Usualmente Marinette no solía llevar el mando dentro de la relación, no por alguna situación que tuviese que ver con su género o el de Adrien. Solo prefería que ambos tomasen las decisiones que cada uno creyera y apoyarse.
Eran una pareja unida, siempre buscando lo mejor en compañía del otro, buscando complementarse más no ser dependientes en sí mismos. Sin embargo, dentro del ámbito sexual, quien ponía las pautas era la misma Marinette. Ella decidía si debían o no probar algo y regularmente era quien comenzaba los acercamientos, Adrien por su parte solía ser más reservado en este aspecto, siempre buscaba el bienestar y la comodidad de su novia, aún por sobre la suya.
Por lo mismo, cuando ese día la pelinegra decidió que quería - necesitaba - que Adrien tomase todo el control, Adrien no pudo más que sonreír.
Jugó con su cuerpo como le dio la gana, ignoró - siempre a petición de Marinette y siendo muy observador sobre sus expresiones para saber cuándo detenerse - las súplicas de la chica y se encargó de saciar todas las fantasías que podía poner en práctica en ese momento.
La trató con moderada dureza, se introdujo en su pequeño cuerpo con el mayor uso de fuerza que pudo, marcó un camino de mordidas de amor por su cuello desentendiéndose de su exigencia por no dejar huella en su cuerpo. Arañó su cintura y muslos con sus manos.
Porque si Marinette quería ser dominada, Adrien podía complacerla.
Continúa mañana. :)
