Disclaimmer: Los personajes no me pertenecen, son propiedad indiscutible de Craig Barttlet.

Mario DV, me has inspirado. Los siguientes personajes que serán protagonistas de los capítulos por venir serán Lila, Brainny e Iggy. Me encanta cómo piensas. ^3^

El siguiente capítulo será acerca de los dulces 16 de Helga y aunque tendrá como protagonistas a estos tres querubines, también contendrá mucho de Gerald y Helga... mi pareja favorita :D

Sin más preámbulos, DISFRUTEN LA LECTURA.

IGGY-LILA-BRAINNY

Durante el verano entre secundaria y preparatoria, el padre de Lila finalmente le permitió inscribirse en el curso intensivo de actuación que tanto le había recomendado su prima.

Tenía que tomar el autobús a primera hora para poder llegar a tiempo, pero poco le importó que tuviera que madrugar cada día de sus vacaciones veraniegas. Después de todo, al que madruga Dios le ayuda, y de todas formas no tenía muchos planes. Rhonda siempre vacacionaba con su familia fuera del país, y Nadine visitaba a unos familiares en California… tristemente, ahí terminaba la lista de personas con las que ella pudiera compartir su tiempo. Era difícil hacer amigas porque a la mayoría de las chicas les molestaba la atención que le daban los niños, al ser porrista durante la secundaria, muchos chicos se acercaron a ella pero pronto se dio cuenta que no buscaban su amistad. Eso descartaba la convivencia con los varones. Así que el curso de actuación le daba algo productivo que hacer con su tiempo libre, el cual, era demasiado.

Su primer día llegó, ella realmente se esmeró en su apariencia. Mascada al cuello, blusa de holanes, falda ceñida y a la rodilla, tacones bajos… Rhonda se habría sentido muy orgullosa de ella.

Se subió al autobús casi vacío y se sentó en la tercera fila de asientos. Aun no terminaba de colocarse el labial coral que Nadine le regaló por su cumpleaños, y al sacar su espejo, le sorprendió ver en él un rostro familiar en la fila de atrás. Se giró para cerciorarse. Había tenido razón. Iggy dormía recargado en el cristal de la ventana, ¿A dónde se dirigiría tan temprano?

Pero además, su vestimenta era extraña. Usaba una chaqueta de cierre debajo del cual se apreciaba una camisa blanca y una corbata negra, pantalones de vestir y zapatos de charol del mismo color. Demasiado formal. Contrastaba un poco con su chaqueta y el piercing en su nariz.

Se giró en su asiento, contrariada. Suponía que no debió de haberse enterado. Ellos comían en la misma mesa, y cuando habló sobre sus planes durante el verano jamás mencionó nada en donde remotamente tendría que vestir así.

Intentó concentrarse en su maquillaje. La duda pululando ufana por su mente.

Se dio cuenta que realmente no sabía mucho sobre él. Ni siquiera estaba segura de que fueran amigos… se sentaban a la misma mesa, en la hora del almuerzo, todos los días desde sexto grado… Conversaban, pero siempre cuando estaban rodeados por los demás, si se cruzaban ella siempre lo saludaba con la mano desde la distancia y él le respondía con un movimiento de cabeza que le hacía saber que la había visto… ¿Se podían considerar amigos? Una vez él le dejó que ella se comiera su postre, pero el mismo gesto lo había tenido con Peapod muchísimas más veces, y con Gerald… Rhonda y Nadine nunca comían postre así que no sabía cómo hacer la comparación de manera objetiva…

Nunca había dedicado tanto tiempo en pensar en él.

Recordaba que en algún momento del último año de secundaria, Nadine le dijo que era obvio que Iggy estaba interesado en ella… Y Rhonda mencionó que más bien estaba desesperado por un poco de atención de su parte. Miró de reojo al chico en el asiento, su aliento empañaba un poco el cristal, parecía apacible. Eso era lo más cerca que había estado de él. Nunca se sentaban a lado en la mesa de la cafetería, ¿Cómo podían sus amigas creer que él estaba interesado en ella?

Sacudió su cabeza. Su parada estaba cerca. Al pedirla, y bajar, notó que detrás de ella, mientras el autobús se alejaba, había bajado también Iggy, que caminaba en dirección opuesta a donde debía ir ella.

"¿No me reconoció?" se preguntó por un breve segundo, hasta que recordó la clase a la que tenía que acudir.

Así se sucedieron las primeras semanas, solo que esta vez, se sentaba en el asiento de atrás del castaño. Él siempre iba dormido. No parecía haberse dado cuenta que usaban el mismo transporte.

Entonces, un viernes, al terminar su clase, el grupo se puso de acuerdo para visitar un café temático del boulevard. Mientras caminaban, una de las chicas del curso, llamada Lucy Bale, le explicaba a Lila que se trataba de un sitio de cosplay, también llamados maid café en la cultura japonesa. Lila no era ni de cerca una conocedora del anime y sus derivados culturales, mucho menos se le podía considerar una Otaku. Lucy lo era. Hasta la médula. Habló todo el trayecto sin parar sobre el origen de esos restaurantes, y que el que visitarían en particular, no sólo trabajaban chicas, también chicos. La pelirroja llegó a la cafetería temática bastante mareada con toda la información, de por sí abrumada como estaba, no supo con qué palabra describir cómo se sintió cuando vio a Iggy acercarse a su mesa con unos menús bajo el brazo, vestido con la camisa blanca, la corbata negra y los pantalones de vestir de cada mañana, pero sustituyendo su chaqueta, usaba un saco de botones cruzado en el que llevaba un reloj de bolsillo que se asomaba y cuya cadena brillaba dorada, más unos blanquísimos guantes de tela terminando el disfraz de mayordomo que le hacía ver bastante apuesto… se había peinado distinto, todo su cabello hacia atrás, y podía ver que usaba maquillaje, y no de una forma femenina, sino para acentuar sus rasgos varoniles.

Estaba tan concentrada observándolo que no se dio cuenta cuando él la vio a ella.

Se congeló a media bienvenida, con la carta extendida en el aire y una sonrisa tensa en los labios.

¡Su secreto había quedado de nuevo al descubierto!

Que trabajaba en un maid café.

Regresando a su papel, que si no interpretaba sería echado de su trabajo, intentó disimular que conocía de forma personal a la clienta.

-Buenas tardes, amas. Estoy a su servicio- y se inclinó al frente. Las chicas chillaron emocionadas.

-¿Puedo tomarme contigo una foto? ¿Con quién tengo que pagar el costo extra?- preguntó una Lucy Bale extasiada, parecía a punto de babear por la forma en la que parecía absorber la imagen del chico frente a ella.

-El costo de la fotografía será cargado a su cuenta, ama. Será un placer para mí complacerle…- y volvió a inclinarse. Su corazón latiendo desbocado, sin saberlo, el de Lila también. Sobre todo, cuando se vio en la necesidad, por el papel que se esperaba que interpretaba, de tomar delicadamente la mano de Lucy, asegurándose que los dedos apenas se rozaran, y la instara a ponerse de pie para tomarse la fotografía juntos.

Después de la comida y de que unas emocionadas chicas abandonaran la cafetería, Lila se quedó un poco detrás con el pretexto de que se olvidó algo y buscó la entrada trasera, rápidamente le escribió a Iggy, (hace algunos años que habían intercambiado números telefónicos todos los que se sentaban en la misma mesa) diciéndole que se encontraba fuera, y le esperó en el estrecho callejón. Cuando él finalmente salió, se había quitado los guantes y el saco. Se imaginó que no quería ensuciarlos, y tenía una mirada desesperada en el rostro.

-¿Vas a burlarte?- Lila se detuvo en cuanto lo escuchó… ¿Para qué volvió? ¿Para qué le escribió? ¿Qué quería hacer? ¿Qué le quería decir? En realidad no lo había pensado mucho y el silencio terminó por crispar los nervios del pobre Iggy –Si vas a chantajearme con esto…- pero él tampoco sabía cómo continuar, Lila era perfecta, no tenía nada en su contra, nada con qué amenazarle.

-Sólo… sólo quería asegurarme de que… de que estabas bien- Iggy la miró sorprendido.

-Sí… estoy bien- y aliviado, se dio cuenta de que era la pequeña Sawyer, demasiado amable para su propio bien –me asusté- admitió sin saber la razón de su confesión –He mantenido esto en secreto todo el verano… necesitaba el dinero y aquí las propinas son muy buenas… quiero comprar un auto- se sonrojó –tuve que hacerme una identificación falsa, era requisito ser mayor de edad- la pelirroja asintió.

-No diré nada. No te preocupes- y le sonrió intentando tranquilizarlo –pero… ¿Por qué quieres que sea un secreto?- el chico la miró incrédulo.

-¿Escuchaste cómo tengo que hablar y vestir? ¿Sabes lo que esto le haría a mi reputación si se supiera?- Lila se sintió decepcionada con la respuesta. No sabía qué esperó escuchar, pero ciertamente no era aquello… Ella no podría estar con un chico que prefería mantener su pose que ser sincero.

-Deberías tener más fe en tus amigos- y se alejó, sin agregar nada más.

Esa mañana, Iggy no vestía su chaqueta usual, sino una chamarra de gorro, quería ocultar un poco de miradas ajenas las ojeras y bolsas debajo de sus ojos, al menos hasta que estuviera en su sesión de maquillaje en el trabajo. Quizás era de las cosas que más le molestaban de su trabajo, el maquillaje. Pero sinceramente, le favorecía bastante, así que no se quejaba de eso.

No pudo dormir. Le daba vueltas y vueltas a la frase de Lila. La única buena noticia es que encontrarse había sido una coincidencia y que no volvería a pasar.

El autobús hizo otra parada programada.

Las puertas se abrieron y por ellas entró una pelirroja que había estado embargando los pensamientos del castaño.

La miró incrédulo, sobre todo cuando se sentó en el asiento frente a él… ¿Ahora lo seguía?

-Oye… ¿Qué crees que haces?- le habló a Lila, haciéndose hacia adelante. La chica dio un saltito sorprendida en su asiento y se giró con los ojos abiertos de par en par, quizás metió la pata y en realidad ella no lo había visto.

-Iggy, hoy no estás dormido- el asombro en su tono le sirvió de indicativo al chico para deducir que no era la primera vez que ella tomaba el autobús y que lo había visto viajar dormido.

-Desde cuándo- le exigió.

-Todo el verano, así es como llego a mis clases de actuación- respondió tímidamente. Iggy suspiró. ¿Cómo no se había dado cuenta? El verano casi terminaba. Tenía que dejar de ser tan distraído.

-Supongo que no hace daño entonces que te sientes conmigo- y se sonrojó cuando la vio sonrojada –Quiero decir, es más seguro para ti si nos hacemos compañía- Lila sonrió y asintió.

El resto de los días de verano, se sentaban juntos en el autobús y él caminaba con ella hasta su edificio donde tomaba sus clases del curso intensivo. Lucy y ella lo visitaban seguido en la cafetería, a pesar de las continuas protestas de él. Lila se sintió feliz. Había hecho más amigos. Iggy y Lucy… Aquel verano lo atesoraba con cariño.

Durante el invierno de su primer año de preparatoria, Lila daba un paseo por los patios de la escuela cubiertos por una capa de nieve blanca…

Sus clases de Ciencias Sociales habían sido suspendidas por una incapacidad de la maestra. Deseaba que tuviera una pronta recuperación, y la recomendación del director era que se quedaran adentro como si esas horas se trataran de sesiones de estudios individuales. Normalmente la pelirroja seguía esa recomendación, pero ese día se había peleado con Iggy, y no entendía el enfado del chico. Reaccionó mal porque un chico de segundo le había dicho que era hermosa y le había pedido el número, y ella se lo dio, porque sentía que era una grosería no hacerlo.

El aire frío la ayudaría a aclarar su mente. Disfrutaba hablar con Iggy, e ir a visitarlo con Lucy los fines de semana en el café. Pero… ¿Él también disfrutaba de su compañía? ¿Por qué se había puesto así?

Cuando pasó cerca de un arbusto especialmente grande y cubierto en nieve, alguien jaló de ella. Por un momento lo único que pudo ver fueron dos ojos cafés que con la luz del sol se veían casi rojizos… hasta que el dueño de esos ojos la chistó.

Brian Kelvin, castaño de lentes y mejor amigo de Helga Pataki, llevó un dedo a sus labios y le hizo la señal universal del silencio. Lila parpadeó confundida, la mirada del chico era bastante intensa, ¿Por qué la había jalado? ¿Por qué le miraba fijamente? ¿Por qué le pedía que callara? Y entonces lo escuchó.

Era una voz femenina, una voz hecha para recitar poesía, y parecía que eso hacía. Y las palabras que le llegaban a sus oídos eran conmovedoras, tanto, que se le erizó la piel.

"Hoy siento añoranza por tus ojos… ¿Hace cuánto que no veo tus ojos?

Hoy siento añoranza por tus labios… ¿Hace cuánto que no beso tus labios?

Hoy siento añoranza por tus manos… ¿Hace cuánto que no me acarician tus manos?

Y como dijo Neruda, podría escribir los versos más tristes esta noche.

Pero yo podría hacerlo de noche, de madrugada, de día, de tarde, a sol y a luna… y sin ningún astro en el cielo también.

Porque en tu mirada encontré algo, hallé lo que me hacía falta, y sin buscarlo.

Porque en tus labios lo encontré todo, hallé lo que ya poseía, y sin buscarlo.

Y tus manos… ¡Oh, tus manos! Fuentes de consuelo y calidez, de pasión y compasión.

¿Cómo fue que te perdí? ¿Cómo fue que te dejé ir?

¿Por qué he de vivir la maldición de verte en mis sueños y no tenerte al despertar?

Hoy siento añoranza por tus ojos… ¿Hace cuánto que no veo tus ojos?

Hoy siento añoranza por tus labios… ¿Hace cuánto que no beso tus labios?

Hoy siento añoranza por tus manos… ¿Hace cuánto que no me acarician tus manos?

Y como dijo Neruda, podría escribir los versos más tristes esta noche."

Lila enrojeció cuando la voz fue muriendo en un lacónico verso final, y se dio cuenta que no había podido despegar su mirada de la del castaño y que continuaba aferrada a su mano, los versos haciendo eco en su mente.

La pelirroja retiró su mano asustada cuando se dio cuenta de la sonrisa febril del joven. El de lentes se puso de pie y luego escuchó un puño estrellándose contra él. Asustada, Lila se puso de pie para observar a una rubia alejándose haciendo rabietas y a un castaño con el rostro un poco magullado.

-¡Oh por Dios! Brainny- le dijo dulcemente y lo ayudó a llegar a la enfermería de la escuela –No deberías espiar a una señorita cuando se está desahogando así…- y lo vio sonreír más, sin que le dijera nada. Pero su mirada era tan elocuente que tampoco era necesario. Lila volvió a sonrojarse. La intensidad de los sentimientos de Helga eran abrumadores… su talento era abrumador. Entendía la atracción de Brian hacia la rubia. Helga era la encarnación de la pasión. Pero el chico no podía seguir siendo receptor de los golpes de la Pataki –es por tu propio bien- y Brian la miró como si nunca hubiese escuchado esa frase, como si le costase entender lo que significaba. Una vez en la enfermería, no encontraron a nadie.

Lila suspiró. Ella podría curarle. Lo dejó sentado en la camilla y comenzó a buscar el material que necesitaría.

-Aah… aah… segunda gaveta- la pelirroja lo miró de reojo y sonrió. Eran las primeras palabras que intercambiaban… "Segunda gaveta, intentaré recordar esa frase" pensó con ternura, era gracioso cómo podías conocer a alguien desde siempre y no conocerlo en lo absoluto. Cuando halló lo que buscaba en el cajón que le indicó el castaño comprendió que había estado demasiadas veces en la enfermería, y eso era algo que ella no sabía de él.

Recordó la intensidad de su mirada, y cómo su corazón latía desbocado sin saber si era por él o por las palabras que Helga recitaba.

Sacudió su cabeza y procedió a curarle.

Él no le quitó la mirada de encima ni un segundo. Esa intensidad de nuevo erizándole la piel. Poniéndola nerviosa.

-¡Listo! Como nuevo- le sonrió cordial y él amplió su sonrisa a una de oreja a oreja –Tengo que asistir a mi siguiente clase o el profesor no me dejará entrar, ¿Qué sigue en tu horario?- él no respondió, sólo la miró, aun sonriendo -¿Quieres que caminemos juntos? Yo iré a Biología- él continuó de la misma forma y Lila se encogió de hombros, decidiendo que lo tomaría como un sí. Lo haló de su muñeca y lo llevó a la salida de la enfermería. Caminaron por los pasillos en un apacible silencio hasta estar frente al aula de Biología –Gracias por dejarme escuchar a Helga… realmente fue muy bello… es la cita más rara de mi vida- y rio un poco, sin darse cuenta cómo la miraba Brian o el peso de lo que había dicho –Espero que la próxima vez que escuchemos poesía, el autor sepa que estamos ahí y no termine golpeándote- y se giró para entrar en su clase, dejando a un confundido, muy, muy confundido chico, detrás.

Iggy la había invitado a la inauguración de la tienda de una de sus tías. Y ella llevó a Lucy.

De nuevo, por alguna razón eso enfadó al chico y discutieron una vez más. ¿Qué estaba haciendo mal? El verano del primer año de preparatoria iniciaba, ellos habían estado llevándose cada vez mejor. Pensó que ya no habría fricciones entre ellos. Con lo que le gustaba estar con él. Eric, el chico de segundo que le pidió su número, le había estado insistiendo para que salieran, pero por alguna razón, ella sentía que traicionaría a Iggy si aceptaba, es decir, le molestó tanto que le hubiese dado su teléfono, ¿por qué le molestó tanto?

Salió de la plaza sintiéndose desdichada. Ni siquiera le avisó a Lucy que se iba. En ese momento, detestaba a Iggy por confundirla tanto. Era más fácil cuando visitaba el café y él tenía que ser encantador y servicial, la ponía completamente roja y hacía que latiera su corazón de forma indecentemente rápida cuando lo miraba vestido así, con ese porte y esa actitud.

¿Por qué Iggy no podía ser sincero con ella?

Nadine, Rhonda y Lucy siempre le estaban diciendo lo mucho que ella le gustaba a él. Eran tan insistentes que ella empezaba a creerlo, pero entonces ¿Por qué no le decía algo?

Y para colmo, ese año sus calificaciones habían sido descorazonadoras, y su padre la inscribió en las clases de regularización de verano de la preparatoria en lugar de permitirle volver al curso de actuación.

Eso la tenía desecha. Y estaba tan confundida. Iggy la confundía.

Caminaba sin rumbo cuando a través de la vitrina de un escaparate vio a Brian comprando en lo que parecía una tienda de cómics. Su primer encuentro se había repetido un par de veces, escuchar a Helga recitar era… indescriptiblemente emocionante, ella podía hacerte vibrar por dentro con su voz, con sus palabras, con su dolor. Se avergonzaba de admitir que disfrutaba espiarla con Brainny… pero fuera de eso, sólo se saludaban en las clases que compartían o si se encontraban por el pasillo, le recordaba un poco a su relación con Iggy antes de que descubriera su secreto, pero ella quería que fueran amigos. Esa le pareció una oportunidad tan buena como cualquier otra. Entró decidida a la tienda y se sintió tan desorientada que se congeló en el dintel ¿Qué clase de tienda era aquella?

Habían escobas, túnicas, figuras de criaturas, sombreros puntiagudos, corbatas de colores vibrantes, esferas doradas con alas colgando del techo intercaladas con velas de luz LED, disfraces, máscaras de más criaturas… ¿Qué tipo de aficiones tenía el castaño?

-Aah… Lila…aah- escuchar su nombre la sacó de su impresión inicial, se acercó al mostrador donde se encontraba Brian y no pudo evitar la pregunta que se le escapó.

-¿En dónde estamos?- preguntó confundida.

-¡Bienvenida al callejón secreto!- la exclamación de la dependienta sobresaltó a la pelirroja que se aferró inconscientemente al brazo de Brian, sonrojándolo –Aquí es donde una muggle ordinaria como tú, puede tener acceso a los objetos que se venden en el callejón Diagon aun cuando no tienes ni pizca de magia en ti- por alguna razón, se sintió muy ofendida con lo que le dijo esa señora.

-Aah… ella viene conmigo… aah… sólo deme… aah… el paquete- la dependienta les pidió que esperaran un momento y se agachó bajo el mostrador. Lila no entendía lo que pasaba y entendió menos cuando sacó una caja un poco alargada y se la tendió a Brian.

-Tenga usted, ¡el giratiempo!- el de lentes tomó entre sus manos la caja y Lila sufrió otro sobresalto cuando la dependienta agregó -¡No olvides! No aceptamos devoluciones y que un gran poder, conlleva una gran responsabilidad- la pelirroja se apretó aún más contra Brainny, sin entender aun lo que estaba sucediendo.

-Aah… eso es de… aah… Spiderman- le aclaró solicito el chico, haciendo enfadar un poco a la señora.

-Como sea, ya vete- el castaño tomó el paquete y salió de ahí con Lila colgada del brazo.

-Cielos, ¿Qué fue eso?- ambos caminaban por la acera, con el radiante sol sobre ellos.

-Aah… es una tienda de… aah… Harry Potter… aah… son los libros… aah… favoritos de Helga… aah… le compré un regalo… aah… de cumpleaños… aah… por sus dulces… aah… 16- Lila asintió sonriente.

-No sabía que sería pronto su cumpleaños- comentó -¿Sabes que esta es la conversación más larga que hemos sostenido?- el castaño la miró confundido, como si de nuevo, ella hablara un idioma que a él le costara entender -¿Te gustaría ir por un helado conmigo? Después puedes ayudarme a encontrar un regalo de mi parte para Helga- el de lentes pareció aún más desorientado.

-Aaah… ¿conmigo?- balbuceó nervioso.

-Sí, eso dije. Somos amigos. Salgamos juntos. Mañana inicio en mis clases de regularización y no tendré tanto tiempo- dijo desanimada. Brian sonrió, como siempre hacía.

-Aah… yo también iré… aah… a la escuela de… aah… verano… aah- la pelirroja se sorprendió genuinamente.

-¿Tú? Pero si eres muy bueno en matemáticas, y en física- el chico asintió.

-Aah… pero… aah… no son las únicas… aah… materias… aah… en Historia… aah… ciencias sociales… aah… educación física… aah… y Economía no soy… aah… tan bueno- Lila asintió.

-¿Qué tal si te ayudo y me ayudas? Yo soy muy buena en Historia y Ciencias sociales- aunque estaba exagerando un poco con la expresión 'muy buena'.

A Brian le brillaron los ojos y su corazón se brincó un latido… pero suponía que eso era normal porque seguramente tenía hambre. No tenía nada que ver con la idea de pasar más tiempo con la pelirroja que todavía lo sujetaba del brazo y lo guiaba a una heladería charlando feliz de que él aceptara ayudarla.

Para eso eran amigos. Así los llamó ella… Amigos.