Disclaimmer: Los personajes no me pertenecen, son propiedad indiscutible de Craig Barttlet

Los rayos de sol se colaron entre las endebles tablas de la construcción de madera que se sostenía precariamente de las ramas del Poderoso Pete, después de todos esos años. El bullicio en las calles comenzaba al mismo tiempo que la población de la ciudad se preparaba para ir al trabajo, abrir sus negocios o llevar a los menores al colegio, el ruido comenzó a llegarle lejano, se dijo a sí misma que no era tan molesto como para obligarse a levantarse, si lo ignoraba, fácilmente podría dormir otra hora antes de que el tráfico matinal volviera inaguantable los sonidos que estaba percibiendo.

Se arrellanó lo más que pudo dentro de su bolsa de dormir cuando una alarma frenó sus intenciones por completo. Ese debía ser el teléfono de Marcy porque ella estaba segura de haber desactivado la suya cuando las letras en azul le advirtieron que sonaría en dos horas trece minutos… Previendo que estaría de mal humor, desistió de programarla y se acostó a dormir.

Evidentemente la castaña no había hecho lo mismo y para el colmo la maldita cosa continuaba sonando estridentemente con "Inmigrant Song" de Led Zepellin. Lanzó una patada hacia el costado de la aun profundamente dormida chica que sólo emitió un quejido que desesperó a la recién levantada joven. Haciéndose para atrás para coger impulso, y con toda la molestia que verla tan plácidamente dormida mientras su aparto la tenía despierta, Helga volvió a lanzarle otra patada a la chica

- ¡Aagh! ¿Qué pasa? - preguntó con voz pastosa mientras se giraba a enfrentar el iracundo rostro de su amiga y la estridente canción se reanudaba para desesperación de la que intentaba despertarla

- ¡Está sonando tu alarma! - se quejó, esperando obtener alguna reacción de la adolescente que parecía luchar por evitar que sus ojos se cerraran, y perdía lamentablemente - ¡Kornblum!¡ Te estoy hablando! - volvió a patearla, desesperada, el celular dentro de la bolsa de dormir de la castaña seguía sonando y no había manera de que Helga descartara la alarma sin meter su mano dentro del espacio personal de Marcy

-Maldición Pataki… sé que te he dicho que tus golpes son los de una debilucha, pero estás comenzando a fastidiarme- un poco ofendida con el comentario, Helga volvió a patear el saco de dormir con fuerza, o bueno, toda la fuerza que podía mientras estaba atrapada dentro de su propio saco, similar a una cola de sirena o al capullo de una oruga.

- ¡Deja de hacerte la graciosa y apaga ese maldito ruido! - Marcy finalmente pareció cooperar con la rubia y buscó el celular para apagar la alarma, arrojándole una almohada a su compañera, a cuenta de las tres patadas que recibió –Por fin… silencio- agradeció, suspirando, y tomando la almohada que le fue arrojada se recargó en la pared de su izquierda, apoyándose en el mullido accesorio

-Es el primer día de las clases de regularización en la escuela- se quejó Marcy mientras revisaba sus redes sociales con los párpados cayendo pesadamente una y otra vez.

-Ya sé… odio ir a la escuela durante el verano- se quejó la rubia, intentando espiar sobre el hombro de su amiga la pantalla del móvil.

-Lo hubieras pensado antes de que te fuera tan mal en tus calificaciones- protestó la castaña, deseando haber pasado la noche en su mullida cama en lugar de esa incómoda casa del árbol.

-Sí, bueno… no vi que te quejaras cuando nos volábamos las clases de química- la castaña soltó algo como "Detesto química" por lo bajo, mientras se ponía de pie y comenzaba a buscar sus pantalones por la habitación –Debiste haber desactivado esa alarma- se quejó de nuevo la rubia

-Tú deberías ser más agradecida. Ahora tenemos tiempo de ir a nuestras casas a ducharnos y por un cambio de ropa que no apeste a antro de cuarta- Marcy arrojó los zapatos de Helga en su dirección, obligándola a recoger sus piernas para evitar que le cayeran encima.

- ¡Ten más cuidado! - la castaña soltó una risa y se giró para encarar a la menor de las Pataki.

-En serio, Pataki… sólo a alguien como tú se le ocurre que un día antes de iniciar las clases de verano es buena idea retar a Harold Berman a un partido nocturno de béisbol- Helga sonrió con cansancio.

-Suenas como si no te hubieras divertido- replicó la rubia –casi parece que lo de la alarma lo hiciste apropósito para poder llegar a clases y ver a alguien en particular- Marcy lamentó no tener otra cosa que arrojarle a la insolente chica.

-Y tú, casi parece que estás evitando a alguien en particular- el comentario no era malintencionado pero el rojo en las mejillas de la rubia terminó por pintar una maliciosa sonrisa en el rostro de Kornblum - ¿A quién evita la Gran Helga G. Pataki? - preguntó acercándose a la aludida que se negaba a mirarla de frente, evitando que su sonrojo quedara expuesto por más tiempo, pero distrayendo su atención de las pretensiones de la castaña. Marcy atacó con cosquillas a Helga, que reía desaforadamente y manoteaba con desesperación, odiaba las cosquillas, la sensación de la falta de aire en sus pulmones y la desesperación de no poder hacer que parara, eran dos cosas que ponían a la rubia con los cabellos de punta –Oh, vamos, dímelo…. Dime a quién estás evitando- Marcy frenó lo que hacía para darle tiempo a su amiga para responderle, no se esperó que usara el mismo truco sucio con ella.

Una vez se sintieron agotadas por la falta de aire y las risas que se mezclaban con el bullicio de la recién despertada ciudad, emprendieron el camino hacia la calle Bowery donde vivía la familia Kornblum. Caminaban en silencio, eso les agradaba a ambas, ninguna sentía la necesidad de llenar esos minutos con palabras fútiles y conversaciones triviales. Se sentían acompañadas en ese silencio.

Marcy sonrió rememorando la primera vez que vio a Helga como algo más que la bravucona del salón. Fue en octavo grado. Le habían dado dos semanas de castigo por patear las partes nobles de un chico de noveno grado que soltó un comentario sobre su físico… no le gustaba que los chicos hablaran de su físico, al menos no después de lo que pasó en el verano anterior, entre sexto y séptimo grado. Ahora se daba cuenta que no debió sorprenderle encontrarse a la rubia entre los alumnos que se presentaron al aula de castigo después de clases ese martes, pero en esos tiempos, fue lo más insólito que le pudo ocurrir. Y le trajo cierto alivio conocer a alguien en ese grupo, aunque la mirada de advertencia que le dirigió la rubia y que interpretó acertadamente como un "Ni se te ocurra acercarte a mí", la desmoralizó un poco. Su sonrisa se amplió, pensar que luego de esos quince días en detención dejaría de temerle a la Gran Helga G. Pataki… si se lo contaran a su versión de sí misma de cuarto grado, probablemente enloquecería de histeria. De eso habían pasado tres años, y no es que fueran las mejores amigas, apenas si conversaban, pero tenía la certeza de que, si llamaba a Helga, ella respondería, y haría lo que fuera que le pidiera, sin pedir explicaciones, aunque fuera algo desquiciado como desaparecer un cuerpo o envenenar a alguien. Lo mismo que ella había hecho cuando la llamó la noche anterior y luego le dijo que avisara en casa que dormiría con amigas para poder quedarse en la casa del árbol… Y a Kornblum le faltó tiempo para acatar su petición, sin chistar.

Ése era el tipo de lazo que se había formado entre ellas sin buscarlo...

De manera natural...

Sin frecuentarse...

Cuando finalmente llegaron a la calle donde vivía Marcy, la castaña terminó por preguntar algo que rondaba su mente desde que la noche anterior Helga la llamó para que salieran a pasar el rato, rompiendo uno de sus tácitos acuerdos entre ellas: Sin preguntas.

-Hey… Pataki…- al escuchar su nombre, la rubia pareció despertar de un letargo en el que no se percató que se había sumergido y parpadeó un par de veces para enfocar el rostro de su amiga - ¿Te comportas así por lo que escuchamos el viernes? - la mirada azulina de la chica se ensombreció en cuanto escuchó esa pregunta.

- ¿Por qué habría de importar lo que escuchamos decir al cabello de cepillo el viernes? - replicó la rubia. Marcy la observó en silencio y asintió lentamente unos segundos después. Si la menor de las Pataki no quería hablar al respecto, ella no insistiría, ya había presionado demasiado el límite sólo al preguntar.

La mente de Helga vagó a aquel pasillo de la preparatoria en la que Kornblum y ella se dirigían en busca de Sid para cobrarle la apuesta que perdió contra la rubia y tomar prestado su auto y dar una vuelta durante la hora de estudio libre que les tocaba.

Encontraron a Sid hablando con el Johanssen, y aunque no lo pretendían, terminaron por escuchar cómo se quejaba el moreno porque no tenía tiempo a solas con Phoebe porque Helga siempre se invitaba sola a todas sus citas.

No entendía por qué eso la molestó tanto, no se había dado cuenta en qué momento la opinión de ese pelos de borrego le empezó a importar de esa manera. Lo cierto era que estaba dolida. Y una vez más, ese sentimiento de soledad que la perseguía desde que Arnold se había ido a San Lorenzo, la sobrecogió.

-Tienes razón… no sé por qué hago preguntas tan estúpidas- Marcy chocó su hombro contra el de Helga, dándole una pequeña sonrisa que hizo sonreír de igual forma a la rubia - ¡Ahora, corre! Deberías llegar a tu casa y ducharte… no me imagino al pobre de Brian soportando tu aroma toda la clase- y quien corrió fue la castaña, mientras reía e intentaba huir de la ira de Betsy y los cinco vengadores.

Gerald consultaba de nuevo la pantalla de su celular.

Pasaban cinco minutos de la hora habitual en la que se encontraba con Helga en esa esquina, si seguía esperándola, no llegaría a tiempo a la casa de Phoebe.

Ese día iniciaban las clases de regularización de verano y su novia lo había convencido de inscribirse voluntariamente ya que, aunque sus calificaciones fueron lo suficientemente buenas para acreditar sus materias, seguían siendo mediocres si buscaba aspirar a las mismas universidades que la oriental.

Una sonrisa sarcástica se le escapó... el primer año de preparatoria acababa de llegar a su fin y su novia ya lo presionaba para reunir los requisitos de aplicación a las universidades de la liga IVY, que eran las únicas que la oriental estaba considerando… aunque claro… sin decirle a su mejor amiga.

Consultó de nuevo la hora.

Phoebe enloquecería, detestaba la impuntualidad, y aunque evidentemente las clases donde repasarían el temario del año anterior y sólo los primeros temas del segundo curso eran una pérdida de tiempo para la pelinegra, y no se dirigía a la escuela en el primer lunes de las vacaciones de verano por la misma razón que él, de todas formas, pasaría su verano en esas aulas. La escuela ofrecía cursos avanzados de cálculo vectorial y ecuaciones diferenciales, para los de segundo que pasaban a tercero, y en los que la unigénita Heyerdahl había conseguido entrar. El moreno no sabía cómo había hecho algo así, y ella evadía darle una respuesta cuando preguntaba al respecto… Resultaba sospechoso.

A lo lejos, alcanzó a ver a una rubia que corría en su dirección, con esa ridícula gorra azul de nuevo. Últimamente, verla ocultar su cabello le molestaba todavía más, si eso era posible.

Solamente no lo entendía, ¿Por qué se esforzaba tanto en pasar desapercibida?

Gerald no era ciego… desde que la vio por primera vez en jardín de niños le pareció bonita, le gustaba mucho su cabello desde entonces. Pero luego arruinó su dibujo salpicándolo de pintura. Sonrió irónico, él sólo era daño colateral… Todas las bromas pesadas de la infancia que pensó que iban dirigidas a él, en realidad eran para Arnold… el moreno sólo había tenido la suerte de ser el mejor amigo del rubio.

Escapaba a su comprensión por qué, entonces, metía todo su cabello dentro de esa vieja gorra, y usaba ropa masculina y de dos tallas más grandes que la suya. La había visto muchas veces con traje de baño, y no se veía para nada como lo hacía esa mañana, con sus vaqueros de corte recto, deslavados y de mezclilla pesada, una playera blanca muy grande metida descuidadamente por dentro del pantalón, unas botas de piel negras, que parecían de un comando, y claro, la maldita gorra azul.

- ¡Criminal, zopenco! ¿Por qué no te mueves? ¿No ves que Phoebe está esperando? –la realidad de la tardanza de la rubia no era únicamente la parada que había hecho en casa, luego de perseguir por unos metros a Marcy y verla entrar en su casa; Helga había pasado mucho tiempo decidiendo si ir a encontrarse con Gerald o enviarle un mensaje diciéndole que se verían en la escuela… tanto tiempo, que le daba vergüenza reconocer cuánto… Sólo podía decir que era demasiado para alguien que clamaba ser indiferente a lo que el Johanssen dijera o pensara. Entonces Phoebe llegó a su mente, la oriental era su mejor amiga, y las oportunidades para verse ya comenzaban a reducirse conforme se acercaban al final del primer año, su amiga se había autoimpuesto un estándar bastante elevado y una presión para alcanzar la excelencia académica que Helga no entendía.

Y si la rubia se aislaba a consecuencia de un comentario de pasillo, terminaría por perder el poco tiempo que podía robar de la apretada agenda de su mejor amiga. Eso fue lo que terminó por hacerle reaccionar y decidirse a encaminarse al punto de encuentro con el moreno desde que Gerald comenzó a acompañar a Phoebe por las mañanas en quinto grado… la rubia ya llevaba desde primero yendo con la pelinegra a la escuela, así que quien se invitó solo fue el Johanssen.

-Maldición, Pataki. ¿Cómo es que soy yo el reprendido si es a ti a quien se le hizo tarde? - reclamó mientras trotaba para alcanzar a la chica que no se detuvo ni siquiera para gritarle por quedarse pasmado.

- ¡Deja de parlotear y mueve tus piernas más rápido, Geraldo! - le respondió, girando levemente su rostro, gritarle la hacía sentir mejor. Además… no era un pecado que el moreno quisiera pasar más tiempo a solas con su novia… se supone que los novios hacen eso ¿no?

- ¡Odio que seas del club de atletismo! –le gritó con falta de aire por el esfuerzo que hacía al correr para alcanzar a la chica. La risa de la menor de las Pataki flotó por el viento haciendo que el enojo por el retraso de la joven desapareciera de la mente del moreno, ahora, él también reía.

Los señores Heyerdahl no podían sentirse más orgullosos de su hija, el padre de Phoebe henchía el pecho al verla guardar sus libros de cálculo avanzado en su mochila, dispuesta a sacrificar su verano por aceptar la privilegiada invitación que le hizo su escuela de ser parte de un curso que sólo estaba disponible para los mejores estudiantes de segundo año. Ellos ya sabían que grandes cosas le aguardaban a su preciosa princesita, pero verla tan motivada y concentrada en sus estudios, aun cuando salía con el segundo hijo de los Johanssen era un alivio para el señor Heyerdahl, que dio reticentemente su permiso a su hija con la preocupación de que la distrajera de superarse académicamente. Se alegraba de haberse equivocado.

El timbre del domicilio se hizo escuchar y Kyo consultó la hora en su reloj de muñeca, asintiendo complacido al ver la puntualidad de los amigos de su hija. Al abrir la puerta no fue ninguna sorpresa encontrarse al par tras ella, lo que sí era fuera de lo común era verlos jadeando y colorados, sudando y sonriendo como posesos.

- ¿Ya está lista Phoebe, Señor Heyerdahl? - preguntó la rubia de carrerilla… juntando un poco las palabras dificultando al pelinegro entenderla.

La aludida se asomó tras la espalda de su padre y miró confundida a su novio y a su mejor amiga, ¿Por qué lucían como si acabaran de terminar de correr un maratón? No tuvo oportunidad de hacer esa pregunta en voz alta porque su padre ya le daba indicaciones de cómo debía mantenerse enfocada en ser la mejor de su clase y que se verían cuando pasaran a recogerla para asistir al evento de esgrima de su padre.

Finalmente, los tres caminaban hacia la escuela, pero una extraña sensación ponía incómoda a la oriental. Al prestar atención, se dio cuenta de cuál era la razón… Caminaban en silencio… Gerald y Helga no se dedicaban comentarios irónicos o sarcásticos, ni estaban compitiendo en nada… Aquello era anormal… Sus mañanas nunca eran tan pacíficas. Entonces se percató de algo más, Helga caminaba a casi un metro por detrás de la pareja. Phoebe giró su rostro y la vio algo decaída… ¿Habría pasado algo con Arnold que la estuviera preocupando así? Se volvió a girar, esta vez para ver el perfil del rostro de su novio, se veía bastante relajado, ¿Acaso no había notado la tensión en el ambiente? La pelinegra suspiró, desearía que Brainny estuviera con ellos, seguramente mejoraría el humor de la rubia. Miró sus manos entrelazadas. Gerald quizás se molestaría por lo que haría, sabía que no le gustaba cuando le daba su atención a Helga, pero realmente estaba muy preocupada. Ya después lidiaría con las pataletas de su novio, así que, soltándose del agarre, se dio vuelta en redondo para encarar a cierta Pataki que no notó el exabrupto de su amiga y terminó chocando con ella.

- ¡Criminal, hermana! Casi te paso encima- al ver que la oriental se cruzaba de brazos y le daba la misma mirada que una madre que está a punto de reprender a su hijo le daría, cerró su boca e hizo mutis por el foro. Gerald miraba la escena pasmado, sintiéndose un poco perdido en por qué su novia lo soltaba y frenaba su camino a la escuela.

-Helga… No engañas a nadie- la rubia tragó saliva con dificultad, ¿Sabía Phoebe que estaba deliberadamente evitando al moreno para poder darle el espacio que tanto clamaba querer? –Obviamente estás deprimida por Arnold… otra vez- agregar las últimas dos palabras era realmente innecesario y sonrojó a la rubia, apenada de reconocer que era un hilo de pensamiento lógico. Lo que no era lógico fue lo que ocurrió justamente después. Gerald caminó directo a ella y le arrebató la gorra azul de su cabeza mientras decía...

-¡Por supuesto que te deprimes! Siempre usas esta vieja gorra, todo el tiempo te recuerda a él- las miradas del moreno y la rubia terminaron encontrándose, algo emanaba de esa conexión que dio escalofríos a Phoebe –Haznos un favor y de paso a ti misma y bótala a la basura… No necesitas estar pensando en él cada minuto de cada día si tanto daño te hace- Helga separó sus labios con intención de gritarle que se metiera en sus propios asuntos, pero no encontró su propia voz. Las palabras quedaron atoradas en su garganta, una pesadez en su pecho le impedía actuar como pensó, y terminó por entender que esa pesadez la provocaba la insistente mirada fija de Gerald en ella… No la miraba como siempre… y no le gustó nada esa sensación. Phoebe carraspeó, haciendo que Helga reaccionara.

-Puedes hacer lo que te plazca… esa gorra no es el problema- y a grandes zancadas dejó tras de sí a la pareja, poniendo rumbo a la escuela, ignorando los llamados de Phoebe tras ella, que tampoco la seguía.

- ¿Por qué has sido tan insensible con ella? - le reprochó la pelinegra al quedarse sola con el moreno.

- ¿De qué hablas? He solucionado el problema- replicó encogiéndose de hombros, aunque por dentro se preguntaba si quizás se había pasado un poco con la rubia, que los hubiera abandonado así no solía pasar desde séptimo grado.

- ¡Has creado otro! - Phoebe miró con decepción al moreno - ¿Eso fue a propósito porque he pasado más tiempo con Helga últimamente? - Gerald la miró con clara culpa en su rostro. El comentario de Phoebe había estado demasiado tiempo rondando su mente las últimas semanas como para poder seguir ocultándolo –No necesito que lo confirmes, lo tienes escrito por todo tu rostro- Phoebe suspiró, tener novio resultaba más trabajo que sus tareas escolares, sobre todo cuando Gerald era inseguro entorno a Helga.

-Oye, linda pollita… no te enojes conmigo- el moreno acarició los brazos de la oriental, los ojos de Phoebe se encontraron con los de color avellano del chico, parecía sinceramente arrepentido –Me disculparé con ella… tienes razón, me desquité- el último día de clases, el viernes, Gerald había tenido una conversación un poco tensa con la pelinegra respecto al tiempo que compartían a solas. No sólo había disminuido en cantidad, sino que el moreno sentía que Phoebe había estado ausente aun cuando estaban juntos, pero la unigénita Heyerdahl lo había tratado como si estuviera siendo demasiado dramático al respecto y sumando a eso que el tiempo libre de sus últimas semanas lo invirtió en Helga, y ni siquiera le dijo directamente que consiguió algunas horas entre sus sesiones de estudio para los exámenes finales y su preparación para la competición de conocimiento intercolegial que fue la semana pasada, a la que por cierto insistió que no fuera porque la pondría nerviosa…

Era ese tipo de situaciones las que lo ponían de un humor de perros y terminaba desquitándose con otros, mientras él le rogaba que asistiera a sus momentos importantes, partidos de baloncesto, reuniones familiares, salidas con su grupo de amigos, cualquier cosa, él la quería ahí a su lado, que estuviera en el recuerdo de ese momento… su novia era diferente, demasiado independiente, y prefería no decirle de los eventos importantes porque no lo quería ahí y no quería decírselo para no herir sus sentimientos… bueno, el viernes se lo dijo… todavía no sabía cómo lidiar con eso pero tampoco quería que Phoebe y Helga se molestaran con él.

-De acuerdo… pero hazlo pronto… su cumpleaños será la próxima semana y ya nos estamos arriesgando a que se enoje por la fiesta sorpresa que le preparamos como para que encima llegue al lugar ya molesta por una tontería- la pelinegra tomó la gorra de las manos de Gerald –La entiendo, ¿sabes?- el moreno alzó una ceja, confundido –La soledad que debe sentir estando tan lejos de Arnold. Ella siempre lo ha querido tanto- Gerald se sorprendió al ser abrazado por su novia –Yo no podría soportar vivir en países diferentes… Te quiero, Gerald- Phoebe se sintió mejor cuando el chico la besó delicadamente luego de su pequeña confesión. Ese tipo de conversaciones la ponían muy nerviosa, por eso solía evitarlas, hablarle tan abiertamente al moreno de lo enamorada que estaba de él la hacía sentir vulnerable.

-Yo también te quiero, pollita- Phoebe sonrió tan ampliamente como lo hacía Gerald en ese momento –Fui un cretino con ella, ¿no?- preocupado por el asentimiento de cabeza de su novia, el moreno la volvió a abrazar, empezando a planear cómo haría para enmendarse con esa testaruda rubia.

Helga entró al salón de mal humor, pero encontrarse a Brainny conversando con la señorita Perfección la hizo ver rojo…

¿Quién se creía que era esa sureña con sus enormes pestañas batiéndose en el aire cada que parpadeaba coquetamente a cada frase que soltaba el castaño?

Durante su último año en secundaria, Brian le habló de sus sentimientos a Helga durante San Valentín. Le dijo que estaba enamorado de ella posiblemente desde que la rubia estaba enamorada de Arnold, ese día el castaño también agregó que sabía que no tenía una oportunidad real con ella, pero no podía seguir siendo su amigo sin sincerarse, porque sentía que ocultarle esa verdad era como mentirle. Le dijo que, si un día ella sentía lo mismo, lo besara. Así él lo sabría. Y había pasado poco más de un año de aquel momento que había estremecido el mundo de la rubia, y lo cambió de muchas maneras.

Brian ya era su mejor amigo para entonces, le contaba todo y acudía a él cada que sentía que necesitaba a alguien, sobre todo cuando Phoebe estaba ocupada, pero luego de esa confesión, ya no podía ir con el castaño a llorar por Arnold, se sentía injusto. Fue entonces que ese lugar lo ocupó Gerald. Extrañaba a Brian, con él habría podido hablar de lo enojada que estaba con el moreno, pero llegar y verlo tan distendido, envuelto en una conversación con la pelirroja del grupo, soltando risas, y coqueteándose, la hizo sentir insignificante.

¿No había dicho que estaba tan enamorado de ella como ella de Arnold? ¿Entonces por qué en un año la había olvidado por Lila tan fácilmente? Aunque si era sincera consigo misma quizás su distanciamiento con el chico pudo haberlo propiciado y quizás veía cosas donde no estaban.

Eso la calmó hasta que vio cómo Lila colocaba una mano sobre la de Brian y el castaño enrojecía. No lo soportó más.

-Vaya, vaya. ¿La señorita perfección en regularización? Parece que no es tan perfecta como clama ser- se acercó a ellos y ocupó el lugar delante de Brainny, dejando caer con enfado su mochila al suelo con un ruido seco que los sobresaltó - ¿no te parece, chico listo? - el de lentes la miró confundido por un segundo, hasta que la rubia lanzó la siguiente pregunta, el castaño pareció comprender de qué iba aquella conversación - ¿Desde cuándo son los mejores amigos ustedes dos, eh?- la sureña sonrió alegremente.

-Oh, Helga… me halaga que me llames así, pero no soy nada cercano a la perfección- inició su respuesta con una modestia que puso de peor humor a la rubia –y es un mayor cumplido que me consideres la mejor amiga de Brian, creí que esa, eras tú- batió sus pestañas con ingenuidad, enervando a la chica, que no podía creer que Lila pensara que después de tanto tiempo ella se compraba su acto de dulce campirana.

-Oh, Sawyer… no te equivoques… no te estoy halagando y por supuesto que la mejor amiga de Brian soy yo, ¿cierto, chico listo?- el castaño sonrió hinchando el pecho con orgullo.

-Aaaah… por supuesto…. Aaah… que lo eres- respondió entre jadeos.

-No lo vuelvas incómodo Brainny- le respondió cruzándose de brazos y girando el rostro, intentando ocultar un sonrojo que coloreaba sus mejillas.

-Aaww… eres adorable, Helga- comentó la pelirroja al presenciar la escena, sacando de sus casillas a la rubia.

- ¿No tienes cosas mejores que hacer, Sawyer? - contra lo que esperaba Helga, Lila rio con su insidiosa pregunta.

-Justo ahora no… yo conversaba con Brian. Eres tú quien nos ha interrumpido- Helga deseó en ese momento tener el súper poder de eliminar a las personas sólo con una mirada, pero su deseo no se cumplió, de hecho, pasó lo opuesto a eso cuando cierto indeseable entró por la puerta del aula. Casi prefería continuar conversando con Lila que enfrentar a Gerald - ¿Estás emocionada porque se acerca tu cumpleaños? –la palabra clave era "casi", había olvidado lo enervante que podía ser el aura de inocencia y dulzura de la señorita perfección.

-Sí, otro año más cerca de la muerte, hurra- respondió con sarcasmo. Otros alumnos llegaron en ese momento y mentalmente agradeció que Gerald no intentara acercarse a ella. Brian pareció leer sus pensamientos como solía hacer y terminó preguntando./

-Aaaah… ¿Pasó algo… aaah… para que estés… aaah… molesta con… aaah… Gerald? –Lila giró a mirar al moreno, no notó cuando el chico entró en el salón.

- ¿Por qué no se ha sentado con nosotros? - preguntó extrañada la pelirroja y para horror de la rubia, alzó una mano y la agitó en el aire mientras llamaba al chico a gritos. Gerald tuvo la sensibilidad de sólo saludarla y no acercarse, Helga se habría puesto violenta si él lo hubiera hecho. Aunque la mirada en esos ojos avellana le decía que tarde o temprano, el moreno la abordaría.

-No sé de qué hablas… si el cabello de cepillo no se quiso sentar con nosotros, su razón tendrá- comentó para salir del paso.

-Qué extraño- Lila atrapó la atención de los dos amigos –Gerald parece tener el hombro caído, ¿lo notaron? – al girar hacia donde miraba la sureña, no pudieron ignorar que tenía razón, el chico parecía tener dolor al mover el hombro izquierdo que, aunque lo disimulaba un poco su playera, estaba más inclinado que el derecho.

-Aaah… quizás… aaah… se lastimó… aaah… en su último partido- comentó el castaño, mirando preocupado en dirección al moreno.

Helga sólo soltó un gruñido, no quiso comentar nada más, considerando que el profesor entraba en ese instante, pero toda la clase se la pasó pensando que, en el último juego de Gerald, un tarado del otro equipo lo había embestido y golpeado en el hombro. El moreno había dicho que estaba bien, ¿Por qué mentía? Y al terminar de preguntarse aquello a sí misma, se respondió. No quería preocuparlos. Maldito zopenco, se la ponía muy difícil estar molesta con él.

Al terminar las clases, Marcy se acercó al extraño trío de Lila, Brian y Helga, en cuanto encontró la mirada de la rubia, alzó una ceja y miró en dirección a cierto chico que arreglaba sus cosas para salir del salón. Helga bufó, la castaña seguramente creía que su actitud y lejanía con el moreno confirmaba lo que le preguntó esa mañana. Lo hacía. Pero a la menor de las Pataki la alteraba esa actitud de sabelotodo de Kornblum.

-Hola Marcy… ¿irás con nosotros a la biblioteca? – A la rubia empezaba a molestarle que Lila hablara con sus amigos como si pertenecieran al mismo círculo, además, ¿Qué era eso de ir a la biblioteca? Acababan de terminar ocho horas de clases, lo único que Helga quería era darse una ducha y dormir hasta el día siguiente, ¿Y la señorita perfección iría a seguir estudiando? ¿Quién le había hecho tanto daño para que se odiara de esa forma?... Espera… ¿Ella dijo nosotros?/

-Aaah… sí… aaah… Deberías venir… aaah- la castaña sonrió de lado al ver la estupefacción en el rostro de la rubia, Helga era territorial con sus amigos, al menos a los que ella ya no se avergonzaba de llamar de esa forma. Obviamente no se estaba tomando bien la intrusión de Lila en su grupo.

-Por qué no- respondió encogiéndose de hombros y disfrutando de la reacción que obtuvo de la Pataki.

- ¿También vendrás, Gerald? - la rubia se congeló en su sitio, el moreno se encontraba de pie tras ella. Ni siquiera notó cuando se acercó.

-Claro… Phoebe estará allá- comentó el chico.

-Genial, tengo un par de cosas que preguntarle sobre eso de la ley de cosenos… mi cerebro ya estaba demasiado sobrecargado cuando llegamos a esa parte- Marcy comenzó a caminar hacia la salida, junto a Brian.

-Aaaah… fue el primer… aaah… tema- comentó el castaño, sonriendo.

-Exacto. Es que no sabes la noche que pasé- se quejó, mientras Lila y Gerald los seguían.

Helga se quedó pasmada un segundo. ¿Qué sucedía? Ninguno se dirigió hacia ella, ninguno parecía preocuparle si ella se sumaba a su reunión o no… quiso caminar tras ellos, pero las palabras de Gerald la frenaron en el sitio… ¿A eso se refería cuando dijo que se invitaba sola? La rubia se dejó caer en su silla de nuevo… ¿Marcy y Brian se sentirían así también? Se preguntó a sí misma angustiada. Odiaba no tener una respuesta ni el valor para pedirla a quienes podrían dársela. Pensó en llamar a Phoebe, pero terminó llamando a alguien más. Rogó en silencio que esta vez, él contestara… pero como cada vez que lo había intentado en el último par de meses, no escuchó su voz.

Miraba el móvil como si la hubiera ofendido.

Decidió que, por ella, el resto se podría ir al infierno y tomó sus cosas para volver a casa sola.

Al llegar, hizo como planeó una hora antes y se duchó para tirarse en su cama y dormir hasta el día siguiente. Sólo que algo se entrometió en sus planes durante la madrugada.

Antes de llegar a eso, esa tarde en la biblioteca, los chicos se reunieron para ultimar los detalles de la fiesta de la rubia… agradecidos de que Gerald la hubiera hecho enojar lo suficiente para que ni siquiera hiciera preguntas sobre su extraño comportamiento… por supuesto que el Johanssen se quejó de ese comentario y estuvo meditando cómo podría enmendar su actitud de esa mañana.

-Tienes que arreglarlo- le pedía Phoeebs mientras se despedían en su pórtico durante la puesta de sol –Entre más tiempo pase, ella te lo pondrá más difícil- le advirtió.

-Lo sé, pollita- el moreno sonrió confiado –Conozco a nuestra amiga muy bien- Phoebe se sorprendió al escuchar a Gerald diciendo en voz alta que Helga y él eran amigos, aunque si lo pensaba fríamente, ellos en verdad habían cambiado mucho sus interacciones con el paso del tiempo y podría decirse con certeza que ambos hacían más que sólo tolerarse por ella. Sin darse cuenta, uno se había amoldado al otro y ella no había dedicado pensamiento a ese hecho, pero ahora que se detenía a considerarlo, se daba cuenta que realmente eran cercanos –Descansa, mañana tendremos clases de nuevo- la pelinegra rodó los ojos, y sonrió. Sin Gerald probablemente se la pasaría encerrada estudiando sin socializar con otros chicos de su edad, excepto por Helga de vez en cuando, le agradecía eso a su novio.

-Eres todo un galante- le dio un beso en la mejilla y se dio media vuelta para ser detenida por un agarre en la muñeca de su novio, que la hizo girar de nuevo para besarla largamente en los labios.

-Mucho mejor- comentó al separarse, sonrojando a la oriental. Gerald se quedó en el mismo lugar un par de segundos después de que Phoebe ya había cerrado la puerta. El moreno suspiró. El cariño que sentía por su novia se extendía a las personas que eran importantes para ella, pero ya no podía seguir mintiéndose a sí mismo, intentando convencerse de que Helga era sólo la mejor amiga de su novia.

La realidad era que él también la quería por ser sólo ella… Helga… más allá de la relación que tuviera con la oriental, también era su mejor amiga. Quizás por eso estaba tan enfadado al verla con esa tonta gorra, Arnold llevaba un par de meses ignorando sus llamadas y mensajes, haciéndola miserable, y, por ende, poniéndolo a él en una situación difícil. Ya no eran tan unidos como antes, pero seguían siendo buenos amigos, por eso no entendía la razón de esa rabia hacia el rubio, cada que percibía que Pataki suspiraba o miraba a la nada con melancolía, crecían sus ganas de ir hasta San Lorenzo y zarandear de las solapas de su camisa al chico cabeza de balón, sin parar, para que entendiera que con la rubia no se jugaba.

Eso sumaba mucho a la aversión que le daba la gorra que Arnold le obsequió a Helga antes de irse.

Sin darse cuenta, perdido en sus pensamientos, terminó por llegar a su casa. Luego de ducharse y cambiarse, tomó algo de su cajón y bajó a servirse un poco del chocolate caliente que había preparado su madre. Se sentó a la mesa del comedor y dejó frente a él una pequeña caja alargada que observó durante largo rato como si intentara desintegrarla con la mirada.

-Parece que esa cosa te hubiera ofendido- la voz de su hermano mayor terminó por aumentar el mal humor que el moreno sentía en ese momento, sus pensamientos todavía centrados en cierto joven que ignoraba deliberadamente los intentos de contactarlo de su amiga. Jamie O. estaba recargado en el marco de la puerta, observaba con diversión a su hermanito, aquella definitivamente era una caja de joyería, seguramente un regalo para Phoebe.

- ¿No tienes cosas de la boda que ir a revisar? - le respondió de mal modo, sin dirigirle ninguna mirada, deseando que sólo lo dejara ser.

- ¿A medianoche? – preguntó con una ceja alzada el mayor, Gerald se sorprendió al confirmar que tenía razón en la hora, ¿Cuánto tiempo había estado sentado sin moverse? Al corroborar que su bebida yacía fría y olvidada, se dio cuenta que más de lo que pudiera pensar –Siempre he sabido que eres algo lento… pero esto se extralimita- comentó burlón, ocupando la silla frente al preparatoriano - ¿Problemas en el paraíso? - ironizó, evidentemente refiriéndose a Phoebe.

-Sí… pero no era en lo que pensaba- respondió antes de darse cuenta, golpeándose mentalmente por haber hablado de más, ahora su hermano seguramente se burlaría.

- ¿Tienes problemas con tu novia y no estás pensando en eso? - la sorpresa en el timbre de voz de Jamie O. atrajo la atención de Gerald./

- ¿Por qué lo dices así? ¿Crees que es extraño? - Jamie O. sonrió de lado, su hermanito no había podido mantener su rostro inalterable, lo que sea que ocupaba su mente, realmente debía importarle.

-Eso depende… ¿En qué estás pensando? - y sin pedirle permiso al menor, alargó su mano para tomar la caja en la mesa y abrirla. Gerald lo miró horrorizado, no reaccionó a tiempo para impedirlo y ahora Jamie O. lo miraba con los ojos abiertos de par en par.

- ¿De dónde sacaste dinero para comprar esto, enano? - apartó la caja antes de que Gerald tuviera éxito en su intento por quitársela y ahora su hermano lo miraba molesto del otro lado de la mesa –Estoy hablando en serio… Esto debió costar una pequeña fortuna, se ve que es genuino- gracias a todas las visitas a joyerías que tuvo que hacer para encontrar la sortija de compromiso perfecta para Melissa, y ahora podía presumir de un poco de conocimiento en genuina joyería versus bisutería barata.

-No hagas un escándalo de esto- murmuró por lo bajo, como si de pronto temiera que sus padres despertaran y lo escucharan –vendí la pelota de béisbol autografiada por Mickey Kaline- Jamie O. lo miró escéptico, como si no creyera ni una palabra.

- ¿Dices que vendiste la pelota que te regaló Arnold antes de irse, su posesión más valiosa que después fue tu posesión más valiosa, para poder comprar un regalo a una chica? - la incredulidad del mayor hizo sentir muy incómodo a Gerald.

-Bueno… eso y parte de mis ahorros… No es para tanto- aunque escucharlo decir lo que hizo en voz alta sí que lo hacía sonar como algo muy importante, pero reconocerlo significaría que tendría que reconocer algo más, que lo hacía sentir acojonado.

-Gerald- la seriedad de Jamie O. cuando cruzaron miradas hizo que el menor pasara saliva, de pronto, demasiado nervioso - ¿Para quién compraste esto? - y sintiendo cómo enrojecía completamente, Gerald alzó un poco la barbilla al responder.

-Es el regalo de cumpleaños de Helga- el primer hijo del matrimonio Johanssen negó con un movimiento de cabeza.

-Voy a darte un consejo- alzó la mano cuando notó la intención del chico de interrumpirlo -Sé que no me lo has pedido, igualmente lo haré- Jamie O. cerró la caja y se la ofreció a su hermano –no dejes que Phoebe se entere de que vas a regalarle esto a Helga- y sin más, el mayor se puso de pie en cuanto la caja estuvo de nuevo en manos del menor.

- ¿Por qué tendría que ocultarlo? - y aunque no recibió respuesta, quedándose solo nuevamente, algo en su mente le suplicaba que tomara seriamente en cuenta el consejo de su hermano.

Un pequeño repiquetear en su ventana terminó ahuyentando el sueño en el que se encontraba sumergida. Abrió los ojos, pero se quedó quieta, sin estar segura si el ruido fue su imaginación o era parte de su sueño. Hasta que lo escuchó de nuevo. Esta vez, pudo discernir que se trataba de algo golpeando el cristal de su ventana y caminó hacia ahí, observando de reojo la hora, casi las 3 de la mañana, aquello era insólito. Con la mano temblándole un poco, apartó la cortina para poder asomarse fuera y cuando vio que un chico arrojaba una piedrita de nuevo a su ventana, terminó abriéndola para gritarle al intruso por su osadía. Se quedó con la boca abierta, las palabras a medio camino, sin llegar a pronunciarse, sus ojos le ofrecían la imagen de un joven moreno con una sonrisa apenada en el rostro haciendo aspavientos desde el jardín delantero de su casa. Por un momento, su corazón se agitó emocionado, la escena parecía sacada de una de sus novelas favoritas de Jane Austen, y su mente le dijo que no era perfecto si el chico bajo su alfeizar no era rubio y de ojos azules.

-¿Qué demonios crees que haces, zopenco?- gritó suavemente (si es que eso tenía sentido) intentando que Gerald la escuchara, pero que no alertara a sus padres.

-No me iré hasta que salgas- gritó en el mismo tono, pareciendo divertido con la situación. La rubia volvió a meterse en su habitación, se mordió la uña de su pulgar pensativa, ¿Estaría bien bajar? Seguía molesta con él después de todo. Aunque… ¿No era que comprendía lo que Gerald quería? Si Arnold estuviera en Hillwood, ella tampoco querría que el moreno estuviera en todas sus citas.

Una piedrita se estrelló en su frente, sacándola de sus pensamientos. Volvió a asomarse, con el ceño profusamente fruncido.

- ¡Criminal, Geraldo! Me pegaste, zopenco. Fíjate dónde lanzas esas cosas- se quejó, agitando su puño amenazadoramente en el aire. El aludido sonrió fingiendo lamentarlo, aunque en realidad le pareciera gracioso, y Helga desde esa distancia se diera cuenta perfectamente de que aguantaba una risa - ¡Deja de hacer ruido! Ya salgo, maldición- se quejó. Tomó su celular y rápidamente le escribió un texto a Marcy, diciéndole que Gerald se había presentado sin aviso en su casa, pidiéndole consejo sobre qué hacer. Le sorprendió recibir una respuesta casi de inmediato, cuatro palabras que la hicieron sonreír de oreja a oreja "Ponlo en su lugar" rezaba el mensaje abierto en su pantalla. Por alguna razón, eso le quitó un peso de los hombros, aligeró la situación que de alguna manera se sentía tan extraña, porque… no podía ser normal que el novio de tu mejor amiga te visitara en la madrugada, ¿o sí?

Cuando Gerald vio la puerta de la casa de los Pataki abrirse, no se esperaba la imagen que lo recibió. La rubia usaba unos shorts demasiado cortos y una blusa de tiras que se ceñía alrededor de los pechos de la chica, quien se ataba la bata que traía encima del atuendo con tanta premura que no parecía estar logrando hacerlo.

Caminaba sin alzar la vista, pasando desapercibido el hecho de que el moreno ya no estaba en el jardín sino en el pórtico y terminando por estrellarse contra su pecho, dejando olvidada la tarea de cubrirse con aquella prenda su revelador atuendo para dormir.

- ¿Tienes idea de la hora que es? - susurró, sintiendo que sus piernas temblaban al sentir la intensa mirada del chico posada en ella, mientras la sujetaba de la cintura en una reacción reflejo cuando se chocó con él –Es muy tarde- decepcionada de que su voz no sonara ni remotamente molesta, se apartó un paso del moreno para liberarse del agarre que mantenía sin ninguna razón sobre ella.

-O muy temprano, depende de a quién le preguntes- respondió encogiéndose de hombros, con su sonrisa de lado, poniendo nerviosa a la rubia.

- ¿Y a quién le estás preguntando? - Helga se dio cuenta de su error antes de escuchar la respuesta del moreno, pero no pudo desdecirse.

-Tú me preguntaste a mí- el tono de burla sólo enervó a la chica, haciéndola perder los nervios./

- ¿Para eso me despertaste? Escuchar tus ingeniosos comentarios podía esperar hasta que amaneciera- y bufando se giró, dispuesta a largarse a su cuarto, pero lo que escuchó en seguida, la congeló en el pórtico, a unos pasos de la entrada.

-Perdóname- esa simple palabra había supuesto un esfuerzo para el moreno, que, si se sinceraba, habría creído que sería mayor –Perdóname por haber actuado como un patán esta mañana- Helga se giró a encararlo, encontrándose con que el chico le tendía la gorra que hace unas horas le había arrebatado de su cabeza.

-No estoy molesta por eso- murmuró mientras tomaba el objeto y lo estrujaba contra su pecho, sintiendo cierto alivio en haberla recuperado.

- ¿Ah, no? - esa revelación tomó desprevenido a Gerald. ¿Qué otra cosa le había hecho a la rubia? Intentó hacer memoria, pero todo lo que se le ocurría eran las mismas bromas que siempre se habían hecho el uno al otro, no veía por qué ahora se ofendería.

-Te escuché- luego de unos segundos de silencio que se alargaron demasiado para el gusto de ambos, la menor de las Pataki suspiró y decidió continuar, de todas formas, ya había abierto la caja de pandora –Te escuché cuando le decías a Sid que me invitaba sola a tus citas con Phoebe- el moreno abrió demasiado los ojos, y luego de un instante, una carcajada reverberó en su garganta, haciendo enfadar a la rubia que empezó a golpearlo con la gorra riñéndole por estarse riendo de algo así.

-No…no me malentiendas- dijo entre risas, tomando por las muñecas a la chica para frenar sus ataques hacia su persona –no me estoy burlando… es sólo que… escucharte decir eso me alivia muchísimo- Helga lo miró como si se hubiera vuelto loco, así que el moreno se apresuró a elaborar –Que ese comentario te haya hecho enfadar y te haya puesto tan…- la rubia alzó su uniceja como retándole a que usara la palabra que ambos tenían en mente, Gerald tragó, no era un suicida, así que decidió tomar otro rumbo –Me refiero a que… estaba preocupado por venir aquí y disculparme contigo porque tendría que reconocer que me importas y me importa lo que pienses de mí… pero ya lo has hecho tú primero- y sonrió triunfante mientras su compañera lo miraba con ira contenida.

-Vaya horrible disculpa Johanssen- se quejó, se cruzó de brazos y se sentó en el primer escalón del pórtico, siendo acompañada inmediatamente por el moreno.

-Lo es- dijo aun sonriendo –Soy horrible para eso- Helga soltó por lo bajo un "no me digas" sarcástico que hizo crecer la sonrisa del moreno –No es que te esté dando excusas… pero no estoy pasando por un buen momento y lo que oíste…- la rubia lo interrumpió.

- ¿Por qué es la primera vez que escucho sobre esto? - preguntó con el ceño fruncido - ¿Qué pasa? ¿En qué te ayudo? - y Gerald soltó otra carcajada sin poder frenarla. Aunque habiendo aprendido de lo ocurrido anteriormente, se apresuró a explicarse.

-Por eso me agradas, Pataki. Te ofendí y estoy intentando disculparme y a ti sólo te preocupa ayudarme porque he dicho que no es mi mejor momento- la rubia se sonrojó ante sus palabras –Eres increíble- y la sonrisa del moreno no podía ser más cálida. Helga desvió la mirada, sintiendo que su corazón se aceleraba.

-Sólo hago lo mismo que haces tú por mí cuando te cuento lo que me pasa- comentó suavemente, abrazando sus piernas y recargando la barbilla en sus rodillas - ¿Es por Phoebe? ¿Por eso no me habías dicho? - Gerald desvió su mirada al cielo nocturno, las estrellas titilando sobre ellos.

-Aunque muchas cosas entre nosotros son diferentes ahora… Sigues siendo la mejor amiga de Phoebe y no sería justo que te hablara sobre mis problemas con ella… Terminarías tomando un lado- el moreno pensó en su propia situación, como Pataki acudió a él con sus problemas con Arnold, ahora no podía ver al rubio como siempre lo había visto… no quería que sucediera lo mismo entre las chicas.

-Esas son tonterías. Yo te agobio día sí y día también como para que tú te frenes porque harás lo mismo- Helga notó un peso extra en su hombro y al girarse, se encontró de frente con el rostro del moreno que había posado su barbilla en el sitio en el que su cuello se unía al hombro.

-Tú me importas- los ojos del chico brillaban de una manera muy distinta aquella noche –Te lo diré las veces que hagan falta… tú me importas Pataki- sintió que sus mejillas se calentaban con cada palabra que le dedicaba el moreno –Y esa es mi forma de probártelo… no poniendo más peso sobre tus hombros del que cargas de por sí. Además, ya ayudas mucho cuando te vuelves el blanco de mi estrés… Decirte lo insufrible y violenta que eres, es bastante liberador- Helga le soltó un golpe en el brazo que alejó al chico de su hombro y lo tuvo quejándose de eso por un rato.

Gerald puso su chaqueta sobre los delgados hombros de Helga. Eran las cuatro de la mañana y pronto tendría que volver a casa si quería que su escapada pasara desapercibida para sus padres. Inseguro, sacó del bolsillo de su pantalón la caja alargada envuelta en papel de regalo color rojo con un listón dorado en ella.

-Cumplirás 16 este sábado- que dijera aquello, que no venía a cuento, tomó por sorpresa a Helga, que lo miraba confundida. Acababan de confesarse el uno al otro que se veían como más que conocidos o gente del mismo vecindario… Quedaba claro tácitamente que la amistad que se ofrecían era mutua… y no entendía por qué mencionaba su cumpleaños, un tema que a la rubia no le agradaba en lo más mínimo.

-Estás probando tu suerte, Geraldo- le advirtió, con el ceño fruncido. Haciendo que el moreno riera un poco.

-Eres la última del grupo en cumplirlos… Eso te vuelve la más pequeña- el comentario pareció molestar aún más a la rubia, eso hizo sonreír al moreno.

-Voy a causar daño permanente a tu atractivo rostro si sigues diciendo estupideces- le amenazó, encarándolo bastante furiosa.

-Así que crees que mi rostro es atractivo… la verdad, no me sorprende… varias pollitas lo piensan- Helga pasó del pálido más blanco al rojo escarlata más intenso en cuestión de segundos. Su reacción no se hizo esperar, golpeando repetidamente al Johanssen mientras le gritaba lo ridículo y narcisista que era -¡Sssshh!- la mandó a callar entre risas –despertarás a toda la cuadra- esa simple frase consiguió que la Pataki se detuviera, pero lo seguía fulminando con la mirada –En fin… quería darte esto- al ver el obsequio, Helga dejó caer su mandíbula.

-Lo envolviste con los colores de Gryffindor- comentó admirada mientras lo tomaba entre sus manos.

-Por supuesto que lo hice, esos libros son todo de lo que habla Timberly gracias a ti- la rubia sonrió orgullosa.

-Tu hermana tiene mejor gusto que tú- le dijo mientras abría su regalo. Cuando tuvo la caja abierta entre sus manos, casi la arroja muy lejos al ver de lo que se trataba –Gerald…- fue lo único que se sintió capaz de decir. En una cama de terciopelo negro, relucía una fina cadena de oro con eslabones Singapur a lo largo de la tela, terminando en un dije en forma de corazón, un rubí rojo que estaba perfectamente cortado y no parecía lucir ningún desperfecto, con un diminuto círculo de oro engarzando una piedra de swarovski rosa en él.

-Son nuestros colores favoritos- fue lo único que encontró para decir luego de que el tenso silencio se prolongara tanto. Helga finalmente parpadeó, había estado mirando fijamente el regalo y luego lo miró a él.

-¿Por qué me estás dando esto?- su voz había salido ahogada, poniendo nervioso al moreno, ¿la habría ofendido de nuevo? ¿Acaso no le había gustado?

-Porque…- y tuvo el impulso de decirle que cuando la compró sólo pensaba en cuántas ganas tenía de hacerla feliz, de que sonriera por algo que él hacía para ella… pero se frenó antes de expresarlo en voz alta… se dio cuenta, con sorpresa, de que aquello sonaba… sonaba casi como…

-¿Gerald?- y había un atisbo de miedo en la mirada de Helga. Gerald se aclaró la garganta, entendía la expresión de su amiga, aquello parecía una confesión de amor y no era lo que estaba buscando.

-Porque te mereces tener algo hermoso- fue lo único que no le parecía una mentira y que sonaba mejor que la verdad completa de sus motivaciones… decirle que "Quiero que tengas algo que te haga pensar en mí, en vez de en Arnold" no parecía lo correcto en ese momento.

-Pero esto es… excesivo- se encontró diciendo la rubia. Una parte de ella quería rechazar ese regalo, parecía demasiado costoso. Y otra parte, una más grande, estaba emocionada de tener algo tan bello como ese precioso dije.

-Si lo conservas contigo muchos años… y le das buen uso… en realidad se paga solo- se calló en cuanto sintió los brazos de la joven alrededor de su pecho, y los senos de la chica presionándose contra su abdomen.

- ¡Gracias! –fue todo lo que dijo y fue todo lo que Gerald quería escuchar. Se abrazaron un largo rato, terminaron viendo juntos el amanecer. Algo cálido anidándose en el corazón de ambos. Algo que luego echaría raíz y crecería sin que lo notaran.

Y esa madrugada, sólo fue el inicio de una bella y sincera amistad.