Ese día cumplían tres años de noviazgo y Adrien sabía que no podía alargar más la propuesta hacia Marinette. No es que lo sintiera como una obligación o responsabilidad sobre su relación, al contrario, cada día ella lo ayudaba a no dejarse llevar por las emociones negativas que podía controlar de vez en cuanto.
Era su alegría y la persona más importante de su vida, ella era la razón por la que se levantaba todos los días con intenciones de ser mejor cada vez y de dar todo de sí mismo.
Por ello es que luego de tres años de relación estaba mil por ciento seguro de dar el siguiente paso y pedirle por fin que aceptase ser la futura señora Agreste.
Había ido a comprar el anillo de compromiso junto a Nino y Alya y la decisión final había sido un anillo sencillo de oro rosado con pequeños diamantes incrustados en la mitad superior de la joya. Esperaba no echar a perder su proposición como había pasado cuando le pidió ser su novia y terminó tiándole encima las bebidas y quemando parte del bonito vestido de la chica.
Revisó por quincuajésima ocasión todos los detalles de la cena y los planes que tenía para esa noche luego de la propuesta. Nada podía salir mal.
Antes de revisar nuevamente las velas y el sazón de la comida escuchó el sonido del timbre y acudió rápidamente a su llamado para poder abrir la puerta y deleitarse con la vista de la chica pelinegra frente a él. Llevaba un vestido negro de tirantes, en el pecho tenía una abertura en forma de rombo y le llegaba a mitad de su precioso muslo. Tenía sus pies enfundados en un par de tacones de tiro medio a tiras. Era hermosa.
Siguieron platicando por un largo rato luego de haber terminado de degustar la lasaña que él mismo había preparado, para finalizar con un par de copas de vino tinto. Hablaron de sí mismos, de sus aspiraciones a futuro y de sus planes en conjunto, de las hazañas como superheroes que habían logrado. Cuando comenzaron a hablar sobre los mucho que se querían Adrien decidió que era el momento, interrumpió a Marinette y puso delicadamente su mano sobre la delicada extremidad de la chica, acarició sus dedos y tragó saliva.
— No soy bueno con las palabras, ni siquiera con los detalles. Luego de 3 años he tratado de demostrarte que te amo. A ambas partes de ti por igual y que nunca en la vida voy a poder estar más agradecido de que el maestro Fu decidiera poner en mis manos ese anillo, tampoco de todo lo bueno o malo que vino después. Contigo siempre he podido ser yo mismo, sin necesidad de esconder nada. Aún cuando pasó... Lo de mi padre tú estuviste a mi lado, me diste espacio y tiempo incluso cuando creías que lo único que yo sentía por ti era amistad... Marinette, luego de todo este tiempo, de haber perdido el rumbo cuando mi madre cayó en coma, de reencontrarlo al convertirme en Chat Noir y de perder lo que yo consideraba mi hogar en el proceso, sé que eres tú. Contigo quiero todo, lo bueno, lo malo y lo desconocido.
» Siempre creí que hogar era esa mansión fría en la que me despertaba día con día, pero hogar eres tú. Es tu cabello, tu risa, tu manera de ver la vida y la forma en que me haces sentirla. Quiero despertar a tu lado y saber que sigues ahí conmigo, saber que somos tú y yo contra el mundo. Como siempre. ¿Me harías el honor de ser mi esposa? –.
Marinette sintió como las lágrimas bajaban libremente sobre sus mejillas, empapando lentamente su piel mientras su cerebro trataba de procesar las palabras de Adrien. No fue consciente del tiempo que había tomado en responderme hasta que el temple de su novio comenzó a mostrar duda y notó como su manzana de Adán se movía haciendo obvio el paso de saliva.
Sonrió y se acercó a su prometido hasta sentarse en sus piernas.
— Sí. Sí. Sí. Mil veces sí. –.
Luego de la declaración de Adrien habían pasado a la habitación del rubio. Sus manos parecían torpes al momento de recorrer su cuerpo, como si esa ocasión fuese la primera. Se concentraron en sentir, más que en buscar su propio placer. Acariciaron y entregaron su corazón a manos llenas al otro, sabiendo que esa persona a quien lo obsequiaban cuidaría perfectamente de él. Aún si habían tropiezos - figurativos o reales, cortesía de Marinette - ellos seguirían kuntos.y lo expresaron por medio del roce de sus cuerpos, de sus expresiones y la manera tan delicada que tuvieron de entregarse el uno al otro.
Porque ellos eran su propia definición de hogar.
