Últimamente han pasado cosas tensas en mi trabajo que nadie esperaba, así que una disculpa desde ahora si los shots son muy cortos. Necesito descansar un poco pero no quiero dejar de publicar aquí.
Lo que más odiaba sobre su profesión eran esas cenas costosas donde los platillos eran minúsculos y las personas a su alrededor fingían ser quienes no eran para poder pertenecer a la socialité que tanto criticaban.
Ver los vestidos pomposos, los supuestos buenos modales y demás actitudes farsantes de los asistentes a esa clase de eventos acababa con su normalmente extensa paciencia. Y lo detestaba con toda su vida, porque desde que entró en esa clase de mundo de la mano del, en ese entonces, modelo principal de la marca Gabriel, como su novia, supo que esa situación iba a hacerle odiar todo y todos.
Sin embargo no odiaba estar ahí con su novio, no mientras él debía aparentar total normalidad mientras ella, con sus manos ya amañadas por el tiempo que tenía de práctica, tocaba por encima de la ropa la entrepierna del chico debajo del mantel de algo similar a la seda. Sentía la incomodidad del rubio mientras el tartamudeaba cuando lo incluían en alguna plática, o cuando alguien mencionaba lo rojo de sus bronceadas mejillas.
Pronto se cansó de esa situación, así que quitó el hojal del botón que mantenía el pantalón en su sitio y bajó lentamente el zipper para poder dar libertad a la erección que el rubio ya portaba. Encontró sin mucho problema la abertura del bóxer y se dedicó a masajear su miembro de una manera suave, como si no estuviesen en su cena de presentación como diseñadora amateur de la marca de su suegro.
Siguió por un par de minutos disfrutando de la suavidad del chico, combinada con la dureza y humedad que su miembro desprendía hasta que lo sintió correrse en su mano con un ligero temblor y leve resoplido.
Con parsimonía retiró su mano que tenía una pequeña gota del extasis de Adrien, por lo que la llevó a su boca y sonrió.
— La crema estaba deliciosa, ¿no, Adrien? –.
