Lo único que hizo suavemente esa noche fue liberar el cabello azabache de Marinette del apretado moño que lo mantenía en su lugar, a partir de ese momento todo lo demás fue como ella lo había pedido.

Usando su fuerza, rompió las costuras en la prenda superior de la chica, dejando a la vista sus senos cubiertos por la tela negra del sujetador que portaba. Apretó con ambas manos los montículos de carne y subió sus manos hasta el níveo y delgado cuello de la heroínas, puso un poco de presión y sujetó su mandíbula para obligarle a mantener su cabeza en la posición de su preferencia.

La besó con fuerza, primero solo juntando ambos pares de labios, luego procedió a morder el grueso labio inferior de su amante para que abriese la boca e introducir su lengua y comenzar a jugar con la contraria.

Era... Una delicia sentir el músculo bucal de su prometida jugar con el suyo, poder sentir el sabor de su saliva y saberse el único a quien ella le confiaría la libertad de su cuerpo. Soltó su barbilla y bajó sus manos por la silueta femenina, dejándolas quietas en la cintura, sujetando su cuerpo quizás con demasiada fuerza para que pusiese sentir la dureza en sus pantalones.

Finalmente se separaron. — Quítate la ropa. –. Ordenó con voz gruesa y sin un ápice de la amabilidad que le caracterizaba.

Marinette obecedió y con una ligera sensación de timidez fue deslizando de su cuerpo las prendas que cumplían la función de cubrirla. Empezó con la blusa ya rota, deslizándola por sus brazos hasta que se escuchó el ruido sordo que hizo al impactar con el piso, siguió con la falda que dejaba fuera del alcance de visión de Adrien sus piernas, ahora quedando solo en ropa interior. Llevó sus manos al broche delantero del sostén en sus pechos y lo soltó, siguiendo el mismo camino que las prendas anteriores; cuando iba a repetir la acción con sus bragas la voz rasposa de Adrien pidiéndole que se detuviera la sacó de sus cavilaciones.

— Ponte de rodillas frente a mí. —. Como si su vida dependiese de seguir las instrucciones del rubio le hizo caso, suplicando internamente que su torpeza no le hiciese una mala jugada, dobló sus rodillas hasta que estas tocaron el suelo alfombrado de la habitación. Subió su mirada hasta topar con los ojos verdes que le hipnotizaban desde que tenía trece años.

—No te he dicho que puedes mirarme y tú tampoco haz pedido permiso. — Un poco cohibida bajó la mirada a sus piernas. Sintió nuevamente las manos de Adrien en su mandíbula y le obligó a hacer contacto directo con sus ojos. — Quítame el pantalón y has lo que mejor sabes hacer, cariño. – Le dijo con una sonrisa ligera, ella tomó valor y aún de rodillas avanzó ligeramente hasta que pudo poner sus manos sobre el cinturón que mantenía los pantalones del rubio en su lugar, lo desabrochó y bajó el zipper. Una vez el camino medianamente libre, introdujo su mano en la abertura que sus acciones pasadas habían dejado y sacó el miembro de su prometido. Lo comenzó a lamer lentamente, poniendo especial atención en la punta y ayudándose de sus manos para poder estirar con cuidado la piel que le cubría.

Luego de lo que ella sintió como segundos jugando, las manos de Adrien retiraron las suyas y sintió la presión en su cabeza para penetrar su boca con un deje de fuerza ligeramente incómoda. Se dedicó a cubrir sus dientes con sus labios y a dejar que el chico hiciese lo que mejor le pareciera con ella. Dejó detrás sus pensamientos y las obligaciones que su vida laboral y heroica traían a su vida. Se concentró en sentir y, por una vez en la vida, dejar a alguien al mando de todo. Porque la mejor parte de ser dominado es que tú no debes pensar por ti, pues alguien más lo haría y con Adrien ella tenía la confianza de ofrecerle su cuerpo, pues lo conocía demasiado bien para saber que él nunca haría nada en su contra, siempre buscaría lo mejor para ella.


El capítulo de ayer, sábado 17 de octubre y el de hoy, 18 se publicarán en el transcurso del día.Una disculpa por la demora.