Había sido una semana complicada y extremadamente difícil de sobrellevar. Solo coincidieron a la hora del desayuno y al anochecer cuando dormían juntos. Adrien estaba sumamente ocupado con su agenda y el papeleo para graduarse de la universidad, mientras que Marinette no se daba abasto con los exámenes de la carrera y sus deberes como Ladybug.
Por ello cuando el fin de semana llegó y con él terminaron momentáneamente sus respectivas obligaciones, ambos pudieron suspirar y compartir tiempo de calidad juntos. Decidieron prepararse la cena y la compartieron a lado del otro mientras disfrutaban de una película dramática. Pronto la película quedó olvidada cuando su atención se concentró en tocar el cuerpo de su acompañante.
Marinette fue la primera al posar con delicadeza una de sus manos sobre la pierna derecha del rubio, haciendo caricias suaves y produciendo en él ligeros temblores que tenían efecto casi inmediato sobre su miembro.
Los toques de Marinette subieron hasta el inicio de los pantalones de su novio donde comenzaba el borde de la remera que cubría su torso, introdujo su mano por debajo de la tela y arañó suavemente la piel ligeramente marcada del abdomen del chico. Sentía bajo sus dedos cómo su estómago se contraía gracias a su toque y eso enviaba a su centro un cúmulo de calor que pronto se podría hacer presente en sus bragas.
Adrien detuvo los movimientos de la ojiazul, la recostó sobre el sofá y se colocó encima de ella, besó sus labios como si su vida dependiera de ello, se dedicó a tratar de llevarse consigo hasta el último suspiro que pusiese tomar, el tiempo le pareció detenerse mientras su lengua exploraba la cavidad bucal de Marinette, esa en las que tantas veces se había adentrado y que sabía nunca iban a ser suficientes.
Sabían que ambos estaban cansados luego de todo lo que habían pasado en la semana, por lo tanto el juego previo estaba de más. Adrien abrió la bragueta de sus pantalones para dejar en libertad su pene erecto mientras Marinette se encargaba de quitar su ropa interior dejándose puesto el vestido de aquél día.
El movimiento fue limpio, años de costumbre y de saber lo que le gustaba y no al otro les facilitó la tarea. Adrien comenzó a moverse dentro y fuera de la estrecha cavidad femenina mientras con una de sus manos estimulaba el botón de placer de la pelinegra. Ella por su parte pasó sus brazos sobre la espalda del héroe buscando liberar parte del placer que sentía por medio de ligeros rasguños en la piel inmaculada del chico.
Siguieron en esa posición por un par de minutos más, hasta que Adrien invirtió la postura, dejando a Marinette sobre él para que fuese ella quien cabalgara hasta su propio extasis. Marinette movió sus caderas pero algo le hacía falta. Esa sensación de arrojarse al vacío y confiar no estaba ese día con ella. Faltaba esa adrenalina que le mandaba directamente al paraíso.
Supo de qué se trataba cuando una de las manos con largos dedos de Adrien apretó su cadera. En ese preciso momento sabía dónde más quería esa sensación.
Sin dejar de moverse tomó la mano de Adrien que había ajustado sobre su piel e hizo que recorriese su pecho.
Por un momento Adrien pensó que la llevaría hasta sus senos, sin embargo cuando la alojó sobre su cuello y poniendo su mano sobre la suya cerró el agarre sobre su delicado cuello, palideció. Había escuchado que esa práctica era un poco peligrosa si se efectuaba de manera incorrecta o con más presión de la necesaria, así que detuvo ligeramente los movimientos de la chica encima suyo.
—No es correcto, cariño.– Marinette quiso gruñir, sin embargo decidió rogar por aquello que sabía necesitaba.
Con su mejor cara de necesidad tomó nuevamente la mano de Adrien y la llevó a la piel sobre sus clavícula.
—Por favor... Te necesito... Lo necesito.
Y Adrien no pudo decir que no a esa petición. No cuando ella lo miraba de esa forma y él seguía en su interior.
