El fic no tiene orden cronológico (no le puedo poner orden a mi vida, mucho menos a una historia) pero, si tuviésemos que definir un primer capítulo, sería este. :)


Últimamente sus pensamientos eran un caos.

Durante mucho tiempo vio en Marinette una amiga irreemplazable, esa clase de persona que sabes que no va a juzgarte por ningún motivo. En la que sabes que puedes confiar ciegamente y que nunca va a defraudarte.

Confiaba al mil por ciento en ella, no solo con su forma civil, su alter ego también. Por ello, cuando la situación en su casa comenzó a ser insoportable supo que solo ella podía comprenderlo, así que no dudó ni un momento en invocar el poder de su Kwami para dar paso al superheroe de París e ir sobre su vara rumbo a casa de su amiga. Cuando sus botas tocaron el suelo del balcón de Marinette se arrepintió de haber ido, pues era bastante tarde en la noche y no quería importunarla; justo cuando estaba preparándose para huir, la claraboya que daba a la habitación de la chica se abrió, ahuyentando todas sus intenciones y derrumbando toda su fortaleza.

Esa fue la primer noche en la que ella lo escuchó y consoló. Estaba cansado de compartir sus problemas con personas que solo se dedicaban a hablar de sí mismos, que hacían menos sus sentimientos y que siempre se ponían en el centro de todo, no que no le gustase escuchar a las demás personas... Pero por un momento deseaba que alguien le escuchase y que entendiese que a veces era difícil seguir de pie cuando todo dentro de ti parece caer a pedazos y tú solo lo ves por fuera, como un intruso dentro de tu propia mente.

Sin necesidad de palabras, ella lo entendió. Y dejó que expresara todo lo que la maldición de su identidad secreta le permitiese.

No lo juzgó, en ningún momento emitió criterio al respecto. Solo escuchó y se dedicó a tomar sus manos entre la suyas para darles esa calidez que siempre parecía desprender.

Ahora que se ponía a pensarlo, quizá fue ese primer encuentro el que aflojó un poco la venda en sus ojos. Luego vinieron más tardes o noches de platicas interminables, no siempre hablando de sus problemas, a veces se dedicaban solo a decir tonterías, hablar de sus sueños o cualquier cosa que cruzara por su mente.

Cuando descubrió que se complementaba muy bien - demasiado bien - con ella, la frase que rompería su corazón llegó.

— Lo estoy intentando con Luka... — No supo porqué en su pecho y estómago se instaló una sensación incómoda y que le quemaba cada que lo procesaba. Él sabía que ella había estado enamorada de un chico que no la veía como más que una amiga, y luego de mucho tiempo, un viaje a Nueva York y muchas noches de insomnio de por medio, Marinette se había rendido, pero lo que no esperaba es que Luka llegase a tomar un lugar tan... Especial dentro de la vida de su amiga.

Gruñó, pues tarde se había dado cuenta que todas las veces que él la había llamado su-solo-una-buena-amiga, había cavado su propia desgracia. Y lo había terminado de completar cuando esa noche, sin realmente desearlo, había visto como Luka tocaba el cuerpo de su chica.

Una chica que no le pertenecía.

Que había dejado ir.

Y se sintió peor al faltarle al respeto a Marinette cuando dejó de ver las manos con uñas pintadas de Luka en sus caderas y comenzó a ver las suyas. Cuando su mente le llevó por una espiral que de inocente tenía nada...

No pudo evitar pensar en cómo sería el cuerpo de Marinette debajo de las prendas, si sería tan suave como sus mejillas o sus manos... Si tocar sus pechos le produciría placer y el sonido de su voz mientras lo comprobaba.

No lo pudo evitar, aún cuando hubiese querido.

Así como tampoco pudo evitar llevar sus manos a su erección para poder seguir dando rienda suelta a sus fantasías.

Sabiendo que se quedarían en eso, simples fantasías porque había perdido a la chica de sus sueños, de la manera más estúpida que pudiese haberlo hecho.