Gracias por los comentarios, tomo nota de todas las sugerencias.

Trataré de avanzar rápido con las partes que todos conocemos de memoria sobre el juego.


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Crónicas de una Maleficarum

-Deber-

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A medio camino hacia Ostagar me encontraba con Duncan, un mabari y una silenciosa y cabizbaja mujer de cabello largo y castaño oscuro, ojos celestes y gélidos como si la calidez de su mirada hubiera sido arrancada congelándose por completo.


Sentadas frente al fuego en la fría noche a menos de medio día de Ostagar me atreví a preguntar.

-Así que… ¿Dónde te recluto Duncan?-

Me miró con sorpresa, como si se asombrara de que yo supiera hablar. –Pináculo, soy del norte.-

Mi intriga no hacía más que aumentar. -¿Y cómo es que viniste a parar aquí? Con los Guardas Grises, con Duncan.-

Se volvió hacia mí rápidamente, me miró como si le hubiera dado la noticia de su vida. -¿Qué intentas? No deseo hablar de eso en realidad.-

-¿Por qué? ¿Acaso mataste a alguien?- Me mofé intentando relajar el ambiente pero al parecer solo empeoré las cosas.

-Tsk… Bien si vamos a ser "hermanas" creo que debemos conocernos un poco… Mi nombre es Elizabeth Cousland, era hija de los Teyrnir de Pináculo, hasta que Arl Howe traicionó y mató a mis padres… Duncan estaba allí buscando reclutas y me ayudó a escapar a cambio de unirme a los Guardas Grises.- Recitó mientras el animal se hallaba tendido a sus pies casi consolándola.

Digerir esa gran cantidad de información me tomó un par de minutos en los que simplemente me quedé viéndola fijamente. –Lo siento… No tengo familia como para siquiera imaginar el dolor de perderla.- No es que me toque la fibra sensible pero reconozco la fuerza cuando la veo y esa mujer era una roca.


-Rey Cailan, no esperaba.-

-¿Una bienvenida real?- Cailan Theirin, único heredero vivo de Calenhad y parecía no más que un niño consentido. -¿Lady Cousland? Duncan no me estarás diciendo que una de tus prometedoras reclutas es Elizabeth Cousland, aún estamos a la espera de Bryce, me sorprendió que Fergus llegara solo.-

-Agradezco y me siento honrada por el reconocimiento, pero me temo que no le traigo buenas noticias, mi familia ha sido traicionada y asesinada a manos de Arl Rendon Howe.- Su rostro lucia cansado, pálido, casi fantasmal.

-¿Pero qué dice mi Lady? Duncan ¿Es cierto esto?-

-Eh, si, bueno si, casi no logramos escapar.-

-Mi Lady debo retirarme ahora, pues Loghain me espera, pero si gusta le agradecería que platicáramos en mi tienda más tarde… Y ¿Ella es?.-

-Oh, es Azana Surana, una recluta del Círculo de Magi.- Agregó Duncan, ya que mi presencia había pasado más que desapercibida.


Ostagar era inmenso e imponente, unas dantescas ruinas en medio de una tierra salvaje, la libertad era una sensación extraña, nueva y desconcertante, por una parte consideré la opción de desaparecer en la espesura y volverme una apostata, pero por otra parte las grandes hazañas y beneficios de los Guardas me atraían, la libertad de obtener poder a toda costa y sin importar las consecuencias, claro mientras ayude a exterminar a los engendros tenebrosos.

-¿Disfrutando de la vista?- Elizabeth se encontraba de pie junto a mí, Duncan nos había encargado reunirnos con un Guarda de nombre Alistar.

-Es la primera vez que salgo del Circulo, bueno, que recuerde.- pensar que algo tan simple como caminar libremente por el mundo era solo un sueño para mí.

-Bueno, ahora te aburrirás de recorrer el mundo y extrañaras la paz y calma de la torre.-

-¿Qué tal tú? Extrañaras tener damas que te acompañen a todas partes y cumplan tus caprichos.-

-Jamás tuve damas de compañía, viví toda mi vida alejada de la corte.- ¿La hija de un Teyrnir? Podía oler toda una historia detrás, pero quizás en otro momento.


Mientras Elizabeth iba en busca del tal Alistar, por mi parte explorar las ruinas era una idea mucho más atractiva.

-Así que… ¿Qué te parecería un poco de diversión antes de la gran batalla?-

-¿Me hablas a mí?- Un hombre de aspecto corriente y mirada lasciva se paró absurdamente cerca mío.

-Espera, yo sé quién eres, eres una de las reclutas de Duncan, bueno no eres como pensaba.-

-¿Y qué se supone que significa eso?-

-No esperaba que fueras una mujer o una elfa.- Dijo mientras me desvestía con la mirada.

-¿Tienes algún problema con eso?- Jamás me importó captar las miradas lujuriosas de los hombres, pero si había algo que no soportaba era ser mirada en menos por mi raza.


Más tarde los 4 reclutas nos reunimos con Duncan acompañados por Alistar un Guarda que llevaba solo un par de meses en la Orden y por supuesto… el mabari de Elizabeth. Nuestras instrucciones era adentrarnos en la espesura para cazar un par de Engendros y… traer su sangre, interesante pero perturbador. Además de recuperar ciertos documentos oficiales que Duncan pensaba necesitaríamos… pero al pensarlo en la única situación que los tratados podrían sernos de utilidad es en el caso que fallemos en detener a la horda aquí en Ostagar.


-Bueno bueno… Que tenemos aquí…- Una bruja de la espesura nos esperaba, luego de aparecer desde las sombras, su madre quien afirmó ser Flemeth la mítica hechicera sobre la cual los Chasind asustan a sus niños y de paso a los más crédulos. Nos entregaron los tratados además de asegurar que la amenaza de la Ruina era más peligrosa de lo que todos creíamos lo que me hace dudar cada vez más sobre quedarme en lugar de escapar, nunca quise ser una heroína y simplemente me contentaría con salir con vida de todo esto…


Ya de vuelta en Ostagar nos aguardaba el tan esperado Ritual de Iniciación que al parecer era tan o más letal que la Angustia… beber la sangre de Engendro, abrazar la corrupción y dominarla para obtener el poder de derrotar la Ruina era el secreto de las habilidades de los Guardas Grises. Una gran copa que dentro contenía un menjunje negro y espeso… el olor indescriptible, el sabor inenarrable, el dolor insoportable y los efectos, inmediatos… Se olía claramente el uso de magia de sangre en este ritual.

De los 4 reclutas, solo Elizabeth y yo lo conseguimos, lo cual era de esperarse, esos hombres cuyos nombres ya olvidé apestaban a debilidad, yo sabía que lo lograría, me aferraría a la vida con todas mis fuerzas, obtendría poder, no sé cuántos de nosotros veríamos el final de esta Ruina pero yo sobreviviré sin importar el costo o los métodos, no pienso morir.


La batalla, tal como mis peores miedos, fue un desastre, despertamos en la choza de las brujas solo para enterarnos de que Loghain había desertado con su ejército, esa maldita rata rastrera abandonó a todos los demás Guardas y al Rey a su suerte… y ahora todo lo que quedaba de la Orden éramos Elizabeth, Alistar y yo…

-Entonces están listos para esto, para lo que significa ser Guardas Grises.- Esa pregunta de boca de la anciana me sacó de mi trance, debía ser una broma… ¿esperan que solo nosotros 3 detengamos la Ruina?

-Tanto como lo estaremos nunca.- Sentencio Elizabeth con una férrea determinación.

-Si Arl Eamon se enterara jamás dejaría a Loghain impune, eso es, el ejercito del Risco Rojo se encuentra intacto, podemos pedir su ayuda, además es el tío de Cailan.- Alistar se emocionaba más con cada palabra que salía de su boca. Al parecer yo era la única que tenía una vista panorámica de la situación.

-¿Pero qué les pasa? La Orden en Ferelden está prácticamente extinta, Loghain cuenta con su ejército y es evidente que tomará el mando de la nación ¿Qué creen que podremos hacer nosotros 3? No sean ingenuos, podemos mandar a llamar a los Guardas de Orlais, pero no crean que podremos sin ayuda, es demencial.-

-¿Ayuda? Claro los tratados, obligan a los enanos de Orzammar, a los magos del Circulo del Magi y a los elfos Dalishianos a prestar ayuda a los Guardas en tiempos de Ruina.- Exclamó Alistar como si esa fuera la solución a todos nuestros problemas.

-Entonces crees que podamos ¿Construir un ejército y derrotar la Ruina?- Preguntó Elizabeth intentando convencerse.

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… Estoy atrapada con un par de idiotas…

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Bueno, dentro de los capitulo siguientes profundizare en la vida de los personajes para darle un toque más único.