finalmente llegaron al salón del hotel que el consejo estudiantil había rentado para el baile, gran parte de la clase ya estaban ahí. Risas y música llenaban el ambiente, rodeándolos de una bruma de adrenalina que los hizo correr hacia la entrada emocionados, querían integrarse de una vez por todas a la celebración, después de todo, llevaban demasiado tiempo esperando para vivir esa noche.
La cosa empezó relajada: las parejas bebiendo ponche, algunas en la pista de baile y decenas saludos por doquier. Los graduados iban llegando y saludándose... hablando del último partido de baloncesto, que perdieron, o del año que habían pasado y de lo duro que han sido los últimos meses sin parar ni un minuto de juntar créditos para las aplicaciones a universidades y pasar los exámenes finales, todos bastante orgullosos de su papel durante ese tiempo.
No se percataron del momento en el que dejó de verse a ningún profesor en el lugar.
Poco a poco, la pista de baile terminó llena y finalmente llegó el momento de anunciar a los reyes del baile, Chloe Lukasiak sería quien hiciera la presentación, según lo convenido en el consejo estudiantil, aun en contra de la opinión de Rhonda. De repente la pantalla en el escenario se puso a negro.
Expectación.
Entonces llegó la presentación de fotos, un montón de instantáneas de los eventos a lo largo de los tres años de preparatoria, de los equipos y clubes, y de momentos azarosos capturados por la cámara, como la legendaria guerra de comida en la cafeteria. Con frecuencia se oían "oooooh" o risas, pero lo más frecuente era un "¡ah! ¿Te acuerdas de eso?". Los recuerdos. La verdad es que la escuela es toda una experiencia... formas una conexión muy fuerte al estudiar a lado de muchas personas durante muchísimas horas y varios años.
Ese lazo es difícil de olvidar.
Pero había que dejarse la sensiblería y era hora de que la reina de belleza anunciara a los reyes del baile.
Al volver la iluminación, al centro del escenario había dos tronos soberbios, tapizados en terciopelo rojo y con detalles pintados de color oro. La pantalla mostró primero imágenes de los tres candidatos a Rey esa noche, y finalmente, después de una tensa expectativa, la chica leyó el nombre de Josh Evans… la algarabía que se vivió durante el camino al escenario del capitán del equipo de futbol fue abrumadora.
Se realizó la coronación del castaño, se le entregó su cetro y su corona, y se le invitó a tomar asiento en su trono.
Fue entonces el tan ansiado momento de la coronación de la reina del baile. Rhonda casi se ahoga al contener por tanto tiempo la respiración, sujetando tan fuerte las manos de Nadine y Lila a cada lado que las pobres casi terminan con los dedos morados.
Las imágenes de las candidatas a reina aparecieron en la pantalla.
Las rubias se veían encantadoras, pero especialmente Nadine lucía como una modelo. Las esperanzas abandonaban su cuerpo, Rhonda realmente lo deseaba tanto que, si era Helga quien lo obtenía, terminaría perdiendo la cabeza.
Chloe abrió el sobre con parsimonia.
La multitud comenzó a pedir a voz en grito que leyera el nombre en el papel.
La reina de belleza separó sus labios.
Y entonces las exclamaciones de júbilo estallaron en sus oídos, incapaz de escuchar nada más.
-¡Eres tú Rhonda!- gritó emocionada Lila.
-¡Eres la reina del baile!- le habló Nadine intentando hacerse oír y sonriendo de oreja a oreja.
A la pelinegra casi se le salieron las lágrimas. Se hizo espacio como pudo entre la gente. Con toda esa emoción, con toda esa expectativa e interés, ¿Quién iba a notar que todas las salidas eran bloqueadas?
Rhonda finalmente alcanzó el escenario. Había preparado hacía muchos años un discurso para ese momento, uno que había cambiado con el tiempo, pero que se conservaba en esencia igual. Estando de pie frente a su generación, con la corona, el cetro y la capa colocados, con Chloe Lukasiak irradiando envidia a su lado y pidiéndole que le dedicara unas palabras al resto… todo lo que ensayó frente a su espejo todos los días desde hacía un mes, se le borró.
-Hay alguien sin quien yo no estaría hoy aquí frente a ustedes- el nombre de Lorenzo pululaba en la punta de su lengua, pero entonces recordó los últimos meses en los que se sentía desarmada, incapaz de continuar, atormentándose por lo que había descubierto, culpándose de no poder corresponder debidamente los sentimientos de su gran amigo… Quien había procurado mantener esas piezas unidas había sido sólo una persona, sólo hubo alguien en quien pudo apoyarse para continuar avanzando –Y esa persona es…- hubo quien, escuchando lo que Rhonda decía, creyó que sabía lo que diría, pero se equivocó –Josh Evans- y los chicos estallaron en aplausos para sus nuevos rey y reina. Rhonda finalmente se sentaba en el trono con el que tanto soñó y tanto se esmeró por obtener. Ambos reyes se miraron a los ojos y se sonrieron con complicidad… estiraron sus manos para tomar la del otro… y entonces…
Algo les cayó encima.
Rhonda cerró los ojos en cuanto lo sintió, algo sólido, pegajoso y alargado se había estrellado en su cabeza. Y una milésima de segundo después, se encontraba bañada en un líquido caliente y de un olor muy particular que no supo reconocer… eso hasta que empezaron los gritos, probablemente al segundo siguiente.
Wellington tuvo que abrir los ojos, y la primera imagen con la que se encontró fue la de Josh… con unas vísceras en el regazo y pedazos de carne peluda en la cabeza y hombros… bañados en sangre.
Entonces supo lo que le había caído a ella… órganos…
Y ese olor…
Era metálico.
Sintió arcadas.
El pánico se esparció como pólvora y la muchedumbre de adolescentes con la mayoría de edad recién cumplida, corrieron a querer abrir las puertas, sin ningún éxito.
Rhonda no se lo podía creer… estaba bañada en sangre… ¿De quién eran los órganos? Era lo único en lo que podía pensar.
Y entonces, pareció que se había ido completamente la luz… fueron unos segundos en los que cundió el pánico y muchos gritaron e intentaron moverse, golpeándose o tropezando.
Cuando la luz volvió, Rhonda y Josh estaban atados a sus tronos y una cabeza rodó por el escenario.
-¡Capitán Pickles!- vociferó el castaño con ira y abnegado horror matizando su tono. En la pantalla comenzó a sucederse un video… era Rhonda en su habitación, hablando por teléfono, en ropa interior. En él, se reía, "El único defecto de Josh se llama Capitán Pickles" decía, y cuanod terminaba se volvía a repetir como un bucle.
-¿Tú dijiste eso?- le preguntó un iracundo el recién coronado rey del baile.
-Sí, pero… no irás a pensar que yo tuve que ver en esto- le dijo asustada, muy asustada. La pelinegra no tardó en vomitar en el escenario. Mientras tanto, el grupo había entrado en una completa histeria, e intentaban variadas formas de poder salir.
-Buenas noches H. S. 201- se escuchó entonces una voz que evidentemente usaba un distorsionador –Les habla Curly, su vicepresidente, ¿Cómo la están pasando?- de pronto, la multitud hizo silencio de pura conmoción al escucharlo preguntar aquello.
-¿Para qué usa un distorsionador de voz?- preguntó alguien.
-Quiere negar que hizo esto- le respondió Phoebe, aferrada a Gerald.
-Espero que se la estén pasando de muerte- y rio como un demente… como el demente en el que se había ido convirtiendo frente a todos y no se dieron cuenta -¿Bebieron ponche?... Oh, todos bebieron ponche… lo sé… porque bailar da mucha sed, ¿verdad?- aquello era tétrico, muchos estaban comenzando a escalar en su nivel de histeria.
-¿Curly? ¡Curly, te ordeno que me desates ahora!- gritó Rhonda. Josh estaba catatónico como para comprender lo que sucedía.
-¡Ya no me das órdenes, perra!- gritó iracunda la voz –Disculpen mi exabrupto… les decía que, seguramente todos bebieron ponche… bien, tengo una confesión que hacer… dos, en realidad- se corrigió –Estoy enamorado de Rhonda Wellington Lloyd- al escucharlo sintió un estremecimiento recorrerla y miró al público con nerviosismo… nadie iba a ayudarla –Y la siguiente confesión… es que, he envenenado las bebidas, todas aquellas servidas aquí y el ponche, también les puse veneno- fue entonces que la bomba terminó por estallar… todos los presentes comenzaron a comportarse erráticamente, dándose empujones, tirando a otros, sin importarles si alguien está ya en el suelo y lo pisan… la sangre que manchaba su piel comenzaba a secarse y la pelinegra a perder la fe -¡Silencio! Pronto empezarán a presentar síntomas… dolor de cabeza, náuseas, vómito con sangre y finalmente la inconciencia… así que, yo que ustedes, haría lo que me dijeran para beber el antídoto… Y se los daré con una condición… Josh Evans debe morir- el silencio se volvió masivo –Su adorado rey de por sí morirá, él también ha bebido del ponche, y si no lo matan ustedes, dejaré que tengan una muerte lenta y dolorosa todos los presentes- el pelinegro guardó silencio unos minutos de reflexión –ustedes sabrán, qué harán… pero ese malnacido muere hoy por tocar a Rhonda, ¡Muere hoy! ¿Ustedes quieren morir con él?- y se hizo el silencio más perturbadoramente prolongado en el que Rhonda hubiese estado.
Josh sollozaba, llamando a su canino.
La multitud cuchicheaba.
Rhonda luchaba por zafarse, lastimándose más.
-¡Debe ser mentira!- gritó alguien desde el anonimato.
-¡Sí, no le crean!- el segundo, hasta que el salón estaba repleto de expresiones similares.
De la nada, otro grito se escuchó.
-¡Ella ha vomitado sangre!- exclamó una animadora, mientras apuntaba con el dedo a Agatha. La teoría de la histeria colectiva es muy interesante. Varios más empezaron a mostrar algunos de los síntomas que Curly les mencionó, y la histeria colectiva hizo su trabajo.
De pronto, la locura desató el caos en aquel sitio.
Un grupo numeroso, corrió al escenario. Se subieron gritando frases ininteligibles, y rodearon a Josh.
Rhonda gritaba, desgarrando su garganta, lastimándose sus cuerdas vocales.
Quienes intentaron impedirlo fueron reducidos por otros más entre la multitud, aterrados ante la idea de morir envenenados.
La regla del bien común.
Molieron a Josh a golpes, lo dejaron al borde de la muerte y continuaron golpeándolo como si ellos no se sintieran satisfechos…
De pronto, las puertas se abrieron de par en par, los sprinklers se activaron.
-Vivan, les obsequio su ansiado antídoto mis verdugos… beban, bébanlo- y todos desesperados se empujaban y encimaban para poder capturar con su lengua la mayor cantidad de gotas de antídoto, angustiados de no conseguir suficiente.
Finalmente, se fueron. Huyeron cuando cayeron en cuenta de su crimen. Se largaron esperando que no se escalara a la policía, pero Phoebe Heyerdahl no toleraría algo así, y lo primero que hizo fue salir a llamar a las patrullas y a una ambulancia.
Harold corrió a desatar a Rhonda. La chica se lanzó al cuerpo inmóvil de Josh y lloró… lloró amargamente… porque la muerte del chico estaba sobre sus hombros… ella lo había asesinado indirectamente… la sangre que salía de él, la bañaba, mezclándose con la del capitán Pickles, y mientras ella continuaba aferrada al castaño, mientras la pandilla hacía llamadas y caminaba frenéticamente, Harold se aferró a ella, y la acunó.
-Esto no es tu culpa- le susurró, terminando por tirar el castillo de naipes en el que se había convertido su vida… que se desmoronaba frente a sus ojos… y ella sólo podía pensar en lo buen chico que era Josh y en cómo no se merecía nada de eso…
-Está muerto- escuchó a alguien decir, y quería gritar, quería gritarles que no, pero no salía ningún sonido de sus labios, y no podía soltarse de él…
-No estás sola- le llegó lejano, no supo si fue Lila o Nadine… no podía parar el llanto, ni callar su dolor convertido en una furiosa voz que parecía ser la suya, la que había perdido.
Su hermoso collar, su tesoro invaluable, completamente impregnado con la sangre de su rey del baile…
